sábado, 19 de octubre de 2013

Perdidos en un mar de ciencia ficción (y fantasía, y terror...)


Parece mentira, pero a veces asusta cómo cambian los tiempos.
Años atrás, en Perú, apenas teníamos tres canales de televisión. En ciertas regiones del país, uno o ninguno. De manera que en determinado horario, la población peruana estaba "condenada" a ver un programa determinado. Si no le gustaba, pues... a apagar el televisor y ponerse a hacer otra cosa.
El hecho es que esta escasez de canales generaba, entre otros efectos, que la conversación del día siguiente, ya fuera en la oficina o en la escuela, girase en torno a lo mismo. Y las referencias de otros medios (diarios, revistas, programas radiales...) también. La telenovela del momento era LA telenovela... y así los demás programas. Una misma serie podía verse en los tres canales de televisión, y en tiempos de carestía, uno podía estar seguro que, tarde o temprano, podía volver a ver series tan "modernas" como The invaders, Meteoro o Los picapiedra. A nadie se le ocurría que algún día la televisión podría "envejecer".
Ese panorama, aparentemente tan mísero, proporcionaba al televidente una ventaja incomparable: ahorrarse la molestia de elegir. O veías el programa... o no. Pero ya sabemos cómo sucedieron las cosas: encendíamos el televisor, y pasaran lo que pasaran a esa hora, lo veíamos. Antaño como en la actualidad, era más cómodo para nuestros hábitos encender la televisión y dejarla ahí, que ponernos a leer o dedicarnos a otra actividad más "construtiva". Éramos gente normal.
En la actualidad, el asunto es más estresante. Encendemos el aparato (con el mando a distancia, o como decimos por acá, control remoto) y... decenas de canales. La gran mayoría con programación que no nos interesa. Pero, como mínimo, habrá diez cuyo contenido nos lleva a la gran pregunta: ¿cuál veremos? 
Para colmo, los televisores son cada vez más baratos. Recordemos las épocas en las que el televisor era "el televisor", y las horas de angustia que pasaban cuando sufría algún desperfecto. En cambio, ahora tenemos un televisor en cada habitación de la casa o departamento. Así los psicólogos nos prevengan respecto a lo pernicioso de esta costumbre. De modo que ni siquiera hay que pelearse por un canal. Para todos hay. Incluso, se da el caso de varios televisores encendidos... en el mismo canal.
Algo muy similar ocurre en el campo de la ciencia ficción escrita. No hace mucho, teníamos pocas editoriales (me refiero al ámbito hispanoamericano), y la discusión se limitaba a "¿es Deckard un replicante?" y "¿es Heinlein un facha?". El Señor de los Anillos era una saga que muy pocos habían leído completa, y se suponía que Asimov y Lovecraft eran autores cuasi infantiles, lejos de los osados planteos de Ballard y Lem.
Plaf.
La realidad actual es completamente diferente. Las reediciones de las obras de Asimov y Lovecraft los están convirtiendo (espero) en los nuevos autores "básicos" para las nuevas generaciones, compartiendo estantes con la saga de Juego de Tronos y, si la película influye, el Ender de Orson Scott Card. Y eso hablando de los "conocidos comunes": Gene Wolfe y Robert Silverberg son autores de saldo en las ferias del libro, mientras que aparecen nuevas editoriales y nuevos autores. 
Si a todo ello añadimos la difusión de blogs y páginas web (¿recuerdan cuando había dos o tres páginas web sobre ciencia ficción, y los debates que se armaban? En verdad les digo, no quedó piedra sobre piedra), sin decir nada de las ediciones electrónicas (los ebooks se han vuelto una alternativa más, ya sea para leer en e-readers o en tablets).
Estamos rodeados de ciencia ficción. De fantasía. De terror. Además de los "nuevos" subgéneros: steampunk, ucronía, new weird, dieselpunk, fantasía urbana, low fantasy... 
Armar listas de 10, 100 o 1000 libros "imprescindibles" es inútil. A lo más, puede hacerse cada año. Como máximo. Claro, la calidad es desigual, pero ¿cuándo ha importado eso, en realidad? Todo lo que se diga contra sagas como "Crepúsculo" o "50 sombras de Gray" no hace que disminuya un ápice su nivel de ventas. No todos gustamos lo mismo, y punto.
¿Qué hacer, en medio de esta abundancia?
Pues lo único que queda: elegir.
Cierto es que, de alguna manera, debemos educar nuestro criterio, y mucho nos dirá nuestra experiencia y nuestro gusto. No desoigamos las opiniones de los críticos y comentaristas. 

