lunes, 2 de noviembre de 2015
Un autor en octubre de 2015
lunes, 23 de junio de 2014
Un muerto camina entre nosotros (compilador Germán Atoche Intili)
lunes, 11 de noviembre de 2013
Chocky (John Wyndham)
lunes, 16 de septiembre de 2013
Cuento "La chica del museo" en la revista "Buen salvaje"
domingo, 14 de julio de 2013
¡Bienvenido, Armagedón!
viernes, 12 de abril de 2013
La afirmación (Christopher Priest)
jueves, 21 de febrero de 2013
E-BOOK: LA POCION (DANIEL SALVO)
domingo, 17 de febrero de 2013
La oscuridad más allá de las estrellas (Frank M. Robinson)
lunes, 4 de febrero de 2013
Los límites de la Fundación (Isaac Asimov)
Así, tenemos que casi treinta años después de la publicación de Segunda Fundación, Isaac Asimov decidió continuar con el ciclo, apuntando al devenir del incipiente Segundo Imperio Galáctico cuya creación era el objetivo de las dos fundaciones, que aunque actuaban de manera paralela, tenían una relación tan fraternal como la de Caín y Abel.
La acción de Los límites de la Fundación transcurre en un período intermedio de la nueva Historia Galáctica, o Era Fundacional. La humanidad avanza con cierta seguridad hacia el objetivo planeado por Hari Seldon, bajo el creciente - aunque no total - dominio de la galaxia por parte de la Primera Fundación.
Pero hay quienes no están conformes con esta situación, tanto al interior de la Primera Fundación como de la Segunda Fundación, que como sabemos, actúa en las sombras. Tanta tranquilidad resulta siendo sospechosa tanto para unos como para otros, y aquí el maestro Asimov dicta cátedra de filosofía al plantear el problema del estancamiento de las sociedades, aún si dicho estancamiento se presenta bajo la careta de una falsa "racionalidad". Tanto así, que los mismos beneficiarios de la psicohistoria acaban por preguntarse si esta es necesaria para el Plan Seldon, si ya se ha cumplido el mismo o, peor aún, si la psicohistoria como tal ha fracasado y la humanidad se ha liberado de ella.
No estamos pues ante una títpica crisis psicohístórica, con el espectro holográfico de Seldon proporcionando una solución. Son las Fundaciones cuestionando nada menos que el Plan Seldon, la idea que les dió origen.
Si bien este cuestionamiento era ya suficiente argumento para una obra de ciencia ficción del mayor nivel especulativo (bueno, tratándose de Asimov), el maestro no pudo evitar incluir otros elementos, que si bien no son menos complejos en su interacción, si llevan a la novela por rumbos no tanto predecibles, pero si algo esquemáticos.
Resulta que ambas Fundaciones, en ese tránsito de cuestionarse a sí mismas, han detectado la existencia de "otros" , es decir, seres con tanto poder como el de las Fundaciones, uno de cuyos representantes habría sido nada menos que el Mulo de Fundación e Imperio, un mutante con poderes mentales que estuvo a punto de echarse abajo al Plan Seldon.
De modo que tenemos a la Primera Fundación, la Segunda Fundación... y el mundo o mundos de los que procedería el Mulo. Tres poderosas fuerzas que pugnan por lograr el mayor bien posible para toda la galaxia... sin que ello implique abdicar de una posición hegemónica respecto a las otras.
La victoria final se logrará recurriendo al mero juicio humano. Como en el mito que originó la guerra de Troya, un mortal (Golan Trevize) será el encargado de escoger cual de las tres fuerzas prevalezca, aún cuando dicha elección no favorezca a sus fines inmediatos o a su "patriotismo".
De manera que la novela se ajusta al esquema "a-ver-quien-manda-aquí", que por supuesto es brillantamente desarrollado por Asimov, dejando de lado el original y desafiante "y-qué hacemos-si-la-psicohistoria-falla". Igual, se aprecia una historia basada en la investigación y la búsqueda de información, dejando en claro que una novela no siempre necesita de un villano para desarrollar la acción... aunque dicha acción consista, ante todo, en la solución de un acertijo.
