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lunes, 2 de noviembre de 2015

Un autor en octubre de 2015



Octubre de 2015 ha sido un mes singular, agotador incluso: nada menos que tres publicaciones, en distintos medios. Tres cuentos que espero puedan disfrutar. Van unas someras reseñas:

La triste historia de la doctora Amelia, publicado en el segundo número de la revista virtual (de descarga gratuita) Relatos Increíbles, editada por Héctor Huerto de la Asociación por la cultura y la educación digital ACUEDI. Este cuento llevaba casi un año en revisiones y correcciones, pero al fin lo terminé. Es una historia que podría encuadrar en el género de «primer contacto». La humanidad, al fin, se encuentra con otros seres inteligentes, que además son pacíficos. Una científica, en representación de una Tierra que ha decidido apostar por la exploración espacial, es la encargada de efectuar el contacto. Pero puede que los resultados del mismo no sean beneficiosos para todos.

Dos tazas de café, publicado en la antología de relatos sobre viajes en el tiempo "¡Marty llega!" (homenaje a la ya clásica película «Volver al futuro», protagonizada por Michael J. Fox y Christopher Lloyd), compilada por Germán Atoche, bajo el sello Edita el Gato Descalzo. Si viajar en el tiempo ya es una hazaña, conocer el propio origen del tiempo - y a su Creador - puede ser una aventura capaz de volver loco a cualquiera, a menos que se trate de alguien cuya mente sea realmente excepcional. O tal vez, la excepción somos nosotros, los mortales que no podemos aceptar que el universo es simplemente lo que es, y no lo que quisiéramos que sea.

Se venden marcianos (si, el título está mal redactado, pero es adrede), publicado en la muestra de relatos de ciencia ficción de autores peruanos (¡nada menos que treintaidós!) Se vende marcianos (ahora sí, título correctamente redactado), a cargo de José Donayre, de la editorial Altazor. De existir seres extraterrestres, ¿cómo serían? ¿cómo sería su cultura, su sexualidad, su economía? ¿Serían algo incomprensible para nosotros, los terrestres... o una versión mejorada (o empeorada) de lo que somos? Y lo más importante: ¿tendrían sentido del humor?

- o -

Post data: A destacar que el incansable Elton Honores, verdadero gurú de los estudios literarios peruanos enfocados en la ciencia ficción, la fantasía y el terror; con el apoyo del Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar CELACP, de Harry Belevan, Gonzalo Cornejo y Gonzalo Portals, organizó el II Congreso Internacional de Narrativa Fantástica los días 22, 23 y 24 de octubre, en el auditorio del Instituto Raúl Porras Barrenechea. Tarea titánica, que está dejando huella en el devenir del género fantástico. Una auténtica delicia oir las ponencias.

lunes, 23 de junio de 2014

Un muerto camina entre nosotros (compilador Germán Atoche Intili)


Zombies entre nosotros

Un muerto camina entre nosotros – Cuentos peruanos sobre zombies
Edita El gato descalzo
Compilador: Germán Atoche Intili
Ilustraciones: Raúl Ostos
Tanya Tynjälä, Marco Alberca, Gabriel Canessa, Sarko Medina Hinojosa, Rubén Mesías Cornejo y Daniel Salvo
Edita El gato descalzo
Lima, junio 2014



Dentro de las historias de monstruos, el zombie ocupa un lugar especial. No es para menos, dados los avatares que dicho ser ha afrontado. De ser una criatura de origen claramente  sobrenatural (un cadáver resucitado mediante el ejercicio de rituales o hechizos, vinculado inicialmente al vudú haitiano ), ha pasado a ser, por obra de su tratamiento cinematográfico, un “infectado”, cuya alteración se explica de manera seudocientífica (radiaciones, virus, enfermedades de origen desconocido). El zombie original se limitaba a servir a su amo, el actual, tiene un ansia insaciable de devorar carne o cerebros humanos.

Tal abanico de posibilidades ha sido aprovechado en el cine, la televisión, el cómic y la literatura escrita, al punto que ha llegado a hablarse de una saturación y decadencia del tema. Sin embargo, lo mismo se ha dicho desde hace años respecto a la ciencia ficción, el policial y la propia novela… a pesar de que la literatura en general sigue ahí.  Y es que lo que leemos es, al final de cuentas, al escritor, sea éste clásico o novel.


Con "Un muerto camina entre nosotros", nos toca apreciar las visiones y  aportes que nos ofrecen algunos narradores peruanos en torno al tema del zombie: está el zombie que es consciente de su propia transformación – y que no puede hacer nada para evitarla-, hasta el que asume de manera por demás gozosa su nueva condición, pasando por el tema de las relaciones ¿imposibles? de amor entre zombies y humanos, o entre los zombies y la explotación capitalista, sin faltar historias de corte más clásico pero igual de contundentes.

Cuidado lectores: estos zombies muerden.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Chocky (John Wyndham)



Difícil reseñar un libro cuyo argumento está más que sugerido en la portada. Pero vale la pena intentarlo, entre otras razones, por que nada como la sencilla pero irresistible prosa de John Wyndham para refrescar la mente y recordarnos, entre otras cosas, que más vale una buena historia narrada con sencillez y soltura que algún farragoso ejercicio posmoderno.

No espere pues el lector encontrarse con metáforas ocultas o con un lenguaje que, de tan críptico, resulte carente de sentido. Chocky es una historia clásica, es decir, antigua, en el sentido de que uno podría habérsela oído al abuelo o al tío querendón de la familia en alguna reunión familiar. En su aparente ingenuidad, el texto nos sumerge en la Inglaterra rural de fines de los años cincuenta del siglo XX, con sus familias habitando en caserones, sus escuelas a las que se llega caminando y sus bonachones (y un tanto increíbles) oficiales de policía. Vamos, que se trata de un universo carente de amenazas, prosaico hasta el límite del aburrimiento, al menos, para alguien acostumbrado a las grandes ciudades: quienes hemos vivido parte de la infancia en ciudades pequeñas sabemos que es imposible aburrirse.

