miércoles, 21 de noviembre de 2012

Preludio a la Fundación (Isaac Asimov)



Estamos ante una novela "con historia", que quizá sea ya conocida de todos. Resulta que Isaac Asimov, teniendo ya escrita y publicada la trilogía original de la Fundación (Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación) antes de 1950, decidió publicar nuevas novelas en torno al tema en... la década de los ochenta. Tenemos así Los límites de la Fundación (1982) y Fundación y Tierra (1986), además de otras novelas.
Por supuesto, mucha agua ha corrido desde los años cincuenta hasta los ochenta, y más agua hasta nuestros días. Muchos de los límites a los que un autor de ciencia ficción debía someterse a mediados del siglo pasado habían caído, y eso se nota en cierto intento de puesta al día en el tratamiento de ciertos temas, como el de la discriminación racial o la apertura en las costumbres sexuales, que ni por asomo figuraban en las narraciones originales de la Fundación.
También es de apreciar cómo Asimov gira también hacia la práctia editorial del best seller. Dadas las espectativas que casi todos los aficionados a la ciencia ficción podríamos tener en torno a su obra, un "nuevo" Asimov era un bolo fijo para que la editorial del caso hiciera un negocio redondo, y no me refiero tan solo al mercado anglosajón. Basta ver nuestras librerías para notar que, en caso de tener una sección dedicada a la ciencia ficción, las novelas y cuentos de Isaac Asimov ocupan un lugar destacado, cuando no el único.
Y desde la perspectiva de un mercado editorial dominado por la fantasía y los vampiros, en lo que a mi respecta, es de agradecer que Isaac Asimov se haya convertido, sin quererlo, en el adalid de la ciencia ficción que aún puede ser reconocida como tal. En sus novelas están los viajes espaciales, los robots, los adelantos científicos y ese sentido de la maravilla, tan caro al género, que no siempre se encuentra en otros autores.
Poniéndome en plan crítico, diría que la prosa de Asimov no es como para postularlo a un premio Nobel póstumo. Pero ni falta que hace: desde la posición de un eterno adolescente fascinado con el universo y sus posibilidades, como lector, sigo disfrutando de las propuestas y soluciones del "buen Doctor" a sus propias interrogantes respecto a ese mismo universo. Racionalista a carta cabal, Asimov no deja de hacerlo notar en sus historias, y creo que eso es de agradecer, en este mundo pretenciosamente posmoderno que postula, como la mejor respuesta a todo, la indiferencia o la apatía. Asimov vivía fascinado con el conocimiento, y eso es evidente en sus ficciones. Lo mismo ocurre en Preludio a la Fundación.
Si bien es algo que no agradó mucho a un gran número de lectores, Asimov ideó esta novela con el propósito de "arrancar" con ella todo el ciclo de las Fundaciones. El protagonista principal es un Hari Seldon jovencísimo, un matemático del minúsculo y "primitivo" planeta Helicón que ha acudido a Trántor en búsqueda de conocimientos: ha barruntado la idea de la psicohistoria, pero es consciente de sus limitaciones como mero matemático, y acude a Trántor, el centro del imperio galáctico, para añadir a sus conocimientos abstractos lo que podríamos llamar la perspectiva histórica, es decir, el auténtico devenir del comportamiento humano. Para ello, contará con la ayuda de Dors Venabili, una historiadora que oculta más de un secreto.
Este planteamiento, simplificado, hace eco de la crítica a la separación entre "científicos" y "humanistas" que en 1959 hiciera el británico C. P. Snow en su conferencia "Las dos culturas":

Un buen número de veces he estado presente en reuniones de personas que, por las normas de la cultura tradicional, se creen muy educadas y que con mucho gusto han expresado su incredulidad por el analfabetismo de los científicos. Una o dos veces me han provocado y he pedido a los interlocutores cuántos de ellos podrían describir la Segunda Ley de la Termodinámica, la ley de entropía. La respuesta fue fría y negativa. Sin embargo, yo estaba pidiendo algo que para los científicos sería equivalente a preguntar: «¿Has leído una obra de Shakespeare?».
Ahora creo que si yo hubiera hecho una pregunta aún más simple como ¿Qué entiende usted por masa, o aceleración, que es el equivalente científico de decir «¿Puedes leer?» no más de uno de cada diez habrían sentido que yo estaba hablando el mismo idioma. Por lo tanto, mientras el gran edificio de la física moderna crece, la mayoría de la gente inteligente en Occidente tiene el mismo conocimiento científico que habría tenido su antepasado del neolítico. (C. P. Snow, "Las dos culturas")



