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jueves, 29 de enero de 2015

El cazador de sueños (Stephen King)



El cazador de sueños (Dreamcatcher) bien podría formar, junto con Tommyknockers, un díptico de novelas en las que Stephen King toca el tema de la invasión extraterrestre. Y no se trata de extraterrestres metafóricos o hipotéticos, sino de los de verdad, con su fisonomía "gris" y sus naves espaciales de incomprensible (pero falible) tecnología. Eso si, no creo incurrir en un spoiler grueso si desde ya advierto al lector que la película que se produjo en 2003 es MUY diferente al libro, al punto que nuestro entrañable Duddits tiene una naturaleza muy distinta, según se trate del libro o el film. Y hay muchos otros detalles que, para quienes hemos visto primero la película, crean una expectativa tan extensa como inútil, pues es recién al final que nos damos cuenta de que ciertas escenas no aparecerán para nada en el libro.

El cazador de sueños enfrenta, como en It, a un grupo de niños contra el MAL. Mal que, en la infancia, está encarnado por los sempiternos escolares, quienes son sorprendidos martirizando a Douglas Cavell, "Duddits", un niño con retardo mental. Los cuatro niños - Mike, Pete, Henry y "Jonesy" (pronúnciese Yonsi, como el gato de la teniente Ripley en "Alien"), librarán a Duddits de una degradante sesión de bullyng que al parecer implicaba la ingesta de excremento, a cambio de lo cual obtendrán el gran don de una amistad a prueba de todo, además de ciertos dones no muy bien explicados, entre los que se incluye la telepatía.

Con el paso de los años, los niños crecerán y, con sus dones, sean estos los que sean, acabarán en el lugar justo y el momento justo: una cabaña en un bosque nevado, situada en una zona que acaba de ser declarada en cuarentena. Y esto por algo muy siniestro: el arribo de una nave espacial de origen extraterrestre, que porta... ¿qué?

Uno de los puntos fuertes de El cazador de sueños es, al igual que en Tommyknockers, la caracterización de los extraterrestres. Ni máquinas de matar inmunes a todo, ni hombrecillos verdes, ni semidesnudas diosas de las estrellas. Son tres: una especie de hongo rojizo, un parásito que crece en el estómago y luego se expulsa por el ano (los diálogos en torno a los gases que se generan por la incubación de estos seres ocupan buena parte del libro) y Mister Gray, el Señor Gris, el típico extraterrestre desnudo de piel grisácea y grandes e inexpresivos ojos sin párpados ni pupilas, quien sin embargo prefiere convertirse en esporas y habitar cuerpos humanos... por que se está muriendo, o o por que tal vez no exista y sea tan solo una proyección de la mente de "Jonesy", quien a su pesar, debe cargar con Mister Gray "dentro", y de quien no sabemos como, ha logrado ocultar mucha e interesante información creando en su mente un simulacro de edificación que le permite dejar al Señor Gris "fuera". Mientras tanto, entre la locura de un militar que pretende eliminar a todos los supuestos infectados por el hongo venido del espacio, estén sanos o no, y la búsqueda y el  reencuentro con el cada vez más enigmático Duddits, los demás personajes van formando la trama que conduce al enfrentamiento final, con unos extraterrestres tan vulnerables y confusos como nosotros, al punto que se derriten por los sandwiches y no saben qué es defecar. Oh si, nada más original que los extraterres que surgen de la mente de Stephen King.

Lo que no quita que la novela tenga sus puntos en contra. La parte media se excede en unas doscientas páginas, en las que King nos lleva - eso sí, con mucha maestría - en un viaje a ninguna parte. Vamos, que sucede lo mismo que en la película, pero con un exceso de situaciones, giros, intimidades y detalles a cual más innecesario. Abruptamente, la novela recupera el ritmo al hacernos partícipes de la curiosa interacción entre "Jonesy" y la entidad que ocupa su cuerpo (y parte de su mente), el desconcertante Mister Gray.

