martes, 17 de marzo de 2015

Un mal necesario/Tríptico de Asclepia III/Ian Tregillis


Culmina al fin el llamado "Tríptico de Asclepia", un ciclo de novelas ambientada en la Segunda Guerra Mundial (Semillas amargas) y en los años sesenta (La guerra más fría). En Un mal necesario, asistimos a un cierre magistral de la trilogía, el cual no carece, por cierto, de mucha amargura, la cual no deja de ser acorde con el estilo general de la narrativa de Tregillis, que tira más hacia la novela negra que a la ciencia ficción o la fantasía. Lo que nos lleva a pensar que los seres humanos, al parecer, estamos condenados a acostumbrarnos incluso a los eventos más extraordinarios, y a incorporarlos a nuestras vidas. 

En la presente novela, los principales protagonistas (Rainbould Marsh, los hermanos Klaus y Gretel, el aristócrata y brujo Will Beauclerk) vuelven a involucrarse en una trama que da vuelta y media a lo que ya sabíamos de ellos. Estamos ante el desafío de reseñar una novela sin incurrir en los tan odiados spoilers.

Y es que casi todo en la novela carece de desperdicio. Por supuesto, hay momentos en los que el autor se explaya en describirnos un escenario o en dotar a sus personajes de diálogos mas bien sosos y que poco nos dicen de la acción o de ellos mismos. Supongo que eso se explica por la decisión del autor de contarnos esta historia en el tono de novela negra al que nos hemos referido antes. Tono que no siempre ayuda, pero que cae muy bien, sobre todo al final, cuando nos enteramos que alguien puede ganar una guerra, salvar a su familia, salvar su propia vida... y seguir siendo un perdedor. Y eso, teniendo la oportunidad que muchos soñamos: volver atrás en el tiempo y arreglar todo lo que recordamos salió mal. 

A eso alude el "mal necesario" de la novela, a aceptar que casi nunca el juego termina en una victoria total. En este caso, el juego vuelve al tiempo en el que tuvieron lugar los acontecimientos narrados en Semillas amargas, esto es, la Segunda Guerra Mundial. De modo que volvemos a encontrarnos con el aberrante científico nazi Von Westarp y sus supersoldados, enfrentados a la institución inglesa Asclepia, la cual se halla en pleno reclutamiento de los brujos capaces de comunicarse con los eidolones, suerte de entidades que, como los demonios de las tradiciones religiosas, pueden hacer cosas asombrosas por los seres humanos que saben convocarlos, aunque siempre a cambio de un precio cada vez más elevado, precio que en algún momento podría involucrar el sacrificio de seres humanos inocentes, además de la destrucción del mundo entero a manos de fuerzas peores que el nazismo.

Es por eso que la gitana Gretel, una de las más dotadas y poderosas criaturas producidas por los experimentos de Von Westarp, recurrirá a su don de prever el futuro - un don que funciona como la presciencia descrita en el ciclo de novelas de Dune de Frank Herbert - para intentar crear una nueva línea temporal más acorde con sus planes, que abarcan tanto su rol como parte de las fuerzas armadas que luchan en la Segunda Guerra, como sus propios y femeninos anhelos y deseos. Vamos, una diosa que resulta siendo tan humana como cualquiera.

Así, el primer paso dado por Gretel tiene éxito, iniciando así la cadena de acontecimientos que efectivamente logra alterar - o destruir - una senda temporal y así dar paso a otra. Aún así, tendrá lugar un enfrentamiento final - en tierras africanas - entre los superhombres nazis y los demonios ingleses, en el que sabremos del triste final de más de un personaje que, si no llega a serlo, pudo ser entrañable si los acontecimientos hubieran sido distintos. 

Sin embargo, el ganador-héroe no las tiene todas consigo. Ha logrado algo imposible, ha alterado el tiempo, ha vencido al mal de manera definitiva... pero debe seguir su propia condenación, acentuada por la felicidad que otros tienen y que el puede contemplar pero no compartir. 

Una trilogía que amerita leerse.


martes, 3 de marzo de 2015

La guerra más fría/Tríptico de Asclepia II/Ian Tregillis


Si bien Semillas amargas, primer volumen del tríptico de Asclepia (el nombre de la organización secreta del servicio de inteligencia británica que emplea brujos), deja en el lector un cierto sentido de insatisfacción por el desangelado y algo confuso estilo de redacción, La guerra más fría es un salto en firme hacia una notoria mejoría en todos los sentidos.

Nos encontramos en el año 1963. Los archivos de los experimentos llevados a cabo por el científico nazi Von Westarp, que han dado origen a una suerte de supersoldados capaces de proezas como atravesar objetos sólidos, volar, proyectar fuego o teleportarse, han caído en manos de una poderosa Unión Soviética que, tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial, controla prácticamente toda Europa, lo que ha devenido en una serie de alteraciones de la historia que conocemos, como la colectivización de los viñedos franceses o el pase de científicos como Werner von Braun al bando soviéticos, lo que permite a la URSS convertirse en la primera en llegar a la luna, en un mundo que mira con miedo su cada vez más creciente poderío.

Nos encontramos también con algunos viejos conocidos, entre ellos, los hermanos Klaus y Gretel, obligados a trabajar para los soviéticos en la institución denominada Arzamás 16. Del bando de los ingleses, forzosos aliados de los soviéticos contra los alemanes, tenemos a algunos miembros de la institución Asclepia sumergidos en la más atroz decadencia material y moral. El matrimonio de Raibould Marsh, por ejemplo, ha sido maldecido con el nacimiento de un hijo idiota, cuya presencia es una tortura para el y su esposa, la otrora encantadora Olivia, ahora convertida en una mujer amargada que se desquita con su marido engañándolo cuando sale de casa. Y es que ambos no han podido superar la muerte de Agnes, su primera hija.