En Preludio a la Fundación, este problema se resuelve tanto por el reconocimiento por parte de Seldon de su falta de contacto con la historia, como por la colaboración que le presta la historiadora Dors Venabili. Así pues, tenemos a Asimov en su estado puro, pontificando en torno a los beneficios de la colaboración entre los representantes del conocimiento, los eruditos, como se les denomina en alguna parte de la novela.
Como no podía faltar la intriga, tanto el emperador Cleón I como su consejero, el omnipresente Eto Demerzel, se han fijado en las actividades de Seldon y el posible impacto de sus descubrimientos en la política imperial, por lo que iniciarán una persecución en búsqueda del joven matemático, quien demostrará que no solo sabe utilizar la cabeza, sino también los puños (y los cuchillos), siendo este uno de los aspectos más flojos de la historia, a mi parecer, una excesiva concesión a las exigencias editoriales que convierten a Hari Seldon en una especie de héroe de acción... En fin, un Seldon para todos los gustos. Y no diré nada de las escenas románticas, inevitables pero olvidables.
Vuelto a sus fueros, Asimov narra con brío el periplo de Seldon durante la persecución de la que es objeto, que le (nos) permite conocer en detalle el funcionamiento del planeta Trántor, sus fuentes de energía y alimentación y las peculiares idiosincracias de sus habitantes. Trántor no tiene una, sino varias culturas, lo cual se convierte en uno de los vectores que orientarán los posteriores desarrollos que efectuará Seldon en torno a la psicohistoria.
Resulta por demás curioso como el resto del universo asimoviano - los robots, personajes como R. Daneel Olivaw o Elijah Bailey, los planetas Aurora o la misma Tierra - retorna en esta novela, aunque a veces como meras leyendas o ejemplos de comportamientos absurdos para la mentalidad del "presente" en el que se desarrollan la acción.
En suma, estamos pues ante un digno preludio, acaso más largo que la pieza principal, pero igual de disfrutable.

Daniel Salvo


sábado, 10 de noviembre de 2012

Cuentos para sobrevivir al fin del mundo


SE PRESENTARÁ EL MIÉRCOLES 14 DE NOVIEMBRE DE 2012
EN "LA NOCHE" DE BARRANCO, A LAS 7:00 PM

"Invasiones extraterrestres, desastres nucleares, guerras mundiales, profetas y profecías; amor, muerte y esperanza; mujeres incrédulas, niños con armas y zombis vírgenes; humanos y no humanos, son los protagonistas de estas historias.


Nadie sabe el día ni la hora del final, pero será mejor que te encuentre preparado.


Agárrate bien del libro, porque el fin del mundo ya llega y aquí tienes diecisiete cuentos para sobrevivirlo."



martes, 6 de noviembre de 2012

El primer peruano en el espacio, publicado en la antología "The Apex Book of World SF 2"


 "The First Peruvian in Space," by Daniel Salvo, is by far one of the most powerful and astonishing ironic turns I have ever read in a story, and it accomplishes this by developing our expectations about colonialism and racism before turning us on our ears. 

Ben Godby, Strange Horizons

***


I have many, and obvious, reasons to enjoy Daniel Salvo’s “The First Peruvian in Space”:
Anatolio Pomahuanca had reason enough to hate whites. Hundreds of years ago they had invaded and conquered his world and reduced his forebears to the sad condition of serfs or second-class citizens. There were historic changes like independence wars, rebellions and revolutions. But, be it as it may, whites were still those who ruled and decided everything in Peru and throughout the rest of the world.
[...]
The captain belonged to the worst: those who believed there was already a harmonic conviviality between whites and natives as a result of centuries of history that had erased past wounds.
The plot twist weakens rather than strengthens, though I suppose without it the story would’ve been too obvious. 
Acrackedmoon,   Requires only that you hate

viernes, 7 de septiembre de 2012

Editorial: La muerte de Armstrong


La muerte de Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna, ha coincidido con la reciente adquisicíón de esta novela, Espacio deshabitado, en una librería limeña, a precio de saldo, lo que es de agradecer para mi trajinado bolsillo. De otro modo, no creo haber podido solventar los 21 euros de su precio original. Ya he perdido la cuenta de cuántas veces me he dicho a mí mismo "este es el último libro que voy a comprar en la vida, ahora voy a ahorrar..." En todo caso, el espacio se me está acabando...