Pero, sobre todo, no nos la pasemos lamentándonos, diciendo cosas como "hay tanto que leer que no se por donde empezar". Acostumbrémonos a vivir en (esta) abundancia... y a disfrutarla.

Daniel Salvo

Horrendos y fascinantes: antología de monstruos peruanos editada por Altazor


Pues eso. Agradezco a José Donayre por haber incluido un cuento mío en esta antología. Una gran contribución de Altazor al género fantástico.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Cuento "La chica del museo" en la revista "Buen salvaje"


La revista Buensalvaje acaba de publicar, en su edición número siete (disponible en PDF) , un excelente artículo de Elton Honores, "El acoso de lo imposible", que analiza las implicancias de publicar literatura fantástica en un país como el Perú, donde la distinción entre autores "de Lima" y "de provincias" aún tiene efectos poco deseables. Adjunto el texto del último párrafo del artículo, a manera de presentación de nuevos autores del fantástico: 


"La selección arbitraria que presento incluye a narradores que están ligados a las provincias, ya sea por su origen o su lugar de residencia. De más está decir que –en algunos casos– sus libros son casi inhallables en Lima, por lo que es una invitación a seguir con atención su producción posterior. Nacidos entre 1963 y 1989, sus ficciones dan cuenta de los diversos registros de lo fantástico que practican. La selección incluye básicamente dos registros: la ciencia ficción (CF) y la mezcla de géneros a partir de la temática zombi. En «Apocalipsis zombi», de Marco Alberca, hay una subversión en el tratamiento del tema que plantea el problema de la identidad. Sarko Medina aporta dos microrrelatos de zombis: «Huida», que está narrada desde el otro lado, con una notable vuelta de tuerca; «Prueba» es un relato de violencia. En «El sueño», de Jorge Monteza, lo onírico adquiere una dimensión real que termina por aniquilar al personaje que sueña, bajo el tópico del doble. «El tigre en la nieve», de Jorge Parra, es un buen relato en clave borgeana que remite a la identidad y a la otredad. «Pithecantropus Erectus», del arequipeño Yuri Vásquez, combina distintos tiempos y niveles narrativos con resultados asombrosos e innovadores. En «La chica del museo», de Daniel Salvo, la animación de una momia inca develará un presente de horror. Finalmente, «Los visitantes», de William Guillén Padilla, es un relato en clave de CF con giro imprevisto."

jueves, 5 de septiembre de 2013

La luna y el sol - Vonda N. McIntyre


La luna y el sol

Vonda McIntyre


Al empezar con la lectura de esta larga pero absorbente novela, me encontré con que el primer capítulo narraba el portento ofrecido en el texto de la contraportada de la edición de Ediciones B: durante el reinado de Luis XIV de Francia, el Rey Sol, es capturada una criatura que es descrita, al principio, como un monstruo marino: retoza en el mar, tiene pelo verde, grandes incisivos y manos palmeadas. Es enviada al palacio de Versalles, para su estudio por parte de su captor, el sacerdote jesuita Yves de la Croix, y de su hermana, Marie-Josephe (ah, cómo me gustaría castellanizarla y nombrarla como María Josefa, o Maria Pepa, pero traicionaría a la traductora y a la ambientación de la novela.