Los protagonistas de Chocky están plenamente incorporados a la cultura a la que pertenecen. Un matrimonio joven con un hijo (adoptivo) y una hija, ambos en edad escolar. Se trata de niños normales (la niña vive obsesionada con los ponys), al punto que ambos han contado, en su momento, con amigos imaginarios. El amigo imaginario de Polly, la niña, se llamaba Piff.  Y el amigo imaginario de Matthew... se llama Chocky

En un principio, no hay motivo de alarma. ¿Cuántos niños tienen un amigo imaginario? Muchísimos en todo el mundo. Pero cuando ocurren ciertos sucesos extraños en torno a Matthew (realiza cálculos avanzados para el año escolar al que pertenece, dibuja con habilidad impropia de un niño de su edad y puede nadar a la perfección... aunque nunca ha tomado lecciones de natación). Y todos, todos estos casos de comportamiento anómalo tienen una única respuesta: Chocky.

La displicencia inicial en torno al amigo imaginario de Matthew da paso primero al asombro y al fastidio, para culminar en auténtico pavor. Descartadas las explicaciones médicas o siquiátricas (hay que ver cómo se burla Wyndham de ciertas teorías muy en boga en su tiempo), alguien llega a la conclusión de que Chocky tiene una existencia real, quedando por resolver cuestiones tan angustiantes como su origen, su naturaleza... y sus propósitos.

¿Se trata de una manifestación del inconsciente del niño? ¿Algún tipo de posesión? Tratándose de una novela de ciencia ficción y no de fantasía o terror al uso, el lector habrá deducido más de una de las características de Chocky. Si bien todo se resuelve de manera correcta, y las cosas vuelven a la normalidad, explicación mediante, hay un elemento imprevisto que, aunque no constituye un giro de tuerca en el desenlace, nos lleva a preguntarnos, como siempre, cuál es la verdadera amenaza para la vida humana: lo desconocido, o el hombre mismo. El poder, oculto bajo la máscara de una ciencia más arrogante que sabia (en este caso), no va a detenerse ante ningún obstáculo. Menos aún, ante un niño, pese al sufrimiento de éste.

Publicada en 1968, Chocky dio origen a una serie de televisión propalada en 1984.

Daniel Salvo



lunes, 16 de septiembre de 2013

Cuento "La chica del museo" en la revista "Buen salvaje"


La revista Buensalvaje acaba de publicar, en su edición número siete (disponible en PDF) , un excelente artículo de Elton Honores, "El acoso de lo imposible", que analiza las implicancias de publicar literatura fantástica en un país como el Perú, donde la distinción entre autores "de Lima" y "de provincias" aún tiene efectos poco deseables. Adjunto el texto del último párrafo del artículo, a manera de presentación de nuevos autores del fantástico: 


"La selección arbitraria que presento incluye a narradores que están ligados a las provincias, ya sea por su origen o su lugar de residencia. De más está decir que –en algunos casos– sus libros son casi inhallables en Lima, por lo que es una invitación a seguir con atención su producción posterior. Nacidos entre 1963 y 1989, sus ficciones dan cuenta de los diversos registros de lo fantástico que practican. La selección incluye básicamente dos registros: la ciencia ficción (CF) y la mezcla de géneros a partir de la temática zombi. En «Apocalipsis zombi», de Marco Alberca, hay una subversión en el tratamiento del tema que plantea el problema de la identidad. Sarko Medina aporta dos microrrelatos de zombis: «Huida», que está narrada desde el otro lado, con una notable vuelta de tuerca; «Prueba» es un relato de violencia. En «El sueño», de Jorge Monteza, lo onírico adquiere una dimensión real que termina por aniquilar al personaje que sueña, bajo el tópico del doble. «El tigre en la nieve», de Jorge Parra, es un buen relato en clave borgeana que remite a la identidad y a la otredad. «Pithecantropus Erectus», del arequipeño Yuri Vásquez, combina distintos tiempos y niveles narrativos con resultados asombrosos e innovadores. En «La chica del museo», de Daniel Salvo, la animación de una momia inca develará un presente de horror. Finalmente, «Los visitantes», de William Guillén Padilla, es un relato en clave de CF con giro imprevisto."

domingo, 14 de julio de 2013

¡Bienvenido, Armagedón!


¡Bienvenido, Armagedón", una antología de cuentos sobre el fin del mundo, recopilada por Carlos Rengifo y publicada por Ediciones Altazor. Pronto en librerías. Participo con un cuento.

viernes, 12 de abril de 2013

La afirmación (Christopher Priest)



Una novela difícil de reseñar, como muchas de las cosas que he leído de Priest. El tipo de ciencia ficción que escribe es mas bien introspectiva, muy centrada en los cambios que se producen en la percepción y en la personalidad humana ante lo maravilloso o extraño, aún cuando se trate de fenómenos que podrían tener una explicación racional, vulgar inclusive. El "sentido de la maravilla" propio de la ciencia ficción no está ausente pues, en su obra, pero Priest lo presenta de una manera muy británica acaso, con un estilo mas bien parco, de resonancias ballardianas.
Con todo, La afirmación inicia de una manera que pone sobreaviso al lector de que no se trata de un texto de narrativa realista, por decir lo menos. En efecto, las primeras líneas son todo un ejemplo de cómo enganchar al lector en lo fantástico casi sin proponérselo:

De ciertas cosas al menos estoy seguro:
Me llamo Peter Sinclair, soy inglés y tengo, o tenía, veintinueve años. Ya aquí hay una incertidumbre, y mi seguridad vacila. La edad es una variable: ya no tengo veintinueve años.

¿Quién inicia una narración de su propia vida informando que "tenía" veintinueve años, o que los sigue teniendo? Lo que continúa es la narración en primera persona de alguien que ha pasado por período de  mala racha total, que ha padecido una serie de catástrofes personales terribles pero nada fantásticas (muere su padre, es abandonado por su esposa, pierde el empleo). Su entorno de amigos y parientes le ofrece ayuda, la cual se concreta en la posibilidad de pasar una temporada en una casa de campo, cómodamente pertrechada para permitirle cierta holgura y paz. En este ambiente, no tan bucólico como pudiera pensarse, Peter Sinclair se embarcará en un nuevo proyecto: escribir su biografía, en un intento expreso de recuperarse a sí mismo.
Su estrategia como escritor en ciernes será idear una suerte de mundo alternativo en el cual él y otros personajes desempeñarán, de manera simbólica, los roles que en la realidad han llevado a cabo. Pero en algún momento, Peter dejará de ser un inglés afincado en una casa de campo para convertirse en el ganador de una lotería única en su género, pues el premio principal es nada menos que un tratamiento que asegura la inmortalidad, la cual podrá disfrutar por siempre (sic) en cualquiera de las innumerables (o infinitas) islas del Archipiélago de Sueños. 
Si. De lo fantástico (el posible e inexplicable salto de una realidad a otra, que bién podría explicarse como un delirio del personaje) pasamos a la ciencia ficción en su aspecto más especulativo, el otorgamiento de una de las cosas que más ha soñado la humanidad durante milenios, la posibilidad de ser inmortal. Claro que a la manera de Priest. Es decir, ser inmortal en un mundo que apenas ofrece otros retos a los inmortales que dedicarse a escribir, fundaciones de caridad o resolver crucigramas. Además de la certeza de ver morir, uno tras otro, a quienes dan sentido a la existencia.
Podría parecer que Priest se explaya demasiado en describir el entorno emocional de los protagonistas, siempre desde el punto de vista de Peter Sinclair. Pero esto es coherente con la historia, pues proporciona al lector una explicación de cómo es que se pudo producir ese cambio de una realidad a otra, jugando con la ambigüedad propia de lo fantástico: ¿ha tenido lugar realmente? Y de ser así, ¿cuál es la "verdadera" realidad? ¿La realidad final es producto de las vivencias que ha tenido Sinclair en el pasado, o éste se pasado se ha creado como un subproducto del impacto emocional que se avizora hacia el final de la novela?
Habrá quienes cuestionen el hecho de considerar La afirmación como una novela de ciencia ficción. Pero si  queda claro de que se trata de un gran libro.

