sábado, 10 de septiembre de 2011

La medida del mundo (Denis Guedj)



La medida del mundo podría describirse como un libro de ciencia y ficción. De hecho, la ciencia y la ficción se dan de la mano con la historia.
Ambientada en la convulsa Francia de la revolución, entre los siglos XVIII y XIX, con Luis XVI recién decapitado, nos ofrece un cuadro bastante realista (mal que les pese a los detractores de la ficción histórica) de lo que significa el dedicar la vida a la ciencia, es decir, es una novela protagonizada por científicos reales, no por ilustraciones de cartón piedra.
No es que el autor caiga en la burda trampa del "los científicos también son seres humanos" y que por ende haya que acercarlos al público exhibiendo su lado humano. Es decir, mostrar cómo Einstein era distraído, cómo se enamoraron los Curie o puerilidades de ese tipo. Al contrario, Denis Guedj (1940-2010) ha elaborado una novela en torno a "seres humanos que son científicos".
Como humanos, pues, el astrónomo y geógrafo Pierre Méchain, junto con el también astrónomo y matemático Jean Baptiste Delambre, fueron los encargados de determinar el valor exacto nada menos que del metro patrón (sí, el que usamos ahora, el de cien centímetros), están expuestos a las vicisitudes propias de tal condición, así como a las limitaciones y posibilidades del tiempo que les tocó vivir. De contar con el apoyo del rey para su empresa, resultan sospechosos de monarquistas ante las nuevas autoridades. De ser considerados ilustres hombres de ciencia en la corte, la academia y el parlamento, pasar a ser casi linchados por campesinos que ven en sus instrumentos y actitudes las de enemigos o brujos. Además, siempre está el riesgo de la política,   cuyos vaivenes podrían llevarlos a la gloria científica o a la guillotina.
Y sin embargo... qué fascinantes resultan sus personalidades "de científicos", esa pasión, esa obsesión con el saber que es su vida. Y es ahí que el lector encuentra el punto de contacto, la empatía con los personajes, que viven aquello que nuestra dizque postmodernidad pretende tirar al desván de las cosas usadas e inútiles: la curiosidad, el sueño de la Ilustración de poner al alcance de la mano de todos los seres humanos el conocimiento necesario para llevar la mejor vida posible.
¿Qué necesidad había de medir el mundo? ¿Para qué hubo que "inventar" el metro, el kilogramo y otras unidades de medida? En pocas líneas, el autor nos muestra el panorama de la época: de una región a otra, los valores y los nombres de las unidades de medida variaban sin ton ni son, lo que dificultaba tanto el comercio como cualquier intento de instrucción pública al respecto. Frente al desorden, que además encarnaba el tiempo pasado que se quería borrar, se propuso el orden en el sistema de medidas. Así como los departamentos y distritos reemplazaron a provincias y condados, así como la costumbre fue reemplazada por los Códigos en cuanto a fuente de derecho; la diversidad en las medidas sería reemplazada por un sistema único, "para todos los hombres, para todos los tiempos", como lo expresó otro creyente en el progreso de la humanidad, el ilustrado Condorcet.
Así, se planteó que la unidad de medida universal - el metro, del griego "metrón=medida" - debía basarse en   una medición objetiva, no ligada a ninguna nación (a pesar de esta propuesta de alcance universal, Inglaterra no se plegó al proyecto). En 1791, la Asamblea nacional adoptó el cuarto de meridiano terrestre como base del nuevo sistema de medidas, y la diezmillonésima parte de esa longitud, la medida usual, el metro. Y para determinar tales medidas, bastaba medir un arco de dicho meridiano, convenientemente situado entre Dunkerke en Francia y Barcelona en España.
Visto así, parece una empresa fácil y árida en sus implicancias (hacer mediciones...). Pero lo que tuvieron que hacer Méchain y Delambre para llevarla a cabo constituye una de las más arduas aventuras que pueda contarse, y lleva a reflexionar en torno al verdadero precio que se debe pagar por el conocimiento, así como en torno a sus recompensas.
Una curiosidad: "el metro mide 3 pies 11 líneas 296 milésimas de la toesa del Perú a la temperatura de 16º 1/4". O medía: actualmente, se calcula como  la distancia recorrida por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 segundo. 


Daniel Salvo

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