martes, 21 de abril de 2015

Luna sangrienta (Ramsey Campbell)


Ramsey Campbell es, para mí, un autor difícil. Tanto, que algunas de sus obras más comentadas se me han caído de las manos, dejando algunas de ellas inconclusas. Sin embargo, Luna sangrienta (cuyo título original es The hungry moon, es decir, La luna hambrienta o La hambrienta luna) tenía el señuelo de estar incluida dentro de las 100 mejores novelas de fantasía, consideradas como tales por el crítico británico David Pringle. Así que decidí darle otra oportunidad al señor Campbell.

La trama es magnífica. En Moonwell, un pequeño pueblo inglés de raíces célticas, hay una cueva que tiene una leyenda particular - la mismísima Luna desciende dentro de ella - , y hay que aplacarla cada año mediante un ritual incruento, que consiste en depositar flores a la entrada de la misma. Pero para mala suerte de los lugareños, a Moonwell viene a radicar un fanático religioso llamado Godwin Mann (algo así como "Dios se gana al hombre"), para quien ese y otros rituales no es más que una blasfemia pagana que debe ser erradicada. De modo que, tras haberse ganado a gran parte de los moradores del pueblo, quienes hasta el momento se sentían más que cómodo con su bondadoso párroco, decide descender a las profundidades de la cueva, para demostrar que no hay nada ahí... Y, aparentemente, resurge ileso de la misma. 

Pero tras este acto, las cosas empiezan a cambiar en Moonwell. Una extraña oscuridad comienza a adueñarse del pueblo, al tiempo que parece ser "olvidado" por el resto del país. Comienzan a ocurrir accidentes, mientras que grotescos seres de piel blaquísima y carentes de ojos son vistos en diferentes circunstancias. Casi todas las esperanzas se vuelven hacia el predicador Godwin Mann, al parecer dotado de poderes sobrenaturales, pues se asegura que su rostro brilla con un resplandor lunar, y puede modificar partes de su cuerpo... Algo ha sido despertado, algo que está vivo y que nació antes de la aparición del hombre sobre la Tierra, que fuera venerado por los druidas y, aparentemente, erradicado - que no destruido - por los romanos. Este ser, de reminiscencias lovecraftianas, apenas podrá ser enfrentado por las pocas almas sensatas de Moonwell, es decir, quienes no hayan sucumbido previamente al fanatismo religioso del cual Godwin Mann es sólo una cabeza visible: el mal y la intolerancia habitaban desde hacía ya tiempo en Moonwell. 

Lástima que el narrador de tan inquietante novela no haya sido H.P. Lovecraft o siquiera alguno de sus epígonos. No se si será cosa de la traducción, o es el estilo de Ramsey Campbell, pero a mi juicio la narración es, por decir lo menos, desangelada, al punto que los mejores momentos de la historia tienen la intensidad y tensión de un manual de electrodomésticos. Si a ello se suma la cantidad de personajes y puntos de vista, tenemos una novela en la cual no sabemos bien quienes son los héroes y quienes los malvados, cuando ocurre algo y cuando se sueña o imagina algo. Y la sensación final es que da lo mismo si uno u otro personaje ha muerto o no. Vamos, más que una novela, parece que el lector se enfrenta a un estupendo guión para una película o miniserie de terror.

Buenas ideas, narración - o traducción - deficientes. Sin embargo, vale la pena el esfuerzo de leerla.

viernes, 17 de abril de 2015

El pájaro burlón (Walter Tevis)


Las distopías clásicas como 1984 y Un mundo feliz nos muestran sociedades en las que la humanidad ha sido sometida por los poderes de turno, que controlan a la gente mediante el poder (1984)  o la seducción (Un mundo feliz). En todo caso, en ambas, existe una voluntad de manipulación que evidencia que toda utopía es, a la larga, cualquier cosa menos vivir en libertad.

Walter Tevis va más allá. En El pájaro burlón (Mockingbird), asistimos al futuro más lúgubre de todos: un mundo en el que la humanidad simplemente se ha cansado de existir, y se limita a vegetar esperando su fin, a excepción de unos cuantos individuos ansiosos que deciden poner fin a su existencia de manera más expeditiva, esto es, el suicidio.