Los destinos de estos supervivientes se juntarán debido a que algo extraño está ocurriendo en Inglaterra: todos los brujos que se encuentran en la "nómina" de Asclepia están siendo asesinados, lo que implica que, además de agentes soviéticos que utilizan la tecnología alemana creada décadas atrás, hay un traidor al interior de Asclepia, o lo que queda de ella. La necesidad de contar con uno de los últimos expertos en contactar a las entidades conocidas como eidolones, de raigambre lovecraftiana (seres transdimensionales asimilables a demonios, con los que se puede negociar, pero que consideran a la humanidad una especie de plaga infecta que desean erradicar del cosmos) sacarán a Raibould Marsh de la oscuridad, motivado por el deseo de venganza antes que por el patriotismo.

Intrigas, espionaje, una realidad alternativa que se encamina al caos, teorías en torno a la realidad y a las entidades que pueblan otras dimensiones del universo, son los principales ingredientes de La guerra más fría, cuyo final es, sin embargo, impredecible, salvo para alguien cuyos planes de salvación  podrían implicar su propia muerte... para sobrevivir en una realidad que apenas se plantea como posibilidad.

Destacan lo logrado de las ambientaciones de ese mundo alternativo, en el cual la Inglaterra de los sesenta no se parece en nada a la sociedad que dio origen a los Beatles, sino que se ha convertido en una suerte de pesadilla ballardiana, un país frío y oscuro que parece haberse detenido en una perpetua posguerra llena de pobreza y carencias, con un palacio de Buckingham en el cual sólo hay un televisor a colores para todo la familia real. Un mundo en el que los antiguos villanos parecen ser más heroicos y humanos que los forzosos héroes del presente. Pero recordemos que las apariencias engañan.

Por que esa fue la gran lección que nos dejó la guerra fría: no saber a ciencia cierta quien es amigo o enemigo. No poder distinguir un acto de crueldad de una noble acción. Menos aún, distinguir entre un traidor y un patriota.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Clarke´s third law


La ciencia ficción ha dejado de ser, desde hace tiempo, la Cenicienta de la literatura y la cinematografía mundial. No solo la cantidad, sino la calidad de los productos cinematográficos se incrementa cada vez más, como lo prueba este impactante cortometraje, Clarke´s third law.

No es para menos. El Clarke a que se refiere el título del cortometraje no es otro que uno de los autores fundamentales del género, Arthur C. Clarke, en torno a quien gira la producción. En pocos minutos, no solo resume lo fundamental de la vida y obra de Clarke, sino que devuelve al espectador aquello que acaso sólo la ciencia ficción puede proporcionar: el sentido de la maravilla, el encuentro con el universo en el que habitamos, pleno de misterios por descubrir y de belleza que admirar.

El cortometraje, narrado por una voz en off, inicia con la infancia de Clarke, y el inicio de una vida signada por una inquietud cardinal, a saber, cómo sería entrar en contacto con una civilización extraterrestre. Inquietud que Clarke plasmó en obras como "Cita con Rama", "2001, Odisea del espacio", "El fin de la infancia" y otras.

Pero las cosas no se quedan ahí: la ficción irrumpe en el cortometraje, y tenemos que tras la muerte de Clarke, ocurre una catástrofe que devuelve a los humanos a un nivel de vida similar al neolítico. Como nos narra la voz en off: "Los avances tecnológicos de décadas, siglos, milenios... desaparecieron". Casi mil trescientos años después de esta catástrofe, un niño del futuro llamado Vishu encontrará un artefacto que perteneció a Arthur C. Clarke, gracias al cual podrá al fin hallar la respuesta a la pregunta que el científico y escritor se hizo durante toda su vida. Y es con esta respuesta que cobra sentido el título del cortometraje,  Clarke´s third law (La tercera ley de Clarke), la cual reza: "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Todo un homenaje a la obra y visión de Clarke, además de una reflexión irónica en torno a los límites del conocimiento y el eterno peligro en el que se encuentra nuestra civilización de destruirse a sí misma... aunque no definitivamente.

Además, la magnífica fotografía y la majestuosa banda sonora hacen de Clarke´s third law un espectáculo memorable, en sus casi siete minutos de duración. Una interesante propuesta de la productora cinematográfica española Valen Arts.

CLARKE’S THIRD LAW HA SIDO PRODUCIDO
POR LEGUA EDITORIAL Y VALEN ARTS
NOVIEMBRE 2014
GRABADO EN VALENCIA (ESPAÑA)

GÉNERO: FANTASÍA/CIENCIA FICCIÓN
DURACIÓN: 6,42 MIN
IDIOMA: INGLÉS
SUBTÍTULOS: CASTELLANO
SONIDO: DIGITAL 5.1

DIRECTOR: JAVIER VALENZUELA


martes, 17 de febrero de 2015

Semillas amargas/Tríptico de Asclepia I/Ian Tregillis



Qué difícil es reconocer que las expectativas que uno se hace respecto a una novela o un relato no están a la altura de lo que finalmente leemos. Es el caso de Semillas amargas, de Ian Tregillis, primera novela de un ciclo denominado Tríptico de Asclepia. En todo caso, espero que las siguientes novelas - La guerra más fría, Un mal necesario - sean más legibles.

La premisa de Semillas amargas no podría ser más excitante: durante la Segunda Guerra Mundial, un científico nazi ha realizado una serie de experimentos que han dado origen a una raza de superhombres reales, es decir, seres humanos con poderes tales como la invisibilidad, el vuelo, la precognición o la pirokinesis. El superhombre nietzcheano es una realidad. Pero la pérfida Albión, como no podía ser de otra manera, se entera de esta terrible arma nazi, y decide enfrentarla con su propia - y atroz - arma secreta: brujos reales, cuyo conocimiento del lenguaje primigenio del universo, al que denominan enoquiano, les permite convocar a los demonios, cuyo precio por intervención se paga en sangre humana, en cantidades cada vez más crecientes. Demonios contra superhombres. 

