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viernes, 24 de agosto de 2012

El otro engendro (Carlos Saldívar)



Carlos Saldívar. El Otro Engendro.
Lima: Pohemia Lux, 2012. 32 pp.

Como señala Carlos Morales Falcón en la contraportada, El otro engendro de Carlos Saldívar (Lima, 1982) fabula sobra la base del intersticio en uno de los episodios de Frankenstein, novela de Mary Shelley: cómo adquiere el monstruo la noción del mal. Saldívar sorprende con un relato bien escrito, que no solo es un homenaje sino que sirve de pretexto para mostrar su noción del mal humano. El personaje de Peter Fedrich Dacois III, joven estudiante de medicina, es un ser cínico, descreído de la religión y hedonista. No busca comprometerse afectivamente con Agnes, la joven casada con un anciano, a quien tiene por amante secreta. Fedrich buscará solo la satisfacción del deseo, pues el amor parece extender sus tentáculos solo hacia las mujeres. La mujer es para Fedrich un ser pasivo que se deja hacer. Para Fedrich, tener descendencia es un acto monstruoso, un “nefasto designio” (10). Este elemento es clave para lo que vendrá después. Tras el encuentro amoroso con Agnes, Fedrich descubre que alguien que ha estado observándolos mientras se amaban. Sobre éste, Fedrich piensa que quizás se trate de un simple mirón un “(…) tipo de sujetos que abunda en la clase aristocrática. Yo soy uno de ellos, por ejemplo” (12). Aquí el narrador liga la perversión a una clase social específica en que se reconoce como parte integrante. Tras seguirle la pista al monstruo y encontrarse con él, Fedrich entra en diálogo con el monstruo que quiere conocer más sobre el acto observado, asunto que Fedrich le instruirá de algún modo. Sobre aquel piensa Fedrich que “En pocos años, tal vez meses, alcanzaría una sabiduría superior a la del promedio. Y con ello su maldad se acrecentaría” (22). Es decir, que hay una relación por la que la maldad estaría en relación con el mayor saber y conocimiento: un hombre culto y aristócrata es el ser más perverso y malvado de la tierra, parece sugerir Fedrich. Y es que incluso le da una serie de consejos: “Si alguien quiere golpearte aplasta su cabeza. Si alguien te inculta o se burla de ti destroza su cuello como se quiebra una rama delgada. Si una mujer te rechaza por tu fealdad, has de tomarla por la fuerza y enseñarle quién manda (…)”. El monstruo, entonces, adquiere el mal por instrucción del propio ser humano. Fedrich que había hurtado algunas páginas del diario del doctor Víctor Frankesntein –robados al monstruo– se dispone finalmente a repetir el experimento y erigirse como nuevo dios, evitando cometer los errores de su antecesor. Una pregunta queda inconclusa: “¿El padre de un monstruo es también un…?” (27). Hay una negación a procrear descendencia por medios naturales sino que se transgrede el hecho natural porque en el fondo, Fedrich reniega del amor de la novia y de la familia. El monstruo no sería entonces el otro sino uno mismo: la maldad que se extiende como virus en el universo humano de Fedrich que acaso sea también el nuestro.

Elton Honores

Universidad San Ignacio de Loyola



Publicado originalmente en: http://eltonhonores.blogspot.com/2012/02/carlos-saldivar-el-otro-engendro-lima.html



domingo, 23 de octubre de 2011

José B. Adolph: un recuerdo (1)




José B. Adolph: Un recuerdo (1)

CARLOS ENRIQUE SALDIVAR



1.- José B. Adolph y la revista Argonautas¨



Noviembre de 2006.

Fue en el cercano año 2006, cuando se me ocurrió la quijotesca idea de traer al mundo una revista de literatura fantástica. Jorge Luis Obando me propuso sacarla con el sello editorial que estaba lanzando (en aquel entonces Magna Ediciones). Ambos éramos compañeros en la Universidad Nacional Federico Villareal. Cursábamos el 4to año y estábamos desencantados por algunas publicaciones de nuestra casa de estudios. Las de mejor calidad a menudo contenían páginas demasiado teóricas, las cuales ahuyentaban a un lector promedio. Muchas nacieron y murieron rápido (no pasaron del primer número). Otras, quedaron estancadas después publicar pocos números, y ello a pesar de su calidad. Esto se debió a la escasa economía de los estudiantes, además de una distribución muy restringida o casi nula. Jorge Obando venía de una revista: Caleidoscopio, una propuesta muy interesante, que en su momento tuvo realce. Respecto de ella recordemos el segundo número dedicado a Washington Delgado (tengo entendido que hay en proyecto un nuevo número). Volviendo a lo anterior, cuando decidimos sacar una publicación, coincidimos en que no sería una empresa fácil. Escogí el nombre: Argonautas,  por los héroes de la mitología griega que acompañaron a Jasón durante su odisea en pos del vellocino de oro. El nombre quedó y pegó (una amiga me comentó que un grupo de rock peruano lo usaría después). Ya con el nombre, el proyecto tomaba una necesaria consistencia. Sin embargo, aún faltaba mucho por realizar. Debíamos conseguir el material, los cuentos. Y así fue. Algunos amigos nos apoyaron con relatos y con difusión, esta última en la medida de sus posibilidades. Yo había conocido un año antes a Luis Torres y a su padre, un respetable caballero de Jirón Amazonas, quien trabajaba en un puesto donde pude adquirir diversas obras de las temáticas que más me gustaban: la ciencia ficción, la fantasía y el terror. Torres (hijo) era todo un personaje en Jirón Amazonas. Sabía más que yo sobre libros (y me considero un gran bibliófilo), de modo que me dio algunas recomendaciones oportunas, las cuales seguí. Cabe decir que estos notables consejos hicieron que mis proyectos literarios inmediatos llegasen a buen puerto. Por intermedio de este nuevo amigo conocí a Luis León Velásquez, un joven escritor que creaba buena poesía y sobresaliente narrativa. Ya tenía dos cuentos para mi revista. Le pasé la voz a una joven amiga de San Marcos, Fátima Salvatierra, quien me envió también una llamativa ficción. Ese mismo año me contactó un (bastante) joven estudioso de la literatura: Christian Elguera, muy empeñoso, aficionado a la literatura fantástica, y al tema gótico. Todo un año me llevó seleccionar los cuentos, corregirlos y acomodarlos en el corpus del texto global, luego siguió la diagramación hecha por el editor y la impresión final bajo el sello Magna Ediciones. Había espacio, por lo que completé la sección Cuentos con material de mi cosecha, bajo distintos seudónimos, por supuesto. Fue una revista hecha entre amigos, muy amateur. Prácticamente de aficionados, pero con una cierta calidad literaria. Pegó mucho entre los amigos y algunos seguidores del género. Estaba inspirada en Nueva Dimensión, Revista Asimov, Más allá, entre otras. Recuerdo que mi cuento La bolita (publicado con el seudónimo de Luis Eduado Milano) gustó mucho. También resaltaron los otros relatos: Quejas de Fátima Salvatierra, Los ojos cerrados de Jorge L. Obando, Uno más de Luis León, La lluvia de Christian Elguera, Transbordador de Luis Torres En fin, sin el esfuerzo de todos, la publicación no habría sido posible. Fue un tiraje muy pequeño, de cien ejemplares con portada en blanco y negro. Luego habría una reedición con carátula a color. La revista fue presentada en la Universidad Nacional Federico Villareal en noviembre de 2006. Y, de esta manera, quedó para siempre estampada dentro del conglomerado de publicaciones universitarias que siempre realizan una loable aportación a la cultura pues son (muchas veces) muy valiosas.

Enero de 2007.

Mis conocimientos de Internet y todo lo que desenvolvía en la red eran muy pobres. No conocía sobre foros y/o revistas virtuales, tan solo una que otra página de cuentos de terror, de esas que abundaban, ciertamente. Por aquella época el editor de mi revista contactó con el grupo Coyllur, de aficionados a la fantasía, ciencia ficción y terror. Ellos solían (y suelen hoy en día) reunirse los últimos sábados de cada mes para disertar sobre diversos temas. El editor se reunió con ellos y les dio la revista Argonautas. Así establecí contacto con Daniel Salvo y conocí su espectacular página: Ciencia Ficción Perú, convertida ahora en un excelente blog periódico. Descubrí también la existencia de la revista Velero 25, de Víctor Pretell. Y no solo eso, comencé a vislumbrar el enorme conglomerado de publicaciones, todas maravillosas, que circulaban en Internet. El papel parecía haber quedado en el olvido (sin embargo esta impresión mía quedaría mermada después). Estaban Axxon de Argentina, Alfa Eridiani de España, Ubikverso y Crónicas de la forja de Venezuela, MiNatura de Cuba-España y tantas otras que hasta la fecha siguen deleitándome a mí y a muchos. Por entonces yo estaba preparando el segundo número de mi revista y me di cuenta de que había un escritor que publicaba continuamente en Ciencia Ficción Perú. Era José Bernardo Adolph. Yo seguía su narrativa desde más o menos el año en que ingresé a la universidad (2000). Tenía varios libros suyos, los cuales había disfrutado con creces, desde que adquiriera el primero: Cuentos del relojero abominable, narraciones tan perfectas como Exploración o Persistencia me marcaron para siempre. Para mí, establecer contacto con este maestro era dar un paso agigantado que iba de la revista de aficionados a una publicación profesional que estuviera destinada a presentar solo material de primera calidad. El editor se comunicó con él y le solicitó un cuento. El día que saltaron los chinos fue publicado en la revista Argonautas, número 2 y tuvo tantos elogios que (tal vez esto solo sea una creencia mía) opacaron el resto del material. Ahí pude publicar por primera vez a su lado. Mi cuento Entelequia (colocado con el seudónimo de Leonardo Gabriel) ya mostraba ciertos atisbos de lo que yo escribiría más adelante. Tuve la oportunidad de publicar un relato que me satisfizo mucho: Plaste, que continuaba mi saga de los Suprahumanos iniciada por mi cuento Elix (publicado con seudónimo en el primer número de mi revista). Coloqué también Reubicación, ficción que después incluiría en mi primer libro de narraciones cortas. En Argonautas, número 2 publicó Daniel Salvo (este autor escribe muy buenos relatos de fantasía, ciencia ficción y otros géneros; desafortunadamente aún no tiene un libro editado, pero sí varios textos en revistas nacionales y del extranjero, virtuales y en papel). Participó además Luis Bolaños De La cruz con un sesudo artículo que demostraba su gran inteligencia y su amplia capacidad de observación (Luis Bolaños también escribe ficción y ha sido publicado en el extranjero). En dicho volumen apareció además Nocturno, seudónimo de Jorge Vergara, un (bastante) joven amigo de la Universidad Nacional Federico Villareal. En el verano de 2007 el segundo número de la revista veía luz, y ya contábamos con un nuevo colaborador en nuestras filas: el brillante José B. Adolph.

Mediados de 2007.