Daniel Salvo
jueves, 10 de enero de 2013
E-BOOK: LA HIJA DEL MAR (DANIEL SALVO)
sábado, 10 de noviembre de 2012
Cuentos para sobrevivir al fin del mundo
martes, 6 de noviembre de 2012
El primer peruano en el espacio, publicado en la antología "The Apex Book of World SF 2"
Anatolio Pomahuanca had reason enough to hate whites. Hundreds of years ago they had invaded and conquered his world and reduced his forebears to the sad condition of serfs or second-class citizens. There were historic changes like independence wars, rebellions and revolutions. But, be it as it may, whites were still those who ruled and decided everything in Peru and throughout the rest of the world.[...]The captain belonged to the worst: those who believed there was already a harmonic conviviality between whites and natives as a result of centuries of history that had erased past wounds.
miércoles, 3 de agosto de 2011
EDITORIAL: El fin de una era

No es que vaya a cerrar "Ciencia Ficción Perú", sino que pienso variar la periodicidad en la publicación. He notado que es más fácil actualizar contenidos cuando no se siente la presión de cerrar una edición con fecha límite. Y en los tiempos presentes, la internet permite "estar al día" con los contenidos de cualquier blog que el internauta desee.
Confieso que, en su momento, la idea en la que se basaba "Ciencia Ficción Perú" estaba muy anclada en la mentalidad editorial del siglo XX, cuando existían instancias centralizadas que, de alguna manera, hacían visibles ciertos contenidos. Para hablar en cristiano, tuve la pretensión de crear "la página" de ciencia ficción peruana, el referente obligado para cualquier internauta nacional o extranjero que quisiera conocer nuestra producción fantástica.
Pero la internet ha cambiado todo. La internet no tiene centro, y hay muchas otras páginas con excelente contenido que aportan información sobre el tema. Y seguro que surgirán más, conforme las nuevas generaciones de internautas arriben al ciberespacio y digan: "esto también lo puedo hacer yo".
viernes, 1 de octubre de 2010
La cultura inca en dos cuentos de ciencia ficción: "El falsificador" de José B. Adolph y "Quipucamayoc" de Daniel Salvo (José Donayre)

La cultura inca en dos cuentos de ciencia ficción:
«El falsificador» de José B. Adolph y «Quipucamayoc» de Daniel Salvo
Suele pensarse que la cultura inca fue una civilización milenaria. De hecho, el Tahuantinsuyo, conocido también como Imperio Incaico, tuvo una existencia breve. Esta cultura tuvo políticamente tres periodos: el primero fue el Legendario o Curacal (de 1285 a 1320), en el que gobernaron dos incas: Manco Cápac (fundador del Cusco) y Sinchi Roca; el segundo periodo fue el Protohistórico o Monárquico (de 1320 a 1425), en el que gobernaron seis incas: Lloque Yupanqui, Maita Cápac y Cápac Yupanqui (pertenecientes al Hurin Cusco) e Inca Roca, Yahuar Huaca y Huiracocha (pertenecientes al Hanan Cusco); y el tercer periodo fue el Histórico o Imperial (de 1425 a 1532), en el que gobernaron cinco incas: Pachacútec (vencedor de los chancas), Túpac Yupanqui, Huaina Cápac, Huáscar (muerto en 1533) y Atahualpa (capturado en 1532 y muerto en 1533). A partir de este sucinto recuento, podemos resumir que la cultura inca solo duró 247 años, de los cuales apenas 107 son propiamente un imperio.