El ritmo es vigoroso, lo que facilita su fácil lectura. Tan fácil, que cuando llegué a la mitad del libro (el volumen entero tiene cerca de quinientas páginas), me di cuenta de algo: que el monstruo marino apenas había sido mencionado en contadas ocasiones. Hasta este punto, la novela se enfoca en ambientar al lector en la corte de Versalles, y a pesar de la profusión de detalles e intrigas dignas de un culebrón televisivo, la lectura no deja de ser apasionante. Tengo la impresión de que la autora, perteneciente al ámbito cultural anglosajón, ha debido sentirse fascinada por todo ese aparato, pompa y protocolo que implicaba formar parte de la nobleza de una nación como la Francia de fines del siglo XVII, donde contaban mucho detalles tan aparentemente nimios como el sentarse a la derecha o a la izquierda del rey, a cuantos pasos de distancia podía alguien estar en su presencia, el tipo de trato que debía dispensarse a otros personajes como el Papa o sus representantes… A los ojos de la autora, todo esto debe parecer una suerte de cultura extraterrestre. En mi caso, esta parte de la novela despierta sentimientos encontrados: uno se da cuenta de cuan lejos de la modernidad está un país como el Perú, puesto que muchas de esas instituciones premodernas (tráfico de influencias, sistema de castas, costumbres retrógradas como el machismo) han sobrevivido y siguen siendo parte de nuestra cultura. Fascinante para un observador externo, incómodo para quienes vivimos, en parte, esa pre-modernidad. No es difícil notar que nuestro país, sobre todo en lo que a la administración pública se refiere, aún se maneja en base a criterios cortesanos, donde cada funcionario se siente una especie de reyezuelo, según quien lo haya “recomendado”.

Pero luego de esta puesta al corriente de las intrigas y funcionamiento de la corte de Luis XIV, acaso indispensable para la mejor comprensión de los acontecimientos que son narrados después, la novela se enfoca propiamente en la interacción entre la criatura marina y su nuevo entorno, interacción que se da en el peculiar contexto de la época, con un incipiente desarrollo del método científico – llamado aquí “filosofía natural” – que tiene que habérselas con los intereses del propio Rey Sol, quien desea diseccionar a la criatura en búsqueda del secreto de la inmortalidad (aquí tenemos a la alquimia susurrándole al oído), o en última instancia, degustarla en un fastuoso banquete (aquí tenemos a la vanidad de un monarca deseoso de dejar su huella en la historia). No son ajenos los debates entre la religión y el secularismo, puesto que para la Iglesia Católica, la criatura no es más que una bestia, un animal, y es aún posible condenar a la hoguera por herejía a quien sostuviera lo contrario… a pesar de las innumerables pruebas de “humanidad” que ofrece la criatura, cuyo único portavoz, en un principio, es la propia Marie-Josephe, una mujer sui generis para la época, pues pese a haber sido educada en un convento de la isla Martinica (orando y sirviendo), tiene una gran pasión por las matemáticas y la música, mantiene contacto con luminarias como Isaac Newton y se atreve a solicitar, para sus investigaciones, un microscopio fabricado por Antón van Leeuwenhoek, precursor nada menos que de la biología experimental. Brillantes hombres de ciencia para unos, peligrosos herejes protestantes para el entorno cercano de Marie-Josephe.

Las historias personales de la criatura marina – a la que se bautizará como Sherzad, en homenaje a la Sherezade de Las mil y una noches – , y de Marie – Josephe acabarán por mezclarse de una manera brillante, que nos permitirá atisbar otros aspectos de la condición humana, como puede ser nuestra reacción ante lo desconocido (¿el encuentro con Sherzad acaso no se parece al encuentro entre las culturas europeas y las cultura prehispánicas?), y en particular, de la condición femenina, buscando su propio espacio en un mundo cuyas pautas siempre parecen estar prefijadas por los hombres. En esa mujer del mar, de apariencia tan monstruosa, la propia Marie - Josephe se encontrará a sí misma (una hembra capturada en un mundo machista) y acabará por descubrir la manera de cambiar su propio destino. Se aprecia también lo cuidado de las descripciones relativas a los hábitos y naturaleza de la criatura Sherzad. No en vano Vonda N. McIntyre obtuvo un título en biología por la Universidad de Washington.

Drama histórico, encuentro entre dos mundos, un enigma biológico (¿cuál es el verdadero origen de las criaturas marinas?) y la lucha por la libertad del conocimiento en una época de dogmas. Merecido el premio Nebula de 1998.

Daniel Salvo


martes, 13 de agosto de 2013

La ciencia ficción peruana se mueve



La ciencia ficción se mueve, mucho más que en otros años, en el Perú. No al nivel del reciente festival Celsius  232 de España, obviamente, pero si lo suficiente como para dejar atrás la noción de que lo fantástico es un género marginal en nuestras letras. Sin ir muy lejos, durante la reciente (y cuestionada) 18 Feria Internacional del Libro de Lima, tuve ocasión de presentar dos libros, Alex Gubbins y el planeta olvidado de L.T. Moy (Ediciones Altazor) y El fantástico viaje de Helen Haiff de Beatriz Ontaneda (Editorial Casatomada). Lamentablemente, por razones de horario no pude asistir a la presentación de la excelente Eternidad al atardecer de Jorge Mendoza Aramburú, de la editorial El Laberinto, que también se presentó en la Feria.