Daniel Salvo

jueves, 21 de febrero de 2013

E-BOOK: LA POCION (DANIEL SALVO)


Continuando con el proyecto iniciado con el cuento La hija del mar, esto es, publicar un e-book cuando menos una vez por mes, les ofrezco otro cuento (disculpen la brevedad), nuevamente gracias a Smashwords, la mejor alternativa para quienes quieren publicar e-books sin mayores complicaciones.
Disponible para su descarga (hacer click en la imagen) en PDF, EPUB y otros formatos.  Espero que lo disfruten.

Daniel Salvo


domingo, 17 de febrero de 2013

La oscuridad más allá de las estrellas (Frank M. Robinson)




Este libro debería comenzar con la advertencia “las cosas no son lo que parecen”. Y no es que el libro sea una decepción, todo lo contrario, pero parece que lo fuera… Así como, según la contraportada, parece que se tratara el tema de la nave generacional (estupendamente desarrollado por Brian Aldiss en “La nave estelar” y por Gene Wolfe en “El libro del sol largo”, pentalogía que alguna vez quisiera completar), cuando en realidad no es así.

La metáfora más a la mano que se me viene a la mente para describir este libro es la de un hueso. El lector pareciera tener al alcance un hueso mondo y lirondo, sin una hilacha de carne, tirando a seco… cuando de repente, el hueso se rompe y entonces nos damos cuenta que dentro tenía un sabroso y húmedo tuétano.

Por que “La oscuridad más allá de las estrellas” tiene un inicio aparentemente pobre, a saber, un fallido intento de exploración espacial, con unos equipos cuya precariedad hace ver al primer descenso en la luna como una parafernalia digna de las películas de James Bond. Igual ocurre con el interior de la nave Astron, cuyo nivel de sofisticación y adelanto tecnológico parece surgido de una película de ciencia-ficción de los años cuarenta. ¡Hasta utilizan papel!

Para colmo, el protagonista principal, Gorrión (la mayoría de personajes tiene nombres de aves o de personajes de la Biblia y las obras de William Shakespeare), quien participó en el fallido intento de exploración extraterrestre del inicio, ha perdido la memoria, y se la pasa dos tercios y algo más de la novela tratando de recuperar sus recuerdos y rehacer su vida, lo que nos brinda una visión de primera mano de los entreveros aparentemente intrascendentes de los demás tripulantes. No hay mucho que contar: la nave fue enviada al espacio en búsqueda de vida extraterrestre, no habiendo tenido éxito en esta misión, pese a los miles de años que lleva viajando por el cosmos. La tripulación, compuesta por los descendientes de los primeros astronautas y el capitán, genéticamente alterado para ser inmortal (¡!), está más que harta y aburrida de este viaje aparentemente inútil, en una nave prácticamente sin secretos y en vías de convertirse en chatarra.

Vamos, que a diferencia de las novelas de Aldiss y Wolfe, la nave no se ha convertido en el mundo, no hay un olvido inmemorial ni una nueva sociedad en la Astron: todos los tripulantes no son más que aburridos técnicos encargados del mantenimiento de un inmenso armatoste, acaso perdido en las profundidades estelares, resentidos por la clase de vida que les ha tocado, amargados por destino terrible que es nacer, crecer y morir dentro de una nave cuya misión se ha revelado un fracaso.

Hasta que ocurre el milagro, el acontecimiento clave (y no nos referimos a un encuentro con seres extraterrestres, que a estas alturas sería un deus ex machina de lo más despreciable), la rotura del hueso que nos permite dejar los “aparentemente” y adentrarnos en los “realmente” de esta novela, que se dispara a un ritmo vertiginoso en el cual todos los misterios y enigmas (lo que Gorrión ha olvidado, el porqué de la inmortalidad del capitán, lo vetusto de la nave y otros múltiples detalles) son resueltos, al tiempo que se produce un giro de ciento ochenta grados (literalmente) en TODO: la Astron ha llegado a un punto de no retorno, pues se encuentra frente a una especie de muro, un espacio totalmente vacío que es descrito como la oscuridad más allá de las estrellas. ¿Encontrarán al fin la vida extraterrestre que motivó su búsqueda? ¿Podrán siquiera atravesar ese espacio? ¿Y si del otro lado tampoco hubiera nada…? Como fuegos de artificio, aquí y allá surgen nuevos enigmas y sus sorprendentes respuestas, que pondrán al lector tan frenético como los personajes de la novela.

Por cierto, la imagen del final es esperanzadora y aterradora al mismo tiempo, y perfectamente coherente con el desarrollo de la historia.

