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jueves, 4 de agosto de 2011

Horizontes de fantasía (Carlos E. Saldívar)

Nuestro habitual colaborador, casi co-redactor de Ciencia Ficción Perú, Carlos E. Saldívar, nos honra con el prólogo a su excelente libro de cuentos "Horizontes de fantasía", publicado en 2010. Con el iniciamos la nueva época de "Ciencia Ficción Perú", espero que les guste.








16 horizontes fantásticos (1)




A veces, la gente que me conoce me pregunta: ¿por qué escribo? ¿De dónde nacen esas ganas para contar hechos asombrosos o cotidianos? No encuentro respuesta para ambas cuestiones, simplemente les digo que escribir (que es un acto solitario) es para lo que sirvo. Las personas en general son buenas en algo y, la mayoría de veces, se desempeñan en ese algo. Hay personas que no sirven para nada, aunque ese es un tema que no viene a colación. De alguna manera, pienso que los seres humanos desarrollan habilidades a lo largo de su vida, pero a su vez, han nacido con ciertos caracteres que los hacen distintos de los demás seres y les proporcionan, también, la facilidad de hacer cosas que otros no podrían hacer tan bien como ellos. En mi caso escribir representa: hacer aquello en lo que soy bueno. Y lo hago siempre que puedo. Las energías nacen de la nada y dedico mucho tiempo y atención a esta actividad. Debo reconocer que para mí no representa un «trabajo», en todo el sentido de la palabra pues, a mis veintisiete años, nunca me han pagado por los cuentos que he publicado. Y no han sido pocos. Lo que deja constancia de que escribo porque amo hacerlo, porque, como decía ese genio que se llama Stephen King: «no hacerlo es suicida». Tampoco lo considero un hobbie. Muchos piensan que sólo escribo, que no ocupo mi tiempo en otra cosa. No es cierto, he trabajado toda mi vida, aún lo hago, y cuando llego a casa después de un día agotador, enciendo mi 486 (que ya se ha malogrado dos veces) de la época de los dinosaurios y pongo manos a la obra. Toda actividad solitaria implica un sacrificio; también, una gran satisfacción; he escrito a la fecha infinidad de relatos, algunas novelas (que espero publicar pronto, al menos un par de ellas), y he aprendido tanto durante estos años, que he tenido oportunidad de hasta dar clases. Como decía, escribir representa un sacrificio en un país donde publicar es casi una actividad insana. Sin embargo, una vez que se tiene el cuento entre manos, es como haber traído un hijo al mundo. No entendemos el cómo o el por qué, solo sabemos que es un fenómeno maravilloso.


Mi primer libro de cuentos lo publiqué en el año 2008. Era un pequeño texto de menos de cien páginas titulado: Historias de ciencia ficción, el cual recibió muy buenos comentarios por parte de los entendidos, aunque siempre se mantuvo dentro de un circuito restringido. Es un libro que significa mucho para mí pues me permitió exponer problemas teóricos y humanos que por ese entonces (y hasta hace poco) abarcaban mis pensamientos. Hubo cuentos agradables, lo sé. Algunos de ellos habían aparecido, o luego aparecieron, en revistas profesionales como Argonautas, editada por Jorge Luis Obando (y dirigida por su servidor) y Velero 25, dirigida por Víctor Pretell. Fue un libro que me permitió ingresar al mundo de la literatura por la puerta chica. He descubierto un mundo que se enlaza con mi propio universo. Creo que mi mundo interior se refleja en los cuentos que escribo. Conocerlo depende de usted, amable lector.


Nunca he sido bueno hablando de mí. Opino que todo lo que debe decirse sobre un cuento se encuentra en las palabras que conforman dicho texto. Lo demás sobra, sin embargo explicar la génesis de un relato o el contexto en el cual éste fue escrito resulta muy interesante. Ahí tenemos los cuentarios de Isaac Asimov, por ejemplo. Aunque no me agrada imitar a los demás. No escribo siguiendo modelos. Detesto mencionar, como otros lo hacen siempre, a los sumos pontífices de la literatura latinoamericana: García Márquez, Borges y Cortázar, aunque este trío me encanta y podrá, usted, notar la influencia de estos tres maestros en los cuentos que está a punto de leer. Pero no, no me gusta admitirlo. Porque, así como los tenemos a ellos, existen por lo menos un centenar de escritores a la par de buenos a los que nunca se les menciona. Ya nombré a algunos en la primera parte de mi exposición, ahora menciono a otro: Philip K. Dick. En su tiempo, un genio incomprendido; hoy, un buen modelo literario a seguir. Invito a los lectores a degustar sus cuentos. Pueden descargar su obra completa desde Internet. Yo lo hecho (sí, que las editoriales me demanden), gracias a la red he podido leer libros que nunca hubiera podido conseguir en papel, ya sea por el exceso de costos o porque, simplemente, no llegan a este lado del charco.


Hablemos de la ciencia ficción: escribirla es difícil, yo aún no sé como nombrarla: «ciencia ficción», «ciencia-ficción», «SF», «CF», «C-F», aunque eso no importa. Es un género bello. Hay que investigar mucho para lograr un relato de calidad. Mi nivel científico no es muy alto (tampoco es bajo), conozco datos que la mayoría no conoce, por ejemplo: que la «materia oscura» abunda en el universo y los científicos aún no saben qué diablos es. La ciencia ficción implica un trabajo duro, pero un buen cuento del género es un manjar para los que disfrutan de la lectura.