¿Por qué hablar de un libro que aún no he leido, que además, no cuenta precisamente con los mejores auspicios, a juzgar por ciertas reseñas del mismo? Pues por la premisa de la cual parte:

La mañana siguiente al funeral de Neil Armstrong, un cohete fantasma del Saturno V despega desde Cabo Cañaveral.

Y por lo que he podido adelantar, la novela va, entre otros temas, acerca de una época en la cual la exploración espacial está prácticamente detenida, una época en la cual el máximo destino al que puede aspirar un astronauta es darle mantenimiento a la Estación Espacial. Y eso es todo cuanto sé de la trama, que espero desentrañar pronto.

Curioso haberme topado con esta novela al poco tiempo de morir Neil Armstrong. Y más que curioso observar en la realidad, que su muerte también ha dado lugar a la aparición de "fantasmas", o peor aún, a ciertos mitos que dicen mucho de la pobreza mental de nuestro siglo XXI: no tardaron en aparecer, en facebook y otras redes sociales, textos y mensajes tildando a Armstrong de farsante, de mentiroso, supuestamente por haber participado en la "conspiración" urdida por el gobierno norteamericano para engañar al resto de la humanidad y hacernos creer que, efectivamente, el hombre llegó a la luna en 1969.

Los comentarios más suaves ponían cosas como "se llevó su secreto a la tumba", "sólo el sabe lo que realmente ocurrió" hasta "no hay nada que lamentar, ha muerto un mentiroso" y otros así de atroces. Y si bien mi reacción inicial fue, de alguna manera, poner en claro lo absurdo de las teorías conspiranoicas (las cuales, considero, se originan en un profundo complejo de inferioridad que hace a ciertas personas incapaces de reconocer los logros de otros, cuando no de la simple ignorancia), la tarea resultó tan agotadora como inútil. Para un sector (espero minoritario) de la población humana, el viaje a la luna fue un fraude, lo cual se ha "demostrado" gracias a ... un archivo ejecutado en Powerpoint.

En fin, sólo queda decir: descansa en paz, Neil Armstrong. Y disculpa nuestra ignorancia, envidia y temor. Al menos, ya no pueden alcanzarte.

Daniel Salvo







jueves, 30 de agosto de 2012

Ramón, Doctor Corazón (Luis J. Torres)


Ramón, Doctor Corazón

Luis J. Torres


Otra vez, maldito teléfono. Sí, aló, sí, bien. Es tarde, ¿lo sabía? Hábleme despacio, ya, mire, ya fui a su casa anteayer, es tarde, amigo, tranquilo, no se desespere, no pienso ir, ya, es de madrugada, no me suba la voz, ¿cuánto? Ummm, bien, y me paga el taxi, llegaré en cuarenta minutos.

Malditas tarjetas y anuncios virtuales, maldito teléfono, maldita madrugada, maldito cliente.

Cada día que pasa me pagan más estos idiotas y sé que si sigo así, tal vez le agarre gusto a esta profesión que alguna vez pensé ocasional. El taxista me habla y habla, pone su música vulgar, simple, llorona. Las oscuras y sucias calles, llenas de putas, travestis, drogadictos, lacras y demás. Unos niños juegan en la calle pateando ratas muertas. Las luces de neón le dan un aspecto aún más feo a esta irrealidad nocturna de ojos hinchados y mirada vidriosa. Maldita noche.

Otro cliente me llama, éste sólo quiere preguntarme algo, sé que es cruel tratar mal a estos idiotas depresivos, pero lo mando al diablo y le recuerdo que yo camino y escucho por dinero. Mierda, me siento un maldito, pero qué chucha, bastardos llorones.

Un edificio enorme, cubierto de lunas rojizas y árboles tropicales en su base, un armatoste para niños ricos y viejos coqueros. Me dejan pasar, subo los setenticinco pisos, el ascensor silencioso, una puerta con adornos célticos de bronce, un número y un timbre. ¡Riiiiiiiiiiiiinng! Saludos. Me ofrece un trago, me invita a sentarme. Un sofá inmenso de piel natural color habano, su librería de ébano tallado, estilo colonial, sus flores frescas, sus adornos de cristal de Murano, y ella, sentada, mirándonos, hermosa, de cuerpo exageradamente carnoso, licencioso, incitante, sexual, siempre fresco y problemático.