Pero el Antiguo Perú sí es milenario. Y lo es por y desde las huellas que dejaron los hombres en el periodo lítico-arcaico, en el 11600 a.C., en la cueva de Jaywamachay, en la provincia ayacuchana de Huanta, y por lugares como Caral, en el norte de Lima, la primera ciudad de América, erigida en el 2600 a.C. La cultura inca no fue milenaria pero sí heredera de toda la tecnología y el imaginario que se produjeron en esta parte del mundo en más de trece mil años de supervivencia y mejora de la calidad de vida. Cultura que en 1425 se convirtió en el único imperio autóctono e histórico al sur de la línea ecuatorial del mundo.
No obstante estas raíces que se pierden en la noche oscura del tiempo y de ser el único imperio autóctono del hemisferio sur, razones más que suficientes para encender la imaginación de escritores de toda línea, son escasas las obras de ficción ambientadas en el Perú prehispánico. A esta carencia y marginalidad, hay que sumar la poca producción de textos de ciencia ficción. Por tanto, textos de ciencia ficción enfocados en el Perú incaico y preincaico resultan ser verdaderas rara avis de nuestra tradición literaria.
De la amplia obra de José B. Adolph (escritor que nació alemán en 1933 y murió peruano en 2008) y de la prácticamente inédita producción de Daniel Salvo (sugestivo seudónimo de un abogado que nació en Ica en 1967), rescatamos dos cuentos que en estricto no son textos de ciencia ficción ambientados en la cultura inca, pero sí relacionados o, en todo caso, inspirados en tal deseo. Pero, sea como fuere, en ambos hay una presencia de la cultura inca más que relevante por lo que marcan rutas de investigación y producción literarias en tal sentido.
En 1971, Adolph publicó en Lima, bajo el sello editorial Campodónico-Moncloa, su segundo libro de cuentos: Hasta que la muerte. Esta colección de relatos alberga el cuento «El falsificador», texto que no se ambienta en la cultura inca sino en los años posteriores a la captura de Atahualpa. El protagonista es nada menos que el conquistador y cronista español Pedro Cieza de León (1520-1554), quien tras explorar territorios americanos y fundar ciudades llegó en 1548 a la otrora Ciudad de los Reyes (Lima), donde empieza su labor de cronista oficial del Nuevo Mundo. Así, de 1549 a 1450, recorre el Perú a fin de acopiar información con la que redactará los tres volúmenes de su obra Crónica del Perú: un registro histórico que narra los acontecimientos de la Conquista y las guerras entre los españoles. El primer volumen de Crónica del Perú apareció en 1553, en España, pero Cieza de León jamás pudo ver publicados el segundo y tercer volumen, pues estos fueron impresos en 1871 y 1909, respectivamente.
«El falsificador» es un cuento breve de novecientas palabras con un epígrafe considerablemente extenso, que tiene cerca de setecientas palabras, es decir, representa más de las tres cuartas partes del relato. Esta inusual característica le confiere al epígrafe —fragmento de un registro histórico— un peso narrativo casi equivalente al cuento. La cita es de Cieza de León. Se trata de dos párrafos del capítulo 5 de la segunda parte de Crónica del Perú, o sea, del tomo que se publicó después de 317 años de la muerte del cronista. Visto así este exceso y desproporción, el epígrafe no es tal, pues cumple una función narrativa: relatar una verdad que luego será interpretada en el relato para convertirla en mentira simbólica, en verdad a medias, en ficción, en falsificación, que es producto de la acción de «falsear o adulterar una cosa», de acuerdo con el Diccionario de la lengua española.
El epígrafe narra que, en un tiempo anterior a los incas, tras un largo periodo de oscuridad, salió el Sol de una isla del lago Titicaca y que luego, proveniente del sur, llegó un hombre blanco y grande que demostró tener gran poder sobre la naturaleza. Y por este poder se le llamó «Hacedor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre del sol». Este ser posteriormente marchó hacia el norte, obrando maravillas, poniendo orden y difundiendo el amor entre los hombres, y recibió diversos nombres —Ticiviracocha, Tuapaca y Arnauan—, dependiendo del lugar. En su honor se levantaron templos, en los que frente a su representación se practicaron sacrificios. De este ser no se volvió a tener noticia.