El problema es que tan inquietante escenario se ve lastrado por detalles imposibles de obviar. Uno de ellos, el ritmo cansino con el que se narran muchas escenas, que para el caso de los pasajes que implican algún tipo de acción, reducen el impacto que dichas secuencias deberían tener en el lector. Otro, que se dejan sin traducir muchos términos en alemán que son de vital importancia para entender lo que está pasando, así como las características especiales de determinados personajes. Puede pasar el dejar sin traducir algunos de los cargos militares del ejército alemán, dado que lo importante es dejar en claro que se trata de personajes con alguna autoridad. Pero si creo que es una falta muy grave dejar sin traducir términos como Gotterelektrongruppe, que sería algo como "Grupo del electrón de Dios (o de los dioses)", o Willenkraft (fuerza de voluntad), tanto por el contexto en el que se emplean como por sus obvias implicancias con ciertos aspectos la cultura alemana (la voluntad de poder de Nietzche, entre otros).

El desarrollo de los acontecimientos llevará a una suerte de "guerra secreta" entre los brujos ingleses convocados por la institución denominada Asclepia y los científicos alemanes (no me da el tiempo para digitar el nombre completo en alemán). Lo poco empático de los personajes hace que sea un tanto difícil recordar mucho de ellos, salvo que sus vidas son miserables de una u otra manera. Ser brujo no es para nada un don, puesto que el precio a pagar por el conocimiento que permite convocar a los demonios puede ser, no necesariamente el alma del brujo, sino la de sus seres queridos, incluso la de algún niño... Del mismo modo que, para lograr un solo superhombre alemán, es necesario pasar por una serie de atroces experimentos torturas de las que, si se sobrevive, se carga para siempre con los más amargos recuerdos, sin contar con el hecho de que los primeros éxitos de dichos experimentos se han logrado en niños de ascendencia "no aria", por lo que además deben cargar con el estigma de no ser auténticos alemanes...

Los enfrentamientos entre ambas facciones son parejos, generando bajas en uno y otro bando. A pesar de que en la línea temporal descrita en la novela, como en la nuestra, los nazis son derrotados, la victoria tiene muy poco de heroica y mucho de amarga, como para dejar en claro que las guerras, si bien inevitables, nunca traerán nada bueno a la humanidad. Sobre, si lo que traen son demonios y superhombres.


jueves, 5 de febrero de 2015

En costas extrañas / Tim Powers




Aunque suene un tanto bobo, espero que En costas extrañas llegue pronto a nuestras costas. Como lectura de verano es excelente. Tiene todo lo que uno puede encontrar de "refrescante" en la literatura: piratas, intrigas, romance, luchas a espada, el Caribe... y magia, mucha magia.

La historia principia de manera mas bien simple: el joven John Chandagnac, pasajero del barco Clamoroso Carmichael, se dirige a una isla caribeña en busca de su herencia. Aprovechando un momento de calma, entabla conversación con la joven y hermosa Elizabeth Hurwood, quien viaja acompañada de su padre, un erudito profesor universitario, y su médico de cabecera. De pronto, tan idílico pasaje es interrumpido por una serie de explosiones, anuncio del abordaje de una nave pirata.

Las cosas toman un giro de lo más sorprendente. De pronto, tenemos a John Chandagnac convertido en un pirata más, rebautizado con el nombre de Jack Shandy, cuyas habilidades como titiritero le serán bastante útiles a la hora de manejar la espada, y más aún, encontramos que los fieros piratas del caribe, además de conocer las artes del abordaje y la intriga, son expertos en ... magia. Una magia real y poderosa, con leyes y principios tanto o más rigurosos que los de las ciencias.

La habilidad de Powers para crear aventura es poco menos que inmejorable. La acción no decae; ya están los piratas enfrentándose entre sí como con la armada británica, al tiempo que se nos revelan los arreglos por debajo de la mesa entre los supuestamente proscritos criminales y las fuerzas del orden encargadas de perseguirlos.

Pero acaso el plato fuerte de la novela es el objetivo principal de ciertos personajes: realizar una operación mágica atroz, que consiste en devolverle la vida a una muerta - de quien se conserva tan solo la cabeza - usurpando nada menos que el cuerpo de su propia hija. Previamente, nos introduciremos en un mundo en el cual la magia se introduce en cada acontecimiento que tiene lugar. Se nos revela el por qué la magia ha abandonado el Viejo Mundo pero es aún poderosa en el Nuevo, por lo que personajes históricos de diverso origen - el pirata Barbanegra, el conquistador español Ponce de León - tendrán más de una aparición, y no precisamente secundaria. Mientras tanto, el joven Jack Shandy empieza a labrarse una reputación como pirata, siéndole difícil no ceder a la barbarie que observa a su alrededor, dado que no quiere perder el favor de su querida Elizabeth, a quien considera tan prisionera como él de las circunstancias tan increíbles que los rodean.

La novela tiene varios puntos climáticos muy bien logrados, como la "expedición" en tierras mágicas, o los duelos de magia entre piratas, además de muy bien distribuidos toques de humor. Como para engancharse con Tim Powers.


jueves, 29 de enero de 2015

El cazador de sueños (Stephen King)



El cazador de sueños (Dreamcatcher) bien podría formar, junto con Tommyknockers, un díptico de novelas en las que Stephen King toca el tema de la invasión extraterrestre. Y no se trata de extraterrestres metafóricos o hipotéticos, sino de los de verdad, con su fisonomía "gris" y sus naves espaciales de incomprensible (pero falible) tecnología. Eso si, no creo incurrir en un spoiler grueso si desde ya advierto al lector que la película que se produjo en 2003 es MUY diferente al libro, al punto que nuestro entrañable Duddits tiene una naturaleza muy distinta, según se trate del libro o el film. Y hay muchos otros detalles que, para quienes hemos visto primero la película, crean una expectativa tan extensa como inútil, pues es recién al final que nos damos cuenta de que ciertas escenas no aparecerán para nada en el libro.

