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domingo, 1 de agosto de 2010

Nipe, el monstruo (Darrel T. Langart)







Nipe, el monstruo
Darrel T. Langart (pseudónimo en anagrama de Randall Garrett)
Anything Can You Do; 1963
Traducción: Francisco Olmo
E.D.H.A.S.A. Nebulae 1º época nº 119, 1966

La decodificación metatextual de la contracarátula señala que: “En realidad, se trató de un monstruoso malentendido. El Nipe llegó al planeta Tierra en busca de sus iguales, con quienes establecer un fructífero contacto. ¿Pero, dónde estaban? Acaso aquellos ridículos seres bípedos, con sólo dos ojos y cuatro extremidades no podían representar a la especie superinteligente del planeta. Y entonces el Nipe se encerró en los subterráneos abandonados del antiguo Metro de Nueva York, que en el año 2081, nadie visitaba... Allí se hizo necesario buscarlo y destruirlo... creando para tal fin a otro monstruo capaz de medir sus fuerzas con él... el superhombre Bart Stanton, de reflejos rápidos como el pensamiento. Pues el Nipe actuaba con una celeridad sin igual en la Tierra, y que ningún ser viviente podía aventajar.”



Recordar -con frecuencia de eso se trata-, consiste en conectarnos con nuestra afición y acercarnos a aquellas obras, quizás menores, pero que nos impactaron en el momento de leerlas. En mi agenda, he colocado la fecha de mis reflexiones iniciales: 25.10.1981, como dirían mis hijos para burlarse “30 años de na'”.



La traducción es deficiente y la carátula horrorosa sin remedio, es un remedo de bestia abstracta que no alcanza a cuajar por ningún lado, me llamó la atención del alienígena porque su nombre coincidia con nipón, el enemigo de USA en el Pacìfico, durante la II Guerra Mundial, lo segundo que note fue la semejanza de la nave ET con la caída del meteorito de Tunguska y de su posible vínculo con la obra de Kazantsev “Un visitante del espacio exterior”.


Luego, describo la situación presentada en la novela, marcada en profundidad por la “Guerra Fría”, ya que después de un tremendo holocausto nuclear, se arriba a un gobierno federativo mundial con los valores del protocapitalismo. Aceptaba como hecho incontrovertible la occidentalización del planeta. Siberia había sido puesta en valor por las inversiones de dicha federación a través de megasembrados de árboles de papel marcianos y con mucha verosimilitud habitada por mestizos chino-rusos, ya que el nombre del campesino que observa el estallido de la nave y se convierte en la primera víctima del Nipe es: Wang Kulichenko, lo cual evoca la concreción de una reivindicación china sobre terrenos siberianos esgrimida en esa época de tensiones internacionales entre los dos gigantes del socialismo.


Agrego que en cierta forma no se ha equivocad, se da pero con intensa molecularización y regionalismo defensivo, asimismo resulta notable la exactitud de la predicción, ya que para el momento de la redacción, Randall, más allá de buenos deseos capitalistas y ataques a la vilipendiada y fenecida URSS - con negación de un futuro socialista incluido – no poseía elementos que permitieran avizorar tan profundo vuelco; la reivindicación china no ha sucedido, pero el desmembramiento de la URSS sustituye a esa subliminal apuesta. Quizás en consonancia Randall propone un planeta donde la catástrofe ha servido para instalar una sociedad de control similar a la actual sólo que con mayores despliegues tecnológicos para ejercerlo sobre las colectividades.


El Nipe era abordado con acierto y las caracterìsticas que se le atribuían permitían un recreación que combinaba ciertos rituales samurais signados por la caballerosidad con primitivas ceremonias caníbales de polinesios; lo que requiere para funcionar se le troquela al inicio de su existencia independiente, para evitar las repeticiones y los millones de actos innecesarios que trastocarían su accionar le han grabado una especie de cantar de gesta que indica lo trascendente.


Hay una evidente influencia de Malinovski y otros antropólogos en la elaboración teórica de George Yorimoto, el científico encargado de estudiar la etología del Nipe, quien descubría la forma diferente de su forma de razonar y concebir el mundo, en el fondo una sencilla inversión de los valores humanos donde los reemplazaba la intolerancia y la negación. Así se creaba un monstruo cuya destrucción estaba justificada.