Después de la publicación de Argonautas, número 2, volumen muy superior al iniciático primer número, debí ausentarme por motivos de viaje. Este imprevisto estancó la labor que realizaba con la revista Argonautas, número 3. Pero a mediados de año pude ponerme al día con la revista (al mismo tiempo que me reintegraba a la universidad para cursar mi último año). Yo mismo me comuniqué con José B. Adolph y le propuse la publicación de uno de sus mejores relatos: Castigo, cuento que había aparecido en su excelente libro La batalla del café, y que además había ganado el concurso de 1000 palabras de la revista Caretas en el año 1983. Dicha narración también apareció en la antología de la misma revista que incluía los mejores cuentos de mil palabras. Un texto perfecto que hizo las delicias del público y se mantiene vigente a pesar de los años. Con suma cortesía se lo pedí y él, con soberana gentileza, me lo cedió. La revista Argonautas, número 3, estuvo completa más o menos en junio de 2007. Publicaron algunos escritores nuevos, como Yelinna Pulliti, a quien conocí en la primera reunión de Coyllur a la que asistí. Luego estuvo Javier Cotillo, notable educador y escritor juvenil e infantil. Luis Torres y Luis León Velásquez seguían presentes (ambos habían sido publicados en los números anteriores). Volvió Christian Elguera con un magistral cuento de horror. Yo tuve la oportunidad de publicar tres relatos, dos de ellos con seudónimo. La casa nave fue el cuento que más gustó y por ello decidí incluirlo en mi libro Historias de ciencia ficción al siguiente año. Publiqué además un tercer cuento de la saga de los Suprahumanos: Luz, muy importante para mí pues me dio una pista de cómo escribir historias de largo aliento sin cansar al lector. El tercer número de mi revista implicó todo un reto, empero había adquirido una gran experiencia y, gracias a ella, podía seguir sacando nuevas ediciones (viene a colación decir que se vendió muy bien, pudimos recuperar el dinero invertido). El problema surgió cuando el editor y yo pensamos en sacar el cuarto número a finales de 2007. Un volumen dedicado íntegramente a José B. Adolph.

Fin de 2007.

Jorge Obando le avisó del homenaje, aunque no se atrevió a solicitarle un cuento inédito. Fue yo quien le escribió comentándole sobre la idea de sacar una breve antología de ciencia ficción e incluir a nuestro entrañable escritor en primer lugar. Si tal proyecto no se realizaba, el cuento podría ir en Argonautas, número 4. José B. Adolph se mostró muy animado y me envió el relato Virgo Intacta. La antología que tenía planeada nunca llegó a ver luz. Pero con la revista había un compromiso ineludible, algo que iba más allá de nuestros intereses y deseos. El año 2007 ya iba a terminar, hubo un congreso en octubre, en Huanchaco (donde tuvo lugar un homenaje a nuestro apreciado Adolph). La revista no salía aún, yo tenía el material, los cuentos, correcciones pendientes (ese año ingresé al taller internacional Los Forjadores, donde aprendí muchas cosas novedosas respecto del arte de publicar y escribir como se debía). Conocimos a Giancarlo Stagnaro, quien se mostró muy animado por la publicación y nos facilitó un efectivo relato: A donde van las almas. El volumen incluía cuentos, artículos y ensayos de diversos autores consagrados y nóveles. Un estudio magnífico de Elton Honores (un amigo que siguió a Argonautas desde el principio y ahora es un valorado estudioso de la literatura fantástica), Christian Elguera (quien estuvo con nosotros desde el primer número), Rony Vásquez (actual director de la revista de ficción brevísima Plesiosaurio, Luis Cangalaya (ex compañero de estudios en mi Alma Máter), Daniel Salvo, Luis Bolaños De la cruz, Adriana Alarco de Zadra (soberbia narradora y poeta, Presidenta de la Casa Museo Ricardo Palma), Yelinna Pulliti, Javier Cotillo, David Anchorena (un joven narrador que vive en Huanchaco, Trujillo), Armando Alzamora (constante promotor de eventos literarios en la Universidad Nacional Federico Villareal), Nocturno (Jorge Vergara, una vez más), Luis León Velásquez, Pedro Félix Novoa, entre otros. Sobre todo, pudimos contar con la presencia de Carlos Eduardo Zavaleta, el segundo escritor grande que se había animado a publicar en nuestra revista y uno de los mejores cuentistas y novelistas peruanos de todos los tiempos. Muy distinto en estilo a José B. Adolph, y muy cercano en lo que respecta a la calidad artística y a la perfección de la prosa.

Trágico verano de 2008.

José B. Adolph sabía del homenaje y sé que estaba muy contento por éste, no obstante su salud por aquella época no era óptima. Recuerdo que le pedí (muy atrevido de mi parte) que prologara mi libro de cuentos Historias de ciencia ficción, sin embargo por motivos de salud no pudo hacerlo. El jueves 20 de Febrero a las 11 de la mañana una complicación generalizada acabó con su vida dejándolo para siempre en el territorio de la leyenda. Fue Adriana Alarco quien nos dio la noticia en el foro de Coyllur. Me deprimí por un tiempo. Una oleada de remembranzas vino a mi cabeza por aquellos duros días. Recuerdo su entrañable conversación con Marco Aurelio Denegri, su vocecita ágil e inteligente. Recuerdo la entrevista (ahora clásica que le hizo Giancarlo Stagnaro). Recuerdo una gran variedad de cosas. Como que él fue, de algún modo, un argonauta más en ese viaje incesante por expandir nuestra imaginación. Nunca lo conocí en persona, nunca lo vi. Me hubiera gustado saludarlo al menos una vez. Siempre fui un personaje tímido, quizá un tanto introvertido, aunque últimamente este aspecto de mi personalidad ha cambiado. Gracias a José B. Adolph. Mañana, las ratas es su mejor novela, una espectacular especulación humana, política y filosófica que bien podría quitarle a El Neuromante de Willian Gibson el título de la primera novela cyberpunk en la historia de la ciencia ficción. Sus libros de cuentos son, todos ellos, perdurables. Lo es además su aporte a la cultura latinoamericana. Sus premios y grandes logros. Su aparición en textos que, durante mi adolescencia, leí (de ciencia ficción por supuesto, editado, alguno de ellos, en ¡Estados Unidos!, y en los cuales él representaba al Perú, como máxima figura del género de anticipación en nuestro país). Porque escribía muy bien, hay que decirlo. Era ESCRITOR, con mayúsculas. Ha influido mucho en el estilo literario de una generación y sobre todo en el de la persona que habla. ¿Quién no podría asegurar que mis cuentos Visiones en conjunto o Volar como los pájaros (publicados en mi libro), o El revivido (publicado en la selección narrativa Otros Villanos), no tienen algo de su esencia. Claro que tienen mucho de él. José B. Adolph no ha muerto. Su espíritu sigue revoloteando alrededor de nosotros. Esta revista, este homenaje a él, es una prueba (como tantas más) de ello.

Fin del año 2009.


Viernes 4 de diciembre de 2009


¨ Texto leído en la presentación de la revista Argonautas, número 4, en la Feria Nacional de Libro Ricardo Palma el día 7 de diciembre de 2009.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Entrevista a Delia Revoredo Sedero



“Para José B. Adolph, crear era un impulso irrefrenable: necesitaba crear para sentirse vivo”.




Entrevista a Delia Revoredo Sedero

Por Carlos Enrique Saldivar




Para José B. Adolph.
In memorian del maestro.









Jueves 17 de Abril de 2008.

11:45 a.m.

La artista me ha recibido gentilmente en su casa, lugar donde se ha realizado la siguiente entrevista. El propósito era conocer un poco más sobre el escritor José B. Adolph. Como muy pocos saben, Delia Revoredo fue pareja del escritor durante sus últimos años y es quizá la persona que más lo conoció y la que mejor nos podría hablar de él.

Carlos E. Saldivar: ¿Qué opina del homenaje a José B. Adolph en esta revista?

Delia Revoredo: Satisfacción y tristeza. Satisfacción porque creo que se lo merece y tristeza porque en cierta forma es lamentable que el homenaje sea póstumo. Él siempre dijo que en realidad los homenajes solo tienen sentido si la persona está viva. Decía que de nada le sirve al homenajeado el reconocimiento si éste ya no ésta y no se va a enterar. Aunque tengo entendido que este número dedicado a él fue programado antes de su muerte y que él estaba enterado. Lamento muchísimo que él no vaya a tener la satisfacción de poder ver y leer la revista, y que no pueda asistir al homenaje.
Conociendo a Pepe, y creo haberlo conocido bien, yo diría que cualquier homenaje le hubiera incomodado un poco. Incomodado no en el sentido de molestado, hubiera valorado el gesto, le hubiera gustado y, quién sabe, hasta emocionado, pero se hubiera sentido algo incómodo si la gente hablaba bien de él y lo halagaba. Sentimientos ambiguos, en parte por pudor. Inmediatamente se hubiera escapado por el lado de la broma. Como decía: “Siempre con un chiste lo tengo que fregar todo.” De lo que sí estoy casi segura es de que hubiera hecho bromas para quitarle cualquier tipo de solemnidad al homenaje y evitar un posible acartonamiento del evento. Hubiera incluido el humor y hubiera convertido algo que puede ser solemne en divertido. Detestaba la solemnidad.

CS: El año pasado hicimos un pequeño homenaje al escritor, con trabajos de Jorge Luis Obando, Elton Honores, Rony Vásquez, Christian Elguera, relacionados con José B. Adolph –principalmente–, Clemente Palma y con la literatura de corte extraño. También participó Giancarlo Stagnaro.

DR: Sí, me enteré por el escritor José Güich Rodríguez de aquel homenaje. Pepe se enteró porque se lo comentó Jorge Díaz Herrera, también escritor y gran amigo de Pepe. Pero se enteró ya una vez pasado el evento. Al principio pensó que era una broma. La noticia le sorprendió y le agradó.

CS: ¿Qué opina, usted, de las obras del escritor?

DR: Admiro su obra y lo admiro y amo a él. Me gustan mucho sus cuentos, sobre todo los más recientes. Admiro y valoro en ellos esa capacidad de entrar en las profundidades del ser humano y pasearse por ellas, donde no necesariamente los hechos en sí son lo más importante, salvo como desencadenantes de procesos internos. Me atrae y seduce en ellos ese intento por adentrarse en esos universos, sus misterios y profundidades, ese hurgar en el subconsciente y el vuelco hacia afuera a través de las relaciones interpersonales. Las relaciones interpersonales tienen una importancia muy grande en la mayoría de sus cuentos y en algunas de sus novelas. Particularmente me gusta muchísimo la novela Ningún Dios, que forma parte de la trilogía de De Mujeres y Heridas.

CS: ¿Cómo conoció al autor?

DR: Lo conocí en el Instituto Goethe cuando éste estaba todavía en el jirón Ica. Eso debe haber sido más o menos en 1987. Conectamos muy bien. Después nos reencontramos en el mismo instituto, cuando se mudaron al Jirón Nazca en Jesús María dos años después y yo empecé a trabajar allí. Era muy divertido, muy bromista e ingenioso, y nos alegraba a todos los que trabajábamos en el instituto. Tuvimos una linda amistad al principio y después vino lo demás.