El cazador de sueños enfrenta, como en It, a un grupo de niños contra el MAL. Mal que, en la infancia, está encarnado por los sempiternos escolares, quienes son sorprendidos martirizando a Douglas Cavell, "Duddits", un niño con retardo mental. Los cuatro niños - Mike, Pete, Henry y "Jonesy" (pronúnciese Yonsi, como el gato de la teniente Ripley en "Alien"), librarán a Duddits de una degradante sesión de bullyng que al parecer implicaba la ingesta de excremento, a cambio de lo cual obtendrán el gran don de una amistad a prueba de todo, además de ciertos dones no muy bien explicados, entre los que se incluye la telepatía.

Con el paso de los años, los niños crecerán y, con sus dones, sean estos los que sean, acabarán en el lugar justo y el momento justo: una cabaña en un bosque nevado, situada en una zona que acaba de ser declarada en cuarentena. Y esto por algo muy siniestro: el arribo de una nave espacial de origen extraterrestre, que porta... ¿qué?

Uno de los puntos fuertes de El cazador de sueños es, al igual que en Tommyknockers, la caracterización de los extraterrestres. Ni máquinas de matar inmunes a todo, ni hombrecillos verdes, ni semidesnudas diosas de las estrellas. Son tres: una especie de hongo rojizo, un parásito que crece en el estómago y luego se expulsa por el ano (los diálogos en torno a los gases que se generan por la incubación de estos seres ocupan buena parte del libro) y Mister Gray, el Señor Gris, el típico extraterrestre desnudo de piel grisácea y grandes e inexpresivos ojos sin párpados ni pupilas, quien sin embargo prefiere convertirse en esporas y habitar cuerpos humanos... por que se está muriendo, o o por que tal vez no exista y sea tan solo una proyección de la mente de "Jonesy", quien a su pesar, debe cargar con Mister Gray "dentro", y de quien no sabemos como, ha logrado ocultar mucha e interesante información creando en su mente un simulacro de edificación que le permite dejar al Señor Gris "fuera". Mientras tanto, entre la locura de un militar que pretende eliminar a todos los supuestos infectados por el hongo venido del espacio, estén sanos o no, y la búsqueda y el  reencuentro con el cada vez más enigmático Duddits, los demás personajes van formando la trama que conduce al enfrentamiento final, con unos extraterrestres tan vulnerables y confusos como nosotros, al punto que se derriten por los sandwiches y no saben qué es defecar. Oh si, nada más original que los extraterres que surgen de la mente de Stephen King.

Lo que no quita que la novela tenga sus puntos en contra. La parte media se excede en unas doscientas páginas, en las que King nos lleva - eso sí, con mucha maestría - en un viaje a ninguna parte. Vamos, que sucede lo mismo que en la película, pero con un exceso de situaciones, giros, intimidades y detalles a cual más innecesario. Abruptamente, la novela recupera el ritmo al hacernos partícipes de la curiosa interacción entre "Jonesy" y la entidad que ocupa su cuerpo (y parte de su mente), el desconcertante Mister Gray.

Si han visto la película y, como yo, esperan que se trate de una adaptación más o menos fiel, absténgnase de leer la novela para evitarse el "decepcionante" final. Claro que si son mas o menos fanáticos de King, como yo, no me harán caso: puntos grises o no, es  una novela de Stephen King. Y con eso ya tenemos bastante.


sábado, 17 de enero de 2015

La posibilidad de una isla (Michel Houellebecq)



Michel Houellebecq es el autor de uno de mis textos favoritos: “De hecho, no creo exagerar si afirmo que, a nivel intelectual, no quedaría nada de la segunda mitad del siglo XX si no fuese por la ciencia ficción." De hecho, en su momento, no pudo haber nada más motivador (para mi) que el "wunderkind"de la narrativa europea mainstream (era el 2005, creo) dedicara semejante elogio al género que, para muchos, seguía siendo el patito feo de la literatura. Ya llegará el momento de leer su novela más celebrada, "Las partículas elementales".

Houellebecq parece alguien destinado a estar en el foco de atención mediática. Imposible no pensar en su más reciente novela, "Sumisión", en la cual predice el advenimiento de un régimen musulmán para Francia, publica; cuya puesta en venta coincidió con el atentado a la revista Charlie Hebdo.

Adentrándonos en la novela, uno entiende el porqué de la etiqueta de "provocador" para Michel Houellebecq. No es la trama, sino las ideas y opiniones que desliza constantemente sobre el sexo, el dinero, la religión o la ciencia, lo que convierten a este libro en una lectura inquietante (créanme, hay pasajes realmente deprimentes, como cuando opina sobre el declive del deseo sexual y qué es lo que lo reemplaza, o cuando se burla de lo que algunos consideramos grandes creaciones intelectuales...). En resumen, podría decirse que Houellebecq no cree ni en sí mismo... y ni falta que le hace.