¿Problemático? Si yo la tuviera en casa sería feliz, como la mayoría que tiene una. Pero estos idiotas no aprenden. Me invita otro trago, un vaso de cristal y un hielo en forma de estrella, flotando.

Todo está bien, aunque esto no es una reunión de amigos. Al grano. Señor Worms, ¿qué pasó?, quedamos en que si me llamaba sería para algo serio, ella se ve bien, usted se ve bien, ¿cuál es el problema? Mire, señor Ramón, hoy es nuestro aniversario, fuimos a comer, a bailar, le compré flores, fuimos a un hotel nuevo, hicimos el amor, sin embargo siento que ella no me trata como antes, la percibo algo fría, ella sabe que la quiero, sé muy bien que no se va a ir, pero, pero es que no sé qué pensar. ¿Y si ella se fuera, o si se olvidara de mí? ¿Si un día yo ya no fuese todo para ella? Ella lo mira y le acaricia la espalda cariñosa, le besa la mejilla, lo tranquiliza con su voz de pajarito, mueve sus espléndidas piernas y le habla mientras él la abraza y le llora, sí, le llora, pobre diablo, los dejo así un buen rato, bebo todo el licor fino que puedo, me guardo sus cigarros en el bolsillo, calculo cuánto dinero le podré sacar, voy a sacarle mucho, no es maldad, yo no soy malo, no obstante así aprenderá, le diré unas palabras, luego trabajaré con ella, después, todos felices, hasta que el idiota sensible vuelva a llamarme otro día.

Pasa una media hora, aperturo otra botella, esta vez champagne, le sirvo un trago, él se arregla el cabello, se acomoda el cuello de la camisa, trata de sonreír, aunque no puede, pongo cara seria, me hago el interesante. Señor Worms, señorita, miren, ah, sabemos que ustedes son felices, que no desean separarse, sin embargo el señor aquí presente tiene dudas, dudas basadas en su amor hacia usted, en su fidelidad, prométale que no lo dejará, hágalo. (Ella lo ve, le toma la cara y le hace una sentida declaración de amor, lo besa, le promete no dejarlo, lo abraza).

No sé qué pensar, esto es demasiado ridículo, aunque suele pasar, es mi profesión. Era un trabajo tranquilo, mal remunerado, no obstante ahora mi sueldo se ha quintuplicado y sigue en aumento, me llaman más seguido, digamos pues que sé cómo hablarles y eso les gusta, sé cómo llegar a ellos, pobres babosos tristones.

Él me agradece, se emociona, luego voy donde ella, le sonrío, él mira todo con ojos amorosos. Le quito la blusa, está sin brassiere, sus pechos amplios y erectos se mueven arriba abajo, le pongo el cabello hacia adelante, abro despacio la tapa craneal inferior, me pongo frente a él, que no vea lo que hago, querré decir, lo que no hago, muevo los dedos, me limpio la frente (con eso parece que trabajo mucho y que la sufro) la hago larga, él espera absorto en sus miedos, cierro la tapa craneal, arreglo sus cabellos, ella sonríe tranquila, la dejo, se abrazan, espero a un lado, fumando un cigarro de filtro duro. Ya ha pasado una hora, espero mi paga.

Una despedida de esas pegajosas: me da la mano varias veces, me cancela al contado, ella se despide con un besito, sus labios suaves y carnosos. Le meto mano en las nalgas, no dice nada, solo sonríe, de manera dulce, enamorada, se despiden los dos.

Worms ha llamado a un taxi, así que espero a que éste llegue al pie del edificio. No sé qué pensar, el dinero en mi billetera es un bulto agradable. siento que lo engañé, sin embargo él es feliz, duerme tranquilo, su relación sentimental es sólida y segura, es más, si la ley lo permitiera adoptarían a un niño y su vida sería plena, mas no es así, y espero que esa ley nunca se dé, pero... son tantos los idiotas con mucho poder que tienen relaciones serias y dramáticas con sus muñecas eléctricas, relaciones que los psicólogos se aburren de atender, que los amigos no desean escuchar, que las personas ven como una broma, aunque, tal vez tengan algo de razón, ellas se programan a tu personalidad, a tus fantasías, sueños, y siempre están allí, sin embargo ellos no son felices, tal vez el problema sea que son muy perfectas y estos tipos se buscan problemas a sí mismos, sufrimientos, para así darle a la relación un algo más verosímil. ¿Y qué más da?, pagan bien, muy bien. Solo soy un programador mediocre, aunque buen técnico del hardware de estas muñecas y, claro, los escucho siempre, poniendo cara seria, haciéndome el interesante mientras me consumo su licor y sus cigarros.