La sensación de cansancio que trasmite la novela es tal, que cuesta continuar con su lectura, a pesar de su excelente inicio (¡un robot que camina silbando!). No es que se trate de una historia aburrida, sino que Tevis consigue recrear una atmósfera de constante decadencia, en la que la acción propiamente dicha no conlleva una actitud de heroísmo o rebeldía ante el sistema, como podría esperarse. Ya en El hombre que cayó a la Tierra, Walter Tevis demostró su soberbio manejo de los personajes, cuyos diálogos y monólogos bastan para ponernos al tanto del mundo que ha engendrado nuestro deseo de comodidad.

La novela se centra en los avatares de tres personajes. Inicia con el "robot" Robert Spofforth, rumbo a la universidad de la cual es rector. Y es que no se trata de un robot al uso: desarrollado a partir de la personalidad de un ser humano previamente existente, añora lograr un tipo de vida derivado de los deseos y anhelos de la persona de quien deriva. Pero tiene muchas cosas en contra, entre ellas, el carecer de sexo. Puede silbar, puede soñar, puede solucionar las peores crisis, pero jamás tendrá la vida humana que anhela. Es el robot más perfecto que se haya construido, y por ende, el más infeliz. No puede dar fin a su propia existencia por que iría contra su programación.

De otro lado, tenemos a Paul Bentley, "profesor" universitario que carece de alumnos por que nadie - ni siquiera el, ni la mayoría de robots - sabe leer. Ni falta que hace: la vida está totalmente automatizada, los autobuses se movilizan por telepatía, y hay robots de varias clases encargados de realizar todo tipo de tareas. En uno de sus tantos paseos, Bentley conocerá a Mary Lou, una chica que vive en soledad, en una memorable escena en la cual descubre que los niños que juegan en un parque son también robots, al igual que los animales de un zoológico cercano. Hace ya tiempo que no nacen niños en el mundo, y tanto Paul como Mary Lou son conscientes de que tal vez sean la última generación de seres humanos que habitará la Tierra. Entre drogas y suicidios indoloros, la humanidad va desapareciendo en medio de la indiferencia universal.

Aún así, Paul y Mary Lou iniciarán una relación, algo inusual en una cultura que enseña en sus universidades axiomas como "el sexo rápido es el mejor". Y esta relación, en apariencia intrascendente, resulta que es contraria a las leyes vigentes, que postulan "el desarrollo de interioridad", es decir, de la soledad y la apatía más extremas. Mary Lou acabará bajo la tutela de Spofforth, mientras que Bentley, quien ha aprendido a leer, será enviado a una prisión.

Los siguientes eventos nos muestran el grado de decadencia a los que puede llegar la humanidad. No hay violencia extrema, sino apatía. No hay cultura, sino condicionamiento. No hay religión - Tevis aporta una visión muy positiva de la figura de Jesús - sino fanatismo, encarnado en unas comunidades que aparentemente se han apartado de la decadente civilización creada por el culto a la comodidad y el mínimo esfuerzo, solamente para convertirse en victimas del culto al miedo y a la represión.

Si bien parece algo anticuado, el autor decide encarnar en Bentley los valores de la cultura clásica humanista, esto es, el amor por la lectura y el conocimiento y la exaltación del libre albedrío, Tras una epifanía, Paul decidirá ir en búsqueda de Mary Lou, y enfrentar a Spofforth para quedarse con ella e iniciar una nueva vida basada en sus - recién - descubiertos ideales.

Una vez reunidos los tres, se revela el verdadero origen y finalidad tanto de Spofforth como de los demás robots y las supuestas maravillas tecnológicas del mañana, que hoy pueden parecernos anticuadas (hay que tener en cuenta que la novela fue publicada en 1980), pero que encarnan muy bien nuestros contradictorios deseos de seguridad y libertad, así como la tendencia a creer en la comodidad material como un absoluto ante el cual hay que sacrificarlo todo, incluso esa cosa tan abstracta e inútil que es la "humanidad".

Un clásico poco conocido de la ciencia ficción, a la espera de nuevos lectores.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Camuflaje (Joe Haldeman)


No tenía muchas esperanzas con esta novela, dada la cantidad de reseñas negativas que he encontrado por distintas partes de la web. O bien mis gustos han variado mucho, o hay sueltos por ahí lectores que son el no va más de la exigencia... El caso es que "Camuflaje" es una novela redonda, breve y directa, que afortunadamente no tiene nada que ver con la moda de las trilogías o los tochos de cientos de páginas que están de moda hoy en día.