¿Es "La posibilidad de una isla"una novela de ciencia ficción? Diría que es una novela que tiene un 20% de ciencia ficción y un 80% de Houellebecq. Está narrada desde dos puntos de vista: uno situado en el presente, a cargo del protagonista, Daniel, un comediante en plena madurez, y otro a miles de años en el futuro, narrado por Daniel24, clon del primero. La parte dedicada al primer Daniel, quien vive en nuestro presente, a caballo entre el siglo XX y el XXI, es la más extensa y entretenida de la novela. Sus peripecias son las de una suerte de pícaro desencantado, un comediante que conoce la fama y la riqueza que la acompaña, y que no duda en disfrutarla de la manera más hedonista. Totalmente nihilista, Daniel vive su vida sin pensar en el mañana, dejándonos, de pasada, sus controversiales observaciones sobre la naturaleza humana, algunas de ellas merecedoras de algún tipo de advertencia, pues no todas son aptas para todo el mundo. No por escandalosas o procaces, sino por lo que pueden revelar al lector respecto a su propia vida.

Sin embargo, este personaje será contactado - nunca mejor empleado el término - por una secta que cree que la humanidad fue creada en el remoto pasado por unos extraterrestres llamados los Elohim, a quienes equivocadamente tomamos por dioses. ¿Suena conocido? Quizá los seguidores de los raelianos puedan opinar algo al respecto. El hecho es que Daniel acaba involucrándose con la secta elohimita, cuyo lider considera que incorporar a personajes mediáticos como Daniel servirán a los fines de la secta, entre cuyos miembros se cuenta un científico especializado en bioquímica, quien ha realizado grandes avances en la investigación del ADN y su posible uso para eventuales clonaciones, lo que coincide con algunos de los postulados de la secta elohimita. Daniel recoge sus experiencias en un diario, que será leído en el futuro por uno de sus clones, Daniel24, de lo que se deduce que los experimentos de los elohimitas tendrán éxito ya en vida del primer Daniel.

Houellebecq no las tiene todas consigo a la hora de jugar al escritor de ciencia ficción. La manera en que describe el futuro de la humanidad es tan apática y aburrida como Daniel24, quien mora en una Tierra dividida en tribus de neohumanos y clones que deambulan por ahí quien sabe con qué propósito. Supongo que quería darnos a entender que el sinsentido de nuestra existencia dará lugar a un futuro como ese, tan sereno como apagado, carente de retos y de emociones. Este no es un tema novedoso en la ciencia ficción - el futuro tan deseado es un paraíso... del aburrimiento - , pero no quita interés al resto de la novela. Eso si, quienes esperen algo de ciencia ficción al uso... pues nada, pero si tienen asegurado un cuestionamiento de sus más arraigadas convicciones religiosas/humanistas/políticas/sexuales/económicas.... A lo mejor le va bien al autor escribiendo aforismos.


Daniel Salvo

domingo, 4 de enero de 2015

Los monstruos de Einstein (Martin Amis)



Al fin pude leer este libro, visto muchas veces en los catálogos de la editorial Minotauro (la de Francisco Porrúa), cuyo título y contraportada desataron más de una interrogante. Por cierto, aquí va el texto mencionado, breve y conciso:

El ex hombre-fuerte de un circo, veterano de Varsovia en 1939, y artista de Notting Hill, encuentra su propio y personal holocausto en "Bujak y la fuerza poderosa o Los dados de Dios". Aburrimiento máximo y amor mínimo son aconsejados en "La enfermedad del tiempo". Una esquizofrenia virulenta  abruma al joven hijo del "padre de la era nuclear" en "Lucidez en Flama Lake". La evolución ha tomado un camino repugnante en la kafkiana historia de amor "El cachorrito que pudo", y la historia de la Tierra es discutida con franqueza por alguien que lo ha visto todo en "Los inmortales".

Para mayor abundamiento y deleite de historiadores y estudiantes, la presente edición incluye una Nota del autor de 1987, en la cual reconoce sus influencias: "¿Puedo aprovechar la oportunidad para saldar - o reconocer - ciertas deudas? "Bujak y la fuerza poderosa" le debe algo a Saul Bellow; "Lucidez en Flame Lake", a Piers y Emily Read y a Jack y Florence Phillps; "La enfermedad del tiempo" a J.G. Ballard (podría pasar por un relato suyo, la verdad); "El cachorrito que pudo" a Franz Kafka y Vladimir Nabokov; y "Los inmortales" a Jorge Luis Borges y el Salman Rushdie de Grimus." Ahí es nada, como dirían los amigos españoles.

Por supuesto, al adentrarnos en el libro, encontramos más y menos de lo que se promete. Martin Amis (Inglaterra, 1949), se postula como un hijo de la Era Atómica, o más bien, como alguien aterrado por la amenaza nuclear, a la cual dedica un apasionado (bueno, apasionado al estilo inglés, ustedes me entienden) ensayo introductorio titulado "La capacidad de pensar", más extenso que los propios cuentos de la selección, en el cual expone su visión de un mundo amenazado por la bombas nucleares, y de cómo esa amenaza ha configurado muchos aspectos del mundo actual.  Escrito en 1987, antes de la caída del muro de Berlín, podria pensarse que está algo desfasado, dado que ultimamente nadie habla de bombas atómicas o de ojivas nucleares, siendo nuestros temores contemporáneos algo más ligado a lo cotidiano y a las ciencias de moda: pensemos en enfermedades como el Ébola o el cuestionamiento de los alimentos transgénicos, además de un terrorismo cuya motivación es menos política (léase "universal") que religiosa o cultural. Hablar del temor a las bombas atómicas es un tema fuera de agenda, podríamos decir.

¿Pero en realidad lo está? No olvidemos el accidente de Fukushima en Japón, y sus implicancias para el futuro. Sin contar las eventuales amenazas que constituyen regímenes como el de Corea del Norte o algún otro país que quiere "investigar" por su cuenta. El hecho es que siguen sueltas por ahí nada menos que 16,000 (dieciseis mil) cabezas nucleares, y como ya sabemos, ningún lugar está "lejos

Eso sí, la noción de "cuento basado en la amenaza nuclear" es muy propia del autor, quien maneja un estilo mas bien seco y propenso a caer en el surrealismo (surrealismo es la palabra que empleamos cuanto comentamos un texto que intuimos genial pero que no entendemos). Así, "Bujak y la fuerza poderosa", pese a sus constantes referencias a Einstein y la atmósfera "nuclear", no deja de ser un drama personal muy  bien narrado, y "Lucidez en Flame Lake" juega más con los malentendidos entre los seres humanos y sus enfermedades mentales que con amenaza nuclear alguna.

