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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Drácula desencadenado (Brian Aldiss)



Ante todo, honestidad: se trata de una novela llena de ideas en torno al vampirismo, la evolución, el cristianismo y la era victoriana. También se trata de una novela flojamente escrita, con personajes poco empáticos y excelentes situaciones desperdiciadas. 

Seguimos las aventuras de Joe Bodenland, mejor narradas en Frankenstein desencadenado. En esta ocasión, es un magnate industrial que va a probar un revolucionario dispositivo capaz de "retirar del tiempo" (y del espacio) cualquier clase de materia, como puede serlo la cada vez más creciente cantidad de basura que produce la humanidad (la novela está ambientada a mediados del siglo XXI, habiendo sido escrita en 1991). Al mismo tiempo, recibe una comunicación urgente de su yerno, quien le informa que acaba de hallar, en el desierto de Arizona, dos ataúdes conteniendo restos humanos ... enterrados hace más de 65 millones de años. Y es sólo el principio.

Al parecer, en el principio de los tiempos, la evolución dio lugar a una raza de seres con características poco usuales, los Voladores, probables descendientes de los pterodáctilos, predadores capaces de nutrirse de sangre humana y de transmitir sus características - entre ellas la inmortalidad - a sus víctimas. Por alguna razón, el poder de los vampiros ha decrecido, para ser recuperado en los siglos venideros. Los vampiros dominan nuestro mundo en el pasado y el futuro remotos, bajo el mando del vampiro más poderoso de todos, quien gusta de ser llamado el Conde... o Drácula. Pero la clave de este dominio se encuentra nada menos que en la Inglaterra victoriana, en la mente de un irlandés aquejado de la sífilis contraída en sus innumerables encuentros con prostitutas. Si, se trata del mismísimo Bram Stoker, el autor de la novela Drácula, "un nombre conocido desde las principales ciudades del mundo hasta los rincones más recónditos de las selvas más alejadas", o así lo pone el autor, afirmación con la que no podemos estar más de acuerdo. Stoker se convertirá en el objetivo tanto de los vampiros - quienes quieren evitar que escriba su famosa novela - como de Bodenland, quien necesitará de sus conocimientos para conjurar la amenaza que se cierne sobre el mundo.

Bodenland volverá a viajar en un curioso tren que se mueve a través del tiempo y que es conducido por vampiros (!), deteniéndose en la Inglaterra de fines del siglo XIX, no lejos de la morada de Bram Stoker, quien cuenta entre sus conocidos al doctor Van Helsing - un charlatán timorato e intrascendente -, y a un pobre enfermo de sífilis llamado Renfield. Los posteriores acontecimientos llevarán a Bodenland, Stoker y otros personajes a viajar de un tiempo a otro, con el objetivo de acabar para siempre con los vampiros.

Los cambios de escenario y las situaciones insólitas son numerosos, lo que contrasta con la casi apatía que demuestran los principales personajes ante dichas situaciones. Cuesta creer que un inglés - o una inglesa- de fines del siglo XIX se enfrente, en el transcurso de una semana, a vampiros, viajes en el tiempo y otras situaciones así de inusuales sin demostrar mayor sorpresa o interés. En cambio, los mejores momentos de la novela - desde el punto de vista narrativo - son aquellos en los cuales los personajes discuten o se dedican a perorar en torno a sus ideas, a las que conviene echarles más de una ojeada. Por ejemplo, se plantea que los vampiros son inmortales y poderosos, pero carecen de creatividad e inventiva, por lo que no les queda más remedio que parasitar a los humanos. Se explican también las debilidades vampíricas desde un punto de vista racional, como el temor de los vampiros a las cruces, basado en una visión bastante positiva del cristianismo como una manera de despertar la consciencia humana. O la similitud de los efectos de la sífilis y la mordida de un vampiro en los humanos...

Un poco más de acción habría dado lugar a una novela redonda. Eso sí, es un buen ejemplo de la ciencia ficción entendida como literatura de ideas.

jueves, 8 de mayo de 2014

Criptozoico (Brian Aldiss)


Si creen que Ballard o Lem son autores difíciles, es que no han leído a Brian Aldiss. No es que toda su producción sea así: la trilogía Heliconia, La nave estelar, Invernáculo y Galaxias, como granos de arena, son novelas y cuentos de lectura casi obligatoria. Pero es justo reconocer que su estilo, denso como el que más, puede ser algo disuasivo para el lector, incluso para un lector curtido en la ciencia ficción.


Criptozoico es una novela que se caracteriza por su densidad. El argumento es totalmente de ciencia ficción: en el futuro, se ha descubierto una manera de viajar en el tiempo, aunque de manera más bien subjetiva, como una proyección en el tiempo elegido. Dicha traslación temporal se logra mediante el uso de una droga cuyas siglas son CSD, de manera que el viaje en el tiempo es más una experiencia personal que un desplazamiento propiamente dicho.