CS: ¿Cómo era la manera de ser del escritor?

DR: Es una pregunta muy ambiciosa pero mencionaré lo que todos saben: que tenía muchísimo sentido del humor. No se tomaba en serio a sí mismo, lo cual es muy saludable. Tenía un sentido del humor inteligente, fino, delicioso, exquisito. Por sus declaraciones irreverentes, cuestionadoras y, por ende, a veces también inquietantes, es probable que muchas personas se hayan hecho una imagen equivocada de él, pero la realidad es que además de apasionado, era un hombre muy sensible y tierno, aspectos que tal vez pocas personas hayan podido vislumbrar por su, a veces, perturbador humor cáustico. No sé hasta qué punto la gente haya podido captar al gran romántico que había detrás de esa persona irreverente de humor agudo, ácido e incluso corrosivo, humor que sólo pueden tener las personas con una gran inteligencia y sensibilidad. Y también contrariamente a la imagen que podría proyectar, era emocionalmente muy estable. Estable en sus sentimientos en la relación de pareja y un padre maravilloso. Si estuviera escuchando esto, ya estaría interrumpiendo con alguna broma ingeniosa al mejor estilo “Adolph”, y diciéndome que no lo siga insultando. Y por sobre todas la cosas, era un hombre honesto y aunque le hubiera jodido que lo diga, lo diré: era un hombre bueno (perdóname Pepe, por decirlo).

CS: En la antología de poesía y narrativa: “Dos palabras”, leí un cuento bastante bueno de un escritor llamado Alain Adolph, ¿es familiar del escritor?

DR: Sí, Alain Adolph es su hijo, escribe y hace poesía.

CS: ¿Qué significó formar parte de la obra creadora de Adolph, por ejemplo, participar como autora de los cuadros que ilustraron las carátulas de algunos de sus libros?

DR: Pepe decía que estaba conmigo porque así tenía carátulas gratis. Yo siempre he pintado. Yo nunca pensé en pintar para ilustrar sus carátulas. Daba la casualidad que algunas de mis pinturas conectaban más o menos con algunas de las cosas que él estaba escribiendo o que escribiría más adelante. Había tal vez algún tipo de afinidad en cuanto a nuestra sensibilidad artística también. Desde el punto de vista externo éramos personas muy diferentes. Él, más extrovertido socialmente, con un gran sentido del humor, una persona más comunicativa, aunque en realidad era una persona muy solitaria y con muy pocos amigos. Yo en cambio soy tímida, callada, introvertida, no soy de estar haciendo bromas como él. Sin embargo éramos personas muy parecidas desde el punto de vista de la sensibilidad, pensábamos y sentíamos muy parecido, “espiritualmente”, por decirlo de alguna manera, yo siempre he sentido que él era “mi alma gemela”. Una vez un amigo biólogo nos dijo que él sentía que había una simbiosis entre nosotros. Artísticamente había también una especie de empatía. Por ejemplo, aquel cuadro que ves allí ilustró De mujeres y heridas. No lo pinté para el libro. Nuestra sensibilidad artística resultó ser muy parecida. Al margen de que era mi compañero, como persona, como ser humano, con nadie he tenido tanta afinidad, tanta comunicación y entendimiento en todo sentido, como con él. Eso podría explicar muchas cosas. Entre ellas mi amor por él.

CS: ¿Qué opina usted de sus detractores?

DR: Si alguna persona ha tenido problemas con él, yo no me he enterado. Pepe siempre ha estado sumergido y metido en lo suyo, en su proceso creativo. Nunca le importó lo que opinen los demás o por lo menos no le importaba en el sentido de que esas opiniones nunca lo iban a frenar, influenciar o condicionar en lo que él sentía que debía de escribir. La palabra “detractores” no sé cómo entenderla en esta pregunta pero, en todo caso la gente tiene derecho a discrepar y si a alguien no le gusta lo que hace, pues tiene derecho a decirlo, como también tiene derecho a no leerlo.

CS: Un escritor argentino, en un extenso artículo publicado en la revista virtual Axxon en el 2007, hizo una acotación con respecto a la labor de José B. Adolph como escritor de ciencia ficción. Dicho autor dijo, bastante convencido, que sus apariciones en antologías del género eran producto de incursiones aisladas en el campo de la literatura fantástica, además mencionó que José B. Adolph había desarrollado su carrera dentro de la corriente principal y nada tenía que ver con el género, ¿qué opina usted de esto?

DR: Él jamás pretendió ser catalogado como autor de ciencia ficción ni como perteneciente a algún otro género tampoco. Ya dije que él escribía lo que él creía que tenía que escribir. En ese sentido era un escritor honesto. Él jamás intentó ser el abanderado de la ciencia ficción en el Perú. No tenía ese tipo de pretensiones.

CS: ¿Cómo era su proceso creador?

DR: Supongo que respondía a un impulso irrefrenable, sobre todo en determinadas épocas. Era una necesidad y no se imaginaba haciendo otra cosa. Decía que, como escritor, necesitaba matar algo para nacer otra vez. En ese sentido era importante poder publicar: para liberarse y reiniciar otro proceso creativo. Necesitaba crear para sentirse vivo. Le interesaba la publicación como a cualquier escritor, pero jamás se movía para ello. Lo han buscado alguna veces las editoriales para ver si tenía algo nuevo, muchas veces quedaba en nada pero él jamás insistía. Él jamás busco a nadie, nunca ha ido a las editoriales a hablar y pedir un espacio, nunca. No tengo ningún recuerdo de él buscando popularidad o editoriales que le publiquen algo o marketéandose. El decía que estaba contento con sus catorce lectores.

CS: ¿Siente que el escritor logró sus objetivos, realizó sus metas como artista?

DR: No creo que él se haya trazado objetivos ni metas como artista. Escribía porque era inevitable y sentía que no podía hacer otra cosa. Escribió como quiso y lo que quiso. Si se podía publicar, bien, si no se podía, qué pena pero, bien también. Él decía: “Si lo que escribo le gusta a alguien, podrá leerlo, lo que he escrito ahí está, al que le interese que lo lea, lo que tuve que decir en su momento ya lo dije, al que le llame la atención y quiera leer más, ya lo buscará. Los libros están allí”.

CS: ¿Se le puede considerar como escritor de ciencia ficción?

DR: Sí, claro que se le puede también considerar como tal y recalco el “también”, porque además hacía otras cosas. Aquí entramos en la necesidad de catalogarlo con lo cual se corre el riesgo de reducirlo o limitarlo, lo cual sería injusto. Es sin duda un escritor de ciencia ficción pero, más adelante cerrando etapas, pasó a una etapa más introspectiva, y así fue alternando. Yo creo que lo que pasa aquí en el Perú y no sólo en el Perú, es que la gente que se supone que entiende, trata de etiquetar a los escritores. A Pepe no tenían como etiquetarlo, cómo clasificarlo y eso ha hecho que se le trate injustamente. Es que era un escritor atípico para el Perú. Por esa necesidad de catalogarlo, alguien lo nombró incluso un escritor judío cuando no es un escritor étnico tampoco. Pepe dijo alguna vez que en todo caso era “un judío que escribe”, que es muy diferente a ser un “escritor judío”. En la trilogía De mujeres y heridas, en la novela Ningún Dios, muchos de sus personajes son judíos y tal vez por eso lo digan. Esa novela es lo más cercano a una novela autobiográfica, que empezó como un homenaje a sus padres. Si bien allí se trata el tema del destierro, yo lo entiendo más como un destierro existencial.

CS: Personalmente califico su estilo como “metafísica-ficción”, pero ahí surge el problema de definir lo que es metafísica-ficción y proponerla dentro de la vasta taxonomía de la Literatura. Pienso que José B. Adolph es un autor inclasificable, pero se le considera como el máximo representante de la ciencia ficción, en un país en el cual este género adolece de representantes. Por eso muchos opinan que su contribución al género es indispensable.

DR: No me gusta mucho la denominación de “ciencia ficción” para el tipo de literatura que él hacía. Será por los prejuicios que hay contra ese género considerado por muchos como literatura menor. Muchos ya tienen anticuerpos de solo escuchar ese término y no lo toman en serio. Yo no sabría cómo clasificar ese tipo de literatura. Tal vez me gusta más el de “literatura fantástica”. Pero el hecho de ser uno de los fundadores de la literatura fantástica en el Perú, no significa que no haya incursionado positivamente en otros campos también.

CS: ¿Recuerda alguna anécdota especial del escritor?

DR: Sí, por diversos motivos, en diferentes momentos de su vida, diferentes psicólogos le tuvieron que hacer tests psicológicos y en todos los informes siempre concluían como rasgo negativo, que era “muy inmaduro y que tenía excesiva tendencia a la fantasía”. Será eso lo que hacía de él una persona tan especial, adorable y encantadora.

CS: Finalmente —sé que va a sonar un poco inesperado de mi parte—, pero siento curiosidad por saber cuál fue el último libro que el autor estuvo leyendo.

DR: Estaba releyendo “A century of Science Fiction (From Jules Verne and H.G. Wells to Arthur C. Clarke and Isaac Asimov)". El marcador indica que le faltaba leer el ultimo cuento “Cease Fire” de Frank Herbert, que empieza en la página 362.

sábado, 25 de junio de 2011

Más allá del infinito (José Güich Rodríguez)












* El presente texto es el prólogo del escritor y crítico literario José Güich Rodríguez al libro de cuentos Historias de ciencia ficción (Edición de autor, 2008) de Carlos Enrique Saldivar.