La lectura, ese es otro tema.


Quisiera confesar un pequeño secreto: me gusta escribir textos sencillos, textos que las personas que no están acostumbradas a leer puedan asimilar con facilidad. No puedo solucionar el problema de la no lectura, de la dislectura (leer y no comprender) o del analfabetismo, no obstante puedo aportar mi pequeño grano de arena creando cuentos que pueda disfrutar cualquier persona con un mínimo de criterio sobre la realidad... y sobre la irrealidad. Creo que prefiero escribir C-F, fantasía y terror; al menos del primer género he escrito y publicado muchos cuentos (varios de ellos en revistas profesionales), del segundo y tercer grupo sólo he publicado unos pocos relatos. Me gusta también el misterio y el realismo, ambos géneros forman parte de mi producción inédita a la fecha y espero que puedan formar parte de publicaciones futuras. Cuido mucho el lenguaje y el estilo, aunque no me considero un experto y ese trabajo se lo dejo al corrector, mas debo admitir, para esta entrega yo mismo he realizado la corrección estilística. La razón: el tiempo, no estaba seguro de publicar este libro, tenía otros dos listos, ambos de cuentos de horror que quizá no hubieran sido apropiados para los adolescentes. Por eso opté por reunir dieciséis cuentos de fantasía y ciencia ficción escritos entre 1997 y 2007, once años que representan mi mayor etapa de producción literaria.


No voy a extenderme mucho con esta introducción porque la ficción nos llama como sirenas cantando a un marinero, nada más quisiera hacer unos comentarios breves sobre los cuentos que forman parte de este volumen.


He reunido estos relatos, pensando, como dije, que este libro formará parte del plan lector de algunas escuelas y creo que mi elección de las narraciones en cuestión ha sido correcta. Algunos textos podrían resultar demasiado alucinantes, pero en ningún caso van a aburrirlo, lector. Y si usted es de los que sabe leer entre líneas, entonces disfrutará los cuentos aún más. Me pareció justo incluir textos que escribí siendo adolescente pues éstos serán leídos por adolescentes. Mi yo a la edad de quince años ya escribía cuentos y el hecho de que otro joven de quince o dieciséis años pueda leerlos hoy me llena de una curiosa sensación de diálogo más allá del tiempo. Son cuentos muy importantes para mí, fueron concebidos en diversas etapas de mi vida y muestran un desarrollo artístico agraciado.


«Una nueva historia» fue concebido en 1997, lo escribí en papel, al igual que muchos otros cuentitos, en un viejo cuaderno de colegio que por milagro he conservado (y desmenuzado).


«Rosado» es mi cuento favorito del libro, uno de los más breves y tal vez el más complejo, ojalá, lector, pueda comprender el sentido que subyace en sus líneas.


«El vaivén extraordinario» es uno de esos cuentos que denota mi temprano interés en lo fantástico y mi excesiva tendencia a liberar la imaginación las veinticuatro horas del día.


«La historia perfecta» fue concebido para un libro de Cuentos del depósito, sin embargo lo he extraído de ahí debido a su extensión y porque representa, quizá, mi propia búsqueda de un tesoro inalcanzable.


«Lo que el cuento nos contó» es uno de esos cuentitos muy breves que hablan sobre cuentos y que solía escribir de noche y muy inspirado.


«¡Estado de shock!» surgió como un ejercicio. Transformé en cuento un breve cómic, ubicado en las páginas de una historieta del Juez Dredd, por lo que aclaro: no es una idea original mía. Buscaba relacionar el mundo de la literatura con el de las historietas para encontrar puntos de ruptura y concatenación. Aún sigo en esos trotes, de momento el cuento resultante me ha gustado.


«Yo, estólido creyente» es también uno de esos cuentos escritos con un estilo que, por desgracia, he abandonado hace muchos años, debido a mi incesante búsqueda de un estilo literario novedoso y más completo. Por cierto, es uno de mis relatos «adolphianos».


«Una cosita muy, muy pequeña» es, tal vez, el cuento que más dialogue con mi primer libro, por la temática y la personificación de... pero no quiero adelantar el final.


«El elegido» fue publicado en la revista Cosmocápsula, número 1, en diciembre de 2009, una publicación virtual colombiana de ciencia ficción que concibió sus dos primeros números el año pasado. Agradezco a su equipo editorial por ayudarme con la revisión de este relato.


«Entelequia» fue publicado en la revista Argonautas, número 2, en enero de 2007. Pasó desapercibido en dicho volumen, por eso, lector, tiene usted la oportunidad de leer de nuevo esta especie de cuento de hadas... a la inversa.


«Recordando a Alma» es otro de esos cuentos escritos con un estilo antiguo, lleno de una sensibilidad ilimitada y que escribí para satisfacer mis propias apetencias, lo cual me agrada en demasía. Ah, y es ciencia ficción, no deje que lo engañen.