No deja de ser curioso el efecto de dicho viaje en el tiempo, una auténtica moda del siglo XXI. Los viajeros se aficionan mucho a estas experiencias, de modo que la “realidad” aparece como deshabitada. Casi como nuestro presente y el descubrimiento del ciberespacio, cuya “realidad” experimentamos acaso durante más tiempo que el mundo antes conocido como real. El abandono de la sociedad llega a tal punto, que se producen una serie de movimientos políticos tratando de contrarrestar los efectos del viaje en el tiempo, que resulta ser objeto de prohibición.

Pero esta prohibición no es más que la fachada de un plan, que consiste en la captura de un científico bastante peligroso a causa de un descubrimiento trascendental: la verdadera naturaleza del viaje en el tiempo y el verdadero sentido del tiempo y de la realidad. Casi nada…

El gran problema de la novela es que tan interesante argumento se nos narra a través de un enrevesado y abundante, por ratos aburridísimo, texto lleno de idas y vueltas, reflexiones, anécdotas, apariciones y desapariciones de personajes, personajes secundarios, exposición de teorías sobre el subconsciente, que deben haber llevado a más de un lector a abandonar la novela. No es un texto fácil, cierto, pero tampoco se puede negar su potencia como literatura de ideas, y al menos los capítulos finales están escritos a un ritmo más rápido.

Justamente, en esos capítulos se nos aclara un tanto la trama, con un final sorpresa de esos que sólo pueden originarse en la ciencia ficción. La auténtica naturaleza del tiempo y del espacio, el origen y el fin del universo (narrado por sus protagonistas, nada menos), son descritas de una manera tan acorde con la experiencia humana que, si bien no llegan a “hacernos dudar”, si que generan más de una interrogante en torno a nuestras creencias y aparentes certezas cosmológicas, entre otras.

El “criptozoico” al que alude el título es una época lejanísima en el tiempo, anterior a la aparición de la vida tal como la conocemos, a la que la mayoría de personajes gusta de viajar y es aludida constantemente en la novela. Porque está ubicada en el pasado, pero podría ser también la acumulación de todo el tiempo transcurrido, de modo que podría ser, desde cierto punto de vista, lo que hasta el momento llamamos futuro…

Una novela cargada de filosofía, difícil de leer, con personajes casi inanes, confusa e inorgánica. O es una pérdida de tiempo, o es una genialidad. A decisión del lector.



Daniel Salvo

jueves, 6 de junio de 2013

Enemigos del sistema (Brian W. Aldiss)



Una sociedad estelar basada en el Biocom(unismo) más racional. Una sociedad cuyos miembros se llaman a si mismos homo uniformis, como demostración del alto nivel de vida al cual han llegado todos sus miembros. Una sociedad para la cual el capitalismo es un sistema que pertenece a las brumas de la historia. Una sociedad que es el sueño de cualquier planificador: población educada y saludable. Alimentación balanceada, actividades programadas, genéticamente mejorados... la Utopía.
Usando un estilo bastante seco, al punto que es casi imposible identificarse con cualquier personaje de la novela, Aldiss lleva al lector a una serie de reflexiones en torno a las ideas que este pueda tener, no solo en torno al mejor modelo de sociedad posible, sino a la misma sociedad en la cual vivimos.
La acción transcurre en el planeta Lysenka II. Se trata de un planeta apenas habitado, que funciona como una especie de zoológico para el recreo (programado) de diversos grupos de utopistas que suelen visitarlo. Precisamente, debido a una "huelga" (que se pretende ocultar por todos los medios) del personal técnico, un grupo de estos utopistas viajeros, se verán abandonados a sus propios medios en medio de las selvas de Lysenka II, donde serán constantemente amenazados por bestias salvajes.
Así descrita, la acción parece excesivamente simplista, pero como casi todo en la buena ciencia ficción, nada es lo que parece. Aislados del entorno hipertecnológico del cual provienen, los utopistas serán testigos de cómo los más básicos temores y deseos surgen y se imponen a su aparentemente inalterable condición de seres superiores. Pese a sus inútiles intentos de afrontar la situación como "seres civilizados", mediante raciocinios que rayan en lo esquizofrénico, poco a poco irán cayendo en cuenta que muchas de las aparentes verdades en las que se asienta su modo de vida no son sino meras construcciones mentales, que les serán de poca o ninguna ayuda ante la situación en la que se encuentran.
Enemigos del sistema recuerda en mucho a Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift en su intención de denostar al género humano mediante el uso de la sátira. Pero hay más que eso en la presente novela: resulta que Lysenka II oculta un secreto, a saber, el hecho de que su fauna no es originaria del planeta, sino producto de un accidente ocurrido milenios atrás, en el cual una nave estelar se estrelló en Lysenka II, y cuyos ocupantes, originalmente humanos, han degenerado en seres parecidos a topos, cerdos o ciervos, y esto debido a que, originalmente, los ocupantes de dicha nave eran... ¡capitalistas!
Dado que la novela fue publicada en 1978, es decir, en plena Guerra Fría, cuando todavía existía una Unión Soviética que era vista como modélica y poderosa por gran parte de la población mundial, se nota una preocupación por denunciar los errores - y los horrores - del totalitarismo, además de la pretensión de crear un determinado tipo de ser humano a partir de premisas que acaban por carecer del menor sustento en la realidad. Pero Aldiss tampoco parece ser muy optimista respecto a la contraparte del totalitarismo comunista, y nos ofrece, a modo de caricatura, el lado degradado de la "otra" humanidad, llegando a una conclusión bastante pesimista respecto a la condición humana. Corresponde a los lectores, a través del rumbo que den a sus vidas, confirmar o contradecir la visión de Aldiss. Hagamos votos por que la ciencia ficción no se convierta en la predicción del desastre.