Si han visto la película y, como yo, esperan que se trate de una adaptación más o menos fiel, absténgnase de leer la novela para evitarse el "decepcionante" final. Claro que si son mas o menos fanáticos de King, como yo, no me harán caso: puntos grises o no, es  una novela de Stephen King. Y con eso ya tenemos bastante.


lunes, 22 de septiembre de 2014

Tommyknockers (Stephen King)



En el pueblecito de Haven, Maine, una escritora de novelas del oeste con graves problemas de autoestima decide dar un paseo por el bosque y se topa con algo extraño, un trozo de un material de apariencia metálica, de color gris, que sobresale del suelo. Le basta desenterrarlo un poco, y tocarlo, para descubrir de qué se trata: el borde de una nave espacial extraterrestre, un inmenso platillo volador que yace  enterrado en sus tierras desde tiempos inmemoriales. Lo sabe porque, de una manera que no comprende, “algo” dentro de la nave se ha comunicado con ella.
Listo. Practicamente desde la primera página, Stephen King nos revela de qué va “Tommyknockers”, extensa novela escrita a principios de los noventa, y ambientada, como no podía ser de otro modo, en su Maine natal. 

“Tommyknocker” es un término genérico para cierto tipo de fantasma. El folklore norteamericano utiliza la expresión para referirse a fantasmas de mineros que hubieran perecido en una explotación. Dadas las peculiares características de los extraterrestres que aparecen en la novela, el término tommyknocker se revela por sí solo de una manera insólita.

La novelista de quien hablábamos al inicio, Roberta “Bobbi” Anderson, quien tuvo que huir de su hogar para escapar de la tiranía que ejerce su malvada y odiosa hermana (¿quién no tiene una hermana o hermano así?), se debate entre el asombro y el “que nadie se entere por que luego vienen a fastidiar”.  Pero ocurre que, casi sin proponérselo conscientemente, comienza a dar muestras de una insólita y espectacular habilidad para “mejorar” y construir cosas. Cosas como una máquina de escribir que funciona por sí sola, al ritmo de los pensamientos de Roberta, y que como quien no quiere la cosa, le va escribiendo cientos de páginas de una novela genial. Al mismo tiempo, ciertos cambios comienzan a ocurrirle: Bobbi desarrolla cierta capacidad telepática, mientras va perdiendo, de manera indolora, varios de sus dientes.

Y lo mismo comienza a ocurrir en otros hogares de Haven. Poco a poco, sus moradores  empiezan a manifestar maneras de “saber cosas” de manera por demás inusual. Hay quien descubre infidelidades ajenas con sólo captar los pensamientos de los implicados. Empleados del correo construyen máquinas que hacen su trabajo de manera más eficiente. Y un niño juega a desaparecer objetos y personas, con resultados atroces.

Ese es el escenario creado por Stephen King en “Tommyknockers”. Un pueblo cuyos habitantes son atrapados por lo insólito, por lo extraordinario, y lo incorporan a sus vidas. Y es que pronto se dan cuenta de que las nuevas habilidades que ahora ostentan no son un regalo de buena voluntad de los tommyknockers, sino el inicio de un proceso irreversible de conversión, una especie de posesión que implica, entre otras cosas, transformaciones físicas.

El héroe forzado que irrumpe en este atroz escenario es el poeta John Eric Gardener, “Gard”, quien en el pasado ha tenido un vínculo sentimental con Bobbi. En búsqueda de apoyo y amistad – ha disparado a la esposa, y para variar, atraviesa por una crisis que ha desembocado en alcoholismo, Gardener llega al hogar de Bobbi, percibiendo que ocurre algo extraño. Y, para suerte suya, es relativamente inmune al poder que los “tommyknockers” ejercen sobre el pueblo de Haven. ¿La razón?  Tiene una placa metálica en el cráneo, que le fuera colocada tras un accidente tiempo atrás. Eso impedirá que el “efecto” tommyknocker sea menos intenso en él, de modo que conservará cierta cordura – muy relativa, por cierto, dados sus antecedentes de alcoholismo y violencia- , la cual empleará para intentar salvar a Bobbi y al resto de moradores de Haven de convertirse en lo que sea que los “tommyknockers” planean.