A ello deben añadirse otras publicaciones del género, algunas esperadas, otras sorpresivas. Para el primer caso, tenemos el volumen ¡Bienvenido Armagedón!, publicado por Ediciones Altazor, en el cual doce autores nos ofrecen sus visiones (a veces, muy personales) del fin del mundo. La misma editorial publicó también la antología de microrrelatos (otro género que está cobrando fuerza en nuestro medio) 201, basada en las extrañas circunstancias bajo las cuales nuestro amigo David Roas siempre se aloja en la habitación 201 del hotel donde recala. Como si esto no bastara, Ediciones Altazor también publicó una nueva hornada de los fantásticos (fabulosos, diría yo) cuentos de José Guich Rodríguez bajo el título de  Control terrestre, cuya maestría en el manejo de lo fantástico es ya conocida. Mención aparte merece su novela El misterio del barrio chino, publicada por SM Editores. Y siguiendo con Altazor, este sello también publicó Cazador de momentos, de Juan José Cavero, “una novela distópica inscrita en el ciberpunk”, nos advierte el crítico Elton Honores.

El momento tenía que llegar. 

Daniel Salvo

domingo, 14 de julio de 2013

¡Bienvenido, Armagedón!


¡Bienvenido, Armagedón", una antología de cuentos sobre el fin del mundo, recopilada por Carlos Rengifo y publicada por Ediciones Altazor. Pronto en librerías. Participo con un cuento.

viernes, 5 de julio de 2013

Revista Artifex N° 2



Artifex Cuarta Época


N° 2, Octubre de 2008



¡Gracias a Dios por la internet! De lo contrario, tantas y tantas cosas seguirían ocultas o pasarían desapercibidas, dadas las obvias dificultades de distribución que todos conocemos. De sobra es conocido que sólo ciertos libros tienen una adecuada distribución - y eso que nos movemos en el ámbito del español, una de las lenguas más habladas en el mundo -, y que son más los libros a los que no tuvimos acceso que aquellos a los que pudimos hincarle el diente.

Caso aparte es el de las ficciones - ya no libros - de autores hispanoamericanos. De oidas sabemos de autores cubanos, mexicanos, argentinos, colombianos, españoles, venezolanos, bolivianos, peruanos, chilenos... ¿me faltó alguno?, que tal vez vayan por la quinta o sexta novela y cuyo trabajo es desconocido fuera de sus fronteras.

No se trata de chauvinismo frente a la narrativa que solemos vincular a la ciencia ficción, esto es, la ingente producción anglosajona. Pero es injusto que autores que han desarrollado una propuesta original (no "propia", pues la nacionalidad al fin y al cabo es secundaria) dentro de nuestro ámbito hispanoamericano, no tengan la difusión que merecen debido a las restricciones de un mercado que, sabemos, se muestra reacio a publicar fantasía o ciencia ficción de sabor local (con contadas excepciones, claro está).

Pero está la internet, que pese a ciertas señales alarmistas, no es ese espacio de segunda mano que quisieran algunos. Es el nuevo modo de conocer, de difundir, de probar. Algunos, como los editores de Artifex, han optado por un uso creativo de los recursos de la red, de manera que hoy tenemos algo que en años anteriores hubiera sido impensable: la edición completa de Artifex urbi et orbi, en un formato agradable de leer y gratis. ¿Qué más se puede pedir?

El óxido del Sombrerero (Alfredo Álamo): De quitarse el sombrero este breve pero contundente relato que recrea, en clave de steampunk, lo que le ocurrió al Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y demás personajes de Alicia en el país de las maravillas. Una soberbia fantasía steampunk, para disfrutar junto a una taza de te con pastas.

Albedo Cero (Victor Conde): Un relato de space opera en toda regla. El albedo cero a que hace referencia el título se refiere a la capacidad de los cuerpos de reflejar la luz. Un albedo de cien implica visibilidad óptima. Albedo cero equivale a invisibilidad, que es la condición que deben alcanzar las personas que desean hacer fortuna en las minas de otro planeta, minas de las que se extrae nada menos que radiación (de ahí la necesidad del albedo cero, los cuerpos no se contaminan con la radiación pues la dejan pasar a través suyo). Sin embargo, tan extremas condiciones no impiden a los seres humanos ser lo que son: sentimentales, vulnerables, heroícos, dementes. Invisible no equivale a inexistente.

