domingo, 5 de enero de 2014

El tercer nombre del Emperador (Victor Conde)


Si bien estamos ante una novela publicada en el año 2002, y actualmente descatalogada, la magia de la edición digital ha hecho posible su distribución y lectura.

La carrera de Victor Conde ha tenido un buen inicio y mejor desarrollo. Y la lectura de esta novela evidencia el porqué: ya en el 2002, el autor había logrado construir un universo futuro lleno de intrigas, especies de características insólitas y peligros que, como no, amenazan siempre el devenir de la especie humana en el universo.

No pasa desapercibida cierta similitud con la trama de la saga de Hiperión, de Dan Simmons, pero para cualquier lector cuajado, todo texto acaba conectándose con otro. En todo caso, el tema de la trascendencia, o evolución del ser humano, siempre ocupará un lugar preponderante en el imaginario de la ciencia ficción.

En el universo del El tercer nombre del emperador, se ha logrado el contacto con seres provenientes de una suerte de “cuarta dimensión”, o metacampo, donde tienen lugar fenómenos fuera del alcance de la percepción humana normal. Estos seres, los ids, seleccionan a seres humanos síquicamente dotados para ser sus huéspedes, logrando una simbiosis que ha beneficiado a la humanidad con el desarrollo de ciertos poderes que, entre otros efectos, permiten mantener unido al universo, el cual es regido por un ente denominado Emperador Gestáltico, quien es producto de la “convolución” (supongo que es una palabra que deriva de “convergencia” y “evolución”) de tres seres humanos normales. El tercer nombre del Emperador alude pues a uno de estos aspectos, en este caso, Alejandra , una joven proveniente de uno de los rincones más alejados del universo, quien preferiría haber evitado semejante destino.

De otro lado, tenemos a Evan Kingdrom, un joven cazador, ex militar, deseoso de venganza contra los enigmáticos ids, en particular uno de ellos, el ex simbionte de su esposa, a la cual terminó asesinando por razones desconocidas, acto que en el contexto de la novela carece de precedentes y de explicación alguna. Su búsqueda del id es interrumpida por una de las tantas facciones que detentan el poder en el Imperio, quienes lo requieren para realizar una misión, a saber, partir en búsqueda de otro de los integrantes del Emperador Gestáltico.

Mientras tanto, en las zonas más apartadas del espacio, está teniendo lugar un tipo de actividad anormal, que podría provenir nada menos que del metacampo, cuya naturaleza es discutida desde los más diversos puntos de vista, como pueden serlo tanto el cosmológico como el religioso, pasando por una especulación matemática que desarrolla la paradoja del “antes” y “después” en un universo en el cual la causalidad no se rige según la denominada “flecha del tiempo”…

Los destinos de Evan y Alejandra, a pesar de lo disímiles que puedan parecer, terminarán por unirse, revelándose al lector una serie de sorpresas que cambiarán radicalmente su percepción – si, otra vez – en torno a la verdadera naturaleza del Emperador, los ids y el metacampo.

Destacable novela, que entre otras cosas, demuestra que los autores no anglosajones tienen poco o nada que envidiarle a los escritores de habla inglesa. Los afortunados, como siempre, somos los lectores.

Daniel Salvo

lunes, 11 de noviembre de 2013

Chocky (John Wyndham)



Difícil reseñar un libro cuyo argumento está más que sugerido en la portada. Pero vale la pena intentarlo, entre otras razones, por que nada como la sencilla pero irresistible prosa de John Wyndham para refrescar la mente y recordarnos, entre otras cosas, que más vale una buena historia narrada con sencillez y soltura que algún farragoso ejercicio posmoderno.