Parte del plan de Gardener implica el penetrar en la nave extraterrestre, para lo cual recurrirá a una serie de estratagemas que le permitirán, por fin, encontrarse cara a cara con los “tommyknockers”. El abordaje de la nave es un auténtico tour de force, pues Stephen King logra crear una atmósfera que es, a la vez, alienígena y racional, un entorno de pesadilla que, a pesar de todo, está limitado a las leyes físicas del universo conocido, lo que lo convierte en algo más angustiante: al no resultar tan ajeno a lo que conocemos, resulta un objeto más peligroso y aterrador que cualquier monstruo o entidad sobrenatural. Al igual que los “tommyknockers”.

Los extraterrestres que aparecen en la novela, los tan mentados “tommyknockers”, son menos descritos por su aspecto físico que por sus características psicológicas, y es aquí donde King se vuelve a revelar como un maestro en el arte de dotar de verosimilitud a seres que, en principio, no tienen nada que ver en absoluto con nuestro mundo. Se transportan a través de las estrellas en naves espaciales, algún tipo de supervivencia incorpórea y tienen en agenda la  invasión de otros planetas. Pero no son todopoderosos, ni mucho menos, superinteligentes. Al contrario, se describen a sí mismos como “sabios idiotas”, es decir, seres capaces de diseñar un mecanismo que utiliza la energía de una vulgar pila seca desgastada para, por ejemplo, teletransportar materia inerte a otra dimensión, pero a quienes no se les ocurre hacer algo tan sencillo –y a efectos prácticos, menos oneroso – como utilizar un tomacorriente. Las reacciones de los “tommyknockers” ante su propia estulticia son propias pues de seres poderosos pero no omnipotentes: se alzan de hombros, y continúan con lo que estaban haciendo. El conocimiento de la psicología de sus enemigos otorgará a Gardener la posibilidad de enfrentarlos, para lo cual cuenta con su propia mente, y la ínfima ayuda de otros humanos, esclavizados de manera terrible en lo corporal pero libres de mente. Solo contra el mundo, el enfrentamiento final entre Gardener y los “tommyknockers” (los originales y los seres humanos de cuyos cuerpos se han adueñado), en el que se juega el destino de la raza humana, apenas permite algún respiro al lector. Y eso que ocupa casi la tercera parte del libro.

Sorprende la capacidad de King de transformar elementos prosaicos en artefactos de características aterradoras. Una máquina expendedora de bebidas gaseosas, por ejemplo, tan común en cualquier estación de servicio o supermercado, puede convertirse, sin cambiar de apariencia, en un arma de potencia devastadora, frente a la cual apenas cabe la posibilidad de defenderse (¿cómo se enfrentaría el lector a una máquina de esas si, repentinamente, ésta decidiera atacarlo arrojándole latas de bebidas, o simplemente, empezara a perseguirlo?).

Un punto en contra de la novela es que se extiende de manera excesiva en torno a las experiencias de algunos personajes, de manera magistral por supuesto, pero en modo alguno relevante para el posterior desarrollo de la novela. Se entiende que Gardener viene a ser un alter ego de King, quien al momento de escribir Tommyknockers atravesaba un período de cura alcohólica, y quizá de ahí se pueda entender el interés en describir las miserias del pobre poeta. De otro lado, como parece ser habitual en las novelas de Stephen King, se menciona eventos y personajes de otras historias suyas, lo que parece otorgar a sus novelas un sugestivo arco común. Queda pendiente la lectura de “Cazador de sueños”, también con extraterrestres… a lo King.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cell (Stephen King)