Bajo estrellas feroces (Eduardo Vaquerizo): Al fin puedo leer un relato de Vaquerizo, uno de los puntales de la narrativa fantástica española. Estamos ante una ucronía en la que España ha sido el primer imperio en desarrollar el vuelo, contando tanto con cuerpos de aeronautas como vehículos voladores tripulados (Vaquerizo describe estas imaginarias máquinas con precisión tal que hace pensar al lector que podría ser posible su fabricación). En lo político, parece que se ha logrado una convivencia pacífica con la población de origen árabe, siendo sus enemigos de siempre Inglaterra y Francia.

Al margen de lo bien narrado del relato, creo haber descubierto un problema en las ucronías o historias alternativas en general, y es que el interés que puedan despertar semejante tipo de relatos es directamente proporcional al conocimiento de la historia que se pretende alterar. Para decirlo en cristiano, hay varias alusiones a personajes y eventos de la historia española que a mi, por no tener dicha nacionalidad, o se me han escapado o no me han causado interés alguno. Igual podría ocurrirle a un lector sueco leyendo una historia alternativa en la cual el Perú gana la guerra con Chile de 1879. A menos que sea historiador. Por suerte, nuestros vínculos con España y la historia de la aviación hacen  llevadero el relato.

La mar y los muertos (Ekaitz Ortega): Inquietante relato ambientado en una realidad imprecisa, en la cual hay sólidas creencias acerca de la relación entre los vivos y los muertos. Sin embargo, el devenir histórico lleva a algunas personas a cuestionar estas creencias. A fin de llegar a la verdad, se realizará un experimento en un cementerio, con resultados insospechados. Un relato que requiere mucha atención en su lectura para una cabal comprensión.

Ebenezer (Juan Antonio Fernández Madrigal): ¿Y si el protagonista de Canción de Navidad de Charles Dickens hubiese existido en realidad? ¿Si hubiera sido en efecto un anciano ruín y amargado, y tuviera ante sí la posibilidad de cambiar? Pero el relato de Dickens era una fantasía con fantasms y final feliz, mientras que el triste relato de Fernández Madrigal es sólo una fantasía con fantasmas y algo más.

(Nota: Esta reseña la encontré entre los tantos archivos que a veces uno ni sabe que tiene almacenados en la memoria de la computadora. Artifex, lamentáblemente, ya no está disponible en la red, pero quería dejar testimonio de la altísima calidad que pude apreciar en sus contenidos. Otro comentario en el Sitio de Ciencia Ficción. Daniel Salvo)

miércoles, 12 de junio de 2013

La rueda del progreso en e-book


Continuando con la autoedición, pongo a disposición de los lectores mi cuento La rueda del progreso en formato electrónico, para su descarga en EPUB, PDF, MOBI, texto simple y otros. Que lo disfruten. Y como siempre... ¡gracias Smashwords!

jueves, 6 de junio de 2013

Enemigos del sistema (Brian W. Aldiss)



