sábado, 1 de agosto de 2009

La fortaleza de la Perla (Michael Moorcock)



Una verdadera sorpresa esta novela. Si bien está ambientada en el mismo universo que Elric de Melniboné, siendo este personaje el eje central en torno a quien gira la acción, Moorcock logra darle un sesgo totálmente inesperado a las aventuras - y desventuras - de Elric, lo cual es de agradecer, pues ambas novelas pueden leerse de manera totálmente independiente. No sé si en el vasto multiverso creado por Moorcock tiene lugar la repetición, pero en lo que a Elric respecta, cada aventura es completamente original.
En La fortaleza de la Perla, encontramos a Elric, emperador de Melniboné, un ser no del todo humano, un albino aquejado por una dolencia del cuerpo y del alma, poseedor de la espada Stormbringer (Portadora de tormentas o Tormentosa, depende de la traducción), un artefacto semiconsciente con quien tiene una relación de amor-odio, pues lo fortalece tanto como lo debilita al nutrirse de las almas de quienes asesina, deambulando lejos de su tierra, en búsqueda de no sabemos bien qué: aventuras, su destino, o acaso a sí mismo. Hay un objeto mítico, la Perla, que posee un gran poder de naturaleza más bien confusa. Elric asume como tarea la búsqueda de este objeto, más bien obligado por su sentido de la nobleza que por una verdadera necesidad. Y para buscarlo, ingresará al reino más extraño que pueda concebirse: el reino de los sueños. Ayudado por una Ladrona de sueños, la bella Oone, Elric traspondrá el umbral entre nuestro mundo y el de los sueños, que al igual que el infierno de Dante, posee una cartografía más que sorprendente. No asistimos a visiones bizarras ni a juegos de la imaginación, sino a una serie de ámbitos ligados a nuestros sueños, o lo que es lo mismo, a nuestros deseos. Imagínense una cartografía así, donde existen lugares poblados por seres que sueñan con el pasado, o por quienes han construido un mundo basado en la realización de sus fantasías, o que sueñan con un castigo como forma de recompensa... La sensación de extrañeza de Elric ante semejantes perspectivas es tan vívida que no puede menos que ser compartida por el lector. Además, Moorcock no desatiende la naturaleza introspectiva de sus personajes, a quienes también podemos disfrutar en sus reflexiones en torno a la realidad, a la justicia y a la naturaleza y origen de los mitos.
Este viaje, no necesariamente iniciático, no es un viaje exento de aquello que da a la fantasía épica su carta de ciudadanía. No faltan pues los combates a espada, los enemigos monstruosos ni las bellas princesas a ser rescatadas. Las escenas finales, entre tristes y apoteósicas, son memorables.
Fantástica, que no fantasiosa, La fortaleza de la perla es una verdadera lección de cómo se escribe una novela de fantasía épica sin caer en ningún cliché.

Daniel Salvo

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