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jueves, 5 de septiembre de 2013

La luna y el sol - Vonda N. McIntyre


La luna y el sol

Vonda McIntyre


Al empezar con la lectura de esta larga pero absorbente novela, me encontré con que el primer capítulo narraba el portento ofrecido en el texto de la contraportada de la edición de Ediciones B: durante el reinado de Luis XIV de Francia, el Rey Sol, es capturada una criatura que es descrita, al principio, como un monstruo marino: retoza en el mar, tiene pelo verde, grandes incisivos y manos palmeadas. Es enviada al palacio de Versalles, para su estudio por parte de su captor, el sacerdote jesuita Yves de la Croix, y de su hermana, Marie-Josephe (ah, cómo me gustaría castellanizarla y nombrarla como María Josefa, o Maria Pepa, pero traicionaría a la traductora y a la ambientación de la novela.

El ritmo es vigoroso, lo que facilita su fácil lectura. Tan fácil, que cuando llegué a la mitad del libro (el volumen entero tiene cerca de quinientas páginas), me di cuenta de algo: que el monstruo marino apenas había sido mencionado en contadas ocasiones. Hasta este punto, la novela se enfoca en ambientar al lector en la corte de Versalles, y a pesar de la profusión de detalles e intrigas dignas de un culebrón televisivo, la lectura no deja de ser apasionante. Tengo la impresión de que la autora, perteneciente al ámbito cultural anglosajón, ha debido sentirse fascinada por todo ese aparato, pompa y protocolo que implicaba formar parte de la nobleza de una nación como la Francia de fines del siglo XVII, donde contaban mucho detalles tan aparentemente nimios como el sentarse a la derecha o a la izquierda del rey, a cuantos pasos de distancia podía alguien estar en su presencia, el tipo de trato que debía dispensarse a otros personajes como el Papa o sus representantes… A los ojos de la autora, todo esto debe parecer una suerte de cultura extraterrestre. En mi caso, esta parte de la novela despierta sentimientos encontrados: uno se da cuenta de cuan lejos de la modernidad está un país como el Perú, puesto que muchas de esas instituciones premodernas (tráfico de influencias, sistema de castas, costumbres retrógradas como el machismo) han sobrevivido y siguen siendo parte de nuestra cultura. Fascinante para un observador externo, incómodo para quienes vivimos, en parte, esa pre-modernidad. No es difícil notar que nuestro país, sobre todo en lo que a la administración pública se refiere, aún se maneja en base a criterios cortesanos, donde cada funcionario se siente una especie de reyezuelo, según quien lo haya “recomendado”.

Pero luego de esta puesta al corriente de las intrigas y funcionamiento de la corte de Luis XIV, acaso indispensable para la mejor comprensión de los acontecimientos que son narrados después, la novela se enfoca propiamente en la interacción entre la criatura marina y su nuevo entorno, interacción que se da en el peculiar contexto de la época, con un incipiente desarrollo del método científico – llamado aquí “filosofía natural” – que tiene que habérselas con los intereses del propio Rey Sol, quien desea diseccionar a la criatura en búsqueda del secreto de la inmortalidad (aquí tenemos a la alquimia susurrándole al oído), o en última instancia, degustarla en un fastuoso banquete (aquí tenemos a la vanidad de un monarca deseoso de dejar su huella en la historia). No son ajenos los debates entre la religión y el secularismo, puesto que para la Iglesia Católica, la criatura no es más que una bestia, un animal, y es aún posible condenar a la hoguera por herejía a quien sostuviera lo contrario… a pesar de las innumerables pruebas de “humanidad” que ofrece la criatura, cuyo único portavoz, en un principio, es la propia Marie-Josephe, una mujer sui generis para la época, pues pese a haber sido educada en un convento de la isla Martinica (orando y sirviendo), tiene una gran pasión por las matemáticas y la música, mantiene contacto con luminarias como Isaac Newton y se atreve a solicitar, para sus investigaciones, un microscopio fabricado por Antón van Leeuwenhoek, precursor nada menos que de la biología experimental. Brillantes hombres de ciencia para unos, peligrosos herejes protestantes para el entorno cercano de Marie-Josephe.