Daniel Salvo

lunes, 4 de febrero de 2013

Los límites de la Fundación (Isaac Asimov)



 
¿Se podía continuar con un ciclo de novelas aparentemente cerrado y concluído, como lo fue el ciclo original de las Fundaciones? La verdad, todo es posible, y con mayor razón en el campo de la narrativa de ficción. Hay que agradecer, entre otros a quienes, en palabras de Asimov, lograron que volviera a retomar la serie: “los aficionados [...] me pidieron que continuase la serie. Les dí las gracias, pero seguí negándome. [...] Pero Doubleday se tomó aquellas peticiones con mucha más seriedad que yo”.
Así, tenemos que casi treinta años después de la publicación de Segunda Fundación, Isaac Asimov decidió continuar con el ciclo, apuntando al devenir del incipiente Segundo Imperio Galáctico cuya creación era el objetivo de las dos fundaciones, que aunque actuaban de manera paralela, tenían una relación tan fraternal como la de Caín y Abel.
La acción de Los límites de la Fundación transcurre en un período intermedio de la nueva Historia Galáctica, o Era Fundacional. La humanidad avanza con cierta seguridad hacia el objetivo planeado por Hari Seldon, bajo el creciente - aunque no total - dominio de la galaxia por parte de la Primera Fundación.
Pero hay quienes no están conformes con esta situación, tanto al interior de la Primera Fundación como de la Segunda Fundación, que como sabemos, actúa en las sombras. Tanta tranquilidad resulta siendo sospechosa tanto para unos como para otros, y aquí el maestro Asimov dicta cátedra de filosofía al plantear el problema del estancamiento de las sociedades, aún si dicho estancamiento se presenta bajo la careta de una falsa "racionalidad". Tanto así, que los mismos beneficiarios de la psicohistoria acaban por preguntarse si esta es necesaria para el Plan Seldon, si ya se ha cumplido el mismo o, peor aún, si la psicohistoria como tal ha fracasado y la humanidad se ha liberado de ella.
No estamos pues ante una títpica crisis psicohístórica, con el espectro holográfico de Seldon proporcionando una solución. Son las Fundaciones cuestionando nada menos que el Plan Seldon, la idea que les dió origen.
Si bien este cuestionamiento era ya suficiente argumento para una obra de ciencia ficción del mayor nivel especulativo (bueno, tratándose de Asimov), el maestro no pudo evitar incluir otros elementos, que si bien no son menos complejos en su interacción, si llevan a la novela por rumbos no tanto predecibles, pero si algo esquemáticos.
Resulta que ambas Fundaciones, en ese tránsito de cuestionarse a sí mismas, han detectado la existencia de "otros" , es decir, seres con tanto poder como el de las Fundaciones, uno de cuyos representantes habría sido nada menos que el Mulo de Fundación e Imperio, un mutante con poderes mentales que estuvo a punto de echarse abajo al Plan Seldon.
De modo que tenemos a la Primera Fundación, la Segunda Fundación... y el mundo o mundos de los que procedería el Mulo. Tres poderosas fuerzas que pugnan por lograr el mayor bien posible para toda la galaxia... sin que ello implique abdicar de una posición hegemónica  respecto a las otras.
La victoria final se logrará recurriendo al mero juicio humano. Como en el mito que originó la guerra de Troya, un mortal (Golan Trevize) será el encargado de escoger cual de las tres fuerzas prevalezca, aún cuando dicha elección no favorezca a sus fines inmediatos o a su "patriotismo".
De manera que la novela se ajusta al esquema "a-ver-quien-manda-aquí", que por supuesto es brillantamente desarrollado por Asimov, dejando de lado el original y desafiante "y-qué hacemos-si-la-psicohistoria-falla". Igual, se aprecia una historia basada en la investigación y la búsqueda de información, dejando en claro que una novela no siempre necesita de un villano para desarrollar la acción... aunque dicha acción consista, ante todo, en la solución de un acertijo.

Daniel Salvo

jueves, 10 de enero de 2013

E-BOOK: LA HIJA DEL MAR (DANIEL SALVO)



Inicio este 2013 con la expectativa de publicar por lo menos una historia cada mes. Para el presente caso, y estando en temporada veraniega, un cuento ambientado en un puerto pequeño y carente de comodidades, pero lleno de misterios, y acaso de horrores. Un homenaje al maestro H. P. Lovecraft. Y desde ya, un agradecimiento a la editora online Smashwords, un verdadero ejemplo de ayuda para la edición, publicación y distribución de e-books, desde la cual pueden bajar el cuento GRATIS en el formato que mejor les acomode (MOBI para el Kindle, ePub para la tablet o e-reader, RTF para el procesador de textos en su PC, PDF o HTML  para el smartphone... Ideal para leer en la playa. Disfrútenlo.

Daniel Salvo

sábado, 10 de noviembre de 2012

Cuentos para sobrevivir al fin del mundo


SE PRESENTARÁ EL MIÉRCOLES 14 DE NOVIEMBRE DE 2012
EN "LA NOCHE" DE BARRANCO, A LAS 7:00 PM

"Invasiones extraterrestres, desastres nucleares, guerras mundiales, profetas y profecías; amor, muerte y esperanza; mujeres incrédulas, niños con armas y zombis vírgenes; humanos y no humanos, son los protagonistas de estas historias.


Nadie sabe el día ni la hora del final, pero será mejor que te encuentre preparado.


Agárrate bien del libro, porque el fin del mundo ya llega y aquí tienes diecisiete cuentos para sobrevivirlo."



martes, 6 de noviembre de 2012

El primer peruano en el espacio, publicado en la antología "The Apex Book of World SF 2"


 "The First Peruvian in Space," by Daniel Salvo, is by far one of the most powerful and astonishing ironic turns I have ever read in a story, and it accomplishes this by developing our expectations about colonialism and racism before turning us on our ears. 

Ben Godby, Strange Horizons

***


I have many, and obvious, reasons to enjoy Daniel Salvo’s “The First Peruvian in Space”:
Anatolio Pomahuanca had reason enough to hate whites. Hundreds of years ago they had invaded and conquered his world and reduced his forebears to the sad condition of serfs or second-class citizens. There were historic changes like independence wars, rebellions and revolutions. But, be it as it may, whites were still those who ruled and decided everything in Peru and throughout the rest of the world.
[...]
The captain belonged to the worst: those who believed there was already a harmonic conviviality between whites and natives as a result of centuries of history that had erased past wounds.
The plot twist weakens rather than strengthens, though I suppose without it the story would’ve been too obvious. 
Acrackedmoon,   Requires only that you hate