Hace unos años habría sido exótico referirnos con fuerte convicción a la existencia de una ciencia ficción genuinamente peruana. El establishment literario, a través de sus medios oficiales de prensa y propaganda, siempre mantuvo esta corriente al margen de las discusiones. Si esos escritores existían, pues debían estar constreñidos a espacios marginales. Muy a pesar de estos agoreros, la masificación de la web y su parafernalia hicieron factible que quienes se movían en las periferias dieran a conocer espacios de intensa actividad.
Las huellas aisladas de pioneros como Clemente Palma, a comienzos del siglo XX, y de José Adolph, a mediados del mismo periodo, han sido seguidas por invisibles quintacolumnistas, bastante eruditos y cuestionadores. Por otro lado, han asimilado con criterio el legado de Asimov, Serling, Bradbury, Clarke, Matheson, Leiber, Dick, Hoyle y una larga lista de nombres ilustres. Solo faltaba el auto-reconocimiento por parte de los propios autores respecto de su producción; en otras palabras, superar los complejos de inferioridad o bien, el síndrome de la secta ocultista que a veces aísla a los escritores.
La salida a luz de Carlos Saldívar es una buena muestra de que los universos ocultos de la ciencia ficción nacional manifiestan síntomas de un cambio. Los escritores de CF están emergiendo de las catacumbas y hacen sentir su voz, con el objetivo de encontrar una ubicación dentro del circuito. No será tarea fácil, por cierto, pues seguramente encontrarán fuertes resistencias de parte de presuntuosos académicos, o supuestos líderes de opinión como Mario Vargas Llosa, quien es capaz de hilvanar declaraciones tan brillantes como deleznables (entre las últimas, aquellas que denotan su desprecio por el género). Olvida el gran novelista que no solo el realismo flaubertiano es el medio para construir mundos ficticios pero verosímiles. Desde Verne hasta Rod Serling (un autor poco a poco reconocido como hito), la CF ha permitido diseñar no solo estos ámbitos apasionantes, sino que ha logrado expresar una visión sobre la humanidad y sus contradicciones, difundiendo un pensamiento poético y crítico de gran envergadura.
Saldívar rinde tributo a los grandes pioneros y referencias: eso es inevitable en cualquier obra de estreno. Sin embargo, impone un sello personal a no pocas de sus ficciones. Su perspectiva está teñida por cierto fatalismo y desesperanza sobre el destino de la especie humana. No obstante, también procura que el tono profético se mantenga en una línea ecuánime, sin derivar hacia moralejas catastrofistas o lecciones de ética. Es el hombre el gran responsable de su destino, y todas sus decisiones actuales repercutirán inevitablemente en el futuro.
En uno de sus textos para la activa y emblemática revista Velero 25, Daniel Salvo (otro de los destacados cultores de esta heroica narrativa) formulaba importantes preguntas acerca del perfil del creador peruano en estos caminos de la imaginación. La respuesta es harto complicada: cualquier problemática social o cultural es factible de ser traducida a tales parámetros y códigos. No es obligación que el género asuma cruzadas o reivindicaciones, pero es evidente que sus temáticas serán influidas por los factores externos. Esto significa que la CF elaborada en estas comarcas tercermundistas y globalizadas se encarrilará, en algún momento, por una vía particular. Aun así, los autores reelaborarán esas exigencias contextuales de acuerdo con sus experiencias, formación e intereses.
Saldívar, como Salvo, Stagnaro y otros, son la punta del iceberg. Sin pecar de optimistas, es el mejor momento para “competir” en igualdad de condiciones con las otras opciones que medran hoy en el “mercado”. De ellos dependerá la consolidación de nuevos horizontes para la narrativa peruana del siglo XXI y más allá.

—José Güich Rodríguez

martes, 24 de mayo de 2011

Revista El Horla N° 2 (Editor: Carlos E. Saldívar)



El Horla

Año 1, Número 2

Lima, Enero-febrero 2011

Pájaros en los cables Editores

Director: Carlos Enrique Saldívar

Editor: Joe Montesinos Illescas


La segunda entrega de El Horla nos ofrece cuentos con temáticas que van de lo científico – aterrador a la fantasía más irreverente.

Jeremy Torres (El ingenio de la escalera) y Carlos Saldívar (Con un suave aleteo), van logrando un manejo del lenguaje más claro que, paradójicamente, les permite lograr elaborar ficciones bastante sugerentes, vinculadas en esta edición por el tratamiento de lo femenino. Saldívar logra un entorno post apocalíptico creíble y ominoso, poblado por extrañas criaturas.

Otros cuentos, como los de Adriana Alarco (El meteorito) y Daniel Salvo (La carcocha), tienden a ofrecer una visión más clásica, en este caso, los efectos que tendría en nuestro mundo la presencia de una entidad alienígena, biológica una, mecánica la otra.

Luis Bolaños (¿Migrantes o rebeldes?) va un tanto más allá y explora el devenir último de la Humanidad, que ha optado por una transformación tan radical de su esencia que es difícilmente reconocible como tal. La pericia de Bolaños como narrador permite a lector atisbar algo de esa nueva realidad, narrada desde la perspectiva (y el lenguaje) de uno de estos humanos “evolucionados”.

Luis Torres (Ramón en Colonna) nos ofrece una nueva peripecia de su personaje, el técnico Ramón, criollísimo técnico experto en reparar androides, no duda en darles un ajuste extra que suele ir más allá de su programación original. Eficaz historia de un adulterio sui generis, amerita una mayor atención a ciertos detalles técnicos.

Julio Meza Díaz (El mensaje divino), mezcla lo insólito con lo irreverente de manera tan coherente, que lleva a la reflexión en torno a lo que, desde cualquier perspectiva religiosa, tendemos a considerar como milagro.

Lorena Gutiérrez (Tres manchas de sangre) y Eva Asdi (Caída profunda), nos recuerdan que, en ocasiones, no hay nada más fantástico que los efectos de la pasión y el deseo, acaso las únicas llaves que abren puertas en el cielo y en el infierno.

Completa el volumen un enjundioso ensayo de Germán Atoche, que analiza desde la psicología el tema de la casa embrujada, evidente transgresión del mito del hogar como refugio y espacio confortable.

Daniel Salvo

El misterio de la loma amarilla (José Güich Rodríguez)


El asombroso misterio de José Güich Rodríguez



Güich Rodríguez, José. El misterio de la loma amarilla. Lima: Ediciones SM, 2009. 157 pp.

José Güich Rodríguez es un notable escritor peruano que ha incidido con muy buenos resultados en la fantasía y en la ciencia ficción. Ha publicado ya tres libros de relatos: Año sabático (2000), El mascarón de proa (2006) y Los espectros nacionales (2009), los dos últimos son espectaculares y demuestran a un escritor maduro, dueño de un lenguaje impecable y de una serie de recursos estilísticos y argumentales que no tienen parangón con otro autor de su generación.

Este narrador ha sido un gran referente para mi primer libro de cuentos: Historias de ciencia ficción, que amablemente prologó. Aunque hace por lo menos un año no leía un libro de temática juvenil, puedo decir que El misterio de la loma amarilla influirá en los futuros trabajos literarios que me proponga, incluyendo mi próximo libro de cuentos que está próximo a salir. Es normal que los lectores constantes reneguemos de títulos juveniles al llegar a cierta edad, pero sí la calidad es grande, entonces el libro es bienvenido siempre, así tenemos varias novelas de Robert A. Heinlein, Isaac Asimov, C. S. Lewis y tantos otros que han escrito buenas historias dirigidas a un público adolescente.

En esta novela, José Güich retoma a uno de sus personajes más queridos: Pablo Teruel, quien ya ha aparecido en algunos cuentos del autor (El veterano, El otro monitor), investigando casos insólitos, es como “El santo” peruano (si recuerdan las emocionantes novelas de Leslie Charteris), cuya misión será develar un gran misterio que aqueja a una zona costera.

La novela está estructurada en dos tiempos: 1968, donde Pablo Teruel rememora los extraordinarios sucesos acaecidos en la loma amarilla que, por cierto, resulta ser su primer caso. Esto nos lleva a 1921, al distrito de Surco, que aún no era una zona urbana. Se puede observar en el texto el crecimiento del personaje, quien deja de ser un simple aficionado para convertirse en una suerte de héroe, que se sumerge en los recovecos de un misterio insondable, el cual, a pesar de los años transcurridos, no ha podido olvidar.

Cabe mencionar las referencias pop, de las cuales hace uso el autor para que el relato resulte más verosímil (notemos la mención a la serie Dimensión Desconocida de los años sesenta, presentada por el mítico Rod Serling, una de las grandes influencias sobre José Güich). El autor nos envuelve en una especie de narrativa conjetural, donde nada es lo que parece. De hecho el final es una total sorpresa digna de los maestros del género.

Es apreciable el magnífico uso del lenguaje, el cual atrapa de inmediato al lector y lo conduce a acabar la lectura de un tirón. También es digno de mención el adecuado manejo del suspenso, nótese que se trata de una novela juvenil y mantiene muchas de las constantes de este tipo de ficción. Así tenemos varios elementos como el héroe, la chica guapa de la que el héroe se enamora, el ayudante de este héroe y el villano, aunque como dije, esta novela va mucho más allá de lo que se aprecia a simple vista y esto la hace deleitable. Además se percibe cierto contenido ecológico, el cual se integra a la gran sorpresa final del libro. En suma, un texto recomendable, que hará las delicias de los adictos al género fantástico y la ciencia ficción. Aunque no muy denso, resulta bastante entretenido y contiene un gran valor literario pues representa a la novela fantástica peruana tal como es, o tal como debe ser.

—Carlos Enrique Saldivar

Publicado originalmente en la revista Velero 25:

http://www.velero25.net/2010/04abr10/abr10pg15.htm

Correspondiente a abril de 2010

De Lunes a Marte (José Manuel Balta)



Balta, José Manuel. De Lunes a Marte.

Lima: Editorial Casatomada, 2011. 85 pp.

El famoso escritor de ciencia ficción y científico Isaac Asimov (el buen Doctor) solía decir que escribir una obra literaria con sencillez era una buena elección. De esto habían dejado constancia algunos otros escritores del género como el poco estudiado, pero conocido por los fanáticos, Clifford D. Simak, maestro del maestro: es mejor crear un texto a base de descripciones, acciones y simbolismos apropiados, atrás deben quedar las ampulosidades y los excesos verbales. El buen doctor también mencionaba que los escritores tenían la mala idea de que redactar con un lenguaje desmesuradamente verboso y exuberante podía tomar desprevenido al lector y podía hacerle creer que estaba ante un excelente escritor. Opino que todo depende del gusto del lector, uno preparado, por supuesto. Como lector que soy —y me considero uno constante y entrenado— podría decir que todo modo de escritura es válido, siempre y cuando no atente contra el mensaje que se intenta dar con el cuento. Veamos por ejemplo a Lovecraft, con su lenguaje oscuro y adjetivación frondosa, a Kipling con sus juegos verbales en muchas ocasiones o descripciones exactas en otras, o a Clemente Palma, con su lirismo exclamativo e ingenioso propio de su época (y que sigue gustando a cada generación de adeptos a Lo fantástico). En este caso, a pesar de ser un gran admirador del lenguaje intrincado y difícil (estoy hablando como lector) debo darle gracias a Asimov por enseñarme el camino y saber cómo debo escribir mis propios textos y cómo podría hacerlo un escritor que recién se inicia en las lides de este difícil arte que es la narración corta. En un cuento no podemos darle muchas vueltas al asunto, no podemos andarnos con rodeos. Cabe decir que Asimov fue muy criticado por su lenguaje (cierto amigo me comentó que al buen doctor lo acusaron muchas veces de tener un estilo descuidado), pero también Lovecraft fue atacado por su estilo excesivamente frondoso, entonces, ¿cuál es la verdad acerca de este polémico tema es queel manejo del lenguaje literario? ¿Cuál es el tipo de forma que merece atención de la crítica? Prometo abordar este difícil tema algún día. Dejémoslo ahí por el momento. Lo único que importa es, como ya he dicho, la opinión del lector. Un lenguaje claro, clarifica la mente y no fatiga. Engancha al receptor y lo seduce para seguir leyendo. Esto viene a colación a propósito del comentario literario que a continuación viene.