La novela se narra desde tres puntos de vista, que acaban uniéndose en el - un tanto anticlimático - final. De un lado, tenemos a un grupo de científicos que, a inicios del siglo XXI, han encontrado en el fondo del mar una esfera de un material mucho más denso que cualquiera conocido por el hombre. ¿Será un artefacto de origen extraterrestre? Sacarlo del agua es ya una hazaña de ingeniería, debido a su peso descomunal. Analizarlo e investigarlo es  más difícil aún, puesto que sus características parecen estar más allá de cualquier ciencia conocida por el hombre. 

La acción se traslada al siglo XX, específicamente, a la tercera década, en la que conocemos a un ser sorprendente: una entidad dotada de polimorfismo total, que ha pasado casi toda su vida (resulta sorprendente saber luego cuanto es en años terrestres) como tiburón, ballena u otro ser acuático. Un encuentro casual hará que este polimorfo - así será llamado el resto de la novela - asuma la forma humana, motivado por una curiosidad insaciable antes que por otra cosa, dado que ignora su propia naturaleza. Carente tanto de historia como de ADN, el polimorfo usará sus habilidades - a veces de manera bastante cruel, más por ignorancia del dolor que por otra cosa - para evolucionar como humano, y adquirir así una personalidad lo suficientemente definida como para empezar a preguntarse respecto a su propia existencia (quién es, de donde viene, por qué tiene esas habilidades, si habrá más como él), así como para desarrollar sentimientos lo suficientemente humanos como para intentar una relación amorosa con otra persona. La evolución del polimorfo está muy bien narrada, en un estilo que recuerda los "progresos" del Charlie Gordon de "Flores para Algernon", de Daniel Keyes. Ya entrado el siglo XXI, tomará conocimiento de la esfera misteriosa, y decide camuflarse entre los científicos humanos que la investigan. 

Pero hay un tercer personaje misterioso, aunque más simple y cruel en sus motivaciones. Tiene la habilidad de cambiar su apariencia por la de cualquier otro ser humano, pero no por la de una animal o un objeto inanimado. Más consciente de su propia rareza, este camaleón no vacilará en involucrarse con lo más abominable del género humano, como pueden serlo el doctor Mengele y otros desquiciados, a fin de investigar a la humanidad en búsqueda de respuestas sobre su propia existencia y propósito.

Demás está decir que en un momento dado ambos seres, el polimorfo y el camaleón llegarán a conocerse, lo que lleva a preguntarse qué surgirá de este encuentro, además de la interrogante respecto al verdadero origen de ambos seres (¿extraterrestres? ¿mutaciones? ¿humanos evolucionados venidos de un futuro inconcebible?). De paso, tiene lugar una historia de amor que, pese a involucrar a uno de los personajes exóticos, no deja de ser bastante cursi, aunque trata de manera interesante y amena temas como el desarrollo de la sexualidad y la adopción de un género como respuesta al afecto de otro ser.

Eso si, el final, si bien colma las expectativas del lector, está narrado de una manera bastante descuidada, muy por debajo del nivel del resto de la novela. Parece que se le hubiera acabado la tinta al lapicero del buen Joe Haldeman. Un poco más de acción (cualquier cosa: explosiones, terremotos, espías), y teníamos un cierre redondo y contundente para una historia bien hilvanada y entretenida.


martes, 17 de marzo de 2015

Un mal necesario/Tríptico de Asclepia III/Ian Tregillis


Culmina al fin el llamado "Tríptico de Asclepia", un ciclo de novelas ambientada en la Segunda Guerra Mundial (Semillas amargas) y en los años sesenta (La guerra más fría). En Un mal necesario, asistimos a un cierre magistral de la trilogía, el cual no carece, por cierto, de mucha amargura, la cual no deja de ser acorde con el estilo general de la narrativa de Tregillis, que tira más hacia la novela negra que a la ciencia ficción o la fantasía. Lo que nos lleva a pensar que los seres humanos, al parecer, estamos condenados a acostumbrarnos incluso a los eventos más extraordinarios, y a incorporarlos a nuestras vidas. 

En la presente novela, los principales protagonistas (Rainbould Marsh, los hermanos Klaus y Gretel, el aristócrata y brujo Will Beauclerk) vuelven a involucrarse en una trama que da vuelta y media a lo que ya sabíamos de ellos. Estamos ante el desafío de reseñar una novela sin incurrir en los tan odiados spoilers.