Las historias personales de la criatura marina – a la que se bautizará como Sherzad, en homenaje a la Sherezade de Las mil y una noches – , y de Marie – Josephe acabarán por mezclarse de una manera brillante, que nos permitirá atisbar otros aspectos de la condición humana, como puede ser nuestra reacción ante lo desconocido (¿el encuentro con Sherzad acaso no se parece al encuentro entre las culturas europeas y las cultura prehispánicas?), y en particular, de la condición femenina, buscando su propio espacio en un mundo cuyas pautas siempre parecen estar prefijadas por los hombres. En esa mujer del mar, de apariencia tan monstruosa, la propia Marie - Josephe se encontrará a sí misma (una hembra capturada en un mundo machista) y acabará por descubrir la manera de cambiar su propio destino. Se aprecia también lo cuidado de las descripciones relativas a los hábitos y naturaleza de la criatura Sherzad. No en vano Vonda N. McIntyre obtuvo un título en biología por la Universidad de Washington.

Drama histórico, encuentro entre dos mundos, un enigma biológico (¿cuál es el verdadero origen de las criaturas marinas?) y la lucha por la libertad del conocimiento en una época de dogmas. Merecido el premio Nebula de 1998.

Daniel Salvo


miércoles, 20 de abril de 2011

Serpiente del sueño (Vonda N. McIntyre)




La acción de Serpiente del sueño transcurre en un futuro bastante peculiar. La Tierra, al parecer, ha atravesado por un conflicto nuclear de efectos devastadores. Pero aunque la civilización que conocemos ha colapsado, hay vestigios que nos indican, entre otras cosas, un gran avance en ciencias médicas y un contacto con seres extraterrestres cuya presencia en nuestro planeta continúa, aún cuando estos alienígenas apenas intervienen en los asuntos humanos.



En este escenario post atómico, la dispersa humanidad ha formado clanes o tribus independientes, cada una con sus propios sistemas de conocimientos, organización política, adelanto tecnológico y costumbres sexuales. La protagonista de la novela, Serpiente, es una curadora, cuyas habilidades médicas dependen en gran medida de sus "acompañantes", tres serpientes venenosas con las cuales puede otorgar a sus eventuales pacientes un tratamiento que podría considerarse milagroso, a juzgar por sus logros (cura del cáncer, restitución de habilidades motoras, entre otras). La manera en la cual Serpiente ha obtenido su asombroso conocimiento se basa, empero, en las ciencias biológicas, de las cuales apenas se nos ofrece algunos atisbos.



Los curadores, casta a la cual pertenece Serpiente, son conocidos y respetados por ese conocimiento, no siempre comprendido por sus beneficiarios. Así, en medio de una curación in extremis, Serpiente perderá a una de sus colaboradoras, una serpiente de sueño, una especie de reptil que no es oriunda de la Tierra, sin la cual las habilidades curativas de Serpiente se ven practicamente anuladas. Sin una serpiente de sueño, una curadora es inoperante.



Serpiente se verá forzada así a buscar otra serpiente de sueño, a sabiendas de que se trata de una misión casi imposible: las serpientes de sueño se reproducen muy rara vez, y ni siquiera se ha logrado conseguir un proceso de clonación que pueda considerarse exitoso. Siguen siendo una especie extraterrestre, tan incomprensibles como los exteriores que moran entre los humanos. Es gracias a esta búsqueda que podemos obtener una visión de primera mano del mundo del futuro, que no difiere mucho del nuestro en los aspectos más negativos: ignorancia, esclavitud, prepotencia y egoismo continúan siendo los principales móviles de la existencia de muchos seres humanos, al igual que la locura.



Pero no todo es negativo. La propia Serpiente se nos presenta como una mujer de gran entereza moral y llena de eso que podemos definir como vocación de servicio, alguien que vive para que otros puedan vivir, y que en más de una ocasión deberá dejar de lado su propia comodidad - siempre al alcance de la mano, siempre una tentación - en aras de los objetivos superiores a los que ha consagrado su existencia. Sin dejar de ser humana, Serpiente tomará siempre la decisión correcta, aún cuando esto no le proporcione beneficio alguno. Rescatará a una niña de sus explotadores (tan civilizados como crueles), y a cambio obtendrá la ocasión de desarrollar una maternidad que aprende a disfrutar.



El momento cumbre de la novela llega cuando Serpiente, ante los rumores de la existencia de un lugar donde podría encontrar al fin otra serpiente de sueño, se dirige al mismo para encontrarse con la tentación final, un poder mediante el cual podría obtener todo lo que alguien en sus condiciones podría desear.



Una hermosa historia protagonizada por un personaje inolvidable. Serpiente del sueño obtuvo los premios Nebula (1978), Hugo y Locus (1979).



Daniel Salvo