El coronel Mannheim (otra reminiscencia de la guerra, un apellido alemán para significar que tras el final de la contienda eran aliados), líder de la unidad que intenta localizar y neutralizar al Nipe, permite que asesine y aterrorice durante años, en aras de la memoria robótica tecnológica que espera extraer y asimilar para aplicarla a la sociedad herida que representa cuando lo capture (similar a la actitud de la empresa propietaria del Nostromo en Alien: atraparlo y utilizarlo para obtener ganancias y liquidar a sus enemigos).


También significa que le conceden la oportunidad para que avance en la fabricación de un intercomunicador que puede atraer a bandadas de Nipes hacia laTierra, pero esperan compensar el riesgo con la información exprimida de las redes neuronales del Nipe. Mientras, el Nipe se convierte gracias a los mass media en un nuevo mito parecido a Frankenstein o Drácula. Diversos temas son incluidos por Garrett en la trama para densificarla y llenarla de contenido, demostrando habilidad para acoplarlos a su hilo principal, sin embargo, mucho es material de relleno y podría ser una noveleta eficiente.


El supuesto desafío decisivo entre Stanton y el Nipe, es sólo un match de box, duelo a puñetazos donde el Marqués de Queensberry se quedaría asombrado al comprobar para qué ha servido su arte; como era de esperarse, el Nipe, más delgado y pequeño en alzada, pero potente y veloz, ataca con movimientos similares a los del jiu jitsu, es un soldado japonés elevado a la quinta potencia, mientras que Stanton es sólo un supermarine elevado a la segunda potencia. Existe un artículo en Selecciones del Reader's Digest (1941) que evoca un enfrentamiento similar entre soldados de ambos países donde triunfa el marine.


Existe un juego de gemelos (evoca “La hora de las estrellas” de Robert A. Heinlein), que combinan cualidades, uno en New York y otro en el Cinturón de Asteroides (donde se ha transformado en el mejor detective contratado por el Lloyd's de Londres), cuya llegada será el gancho para atraer al Nipe a la emboscada, ya que ante nuestra lentitud y blandura ha llegado a convencerse de que los auténticos dirigentes del planeta deben morar en el cinturón de asteroides.


Hay jugosos anécdotas: el Nipe confunde el Consejo de Regencia del Hospital Psiquiátrico donde arriba para comunicarse con el Gobierno, en transparente alusión a su uso para encerrar disidentes, o el oponente del Nipe, es un vikingo rubio y de ojos azules que por la radiación sufrida en una central atómica al morir su padre, no despliega defensas inmunológicas ni fabrica anticuerpos cuando lo someten a la serie de operaciones que culminan en la creación del superhombre capaz de liquidar al Nipe o la rata-robot que dispara veneno (a destacar que los aspectos tecnológicos se enfocan de manera adecuada a la prospectiva del momento de edición y no obstante muchos parecen actuales, por la seriedad con que se les aproxima).


A pesar de que no quiero lanzar acusaciones falsas sobre el autor, el párrafo anterior y su preocupación por los mestizajes, que acepta como necesidad horrible pero necesaria, parece nutrir a momentos un racismo larvado en sus argumentos. Lo cierto es que hay mucho más tras la apariencia que lo sospechado al inicio, antes de analizarla, una demostración de que la buena ciencia ficción, digna de ser leida aunque estemos en desacuerdo con numerosos planteamientos, puede presentarse en estuches diversos y sorprendentes.




Luis Antonio Bolaños de la Cruz

jueves, 1 de abril de 2010

Río lento (Nicola Griffith)





Río lento (Slow River / Premios Nebula y Lambda 1996)

Nicola Griffith



La primera impresión del “near future” que nos brinda el texto es de una cotidianidad absoluta, la prolongación de lo mismo que utilizamos ahora, va a contrapelo de lo proferido por numerosos y eximios prospectólogos (casi que resuena como proctólogo, pero no hay algo novedoso que explorar o extraer de los intestinos de la sociedad en este caso), es probable que envejezca rauda y que se confunda con muletillas marketeras o se sumerja en su propia corriente de acontecimientos por aproximarse a la llama de la coherencia de la lógica formal.