No espere pues el lector encontrarse con metáforas ocultas o con un lenguaje que, de tan críptico, resulte carente de sentido. Chocky es una historia clásica, es decir, antigua, en el sentido de que uno podría habérsela oído al abuelo o al tío querendón de la familia en alguna reunión familiar. En su aparente ingenuidad, el texto nos sumerge en la Inglaterra rural de fines de los años cincuenta del siglo XX, con sus familias habitando en caserones, sus escuelas a las que se llega caminando y sus bonachones (y un tanto increíbles) oficiales de policía. Vamos, que se trata de un universo carente de amenazas, prosaico hasta el límite del aburrimiento, al menos, para alguien acostumbrado a las grandes ciudades: quienes hemos vivido parte de la infancia en ciudades pequeñas sabemos que es imposible aburrirse.

Los protagonistas de Chocky están plenamente incorporados a la cultura a la que pertenecen. Un matrimonio joven con un hijo (adoptivo) y una hija, ambos en edad escolar. Se trata de niños normales (la niña vive obsesionada con los ponys), al punto que ambos han contado, en su momento, con amigos imaginarios. El amigo imaginario de Polly, la niña, se llamaba Piff.  Y el amigo imaginario de Matthew... se llama Chocky

En un principio, no hay motivo de alarma. ¿Cuántos niños tienen un amigo imaginario? Muchísimos en todo el mundo. Pero cuando ocurren ciertos sucesos extraños en torno a Matthew (realiza cálculos avanzados para el año escolar al que pertenece, dibuja con habilidad impropia de un niño de su edad y puede nadar a la perfección... aunque nunca ha tomado lecciones de natación). Y todos, todos estos casos de comportamiento anómalo tienen una única respuesta: Chocky.

La displicencia inicial en torno al amigo imaginario de Matthew da paso primero al asombro y al fastidio, para culminar en auténtico pavor. Descartadas las explicaciones médicas o siquiátricas (hay que ver cómo se burla Wyndham de ciertas teorías muy en boga en su tiempo), alguien llega a la conclusión de que Chocky tiene una existencia real, quedando por resolver cuestiones tan angustiantes como su origen, su naturaleza... y sus propósitos.

¿Se trata de una manifestación del inconsciente del niño? ¿Algún tipo de posesión? Tratándose de una novela de ciencia ficción y no de fantasía o terror al uso, el lector habrá deducido más de una de las características de Chocky. Si bien todo se resuelve de manera correcta, y las cosas vuelven a la normalidad, explicación mediante, hay un elemento imprevisto que, aunque no constituye un giro de tuerca en el desenlace, nos lleva a preguntarnos, como siempre, cuál es la verdadera amenaza para la vida humana: lo desconocido, o el hombre mismo. El poder, oculto bajo la máscara de una ciencia más arrogante que sabia (en este caso), no va a detenerse ante ningún obstáculo. Menos aún, ante un niño, pese al sufrimiento de éste.

Publicada en 1968, Chocky dio origen a una serie de televisión propalada en 1984.

Daniel Salvo



jueves, 24 de octubre de 2013

La saga de Tramórea, de Javier Negrete: para exportarla



En los años 80 del siglo XX, la televisión peruana produjo una serie nacional, de corte policíaco, titulada "Gamboa", que contaba las aventuras de un investigador y sus amigos. La calidad de los episodios (a pesar de nuestra sempiterna carencia de recursos), alguno de los cuales fuera guionizado nada menos que por Mario Varga Llosa, llevó a que un ácido crítico televisivo no tuviera más remedio que afirmar que la serie estaba como "para exportarla". Es decir, era tan buena, que podía esperarse una buena acogida en otros países.

La lectura de la saga de Tramórea, compuesta por cuatro novelas que ya deberían reeditarse (La espada de fuego, El espíritu del mago, El sueño de los dioses y El corazón de Tramórea), me ha llevado a la misma conclusión: está como para exportarla, para traducirla a todos los idiomas que se pueda, para que compita de igual a igual con las sagas de George R.R. Martin o Joe Abercrombie. Para que algún productor avispado la convierta en miniserie, o superproducción, y pase a la historia del género fantástico mundial. Así de buena es.

