sábado, 1 de agosto de 2009

El tiempo de la noche (William Sloane)




El tiempo de la noche
To walk the night (1954)

William Sloane
Minotauro, 2004

La verdad, esta novela no podía venir peor recomendada. Pocas reseñas, una contraportada que pretende arruinarte la sorpresa y una clamorosa falta de datos acerca del autor, la temática y otros detalles. Sin embargo, para sorpresa mía, el resultado de su lectura ha sido más que agradable. De hecho, la recomiendo con mucho entusiasmo.

Eso sí, es probable que la técnica de su escritura, que recuerda mucho a la teoría del iceberg de la que hablaba Ernest Hemingway, haya incidido en la mas bien seca respuesta ante El tiempo de la noche por parte de los lectores. ¿Ciencia ficción, fantasía, terror, literatura conjetural con reminiscencias lovecraftianas? Todo eso hay.

Los protagonistas no pueden ser más antiheróicos, pues se trata de académicos vinculados tanto a las ciencias como a las letras. La historia inicia con la visita que efectúa uno de ellos, desde cuya perspectiva se nos narrarán luego los acontecimientos, al padre de su amigo Jerry Lister, quien se ha suicidado recientemente. Hasta ahí, nos hacemos la idea de una melancólica rememoración de una amistad perdida.

Pero las cosas no son lo que parecen. Desde los primeros instantes en que Bark (Berkeley Jones, amigo de Jerry Lister y narrador principal de la historia) comienza a hilvanar los sucesos que el cree llevaron a la muerte de su amigo, el lector puede notar que algo no es del todo normal en las cosas que ocurren y en algunas de las personas que comienzan a formar parte del drama. Un encuentro deportivo público, acaso uno de los más prosaicos escenarios que pueda imaginarse, ofrece unas características tan peculiares, que llevan a los amigos a abandonar dicho encuentro y dirigirse a un observatorio astronómico, en búsqueda del profesor LeNormand, conocido de ambos, quien en el preciso momento en que es hallado (la descripción del observatorio por dentro es memorable), es consumido por lenguas de fuego hasta carbonizarse. Posteriores investigaciones llevarán a la conclusión de que estas lenguas de fuego, si bien singulares, no se apartan del campo de los fenómenos físicos o químicos conocidos. Bueno, si lo dice un científico...

Si esta muerte es de por sí intrigante, no lo es menos la verdadera protagonista de la historia, la indescriptible Selena, esposa del infortunado LeNormand. La misteriosa muerte del científico pasa a un segundo plano ante su enigmática viuda, quien de inmediato atrae la atención de Jerry, al punto que tan solo semanas después de la muerte de su maestro, decide contraer matrimonio con ella, lo cual provoca tanto extrañeza como repulsión entre sus allegados. Y es que Selena no es la clase de mujer que alguien podría desear como esposa para un hijo o un amigo.

Es de advertir que no hay absolutamente ningún hecho abiertamente sobrenatural o alienígena vinculado a Selena en toda la novela. Hay, si, caprichosas demostraciones de habilidades que podrían parecer paranormales, por decirlo así, pero que no carecen de explicación lógica. Pero lo que poco a poco se llega a sugerir respecto a Selena produce escalofríos. Tal parece que su "historia" se inicia a partir de su matrimonio con LeNormand. Carece de familia, antecedentes o recuerdos, algo que revele una existencia previa a este matrimonio. Su manera de expresarse es exasperantemente precisa, como la de alguien que domina a la perfección una lengua extranjera. Y el pobre Jerry, su esposo, comienza a desesperarse ante su paulatino conocimiento de la verdadera naturaleza de la mujer con la que se ha casado. Cada vez la comprende menos, a pesar de que Selena no es indiferente o cruel con su marido. De otro lado, las investigaciones sobre el asesinato de LeNormand llevan a resultados inesperados que vincularían a Selena con la desaparición de una joven que padece retardo mental... Las implicancias se hacen más sombrías, aunque fascinantes, dado que los protagonistas, quienes cuentan con un amplio bagaje cultural que abarca desde la mitología griega hasta las costumbres de los pueblos precolombinos ubicados en los Estados Unidos, arriban a conclusiones y teorías que solo acentúan el misterio que encarna Selena.

El apoteósico final- aunque ya lo conocemos desde el primer capítulo -, en el que aparentemente se resuelven todos los enigmas en torno a Selena, no hacen más que dejar paso a nuevos misterios, respecto a la realidad que nos circunda, a la propia capacidad fabuladora del ser humano (capaz de inventar hasta lo que no es) y al eterno femenino, capaz tanto de destruir como de exaltar la vida de los hombres.

Si se encuentran con Selena, tengan cuidado...
Daniel Salvo

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