Una sociedad estelar basada en el Biocom(unismo) más racional. Una sociedad cuyos miembros se llaman a si mismos homo uniformis, como demostración del alto nivel de vida al cual han llegado todos sus miembros. Una sociedad para la cual el capitalismo es un sistema que pertenece a las brumas de la historia. Una sociedad que es el sueño de cualquier planificador: población educada y saludable. Alimentación balanceada, actividades programadas, genéticamente mejorados... la Utopía.
Usando un estilo bastante seco, al punto que es casi imposible identificarse con cualquier personaje de la novela, Aldiss lleva al lector a una serie de reflexiones en torno a las ideas que este pueda tener, no solo en torno al mejor modelo de sociedad posible, sino a la misma sociedad en la cual vivimos.
La acción transcurre en el planeta Lysenka II. Se trata de un planeta apenas habitado, que funciona como una especie de zoológico para el recreo (programado) de diversos grupos de utopistas que suelen visitarlo. Precisamente, debido a una "huelga" (que se pretende ocultar por todos los medios) del personal técnico, un grupo de estos utopistas viajeros, se verán abandonados a sus propios medios en medio de las selvas de Lysenka II, donde serán constantemente amenazados por bestias salvajes.
Así descrita, la acción parece excesivamente simplista, pero como casi todo en la buena ciencia ficción, nada es lo que parece. Aislados del entorno hipertecnológico del cual provienen, los utopistas serán testigos de cómo los más básicos temores y deseos surgen y se imponen a su aparentemente inalterable condición de seres superiores. Pese a sus inútiles intentos de afrontar la situación como "seres civilizados", mediante raciocinios que rayan en lo esquizofrénico, poco a poco irán cayendo en cuenta que muchas de las aparentes verdades en las que se asienta su modo de vida no son sino meras construcciones mentales, que les serán de poca o ninguna ayuda ante la situación en la que se encuentran.
Enemigos del sistema recuerda en mucho a Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift en su intención de denostar al género humano mediante el uso de la sátira. Pero hay más que eso en la presente novela: resulta que Lysenka II oculta un secreto, a saber, el hecho de que su fauna no es originaria del planeta, sino producto de un accidente ocurrido milenios atrás, en el cual una nave estelar se estrelló en Lysenka II, y cuyos ocupantes, originalmente humanos, han degenerado en seres parecidos a topos, cerdos o ciervos, y esto debido a que, originalmente, los ocupantes de dicha nave eran... ¡capitalistas!
Dado que la novela fue publicada en 1978, es decir, en plena Guerra Fría, cuando todavía existía una Unión Soviética que era vista como modélica y poderosa por gran parte de la población mundial, se nota una preocupación por denunciar los errores - y los horrores - del totalitarismo, además de la pretensión de crear un determinado tipo de ser humano a partir de premisas que acaban por carecer del menor sustento en la realidad. Pero Aldiss tampoco parece ser muy optimista respecto a la contraparte del totalitarismo comunista, y nos ofrece, a modo de caricatura, el lado degradado de la "otra" humanidad, llegando a una conclusión bastante pesimista respecto a la condición humana. Corresponde a los lectores, a través del rumbo que den a sus vidas, confirmar o contradecir la visión de Aldiss. Hagamos votos por que la ciencia ficción no se convierta en la predicción del desastre.

Daniel Salvo

lunes, 13 de mayo de 2013

Por qué publico gratis en internet

No estoy seguro si esta entrada del blog califica como editorial, artículo o qué. Pero es algo que considero importante comentar. Llevo algún tiempo publicando cosas en la web. Gratis (salvo la versión kindle de El primer peruano en el espacio, que cuesta 0.99 dólares, pero eso por que Amazon impone un precio mínimo para cualquier producto). Hasta donde se, no han habido descargas, de modo que este mes no cobro regalías.

Publicar en internet, sin embargo, es bastante satisfactorio. De un lado, el proceso de creación, que abarca también la creación de las portadas de los libros, sigue siendo una de las cosas más excitantes que puede realizar una mente humana. Y sin gastar papel o tinta. El procesador de textos permite hacer cosas increíbles,  como probar distintos tipos de letras, aumentar o disminuir su tamaño, probar colores distintos para los caracteres o para el fondo de los mismos... No, no extraño para nada a las máquinas de escribir. De otro lado, el proceso de intermediación (del escritor al hipotético lector) es practicamente inmediato. Una vez que el libro electrónico (o e-book) está listo, se sube al sitio del cual se puede descargar (Smashwords, Wattpad, Enderonline, Amazon, etc.) y ... ¡listo! Un click y lo tiene en su pantalla.

¿Pero se puede hacer dinero con esto? ¿El destino de los escritores es trabajar por amor al  arte?

Bueno, el dinero se puede hacer (o no hacer) con cualquier cosa. El que yo haya creado o fabricado un producto no implica que alguien esté dispuesto a pagar por él. Así haya puesto alma, corazón y vida en la redacción de un cuento, novela o artículo, así su venta me sirva para salvar a mi abuelita enferma, así sea lo último que me queda en la vida... Nada, el consumidor tiene el sacrosanto derecho a gastar su plata en lo que quiera.