José Manuel Balta es un joven narrador peruano que forma parte de la nueva hornada de escritores que han escogido la vertiente fantástica para poder expresar su voz artística. No es mi intención colocar a un cierto número de narradores dentro de un grupo determinado que bien podría distanciarse de otros jóvenes literatos que publican cuentarios y novelas dentro del género realista, pero a fin de crear un cierto orden dentro del ambiente literario es que me arriesgo a mencionar que entre el año 2010 y el presente han surgido una suerte de muchachos y muchachas que han publicado libros de relatos y novelas y, muchos de ellos, han empezado a publicar textos breves en diversos medios virtuales y físicos, como el fanzine El horla (publicación peruana que se dedica exclusivamente al género de la imaginación) demostrando con ello que su incursión en el arte escrito no es casualidad ni coincidencia, sino una cuestión de vocación verdadera. Mencionaba que me es un tanto tormentoso encuadrar a todos estos narradores dentro de una misma esfera ya que me es imposible saber cuántos de estos jóvenes consigan escribir una obra ubicada dentro de la literatura general en el futuro, lo que si es innegable es que la gran mayoría de ellos se han introducido de lleno a la literatura fantástica, es más, algunos prometen continuaciones de las obras que han publicado, como las sagas a las que nos tienen acostumbrados los grandes escritores mundiales de fantasía. Sobre este interesante punto ahondaré más en la futura reseña de un libro que precisamente se inscribe dentro de esta llamativa opción comercial.

De Lunes a Marte consta de trece relatos, todos interesantes y bien narrados, los cuales se vuelven deliciosos debido a la multiplicidad de temas con cierta originalidad en un par de ellos. El cuento que da título al libro es la historia de un moralista joven que encuentra un misterioso texto, el cual devela una extraordinaria verdad acerca de la humanidad. La angustia del personaje se conecta con la del lector debido a que el primero tiene una misión muy difícil de realizar. Es interesante notar en este cuento una enorme “brecha” entre las primeras partes del relato y el fragmento final, en este espacio pudo desarrollarse una historia más amplia, una novela tal vez. Tal vez el autor se decida a narrar en el futuro la guerra entre los defensores del medio ambiente y las compañías contaminantes. En El umbral del universo podemos notar al narrador omnisciente que, al igual que el texto anterior, cuenta todo como una crónica, de manera muy rápida a fin de crear un contexto adecuado para el sorprendente final. Este relato puede insertarse dentro de la vertiente fantacientífica de los viajes espaciales, aunque con un toque de decepción. La habitación clausurada mantiene la línea de las dos historias anteriores. Aunque es una ficción de premisa lovecraftiana, deriva en una inesperada vuelta de tuerca que, pese a todo, no sorprende demasiado. La condena del ermitaño conjuga elementos de ciencia ficción y fantasía consiguiendo un fascinante desenlace que se enlaza a la siempre exuberante mitología griega. Nótese aquí una fusión de géneros que trasciende las dos vertientes de la imaginación, uniéndolas de un modo armonioso. Micaela es cuento ciento por ciento fantástico acerca de la pérdida de la identidad, dos fuerzas luchan en el interior de un joven, una de ellas es diabólica, solo la energía pura de una noble muchacha podrá combatir el mal. El manzano es el segundo gran relato del libro, se funda aparentemente en la ciencia ficción debido a la inicial amenaza biológica que atenta contra un muchacho. No obstante, el cierre del cuento retoma un tema bíblico muy conocido que crea una multiplicidad de lecturas. La hija del mar es el mejor texto del cuaderno. Esta breve historia, narrada a manera de cuento de hadas, provoca en el lector una suerte de emociones bien definidas. El giro en mitad de la trama resulta notable, pero más eficaz aún es el conflicto final, la fusión de la chica con el mar debido a una pena intolerable. El personaje de Brisa permanecerá en nuestras mentes y corazones de modo duradero. El estruendo de los Amaruru es una narración inclasificable que se desarrolla en un ambiente de leyenda.El torturador es brevísimo texto de horror con un final que se decanta hacia la mitología cristiana. Despertando de la penumbra es otro cuento que toma la fantasía heroica, el ambiente tribal, el guerrero y la misión a cumplir. Una noche en el camino es el tercer gran relato del libro, aunque el planteamiento no es original (autores como Robert A. Heinlein y Poul Anderson ya han desarrollado el tema del “superser” que vive en nuestra realidad sin ser detectado por los seres humanos debido a su magnificencia); no obstante en el cuento de Balta el enfoque es tan original que el relato deslumbra. ¿Acaso Dios en su afán por salvarnos de las catástrofes sólo consigue lastimarnos debido a su inconmensurable tamaño? La respuesta se encuentra en la última línea. El pájaro humano es un texto reflexivo que sorprende sobremanera (por enésima vez) con su logrado desenlace, un homenaje a Asimov. En Aquella noche en el Jirón Quilca, última narración de la obra, el final también consigue noquear al lector. En suma, un interesante libro que nos revela a un escritor que promete.

—Carlos Enrique Saldivar

viernes, 1 de octubre de 2010

Entrevista a Carlos Enrique Saldívar, por Luis Torres



Una mirada profunda hacia lo intangible: A propósito del libro Historias de ciencia ficción:





«Toda buena literatura debe dejarte marcas imborrables en la mente»

Entrevista a Carlos Enrique Saldivar

Por Luis Torres


L. T.: Conozco casos de gente que escribe muy buena poesía y, sin embargo, han leído poco de ese género, más «consumen», por ejemplo, narrativa; son casos atípicos, lo sé ¿Es ése el tuyo? ¿De qué fuentes está nutrida tu literatura? ¿Cuál es tu canon personal?

C. E. S.: Reconozco que no soy un «gran lector» de poesía, aunque sí me considero un «buen lector» de la misma. Hago la diferencia: Prefiero siempre un libro de buena narrativa, ya sea cuentario o novela, a un libro de poesía que, probablemente, no me llenará la mente y el alma como se debe. Esto tiene una explicación muy sencilla, se produce mucha lírica en el Perú y hay muy buena calidad respecto de este arte, pero también hay poemarios de escasa valía por lo cual el lector debe orientarse de un modo casi intuitivo a fin de encontrar un buen texto poético en el mercado. Leo poca poesía pues son muy exigente con este género en cuanto a los cuadernos y a los autores que podría leer. No obstante, cuando me sumerjo en un libro de buena poesía, generalmente logro captar los códigos, los símbolos y la fuerza que el autor intenta imprimir en su obra. Sé leer poesía, sin embargo restrinjo mis lecturas poéticas al máximo. Y, generalmente, cuando leo algún poemario, el método que aplico es el indicado. Cojo el libro y disfruto del lenguaje de a pocos. No es como leer narrativa, donde siempre deseo encontrar un argumento palpable, que me cuenten una historia. Leo mucha narrativa, todos los géneros, todos los autores que me recomienden, etc. Y, puedo asegurarlo, la poesía que más me gusta (cito a Antonio Machado, Juana de Ibarbourou, Carlos Germán Belli) ha influenciado decididamente en mi estilo literario. Se trata de mezclar un poco la poesía con la prosa para obtener un efecto de ensueño en el relato, que funciona muy bien por la brevedad del texto y que, en la ciencia ficción que hago, consigue resultados apropiados, despierta el sentido de maravilla y emoción que debe tener todo buen cuento de fantasía científica. Ya no es tan solo qué cuentas, sino cómo lo cuentas. Atrapas al lector con un lenguaje bien acabado y, de paso, le narras un relato asombroso. Hay quienes no soportan las historias demasiado increíbles, pero sí admiran la correcta elaboración estética de un texto. La influencia de la poesía en la prosa se da mucho, sobre todo en la literatura peruana, ya se de corte realista o fantástico. Respeto muchos a los que escriben poesía, en el Perú hay un buen nivel con respecto a este arte y excelentes poetas. A mí siempre me ha gustado escribir poesía, desde niño. Aunque no me considero buen poeta, he logrado juntar mucho material en algunos poemarios aún inéditos, los cuales, estoy seguro, permanecerán guardados por muchísimo tiempo o, tal vez, para siempre.

Mi literatura se haya nutrida, como ya he mencionado, de diversas lecturas que van desde el realismo mágico a todas las etapas de la ciencia ficción, desde lo más clásico a lo actual. Cuando dije «leo todos lo géneros», me refiero a todos, incluyendo el western o los relatos románticos, de alguna manera esto influye en las historias que escribo. Aunque debo decir que los géneros de fantasía, misterio, terror, acción y ciencia ficción son los que más han calado en mí durante estos últimos años, en los cuales he logrado redactar mis mejores relatos (los publicables). Esto se debe a que me divierto mucho escribiendo estos géneros, puedo desbordar mi imaginación y mi estilo literario al límite, sobre todo con la fantasía y la ciencia ficción, donde puedo incluir mucha poesía, experimentar con el lenguaje, dar a conocer mis propias opiniones con respecto del mundo que me rodea, hacer críticas duras a ese mismo mundo, extrapolar ideas, plantear teorías, filosofar, observar, deconstruir, discernir, etc.

Todo texto que leo influye en mí, creo que toda buena literatura debe dejarte marcas imborrables en la mente. Mis gustos literarios son diversos, si te menciono autores, llenaría varias páginas y ya me extendido demasiado con la respuesta a esta pregunta, solo te diré que mis intereses van desde los romances intensos de Francois Sagan hasta las realidades descompuestas de Philip K. Dick, desde los mundos terroríficos de Stephen King o Dean R. Koontz hasta el realismo intrínseco de un Manuel Puig o el realismo policial de un John D. MacDonald. En definitiva, en algún momento de mi vida escribiré algo de cada género y esto me parece algo bueno. Porque me gustan todas las corrientes literarias, porque he sabido dar su lugar a cada cosa en su momento, porque me gusta crear en base a todo tipo de ideas, desde las más desquiciadas hasta las más comunes y porque todos los registros y temas me apasionan. Para terminar este punto hago una pequeña confesión: Soy un excelente lector de narrativa, demasiado concesivo con los autores, demasiado «lector ideal». Véase la ambigüedad de la afirmación.

L. T.: ¿Por qué escribir un libro de CF dentro de la actual coyuntura? Dentro de las conmociones políticas, sociales y económicas que no aquejan sólo a nuestro país, sino a escala mundial. ¿Es una forma de eludir la realidad? ¿O has querido dar algún mensaje en tus cuentos con respecto a esos temas?