miércoles, 3 de agosto de 2011

EDITORIAL: El fin de una era




El año próximo, "Ciencia Ficción Perú" cumplirá diez años (con un intervalo de un año de reposo) en línea. Desde la versión original en HTML, gracias al ya extinguido Geocities de Yahoo!, hasta la actual versión en blog, ha sido un verdadero (y a veces trabajoso) placer postear reseñas, noticias, entrevistas y creaciones (mías y de colaboradores) relativas al mundo que me apasiona: el mundo de la ciencia ficción, la fantasía y el terror.
No es que vaya a cerrar "Ciencia Ficción Perú", sino que pienso variar la periodicidad en la publicación. He notado que es más fácil actualizar contenidos cuando no se siente la presión de cerrar una edición con fecha límite. Y en los tiempos presentes, la internet permite "estar al día" con los contenidos de cualquier blog que el internauta desee.
Confieso que, en su momento, la idea en la que se basaba "Ciencia Ficción Perú" estaba muy anclada en la mentalidad editorial del siglo XX, cuando existían instancias centralizadas que, de alguna manera, hacían visibles ciertos contenidos. Para hablar en cristiano, tuve la pretensión de crear "la página" de ciencia ficción peruana, el referente obligado para cualquier internauta nacional o extranjero que quisiera conocer nuestra producción fantástica.
Pero la internet ha cambiado todo. La internet no tiene centro, y hay muchas otras páginas con excelente contenido que aportan información sobre el tema. Y seguro que surgirán más, conforme las nuevas generaciones de internautas arriben al ciberespacio y digan: "esto también lo puedo hacer yo".


Mientras tanto, disfrutemos de la ciencia ficción.




Daniel Salvo


viernes, 1 de octubre de 2010

La cultura inca en dos cuentos de ciencia ficción: "El falsificador" de José B. Adolph y "Quipucamayoc" de Daniel Salvo (José Donayre)





La cultura inca en dos cuentos de ciencia ficción:


«El falsificador» de José B. Adolph y «Quipucamayoc» de Daniel Salvo






Suele pensarse que la cultura inca fue una civilización milenaria. De hecho, el Tahuantinsuyo, conocido también como Imperio Incaico, tuvo una existencia breve. Esta cultura tuvo políticamente tres periodos: el primero fue el Legendario o Curacal (de 1285 a 1320), en el que gobernaron dos incas: Manco Cápac (fundador del Cusco) y Sinchi Roca; el segundo periodo fue el Protohistórico o Monárquico (de 1320 a 1425), en el que gobernaron seis incas: Lloque Yupanqui, Maita Cápac y Cápac Yupanqui (pertenecientes al Hurin Cusco) e Inca Roca, Yahuar Huaca y Huiracocha (pertenecientes al Hanan Cusco); y el tercer periodo fue el Histórico o Imperial (de 1425 a 1532), en el que gobernaron cinco incas: Pachacútec (vencedor de los chancas), Túpac Yupanqui, Huaina Cápac, Huáscar (muerto en 1533) y Atahualpa (capturado en 1532 y muerto en 1533). A partir de este sucinto recuento, podemos resumir que la cultura inca solo duró 247 años, de los cuales apenas 107 son propiamente un imperio.


Pero el Antiguo Perú sí es milenario. Y lo es por y desde las huellas que dejaron los hombres en el periodo lítico-arcaico, en el 11600 a.C., en la cueva de Jaywamachay, en la provincia ayacuchana de Huanta, y por lugares como Caral, en el norte de Lima, la primera ciudad de América, erigida en el 2600 a.C. La cultura inca no fue milenaria pero sí heredera de toda la tecnología y el imaginario que se produjeron en esta parte del mundo en más de trece mil años de supervivencia y mejora de la calidad de vida. Cultura que en 1425 se convirtió en el único imperio autóctono e histórico al sur de la línea ecuatorial del mundo.


No obstante estas raíces que se pierden en la noche oscura del tiempo y de ser el único imperio autóctono del hemisferio sur, razones más que suficientes para encender la imaginación de escritores de toda línea, son escasas las obras de ficción ambientadas en el Perú prehispánico. A esta carencia y marginalidad, hay que sumar la poca producción de textos de ciencia ficción. Por tanto, textos de ciencia ficción enfocados en el Perú incaico y preincaico resultan ser verdaderas rara avis de nuestra tradición literaria.


De la amplia obra de José B. Adolph (escritor que nació alemán en 1933 y murió peruano en 2008) y de la prácticamente inédita producción de Daniel Salvo (sugestivo seudónimo de un abogado que nació en Ica en 1967), rescatamos dos cuentos que en estricto no son textos de ciencia ficción ambientados en la cultura inca, pero sí relacionados o, en todo caso, inspirados en tal deseo. Pero, sea como fuere, en ambos hay una presencia de la cultura inca más que relevante por lo que marcan rutas de investigación y producción literarias en tal sentido.


En 1971, Adolph publicó en Lima, bajo el sello editorial Campodónico-Moncloa, su segundo libro de cuentos: Hasta que la muerte. Esta colección de relatos alberga el cuento «El falsificador», texto que no se ambienta en la cultura inca sino en los años posteriores a la captura de Atahualpa. El protagonista es nada menos que el conquistador y cronista español Pedro Cieza de León (1520-1554), quien tras explorar territorios americanos y fundar ciudades llegó en 1548 a la otrora Ciudad de los Reyes (Lima), donde empieza su labor de cronista oficial del Nuevo Mundo. Así, de 1549 a 1450, recorre el Perú a fin de acopiar información con la que redactará los tres volúmenes de su obra Crónica del Perú: un registro histórico que narra los acontecimientos de la Conquista y las guerras entre los españoles. El primer volumen de Crónica del Perú apareció en 1553, en España, pero Cieza de León jamás pudo ver publicados el segundo y tercer volumen, pues estos fueron impresos en 1871 y 1909, respectivamente.


«El falsificador» es un cuento breve de novecientas palabras con un epígrafe considerablemente extenso, que tiene cerca de setecientas palabras, es decir, representa más de las tres cuartas partes del relato. Esta inusual característica le confiere al epígrafe —fragmento de un registro histórico— un peso narrativo casi equivalente al cuento. La cita es de Cieza de León. Se trata de dos párrafos del capítulo 5 de la segunda parte de Crónica del Perú, o sea, del tomo que se publicó después de 317 años de la muerte del cronista. Visto así este exceso y desproporción, el epígrafe no es tal, pues cumple una función narrativa: relatar una verdad que luego será interpretada en el relato para convertirla en mentira simbólica, en verdad a medias, en ficción, en falsificación, que es producto de la acción de «falsear o adulterar una cosa», de acuerdo con el Diccionario de la lengua española.