Y es que pocas veces he podido leer tantos géneros y subgéneros dentro de los subgéneros dentro de un mismo arco argumental. De la fantasía épica, con sus emocionantes batallas entre buenos y malos, a la casi jocosa vulgaridad de la espada y brujería, para pasar luego a la ciencia ficción más especulativa, con toques de hard science fiction (teorías dimensionales, supercuerdas, topografías imposibles) que llevan al lector a preguntarse en qué momento cambió todo, cómo es que nuestros héroes siguen siendo lo que fueron, personajes provenientes de un entorno entre feudal y románico, a ser los detentores de la clave del universo, los únicos que pueden salvar la existencia de este continuum entre los muchos otros que, aunque dotados de mayor sabiduría y conocimientos, comparten con la humanidad el deseo de toda existencia: sobrevivir.
Es difícil continuar la reseña de toda una saga de novelas sin caer en la revelación de datos y detalles que podrian arruinar la sorpresa del lector. Baste decir que, en la saga de Tramórea, podrá encontrar cualquier cosa que su corazón de aficionado al fantástico pueda desear: héroes incombustibles, monstruos aterradores, enemigos poderosísimos, conjuras políticas, dioses que no son lo que aparentan, mundos ocultos, mundos paralelos, magia y ciencia, mutantes y bellezas. Sin contar con un tratamiento más que respetuoso a temas que, acaso en otras manos, podrían desperdiciarse o caer en tópicos poco relevantes, como es tema de la homosexualidad - si, el universo de Tramórea no es un universo asexuado -.

¿Cómo arranca la saga? Con un torneo, por la posesión del arma más poderosa del mundo llamado Tramórea: la espada Zemal. Forjada en un material que sólo Tarimán, el dios-herrero cojo que mora, junto con los demás dioses, en el Bardaliut, conoce; sólo puede ser empuñada por quien la merece. A quien la posee se le llama el Zemalnit, y cuando éste muere, debe elegirse uno nuevo, mediante un torneo en el cual puede participar cualquiera, desde las bellas y feroces amazonas hasta enigmáticos monarcas de doble pupila, supuestos hijos no reconocidos de los dioses. También están los tahedoran, guerreros que poseen el secreto de las aceleraciones, extraños procesos que les permiten moverse a velocidades mayores a las del ser humano normal, aunque a costa de deteriorar su propia salud. Y, tras las bambalinas de esta teatral epopeya de combates y competencias, se mueven los magos, con sus terribles poderes y conocimientos, que temen algo más que a su propia magia, y es al retorno de sus dioses, de quienes se preferiría que se quedaran para siempre en el Bardaliut, su morada en los cielos. ¿Y por qué retornarían los dioses? La condición divina no es sinónimo de cordura en este mundo, aunque, tras conocer los secretos de Tramórea, es difícil conservarla, ya sea trate de hombres, magos, dioses... o lo que hay más allá.

Una historia de lujo. Si desean más detalles, aquí el enlace a las reseñas que publicó Pedro López Manzano en su blog "Cree lo que quieras".


Daniel Salvo



sábado, 19 de octubre de 2013

Perdidos en un mar de ciencia ficción (y fantasía, y terror...)