C. E. S.: Creo que cuando un escritor deja de «sólo» escribir para sí mismo y empieza a dirigirse a un público determinado enfoca sus relatos de dos formas:
1.- Intenta dar a conocer la realidad que le rodea de una manera muy parecida o muy diferente e
2.- Intenta dar a conocer su propia realidad.
Con la ciencia ficción uno puede mezclar ambos niveles de la narrativa y fusionarla con cualquier otro género, ya sea la novela política, el policial, el horror, el romance, etc. Siempre he tenido una opinión muy pesimista del mundo que nos rodea, de los líderes que tenemos y hacen todo mal, y del futuro incierto hacia el cual nos dirigimos. No es que quiera plantear que el futuro será así, como lo retrato en mis relatos, pero ese podría ser el final si continuamos siendo como somos: unos despreocupados. Los que administran el planeta y los administrados somos igual de culpables por la caída en picada que sufre nuestro hábitat. Muchas veces un cuento de ciencia ficción puede confundirse con un cuento real, notemos que muchas distopías se van haciendo realidad, y también muchos desastres naturales y artificiales, muchos avances tecnológicos, algunos acertados, otros nocivos. No, mi propuesta no es una forma de eludir la realidad. Todo lo contrario. Es una manera de abrir los ojos al lector y que éste se de cuenta de cómo es el mundo en el cual vive. Tampoco he querido dar mensajes. Simplemente he decidido dar una imagen de la humanidad tal cómo creo que es (según mi punto de vista) o tal cómo podría llegar a ser. Si es terrible o grotesco, no es problema mío, yo soy un mero corresponsal de este todo. He decidido retratar el mundo, aunque no sé si lo he conseguido. La diferencia con una propuesta realista es que lo he hecho desde varias perspectivas: he utilizado la anticipación, la fantasía, la humanística, etc. Una amiga me comentó que mi relato Volar como los pájaros, que junto a El llanto celeste, resulta ser uno de los más fantásticos del libro, tenía que ver mucho con la migraciones, la división en países de razas, creencias, las leyes que permiten esa encarcelación de seres vivientes, y los castigos que pueden recibir si transgreden esas leyes, la muerte, por ejemplo. ¿Dónde esta la fantasía, dónde la evasión? Es un cuento fantástico, claro, con ciertos mecanismos de la ficción especulativa, pero, en verdad, es una cruda observación de la realidad política mundial. El llanto celeste, donde aparece el planeta Tierra hablando en primera persona, haciendo las veces de mujer maltratada por la humanidad a la que perdona una y otra vez sus constantes vejaciones, ¿no es acaso una representación de un fragmento de la humanidad? Sí, de los que soportamos la irracionalidad de los líderes políticos, de las corporaciones, de las malas empresas, etc. Aquí no niego la realidad, todo lo contrario, la dibujo de otra manera y la doy a conocer para que el lector entienda de algún modo cómo es el mundo catastrófico en el que vive. Y pido perdón por asustar de este modo, pero lo expuesto es algo que todos sabemos y que pocos queremos admitir.

L. L.: Hay algo en «Historias de ciencia ficción» que me tiene intrigado: en los cuentos El Sedimento, Pena y el que cierra el libro, Y todo final es un nuevo principio, se encuentra el tema de la destrucción de algún planeta y de dos o un «ser» que logra sobrevivir. ¿Por qué en tres cuentos contar básicamente la misma historia, naturalmente, con matices? ¿Lo hiciste adrede? ¿O fue algo, tal vez, impensado?

Fue algo impensado. No lo noté hasta que comentaste (cierto día) que en varias historias se repetía el tópico del fin del mundo. Este aspecto me parece interesante, el fin del mundo es un tópico de la ciencia ficción y es algo que eventualmente sucederá, ya sea de manera natural o por acción del hombre. La balanza está actualmente inclinada para lo segundo. En manos de algunos países existen bombas que, de solo explotar una de ellas, podría extinguir la vida en el planeta de manera total, de modo que no es broma. En mi libro, los cuentos que mencionas hablan sobre el fin de la civilización, ya sea por algún error humano, un ataque extraterrestre, un orden natural, etc, aunque, en realidad, hay tres cuentos más que hablan sobre lo mismo: Mensajero del Apocalipsis, El llanto celeste y La casa nave, entonces serían seis cuentos que tocan el tema del fin del planeta Tierra, la mitad del libro. El hecho de que uno o dos hombres puedan sobrevivir, regenerarse, resucitar, viajar a otro plano, etc, forma parte de mi yo optimista, creo que siempre hay que mantener una esperanza frente a la inminente catástrofe. Es cierto, siempre he desconfiado de la estupidez humana, no obstante también creo con firmeza en la inteligencia y en el buen uso de las capacidades. Lastimosamente, como puedes ver, en los cuentos son sólo uno dos personajes los que hacen la diferencia.

La verdad, cuando escribí cada uno de estos cuentos lo hice en desorden, sin pensar que alguna vez los reuniría en un libro. Lo hice por diversión, por arte, por convicción, y sólo pensé en juntarlos dos meses antes de que el texto se publicara. Creo que sí, el tema del fin de la humanidad es una constante en lo que escribo (tengo más cuentos sobre el tema) y seguirá siendo una constante mía en el futuro, recuerda, no estamos muy lejos de eso. Pero como tú mismo mencionas hay matices, siempre hay una historia diferente alrededor del mismo tema, de esta manera el lector podrá disfrutar del libro sin ningún problema teórico o analítico que pueda entorpecer la lectura. No se hallará una quisquillosa repetición temática, ni nada por el estilo. Digamos que lo que originó el resultado final de mi libro fue el azar, los doce relatos estaban destinados a ser los que conformaran el volumen y me siento muy satisfecho por ello. Soy un tanto místico con los asuntos literarios, aunque al mismo tiempo, práctico.

L. L.: Sé que construir, elaborar un libro, es cosa trabajosa y satisfactoria. Con respecto a lo primero, ¿cuánto tiempo te llevó componer el libro? Y a lo segundo, ¿qué te motivó para publicar? ¿Qué esperas de la crítica, del público de a pie? ¿Qué deseas despertar en las personas con los temas tratados en tu libro?

C. E. S.: Bueno, respondiendo a lo primero, son relatos escritos entre noviembre de 2002 y enero de 2008 y, como ya te mencioné, escribí cada relato de manera independiente, sin pensar en que éste se iba a publicar en un volumen. Pensé, en primera instancia, en publicar los cuentos en revistas del género y así lo hice, tengo de esta manera algunos relatos publicados en la revista que dirijo: Argonautas, otros publicados en revistas de la web: Ciencia Ficción Perú y Velero 25, cinco cuentos en total y uno seleccionado ya para la revista MiNatura de Cuba y España. De modo que, te soy sincero, hubo trabajo, pero básicamente no lo sentí hasta el momento de la corrección que fue mínima pues los cuentos ya publicados estaban en su versión definitiva. Como ya te he mencionado, me divertí mucho escribiendo todos los cuentos e incluso corrigiéndolos, aunque siempre había errores y por momentos la corrección se hacía tediosa. No recurrí a ningún corrector de estilo por razones económicas. Cosa curiosa, encontré uno que me daba un buen servicio a poco precio cuando mi libro ya estaba en imprenta ¡rayos! Por eso se han colado algunos errores. Sin embargo, toda experiencia positiva o negativa me sirve para el futuro. He aprendido mucho publicando este libro y he crecido como escritor y como persona. Opté por la edición de autor debido al exorbitante precio que me proponían las editoriales independientes y ni hablar de las editoriales importantes. Aún estoy en un proceso de formación y aprendizaje, no obstante puede que algún día dé el gran salto. No me arrepiento de publicar el libro, casi nunca me arrepiento de nada de lo que hago. Tomé la decisión adecuada, el tiraje no fue elevado, pero fue básico y ya casi he agotado la edición.

Tengo muchos relatos de diversos géneros que pienso ordenar para crear cuentarios, todo lo tengo fechado (soy muy ordenado en eso) y hasta el momento solo poseo dos libros de cuento que escribí en conjunto, pensando en que serían libros. Espero publicarlos muy pronto. No obstante, a veces resulta interesante escribir textos en desorden y después recopilarlos. Ambas opciones son válidas y muy estimulantes.

Decidí publicar este libro por las mismas razones que decidí publicar mi revista Argonautas en el año 2006, por el afán de formar parte del enorme conglomerado literario de mi país y de otros lares. Por dar a conocer géneros muy poco explorados por los autores y lectores en la cultura peruana. Para demostrar que la lectura puede ser todo menos aburrida y… para liberarme, sí, tengo mucho material inédito que pide a gritos salir a la luz, de este modo iré publicando todo lo que pueda en el futuro. Me interesa difundir el género de ciencia ficción, sobre todo, por eso decidí que mi primer libro ahondara en el género y tocara algunos de sus temas. Mi padre me apoyó mucha con esa decisión y me brindó el empuje psicológico que necesita todo escritor para comprender que sus relatos pueden ser leídos y gozados por otros seres humanos aparte de él mismo.

No espero mucho de la crítica, al menos no de la crítica de mi país, todos sabemos como funciona este tema. Aunque tampoco me cierro ante la oportunidad de que mis escritos sean estudiados y comentados, porque al menos lo segundo se ha hecho y mucho. Si espero algo tangible, es por parte de los lectores que son la fracción de mundo que más me interesa. Espero que puedan disfrutar mis relatos tanto como yo gocé escribiéndolos y que puedan adentrarse en la ciencia ficción si es que no la habían leído antes. De esta manera se logrará romper con la mala fama que se le ha dado a este maravilloso género literario. También espero que los aficionados a la fantasía científica, que tengan la oportunidad de adquirir mi libro, puedan añadir mi propuesta a sus lecturas y a su lista de escritores. Además deseo que puedan descubrir de qué va el género hoy en día. Por último, espero que el público en general se dé cuenta de que la ciencia ficción, lejos de extinguirse, está mutando hacia un estilo más artístico, más contemporáneo y más respetado por las nuevas generaciones.

L. L.: Si en la década del 90 prevaleció la «literatura maldita-Bukowski» –con excepciones, por supuesto–. ¿Crees que ahora hay un surgimiento de nueva narrativa a nivel general? En caso que así lo consideres, ¿qué lugar crees que tiene o debería tener la narrativa de ciencia ficción en la actualidad?