Posteriormente, Cieza de León refiere que después de un tiempo se volvió a ver a otro hombre semejante a Ticiviracocha, pero del cual no se tenía nombre. Este ser sanó enfermos, e hizo cosas muy buenas y provechosas, hasta que llegó a un pueblo que intentó apedrearlo. El ser imploró al cielo el favor divino. Tras esto, apareció un fuego del cielo y los pobladores, temerosos de morir, fueron hasta el ser y le suplicaron que los librara del castigo. El ser accedió al pedido y ordenó apagar el fuego. De este episodio solo quedaron unas piedras quemadas y el recuerdo de la partida del ser rumbo a la costa. Frente al mar tendió su manto y se fue entre las olas y nunca más lo vieron. Y por la manera en que se fue lo llamaron Viracocha, que significa espuma del mar.
Con las imágenes de Ticiviracocha y Viracocha aún frescas en la mente —perfiles bondadosos solo comparables con la figura mítica de Cristo—, Adolph nos presenta desde el primer párrafo de su cuento una escena similar al arranque del epígrafe del cronista español: la oscuridad. En esta negrura trabaja Cieza de León, físicamente acabado, convirtiendo lo que recuerda, por medio de un trance, en leyenda. Adolph plantea la construcción de una leyenda al costoso precio de la deconstrucción de la realidad o, más bien, de falsificarla.
Párrafo tras párrafo, Adolph (otro falsificador) recrea al cronista español en la fatigosa tarea de encubrir y maquillar para no ser quemado en la hoguera por hereje, de falsear y adulterar a fin de no alterar el orden, en su feliz ignorancia de hombre moderno que cree tener los pies aún puestos en el medioevo. Sabe que es el eslabón malo y fatal de una larga cadena de narradores orales, y sabe de la importancia y peso de su acción, ya que él registra sobre el papel una historia contada de generación en generación, para plasmarla de manera definitiva como parte de la historia oficial. Sabe que miente, pero el fin justifica su falsificación, una misión que está por encima de su compromiso humano.
Adolph lleva al lector durante once párrafos a pensar de que se está ante un conflicto ético, ante una cuestión que no tiene sentido someterla al tamiz del ser y el parecer ni, mucho menos, al lente platónico de la percepción alterada, pues Cieza de León sabe bien lo que oyó, recuerda perfectamente bien que escuchó de manifestaciones que no puede referir porque van contra el orden establecido por su fe.
De este modo, Adolph crea una atmósfera perfecta para dar un martillazo contra la cabeza del lector en el duodécimo párrafo, el definitivo, con un final sorpresivo y revelador. El narrador de lo que ocurre en la habitación oscura donde escribe Cieza de León es el tripulante de una nave que va de un lado a otro del Sistema Solar. Nave convertida en simple fuego en la crónica del español. Se trata de un informe, un simple reporte, que da cuenta de que el secreto sobre esta «raza superior» se mantiene aún a salvo, pues Cieza de León entendió el gesto de silencio de la leyenda oída, antes de que el ser (el narrador-navegante) se pierda en la espuma del mar y se le llame Viracocha, como también se llamó el octavo inca.
El texto de Daniel Salvo, titulado «Quipucamayoc» (que fuera publicado en la revista virtual Ciberayllu el 26 agosto de 2005) no es menos fascinante. «Quipucamayoc» está ambientado en lo que es actualmente el sur de Lima, Cerro Azul, durante los gobiernos de los incas Huaina Cápac y Huáscar, es decir, hacia el final del Tahuantinsuyo. Si el remate de «El falsificador» de Adolph no hace otra cosa que invertir los planos al pasar de un registro realista a uno de ciencia ficción a partir de una sorpresiva revelación, en «Quipucamayoc» estamos ante una situación más sutil.