No obstante posee valores que apuntan en otra dirección: es una valiente reconstrucción dedicada a un personaje, que proviniendo de una de las familias más acaudaladas del planeta, es capaz tras escapar de sus plagiadores, de convertirse a través de un periplo con etapas en delincuente primero y obrera después, en una persona que lucha por escapar a su destino aparente y decidir sobre su existencia auténtica. Circunvavegación en torno a las resoluciones que le permitirán emerger del círculo infernal donde se ve sumida tras su secuestro a la condición de trabajadora que la exalta y le da potencia para asumirse en plenitud.


Su arranque demasiado contemporáneo y próximo al thriller policial (casi un capìtulo de CSI) salpica con gotas desconcertantes a la lectura, y a pesar de que me jacto de ser tolerante, siento que el metatexto informativo con frecuencia inserta ideas que pueden germinar como prejuicios y si le sumamos esa cercanía temporal en ocasiones incómoda, provoca un nudo atenazante, un obstáculo limitante que nos cuesta eludir, lo cual no es de ninguna manera un demérito, ya que es lo que busca provocar la autora para que no empatizemos con facilidad con Lore, ya que la evolución de sus protagonistas recorre una gama de situaciones con frecuencia contradictorias si insistimos en valorarlas en términos de la moral, diría que prima entonces el reino de la ética personal, y ese es en extremo difícil de soslayar, asi que quedarán expuesto(a)s hasta las tripas, no hay concesiones ni subterfugios, son individuos que sufren, son invadidos por los sentimientos, solucionan sus necesidades, así las relaciones lésbicas son transitadas en su genuina dimensión (imprescindibles además para el crecimiento temático y andamiaje global del relato que hasta final feliz puede decirse que tiene), o las trapacerías informáticas que se cometen son devanadas con similar intención.


Hay descripciones tecnológicas que apuntan a la coexistencia entre la blogosfera y la prensa de papel, otras que aluden al paralelismo entre sistemas de identificación electrónica que suponen sistemas de biolocalización y mecanismos de control en la red integral, lo cual quedará expresado en el trato que le dispensan los secuestradores; nanotecnología aplicada, bacterias modificadas para cumplir tareas industriales de limpieza de aguas residuales (con exquisito detalle de funcionamiento), manipulación de genes para obtener determinados efectos, en cuanto a los mass media, la imagen trasmitida como prueba de su existencia está referida a la violencia terrorista y urbana; y los sentidos son interpelados:el olor a metal de la caja donde estuvo encerrada se funde y recicla para que no quede rastro, etc., señaló tales temas porque la primera frase de mi reseña podría ser engañosa, la novela abordará los despliegues tecnológicos pero como prolongación de los presentes, sin duda una opción válida para los propósitos verdaderos que persigue y relacionados con la demolición y reconstrucción del yo.


Otro punto a rescatar apunta a que el azar diseña el futuro con tanta eficacia como la planificación y acción concertada cotidiana con que la envolvía su familia disfuncional, aludiendo tangencialmente a sus relaciones como disolventes y destructivas (envueltas y secretadas por ese contraste entre poder y riqueza inicial de los Van de Oest y precaridad e improvisación posterior en su periplo con Spanner), ya que no semejan seres vivos, sino monigotes articulados para fingir el don de la vida (por si acaso también quedará explicado, ya que será uno de los leit motiv del desarrollo de los acontecimientos), diseñados con concisión para interactuar con tanta eficacia -casi maquinal- que resulta conveniente esa advertencia final de Nicola señalando que su obra no es autobiográfica.


Posee una lógica interna que articulará una estructura compleja, que se entrelaza con numerosas ramas, geometría que no se oculta pero tampoco queda manifiesta; Nicola se aplica: sus descripciones cautivan, sus peripecias enganchan y llega a proporcionarle una dinámica poética a la planta de reciclaje y a la opción ambientalista, sabe de que va y logra ubicarnos sin disimulo en el lugar que se propone (“Todo el mundo cambiaba si cambiabas un poco la perspectiva” para introducir la “dependencia sensitiva de las condiciones iniciales”), ahora tras las Cumbres reunidas en París y Copenhague ya no quedan dudas para la mayoría de los seres pensantes sobre el riesgo que se nos abalanza desde la depredación ecológica y ese es otro aspecto al cual se adhiere con fervor.