Si, tienes razón y, a decir verdad, me gusta mucho el realismo sucio. O me gustó mucho en su momento, fue un género que consumí en mi adolescencia. Te hago un pequeño comentario respecto de dicha corriente: La considero muy difícil de escribir, aunque muy sencilla de asimilar cuando se lee. Si, creo que han resucitado nuevas tendencias en el ambiente literario peruano. La fantasía sobre todo y, por supuesto, la ficción científica. Recordemos que hemos tenido ciencia ficción desde la época de Julio M. Del Portillo, en el siglo XIX, luego tenemos a Clemente Palma (que también tiene una novela de ciencia ficción: XYZ) y Abraham Valdelomar con el cuento El círculo de la muerte, pero siempre ha habido fantasía y ficción especulativa, recordemos la etapa de las primeras revistas de literatura en la época de Mariátegui y toda esa gente fantástica: Ángela Ramos, Mario Chabes, Alberto Hidalgo, María Wiesse, César Vallejo, Gamaliel Churata, etc. A mediados del siglo XX, lo fantástico quedó frenado por el indigenismo, luego por el realismo urbano hasta los ochenta. En los noventa creció con furia el cuento y la novela de violencia política como forma de responder a un sistema de represión inadecuado, al terrorismo, a la problemática social, etc. Esto provocó la creación de una nueva corriente literaria en el Perú, que todos los que quieren llegar a ser buenos escritores practican —con poco o gran interés— porque la crítica lo ha dictaminado así: «Si no escribes sobre Sendero entonces no vales como escritor, enfócate en el tema político para que se venda tu texto». Esto es una ridiculez y, por ende, esta temática se halla demasiado manoseada. Felizmente, poco a poco, va quedando relegada. Lo fantástico va renaciendo (porque en el Perú siempre hubo fantasía), y va ocupando un lugar preponderante en la Literatura Peruana, como debe de ser. Así tenemos la labor del escritor José B. Adolph, que en 2008 se despidió de nosotros, aunque sus obras nos siguen fascinando. Tenemos en la actualidad a José Güich Rodríguez, a Daniel Salvo, administrador de Ciencia Ficción Perú, a Pablo Nicoli, respetado escritor arequipeño, a Carlos Calderón Fajardo, Enrique Prochazka, José Donayre Hoefken, Tanya Tynjälä, Enrique Congrains Martín, Adriana Alarco de Zadra, Yelinna Pulliti, Pedro Félix Novoa, Alexis Iparraguirre, Carlos Gallardo, entre tantos otros. Además, como director de la revista Argonautas, soy testigo de la enorme influencia que tiene la fantasía en los jóvenes autores, en edades que van desde los quince hasta los veintinueve años. La fantasía es un género que funciona muy bien en todos lados, en los talleres de creación literaria, en la minificción, en la poesía, en la música, en las películas. A la gente le gusta la fantasía y la ciencia ficción y si alguien dice que no es así es porque nunca ha consumido ambos géneros de manera apropiada. ¡Si hasta Mario Vargas Llosa en su novela Elogio a la Madrastra tiene un cuentito que bien puede enmarcarse dentro de dicho género! Hay un rebrote nacional y mundial de ciencia ficción y fantasía, eso no hay que dudarlo y, por supuesto, está muy bien que sea así.

La ciencia ficción podría ocupar un lugar importante en la cultura peruana. Debería hacerse conferencias respecto de esta temática en los colegios, debería proponerse como materia de estudio en los centros de educación superior. En otros países se siguen estas metodologías, pero como siempre, en la mente tan cerrada de nuestros gobernantes, proyectos como éste sencillamente no tienen cabida. Afortunadamente la crítica literaria está optando por estudiar los textos fantásticos y de fantasía científica, así tenemos a José Güich Rodríguez, uno de los mejores analistas literarios con que contamos, tenemos también los trabajos del sesudo Gonzalo Portals Zubiate y del notable estudioso Elton Honores. Eso me obliga a retractarme un poco de mi desconfianza por la crítica. Creo que todo depende de las nuevas generaciones. La ciencia ficción es un género mutante y, por qué no, podríamos serlo también nosotros.

L. L.: Para finalizar, podrías contarnos que nos traes de nuevo con respecto a lo literario.

C. E. S.: Estoy preparando dos nuevos libros de cuentos. Pienso publicarlos en cuanto las condiciones ambientales (de mi vida) sean propicias. Tal vez uno salga el próximo año. O tal vez ambos. Además preparo, esto si es un proyecto a corto plazo, el cuarto número de la revista Argonautas, el cual homenajeará al narrador José B. Adolph, dicho volumen traerá buenos cuentos y gratas novedades. Todo esto con el afán de difundir la ciencia ficción que ha sido mi meta desde que leí hace tiempo cierto cuento de Isaac Asimov... pero eso ya forma parte de otra fantástica historia.


Lima, junio de 2008

Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Estudió Literatura en la UNFV. Director de la revista impresa Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción, de la cual, a la fecha, han visto luz cuatro números. Ha publicado reseñas, artículos, poemas y relatos en diversos blogs y revistas impresas y virtuales del medio. Relatos y poemas suyos han aparecido en diversas antologías del medio. Publicó el libro de cuentos Historias de ciencia ficción en 2008. Este año (2010) publicó su segundo libro de cuentos: Horizontes de fantasía. Actualmente prepara un tercer volumen de historias (de corte siniestro) con el título tentativo de El cuarto contiguo y otros relatos. E-mail: revista_argonautas@hotmail.com

domingo, 1 de agosto de 2010

Ingeniería mecánica en la ciencia ficción: una aproximación (Carlos Enrique Saldívar)






Ingeniería mecánica en la ciencia ficción: Una aproximación

Carlos Enrique Saldivar








La ingeniería mecánica es y ha sido siempre de suma importancia en la literatura de ciencia ficción, sobre todo al ser un medio que crea verosimilitud en el discurso ficcional. En esta oportunidad daré a conocer algunas obras literarias que han hecho uso de la ingeniería mecánica dentro de sus argumentos. Ejemplos hay por montones, pero voy a restringir este artículo solo a obras que he leído, canon personal, aunque no abundante, suficiente para poder recomendar un buen volumen de cuentos y novelas relacionadas a esta interesante rama. Solo voy a enfocarme en ficciones escritas. No hablaré de cómics, películas y otras manifestaciones artísticas para no confundirlo, lector. Mi objetivo es que los interesados en el tema puedan tener una guía básica de lectura con la cual poder compenetrarse en el futuro tanto para su entretenimiento (la literatura lo es) como para su propio crecimiento cultural (siempre alimentando la imaginación). Definamos primero a la ingeniería mecánica: es una rama amplísima de la ingeniería que incluye el uso de los principios físicos para el análisis, diseño, fabricación y mantenimiento de sistemas mecánicos. Ahora, un ingeniero mecánico es un profesional que calcula, diseña y fabrica. Pongamos por ejemplo lo siguiente: si un perno o un clavo está mal diseñado, ese error se multiplicará por varios millones, ya que nadie en el mundo fabrica solo 1 clavo ó 1 perno. Se fabrican varios millones de los mismos objetos por lo que se asigna a alguien para que calcule la forma adecuada, el material adecuado, y además, cómo se va a construir ese objeto y las máquinas que se necesitan para fabricarlo (la maquinaria de producción también es fabricada por los ingenieros mecánicos). Si uno ve a su alrededor puede encontrar que la gran mayoría de cosas han sido diseñadas por mecánicos: las botellas, los focos eléctricos, los refrigeradores, las carcasas de computadoras y celulares, las cerraduras de las casas, los ventiladores, las perforadoras, los lapiceros, las bicicletas, los aviones, los autos y un largo etcétera. Todo lo que ha sido producido en masa ha pasado por la planificación y el diseño de un ingeniero. Por otro lado, existen casos en los que la literatura ha servido para inspirar la creación de máquinas fabulosas, máquinas únicas, aparatos ideales del futuro que se van insertando en la rutina de los hombres. Es decir, la literatura y la ingeniería han llegado a un punto tal que una abastece a la otra de ideas y viceversa. Como puede apreciarse, la labor de un ingeniero mecánico ha sido, desde hace mucho tiempo, vital para el desarrollo tecnológico y cultural humano.

Afinidad de las vertientes más representativas de la ingeniería mecánica con la literatura de ciencia ficción

Definitivamente una de las ramas de la ciencia más ligada a la ingeniería mecánica es la robótica. La ciencia y la tecnología (diseño, manufactura y aplicaciones) de los robots. Esta área conjuga a la mecánica, la electrónica (la mecatrónica), la informática y la inteligencia artificial (estudiada por matemáticos principalmente). En cuanto a los robots, las máquinas más perfectas concebidas por el hombre (y más cercanas a él), existe una relación teológica que se resume en “hombre: Dios, robot: creación”, la cual ha causado polémica en la literatura desde “Frankenstein o el moderno Prometeo”, obra del siglo XIX, escrita por Mary Shelley, y que inaugura la ciencia ficción mundial. En este libro, el Dr. Frankenstein utiliza una técnica extraordinaria para dar vida a una criatura aún más extraordinaria. De aquí, aunque suene redundante decirlo, parten todos los relatos de robots. Al respecto, lea la obra “RUR: Robots Universales Rossum” de Karel Capek. En otro rumbo, existe la biomecánica, que es la disciplina encargada del estudio de los elementos mecánicos anexados a los seres orgánicos; en especial, al hombre. Aquí pueden encuadrarse todos los relatos sobre cyborgs (hombres con partes de robot). Una disciplina muy ligada a la biomecánica es la biónica, es decir la utilización de órganos artificiales que suplantan a los reales. Su aplicación está íntimamente relacionada con la medicina.

Era necesario mencionar a la robótica y a la biomecánica para comprender la relación entre la ingeniería mecánica con las distintas vertientes de la literatura de ciencia ficción como el Steampunk y el Cyberpunk. El Steampunk es una corriente literaria que crea mundos ambientados en una época donde la energía a vapor es usada con amplitud. Suele darse en el Siglo XIX y en la Inglaterra de la época victoriana. Por supuesto, aparecen tecnologías basadas en la realidad o en la invención literaria de los autores. Puede ser una ucronía (un mundo alternativo donde el desarrollo de la electrónica, los combustibles nucleares y fósiles, y otros avances tecnológicos nunca se dieron y fueron reemplazados por el uso del vapor y del combustible de carbón), pero también pueden ser historias ambientadas en el pasado victoriano, como ya dije. A veces el Steampunk se desarrolla en una etapa más temprana y hace uso de las computadoras, por lo que, a menudo se le asocia con otro subgénero de la ciencia ficción: el Cyberpunk. El Cyberpunk (cibernética punk) nos narra un mundo donde el desarrollo tecnológico es elevado en tanto que el nivel de vida humano es muy bajo. La ciencia es avanzada, así como la tecnología de la información y la cibernética. En esta corriente el orden social, así como el ser humano, se ven alterados (e incluso desintegrados) de una manera significativa.

Obras literarias que usted, lector, debería leer

Quizá el relato más emblemático sobre ingeniería mecánica aplicada a la ciencia ficción sea “Sally” de Isaac Asimov. Es increíble la capacidad de este escritor para poder humanizar robots y androides. Sally es un automatóvil (un automóvil con cerebro positrónico, un auto inteligente), el cual es protagonista de una extraordinaria aventura junto a su dueño, que adora este armatoste como si fuera una hija. Nótese al comenzar la lectura del relato cómo alaba las virtudes de la máquina, hasta el punto que el lector asume que se trata de una chica. Pero yendo más allá de este extraordinario cuento, he de recomendar todos los escritos y novelas sobre robots del doctor Asimov. Dichos cuentos de robots tienen su cumbre en “El hombre bicentenario”, ganador del premio Hugo (el más grande galardón que se puede otorgar a una obra de ciencia ficción en el mundo). Nos narra la extraordinaria historia de Andrew, un robot con cerebro positrónico que desea ser humano. Vemos la humanización de la máquina llevada al límite en esta obra maestra de la ciencia ficción. Dicho cuento sería novelado por Robert Silverberg como “El robot humano”. Apartémonos de Asimov, pero sigamos con los robots. Yo recomiendo leer los siguientes cuentos que ojalá puedan caer en sus manos, lector. Desde Brian W. Aldiss en “¿Quién puede reemplazar a un hombre?” (la confianza en el buen funcionamiento de las creaciones humanas), pasando por “El Twonky” de Henry Kuttner (la desconfianza que provocan dichas creaciones), hasta llegar a “Un «Logic» llamado Joe” de Murray Leinster (las máquinas sumergen a la humanidad en el caos). Recomiendo tres cuentos sobre robots en especial: “El cinturón de robot” de Yves Dermèze, “30 días tenía septiembre” de Robert F. Young y “Helen O'Loy” de Lester del Rey. Este último, una de las mejores historias de amor que haya podido concebirse dentro de la ciencia ficción. Tres cuentos indispensables para los amantes de la robótica. No podemos dejar de lado el terror, de modo que sugiero tres relatos más: “Coppelius”, también titulado: “El hombre de la arena” del genio E. T. A. Hoffman, un cuento del siglo XIX sobre una autómata diseñada por un siniestro personaje que logra embaucar a un pobre hombre. “El amo de Moxon” de Ambrose Bierce, un relato tétrico acerca de una bestia mecánica que se enfurece al perder una partida de ajedrez contra su amo... y lo asesina. “Casi humano” de Robert Bloch, el cual narra el proceso de aprendizaje de un hombre mecánico que va absorbiendo también la maldad que le rodea hasta convertirse en un ser diabólico. Robots hay por montones en la literatura. Disfrútenlos.