El epígrafe narra que, en un tiempo anterior a los incas, tras un largo periodo de oscuridad, salió el Sol de una isla del lago Titicaca y que luego, proveniente del sur, llegó un hombre blanco y grande que demostró tener gran poder sobre la naturaleza. Y por este poder se le llamó «Hacedor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre del sol». Este ser posteriormente marchó hacia el norte, obrando maravillas, poniendo orden y difundiendo el amor entre los hombres, y recibió diversos nombres —Ticiviracocha, Tuapaca y Arnauan—, dependiendo del lugar. En su honor se levantaron templos, en los que frente a su representación se practicaron sacrificios. De este ser no se volvió a tener noticia.


Posteriormente, Cieza de León refiere que después de un tiempo se volvió a ver a otro hombre semejante a Ticiviracocha, pero del cual no se tenía nombre. Este ser sanó enfermos, e hizo cosas muy buenas y provechosas, hasta que llegó a un pueblo que intentó apedrearlo. El ser imploró al cielo el favor divino. Tras esto, apareció un fuego del cielo y los pobladores, temerosos de morir, fueron hasta el ser y le suplicaron que los librara del castigo. El ser accedió al pedido y ordenó apagar el fuego. De este episodio solo quedaron unas piedras quemadas y el recuerdo de la partida del ser rumbo a la costa. Frente al mar tendió su manto y se fue entre las olas y nunca más lo vieron. Y por la manera en que se fue lo llamaron Viracocha, que significa espuma del mar.


Con las imágenes de Ticiviracocha y Viracocha aún frescas en la mente —perfiles bondadosos solo comparables con la figura mítica de Cristo—, Adolph nos presenta desde el primer párrafo de su cuento una escena similar al arranque del epígrafe del cronista español: la oscuridad. En esta negrura trabaja Cieza de León, físicamente acabado, convirtiendo lo que recuerda, por medio de un trance, en leyenda. Adolph plantea la construcción de una leyenda al costoso precio de la deconstrucción de la realidad o, más bien, de falsificarla.


Párrafo tras párrafo, Adolph (otro falsificador) recrea al cronista español en la fatigosa tarea de encubrir y maquillar para no ser quemado en la hoguera por hereje, de falsear y adulterar a fin de no alterar el orden, en su feliz ignorancia de hombre moderno que cree tener los pies aún puestos en el medioevo. Sabe que es el eslabón malo y fatal de una larga cadena de narradores orales, y sabe de la importancia y peso de su acción, ya que él registra sobre el papel una historia contada de generación en generación, para plasmarla de manera definitiva como parte de la historia oficial. Sabe que miente, pero el fin justifica su falsificación, una misión que está por encima de su compromiso humano.


Adolph lleva al lector durante once párrafos a pensar de que se está ante un conflicto ético, ante una cuestión que no tiene sentido someterla al tamiz del ser y el parecer ni, mucho menos, al lente platónico de la percepción alterada, pues Cieza de León sabe bien lo que oyó, recuerda perfectamente bien que escuchó de manifestaciones que no puede referir porque van contra el orden establecido por su fe.


De este modo, Adolph crea una atmósfera perfecta para dar un martillazo contra la cabeza del lector en el duodécimo párrafo, el definitivo, con un final sorpresivo y revelador. El narrador de lo que ocurre en la habitación oscura donde escribe Cieza de León es el tripulante de una nave que va de un lado a otro del Sistema Solar. Nave convertida en simple fuego en la crónica del español. Se trata de un informe, un simple reporte, que da cuenta de que el secreto sobre esta «raza superior» se mantiene aún a salvo, pues Cieza de León entendió el gesto de silencio de la leyenda oída, antes de que el ser (el narrador-navegante) se pierda en la espuma del mar y se le llame Viracocha, como también se llamó el octavo inca.


El texto de Daniel Salvo, titulado «Quipucamayoc» (que fuera publicado en la revista virtual Ciberayllu el 26 agosto de 2005) no es menos fascinante. «Quipucamayoc» está ambientado en lo que es actualmente el sur de Lima, Cerro Azul, durante los gobiernos de los incas Huaina Cápac y Huáscar, es decir, hacia el final del Tahuantinsuyo. Si el remate de «El falsificador» de Adolph no hace otra cosa que invertir los planos al pasar de un registro realista a uno de ciencia ficción a partir de una sorpresiva revelación, en «Quipucamayoc» estamos ante una situación más sutil.


En «Quipucamayoc», la revelación empieza al inicio del último tercio del relato, manifestación paulatina y muy bien dosificada que de algún modo nos lleva a convertir un texto realista en uno de ciencia ficción sin que, en estricto, lo sea. Es decir, parece, pero no es, y esto resulta ser lo más inquietante. Pero esta apariencia es suficiente para que el relato de Salvo forme parte del anaquel de los textos de ciencia ficción por el sustrato tecnológico en clave que subyace a la historia. En todo caso, podría etiquetarse como una obra de ciencia ficción simbólica.


La estrategia narrativa de Salvo consiste en equiparar los quipus con las computadoras, y los nudos malos con los virus cibernéticos, pero este ejercicio lo efectúa el lector, jamás el narrador omnisciente, quien evita muy eficazmente cualquier exabrupto o anacronismo. La reconstrucción de la época, la invención del pueblo guacro, el manejo político de los personajes y el telón de fondo ideológico son bastante verosímiles.


Es más, dejando la anécdota de lado —la estrategia de Pomacha para vengar la conquista inca de su pueblo: la destrucción de un complejísimo sistema de registro de información (el quipu) mediante un nudo malo—, el cuento de Salvo postula una explicación histórica nada descabellada ante la reiterada intriga que desde hace 478 años asalta a propios y extraños en torno al hecho de cómo un pequeño grupo de españoles consiguió conquistar un imperio. Lo planteado por Salvo (arruinar un sistema de comunicación sobre el cual se erigía el Imperio Incaico) no solo es verosímil sino acertadamente razonable. Y más allá de las monumentales huellas arquitectónicas y otros deslumbrantes legados de la cultura inca que aún podemos apreciar, se perdió lo más importante: la información, el registro, la historia oficial y la otra (la clandestina), el conocimiento valiosísimo de una civilización que se nutrió, a su vez, de muchas otras culturas, que florecieron a partir del surgimiento de notables reinos milenarios. Lo verdaderamente desconcertante de este magnífico cuento de Salvo es que esta pérdida, que esta destrucción, no fue producto de la codicia e irracionalidad de los conquistadores españoles, sino fruto de una venganza nativa, de la revancha que consiguió llevar a cabo Pomacha, en representación de su sojuzgado pueblo, ante la implacable y cruel política expansionista de los incas.