Hay momentos en que quiere parecer misteriosa, pero sólo logra una inmersión en las telenovelas, pero siendo esa una de sus fallas, es de grado menor; que queda compensado por el indudable filo social y crítica de las corporaciones transnacionales que se apunta en el caso de los kirguises por ejemplo o la asunción de la solidaridad en frases como “La vida sería más fácil si bajasémos las defensas un poco y hablásemos, ayudándonos mutuamente”. A veces parece que las explicaciones son precarias y en ocasiones las que enlazan con el género acarrean un lastre que lesiona la querencia aunque no la credibilidad, hay algo de ciberpunk en Río Lento, pero aquel por más erróneo que sea en sus planteamientos es apasionado y estridente pero atrapa nuestro interés, de allí que el material calentado para servirse como plato principal se enfría antes que le quitemos los ojos de encima (ajustado a la supuesta tecnología de la planta).


Motivado por sus párrafos no pude evitar correlacionar esa especie de tanques Imhoff y las remediaciones ecológicas insertadas con exactitud cabal en su propuesta de sistema de tratamiento de aguas residuales (expuesto en forma muy creible) con posibles métodos a usarse en corto plazo en la realidad (y eso es otra virtud del texto); no se que tal funcionarán enormes tanques Imhoff abiertos donde una combinación entre bacterias modificadas y fuerza de trabajo humana ejecutarán lo que de manera normal se lleva a cabo de modo mecánico y automático, interesante mezcla que nos obliga a interrogarnos sobre cual tecnología es más avanzada y con respecto a que tipo de sociedad: parece decirnos que se pueden conseguir las reividicaciones ambientales y continuar aherrojados por las relaciones de poder capitalistas.


En eficaz contrapunteo mezcla flashbacks con tiempo real, otorgando un diseño fluído y vertiginoso a los acontecimientos (uso prohibido de los trenes de servicios, hackeo de información para preparar filmes a pedido donde el cliente folla con la actriz de moda, encuentros sexuales entre las amantes), que se mantiene aún en momentos tranquilos como la rutina de la fábrica o el deambular por supermercados o bares, es así como acuatizamos concientes en las vivencias ofrecidas que son como un río (ya abordado por Ray Bradbury en “El vino del estío”), por eso las sensaciones de flujo y reflujo (realidad actual y flashbacks), de vaivén espumoso (aplicable a la densidad de los personajes secundarios), de remolinos (la propia estructura del entorno narrado), y es por esas virtudes y circunstancias tan especiales que suministra la autora que recomendamos su lectura.


Luís Antonio Bolaños de la Cruz

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cuento: Propaganda para ancianos o gente descartable (Luis Antonio Bolaños de la Cruz)

Propaganda para ancianos o gente descartable


Luis Antonio Bolaños de la Cruz


Basado en las sensaciones de obsolescencia que con frecuencia me devastan en el último par de años, y tras la lectura de un poema de Adriana Alarco, he trazado una prospectiva tecnológica, la he colisionado con mi inminente conmoción por ingresar a mi séptima década y luego cosido a través de dioramas de algunos de mis artistas favoritos y reflexiones de vejete.

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Discurso aleccionador para publicitar dermomemorias reservadas a cuerpos de recambio o para aquellos que han acumulado excesivas existencias (Lectura promocional de holotanque mòvil con velocidad de difusión reducida - tiempo máximo: 30 segundos)


Una voz cascada y cansina empieza: Describiré como me siento y usted podrá aconsejarme: Imagen de un torso fornido cruzado por volutas violetas que colisionan contra él y lo lesionan, se cubre de equimosis, cardenales y manchas lívidas, un cierto deterioro es palpable, transita raudo a resto arqueológico de la época grecorromana, descascarillado y deslucido.