Cell
Stephen King
debolsillo
Barcelona, 2008


Aún tratándose de una novela posapocalíptica, resulta refrescante leer a King. Los inicios de la novela son magistrales, con esos primeros instantes que transcurren entre la puesta en escena de algunos de los personajes principales hasta la primera manifestación del hecho anómalo que altera sus rutinas para siempre.
La premisa de Cell es interesantísima: a través de los teléfonos celulares (o móviles) se ha transmitido una señal, denominada El Pulso, que convierte a todo aquel que ha tenido la desgracia de recibirla en una especie de zombie. Los seres humanos afectados por el pulso comienzan a atacar a sus congéneres, a comportarse como animales guiados por los instintos más primitivos. Pueden morir como cualquier ser humano (recordemos que no se trata de muertos vivientes), y conforme transcurre la acción, dan muestras de estarse convirtiendo en una suerte de organismo colectivo, acaso inteligente, pero inmisericorde e incomprensible.
La naturaleza misma de El Pulso no es aclarada. ¿Se trata de un experimento que ha salido mal, de un ataque terrorista, de un nuevo estadio en la evolución humana? Sus efectos, sin embargo, son explicados magistralmente desde el punto de vista de la informática más básica: si el cerebro humano puede asimilarse al disco duro de una computadora, El Pulso ha sido el equivalente a borrar toda la información de ese disco duro, salvo la programación más elemental: sobrevivir.
King mezcla el terror con la ciencia ficción. De un lado, los humanos normales sobrevivientes deben conseguir refugio y aprender a defenderse de los humanos afectados, y de otro, intentar comprender y explicar la situación. Los seres afectados por El Pulso, ya se dijo, no son zombies, y en ocasiones, manifiestan extrañas habilidades (levitación, lectura de pensamiento, proyección de mensajes a través de los sueños, conocimiento de idiomas como el latín). ¿Son monstruos o un nuevo tipo de ser humano?
Con todo y su contenido terrorífico, Cell se decanta más por el lado de la ciencia ficción, puesto que intenta una explicación de lo más inquietante respecto a lo narrado, cómo el uso masivo de ciertas tecnologías puede desencadenar efectos insospechados en sus usuarios, y cómo estos (los humanos) nos parecemos más a las máquinas que creamos de lo que podría pensarse, radicando en esa similitud la esperanza de salvación: toda máquina tiene su fallo. Y serán ciertos fallos que empezarán a mostrar los humanos afectados por El Pulso los que serán aprovechados por los protagonistas para vencerlos, a riesgo de reconocer, no sin cierto pesar, de que se trata de una especie cuya evolución apenas estaba comenzando (uno se queda con la miel en los labios al pensar en una novela basada en la posible evolución de estos “telefónicos”, o en cómo sería describir un mundo así).
Además, las teorías que se esbozan en torno a la naturaleza del ser humano, y las consecuencias que se derivan de la elección entre violencia o racionalidad, son de gran actualidad en una época que parece dominada, efectivamente, por zombies.
Definitivamente, una de las novelas de Stephen King más especulativas que pueda leerse.

Daniel Salvo

domingo, 4 de marzo de 2012

Editorial: ¿Homo homini zombie?



Ante todo, un breve repaso de algunos hechos ocurridos en el Perú entre febrero y marzo de 2012:

- La organización criminal denominada "Maras Salvatruchas" se ha extendido a Perú. Cuentan con página web, incluso.
- La directora de un colegio es asesinada en plena matrícula.
- El terrorista Florindo Florez, conocido como "Camarada Artemio", confiesa haber ordenado 131 asesinatos, a los que denomina "hechos de guerra".

La lista de actos que evidencian las atrocidades a las que puede llegar el ser humano podría extenderse ad infinitum. Bastaría registrar la información que nos proveen los medios a diario. Y siendo sinceros, cabe creer que la situación no es tan novedosa como la plantean los alarmistas. Si leemos entre líneas la historia humana, no podremos negar que es un cúmulo de hechos tan atroces como los consignados líneas arriba.

Pero, entonces, ¿así es la VERDADERA especie humana? ¿Existe una naturaleza humana que, a juzgar por lo comentado, tiende a ser un mono con metralleta antes que un ser sociable e inteligente?

