domingo, 9 de octubre de 2011

Coloquio Internacional: El orden de lo fantástico


Nuestro infatigable amigo e investigador de la literatura fantástica, Elton Honores, ha armado otra edición de lujo de los imperdibles Coloquios de literatura fantástica que en octubre de cada año tienen lugar en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar. La cita - infaltable - tendrá lugar los días 27, 28 y 29 de octubre de 2011 en el local del óvalo Higuereta, en Surco. Adjuntamos el programa del Coloquio:


Coloquio  Internacional

 El orden de lo fantástico:
territorios sin fronteras

Coloquiofanperú 2011
 
27, 28 & 29 de octubre de 2011
 
                                       Lima-Perú

27 de octubre:
Auditorio Principal de la
Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM

28 y 29 de octubre:
Sala de Conferencias del
Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar



Av. Benavides 3074, La Castellana – Miraflores. Teléfonos: 449 0331 - 216 1029
     E-mail: celacp@wayna.rcp.net.pe   http://celacp.perucultural.org.pe
Programa

Jueves 27 de Octubre

Auditorio Principal de la
Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM
Av. Venezuela cdra. 34 - Av. Universitaria s/n., Lima


Inscripción y entrega de credenciales: 15:30 - 16:30 hrs.

Inauguración: 16:30 – 16:45 hrs.

Elton Honores, Presidente del Comité Organizador
Gonzalo Cornejo Soto, Director del Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar


Conferencia Magistral  16:45 – 17:40 hrs.

Miguel Ángel Fernández Delgado
(Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México)
Esbozo para una periodización histórica de la ciencia ficción en portugués y castellano


MESA 1 17:45 – 18: 55 hrs
Invenciones de lo real: asedios desde la ficción fantástica última
Participan: Carlos Herrera, Ricardo Burgos y  José Donayre


MESA 2   19: 00- 20:15 hrs.
El modernismo y postmodernismo fantástico

José Güich Rodríguez (Universidad de Lima)
Los códigos secretos del Romanticismo en un relato de Clemente Palma

Alejandro Susti (Universidad de Lima)
Del otro lado del espejo: lo fantástico o el reino de la transgresión

Carlos López Degregori (Universidad de Lima)
Transfiguraciones esteticistas y fantásticas en algunos cuentos de Abraham Valdelomar




Viernes 28 de Octubre

Sala de Conferencias del
Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar
Av. Benavides 3074, La Castellana – Miraflores


MESA 3    10:00- 11: 15 hrs
Imaginaciones latinoamericanas

Nehemías Vega Mendieta (Universidad Nacional Agraria La Molina)
Lo fantástico y la crítica a la ciencia en dos cuentos de Rubén Darío

Iván Rodrigo Baeza Barra (Universidad de Concepción, Chile)
La resacralización en la literatura fantástica chilena: el caso de Jorge Baradit

Daniel Rojas Pachas (Universidad de Tarapacá, Chile)
Batman, un meteco en Chile o la deformación histriónica de un ídolo y su retórica


MESA 4 11:20- 12:35 hrs
Lenguajes de lo fantástico

Oscar Ortega Arango (Universidad Autónoma de Yucatán, México)
El resurgir desde el viento. Siete sueños de Feliciano Sánchez Chan

Laura Cilento (Universidad Nacional de San Martín / Universidad Nacional de Quilmes / Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina)
La anécdota fantástica: del narrador popular al narrador letrado

Margarita Pierini (Universidad Nacional de Quilmes, Argentina)
La presencia de lo fantástico en la narrativa de Juana Manuela Gorriti


RECESO








MESA 5   15:00 – 16: 05 hrs.
Operas primas: El sentimiento de lo fantástico I

Participan: José Manuel Balta, Piero Duharte, David López Alfaro, Eduardo Cuturrugo y Andrés Olave


MESA 6  16: 10- 17: 40 hrs
Intersecciones de lo fantástico

Miguel Alvarado Borgoño (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile)
La literatura antropológica chilena: decantamiento de una metalengua desde lo fantástico

Paula Labeur (Universidad de Buenos Aires, Argentina)
Cuando los zombies se organizan: el terror urbano en la reformulación de un género

Ana Lúcia Trevisan (Universidade Presbiteriana Mackenzie, Brasil)
El cuento “Chac Mool”, de Carlos Fuentes: fronteras del fantástico y del realismo maravilloso

Ángeles Encinar (Saint Louis University, EE.UU./España)
La huella hispanoamericana en la narrativa española actual: el género fantástico y sus cultivadores

Presentación de libro: 17: 50- 18:55 hrs.