Parece mentira, pero a veces asusta cómo cambian los tiempos.
Años atrás, en Perú, apenas teníamos tres canales de televisión. En ciertas regiones del país, uno o ninguno. De manera que en determinado horario, la población peruana estaba "condenada" a ver un programa determinado. Si no le gustaba, pues... a apagar el televisor y ponerse a hacer otra cosa.
El hecho es que esta escasez de canales generaba, entre otros efectos, que la conversación del día siguiente, ya fuera en la oficina o en la escuela, girase en torno a lo mismo. Y las referencias de otros medios (diarios, revistas, programas radiales...) también. La telenovela del momento era LA telenovela... y así los demás programas. Una misma serie podía verse en los tres canales de televisión, y en tiempos de carestía, uno podía estar seguro que, tarde o temprano, podía volver a ver series tan "modernas" como The invaders, Meteoro o Los picapiedra. A nadie se le ocurría que algún día la televisión podría "envejecer".
Ese panorama, aparentemente tan mísero, proporcionaba al televidente una ventaja incomparable: ahorrarse la molestia de elegir. O veías el programa... o no. Pero ya sabemos cómo sucedieron las cosas: encendíamos el televisor, y pasaran lo que pasaran a esa hora, lo veíamos. Antaño como en la actualidad, era más cómodo para nuestros hábitos encender la televisión y dejarla ahí, que ponernos a leer o dedicarnos a otra actividad más "construtiva". Éramos gente normal.
En la actualidad, el asunto es más estresante. Encendemos el aparato (con el mando a distancia, o como decimos por acá, control remoto) y... decenas de canales. La gran mayoría con programación que no nos interesa. Pero, como mínimo, habrá diez cuyo contenido nos lleva a la gran pregunta: ¿cuál veremos? 
Para colmo, los televisores son cada vez más baratos. Recordemos las épocas en las que el televisor era "el televisor", y las horas de angustia que pasaban cuando sufría algún desperfecto. En cambio, ahora tenemos un televisor en cada habitación de la casa o departamento. Así los psicólogos nos prevengan respecto a lo pernicioso de esta costumbre. De modo que ni siquiera hay que pelearse por un canal. Para todos hay. Incluso, se da el caso de varios televisores encendidos... en el mismo canal.
Algo muy similar ocurre en el campo de la ciencia ficción escrita. No hace mucho, teníamos pocas editoriales (me refiero al ámbito hispanoamericano), y la discusión se limitaba a "¿es Deckard un replicante?" y "¿es Heinlein un facha?". El Señor de los Anillos era una saga que muy pocos habían leído completa, y se suponía que Asimov y Lovecraft eran autores cuasi infantiles, lejos de los osados planteos de Ballard y Lem.
Plaf.
La realidad actual es completamente diferente. Las reediciones de las obras de Asimov y Lovecraft los están convirtiendo (espero) en los nuevos autores "básicos" para las nuevas generaciones, compartiendo estantes con la saga de Juego de Tronos y, si la película influye, el Ender de Orson Scott Card. Y eso hablando de los "conocidos comunes": Gene Wolfe y Robert Silverberg son autores de saldo en las ferias del libro, mientras que aparecen nuevas editoriales y nuevos autores. 
Si a todo ello añadimos la difusión de blogs y páginas web (¿recuerdan cuando había dos o tres páginas web sobre ciencia ficción, y los debates que se armaban? En verdad les digo, no quedó piedra sobre piedra), sin decir nada de las ediciones electrónicas (los ebooks se han vuelto una alternativa más, ya sea para leer en e-readers o en tablets).
Estamos rodeados de ciencia ficción. De fantasía. De terror. Además de los "nuevos" subgéneros: steampunk, ucronía, new weird, dieselpunk, fantasía urbana, low fantasy... 
Armar listas de 10, 100 o 1000 libros "imprescindibles" es inútil. A lo más, puede hacerse cada año. Como máximo. Claro, la calidad es desigual, pero ¿cuándo ha importado eso, en realidad? Todo lo que se diga contra sagas como "Crepúsculo" o "50 sombras de Gray" no hace que disminuya un ápice su nivel de ventas. No todos gustamos lo mismo, y punto.
¿Qué hacer, en medio de esta abundancia?
Pues lo único que queda: elegir.
Cierto es que, de alguna manera, debemos educar nuestro criterio, y mucho nos dirá nuestra experiencia y nuestro gusto. No desoigamos las opiniones de los críticos y comentaristas. 