En su recomendable novela "Cell", Stephen King nos describe un mundo apocalíptico en la cual un fenómeno conocido como El Pulso ha convertido a quienes lo han recibido a través de sus teléfonos celulares (o móviles, como les dicen en otros lados), en zombies de conducta salvaje y desatada. No buscan cerebros ni, necesariamente, carne humana. Pero apenas balbucean palabras irreconocibles, se mueven sin rumbo fijo y es imposible razonar con ellos. La humanidad, entonces, se ha dividido entre los "normales" y los "insanos" (recordémoslo: no se trata de muertos vivientes).

Ahora bien, King juega con una idea mas bien espeluznante: que los zombies de su novela no son humanos alterados o enajenados, sino seres humanos que han sido liberados de "todo pensamiento, todo recuerdo y todo raciocinio". Es decir, el ser humano "tal cual", por decirlo de una manera simplista. Pero mejor, leamos al maestro en sus propias palabras: 
"- Me licencié en literatura inglesa, pero de joven leía mucha psicología - explicó el director -. Empecé por Freud, por supuesto, todo el mundo empieza por Freud. Seguí con Jung, luego Adler... y así sucesivamente. Detrás de todas las teorías sobre el funcionamiento de la mente acecha una más fundamental, la de Darwin. En la terminología de Freud, la idea de la supervivencia como primera directriz se expresa mediante el concepto del ello, mientras que Jung emplea la idea más grandilocuente de la conciencia de sangre. A mi juicio, ninguno de los dos cuestionaría la idea de que si a un ser humano se le arrebatara en un instante todo pensamiento, todo recuerdo y todo raciocinio, lo que quedaría sería puro y terrible.
(...)
- Si bien ni los freudianos ni los jungianos lo dicen a las claras, ambos grupos insinúan que cabe la posibilidad de que tengamos un núcleo, una única onda portadora fundamental o, (...) una única línea de código escrito imposible de eliminar.
- La PD - intervino Jordan -. La primera directriz.
- Exacto - convino el director-. En el fondo no somos homo sapiens, pues nuestro núcleo es la locura, y la directiva primordial, el asesinato. Lo que Darwin fue demasiado educado para expresar, amigos míos, es que no llegamos a dominar el mundo por que seamos los más inteligentes ni los más malvados, sino por que siempre hemos sido los cabrones más chiflados y asesinos de toda la selva. Y eso es lo que dejó al descubierto El Pulso hace cinco días.
(...)
- Me niego a creer que fuéramos dementes y asesinos antes de ser cualquier otra cosa - protestó Tom -. Por el amor de Dios, ¿y el Partenón? ¿Y el David de Miguel Ángel? ¿Y esa placa en la luna que dice VINIMOS EN SON DE PAZ POR TODA LA HUMANIDAD?
- Esa placa también lleva el nombre de Richard Nixon - señaló Ardai con sequedad-. Cuáquero, eso sí, pero no exactamente un hombre de paz... (...) no tengo intención alguna de lanzar acusaciones contra la humanidad. Si la tuviera, señalaría que por cada Miguel Ángel hay un Marqués de Sade, que por cada Gandhi hay un Eichmann, que por cada Martin Luther King hay un Osama bin Laden. Ciñámonos a lo siguiente: el hombre ha llegado a dominar el mundo gracias a dos rasgos esenciales. En primer lugar, la inteligencia,y en segundo, la disposición absoluta a acabar con cualquier cosa o persona que se interponga en su camino.
(...)
- La inteligencia humana terminó por imponerse al instinto asesino, y la razón sofocó los impulsos más dementes de los hombres. También eso es supervivencia. (...) La cuestión es que casi todos nosotros habíamos logrado sublimar lo peor que llevamos dentro hasta que llegó El Pulso y lo eliminó todo salvo ese núcleo salvaje. "

(Cell: Stephen King. Plaza & Janés, 2008. pp. 207-209)
Si bien los personajes de King parecen compartir aquello de homo homini lupus, también reconocen el otro lado, la otra cara de la humanidad, la cara que todos admiramos y a la que, al menos formalmente, aspiramos: el ser humano solidario, creativo, inteligente y en constante evolución.