Los restantes relatos, en cambio, caen de lleno en la ciencia ficción. Al parecer, ocurren "después" del holocausto nuclear, en un mundo que no ha sido destruido pero si alterado de manera irremisible. "La enfermedad del tiempo", relato un tanto incomprensible, en el cual vemos los estragos que causa una enfermedad producida por... el tiempo. "El cachorrito que pudo", ambientado en un futuro decadente (las personas viven en tribus, en un mundo que ha explotado en nuevas variedades genéticas de plantas y animales, producto de la radiación), bien podría haber sido escrito por Hans Christian Andersen si éste hubiera escrito ciencia ficción. De lo surreal pasamos pues a lo infantil, y no puede negarse que lo infantil es mucho más legible y entretenido. Por último, "Los inmortales", es un estupendo relato narrado en primera persona por una entidad inmortal que "apareció" en la Tierra millones de años antes de los dinosaurios, y que tiene la oportunidad de ser testigo de primera mano de los efectos de una hecatombe nuclear, desde la peculiar perspectiva de alguien que experimenta el paso del tiempo de una manera incomprensible para un humano mortal ("Yo estoy acostumbrado a ver cómo se abren paso hacia el cielo montañas enteras, cómo se forman deltas. Eso que se dice sobre que el Atlántico o lo que sea se hunde a un ritmo de una pulgada por siglo; bueno, yo lo noto.")

Un buen ejemplo de ciencia ficción reflexiva. Aunque... ¿cuándo no lo es?


martes, 25 de noviembre de 2014

Ominosus (E. Bear, C. Kiernan, L. Barron)



"Ominosus. Una recopilación lovecraftiana". Así se titula esta selección de tres relatos publicada en e-book por la exquisita (no se me ocurre otro término) editorial Fata Libelli, a un precio ridículamente bajo, teniendo en cuanta la diagramación del e-book y el trabajo de traducción desplegado. Bien ahí, como decimos en el Perú.

Las colaboraciones, reelaboraciones, homenajes y similares en torno a la riquísima mitología creada por H.P. Lovecraft desbordan la capacidad de lectura de cualquier lector y, me atrevería a decir, en cualquier idioma. Téngase en cuenta que en vida del propio Lovecraft, escritores de la talla de Clark Ashton Smith escribieron relatos que forman parte de los "Mitos de Cthulhu".

"Ominosus" demuestra que el paso de los años cambia nuestra perspectiva y nuestras espectativas respecto a lo que deberíamos esperar de un relato "lovecraftiano". Los tres cuentos publicados por Fata Libelli distan mucho de ser narraciones escritas "a la manera de Lovecraft", que en ocasiones, no han sido sino meras reescrituras de historias tópicas, limitándose algunos autores a trasladar los mitos, o sus monstruos, a geografías y tiempos aparentemente distintos de Arkham o Dunwich, pero que en última instancia, no son otra cosa que nuevas versiones de lo mismo, aunque no por ello carentes de interés.

En cambio, las tres historias de "Ominosus" se alejan de los moldes clásicos del terror, pues han sido redactadas en un estilo mas bien reflexivo e intimista que no deja de ser inquietante, pero que no tiene como objetivo principal generar el susto o el asombro del lector. Al contrario, pueden leerse como reflexiones lovecraftianas en torno a temas como el racismo, la feminidad o qué es lo que entendemos por civilizacion.

El primer relato, "Shoggoths en flor", de Elizabeth Bear, tiene lo que ofrece el título y más. Los shoggoths existen, son lo que siempre se ha afirmado sobre ellos (criaturas creadas por los Grandes Antiguos para servirlos, informes y de inteligencia limitada). Pero, dado que sus amos duermen... ¿a qué dedican su existencia? ¿qué harían si fueran libres? Esas y otras preguntas son planteadas - y acaso resueltas - por el protagonista, un científico afroamericano quien observa en la historia de los shoggoths elementos similares a la suya, a saber, un pasado signado por la esclavitud de sus ancestros y el racismo que percibe contra sí mismo incluso en la actualidad.

El segundo cuento, "Casas en el mar" de Caitlin R. Kiernan, juega a atacar los convencionalismos lovecraftianos en torno al género. Sabemos que en el universo lovecraftiano apenas existen personajes humanos definidos, menos aún, mujeres. ¿Es posible una feminidad lovecraftiana? Las "casas en el mar" aluden a vestigios que, en el relato, son evidencias de ciudades submarinas. La protagonista principal comienza por interesarse en estas casas para luego pasar a convertirse en una suerte de sacerdotisa o emisaria de algún culto antiguo, dando muestras de conocimientos y facultades inusuales. ¿Es lo que se espera de ella, incluso dentro del universo lovecraftiano? ¿No debería dedicarse a servir, simplemente, como se supone hace cualquier "mujer decente", lovecraftiana o no? Doblemente inquietante.