Pero, sobre todo, no nos la pasemos lamentándonos, diciendo cosas como "hay tanto que leer que no se por donde empezar". Acostumbrémonos a vivir en (esta) abundancia... y a disfrutarla.

Daniel Salvo

Horrendos y fascinantes: antología de monstruos peruanos editada por Altazor


Pues eso. Agradezco a José Donayre por haber incluido un cuento mío en esta antología. Una gran contribución de Altazor al género fantástico.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Cuento "La chica del museo" en la revista "Buen salvaje"


La revista Buensalvaje acaba de publicar, en su edición número siete (disponible en PDF) , un excelente artículo de Elton Honores, "El acoso de lo imposible", que analiza las implicancias de publicar literatura fantástica en un país como el Perú, donde la distinción entre autores "de Lima" y "de provincias" aún tiene efectos poco deseables. Adjunto el texto del último párrafo del artículo, a manera de presentación de nuevos autores del fantástico: 


"La selección arbitraria que presento incluye a narradores que están ligados a las provincias, ya sea por su origen o su lugar de residencia. De más está decir que –en algunos casos– sus libros son casi inhallables en Lima, por lo que es una invitación a seguir con atención su producción posterior. Nacidos entre 1963 y 1989, sus ficciones dan cuenta de los diversos registros de lo fantástico que practican. La selección incluye básicamente dos registros: la ciencia ficción (CF) y la mezcla de géneros a partir de la temática zombi. En «Apocalipsis zombi», de Marco Alberca, hay una subversión en el tratamiento del tema que plantea el problema de la identidad. Sarko Medina aporta dos microrrelatos de zombis: «Huida», que está narrada desde el otro lado, con una notable vuelta de tuerca; «Prueba» es un relato de violencia. En «El sueño», de Jorge Monteza, lo onírico adquiere una dimensión real que termina por aniquilar al personaje que sueña, bajo el tópico del doble. «El tigre en la nieve», de Jorge Parra, es un buen relato en clave borgeana que remite a la identidad y a la otredad. «Pithecantropus Erectus», del arequipeño Yuri Vásquez, combina distintos tiempos y niveles narrativos con resultados asombrosos e innovadores. En «La chica del museo», de Daniel Salvo, la animación de una momia inca develará un presente de horror. Finalmente, «Los visitantes», de William Guillén Padilla, es un relato en clave de CF con giro imprevisto."

jueves, 5 de septiembre de 2013

La luna y el sol - Vonda N. McIntyre


La luna y el sol

Vonda McIntyre


Al empezar con la lectura de esta larga pero absorbente novela, me encontré con que el primer capítulo narraba el portento ofrecido en el texto de la contraportada de la edición de Ediciones B: durante el reinado de Luis XIV de Francia, el Rey Sol, es capturada una criatura que es descrita, al principio, como un monstruo marino: retoza en el mar, tiene pelo verde, grandes incisivos y manos palmeadas. Es enviada al palacio de Versalles, para su estudio por parte de su captor, el sacerdote jesuita Yves de la Croix, y de su hermana, Marie-Josephe (ah, cómo me gustaría castellanizarla y nombrarla como María Josefa, o Maria Pepa, pero traicionaría a la traductora y a la ambientación de la novela.