Pero también del párrafo consignado, se deduce algo que puede ser o no esperanzador: King parece caracterizar a los seres humanos como seres de diferentes especies, en realidad. Su descripción de los seres humanos se basa en la estrategia que estos han desarrollado para sobrevivir: la inteligencia... o la disposición absoluta (provoca escalofríos pensar en lo que significa "absoluta") a acabar con cualquier cosa o persona que se interponga en su camino. 

Básicamente, estaríamos divididos entre aquellos que han logrado "sublimar lo peor que llevamos dentro" y aquellos que tienen eso peor que llevamos dentro como un "absoluto" (es decir, absuelto, sín límites). Esto no es más verdad de Perogrullo que decir que ES POSIBLE vivir... en base a la represión.

Fea palabra, ¿verdad? Huele a naftalina, a todo lo peor que también solemos asociar al ser humano (temores, ansiedades, neurosis). Pero la verdad es que todo lo que no sea esa Primera Directriz es represión. Precisamente, King contrapone la inteligencia a la Primera Directriz (que supuestamente todos llevamos en nuestro cerebro), y podría parecer una solución obvia y altamente humanista. Pero, ¿qué es la inteligencia sino el negarnos a dirigir nuestras vidas en base a la Primera Directriz? ¿Qué es la inteligencia, entonces, sino represión?

Tal vez se trate tan solo de terminología. Tal vez en lugar de "represión", deberíamos acudir a un término más preciso y carente de connotaciones negaticas ("control", "capacidad decisoria"). Pero el hecho parece ser que, sin necesidad de influencia alienígena alguna, el ser humano está optando por una conducta basada en lo que parece ser un instinto primitivo (y cuesta creerlo, pero hay personas inteligentes que creen que pueden esperar algo de quienes han optado por la Primera Directriz, como ésta despistada actriz). Si lo expuesto líneas arriba parece algo iluso, lean esto:

"Hoy creo más en El Chapo Guzmán (considerado el narcotraficante más violento y peligroso de México) que en los gobiernos que me esconden verdades aunque sean dolorosas, quienes esconden la cura para el cáncer, el sida, etc. para su propio beneficio y riqueza.

“Sr. Chapo, ¿no estaría padre que empezara a traficar con el bien? ¿con las curas para las enfermedades, con comida para los niños de la calle, con alcohol para los asilos de ansianos (sic) que no los dejan pasar sus últimos años haciendo lo que se les pegue la reverenda chingada, con traficar con políticos corruptos y no con mujeres y niños que terminan como esclavos? ¿con quemar todos esos ‘puteros’ donde la mujer no vale mas que una cajetilla de cigarros?” (Kate del Castillo, en su cuenta de twitter)

En "El día de los muertos vivientes" (1985) de George A. Romero, se insinúa la posiblidad de comunicación entre seres humanos y zombies (posibilidad que se trunca más por culpa de los humanos que de los zombies). ¿Podríamos asimilar ésta solicitud de Kate del Castillo a un narco para que "trafique con el bien" como un intento de comunicación entre las dos ramas principales en las que parece haberse dividido la humanidad? ¿Es una ingénua esta dama? ¿O, como muchos, ha tirado la toalla y ha decidido que lo mejor en contemporizar y aceptar a un cártel criminal como una fuerza política, como parte de la sociedad, en lugar de un elemento antisocial?

Como siempre, parece que nuestras opciones se reducen a dos: sobrevivir civilizadamente (mediante la inteligencia)... o dejar libre al zombie que llevamos dentro. Y si nos atenemos a las noticias consignadas al inicio de esta nota, parece ser que los zombies se están convirtiendo en la mayoría dominante.

Si es que no lo son ya.


Daniel Salvo