lunes, 15 de febrero de 2010

Rascacielos (J.G. Ballard)




Quienes pasamos nuestra infancia en provincias y el resto de la vida en una gran urbe, sabemos de lo que habla Ballard: sin darnos cuenta, nos adentramos en una pesadilla disfrazada de progreso, para luego descubrir que estamos metidos en una trampa de la que es muy difícil salir.
Es lo que les ocurre a los moradores del Rascacielos de la novela. Un edifico inmenso, concebido con todas las comodidades posibles, con espacio suficiente para que todos (mascotas incluídas) puedan llevar una vida de ensueño, se convierte en el escenario de los actos más abyectos y retrógrados que pueda ejecutar el ser humano. Rascacielos tan sólo en la fachada (sus moradores se cuidan de ofrecer al mundo la imagen de exitosos ejecutivos y buenos padres de familia que el mundo espera que sean), por dentro, un laberinto de cavernas, llenas de trogloditas esperando el momento de atacar al vecino y sin la menor sutileza... me pregunto cuántos limeños, urbanitas que decimos ahora, nos veremos reflejados en los habitantes de esta seudociudad.
Como en una novela de Emile Zolá, el paso de la civilización a la barbarie es casi imperceptible. Uno se pregunta si ante el primer problema suscitado en el rascacielos (una botella arrojada desde uno de los pisos altos), habría bastado con una intervención civilizada, esto es, conversar con el causante, descubrir de repente que todo fue una casualidad, en fin, todas las máscaras que nos ponemos cuando queremos creer que el ser humano se rige por el sentido común.
Sólo que Ballard es más pesimista, esperemos que no más objetivo. Por que una vez sobrepasados todos los límites en el rascacielos, uno se pregunta si el estado de barbarie en el que caen sus moradores no es sino el estado natural del ser humano, latente en todo momento, esperando cualquier estímulo para saltar desde donde pretendemos ocultarlo y hacerse presente como el verdadero objetivo de nuestras vidas: en el Rascacielos de Ballard, el hombre es lobo para el hombre.
¿Es la visión de Ballard una opinión válida respecto a la naturaleza humana? ¿O es un experimento que demuestra que el ser humano, un ser plástico y libre, necesita además de conocimiento, un espacio físico básico para no convertirse en animal? Si esto es así, entonces se viene el desastre, pues los nuevos departamentos que se construyen en Lima están haciéndose cada vez más pequeños. No hay espacio para libros, por ejemplo. Pero de repente, si lo hay para un kindle... Si es que aún nos interesa leer.
¿Es Rascacielos una novela de ciencia ficción? ¿Distopía urbana? ¿Futuro próximo, presente de pesadilla... o pasado costumbrista? Aterra pensar que algún día la humanidad extrañe la manera en que vivimos hoy en día.

Daniel Salvo



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