Daniel Salvo

viernes, 1 de octubre de 2010

Pioneros del futuro (VV.AA.)



Pioneros del futuro (varios autores)
Luis de Caralt, editor
España, 1977


El demostrador de la cuarta dimensión (Murray Leinster): Muchos de los tópicos de la ciencia ficción (viajes en el tiempo, encuentros con extraterrestres, robots) se prestan muy bien para el humor y la aventura. O como en este caso, para relatar las desventuras de un atribulado heredero de una máquina que permite demostrar la existencia de la cuarta dimensión, y pretende utilizarla para impresionar a su chica. Sólo que a la damisela del cuento le impresionan cosas más prosaicas.

Colón fue un cretino (Robert Heinlein): Menos humorístico, pero con más punch, la historia tiene un final sorpresa. Comienza con un barman cualquiera en un bar aparentemente cualquiera, quien, harto de la manía de su tiempo, los viajes espaciales, emite una filípica contra los exploradores, contra quienes, en lugar de quedarse contentos en casa y con lo que tienen, prefieren arriesgar sus vidas y familias por lo desconocido. ¿Qué ventaja tiene el explorar la luna u otros astros?

La hora de la batalla (Robert Sheckley): La humanidad estaba en guerra. Una guerra difícil de ganar, dada la superioridad del enemigo en el campo mental: eran una raza de telépatas. Por suerte, la humanidad desarrolló un detector de emisiones telepáticas. Los enemigos quedaron "mudos", tanto, que los tripulantes de las naves terrestres comienzan a preguntarse qué había pasado con los enemigos. Comienzan a preguntarse cosas que nunca antes se habían preguntado. Por suerte, contaban con el detector de emisiones telepáticas.

El arma demasiado espantosa para ser usada (Isaac Asimov): Un Asimov primerizo (de hecho, es su primer cuento, publicado cuando tenía 17 años), que contra lo que se dice, no tenía reparos en incluir extraterrestres verdes en sus historias. En este cuento, los venusinos han sido esclavizados por los terrestres, quienes han aprovechado su decadencia cultural. Empero, los venusinos eran una raza muy antigua, tanto, que en sus tiempos de esplendor previeron años oscuros para el planeta, y crearon el arma demasiado espantosa para ser usada. Al ser redescubierta por los nativos, ¿se atreverían a utilizarla contra los opresores terrestres?

Sin reacción (Theodore Sturgeon): Sólo a un maestro como Sturgeon podría ocurrírsele mezclar una historia de mundos paralelos con la búsqueda de un tratamiento para ciertos desórdenes psicológicos. Memorable.

El flautista (Ray Bradbury): Una melancólica historia que bien podría ambientarse en el Marte de "antes" de las Crónicas marcianas. Los marcianos han sido sojuzgados por los malvados terrestres, perdón, jupiterianos (este anti-humanismo no parece bradburiano, qué lejos de Las maquinarias de la alegría), quienes los explotan en horrendas y sucias explotaciones mineras (siempre son explotaciones mineras, ¿ qué nadie piensa en un crucero de explotación o algo así?). El flautista del título, un marciano vagabundo perteneciente a la poética Raza Dorada, recuerda que en las profundidades de Marte está el germen de su liberación, aunque ésta puede significar el fin de su propia existencia.

Ecuador (Brian Aldiss): Nada menos que una historia de espionaje escrita por Brian Aldiss, sólo que en lugar de una potencia extranjera que quiere conquistar el mundo libre, tenemos extraterrestres que quieren conquistar la Tierra. Hay romance también entre el involuntario espía terrícola y una bella contra-agente de otro mundo. Como todas las historias de James Bond, a estas alturas, el asunto deviene en humorístico. En un mundo sin Guerra Fría, la trama deviene en involuntariamente humorística.

Náufrago (Arthur C. Clarke): Para quienes suelen cuestionar las habilidades de Clarke como narrador, este cuento funciona como un perfecto tapabocas. Una joya de esas que no se producen así como así. Poético a su manera, nos narra el arribo de un ser nacido en condiciones atmosféricas completamente ajenas a nuestro hábitat terrestre, para quien la luz es oscuridad y la gravedad, el fin.


Daniel Salvo