Misteriosos y soterrados suelen ser los hilos de la Historia, aquel entramado que se teje incesantemente desde que el hombre se reconoce como tal y lo registra haciendo total uso de su libre albedrío, como una natural libertad de expresión, pero algunas veces surgen ficciones, como «El falsificador» de José B. Adolph y «Quipucamayoc» de Daniel Salvo, con una poderosa verdad literaria que nos permiten echar luz sobre episodios que la ciencia no consigue esclarecer de modo objetivo e incuestionable. En este caso, tenemos dos textos de ficción, cuya alta factura narrativa sirve de soporte para acercarnos a la cotidianeidad de la cultura inca, y rendir homenaje al registro histórico y a su importancia para la salvaguarda cultural… textos que contribuyen, además, a entendernos como individuos cuando nos enfrentamos a un futuro que exige y sobrepasa el límite humano ante la añoranza por el pasado y la incertidumbre del presente.




José Donayre (texto leido en la conferencia Eclosiones de lo fantástico en el Perú, organizada por TINTA EXPRESA, Revista de Literatura y Casa de la Literatura Peruana )





José Donayre (Lima, 1966) estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha publicado las novelas La fabulosa máquina del sueño (Mercado Consultora y Publicaciones, 1999) y La trama de las Moiras (Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2003), el libro de cuentos Entre dos eclipses (edición del autor, Lima, 2001, 2007), y la colección de ficciones breves Horno de reverbero (Mundo Ajeno, 2007). Ha participado en las antologías de narrativa Perspectivas para una narrativa peruana de los 90 (APPAC, 1990), Maldito amor mío (Signo Tres, 2002), Ciencia ficción peruana (Eridano, suplemento Nº 10 de Alfa Eridani, 2005), Nacimos para perder (Casatomada, 2007) y La estirpe del ensueño. Narrativa peruana de orientación fantástica y/o extraña (edición no venal, selección de Gonzalo Portals, 2007), y en la antología de poesía La generación del noventa (Biblioteca Nacional del Perú, 1996). Maneja actualmente varios blogs, entre ellos Esta boca es mía. Se dedica a la promoción cultural y a la edición de obras literarias.

jueves, 1 de julio de 2010

Ficción: En el principio (Daniel Salvo)





En el principio


- Alfredo, debo hablarte de Carla.
- Dime.
- No debes seguir con ella, Alfredo. Debes terminar tu relación con ella.
- Pero si es una más, Sonia. Ya terminaré con ella, como terminé contigo. No veo el por qué…
- No es eso, Alfredo. Es por tu seguridad. Ella no es… humana.
- ¿Qué?
- Revisé sus datos de abordaje en la computadora de la nave. Carla Sarris. Nacida en 2136, en la Colonia Lunar. Destinada a la nave colonizadora Edén. Ésta nave.
- Como tu y como yo, Sonia. Si te refieres a su edad cronológica real, bueno, nos lleva unos cien años, pero ¿qué hay con eso? Todos fuimos crionizados en una época u otra, después de la catástrofe que destruyó la atmósfera de la Tierra.
- Ese es el punto oscuro de todo esto. Las fechas. La mayoría de nosotros hemos nacido en las colonias del sistema solar, muchos años después de la catástrofe. La Tierra no es ni siquiera un recuerdo, apenas un vago referente para nuestra sustentabilidad biológica y cultural. En realidad, a nadie le importa la verdadera fecha de la destrucción de la Tierra.
- No entiendo a dónde quieres llegar.
- Alfredo, en 2136 la Tierra ya no albergaba a ningún ser humano en actividad. Todos estaban muertos o criogenizados. No pudo haber nacido ningún niño en el planeta.
- ¿Estás segura? ¿Y cómo es que los Seleccionadores no se han percatado de tamaño error?
- Los Seleccionadores sólo estaban interesados en especimenes sanos de hombres y mujeres, capaces de engendrar y sostener una colonia en algún planeta lejano… El detalle de la fecha de nacimiento de Carla debe haberles tenido sin cuidado.
- Pero todo eso no es suficiente para sustentar tu afirmación sobre su falta de humanidad. ¿Y a qué te refieres con eso? ¿Crees que es de origen extraterrestre? En la intimidad se comporta como cualquier mujer, créeme…
- No, extraterrestre no, no hemos hallado vida extraterrestre en los cientos de años que lleva la humanidad vagando por el espacio. Creo que es algo peor, un tipo de criatura de las leyendas de la vieja Tierra.
- Explícate. No conozco mucho de folklore.
- Nunca la he visto alimentarse como todos, en el comedor central de la nave, en ningún ciclo. Cuando la nave se acerca a alguna estrella, ella se encierra en su habitáculo privado. Y ese símbolo que tiene tatuado en el cuello…
- Me lo explicó, fue una moda en la vieja Tierra, antes de la catástrofe.
- Alfredo, he digitalizado ese símbolo y lo he contrastado con la información de la computadora central. Es un símbolo de vida eterna, proveniente de una de las tribus más antiguas, Egipto. Y se dice que es aún más antiguo.
- No entiendo, para ti … ¿qué cosa es ella?
- Alfredo, Carla es una vampira.
- ¿Una qué…?
- Una vampira. Una monstruosidad, una especie de parásito que se alimenta de sangre humana. Ha sobrevivido quien sabe cuántos milenios en la Tierra, y ha conseguido llegar al último refugio de la raza humana. Tal vez acabe con todos… O nos críe como clonoganado para alimentarse con nuestra sangre, por toda la eternidad…
- Sonia, esto no puede ser cierto, estás desvariando, he oído de cómo afecta a algunas personas el tener que vivir en el espacio, tal vez deberías volver a crionizarte.
- ¡No estoy loca! Carla no ha se ha relacionado con ninguna mujer en toda la nave. Sólo con hombres… tú entre ellos…
- Y ya me ves, entero y de una pieza. Si fuera verdad lo que dices, sus anteriores parejas y yo mismo sufriríamos algún tipo de debilidad.
- Tienes razón. Yo… no sé por qué he dicho tantas tonterías. Estás sano y fuerte. Incluso más sano y fuerte que cuando estábamos juntos.
- Sonia, es poco natural que tengas celos de mí y de Carla. Hasta llegar al nuevo mundo hogar, las reglas en la nave son de libertad total. Carla es algo pasajero, quizá vuelva a relacionarme contigo o me asignen como tu Engendrador… ¿Quién sabe las decisiones que tomarán la computadora central y los Seleccionadores? Disfrutemos del viaje mientras dure…
- Si, tienes razón. He sido una tonta. Pero… ¿no es Carla quien viene ahí?
- Si… ¿espera, a donde vas?
- Sígueme. Puedo probar que ella no es humana. Estamos casi bajo el gran telescopio.
- Pero dijiste…
- El gran telescopio puede abrirse de un momento a otro, amplificando la luz de cualquier estrella que deseemos. Si la tomamos de sorpresa, podemos destruirla.
- Estás demente.
- ¿Entonces qué daño puede hacerle la luz de un sol? Alfredo, por favor…
- Igual no podemos evitarla, ya casi está aquí…
- Hola, Alfredo. Es bueno verte bien acompañado.
- Carla, yo… Sólo conversaba con Sonia. Ella fue…
- Sé quien fue y sé quien es. ¿Quieres saber algo de mí, Sonia? Eres hermosa…
- Carla, dinos...
- Estoy tan avergonzado, Carla, por las ideas de Sonia, te cree una… una vampira. No es que yo también lo crea, aunque hay algo raro con tu fecha de nacimiento…
- Alfredo, cállate.
- Yo…
- Silencio, Alfredo.
- ¿Qué le has hecho a Alfredo, Carla? Se ha quedado mudo y quieto. Como un robot de mantenimiento inactivo.
- Ah, es un pequeño truco que aprendí en Sumeria, hace tanto tiempo. Un timbre y tono de voz adecuados… Nada complicado, en realidad.
- Entonces es cierto. Siempre lo supe. Tu genotipo indefinido. Tu temor a la luz de los soles. Tu aislamiento. El símbolo que llevas tatuado…
- Ah, hermosa y querida Sonia, eres tan perspicaz… Siempre me asombra encontrar a una como tú en cada siglo, en cada lugar, en cada raza. Ven, acércate, dame un beso…
- ¡Aléjate, monstruo! ¿Ves el botón bajo mi mano? Con solo presionarlo, la luz de mil soles acabará contigo. No puedes huir.
- ¿Y quien intenta huir, hermosa e inteligente Sonia? Verdaderamente, sabes muchas cosas. Pero hay tantas otras que no sabes. Como el origen y significado del símbolo que llevo tatuado. Yo dejo que solamente parte del mismo sea visible para los demás. Pero míralo bien, míralo ahora por completo…
- ¡Gran Madre! ¡Perdón! ¡No sabía que eras tú! Viniste, viniste al fin, oh Gran Madre, Tú la Primera y la Única, la no nacida de mujer… Perdóname, perdóname, perdóname…
- De modo que también guardas el Conocimiento. Entonces sabes qué hacer con él. Sabes, es quien he seleccionado para este nuevo mundo al que vamos a arribar. Alfredo es a quien he elegido como el sagrado.
- Si Gran Madre. Arrancaré su corazón para ofrecértelo. Es el inicio de la nueva era, bajo tu dominio…
- Sé que me servirás bien, Sonia. Hermosa, inteligente Sonia… Ven…