En «Quipucamayoc», la revelación empieza al inicio del último tercio del relato, manifestación paulatina y muy bien dosificada que de algún modo nos lleva a convertir un texto realista en uno de ciencia ficción sin que, en estricto, lo sea. Es decir, parece, pero no es, y esto resulta ser lo más inquietante. Pero esta apariencia es suficiente para que el relato de Salvo forme parte del anaquel de los textos de ciencia ficción por el sustrato tecnológico en clave que subyace a la historia. En todo caso, podría etiquetarse como una obra de ciencia ficción simbólica.
La estrategia narrativa de Salvo consiste en equiparar los quipus con las computadoras, y los nudos malos con los virus cibernéticos, pero este ejercicio lo efectúa el lector, jamás el narrador omnisciente, quien evita muy eficazmente cualquier exabrupto o anacronismo. La reconstrucción de la época, la invención del pueblo guacro, el manejo político de los personajes y el telón de fondo ideológico son bastante verosímiles.
Es más, dejando la anécdota de lado —la estrategia de Pomacha para vengar la conquista inca de su pueblo: la destrucción de un complejísimo sistema de registro de información (el quipu) mediante un nudo malo—, el cuento de Salvo postula una explicación histórica nada descabellada ante la reiterada intriga que desde hace 478 años asalta a propios y extraños en torno al hecho de cómo un pequeño grupo de españoles consiguió conquistar un imperio. Lo planteado por Salvo (arruinar un sistema de comunicación sobre el cual se erigía el Imperio Incaico) no solo es verosímil sino acertadamente razonable. Y más allá de las monumentales huellas arquitectónicas y otros deslumbrantes legados de la cultura inca que aún podemos apreciar, se perdió lo más importante: la información, el registro, la historia oficial y la otra (la clandestina), el conocimiento valiosísimo de una civilización que se nutrió, a su vez, de muchas otras culturas, que florecieron a partir del surgimiento de notables reinos milenarios. Lo verdaderamente desconcertante de este magnífico cuento de Salvo es que esta pérdida, que esta destrucción, no fue producto de la codicia e irracionalidad de los conquistadores españoles, sino fruto de una venganza nativa, de la revancha que consiguió llevar a cabo Pomacha, en representación de su sojuzgado pueblo, ante la implacable y cruel política expansionista de los incas.
Misteriosos y soterrados suelen ser los hilos de la Historia, aquel entramado que se teje incesantemente desde que el hombre se reconoce como tal y lo registra haciendo total uso de su libre albedrío, como una natural libertad de expresión, pero algunas veces surgen ficciones, como «El falsificador» de José B. Adolph y «Quipucamayoc» de Daniel Salvo, con una poderosa verdad literaria que nos permiten echar luz sobre episodios que la ciencia no consigue esclarecer de modo objetivo e incuestionable. En este caso, tenemos dos textos de ficción, cuya alta factura narrativa sirve de soporte para acercarnos a la cotidianeidad de la cultura inca, y rendir homenaje al registro histórico y a su importancia para la salvaguarda cultural… textos que contribuyen, además, a entendernos como individuos cuando nos enfrentamos a un futuro que exige y sobrepasa el límite humano ante la añoranza por el pasado y la incertidumbre del presente.
José Donayre (texto leido en la conferencia Eclosiones de lo fantástico en el Perú, organizada por TINTA EXPRESA, Revista de Literatura y Casa de la Literatura Peruana )
José Donayre (Lima, 1966) estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha publicado las novelas La fabulosa máquina del sueño (Mercado Consultora y Publicaciones, 1999) y La trama de las Moiras (Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2003), el libro de cuentos Entre dos eclipses (edición del autor, Lima, 2001, 2007), y la colección de ficciones breves Horno de reverbero (Mundo Ajeno, 2007). Ha participado en las antologías de narrativa Perspectivas para una narrativa peruana de los 90 (APPAC, 1990), Maldito amor mío (Signo Tres, 2002), Ciencia ficción peruana (Eridano, suplemento Nº 10 de Alfa Eridani, 2005), Nacimos para perder (Casatomada, 2007) y La estirpe del ensueño. Narrativa peruana de orientación fantástica y/o extraña (edición no venal, selección de Gonzalo Portals, 2007), y en la antología de poesía La generación del noventa (Biblioteca Nacional del Perú, 1996). Maneja actualmente varios blogs, entre ellos Esta boca es mía. Se dedica a la promoción cultural y a la edición de obras literarias.
jueves, 1 de julio de 2010
Ficción: En el principio (Daniel Salvo)
- Dime.