«Encarar» es un texto que representa un salto de un estilo a otro, creo que en 2005 maduré como escritor y fui capaz de desarrollar nuevas técnicas para confeccionar ficciones de largo aliento. Este relato se haya influenciado por todos los escritores que se encuentran mencionados en él. Estoy seguro que más de uno podrá identificarse con el simpático Jorge, quien se enamora de la adorable Rita mientras va padeciendo una inesperada metamorfosis facial. Lean el cuento y luego me comentan si les agradó. Por supuesto, hoy en día no sé si pueda ser capaz de escribir con ese estilo que tanto me gustaba. Es el año 2010 y he madurado mucho más.


«El tiempo del mestizo» fue publicado en la revista Velero 25, número 47, correspondiente al mes de octubre de 2007. Fue el primer cuento que me publicaron en una revista profesional y es mi segundo texto favorito en este libro. (2) La versión que aquí ofrezco es la definitiva.


«Eran felices», «Historia de Tábata» y «El corazón de Nanu» fueron escritos durante un largo y sobrecogedor viaje que realicé entre fines de enero y mediados de abril de 2007. Escribí los cuentos de manera seguida, de modo que los pongo en el libro como si fueran uno solo, o parte de un mismo todo.


«Eran felices» fue escrito para un concurso al cual nunca fue enviado. Lo reelaboré en el taller internacional de creación literaria Los forjadores, donde me dieron aportes muy valiosos para poder mejorar el texto. Estoy seguro que ha quedado bien.


«Historia de Tábata» y «El corazón de Nanu» representan esa predilección por la fantasía y lo romántico que espero no dejar de lado jamás.


Amable lector, le pido ahora que disfrute de cada uno de estos cuentos. Habrá algunos que le gustarán mucho, estoy seguro. No le voy a pedir que me escriba comentarios positivos o negativos a mi correo electrónico, aunque puede hacerlo si gusta. Su interés es muy importante para mí en pos de seguir produciendo cuentos de este calibre (o mejores). No puede haber escritor sin lector y, en mi humilde opinión, es usted quien hace a un escritor.


Hasta una nueva entrega. Sé que vendrán muchas otras en el futuro. Porque tendremos un futuro por el cual esperar. Éste depende nosotros, de nuestro sentido de la moral e imaginación.





Carlos Enrique Saldivar (Lima, febrero de 2010).





(1) Este texto es el prólogo que escribí para mi segundo libro de cuentos, Horizontes de fantasía, publicado en el año 2010.



2) Descarto cuentos míos publicados en mi propia revista pues en aquel tiempo no era profesional. Con la publicación del número 4 de Argonautas en 2009, las cosas han cambiado.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Horizontes de fantasía (Carlos E. Saldívar)




Horizontes de fantasía

Carlos E. Saldívar


Reseña de: Jack Flores Vega


¿La Fantasía como personaje central? ¿La Fantasía como eje temático? Es a lo que parece apostar este libro de relatos que engloba las posibilidades y las variedades de este recurso del que se vale todo aquel que hace arte con la palabra. Desde el Mahabarata o el Ramayama hasta los cuentos de Andersen y Cortázar, la fantasía ha dado muestras de ser maleable y moldeable a la sensibilidad del creador. Quizás poco se ha hablado —y comparado— de la fantasía desmesurada del Ramayana o la fantasía conmovedora de Andersen o la fantasía perturbadora de Cortázar o Borges. El estudio sería interesante. Y es que el libro Horizontes de Fantasía de Carlos Saldívar, compuesto de 16 relatos tiene en común algo sobresaliente: la fantasía. Una fantasía sui generis; la puerta entra por la ventana o la ventana sale por la puerta, el robot no es robot sino otro ser, el narrador del cuento se mete en el cuento y solo así puede darle el final deseado; un toro aparece sentado frente a la ventana del narrador que está en su cuarto; un hombre que al entrar al mar ve sus piernas convertida en cola de pez; un cuento que cuenta su historia, etc. ¿Cómo catalogar la fantasía de Carlos Saldívar? Quizás si nos aproximamos a una teoría de lo fantástico podemos ir rodeándola y encontrarles un lugar. Tzvetan Todorov, conocido estudioso del género, diferencia tres categorías dentro de la ficción no realista: lo maravilloso, lo insólito y lo fantástico. Según él si el fenómeno se explica al final de forma racional estamos en lo insólito, si no se explica estamos en lo maravilloso, y aquí le da lugar a los cuentos de hadas, de brujas, etc. Pero lo fantástico, para Todorov, viene a caber entre lo insólito y lo maravilloso. Es la duda, dice, entre una explicación racional e irracional. Lo fantástico vendría a ser el tiempo de incertidumbre hasta que el lector opte por una de ellas. Si nos valemos de esta teoría, habría que poner la fantasía de Saldívar en lo maravilloso… hasta encontrar una explicación racional. Una muestra: el relato Una nueva historia trata del narrador que empieza a contar una historia de niños que lloran. Ellos se alejan de sus hogares por el campo y al caer la noche ya no pueden regresar; los niños empiezan a llorar. La luna se compadece de ellos y los hace dormir. El sol, al amanecer, les ayuda a encontrar el camino. Los niños llegan a su hogar, solo que al buscar a sus padres no los encuentran: solo hay unos ancianos que no los reconocen. Los niños vuelven a llorar. Había pasado mucho tiempo. Todo era diferente. El relato, se podría pensar, que es un típico cuento de hadas, pero no lo es; no tiene el tono ni las características de un cuento lúdico, sino versa, mas bien, sobre el tiempo… y la fantasía; la fantasía que en otros relatos es mucho más compleja. Por eso, tal vez sea necesaria otra lectura —y otra teoría— para captar las distintas miradas de lo maravillo que hay en los relatos de Horizontes de Fantasía de Carlos Saldívar. El reto está lanzado. Leámoslo.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Revista Tinta Expresa N° 4 (Carlos E. Saldívar)







Tinta Expresa. Revista de Literatura.