Y es que casi todo en la novela carece de desperdicio. Por supuesto, hay momentos en los que el autor se explaya en describirnos un escenario o en dotar a sus personajes de diálogos mas bien sosos y que poco nos dicen de la acción o de ellos mismos. Supongo que eso se explica por la decisión del autor de contarnos esta historia en el tono de novela negra al que nos hemos referido antes. Tono que no siempre ayuda, pero que cae muy bien, sobre todo al final, cuando nos enteramos que alguien puede ganar una guerra, salvar a su familia, salvar su propia vida... y seguir siendo un perdedor. Y eso, teniendo la oportunidad que muchos soñamos: volver atrás en el tiempo y arreglar todo lo que recordamos salió mal. 

A eso alude el "mal necesario" de la novela, a aceptar que casi nunca el juego termina en una victoria total. En este caso, el juego vuelve al tiempo en el que tuvieron lugar los acontecimientos narrados en Semillas amargas, esto es, la Segunda Guerra Mundial. De modo que volvemos a encontrarnos con el aberrante científico nazi Von Westarp y sus supersoldados, enfrentados a la institución inglesa Asclepia, la cual se halla en pleno reclutamiento de los brujos capaces de comunicarse con los eidolones, suerte de entidades que, como los demonios de las tradiciones religiosas, pueden hacer cosas asombrosas por los seres humanos que saben convocarlos, aunque siempre a cambio de un precio cada vez más elevado, precio que en algún momento podría involucrar el sacrificio de seres humanos inocentes, además de la destrucción del mundo entero a manos de fuerzas peores que el nazismo.

Es por eso que la gitana Gretel, una de las más dotadas y poderosas criaturas producidas por los experimentos de Von Westarp, recurrirá a su don de prever el futuro - un don que funciona como la presciencia descrita en el ciclo de novelas de Dune de Frank Herbert - para intentar crear una nueva línea temporal más acorde con sus planes, que abarcan tanto su rol como parte de las fuerzas armadas que luchan en la Segunda Guerra, como sus propios y femeninos anhelos y deseos. Vamos, una diosa que resulta siendo tan humana como cualquiera.

Así, el primer paso dado por Gretel tiene éxito, iniciando así la cadena de acontecimientos que efectivamente logra alterar - o destruir - una senda temporal y así dar paso a otra. Aún así, tendrá lugar un enfrentamiento final - en tierras africanas - entre los superhombres nazis y los demonios ingleses, en el que sabremos del triste final de más de un personaje que, si no llega a serlo, pudo ser entrañable si los acontecimientos hubieran sido distintos. 

Sin embargo, el ganador-héroe no las tiene todas consigo. Ha logrado algo imposible, ha alterado el tiempo, ha vencido al mal de manera definitiva... pero debe seguir su propia condenación, acentuada por la felicidad que otros tienen y que el puede contemplar pero no compartir. 

Una trilogía que amerita leerse.


martes, 3 de marzo de 2015

La guerra más fría/Tríptico de Asclepia II/Ian Tregillis


Si bien Semillas amargas, primer volumen del tríptico de Asclepia (el nombre de la organización secreta del servicio de inteligencia británica que emplea brujos), deja en el lector un cierto sentido de insatisfacción por el desangelado y algo confuso estilo de redacción, La guerra más fría es un salto en firme hacia una notoria mejoría en todos los sentidos.

Nos encontramos en el año 1963. Los archivos de los experimentos llevados a cabo por el científico nazi Von Westarp, que han dado origen a una suerte de supersoldados capaces de proezas como atravesar objetos sólidos, volar, proyectar fuego o teleportarse, han caído en manos de una poderosa Unión Soviética que, tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial, controla prácticamente toda Europa, lo que ha devenido en una serie de alteraciones de la historia que conocemos, como la colectivización de los viñedos franceses o el pase de científicos como Werner von Braun al bando soviéticos, lo que permite a la URSS convertirse en la primera en llegar a la luna, en un mundo que mira con miedo su cada vez más creciente poderío.