Otra voz clara y precisa enumera: Reescribo mi memoria una y otra vez, altero los recuerdos, avanzo como un jabalí hozando en el humus o cual proboscídeo desbrozando ramajes, y es evidente que dejo una huella sobre mis propios surcos cerebrales y mi propia selva de reminiscencias. (Como reforzamiento hábitats del pleistoceno son reproducidos)






Hay intentos de mis avatares, remanentes del último tratamiento antienvejecimiento, por evitar que segmentos seleccionados que acumularon momentos de especial nobleza y belleza sean devastados, en ocasiones logran salvarlos, en otras son derrotados por esas otras fases de mi mismo encarnadas en los cuerpos macizos y devastadores de la pre-demencia senil, aquellos que se amparan quedan como relictos o museos hasta el próximo período de devastación que igual puede demolerlos, no hay garantías de permanencia por acumulación de tiempo. Imagen: Gráciles y enjutos arqueros elfos volando en grifos se enfrentan a macrorobots provistos de láseres.

A pesar de los nanocomponentes insertados mediante terapias de mantenimiento en las circunvoluciones cerebrales para salvaguardarlas, como los períodos de repetición de las incesantes modificaciones son arrítmicos –cual subproductos de la acumulación de peripecias y anomalías del devenir y de la deriva existencial-, decaen en sus predicciones y acciones para preservar la salud, así que no se puede confiar en permanencias ni robusteces. Por eso, hasta el mismo terreno de la retentiva se perturba con frecuencia y declina o se desintegra. Mientras suenan las frases gráficos de Judson Huss se suceden: Alfa & Omega, Historia Natural, Monumento, Palabra, Ultimo Pájaro, Vals de los Fósiles.












En ocasiones, una vibración o un grito que llegan -generados por el aparente vacío social en que moramos, con frecuencia abandonados, o de la ira que nos embarga por la impotencia ante las crueldades de su estructura-, pueden desmantelar vastas llanuras de evocaciones o hacer desplomarse laderas completas de remembranzas, entre las ruinas destellan esquirlas aún reconocibles de lo que se pierde, pero la hemorragia es tan vasta, el desangrarse tan agotador, que aceptamos un pacto con lo intrascendente, una alianza con lo letal… y seguimos adelante, mezclando los niveles, amalgamando las dimensiones, licuefaccionando lo que atesoramos y removiendo detritus, para poder armar nuevos diagramas y acumular otros tesoros que vibren en resonancia con los extraviados en los meandros infinitos del pasado, apenas de tenue identificación. Acompañan al texto composiciones escherianas con mínimas variaciones: volcán que emerge del océano desde un àngulo y un eclipse que avanza en diagonal desde el contrario, en un extremo el eclipse se traga la lava, en el otro la erupción barre con el proceso de ocultamiento.









Y a nuestro pesar, siempre grávidos, explotando en virulentas derivaciones, creando a pesar de negligencias y perezas ocasionales, formidables alternativas que apenas vislumbradas se hunden en astillas multicolores de las cuales brotan rimeros de imágenes dignas de encomio y preñadas de referencias múltiples. Contextos borrosos o luminosos, pléyades de ganchos reversibles en cada situación, y cuando creemos organizar una pared o sección comprendemos en un lampo doloroso que apenas si hemos mordido la superficie de la comprensión o empezado una ingente tarea de subversión permanente que advierte que más útil será lo levantado entre más raudos lo arrasemos. Imagen: Flores de loto crecen unas sobre otras devorándose en mutua orgía, cambiando de colores, siempre refulgentes.

Nos movemos entre rutilantes vómitos repletos de artefactos de geometría difusa, láminas evanescentes de figuras, vislumbres de pubis y campanas y otros instrumentos musicales, de salpicaduras de babas fisiológicas, y las cascadas atruenan las bóvedas de almacenamiento y aunque sabemos que tienen límites nunca se atiborran gracias al proceso de transmutación, y aquello que era colosal se hace diminuto y viceversa, a las iluminaciones trascendentes que nos inundan de explicaciones se suceden los cercenamientos fecundos, aquellos donde cada gota de sangre origina una flor-mujer, un insecto metálico, un caparazón de nautilus, un tafanario glorioso, un fractal reverberante: vocablos desfilan acompañadas de dibujos de Flower Fairy (Boris Vallejo), langostas de Tim White, gasterópodos de Michael Wheelan, nalgatorios de Serpieri, mandalas…



















Y entonces percibimos la claridad perforada por el choque emocional, la amnesia como el poderoso dorso por donde corre tumultuoso el torrente cotidiano de aconteceres, las cadenas de olvidos que se envuelven cada vez más abarcadoras sobre los estalactitas donde anclan los mecanismos de las remembranzas , van drenando al alma de sus significados, de las asociaciones libres y de las sujetas a contexto y nos empujan al borde de la anoxia espiritual… y como duele cuando en el periplo postrero podemos retornar por un segundo a la saciedad de los momentos plenos. Imagen: Una catedral inmensa visionada a la manera de Jacek Yerka como una concha de caracol plagada de orificios, a través de los cuales ingresan y se dispersas nubes de origamis con forma de manos aladas.