Por último, "El don de la oportunidad" de Laird Barron, de cuidado lenguaje, es el relato que más aparenta ser una historia de terror convencional. Un grupo de leñadores se pierde en un paraje rural, para encontrarse con un poblado de lo más extraño: no hay hombres ni niños a la vista, unicamente mujeres. Y en el centro del poblado hay una construcción extraña, de arquitectura insólita, por decir lo menos. Dos leñadores se han perdido y las mujeres del poblado parecen saber algo. La clave está en el edificio y lo que oculta, evidentemente. Pero más allá de eso, el relato juega a ser un espejo, puesto que su desarrollo nos lleva a un final en el cual podría ser que son mas bien los leñadores quienes se han convertido en una amenaza para el "pacífico" pueblo lovecraftiano (buen detalle el precisar el estado impecable de los caminos y las viviendas). La idea de fondo sería que, de haberse concretado la invasión de los monstruos, estos dejarían entonces de ser una amenaza, por lo que el paso siguiente sería la generación de núcleos urbanos en torno a la monstruosidad. ¿Se puede coexistir, convivir, urbanizar con lo monstruoso?

Del asombro y el horror, los mitos de Cthulhu pasan a lo cotidiano y reflexivo, que no decadente. .Historias para pensar, y mucho.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Drácula desencadenado (Brian Aldiss)



Ante todo, honestidad: se trata de una novela llena de ideas en torno al vampirismo, la evolución, el cristianismo y la era victoriana. También se trata de una novela flojamente escrita, con personajes poco empáticos y excelentes situaciones desperdiciadas. 

Seguimos las aventuras de Joe Bodenland, mejor narradas en Frankenstein desencadenado. En esta ocasión, es un magnate industrial que va a probar un revolucionario dispositivo capaz de "retirar del tiempo" (y del espacio) cualquier clase de materia, como puede serlo la cada vez más creciente cantidad de basura que produce la humanidad (la novela está ambientada a mediados del siglo XXI, habiendo sido escrita en 1991). Al mismo tiempo, recibe una comunicación urgente de su yerno, quien le informa que acaba de hallar, en el desierto de Arizona, dos ataúdes conteniendo restos humanos ... enterrados hace más de 65 millones de años. Y es sólo el principio.

Al parecer, en el principio de los tiempos, la evolución dio lugar a una raza de seres con características poco usuales, los Voladores, probables descendientes de los pterodáctilos, predadores capaces de nutrirse de sangre humana y de transmitir sus características - entre ellas la inmortalidad - a sus víctimas. Por alguna razón, el poder de los vampiros ha decrecido, para ser recuperado en los siglos venideros. Los vampiros dominan nuestro mundo en el pasado y el futuro remotos, bajo el mando del vampiro más poderoso de todos, quien gusta de ser llamado el Conde... o Drácula. Pero la clave de este dominio se encuentra nada menos que en la Inglaterra victoriana, en la mente de un irlandés aquejado de la sífilis contraída en sus innumerables encuentros con prostitutas. Si, se trata del mismísimo Bram Stoker, el autor de la novela Drácula, "un nombre conocido desde las principales ciudades del mundo hasta los rincones más recónditos de las selvas más alejadas", o así lo pone el autor, afirmación con la que no podemos estar más de acuerdo. Stoker se convertirá en el objetivo tanto de los vampiros - quienes quieren evitar que escriba su famosa novela - como de Bodenland, quien necesitará de sus conocimientos para conjurar la amenaza que se cierne sobre el mundo.

Bodenland volverá a viajar en un curioso tren que se mueve a través del tiempo y que es conducido por vampiros (!), deteniéndose en la Inglaterra de fines del siglo XIX, no lejos de la morada de Bram Stoker, quien cuenta entre sus conocidos al doctor Van Helsing - un charlatán timorato e intrascendente -, y a un pobre enfermo de sífilis llamado Renfield. Los posteriores acontecimientos llevarán a Bodenland, Stoker y otros personajes a viajar de un tiempo a otro, con el objetivo de acabar para siempre con los vampiros.

Los cambios de escenario y las situaciones insólitas son numerosos, lo que contrasta con la casi apatía que demuestran los principales personajes ante dichas situaciones. Cuesta creer que un inglés - o una inglesa- de fines del siglo XIX se enfrente, en el transcurso de una semana, a vampiros, viajes en el tiempo y otras situaciones así de inusuales sin demostrar mayor sorpresa o interés. En cambio, los mejores momentos de la novela - desde el punto de vista narrativo - son aquellos en los cuales los personajes discuten o se dedican a perorar en torno a sus ideas, a las que conviene echarles más de una ojeada. Por ejemplo, se plantea que los vampiros son inmortales y poderosos, pero carecen de creatividad e inventiva, por lo que no les queda más remedio que parasitar a los humanos. Se explican también las debilidades vampíricas desde un punto de vista racional, como el temor de los vampiros a las cruces, basado en una visión bastante positiva del cristianismo como una manera de despertar la consciencia humana. O la similitud de los efectos de la sífilis y la mordida de un vampiro en los humanos...

Un poco más de acción habría dado lugar a una novela redonda. Eso sí, es un buen ejemplo de la ciencia ficción entendida como literatura de ideas.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Más que humano/La ballena dios (T.J. Bass)



Más que humano (Half past human)

En 1982, residía en la ciudad de Ica, la cual estaba bien provista de librerías y distribuidoras. Los libros de ciencia ficción, en especial los de la editorial Bruguera, no eran ajenos a sus estanterías. Tampoco uno que otro Minotauro. Por eso, tropezar un día a la salida del colegio con prácticamente todos los libros de ciencia ficción que publicó en su momento la editorial Edaf fue, además de una sorpresa, un motivo de angustia: obviamente, no podía comprarlos todos. Me hice el firme propósito de irlos comprando de a pocos, pensando que, después de todo, muy poca gente lee ciencia ficción… 

La realidad fue otra: en un par de días, no quedaba ni la mitad de esos libros en la vitrina. Reuniendo todas las propinas que podía – en esos años estaba a mitad de la secundaria-, logré comprar tres ejemplares: el maravilloso Zothique de Clark Ashton Smith, el futurista El hombre estocástico de Robert Silverberg y el desopilante Más que humano, de T.J. Bass.