Lima, 2010, año 4, n° 4, 276 pp.

A veces, las esperas largas prometen la llegada de un producto óptimo, deslumbrante, cuya calidad aliviana los sentidos y cuya exigencia a la hora de ser concebida se muestra patente en cada uno de sus rincones. Si se trata de un texto literario, dicha espera resulta aún más gratificante. Hablamos de la revista Tinta Expresa 4, loable esfuerzo de los egresados de la UNMSM, aunque no solo de ellos, también es justo reconocer la labor de los estudiantes y egresados de otros lares, de profesores, escritores y animosos impulsadores de la cultura en nuestro poco agraciado, aunque emprendedor país. Como director de la revista Argonautas, de fantasía, misterio y ciencia ficción, (que nació en el 2006 y a la fecha cuenta con cuatro números) puedo asegurar con vehemencia que lanzar una revista de literatura en el Perú es una tarea muy difícil. Existen barreras que van desde las económicas hasta las intelectuales. No es que publicar una revista sea cuestión de dinero y cerebro, pero a veces es necesario invertir para poder (en el mejor de los casos) recuperar dicha ganancia y reinvertirla así en futuros números. Pasando a la cuestión intelectual: los directores de las revistas (en este caso suelen ser los que dirigen al grupo) deben tener una visión amplia para poder organizar el material de dicha publicación, organizar al equipo que trabaja en ella (con armonía profesional siempre), para poder colocar y mover dicha publicación en el mercado y así ofrecer a los lectores un producto acabado que los haga sentir satisfechos de la adquisición hecha. Una revista literaria conlleva un enorme esfuerzo por el aporte intelectual puesto en ella, el tiempo invertido (que a su vez, se reinvertirá como tiempo de lectura por parte de los receptores). Sin embargo, como dije, no es solo un asunto de dinero e intelecto. Las razones para concebir una revista van más allá de cualquier mentalidad convencional. Es decir, nos adentramos en un terreno que tiene que ver con lo esencial Es un asunto de fe, digamos. Una apuesta por culturizar, por remover cimientos y dar a conocer una voz —en la mayoría de los casos— que merece ser oída. Una revista literaria, en este caso, es cultura impresa. Saber condensado. Inteligencia física. La celebrada escritora norteamericana Joyce Carol Oates escribió alguna vez: “Iniciar una revista literaria no es aventura para pusilánimes o para quienes se desalientan con facilidad”. Y en el mismo artículo (“Lamento informarle” [2010]) nos cuenta que al preguntarle a su esposo por las razones para expandir una pequeña revista que habían editado juntos éste responde que es por una “arriesgada mezcla de idealismo y masoquismo”. Me parece una respuesta acertada.
En este instante usted pensará que divago... No desespere, ya llego al punto.
Si publicar una revista de Literatura en Estados Unidos es una odisea de valientes (personas ultraidealistas que confían en el buen uso de la razón humana, al mismo tiempo que se hallan al borde de la insania), imagine usted lo difícil que es publicar una revista literaria en Perú. Casi tanto como conseguir lectores para la misma. Vayamos más lejos, imagine ahora lo osado que debe ser para un grupo de intelectuales publicar una revista literaria de temática fantástica. Bueno, quizá no puedan imaginarlo. Yo no necesito hacerlo pues yo mismo publico una revista de fantasía, misterio y ciencia ficción, es decir, yo vivo aquello que ustedes intentan concebir en sus mentes sensatas. Y por eso, por vivir la digna locura de dar a luz una vez al año una publicación de temática fantástica, soy quien más celebra la aparición de la revista Tinta Expresa 4, un volumen dedicado a la literatura fantástica, a la ciencia ficción y al recordado escritor José B. Adolph, quien nos dejó en el año 2008 y, al mismo tiempo, nos cedió un respetable legado literario que poco a poco va copando nuestro imaginario cultural.
Ya había tenido oportunidad de leer los números 2 y 3 de esta soberbia publicación. El número 2 de Tinta Expresa estuvo dedicado al fallecido poeta Jorge Eduardo Eielson, de quien se publicó una entrevista inédita. El número 3, más que recomendable, estuvo dedicado a las literaturas andinas, lo cual fue un aporte necesario y brillante. En mi caso, quedé satisfecho, sobre todo por la perfección de la sección creativa en dichos volúmenes.
En este nuevo número el equipo editorial de Tinta Expresa realiza una apuesta nueva (que muy pocos añorarían ganar), pero que llama la atención desde un primer momento. Y es aquí, amables lectores, cuando nos adentramos a esta sólida publicación cuya portada, diagramación y edición resultan encomiables sobremanera.
La revista se divide en cuatro partes, una metodología clásica usada por algunas publicaciones extranjeras y de la cual han hecho uso, por ejemplo, Ajos y Zafiros, Nudos y Laberintos y En la sala de espera, por mencionar algunas. Para que esta amplia (aunque no meticulosa) reseña luzca ordenada comentaré cada sección por separado:

Tenemos primero la sección Castillo de naipes, que contiene todos los textos de estudio que no corresponden al tema central de la revista. Aquí tenemos:
“La narrativa del cincuenta y el proceso de modernización de la crítica literaria peruana” por Carlos García Miranda, una certera aproximación a los tipos de crítica (estilística, histórica y sociológica) desarrollados a partir de una fascinante etapa de producción literaria en el Perú.
“La visión estética del mundo en La ciudad de los tísicos de Abraham Valdelomar” por Néstor Saavedra Muñoz, una sucinta mirada a esta preciosa obra de Valdelomar, a partir de los lineamientos teóricos del estructuralismo de Goldmann, diciéndolo de otra manera: ¿Cómo se puede ver el mundo a partir de esta notable novela corta? El ensayo de este joven académico nos brinda una respuesta.
“Tod Browning, un director freak” por Javier de Taboada. Este imperdible artículo tiene innumerables virtudes y un solo defecto: es demasiado breve. La vida de Tod Browning, director de la célebre (y, a la vez, polémica) película “Freaks” puede ser tan emocionante como cualquiera de sus cintas. Muy pocos saben que este realizador también dio a luz otra cinta clásica como “Drácula” (con Bela Lugosi). Recomiendo ampliamente la lectura de este artículo y la revisión de otros estudios o vistazos a la obra de Browning, un maestro en su tiempo... y en todos los tiempos.
“Tom de Finlandia: cuatro miradas en torno a los roles de género” de Arturo Córdova Ramírez. Este ensayo realiza un análisis de la imagen en las viñetas mencionadas en el título creadas por Touko Laaksonen en los años cincuenta del siglo pasado. Trabajo muy necesario en cuanto a la complejidad textual que encierran dichas viñetas a partir de una visión, a primera vista, de simple sexualidad.
“Una mirada al teatro peruano contemporáneo” por Mirella Merly Quispe Ramos. Este texto, precioso, sincero y bien escrito nos invita a una inmediata reflexión en torno a la realidad del teatro en el Perú. Pero no solo debemos lanzar una mirada al teatro como fenómeno cultural y social, es necesario también contemplar la realidad del actor. Me cautiva la idea de que la autora extienda su análisis en futuras entregas o, al menos, alguien más tome la posta. La conclusión del artículo, felizmente, resulta esperanzadora.
“Los textos híbridos no pueden formar una tradición: entrevista a Martin Lienhard”. Interesante rueda de preguntas realizada por Eduardo Huaytán y Edwin Canaza al notable profesor de Literatura Martín Lienhard que trata de resolver algunas cuestiones respecto de los discursos orales, por ejemplo, su importancia en pos de descubrir la verdad tras ciertos hechos oscuros acaecidos en una etapa de violencia política en el país. Dicha entrevista, presumo, es parte de un trabajo más amplio pues he visto ensayos de igual concepción en números anteriores de la revista. Sugeriría ampliar dicho tema con la opinión de otros especialistas. Podría abordarse quizá el siguiente el asunto: La verosimilitud de los discursos orales en el Perú y en América.