Pero el caso es que SI QUIERO HACER DINERO PUBLICANDO. Tengo un empleo que me permite vivir, pero como (todo) escritor, sueño con vivir exclusivamente de la literatura. Escribir, dar conferencias, dictar clases, ser entrevistado y COBRAR por todo eso. Y lo mismo le deseo a todos los demás escritores que en el mundo son.

¿Entonces, qué hago publicando cuentos gratis en la web? ¿No es un contrasentido? ¿Acaso en el fondo he tirado la toalla y he asumido que nadie pagaría un céntimo por mis creaciones?

Pues no. De un lado, la esperanza es lo último que se pierde. De otro lado... A pesar del tiempo que lleva en nuestro mundo, la internet sigue siendo algo incipiente, poco conocido y visto como algo exógeno del modo de vida que tenemos. Seguimos dándole más importancia a las publicaciones de tinta y papel que a una página web. Todavía no integramos la internet a nuestra manera de "estar" en el mundo. Bueno, no del todo.

Eso lleva a que la internet, al menos por ahora, siga siendo algo "muy interesante", pero no más. No la asumimos, por decir algo, como una manera más de efectuar intercambios. Léase, compras y ventas.

¿La prueba? Pues que si alguien quiere adquirir un producto en la web, TIENE que contar con una cuenta especializada para ello. No es como estar parado frente al kiosko de la esquina y llevarse la mano al bolsillo, sacar unas monedas, y comprar un periódico. La internet todavía exige claves, registros, confirmaciones.... No se cómo será en otros países, pero en Perú, bajarte un libro con un precio ridículo de 10 soles te obliga a contar con toda una parafernalia que ni en las películas de James Bond.

Y ahí está el detalle. Por que, si mal no recuerdo, pretendo ser un escritor de ciencia ficción. Y la ciencia ficción es como un virus que contraes en la infancia o la adolescencia. Y en la infancia o adolescencia, puedes pedirle propina a tus padres, sacar un carnet de biblioteca o que un amigo te preste un libro. Pero no puedes sacar una tarjeta de crédito. Al menos, no legalmente. Que yo sepa.

Entonces, sabiendo que mi (hipotético) público lector está compuesto mayoritariamente por menores que no podrían comprar (legalmente), ¿qué sentido tendría ponerle precio a un producto al cual no podrían acceder? Tendrán el smartphone, la laptop, la tablet o la compu en casa, pero no el "dinero" que les permita adquirir un libro electrónico. 

Lo cual es injusto, si lo ven como los asquerosos capitalistas que son en el fondo. No pienso caer en la tentación (?) de pagar para que algún editor me entregue una caja de galletas Field llena de ejemplares de un libro para venderlo de colegio en colegio. Quiero "quedarme" en la internet. Espero no hacerme viejo (y pobre) mientras llega el momento de vender y cobrar.

¿Alguna solución a mediano plazo?

No quería pensar en una solución que implique al Estado pero es la primera que se me ha ocurrido. Todo peruano tiene (o debería tener) un número de DNI, en el cual consta su condición de mayor o menor de edad. No se si el DNI reemplaza, en el caso de un menor, a los antiguos (y nunca utilizados) carnets escolares, donde constaban las "generales de ley" de un alumno, el año que estaba cursando y el colegio en el cual estaba matriculado. Bueno, ¿por qué no asignarle a esos alumnos identificados un "monto" virtual, una especie de moneda (¿créditos?) que sólo tendrían valor para la adquisición de ciertos bienes, por ejemplo, libros electrónicos? ¿Y que las empresas editoriales pusieran parte de su catálogo para ser adquirido mediante el uso de estos "créditos"? Es decir, se trataría de un tipo de moneda que sólo podrían utilizar ciertos ciudadanos y sólo para ciertos productos. El origen de estos "créditos", claro está, sería la billetera los padres o tutores de los menores.

O sea, una propina que sólo puedes gastar en libros. Como era en un principio: paga papá, cobra escritor (o editorial).

Mientras tanto, seguiré publicando gratis. Hasta que los consumidores puedan pagar por lo que escribo.


Daniel Salvo



viernes, 3 de mayo de 2013

El primer peruano en el espacio (E-book)


Continuando con la e-publicación, o publicación independiente, o autopublicación, gracias a Smashwords, y pronto en otras plataformas, El primer peruano en el espacio. En formatos Epub, mobi, PDF, txt y otros. Que lo disfruten.

Daniel Salvo