Philip K. Dick, genio de la literatura general, ha concebido varios cuentos ligados a la ingeniería mecánica. “La hormiga eléctrica”, por ejemplo, sobre un hombre que sufre un accidente y despierta aturdido en un hospital. Una vez allí se da cuenta de que le falta una mano. Luego, al quitarse las vendas que cubren la herida, percibe que en vez de hueso y sangre tiene ¡cables y circuitos! Entonces debe descubrir quién lo ha creado y para qué. Otros relatos notables son: “Impostor”, donde un hombre es acusado de ser en realidad una máquina-bomba alienígena que está a punto de destruir nuestro mundo (obviamente él cree que no, pero...) y “La segunda variedad”, sobre máquinas de guerra que van evolucionando en función de infiltrarse en las líneas enemigas. Pero quizá la obra más grande de Dick sea “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, sobre un futuro donde unos androides rebeldes deben ser destruidos por un cazador sin ley, hasta que éste se topa con los Nexus 6, cuyas diferencias con los seres humanos casi no pueden percibirse.

Revisemos algunas obras relacionadas al Steampunk. Tenemos a H. G. Wells, por ejemplo, y los terribles alienígenas mecánicos de “La guerra de los mundos” o a Julio Verne, con sus descripciones tecnológicas como el globo aerostático de “La vuelta al mundo en 80 días”, una grandiosa obra que, como todas las de Verne, es muy interesante de principio a fin, muy bien escrita y con personajes memorables. No por nada este genio daba a luz best-sellers sobre temas de anticipación tecnológica en una época en la que, por ejemplo, la televisión era solo un mito. Recomiendo dos novelas aparte de las dos mencionadas anteriormente: “Las puertas de Anubis” de Tim Powers y “La estación de la calle Perdido” de China Miéville. Esta última es una obra maestra y la recomiendo siempre que puedo. Se adquiere con mucha facilidad. Sugiero, además, un buen cuento del escritor español Domingo Santos: “Encima de las nubes”, sobre una ciudad flotante (en realidad una gran maquinaria) que divide a la clase alta (los que sobrevuelan la Tierra) de la clase baja (los que viven en el suelo). Dicho cuento hace recordar mucho a un relato más antiguo: “Babilonia del espacio” de Edmond Hamilton, que trata el mismo tema. Aquí un rebelde intenta sabotear la gran maquinaria que sostiene a un pueblo entero en el cielo. Aunque en ambos cuentos puede notarse al final la absorción del individuo por la maravilla tecnológica y el placentero modo de vida que promete. Dentro de las obras literarias peruanas podríamos incluir “Lima de aquí a cien años” (1843) de Julio M. Del Portillo.

Veamos ahora algunas obras que se pueden insertar dentro del Cyberpunk. Quizá la obra más representativa del cyberpunk peruano sea la novela “Mañana, las ratas” (1984), de José B. Adolph. Obra que se anticipó al “Neuromante” de William Gibson como iniciadora de este subgénero de la ciencia ficción. “Mañana, las ratas”, una magnífica narración, nos muestra un mundo dominado por la tecnología en el cual solo existen unos pocos privilegiados que pueden gozar de la misma y de sus placeres mientras la mayoría de la población es marginada hasta límites insospechados (“las ratas”, les llaman). Pero siempre el oprimido va a buscar rebelarse contra el sistema (una constante de este subgénero de la ciencia ficción). Un elemento de la ingeniería mecánica en esta obra son los helicópteros esféricos que son usados para el transporte de personas. Veamos otros ejemplos del cyberpunk en la literatura peruana: El joven escritor Luis Torres ha publicado en su blog algunos cuentos sobre un mecánico que se dedica a reparar androides femeninas, los cuentos se encuentran ambientados en una Lima del futuro. He de destacar: “Ramón, doctor corazón” y “Ramón en Colonna”, primer y segundo relato de la serie. Este autor publicó un cuento sobre el terrible uso que se le puede dar a la tecnología: “Transbordador” en la revista Argonautas 1. Hay dos cuentos del español Domingo Santos: “Un lugar llamado Tierra”, el cual narra un mundo donde la tecnología ha absorbido al hombre hasta el punto que el ser humano ha pasado a ser mero accesorio de la gran maquinaria. En esta pesadilla surge el último hombre desempleado de la Tierra que finalmente será absorbido por este terrible sistema. Y el otro cuento es “Grummy”, sobre un hombre que no puede extraer el producto que desea desde una máquina ¡expendedora de drogas! El autor nos habla de un mundo donde la droga es legal. La desconfianza hacía las máquinas vuelve a hacerse patente en este relato.

Entre las obras clásicas podemos encontrar las siguientes: “Cita con Rama” de Arthur C. Clarke, una de las mejores novelas de ciencia ficción dura de la historia. Trata sobre un asteroide que está a punto de impactar con la Tierra, pero en realidad es una nave alienígena a la cual intentan penetrar unos investigadores osados que descubren en ella una máquina perfecta que representa muchos misterios. Este libro es una joya, no dejen de leerlo. Además es muy fácil de conseguir. Otras novelas interesantes son: “Los viajes de Tuf” de George R. R. Martin, sobre un mercader independiente que se apropia de una maravillosa nave ecológica llamada “El arca”. “Mundo anillo” de Larry Niven, monumental obra que narra la existencia de una misteriosa estructura artificial en forma de aro que rodea a una estrella. “Tropas del espacio” de Robert A. Heinlein, sobre las vivencias del soldado John “Johnnie” Rico en la Infantería Móvil, un comando militar del futuro. En toda la obra se hace mención a máquinas sorprendentes, cápsulas de transporte, armas de ataque y defensa, etc. Todo esto en una época de guerra contra una amenaza alienígena cuya forma física se asemeja a los insectos (gigantes). Más allá de la polémica que esta obra haya podido alcanzar (por diversos motivos, necios en su mayoría), la recomiendo mucho. Es fácil también adquirirla. Otra obra de Heinlein que propongo es “Puerta al verano”, la historia de Dan Davis, un inventor de robots de uso doméstico que se ve envuelto en una extraordinaria aventura. Hay un relato de John Wyndham: “La rueda” y otro de Ray Bradbury: “La máquina voladora”, ambos sobre los peligros del progreso humano.

Revisemos más cuentos peruanos. Tenemos, por ejemplo, “Un hombre con tongo” de Héctor Velarde, obra ambientada en el año 2427, en la cual unas señoras van al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda para su desplazamiento. “El pequeño Frankenstein” de Yelinna Pulliti, una llamativa guía de cómo funciona un robot casero. Daniel Salvo tiene dos cuentos: “La carcocha”, en la cual un hombre que trabaja en un enorme ómnibus descubre que, en realidad, dicho vehículo es un Transformer dormido y “El ojo”, sobre un futuro donde los nanobots (máquinas microscópicas destinadas a curar enfermedades) experimentan con los seres humanos en lugar de que sea al revés. Harry Beleván tiene un relato titulado: “La máquina para combatir el desempleo y otras tonterías capitalistas”. El título lo dice todo. También existe en la literatura peruana una desconfianza hacia la tecnología. Los cuentos de Luis Freire, por ejemplo: “Asaltomático”, “¡Viva la heroica lucha de los bancomáticos liberados!” y “Su cajero automático lo saluda”, una trilogía sobre cajeros automáticos inteligentes que funcionan mal y hacen de las suyas. Están incluidos en su libro: “Humor”. Por otro lado, recomiendo leer un libro de Abraham Jara Támara: “Operación Cosmos”, donde utiliza la ingeniería mecánica para resolver problemas diversos. Otras obras que recomiendo son: “La fabulosa máquina del sueño” de José Donayre Hoefken y el cuento: “Inserte cuatro monedas de a sol, por favor” de Pedro Félix Novoa. En mi libro “Historias de ciencia ficción”, incluí dos cuentos relacionados al tema: “El problema del amor”, acerca de androides que satisfacen al hombre ante la ausencia de mujeres en el mundo y “La casa nave”, sobre la casa más maravillosa jamás diseñada.

La fantasía y el horror sobrenatural a veces se asocian también con la mecánica. “Camiones” de Stephen King es una versión moderna de “Sucedió mañana” de Robert Bloch. Nos narra un mundo en el cual las máquinas toman el poder y deciden eliminar al hombre... a menos que éstos se conviertan en sus esclavos. Está también la novela “Christine” del mismo King, una muestra detallada del mundo de la mecánica como ambientación para una historia de terror sobre un automóvil asesino.

Hay cuentos sobre ciudades inteligentes que recomiendo leer: “Casas de ensueños, pies de arcilla” de Robert Sheckley y “La ciudad solitaria” de Lee Harding. El tema es parecido en ambos relatos: la renuncia del hombre a un modo de vida tecnológico (y apabullante). Y narraciones sobre la mecánica aplicada fuera del planeta Tierra: “El ferrocarril en Cannis” de Colin Kapp y “El mecánico” de Harry Harrison. Ambos cuentos hablan sobre la gran capacidad humana para reparar máquinas en función de que los planes de sus dueños sigan adelante.

Como se puede apreciar, en la literatura así como en otras áreas de la expresión artística, se puede encontrar el uso de la ingeniería mecánica en pos de crear argumentos emocionantes y dignos de seguimiento. Este ha sido un fugaz panorama al respecto. Por supuesto, existen muchísimas obras literarias más que pueden ser revisadas por Usted. Ya le he dejado una base por la cual empezar y de la cual, espero, pueda empezar a leer ya mismo una parte. La lectura es básica para ejercitar la mente y la inteligencia. Para terminar le pido que recuerde siempre al buen doctor Isaac Asimov y... sus tres leyes de la robótica:

  • 1. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  • 2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera ley.
  • 3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.

¿Quién ha podido diseñar estas leyes universales sino un ingeniero mecánico con pluma de literato?


Lima, marzo de 2010


*Artículo escrito originalmente para el Grupo Ñawpaq.