La segunda parte de la revista se titula Epicentro y está conformada por los trabajos que se relacionan de manera directa con el tópico central de la revista. Aquí tenemos:
“Lo inverosímil y lo femenino en María Soledad Quiroga y Elena Garro” por Mara L. García. Un ensayo muy breve, pero que de inmediato teoriza acerca de “lo fantástico”, brindando pautas importantes respecto de éste proceso intratextual. De esta manera la académica analiza algunos textos de la autora María S. Quiroga, fascinantes (y de obligatoria lectura) como “La vasija” e “Islas”. Misma labor realiza con respecto a la escritora mexicana Elena Garro, descubre así “lo fantástico” dentro de su texto: “¿Qué hora es...”. Al final se concluye que el proceso fantástico se da en función de mostrar, primero, el mundo interno femenino, romper luego dicha realidad y, finalmente, liberar a la mujer del espacio cotidiano en el cual ha encontrado incomodidad.
“Apuntes sobre narrador no confiable en Los ojos de Lina”. Por José Guich Rodríguez. El notable escritor y académico nos prueba, a partir de algunas observaciones hechas por Harry Belevan (Antología del cuento fantástico peruano, 1975), que el cuento de Palma es fantástico. Y todo esto lo consigue analizando al narrador del texto. De esta manera se nos brinda un aporte más acerca de este inagotable relato, uno de los mejores de la literatura peruana del siglo XX.
“El enigma de las cajas chinas o la progresión del yo en dos cuentos de Felipe Buendía: El baúl y El extraño caso de los Sres. Levi” por Gonzalo Portals Zubiate. Hablando de los mejores cuentos peruanos del siglo XX, Portals Zubiate reivindica al (hoy poco recordado) escritor Felipe Buendía, analizando un cuento célebre suyo: “El baúl”. A la par se ocupa de un texto menos conocido: “El extraño caso de los señores Levi”. Éste resulta ser, quizá, el aporte más necesario de la revista. Se reclaman más estudios acerca de Buendía, un importante escritor de la generación del cincuenta.
“Lecturas de la ficción cyberpunk brasileña: un análisis de reseñas y críticas” por Rodolfo Rorato Londero. El cyberpunk es un subgénero de la ciencia ficción que nos narra un mundo alternativo en el cual el desarrollo tecnológico se disparó hasta límites insospechados en tanto la calidad de vida se degradó, el planeta está gobernado por corporaciones y multinacionales, etc. Muy pocos sabían que esta vertiente de la C-F había sido trabajada en Brasil. Rodolfo Rorato Londero nos brinda un mapa de cuentos y novelas, mostrándonos que, además de André Carneiro, hubo otros autores, muchos otros.
“Las narrativas mitológicas y su estatuto dialéctico en El último fauno y otros cuentos de Clemente Palma” por Eduardo Huaytán Martínez. Un inteligente ensayo acerca de uno de los mejores cuentos del maestro Palma, esta vez ahondando en un aspecto insoslayable: su simbolismo.
“La cf latinoamericana y José B. Adolph” por Bernard Goorden. No resulta increíble para los seguidores del respetado escritor José B. Adolph, descubrir que mantuvo contacto con filones de la C-F mundial como A. E. Van Vogt y Bernard Goorden. Este segundo nos brinda en el presente artículo algunos datos sobre su relación con uno de los mejores escritores peruanos de los últimos tiempos.
“José B. Adolph y la Edad de Oro de la ciencia ficción peruana” por Daniel Salvo. ¿La ciencia ficción peruana tuvo una etapa dorada? ¿Cómo, cuándo y por qué? Son algunas de las interrogantes que el escritor y estudioso literario Daniel Salvo pretende responder en este interesantísimo (no exagero, el autor tiene una prosa que engancha) artículo. Cabe decir que estoy totalmente de acuerdo con la postura del autor. Salvo ubica además a José B. Adolph dentro de esa nostálgica época y, por último, comenta los libros del escritor que contienen relatos de ciencia ficción.
“José B. Adolph: la anticipación tecnopolítica como instrumento de subversión intelectual” por Alfredo Illescas. Un sesudo ensayo que bien podría ser una pequeña tesis. Uno de los mejores trabajos del libro, aunque es necesario leerlo con mucho detenimiento. ¿Adolph era un escritor político? Sí, lo era, y en todo el sentido artístico de la palabra. Illescas lo demuestra en el presente estudio.
“Eros y Tánatos en Diario del sótano (1996) de José B. Adolph” por Juan R. Cuya Nina. El amor y la muerte, quizá dos de los temas preferidos del célebre escritor, son tratados aquí por Cuya Nina a partir de un extraordinario libro de cuentos.
“Dossier José B. Adolph (presentación, selección de textos y documentos)” por Elton Honores. Un trabajo memorable que recopila los primeros textos del reconocido autor. Una investigación profunda que nos brinda un preciso acercamiento a la obra de José B. Adolph. Se nos da alcances muy valiosos acerca de la primera etapa creativa del escritor, datos acerca de lo que pudo publicar en el extranjero y sobre lo que ha publicado, pero aún no ha sido reunido en un libro. También se muestran algunos artículos breves e ingeniosos como: “Best-Sellers a mí” (Publicado en Caretas. Febrero 5 de 2004, p.73) donde el autor cuestiona al polémico Harold Bloom, al mismo tiempo que demuestra su admiración por uno de los más grandes genios literarios de nuestro tiempo: Stephen King. Cabe distinguir aquí la excepcional labor de Elton Honores, responsable de este apartado. De colección.

Llegamos así a mi sección favorita, Nómade Verba, la cual contiene los textos de creación, esta vez ligados todos ellos a la temática fantástica, objeto de interés de la publicación. Es posible disfrutar de poemas muy logrados como “Deuda” y “Mitología” de José Cabrera que poseen un llamativo universo onírico. Además tenemos “Dom. 10 de agosto” y “Dom. 19 de octubre” de Melissa Ghessi, que poseen un tono más íntimo respecto del resto del conjunto, aunque no por ello resultan menos inquietantes. “IV”, “VI” y “VII” de Yamila Greco son poemas que proponen una melodía gótica que, a pesar de sus frases tétricas, se mantienen en un nivel ecuánime. Aquí alzo la voz de protesta. Ojalá para una próxima oportunidad se animen a publicar más poesía. Existen muchos poetas cuyas constantes con la fantasía son abundantes.