- No debes seguir con ella, Alfredo. Debes terminar tu relación con ella.
- Pero si es una más, Sonia. Ya terminaré con ella, como terminé contigo. No veo el por qué…
- No es eso, Alfredo. Es por tu seguridad. Ella no es… humana.
- ¿Qué?
- Revisé sus datos de abordaje en la computadora de la nave. Carla Sarris. Nacida en 2136, en la Colonia Lunar. Destinada a la nave colonizadora Edén. Ésta nave.
- Como tu y como yo, Sonia. Si te refieres a su edad cronológica real, bueno, nos lleva unos cien años, pero ¿qué hay con eso? Todos fuimos crionizados en una época u otra, después de la catástrofe que destruyó la atmósfera de la Tierra.
- Ese es el punto oscuro de todo esto. Las fechas. La mayoría de nosotros hemos nacido en las colonias del sistema solar, muchos años después de la catástrofe. La Tierra no es ni siquiera un recuerdo, apenas un vago referente para nuestra sustentabilidad biológica y cultural. En realidad, a nadie le importa la verdadera fecha de la destrucción de la Tierra.
- No entiendo a dónde quieres llegar.
- Alfredo, en 2136 la Tierra ya no albergaba a ningún ser humano en actividad. Todos estaban muertos o criogenizados. No pudo haber nacido ningún niño en el planeta.
- ¿Estás segura? ¿Y cómo es que los Seleccionadores no se han percatado de tamaño error?
- Los Seleccionadores sólo estaban interesados en especimenes sanos de hombres y mujeres, capaces de engendrar y sostener una colonia en algún planeta lejano… El detalle de la fecha de nacimiento de Carla debe haberles tenido sin cuidado.
- Pero todo eso no es suficiente para sustentar tu afirmación sobre su falta de humanidad. ¿Y a qué te refieres con eso? ¿Crees que es de origen extraterrestre? En la intimidad se comporta como cualquier mujer, créeme…
- No, extraterrestre no, no hemos hallado vida extraterrestre en los cientos de años que lleva la humanidad vagando por el espacio. Creo que es algo peor, un tipo de criatura de las leyendas de la vieja Tierra.
- Explícate. No conozco mucho de folklore.
- Nunca la he visto alimentarse como todos, en el comedor central de la nave, en ningún ciclo. Cuando la nave se acerca a alguna estrella, ella se encierra en su habitáculo privado. Y ese símbolo que tiene tatuado en el cuello…
- Me lo explicó, fue una moda en la vieja Tierra, antes de la catástrofe.
- Alfredo, he digitalizado ese símbolo y lo he contrastado con la información de la computadora central. Es un símbolo de vida eterna, proveniente de una de las tribus más antiguas, Egipto. Y se dice que es aún más antiguo.
- No entiendo, para ti … ¿qué cosa es ella?
- Alfredo, Carla es una vampira.
- ¿Una qué…?
- Una vampira. Una monstruosidad, una especie de parásito que se alimenta de sangre humana. Ha sobrevivido quien sabe cuántos milenios en la Tierra, y ha conseguido llegar al último refugio de la raza humana. Tal vez acabe con todos… O nos críe como clonoganado para alimentarse con nuestra sangre, por toda la eternidad…
- Sonia, esto no puede ser cierto, estás desvariando, he oído de cómo afecta a algunas personas el tener que vivir en el espacio, tal vez deberías volver a crionizarte.