El ritmo es vigoroso, lo que facilita su fácil lectura. Tan fácil, que cuando llegué a la mitad del libro (el volumen entero tiene cerca de quinientas páginas), me di cuenta de algo: que el monstruo marino apenas había sido mencionado en contadas ocasiones. Hasta este punto, la novela se enfoca en ambientar al lector en la corte de Versalles, y a pesar de la profusión de detalles e intrigas dignas de un culebrón televisivo, la lectura no deja de ser apasionante. Tengo la impresión de que la autora, perteneciente al ámbito cultural anglosajón, ha debido sentirse fascinada por todo ese aparato, pompa y protocolo que implicaba formar parte de la nobleza de una nación como la Francia de fines del siglo XVII, donde contaban mucho detalles tan aparentemente nimios como el sentarse a la derecha o a la izquierda del rey, a cuantos pasos de distancia podía alguien estar en su presencia, el tipo de trato que debía dispensarse a otros personajes como el Papa o sus representantes… A los ojos de la autora, todo esto debe parecer una suerte de cultura extraterrestre. En mi caso, esta parte de la novela despierta sentimientos encontrados: uno se da cuenta de cuan lejos de la modernidad está un país como el Perú, puesto que muchas de esas instituciones premodernas (tráfico de influencias, sistema de castas, costumbres retrógradas como el machismo) han sobrevivido y siguen siendo parte de nuestra cultura. Fascinante para un observador externo, incómodo para quienes vivimos, en parte, esa pre-modernidad. No es difícil notar que nuestro país, sobre todo en lo que a la administración pública se refiere, aún se maneja en base a criterios cortesanos, donde cada funcionario se siente una especie de reyezuelo, según quien lo haya “recomendado”.

Pero luego de esta puesta al corriente de las intrigas y funcionamiento de la corte de Luis XIV, acaso indispensable para la mejor comprensión de los acontecimientos que son narrados después, la novela se enfoca propiamente en la interacción entre la criatura marina y su nuevo entorno, interacción que se da en el peculiar contexto de la época, con un incipiente desarrollo del método científico – llamado aquí “filosofía natural” – que tiene que habérselas con los intereses del propio Rey Sol, quien desea diseccionar a la criatura en búsqueda del secreto de la inmortalidad (aquí tenemos a la alquimia susurrándole al oído), o en última instancia, degustarla en un fastuoso banquete (aquí tenemos a la vanidad de un monarca deseoso de dejar su huella en la historia). No son ajenos los debates entre la religión y el secularismo, puesto que para la Iglesia Católica, la criatura no es más que una bestia, un animal, y es aún posible condenar a la hoguera por herejía a quien sostuviera lo contrario… a pesar de las innumerables pruebas de “humanidad” que ofrece la criatura, cuyo único portavoz, en un principio, es la propia Marie-Josephe, una mujer sui generis para la época, pues pese a haber sido educada en un convento de la isla Martinica (orando y sirviendo), tiene una gran pasión por las matemáticas y la música, mantiene contacto con luminarias como Isaac Newton y se atreve a solicitar, para sus investigaciones, un microscopio fabricado por Antón van Leeuwenhoek, precursor nada menos que de la biología experimental. Brillantes hombres de ciencia para unos, peligrosos herejes protestantes para el entorno cercano de Marie-Josephe.

Las historias personales de la criatura marina – a la que se bautizará como Sherzad, en homenaje a la Sherezade de Las mil y una noches – , y de Marie – Josephe acabarán por mezclarse de una manera brillante, que nos permitirá atisbar otros aspectos de la condición humana, como puede ser nuestra reacción ante lo desconocido (¿el encuentro con Sherzad acaso no se parece al encuentro entre las culturas europeas y las cultura prehispánicas?), y en particular, de la condición femenina, buscando su propio espacio en un mundo cuyas pautas siempre parecen estar prefijadas por los hombres. En esa mujer del mar, de apariencia tan monstruosa, la propia Marie - Josephe se encontrará a sí misma (una hembra capturada en un mundo machista) y acabará por descubrir la manera de cambiar su propio destino. Se aprecia también lo cuidado de las descripciones relativas a los hábitos y naturaleza de la criatura Sherzad. No en vano Vonda N. McIntyre obtuvo un título en biología por la Universidad de Washington.

Drama histórico, encuentro entre dos mundos, un enigma biológico (¿cuál es el verdadero origen de las criaturas marinas?) y la lucha por la libertad del conocimiento en una época de dogmas. Merecido el premio Nebula de 1998.

