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miércoles, 25 de febrero de 2015

Clarke´s third law


La ciencia ficción ha dejado de ser, desde hace tiempo, la Cenicienta de la literatura y la cinematografía mundial. No solo la cantidad, sino la calidad de los productos cinematográficos se incrementa cada vez más, como lo prueba este impactante cortometraje, Clarke´s third law.

No es para menos. El Clarke a que se refiere el título del cortometraje no es otro que uno de los autores fundamentales del género, Arthur C. Clarke, en torno a quien gira la producción. En pocos minutos, no solo resume lo fundamental de la vida y obra de Clarke, sino que devuelve al espectador aquello que acaso sólo la ciencia ficción puede proporcionar: el sentido de la maravilla, el encuentro con el universo en el que habitamos, pleno de misterios por descubrir y de belleza que admirar.

El cortometraje, narrado por una voz en off, inicia con la infancia de Clarke, y el inicio de una vida signada por una inquietud cardinal, a saber, cómo sería entrar en contacto con una civilización extraterrestre. Inquietud que Clarke plasmó en obras como "Cita con Rama", "2001, Odisea del espacio", "El fin de la infancia" y otras.

Pero las cosas no se quedan ahí: la ficción irrumpe en el cortometraje, y tenemos que tras la muerte de Clarke, ocurre una catástrofe que devuelve a los humanos a un nivel de vida similar al neolítico. Como nos narra la voz en off: "Los avances tecnológicos de décadas, siglos, milenios... desaparecieron". Casi mil trescientos años después de esta catástrofe, un niño del futuro llamado Vishu encontrará un artefacto que perteneció a Arthur C. Clarke, gracias al cual podrá al fin hallar la respuesta a la pregunta que el científico y escritor se hizo durante toda su vida. Y es con esta respuesta que cobra sentido el título del cortometraje,  Clarke´s third law (La tercera ley de Clarke), la cual reza: "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Todo un homenaje a la obra y visión de Clarke, además de una reflexión irónica en torno a los límites del conocimiento y el eterno peligro en el que se encuentra nuestra civilización de destruirse a sí misma... aunque no definitivamente.

Además, la magnífica fotografía y la majestuosa banda sonora hacen de Clarke´s third law un espectáculo memorable, en sus casi siete minutos de duración. Una interesante propuesta de la productora cinematográfica española Valen Arts.

CLARKE’S THIRD LAW HA SIDO PRODUCIDO
POR LEGUA EDITORIAL Y VALEN ARTS
NOVIEMBRE 2014
GRABADO EN VALENCIA (ESPAÑA)

GÉNERO: FANTASÍA/CIENCIA FICCIÓN
DURACIÓN: 6,42 MIN
IDIOMA: INGLÉS
SUBTÍTULOS: CASTELLANO
SONIDO: DIGITAL 5.1

DIRECTOR: JAVIER VALENZUELA


viernes, 1 de octubre de 2010

Pioneros del futuro (VV.AA.)



Pioneros del futuro (varios autores)
Luis de Caralt, editor
España, 1977


El demostrador de la cuarta dimensión (Murray Leinster): Muchos de los tópicos de la ciencia ficción (viajes en el tiempo, encuentros con extraterrestres, robots) se prestan muy bien para el humor y la aventura. O como en este caso, para relatar las desventuras de un atribulado heredero de una máquina que permite demostrar la existencia de la cuarta dimensión, y pretende utilizarla para impresionar a su chica. Sólo que a la damisela del cuento le impresionan cosas más prosaicas.

Colón fue un cretino (Robert Heinlein): Menos humorístico, pero con más punch, la historia tiene un final sorpresa. Comienza con un barman cualquiera en un bar aparentemente cualquiera, quien, harto de la manía de su tiempo, los viajes espaciales, emite una filípica contra los exploradores, contra quienes, en lugar de quedarse contentos en casa y con lo que tienen, prefieren arriesgar sus vidas y familias por lo desconocido. ¿Qué ventaja tiene el explorar la luna u otros astros?

La hora de la batalla (Robert Sheckley): La humanidad estaba en guerra. Una guerra difícil de ganar, dada la superioridad del enemigo en el campo mental: eran una raza de telépatas. Por suerte, la humanidad desarrolló un detector de emisiones telepáticas. Los enemigos quedaron "mudos", tanto, que los tripulantes de las naves terrestres comienzan a preguntarse qué había pasado con los enemigos. Comienzan a preguntarse cosas que nunca antes se habían preguntado. Por suerte, contaban con el detector de emisiones telepáticas.

El arma demasiado espantosa para ser usada (Isaac Asimov): Un Asimov primerizo (de hecho, es su primer cuento, publicado cuando tenía 17 años), que contra lo que se dice, no tenía reparos en incluir extraterrestres verdes en sus historias. En este cuento, los venusinos han sido esclavizados por los terrestres, quienes han aprovechado su decadencia cultural. Empero, los venusinos eran una raza muy antigua, tanto, que en sus tiempos de esplendor previeron años oscuros para el planeta, y crearon el arma demasiado espantosa para ser usada. Al ser redescubierta por los nativos, ¿se atreverían a utilizarla contra los opresores terrestres?