Aclaro que en esa época no existía la internet, y muchos de los autores conocidos de la ciencia ficción eran, aparte quizá de Bradbury, Asimov, Clarke y pocos más, eran reverendos desconocidos para mí. Si, incluso Silverberg. De modo que elegí estos libros por los breves textos que figuraban en la portada. Y no me arrepiento de la elección. Sí me arrepiento de no haber elegido La ballena dios, también de T. J. Bass, continuación de Más que humano, pero es que en ese momento no tenía manera de saberlo.  Además, quería leer cosas diferentes, y dado que sólo podía comprar tres ejemplares, repetir autor era algo impensable.

Luego siguieron semanas de felices descubrimientos.  Acostumbrado a la ciencia ficción pulp de la colección Espacio, con poca experiencia con autores clásicos – básicamente cuentos-, recién tendría la oportunidad de leer novelas de ciencia ficción. Largas, extensas… ¿sería tan gratificante como leer cuentos?

La realidad demostró que sí. Visitar el futuro cercano imaginado por Silverberg me hizo sentir adulto, además de impactado por la trama y los personajes. Pero Más que humano fue la novela que me hizo entender que la ciencia ficción podía llevarlo a uno realmente lejos, muy muy lejos...

La acción se sitúa en un futuro remotísimo, en el que la humanidad subsiste en inmensos conglomerados urbanos llamados con justicia Colmenas. Existen otros seres humanos fuera de ella, a quienes se llama Ojo-de-gamo si son varones, y Ojo-de-vaca si son mujeres. El protagonista de la obra es Tinker, un ciudadano de la Colmena, a quien por azares médicos, se le conmina a reproducirse (!). Dado que Tinker es un “neutro”, es decir, un macho sexualmente inmaduro, deberá seguir un tratamiento para “polarizarse”. Luego de su cambio de fase, por decirlo así, empezará a cuestionar su vida y el propósito de la misma (vivir en la colmena es… indescriptible). Sucede lo obvio: intentará escapar, lo que logrará tras las peripecias de rigor.

Hasta ahí, Más que humano parece una historia típica, el rebelde que cuestiona el orden establecido. Pero hay mucho, mucho más en la novela, que deja en el lector un complejo regusto a extraño, pese a que su autor deja escapar sólidos conocimientos en biología que explicitan más de una costumbre o situación. Por ejemplo, los ciudadanos  se alimentan de comida procesada en forma de tabletas, lo que lleva a que se considere a las ratas (imposibles de exterminar) un manjar exquisito, además de fuente de proteínas “naturales”. El equilibrio  poblacional debe mantenerse estable, por lo que no se considera inmoral arrojar a los niños nacidos fuera de programación por el borde de un muro, suerte de monte Taigeto de la novela, si es que no son recogidos por los funcionarios encargados de exterminarlos, quienes circulan por la colmena vestidos como payasos y ataviados de alegres y brillantes colores.

Además, existen inteligencias artificiales o mecánicas – las mecs – que suelen demostrar más inteligencia y empatía que muchos humanos, pese a seguir una programación específica. Estas mecs juegan un rol aparte, comunicándose entre ellas o estableciendo relaciones más que peculiares con los humanos. 

Una obra que especula con el futuro del hombre, su evolución – o degradación -, las relaciones con las máquinas y nuestro condicionamiento biológico.  De lo más recomendable.




La ballena dios (The god whale)

Tras la lectura de Más que humano (inexacta traducción de Half past human, que además lleva a confusión con la obra de Theodore Sturgeon), transcurrió un interregno de más de treinta años hasta que, gracias al préstamo desinteresado (y devuelto) de un amigo, pude leer la otra novela de T.J. Bass, La ballena dios.

Sin ser una continuación, La ballena dios desarrolla y lleva a sus últimas consecuencias el destino de la Tierra descrita en Más que humano. Gran parte de la acción transcurre fuera de la Colmena, cuyos habitantes están degenerando cada vez más. Mientras tanto, una cosechadora, un cyborg mezcla de máquina y ballena, realiza su trabajo en los solitarios mares terrestres…

¿Solitarios? El mundo está más poblado de lo que parece, y por “humanos” cada vez más increíbles. La acción inicia con un accidente que transcurre en el pasado, cuando un humano  de nombre pierde la mitad inferior de su cuerpo. No queriendo depender de prótesis insensibles, solicita ser congelado hasta que la humanidad descubra una mejor solución para su problema, lo que ocurre milenios en el futuro. Este personaje, que no protagonista de la novela, deberá adaptarse no sólo a las prótesis del futuro – que le dan apariencia de sátiro o de centauro mecánico, sino a esa entidad insólita en la que se ha convertido la humanidad.

Mientras tanto, la Colmena, que aún cuenta con personas inteligentes, descubre esa vida exterior, la cual considera una amenaza, por lo que desarrollará diversos planes para destruirla. Entre ellos, la creación de un campeón llamado ARNOLD (en mayúsculas, porque son las siglas de una entidad creada mediante ARN humano), quien optará por volverse contra sus decadentes creadores, y el otro, recurrir a un desesperado caballo de Troya.

La trama es trepidante y por momentos confusa, destacando el tratamiento que hace Bass de las posibles relaciones (eróticas) entre máquinas y humanos, tema que tratan de manera muy distinta autores como China Mieville o Isaac Asimov.

Nuevamente, destacan los roles que asumen las mecs, entidades mecánicas que interactúan con los humanos de manera poco convencional… Me resultó grato reencontrarme con una de ellas, OLGA, una nave que contiene el germen de la nueva humanidad, mencionada en Más que humano como una nave –diosa.


Destacan los eventuales chispazos de información sobre biología y psicología que desliza el autor, que lejos de ser aburridos infodumps, llevan a más de una reflexión en torno a lo que somos los seres humanos del pasado, presente y futuro. Da para más de una relectura.