Luis J. Torres (Lima). Autodidacta. Poeta y narrador. Ha publicado cuentos en la revista Argonautas números 1, 2 y 3, El horla, números 1 y 2, así como en otros medios físicos y virtuales. Blogs: www.supay-666.blogia.com y http://lobolomo.blogspot.com/

viernes, 24 de agosto de 2012

El otro engendro (Carlos Saldívar)



Carlos Saldívar. El Otro Engendro.
Lima: Pohemia Lux, 2012. 32 pp.

Como señala Carlos Morales Falcón en la contraportada, El otro engendro de Carlos Saldívar (Lima, 1982) fabula sobra la base del intersticio en uno de los episodios de Frankenstein, novela de Mary Shelley: cómo adquiere el monstruo la noción del mal. Saldívar sorprende con un relato bien escrito, que no solo es un homenaje sino que sirve de pretexto para mostrar su noción del mal humano. El personaje de Peter Fedrich Dacois III, joven estudiante de medicina, es un ser cínico, descreído de la religión y hedonista. No busca comprometerse afectivamente con Agnes, la joven casada con un anciano, a quien tiene por amante secreta. Fedrich buscará solo la satisfacción del deseo, pues el amor parece extender sus tentáculos solo hacia las mujeres. La mujer es para Fedrich un ser pasivo que se deja hacer. Para Fedrich, tener descendencia es un acto monstruoso, un “nefasto designio” (10). Este elemento es clave para lo que vendrá después. Tras el encuentro amoroso con Agnes, Fedrich descubre que alguien que ha estado observándolos mientras se amaban. Sobre éste, Fedrich piensa que quizás se trate de un simple mirón un “(…) tipo de sujetos que abunda en la clase aristocrática. Yo soy uno de ellos, por ejemplo” (12). Aquí el narrador liga la perversión a una clase social específica en que se reconoce como parte integrante. Tras seguirle la pista al monstruo y encontrarse con él, Fedrich entra en diálogo con el monstruo que quiere conocer más sobre el acto observado, asunto que Fedrich le instruirá de algún modo. Sobre aquel piensa Fedrich que “En pocos años, tal vez meses, alcanzaría una sabiduría superior a la del promedio. Y con ello su maldad se acrecentaría” (22). Es decir, que hay una relación por la que la maldad estaría en relación con el mayor saber y conocimiento: un hombre culto y aristócrata es el ser más perverso y malvado de la tierra, parece sugerir Fedrich. Y es que incluso le da una serie de consejos: “Si alguien quiere golpearte aplasta su cabeza. Si alguien te inculta o se burla de ti destroza su cuello como se quiebra una rama delgada. Si una mujer te rechaza por tu fealdad, has de tomarla por la fuerza y enseñarle quién manda (…)”. El monstruo, entonces, adquiere el mal por instrucción del propio ser humano. Fedrich que había hurtado algunas páginas del diario del doctor Víctor Frankesntein –robados al monstruo– se dispone finalmente a repetir el experimento y erigirse como nuevo dios, evitando cometer los errores de su antecesor. Una pregunta queda inconclusa: “¿El padre de un monstruo es también un…?” (27). Hay una negación a procrear descendencia por medios naturales sino que se transgrede el hecho natural porque en el fondo, Fedrich reniega del amor de la novia y de la familia. El monstruo no sería entonces el otro sino uno mismo: la maldad que se extiende como virus en el universo humano de Fedrich que acaso sea también el nuestro.