Nos encontramos también con algunos viejos conocidos, entre ellos, los hermanos Klaus y Gretel, obligados a trabajar para los soviéticos en la institución denominada Arzamás 16. Del bando de los ingleses, forzosos aliados de los soviéticos contra los alemanes, tenemos a algunos miembros de la institución Asclepia sumergidos en la más atroz decadencia material y moral. El matrimonio de Raibould Marsh, por ejemplo, ha sido maldecido con el nacimiento de un hijo idiota, cuya presencia es una tortura para el y su esposa, la otrora encantadora Olivia, ahora convertida en una mujer amargada que se desquita con su marido engañándolo cuando sale de casa. Y es que ambos no han podido superar la muerte de Agnes, su primera hija.

Los destinos de estos supervivientes se juntarán debido a que algo extraño está ocurriendo en Inglaterra: todos los brujos que se encuentran en la "nómina" de Asclepia están siendo asesinados, lo que implica que, además de agentes soviéticos que utilizan la tecnología alemana creada décadas atrás, hay un traidor al interior de Asclepia, o lo que queda de ella. La necesidad de contar con uno de los últimos expertos en contactar a las entidades conocidas como eidolones, de raigambre lovecraftiana (seres transdimensionales asimilables a demonios, con los que se puede negociar, pero que consideran a la humanidad una especie de plaga infecta que desean erradicar del cosmos) sacarán a Raibould Marsh de la oscuridad, motivado por el deseo de venganza antes que por el patriotismo.

Intrigas, espionaje, una realidad alternativa que se encamina al caos, teorías en torno a la realidad y a las entidades que pueblan otras dimensiones del universo, son los principales ingredientes de La guerra más fría, cuyo final es, sin embargo, impredecible, salvo para alguien cuyos planes de salvación  podrían implicar su propia muerte... para sobrevivir en una realidad que apenas se plantea como posibilidad.

Destacan lo logrado de las ambientaciones de ese mundo alternativo, en el cual la Inglaterra de los sesenta no se parece en nada a la sociedad que dio origen a los Beatles, sino que se ha convertido en una suerte de pesadilla ballardiana, un país frío y oscuro que parece haberse detenido en una perpetua posguerra llena de pobreza y carencias, con un palacio de Buckingham en el cual sólo hay un televisor a colores para todo la familia real. Un mundo en el que los antiguos villanos parecen ser más heroicos y humanos que los forzosos héroes del presente. Pero recordemos que las apariencias engañan.

Por que esa fue la gran lección que nos dejó la guerra fría: no saber a ciencia cierta quien es amigo o enemigo. No poder distinguir un acto de crueldad de una noble acción. Menos aún, distinguir entre un traidor y un patriota.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Clarke´s third law


La ciencia ficción ha dejado de ser, desde hace tiempo, la Cenicienta de la literatura y la cinematografía mundial. No solo la cantidad, sino la calidad de los productos cinematográficos se incrementa cada vez más, como lo prueba este impactante cortometraje, Clarke´s third law.

No es para menos. El Clarke a que se refiere el título del cortometraje no es otro que uno de los autores fundamentales del género, Arthur C. Clarke, en torno a quien gira la producción. En pocos minutos, no solo resume lo fundamental de la vida y obra de Clarke, sino que devuelve al espectador aquello que acaso sólo la ciencia ficción puede proporcionar: el sentido de la maravilla, el encuentro con el universo en el que habitamos, pleno de misterios por descubrir y de belleza que admirar.

El cortometraje, narrado por una voz en off, inicia con la infancia de Clarke, y el inicio de una vida signada por una inquietud cardinal, a saber, cómo sería entrar en contacto con una civilización extraterrestre. Inquietud que Clarke plasmó en obras como "Cita con Rama", "2001, Odisea del espacio", "El fin de la infancia" y otras.

Pero las cosas no se quedan ahí: la ficción irrumpe en el cortometraje, y tenemos que tras la muerte de Clarke, ocurre una catástrofe que devuelve a los humanos a un nivel de vida similar al neolítico. Como nos narra la voz en off: "Los avances tecnológicos de décadas, siglos, milenios... desaparecieron". Casi mil trescientos años después de esta catástrofe, un niño del futuro llamado Vishu encontrará un artefacto que perteneció a Arthur C. Clarke, gracias al cual podrá al fin hallar la respuesta a la pregunta que el científico y escritor se hizo durante toda su vida. Y es con esta respuesta que cobra sentido el título del cortometraje,  Clarke´s third law (La tercera ley de Clarke), la cual reza: "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Todo un homenaje a la obra y visión de Clarke, además de una reflexión irónica en torno a los límites del conocimiento y el eterno peligro en el que se encuentra nuestra civilización de destruirse a sí misma... aunque no definitivamente.