Pasamos ahora a la sección narrativa:
“Brevísima crónica de la transformación de una hembra humana en una santa sobrehumana, narrada con intención edificante por el licenciado Octavio Honorato de Cubas y Caro en el último mes de 1801 y rescatada del olvido de la Biblioteca Nacional en el año en curso” de César Silva Santisteban. El título, largo como es, parece explicarnos de qué trata el texto, sin embargo no es lo que usted imagina. Uno de los personajes mas famosos de nuestra historia (hay un día dedicado a ella) es retratado de manera poco habitual por un escritor que sabe como contar un relato de modo casi perfecto.
“Duérmete, niño” de Stuart Flores Herrera presenta un cuento de estilo más poético, lo cual conlleva a prestar atención plena a las palabras que guardan dentro de sí un recóndito misterio.
“Los pinos transparentes” de Pedro Espinoza es un texto que contiene una enorme carga simbólica y sentimental, la cual nos dirige a una breve meditación.
“Variaciones dentro del tranvía” y “Decepción” son dos buenos textos de Ricardo Sumalavia. El primero de ellos se divide en tres partes y muestra uno de aquellos “juegos de realidad” tan patentes en los cuentos brevísimos de hoy en día.
“Un señor muy lindo con unas alas deformes” del respetable narrador arequipeño Pablo Nicoli Segura es un texto ciento por ciento fantástico que muestra las virtudes de este creciente autor que se ha especializado en la fantasía y la ciencia ficción.
A mi juicio, la mejor narración de la revista es “El aparato” de Carlos Calderón Fajardo, una metáfora acerca del desamor, la tecnología y la añoranza de un pasado bello que ha quedado atrás, mermado tal vez por la vejez y la imposibilidad de seguir soñando. El último párrafo del cuento es lo mejor que he leído en mucho tiempo.
“Receta de Igor para fabricar personajes” de José Donayre es un cuento que se centra en este personaje de la literatura gótica, poco conocido. Texto brevísimo cuya idea, en esta ocasión, podría extenderse hasta llegar, incluso, a una novela corta.
Carlos Meneses nos brinda con “Fotógrafo impertinente” otro texto contundente. En su apabullante brevedad logra confeccionar un sorprendente final de ciencia ficción.
“Ladridos” y “Hay mitos” son dos ficciones brevísimas de vuestro servidor, Carlos Enrique Saldivar.
“Entre pisos” de Raúl Quiroz es un logrado relato de presencias que habitan en un edificio. Está narrado de un modo atípico, cual si fuera un pequeño guión radiofónico.
No podía faltar en el conjunto un cuento que remita a una leyenda rural, así tenemos “El campanero” de Gregorio Torres cuyo desenlace resulta sorprendente.

La última sección de la revista se titula Varía, aquí se incluyen las reseñas de algunos libros que merecen ser tomados en cuenta por los lectores (por ejemplo “El hilo negro”, gran texto de Carlos López Degregori o “La joven que subió al cielo”, llamativa novela corta de Luis Nieto Degregori). Me incomoda cometer la audacia de analizar un apartado en el cual se comentan, a su vez, textos de otras personas; no obstante quisiera hacer un par de observaciones acerca de dos reseñas.
La primera alude al comentario de “Entre el cielo y el suelo” de Lorenzo Elguero. El autor de la reseña realiza una buena labor, describiendo la estructura del libro y emitiendo críticas que vienen a colación, sin embargo, al finalizar su discurso, nos dice lo siguiente: “Entre el cielo y el suelo parece estar dirigido a un lector ideal sin muchas exigencias, y a lo mejor ingenuo, acostumbrado a las novelas ligeras que proliferan en la actualidad. Este quizá sea su principal desacierto” (pp. 260). Es decir, el reseñador nos advierte que un texto de lectura fácil —o que no exige un lector entrenado— resulta ser de una calidad inferior a textos más elaborados en materia lingüística. No estoy de acuerdo. A veces la sencillez en el arte puede mostrarnos con más claridad el camino que debemos seguir para adentrarnos en el corazón de la historia. El argumento y el desarrollo de los personajes también son vitales para lograr la funcionalidad de la novela, no solo el lenguaje. Este comentario que hago es, desde luego, muy personal y puede ser sometido a un intenso debate en el futuro. Sin embargo, me mantengo firme en mi convicción acerca del equívoco en que incurre el reseñista al mostrar una opinión personal suya (escapándose del tema central: el libro reseñado) como si fuera la verdad y desmereciendo con ello el valor de su comentario global.
El segundo punto es con respecto a la reseña de “Bombardero” de César Gutiérrez, hecha por Daniel Carrillo Jara. Me hubiera gustado que el reseñista emitiese algún juicio acerca de la valía del (¿poema?, ¿texto experimental?) e indicara si es necesario leer el libro o prescindir de éste ya que sólo se limita a describir el contenido del libro (de manera apropiada desde luego). El autor del comentario, de modo poco ortodoxo, nos dice lo siguiente: “Al final de la lectura, uno debe preguntarse si Bombardero de César Gutiérrez es el libro que todos los comentarios dicen que es. Solo una lectura atenta permitirá responder esta pregunta” (pp. 265). Pues... ¿Acaso el reseñista no ha leído atentamente el libro? Sí lo ha hecho, desde luego. Pero si él no puede responder su propio cuestionamiento, menos podrá hacerlo alguien que se encuentra al otro lado de la reseña. El texto revisado es tan amplio de páginas que un comentario sobre él desmerece la incertidumbre. Hubiera sido grato que el autor responda a la pregunta que él mismo plantea, que emita algún juicio, diciéndonos si la obra le gustó o no y si resulta de verdad recomendable para los lectores que buscan buena literatura. Una reseña neutral no tiene mucha valía y, en todo caso, resulta prescindible.