Elton Honores

Universidad San Ignacio de Loyola



Publicado originalmente en: http://eltonhonores.blogspot.com/2012/02/carlos-saldivar-el-otro-engendro-lima.html



miércoles, 15 de agosto de 2012

El foro (Arturo Delgado Galimberti)



El foro
Arturo Delgado Galimberti

Discursos contra la Bestia Tricéfala
(en colaboración con Rodolfo Ybarra y Rafael Inocente)

Hipocampo Editores, 2009
Lima

Discursos contra la Bestia Tricéfala es un libro bastante anómalo en nuestro ambiente literario peruano. Flanqueado por los textos inclasificables pero punzantes de Rodolfo Ybarra y los cuentos de Rafael Inocente, nos topamos con el sorprendente El foro, de Arturo Delgado Galimberti, cuento redactado a la manera de testimonio que nos da una visión bastante lúgubre (aunque muy ilustrada) del futuro próximo, si es que acaso no estamos hablando del pasado reciente o del presente ya perdido.
El Foro al que alude el título está situado nada menos que en el ciberespacio, ese no-lugar donde ahora pueden entrar todos los lugares (Borges diría tal vez que es la versión electrónica del aleph), todos los seres humanos, todos los amigos... y los enemigos. 
¿Qué es lo que hace memorable a este Foro? Básicamente, algo que nuestra sociedad tiende a considerar como inútil: las ideas. Los "personajes" (meros seudónimos o avatares que, sin embargo, son ya una descripción de los urgentes tiempos que corren) utilizan nombres como Ciberpunk, Anfolitio, Crazy Horse, El Depredador de Ilusiones y Héroe de la Clase Trabajadora Postindustrial), logran a través de sus opiniones (recogidas a la manera de comentarios o posts de cualquier foro de internet), expresar sus opiniones y expectativas en torno a la posmodernidad, la educación, el sistema capitalista. Demás está decir que la visión de los personajes es bastante crítica y áspera en torno a la coyuntura, ideas con las que el lector puede o no estar de acuerdo, pero que con seguridad no le dejarán indiferente. Filosofía, educación, economía... tres grandes grandes ideas (hay más, por supuesto) que, queramos reconocerlo o no, están presentes en nuestras, acaso bajo otros nombres, y que siempre nos cuestionan o nos llevan a cuestionar el mundo.
Y este cuestionamiento, que para algunos podría parecer un mero e inocuo ejercicio de diletantismo, no lo es para quienes, desde las sombras, aparentan desdeñar el valor y el efecto de las ideas en el mundo real, pero están siempre atentos a que ciertas ideas (en especial, las que cuestionan el poder, tenga el signo que tenga), no salgan de ciertos espacios, o simplemente, no se expresen. Y esta manifestación, este actuar de los "enemigos de las ideas", es lo que salva a El foro de ser un mero panfleto, un vehículo de las ideas del autor: no solo tenemos que cuidarnos de invasores extraterrestres, supervillanos, zombies o vampiros. El enemigo puede ser (casi siempre lo es) el hombre mismo, el enemigo más peligroso de todos,  por que no siempre está dispuesto a enfrentarse de manera equivalente, pues como suele suceder en la realidad, las ideas no se enfrentan con otras ideas, sino con la represión más brutal y desembozada. Si los protagonistas de El foro creían estar solos en su camino hacia el futuro o ser el germen de una utopía, descubrirán de la manera más violenta que sus pasos ya estaban previstos... incluso en el ciberespacio.
Y es que el Gran Hermano no nos vigila. Está con nosotros.

Daniel Salvo



jueves, 12 de julio de 2012

Los trabajos más honorables de la Tierra (Gérard Klein)