Daniel Salvo

(Cuento publicado originalmente en la revista Plesiosaurio, Número 1, noviembre de 2008)

martes, 1 de junio de 2010

Editorial: ¡Vivan los personajes de cartón piedra!



Desde hace tiempo, suele darse una discusión de nunca acabar en el ámbito de la ciencia ficción: la caracterización de los personajes. Que si son personajes de cartón piedra. Que si les falta profundidad. Que no son verosímiles. Que sí lo son. Y así.


Si bien la discusión parte de una buena intención (que las novelas y cuentos de ciencia ficción cuenten con personajes creíbles), uno se pregunta, a la luz de ciertos ejemplos, si estamos dejando de ver el bosque por ver el árbol. O viceversa.


Por que, yendo al grano, ¿para qué quiero un personaje "con densidad psicológica" cuando no es necesario? Si estoy leyendo una novela de aventuras, ¿de qué me vale que el protagonista agarre y, en un flashback, nos empiece a narrar sus traumas infantiles?


El exceso de "caracterización" de uno o varios personajes puede afectar (y mucho) el desarrollo de una novela, un cuento o incluso de una película. Sobre éste último caso, sería más que útil ver y comparar las dos versiones de "Furia de titanes", tanto la de 1981 como la actual de 2010. Mientras en la primera se sacaba el jugo a los monstruos, a la mitología, a la aventura; en la versión actual el director ha optado por "la cosa que no es", como dirían los sabios houyhnhnms de Jonathan Swift. En lugar de una película de aventuras (un peplum, vamos) con buenos efectos, se nos endilga una pretenciosidad que sólo nos induce al bostezo. ¿Nos interesan realmente las relaciones conflictivas entre los dioses griegos y sus criaturas, nos conmueve el trauma del personaje Perseo al quedarse sin familia? En otra película quizá, pero no en ésta. Y menos, con actores tan malos. No pues, queríamos personajes de cartón piedra, a Perseo quedándose con Andrómeda, a una Medusa aterradora diseñada por Ray Harryhausen y no a una patética criatura dibujada mediante Photoshop. Pero nada, se prefirió la onda "démosle profundidad al personaje" y arruinaron uno de los remakes más esperados del año.


¿Y qué me dicen de la literatura, de tantas novelas y cuentos con capítulos enteros dedicados a mostrarnos la "humanidad" de los personajes? ¿Cuántos astronautas divorciados, cuántos capítulos enteros dedicados a seguir charlas interminables para que al fin los tripulantes de una nave decidan cometer adulterio? ¿Cuántas muertes más largas que los funerales de Patroclo?


Imposible no recordar, con mucha nostalgia, la época de oro del pulp español, las maravillosas tardes pasadas con Clark Carrados, A. Thorkent, Glenn Parrish, Curtis Garland, Marcus Sidereo, Ralph Barby y tantos otros publicados por Bruguera. Con el héroe dándole al final un beso a la heroína, luego de acabar con el entuerto de turno. ¿Qué más se podía pedir?


Es cierto que no todo pueden ser historias pulp. Que tuvimos la New Wave, a Lem y a Ballard. Que la ciencia ficción es mucho más que "historias de marcianos". Pero no hay que dejar de ver el bosque por ver el árbol (¿o es al revés?): la mejor historia de ciencia ficción puede arruinarse a causa de uno (o varios) personajes con "densidad psicológica". Suficiente con que hagan su tarea dentro de la historia. Lo demás, que lo hagan en su tiempo libre. O sea, cuando no los vemos o leemos.


Daniel Salvo