Una voz sedosa y con matices seductores culmina: Claro que existen soluciones: embuta suficientes biomemorias adicionales en su dermis, conéctelas entre si y con su sistema nervioso central y tendrá la posibilidad de gozar de la experiencia más enriquecedora que jamás haya sentido superando esa sensación de vejez que lo atosiga. Imagen: Logo de la empresa con el costo e icono de transferencia para entrega e inserción inmediata mientras usted se desplaza.

Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y género de CF (Luis Antonio Bolaños de la Cruz)


Diversos artículos a lo largo de los dos últimos lustros (recuerdo por ejemplo, uno de Niño de Guzmán) me ha suscitado diversas emociones, indignación pero también lástima, por eso deseo empezar con un tándem que vincula mis dos definiciones más queridas de CF:

“Es la rama de la literatura fantástica que se dedica a especular sobre las variables fundamentales que caracterizan a la humanidad –y sus anexos- en todo tiempo y lugar” (la clave aquí es fantástica, no tecnológica) y

“La CF es el género o subconjunto literario que al funcionar como agujero negro da cuenta de los demás subconjuntos literarios y del conjunto mayor o mainstream” (la clave aquí va de inclusión a adsorción, ya que apenas desde cualquier otro género o del mainstream pueden abordarse esos temas anteriores que son el fundamento de todo relato de CF).

Es más, parece que los acercamientos referidos a la segunda definición, convierten a los textos que abordan su interpretación en verdaderos objetos en el borde del anillo de Schwarszchild de un “black hole”, o sea que caen o son atraídos dentro de la CF, lo cual provoca no poco desconcierto en aquellos críticos que relegan o ningunean a un género, tan complejo que es capaz de realizar semejante artificio y embutirse lo que se acerca sin contemplaciones. De allí la proposición de subconjunto que da cuenta, en palabras de Douglas Adams, de “la vida, el universo y todo lo demás”

Lo cual significa por un costado, que la CF es profundamente humanista (percibida desde la vertiente fantástica por las preocupaciones esenciales que promueve), y por otro lado que cualquier relato que se aproxime a su anillo temático de Schwarszchild es devorado irremediablemente por ella –recordar que una vez encajado le ocurrirá lo mismo que le sucede a cualquier materia, energía o información en el interior de un agujero negro: será incapaz de abandonarlo- y eso a pesar de los plumajes erizados, las negaciones a porfía, las doctas disertaciones sobre la trascendencia y la incapacidad de numerosos críticos para asumir que un género despreciado por su vinculación inicial con los pulps, pero denominado a la posteriori como “literatura culta para masas”, pueda esgrimir esas características.

Por eso recurren al ajado argumento que sostiene que cualquier obra de un escritor de mainstream no puede ser CF… porque la trasciende. Ante semejante contumacia no queda más que carcajearse cuando leemos a Philip Roth y su ucronía (que por cierto no es descubrimiento de él como se atrevió a decir algún crítico despistado) o a Ishiguro y su novela “Nunca me abandones”, tan parecida a una novela de Michael Marshall Smith (Clones) o al film “La Isla”. En este punto recuerdo la provocadora frase de Michel Houellebecq rubricando que lo único trascendente de la literatura del Siglo XX es la ciencia ficción.