Los trabajos más honorables de la Tierra (cuento incluido en el volumen Regreso al pasado, editado por  Ediciones Lidiun en Argentina, en 1979) es un claro homenaje, intencional o no, a Fahrenheit 451 del recientemente desaparecido Ray Bradbury. Un relato distópico y bastante lúgubre, si se toma en cuenta que algunas de sus premisas podrían ser sustentadas por ciertos sectores de nuestra sociedad. En el futuro, los libros continúan editándose y no han sido prohibidos o extinguidos en alguna pira funeraria; pero si se desea tener acceso a los mismos, un lector debe ser considerado digno de leerlos. ¿Y quien dictamina eso? Máquinas, previamente programadas por el Estado.
Es una pena que la extensión del blog no permita transcribir el interesantísimo diálogo que se entabla entre los personajes, sobre todo, en la parte en la cual se hace un breve resumen histórico del origen de tales prohibiciones. Tal parece que hubo una guerra, cuyos nefastos resultados dieron lugar a una desconfianza total en torno a las ideas. Y como los libros son, ante todo, vehículos de ideas, se optó por regular su uso. No prohibirlos ni desaparecerlos, sino inventar un concepto que restringiera su uso. Ese concepto fue la dignidad, aunque en el contexto del relato, podría traducirse como madurez (Usted no pondría entre las manos de un niño un libro escandaloso, ¿no es cierto? Ni tampoco una apología de la violencia. Porque, como generalmente se dice, no tiene el discernimiento necesario. Ahora bien, le pregunto: ¿cuántos adultos desde la guerra superan jamás el nivel mental que alcanzaron en su adolescencia? ¿No es injuriar a los libros ponerlos en manos que pueden ensuciarlos, traicionarlos, mutilarlos?). 
No puedo menos que rememorar mi época universitaria, y recordar a tantos energúmenos que arrancaban hojas de libros de la biblioteca central por no tomarse la molestia de fotocopiarlos siquiera, o a quienes abominan de los llamados Estudios Generales por la "pérdida de tiempo" que les significa el tener que leer (así es, hay gente que opina que leer es una pérdida de tiempo). Y bastaría con eso para estar de acuerdo, al menos en parte, con el régimen de restricciones que se plantea en el relato, excepto que el autor nos proporciona la clave, la razón escondida que sustenta dicho sistema de prohibiciones: "Un hombre que lee un libro es un hombre solitario. No mira la televisión. Es ciego a la propaganda. Es sordo a los slogans." Es un hombre condenado a la libertad, condenado a elegir.
Por supuesto, nada dura para siempre, por lo que se han organizado grupos de resistencia conformados por personas que tratan de acceder a los libros de los que son "indignos". Pero la indignidad puede asumir muchas formas, entre ellas, la traición, aunque haya quienes traicionen por una buena causa y quienes lo hagan por simple vileza.
El título del cuento se basa en un fragmento del Discurso del método de René Descartes (obviamente, la traducción varía de un traductor a otro, pero se entiende el sentido general del texto): 

"Por lo demás, no quiero hablar aquí en particular de los progresos que tengo la esperanza de hacer en el porvenir en las ciencias, ni comprometerme con el público con ninguna promesa que no esté seguro de cumplir; pero diré solamente que he resuelto no emplear el tiempo que me queda de vida en otra cosa que en tratar de adquirir algún conocimiento de la naturaleza que sea tal que se puedan de él sacar reglas para la medicina más seguras que las que se tienen hasta el presente; y añadiré que mi inclinación me aleja tanto de cualquier otro propósito, principalmente de aquellos que no serían útiles para unos sino dañando a los otros, que si algunas ocasiones me obligasen a emplearme en ellos, no creo en absoluto que fuese capaz de alcanzar éxito. Sobre lo cual hago aquí una declaración que sé bien que no puede servir para hacerme digno de consideración en el mundo, pero tampoco tengo ningún deseo de serlo; y me consideraré siempre más obligado a aquellos por el favor de los cuales he de gozar sin impedimento de mi tiempo de lo que quedaría a los que me ofreciesen los más honorables empleos de la tierra."


Daniel Salvo

martes, 10 de julio de 2012

El jinete del centípedo (Gérard Klein)