Además, la magnífica fotografía y la majestuosa banda sonora hacen de Clarke´s third law un espectáculo memorable, en sus casi siete minutos de duración. Una interesante propuesta de la productora cinematográfica española Valen Arts.

CLARKE’S THIRD LAW HA SIDO PRODUCIDO
POR LEGUA EDITORIAL Y VALEN ARTS
NOVIEMBRE 2014
GRABADO EN VALENCIA (ESPAÑA)

GÉNERO: FANTASÍA/CIENCIA FICCIÓN
DURACIÓN: 6,42 MIN
IDIOMA: INGLÉS
SUBTÍTULOS: CASTELLANO
SONIDO: DIGITAL 5.1

DIRECTOR: JAVIER VALENZUELA


martes, 17 de febrero de 2015

Semillas amargas/Tríptico de Asclepia I/Ian Tregillis



Qué difícil es reconocer que las expectativas que uno se hace respecto a una novela o un relato no están a la altura de lo que finalmente leemos. Es el caso de Semillas amargas, de Ian Tregillis, primera novela de un ciclo denominado Tríptico de Asclepia. En todo caso, espero que las siguientes novelas - La guerra más fría, Un mal necesario - sean más legibles.

La premisa de Semillas amargas no podría ser más excitante: durante la Segunda Guerra Mundial, un científico nazi ha realizado una serie de experimentos que han dado origen a una raza de superhombres reales, es decir, seres humanos con poderes tales como la invisibilidad, el vuelo, la precognición o la pirokinesis. El superhombre nietzcheano es una realidad. Pero la pérfida Albión, como no podía ser de otra manera, se entera de esta terrible arma nazi, y decide enfrentarla con su propia - y atroz - arma secreta: brujos reales, cuyo conocimiento del lenguaje primigenio del universo, al que denominan enoquiano, les permite convocar a los demonios, cuyo precio por intervención se paga en sangre humana, en cantidades cada vez más crecientes. Demonios contra superhombres. 

El problema es que tan inquietante escenario se ve lastrado por detalles imposibles de obviar. Uno de ellos, el ritmo cansino con el que se narran muchas escenas, que para el caso de los pasajes que implican algún tipo de acción, reducen el impacto que dichas secuencias deberían tener en el lector. Otro, que se dejan sin traducir muchos términos en alemán que son de vital importancia para entender lo que está pasando, así como las características especiales de determinados personajes. Puede pasar el dejar sin traducir algunos de los cargos militares del ejército alemán, dado que lo importante es dejar en claro que se trata de personajes con alguna autoridad. Pero si creo que es una falta muy grave dejar sin traducir términos como Gotterelektrongruppe, que sería algo como "Grupo del electrón de Dios (o de los dioses)", o Willenkraft (fuerza de voluntad), tanto por el contexto en el que se emplean como por sus obvias implicancias con ciertos aspectos la cultura alemana (la voluntad de poder de Nietzche, entre otros).

El desarrollo de los acontecimientos llevará a una suerte de "guerra secreta" entre los brujos ingleses convocados por la institución denominada Asclepia y los científicos alemanes (no me da el tiempo para digitar el nombre completo en alemán). Lo poco empático de los personajes hace que sea un tanto difícil recordar mucho de ellos, salvo que sus vidas son miserables de una u otra manera. Ser brujo no es para nada un don, puesto que el precio a pagar por el conocimiento que permite convocar a los demonios puede ser, no necesariamente el alma del brujo, sino la de sus seres queridos, incluso la de algún niño... Del mismo modo que, para lograr un solo superhombre alemán, es necesario pasar por una serie de atroces experimentos torturas de las que, si se sobrevive, se carga para siempre con los más amargos recuerdos, sin contar con el hecho de que los primeros éxitos de dichos experimentos se han logrado en niños de ascendencia "no aria", por lo que además deben cargar con el estigma de no ser auténticos alemanes...

Los enfrentamientos entre ambas facciones son parejos, generando bajas en uno y otro bando. A pesar de que en la línea temporal descrita en la novela, como en la nuestra, los nazis son derrotados, la victoria tiene muy poco de heroica y mucho de amarga, como para dejar en claro que las guerras, si bien inevitables, nunca traerán nada bueno a la humanidad. Sobre, si lo que traen son demonios y superhombres.