Y ahora ocurre igual con el ganador del Pulitzer Cormac McCarthy y “La Carretera”, espléndida y brutal novela de CF, que ha originado un diluvio de comentarios elogiosos en blogs, revistas y periódicos, donde por lo general la tildan de postapocalíptica, pero eluden señalarla como perteneciente al género (alguno vergonzante dirá que es cercana); no obstante para los aficionados no existe motivo de engaño, les recuerda tantas y diversas peripecias descritas por David Brin (El Cartero), Robert McCammon (Canto del Cisne), Stephen King (Apocalipsis), Sonya Dorman (Corre, corre, corre, dijo el pájaro), Plop, un auténtico descenso a los infiernos debido a la pluma de Rafael Pinedo, o Richard Corben (Mundo Mutante) o las diferentes series de aventuras postcatástrofe (ambiental o atómica o cualquier otra causa) que las historietas argentinas de Columba y Skorpyo se esforzaron por esparcir en América del Sur. Quizás la diferencia fundamental estriba en el estilo, breve, compacto, èpico y casi poético de la triste novela, y no en la lacerante, áspera, sin resquicio para la esperanza, terrible acontecimiento que nos despliega, y que tan común es a ese tópico particular de la CF. Y es que tenían que leerlo proveniente de un autor “normal” para reventarle cohetes y prodigarse en elogios.

Parafraseando a Harry Harrison repito para comparar: que una vez veías al cowboy cabalgando hacia el sol rojo de un atardecer o seguías los incidentes que franqueaba el antihéroe de una novela negra para solucionar un crimen, las habías -en cierto modo- leído todas, pero la infinita gama temática de la CF que se expande como la galaxia o que siguiendo con el icono del “agujero negro”, interactúa dinámica con su entorno literario: tragando lo que colinde o se acerque, girando sobre si misma para morderse la cola y/o parodiarse, vibrando e insertándose en otros soportes (historietas, comics, películas, música, teatro, modas) con un talante peculiar: por sus características genera una distorsión extrema en tiempo y espacio; y encima, va creando la masa crítica que permite prepararse para la novedad, medida por la fuerza gravitatoria que ejerce en la humanidad (en el listado de los filmes más vistos -y tomando en consideración que el cine es el arte del siglo XX como decía Lenin- la mayoría son pertenecen al género y ni se diga de la tecnología que usamos en la actualidad, soñada o propuesta en sus textos desde el siglo XIX)

Hay que aceptar que se requiere otra percepción, al ser una creación que se encuentra al borde del conocimiento, con frecuencia quienes la desprecian confunden las herramientas de la CF con su corpus intelectual y por ello piensan o quieren pensar que sólo la “space opera” o la CF tecnológica corresponden a su campo, cercenando àreas vitales para completar una imprescindible reflexión global, por eso coloco de inmediato dos ejemplos:

1. El comentario que aparece en: http://www.lamaquinadeltiempo.com/libsem.htm sobre la obra de Diego Huberman “Baigorri hacia llover”, delicioso en sus implicaciones para lo que ilustro:

“A mediados de 1938, Juan Baigorri Velar declaró haber creado una máquina que hacía llover. Envuelto en una áspera polémica con las autoridades y convertido en una celebridad, Baigorri no dudó en prometer una lluvia que caería sobre la Ciudad de Buenos Aires el 3 de enero de 1939. Este libro constituye la primera investigación exhaustiva acerca del hombre, su máquina que pocos vieron y lo que hizo con ella. Su historia personal también es enigmática. Pese a lo que cuentan las fuentes tradicionales, Baigorri no era argentino, no fue alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires, su padre no fue amigo del Presidente Julio A. Roca y no tuvo uno sino varios hijos. Tampoco disfrutó de un único matrimonio y poco se sabe sobre la autenticidad de su título de Ingeniero, posiblemente obtenido en Italia. Baigorri hacía llover es la primera respuesta al misterio de un personaje que fue ovacionado por una muchedumbre reunida a las puertas de su casa en el barrio porteño de Villa LUTO y que sólo se expresaba a través de los truenos, los relámpagos y la lluvia que, según decía, él mismo fabricaba”.

Es fantástica a la manera de la CF, ya que cuando se trata de fantasía a secas no existen vinculaciones con la ciencia o la tecnología sino con la magia y los encantamientos, no obstante Clarke nos explicaba que “una tecnología moderna podría parecer magia para un visitante del pasado”, por eso con recurrente frecuencia surgen escritores que se manifiestan como un equilibrista sobre el lomo de dos caballos, verbigracia Gemmel, que demuestran lo inútil de las categorías rígidas cuando sus novelas en apariencia de fantasía devienen en lecturas con rugosidades topológicas tan aproximadas y semejantes a la CF partiendo desde un material característica de la fantasía, que pueden ser un excelente demostración de la existencia de campos Moebius: Aquellos que tienen una cara en una dimensión y la otra cara en otra dimensión, de tal manera que si lo atravieso penetrando en la Europa del siglo XXI puedo aparecer en la reseca y rojiza llanura del Marte de ER Burroughs o cualquier otro lugar que se nos ocurra.