- ¡No estoy loca! Carla no ha se ha relacionado con ninguna mujer en toda la nave. Sólo con hombres… tú entre ellos…
- Y ya me ves, entero y de una pieza. Si fuera verdad lo que dices, sus anteriores parejas y yo mismo sufriríamos algún tipo de debilidad.
- Tienes razón. Yo… no sé por qué he dicho tantas tonterías. Estás sano y fuerte. Incluso más sano y fuerte que cuando estábamos juntos.
- Sonia, es poco natural que tengas celos de mí y de Carla. Hasta llegar al nuevo mundo hogar, las reglas en la nave son de libertad total. Carla es algo pasajero, quizá vuelva a relacionarme contigo o me asignen como tu Engendrador… ¿Quién sabe las decisiones que tomarán la computadora central y los Seleccionadores? Disfrutemos del viaje mientras dure…
- Si, tienes razón. He sido una tonta. Pero… ¿no es Carla quien viene ahí?
- Si… ¿espera, a donde vas?
- Sígueme. Puedo probar que ella no es humana. Estamos casi bajo el gran telescopio.
- Pero dijiste…
- El gran telescopio puede abrirse de un momento a otro, amplificando la luz de cualquier estrella que deseemos. Si la tomamos de sorpresa, podemos destruirla.
- Estás demente.
- ¿Entonces qué daño puede hacerle la luz de un sol? Alfredo, por favor…
- Igual no podemos evitarla, ya casi está aquí…
- Hola, Alfredo. Es bueno verte bien acompañado.
- Carla, yo… Sólo conversaba con Sonia. Ella fue…
- Sé quien fue y sé quien es. ¿Quieres saber algo de mí, Sonia? Eres hermosa…
- Carla, dinos...
- Estoy tan avergonzado, Carla, por las ideas de Sonia, te cree una… una vampira. No es que yo también lo crea, aunque hay algo raro con tu fecha de nacimiento…
- Alfredo, cállate.
- Yo…
- Silencio, Alfredo.
- ¿Qué le has hecho a Alfredo, Carla? Se ha quedado mudo y quieto. Como un robot de mantenimiento inactivo.
- Ah, es un pequeño truco que aprendí en Sumeria, hace tanto tiempo. Un timbre y tono de voz adecuados… Nada complicado, en realidad.
- Entonces es cierto. Siempre lo supe. Tu genotipo indefinido. Tu temor a la luz de los soles. Tu aislamiento. El símbolo que llevas tatuado…
- Ah, hermosa y querida Sonia, eres tan perspicaz… Siempre me asombra encontrar a una como tú en cada siglo, en cada lugar, en cada raza. Ven, acércate, dame un beso…
- ¡Aléjate, monstruo! ¿Ves el botón bajo mi mano? Con solo presionarlo, la luz de mil soles acabará contigo. No puedes huir.
- ¿Y quien intenta huir, hermosa e inteligente Sonia? Verdaderamente, sabes muchas cosas. Pero hay tantas otras que no sabes. Como el origen y significado del símbolo que llevo tatuado. Yo dejo que solamente parte del mismo sea visible para los demás. Pero míralo bien, míralo ahora por completo…
- ¡Gran Madre! ¡Perdón! ¡No sabía que eras tú! Viniste, viniste al fin, oh Gran Madre, Tú la Primera y la Única, la no nacida de mujer… Perdóname, perdóname, perdóname…
- De modo que también guardas el Conocimiento. Entonces sabes qué hacer con él. Sabes, es quien he seleccionado para este nuevo mundo al que vamos a arribar. Alfredo es a quien he elegido como el sagrado.
- Si Gran Madre. Arrancaré su corazón para ofrecértelo. Es el inicio de la nueva era, bajo tu dominio…
- Sé que me servirás bien, Sonia. Hermosa, inteligente Sonia… Ven…
martes, 1 de junio de 2010
Editorial: ¡Vivan los personajes de cartón piedra!









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