Sin reacción (Theodore Sturgeon): Sólo a un maestro como Sturgeon podría ocurrírsele mezclar una historia de mundos paralelos con la búsqueda de un tratamiento para ciertos desórdenes psicológicos. Memorable.

El flautista (Ray Bradbury): Una melancólica historia que bien podría ambientarse en el Marte de "antes" de las Crónicas marcianas. Los marcianos han sido sojuzgados por los malvados terrestres, perdón, jupiterianos (este anti-humanismo no parece bradburiano, qué lejos de Las maquinarias de la alegría), quienes los explotan en horrendas y sucias explotaciones mineras (siempre son explotaciones mineras, ¿ qué nadie piensa en un crucero de explotación o algo así?). El flautista del título, un marciano vagabundo perteneciente a la poética Raza Dorada, recuerda que en las profundidades de Marte está el germen de su liberación, aunque ésta puede significar el fin de su propia existencia.

Ecuador (Brian Aldiss): Nada menos que una historia de espionaje escrita por Brian Aldiss, sólo que en lugar de una potencia extranjera que quiere conquistar el mundo libre, tenemos extraterrestres que quieren conquistar la Tierra. Hay romance también entre el involuntario espía terrícola y una bella contra-agente de otro mundo. Como todas las historias de James Bond, a estas alturas, el asunto deviene en humorístico. En un mundo sin Guerra Fría, la trama deviene en involuntariamente humorística.

Náufrago (Arthur C. Clarke): Para quienes suelen cuestionar las habilidades de Clarke como narrador, este cuento funciona como un perfecto tapabocas. Una joya de esas que no se producen así como así. Poético a su manera, nos narra el arribo de un ser nacido en condiciones atmosféricas completamente ajenas a nuestro hábitat terrestre, para quien la luz es oscuridad y la gravedad, el fin.


Daniel Salvo

viernes, 1 de enero de 2010

Regreso a Titán (Arthur C. Clarke)





Partida de caballo, parada de burro. Así podría resumirse esta novela de Arthur C. Clarke, cuyo título original Imperial Earth promete más de lo que ofrece. Eso sí, no puede uno dejar de reconocerle a Clarke la habilidad para plantear un argumento intrigante y el talento para describir maravillas tecnológicas, como ese arrecife de oro que el protagonista tiene ocasión de visitar.


La acción transcurre en el año 2276, es decir, durante el Quinto Centenario de la Independencia (de los Estados Unidos de Norteamérica). La Tierra es el centro de una suerte de imperio conformado por las colonias situadas en la Luna, Marte y Titán, satélite de Saturno. La colonia de Titán se encuentra bajo el liderazgo de los Makenzie, una "dinastía" integrada nada menos que por clones. El más joven de estos, Duncan Makenzie, efectuará un viaje a la Tierra, en búsqueda de conocimiento, poder e influencia para respaldar sus planes políticos en Titán.


Hasta el viaje que realiza Duncan, la novela transcurre de manera más que fluida. Clarke logra su cometido de maravillar al lector narrando la historia del futuro, el establecimiento de las colonias, el impacto de ciertos avances científicos; así como los pormenores del propio viaje interplanetario a bordo de la nave Sirius. Más de una vocación científica ha de haber surgido al leer estos párrafos.


Los problemas comienzan una vez que Duncan llega a la Tierra. Si bien se logra bastante verosimilitud en la descripción de los efectos que produciría el adaptarse a la Tierra para un ser humano que siempre ha vivido en un satélite muy lejos del sol, con una gravedad menor, en un ambiente aséptico, carente de fauna y con una flora reducida a lo indispensable. Es de apreciar el efecto alienígena que produce en Duncan la visión de un insecto tan prosaico como una puede serlo una mariposa. Su encuentro con el mar también es de antología.


Pero donde la novela comienza a fallar es en la intriga, en el plot, que la verdad, o bien carece de interés o es demasiado gringo para mí. Duncan va de un sitio a otro, encontrándose con una persona, luego con otra, hace una llamada, lo llaman... hasta que de pronto, tiene lugar el encuentro definitivo con la persona definitiva y ¡listo! entramos a la recta final, con Duncan Makenzie resolviendo un misterio (que acaso a nadie le interesa), besando a la chica (para luego decirle adiós) y, lo mejor de todo, ofreciendo a la humanidad el descubrimiento, cuya inspiradora descripción permite a Clarke dar otra vez lo mejor de sí, aunque no logra devolver al lector el tiempo desperdiciado en seguir una intriga que apenas levanta el vuelo.


Si bien se deja leer, Regreso a la Titán parece haber sido escrita para seguidores incondicionales de Clarke. Por suerte, tiene cosas mejores.


Daniel Salvo