Concluyendo, felicito a los miembros del comité editorial. Me he percatado de que son varios y algunos de ellos —como Elton Honores— son notables estudiosos de la Literatura. Tinta Expresa resulta ser, tal vez, la revista más importante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos hoy en día. Me han avisado que el número 5 está en proceso de concepción, noticia que me alegra mucho. Brindo mis mejores deseos a los jóvenes encargados de esta publicación, rogando que se produzcan al menos cien números más en el futuro. Proyectos profesionales como éste nacen gracias al apoyo de los lectores constantes, ellos son los que hacen válido el trabajo realizado. Además, resalto la importancia del cuaderno debido al breve, aunque preciso, recorrido que se hace sobre la literatura fantástica y de ciencia ficción, géneros que hoy por hoy están calando a profundidad en nuestro imaginario cultural. Como nota final, recalco que este ejemplar es imprescindible por contener un soberbio homenaje al notable escritor José B. Adolph. Estoy seguro de que en unos años este volumen será muy buscado por los investigadores literarios. Los aficionados a la literatura de la imaginación ya tienen a su alcance un soberbio texto, el cual es una muestra perfecta de las joyas preciosas que se vienen puliendo dentro del circuito literario nacional.

Carlos Enrique Saldivar


Nota: Los interesados pueden visitar la página web de la revista y ver su índice:
http://tintaexpresa.site90.net/


Lima, mayo de 2010

domingo, 7 de noviembre de 2010

¿Por qué promuevo la ciencia ficción en el Perú? (Carlos E. Saldívar)



¿Por qué promuevo la ciencia ficción en el Perú?



(Carlos Enrique Saldívar)


Nunca me he puesto a pensar en ello seriamente. Creo que para mí es algo natural, como leer o escribir. ¿Por qué promover precisamente la ciencia ficción en nuestro magullado país? ¿Por qué no promover otros géneros como el policial o el terror que en nuestra sociedad podrían tener una mayor aceptación? Bueno, de algún modo difundo también estos dos géneros en mi revista Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción, editada en papel. Pero volviendo a la pregunta esencial, podría dar «la gran respuesta» y librarme de infinitas reflexiones: porque si yo no lo hago, quién lo va a hacer. Este palabreo no es justo pues, así como yo, existen varios peruanos que son constantes e importantes difusores del género fantástico y la C-F en nuestro país: Daniel Salvo, administrador del blog Ciencia Ficción Perú, Víctor Pretell, director de la revista virtual Velero 25 (que junto a la gente de Coyllur, viene editando desde 2003), José Güich Rodríguez, conocido escritor de ficciones fantásticas y especulativas, Elton Honores, notable estudioso de estos géneros tan deliciosos, entre otras respetadas personalidades. De modo que no soy el único y podría responder a la pregunta básica de esta manera: promuevo la ciencia ficción en el Perú porque no estoy solo en esta encomiable labor, porque me encanta leer ciencia ficción y, aunque he repasado todos los demás géneros literarios una y otra vez, siempre retorno a la C-F. Porque la ciencia ficción es un género hermoso, inteligente, lleno de habilidad e imaginación. La C-F ha sido el género del siglo XX, no lo olvidemos. Promuevo la ciencia ficción en el Perú porque me gusta escribir ciencia ficción, me siento cómodo haciéndolo, feliz, puedo extrapolar las ideas más alucinantes y desarrollarlas con gracia e, incluso, consigo entretener al lector. Es un género que exige una preparación científica previa, claro, pero el escritor debe chambear, ¿o no? Solo así se consigue un producto de calidad en un país donde prima la cantidad. Promuevo la ciencia ficción porque es emocionante, interesante y está en todas partes: en el cine, en los cómics, en las canciones, en los videojuegos, en la realidad que vivimos día a día, somos parte de los cuentos que se narraban antaño y entramos a formar parte de un nuevo mundo donde la tecnología alcanzará metas insospechadas, de las cuales, espero, formemos parte los seres humanos. Porque la ciencia ficción es un género inagotable, ¿acaso un día podremos establecer contacto con un alien, visitar otros planetas, caer dentro de un agujero negro, descubrir de que está hecha la materia oscura, el alma, la esencia de Dios? Promuevo la C-F porque puedo tratar los problemas más antiquísimos a modo de cuento de hadas. Porque puedo criticar las ideologías, los gobiernos, a los seres humanos, sin caer en el facilismo de la mera exposición, sino en la complejidad de la obra de arte simbólica y, a la vez, contundente. Porque confío en el futuro y al mismo tiempo desconfío del porvenir. Porque siempre he tenido en mente que la ciencia hace al hombre y la fe, a la raza humana. Porque mi vida está ligada a la C-F, porque yo soy ciencia ficción, soy increíble, improbable. Porque vivo pensando en lo que vendrá dentro de cinco minutos. Porque mientras más escribamos y más leamos C-F, tendremos una mínima oportunidad de no sumirnos en la ignorancia y el olvido. Esa es la razón, queridos amigos, por la cual promuevo la ciencia ficción en el Perú.

Lima, febrero de 2010

Publicado originalmente en la revista Literalgia, número 3.

Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Bachiller en Literatura por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Narrador y poeta. Se dedica a la escritura de relatos de diverso género con predominio de la fantasía, el horror y la ciencia ficción. Es director de la revista impresa Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción que nació en noviembre de 2006. Ha publicado relatos en la revista Argonautas. También ha publicado cuentos en la revista virtual Velero 25 y en la página Ciencia Ficción Perú. Ha publicado los libros Historias de ciencia ficción y Horizontes de fantasía y prepara las ediciones de nuevas revistas vinculadas al campo de lo fantástico.