Daniel Salvo


martes, 13 de agosto de 2013

La ciencia ficción peruana se mueve



La ciencia ficción se mueve, mucho más que en otros años, en el Perú. No al nivel del reciente festival Celsius  232 de España, obviamente, pero si lo suficiente como para dejar atrás la noción de que lo fantástico es un género marginal en nuestras letras. Sin ir muy lejos, durante la reciente (y cuestionada) 18 Feria Internacional del Libro de Lima, tuve ocasión de presentar dos libros, Alex Gubbins y el planeta olvidado de L.T. Moy (Ediciones Altazor) y El fantástico viaje de Helen Haiff de Beatriz Ontaneda (Editorial Casatomada). Lamentablemente, por razones de horario no pude asistir a la presentación de la excelente Eternidad al atardecer de Jorge Mendoza Aramburú, de la editorial El Laberinto, que también se presentó en la Feria.



A ello deben añadirse otras publicaciones del género, algunas esperadas, otras sorpresivas. Para el primer caso, tenemos el volumen ¡Bienvenido Armagedón!, publicado por Ediciones Altazor, en el cual doce autores nos ofrecen sus visiones (a veces, muy personales) del fin del mundo. La misma editorial publicó también la antología de microrrelatos (otro género que está cobrando fuerza en nuestro medio) 201, basada en las extrañas circunstancias bajo las cuales nuestro amigo David Roas siempre se aloja en la habitación 201 del hotel donde recala. Como si esto no bastara, Ediciones Altazor también publicó una nueva hornada de los fantásticos (fabulosos, diría yo) cuentos de José Guich Rodríguez bajo el título de  Control terrestre, cuya maestría en el manejo de lo fantástico es ya conocida. Mención aparte merece su novela El misterio del barrio chino, publicada por SM Editores. Y siguiendo con Altazor, este sello también publicó Cazador de momentos, de Juan José Cavero, “una novela distópica inscrita en el ciberpunk”, nos advierte el crítico Elton Honores.

El momento tenía que llegar. 

Daniel Salvo

domingo, 14 de julio de 2013

¡Bienvenido, Armagedón!


¡Bienvenido, Armagedón", una antología de cuentos sobre el fin del mundo, recopilada por Carlos Rengifo y publicada por Ediciones Altazor. Pronto en librerías. Participo con un cuento.

viernes, 5 de julio de 2013

Revista Artifex N° 2



Artifex Cuarta Época


N° 2, Octubre de 2008



¡Gracias a Dios por la internet! De lo contrario, tantas y tantas cosas seguirían ocultas o pasarían desapercibidas, dadas las obvias dificultades de distribución que todos conocemos. De sobra es conocido que sólo ciertos libros tienen una adecuada distribución - y eso que nos movemos en el ámbito del español, una de las lenguas más habladas en el mundo -, y que son más los libros a los que no tuvimos acceso que aquellos a los que pudimos hincarle el diente.

Caso aparte es el de las ficciones - ya no libros - de autores hispanoamericanos. De oidas sabemos de autores cubanos, mexicanos, argentinos, colombianos, españoles, venezolanos, bolivianos, peruanos, chilenos... ¿me faltó alguno?, que tal vez vayan por la quinta o sexta novela y cuyo trabajo es desconocido fuera de sus fronteras.

No se trata de chauvinismo frente a la narrativa que solemos vincular a la ciencia ficción, esto es, la ingente producción anglosajona. Pero es injusto que autores que han desarrollado una propuesta original (no "propia", pues la nacionalidad al fin y al cabo es secundaria) dentro de nuestro ámbito hispanoamericano, no tengan la difusión que merecen debido a las restricciones de un mercado que, sabemos, se muestra reacio a publicar fantasía o ciencia ficción de sabor local (con contadas excepciones, claro está).