2. La novela de JG Ballard “El día de la creación”, CF sociológica, que ilustra subrepticiamente una “love story” tan irritante como Lolita y pedofìlica avant la lettre, pero que lo hace a la manera de la CF: un misterioso río brota del macizo montañoso y durante un lapso reconvierte el paisaje y trastrueca los ecosistemas, transformando el desierto en pantano y remodelando la existencia de los habitantes de sus riberas, de inmediato surgen las correspondientes organizaciones sociales que responden a ese planteamiento hidrogeológico, en consonancia con los planteamientos de Jared Diamond, donde una determinada concordancia o desencuentro entre cultura y ecología estipula el éxito o fracaso de la experiencia de esa etnia, así que por mucho que lo intenten someter (aquellos que desprecian el género) a las medidas y maneras del mainstream, se les escabulle, les siembra de enfebrecidas disquisiciones y de meándricas rutas acuáticas (en “El Dìa de la Creación”) el recorrido que fatigan aquellos críticos que se aproximan con sus cintas de medir, su tests de cociente de normalidad, su demolición de la imaginación no parametrada.

Ilusos, no sólo de CF vive la humanidad, pero es el equivalente a una droga, sin ella extravía un segmento considerable de su capacidad para ensoñar, adaptarse y persistir en un andamiaje de crueldad inmisericorde, que mora en el cortoplacismo depredador y en ocasiones parece dejar como únicas salidas, el suicidio físico o ético, la indiferencia cínica, la cirrosis hepática o el paraíso de las substancias modificadoras de la conciencia y la conducta, la disolución de lo que nos convierte en humanos, justo el tema central de la CF.

Continuemos con el ejemplo: Es probable que los interpelados clasifiquen en fantástico a la obra de Huberman y como mainstream con algunos elementos fantásticos a la de Ballard, pero eso es hilar demasiado fino con el agravante de extraviar el hilo, retomémosle agregando a Umberto Eco y sus formidables “El nombre de la rosa”, “El péndulo de Foucault” y la “Reina Moana” (este último una reivindicación del comic de aventura y fantasía en general,) así como el libro de Junot Díaz “La breve y maravillosa vida de Oscar Wao” que se exhibe como una reivindicación del comic de CF y Fantasía, de los frikis de la CF -representados con acierto -según me señaló Daniel Salvo y pude degustar- en “Big Bang Theory”-, la excelente “Aventuras de Kavalier y Clay” de Michael Chabon que riza el rizo sobre el género sin caer de modo rotundo en él, pero aportando una visión fresca y potente de esa interfase merced al Golem.

Ninguna de las cuales es CF a la usanza, pero demuestran como partiendo del género y sus áreas aledañas se puede escribir mainstream con un peculiar sabor a CF, a pesar de que en la obra de Junot, la idea de que el dictador Trujillo aparezca como alienígena planea por sus páginas, recordemos que “una nave espacial no convierte ipso facto al escrito que la recorre en CF” ni tampoco un alienígena. Lo que se nota en ambos libros y en los posteriores propuestos, es un acendrado amor por el género de nuestras preferencias, un respeto por su contenido y su forma, una disposición a comprender e incorporar.

Ya que de eso se trata: de converger en la búsqueda de formas expresivas donde colisionen y se mezclen, en una vorágine postmoderna, los distintos períodos históricos de la humanidad, para poder interpelarlos en este momento de la tormenta que nos devasta (como susurraría el difunto Zelazny) y que arrecia año tras año, por eso culminamos afirmando que moramos un mundo en gran parte -y quizás sea el más significativo pensamiento de mi breve reflexión- construido por la CF, lástima que haya sido a imagen y semejanza de la sección de desastres y pesadillas atroces y no la de utopías amables penetradas de dignidad.

Luis Antonio Bolaños de la Cruz