"Gérard Klein nació en 1937. Es el más destacado especialista francés en ciencia ficción y su producción lo revela como un escritor de sólida formación en ciencias humanas y dueño de una fantasía y un vuelo poético sin parangón entre quienes cultivan el género. Es el único escritor de CF en lengua francesa cuya obra ha sido traducida integralmente al inglés." (parte del texto de la contraportada de "Reencuentro", volumen de cuentos publicado en 1979 por Ediciones Lidiun).
También conocido como Gilles d´Argyre, Klein cursó estudios de sociología, lo que se hace evidente en su relato El jinete del centípedo. "Los Tiempos no cambian, ni tampoco los hombres. Los frentes sobre los que se baten cambian, y los climas, el color de los cielos y el número de las lunas, pero el tiempo nos lleva siempre a la misma velocidad uniforme, y los hombres siempre son capaces de cristalizar en algunos instantes la valentía de toda una vida". En otras palabras, el hombre es siempre el mismo, enfrentando los mismos retos en la Tierra o en cualquier otro lugar del universo, en este y en todos los tiempos.
Tal le sucede a Jerg Hazel, taciturno colono del planeta Urano (que adivinamos imaginado sin ninguna "precisíón" científica, con praderas violeta y mares de amoníaco), cuya fauna incluye a los centípedos, animales inmensos como montañas, cuyo metabolismo es similar al de un globo de gas, por lo que deben anclarse en el suelo mediante mediante sus innumerables prolongaciones para no ser arrastrados por los huracanados vientos de Urano.
Tales animales impresionan y asustan, en un principio, a los humanos que se han asentado en Urano, hasta que uno de ellos es capturado y diseccionado. Y es cuando Jerg Hazel concibe la audaz idea de domar a los centípedos, y utilizarlos como medio de locomoción en un mundo aún hostil a la presencia humana. 
La manera en la cual se narran los esfuerzos de Hazel por domar a un centípedo es simplemente épica, transformándose el relato en una suerte de western espacial, en el cual el desierto norteamericano se convierte en un desolado Urano, y los caballos, en centípedos. Más aún, una nave pirata que trafica con esclavos procedentes de Venus está por hacer escala en Urano, lejos del alcance de las autoridades terrestres, por lo que Hazel deberá fungir, además, de sheriff espacial, intentando enfrentarse a los villanos de turno, aunque tal vez se trate de una causa perdida.
Mención aparte merece el proceso de doma del centípedo, técnicamente bien descrito (aparentemente, se efectúa mediante conexiones en puntos neurálgidos del animal, aunque tal manipulación no parece causarle el menor sufrimiento) y que se conjuga admirablemente con la perspectiva épica del relato. Simplemente, memorable.

Daniel Salvo

jueves, 28 de junio de 2012

Como la belleza (Michael Cunningham)


Tras su éxito con Las horas (Premio Pulitzer 1999), el escritor norteamericano Michael Cunningham publicó en 2005 un tríptico de relatos titulado Specimen days (publicado en español como Días cruciales). Se trata de historias que, en mucho, se inspiran en la poesía de Walt Whitman, y, según el texto de la contraportada, "nos hablan de las dificultades del progreso humano y el declive social".

Como la belleza es la tercera historia de este tríptico, incrustada de lleno en la ciencia ficción, aunque el lector puede hallar ciertos contactos con Pinocho El mago de Oz y Blade runner. Los personajes principales son de lo más atípico, los desclasados de un futuro aparentemente brillante y seguro para sus demás habitantes. Simon es una especie de androide de una clase muy especial, un experimento tan exitoso que llevó al exterminio de todos los demás de su clase. Busca su identidad, desarrollar sentimientos, y no deja de reaccionar ante ciertas situaciones con versos de Walt Whitman. Su pareja, la extraterrestre Catareen, es una exiliada de su planeta de origen, y se gana la vida en la Tierra como niñera, a pesar de su aspecto de reptil (¿puede haber algo más tópico en la ciencia ficción que un extraterrestre con apariencia de reptil?). Ambos deciden iniciar una suerte de carrera contra el tiempo en búsqueda del creador de Simon, suerte de meta y símbolo de los sueños del androide. Pero éste creador resulta ser tan desclasado como sus creaciones, y a su vez, busca la realización de sus sueños fuera de nuestro mundo: ha implementado una nave espacial para viajar por el espacio, durante treintaiocho años, hasta su arribo a un planeta en el cual fundar una colonia. Y todo por que gran parte de los miembros de su familia y comunidad ha tenido sueños con ese "mundo mejor".

El periplo de Simon y Catareen nos muestra un mundo caótico, no necesariamente feliz, aunque tampoco es una pesadilla distópica. Hay mutantes y sectas religiosas, y referencias a acciones terroristas que han acabado con la vida de diversas especies animales y cambiado la coloración del cielo. Además, se ironiza bastante en torno a las expectativas clásicas en torno al progreso (el primer contacto con vida inteligente extraterrestre llevó a un mundo poblado por una civilización de lagartos que tras diez mil años de historia continuaban viviendo en chozas, la creación de androides capaces de amar hizo que uno de ellos se comiera a otro, de tanto que lo amaba). 

Si bien no todos los personajes consiguen lo que desean, hay una suerte de final feliz, o final de consuelo, donde el redescubrimiento de la belleza y la poesía son, en última instancia, lo que nos vincula con la vida y el universo.

Daniel Salvo