Pero está la internet, que pese a ciertas señales alarmistas, no es ese espacio de segunda mano que quisieran algunos. Es el nuevo modo de conocer, de difundir, de probar. Algunos, como los editores de Artifex, han optado por un uso creativo de los recursos de la red, de manera que hoy tenemos algo que en años anteriores hubiera sido impensable: la edición completa de Artifex urbi et orbi, en un formato agradable de leer y gratis. ¿Qué más se puede pedir?

El óxido del Sombrerero (Alfredo Álamo): De quitarse el sombrero este breve pero contundente relato que recrea, en clave de steampunk, lo que le ocurrió al Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y demás personajes de Alicia en el país de las maravillas. Una soberbia fantasía steampunk, para disfrutar junto a una taza de te con pastas.

Albedo Cero (Victor Conde): Un relato de space opera en toda regla. El albedo cero a que hace referencia el título se refiere a la capacidad de los cuerpos de reflejar la luz. Un albedo de cien implica visibilidad óptima. Albedo cero equivale a invisibilidad, que es la condición que deben alcanzar las personas que desean hacer fortuna en las minas de otro planeta, minas de las que se extrae nada menos que radiación (de ahí la necesidad del albedo cero, los cuerpos no se contaminan con la radiación pues la dejan pasar a través suyo). Sin embargo, tan extremas condiciones no impiden a los seres humanos ser lo que son: sentimentales, vulnerables, heroícos, dementes. Invisible no equivale a inexistente.

Bajo estrellas feroces (Eduardo Vaquerizo): Al fin puedo leer un relato de Vaquerizo, uno de los puntales de la narrativa fantástica española. Estamos ante una ucronía en la que España ha sido el primer imperio en desarrollar el vuelo, contando tanto con cuerpos de aeronautas como vehículos voladores tripulados (Vaquerizo describe estas imaginarias máquinas con precisión tal que hace pensar al lector que podría ser posible su fabricación). En lo político, parece que se ha logrado una convivencia pacífica con la población de origen árabe, siendo sus enemigos de siempre Inglaterra y Francia.

Al margen de lo bien narrado del relato, creo haber descubierto un problema en las ucronías o historias alternativas en general, y es que el interés que puedan despertar semejante tipo de relatos es directamente proporcional al conocimiento de la historia que se pretende alterar. Para decirlo en cristiano, hay varias alusiones a personajes y eventos de la historia española que a mi, por no tener dicha nacionalidad, o se me han escapado o no me han causado interés alguno. Igual podría ocurrirle a un lector sueco leyendo una historia alternativa en la cual el Perú gana la guerra con Chile de 1879. A menos que sea historiador. Por suerte, nuestros vínculos con España y la historia de la aviación hacen  llevadero el relato.

La mar y los muertos (Ekaitz Ortega): Inquietante relato ambientado en una realidad imprecisa, en la cual hay sólidas creencias acerca de la relación entre los vivos y los muertos. Sin embargo, el devenir histórico lleva a algunas personas a cuestionar estas creencias. A fin de llegar a la verdad, se realizará un experimento en un cementerio, con resultados insospechados. Un relato que requiere mucha atención en su lectura para una cabal comprensión.

Ebenezer (Juan Antonio Fernández Madrigal): ¿Y si el protagonista de Canción de Navidad de Charles Dickens hubiese existido en realidad? ¿Si hubiera sido en efecto un anciano ruín y amargado, y tuviera ante sí la posibilidad de cambiar? Pero el relato de Dickens era una fantasía con fantasms y final feliz, mientras que el triste relato de Fernández Madrigal es sólo una fantasía con fantasmas y algo más.

(Nota: Esta reseña la encontré entre los tantos archivos que a veces uno ni sabe que tiene almacenados en la memoria de la computadora. Artifex, lamentáblemente, ya no está disponible en la red, pero quería dejar testimonio de la altísima calidad que pude apreciar en sus contenidos. Otro comentario en el Sitio de Ciencia Ficción. Daniel Salvo)