Lo fantástico en Hispanoamérica
Elton Honores (Coordinador)

Comentarios: Campo Ricardo Burgos López, Miguel Ángel Fernández y Elton Honores



MESA 7 19: 00 – 20:00 hrs
¿Es esto lo fantástico?

Participa: Harry Belevan (Escritor y diplomático)







Sábado 29 de Octubre

Sala de Conferencias del
Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar
Av. Benavides 3074, La Castellana – Miraflores

MESA 8  09:30 – 11: 00 hrs
Continuidades de lo fantástico

Mario Granda (Universidad San Ignacio de Loyola)
El mundo fantástico de la Arcadia Colonial

Jorge Ramos Cabezas  (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
Locura, transgresión y transformaciones. Los microrrelatos  fantásticos y extraños de Ricardo Sumalavia

Daniele Aparecida Pereira Zaratin (Universidad Presbiteriana Mackenzie, Brasil)
Lo Fantástico en “Tlactocatzine, del jardín de Flandes” (1954), de Carlos Fuentes

Carmen Tisnado (Franklin & Marshall College, EE.UU.)
El trayecto macabro del Uruguay de los 70 y 80 en tres cuentos de Teresa Porzecanski

MESA 9  11: 05 – 12: 20 hrs
Márgenes de lo fantástico

Rubén Quiroz Ávila (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
El desdoblamiento del cuerpo en Sílex del divino amor  (1650) de Antonio Ruiz de Montoya

Francisco Nicanor Najarro Rimari (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
Una distopía latinoamericana del Siglo XXI: El narrador de historias de Enrique Congrains

Cecilia Verónica Rubio Rubio (Universidad de Concepción, Chile)
La vanguardia y la aporía de lo fantástico como género:
reflexiones teórico-críticas en torno a Diez de Juan Emar



Presentación: 12: 20 – 12: 45 hrs

Actas del Coloquio Internacional:
Lo fantástico diverso
(Gonzalo Portals y Elton Honores, ed.)



RECESO



Mesa 10   15: 00 – 16: 05 hrs
Operas primas: El sentimiento de lo fantástico II

Participan: Pedro Félix Novoa, Joel Rojas, Augusto Murillo de los Ríos, Fernando Luque, Iván Bolaños y Pablo Espinoza Bardi


MESA 11    16: 10- 17: 25 hrs
Lo fantástico y el universo de lo popular

Daniel Paulo de Souza (Universidad São Judas Tadeu, Brasil)
Lo fantástico y la creación literariaentre Borges y Guimarães Rosa

Valdemir Boranelli (Universidade Presbiteriana Mackenzie, Brasil)
Lo fantástico como fenómeno del lenguaje: la función de la metáfora en los cuentos
“A fila” de Murilo Rubião y “La autopista del sur” de Julio Cortázar

Fredrik Olsson (University of Gothenburg, Suecia)
La frontera fabulosa: migración y realismo mágico en El Corrido de Dante de Eduardo González Viaña



MESA 12   17: 30- 19: 00 hrs
Ciencia ficción y terrores fantásticos

Marcelo Novoa Sepúlveda (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile)
Francisco Miralles, Hugo Correa y Sergio Meier.
Vindicación del escritor de Ciencia Ficción en Chile

Lola López Martín (Universidad Autónoma de Barcelona, España)
El ladrón invisible y los fantasmas de la ciencia: «¡Umbra!», de Eduardo Holmberg

Elton Honores (Universidad San Ignacio de Loyola)
Transgresiones del espacio en tres narradores latinoamericanos:
José B. Adolph, Enrique Prochazka y Mario Levrero

Andrea Bell (Hamline University, EE.UU.)
Los avatares y la crítica de la industrialización en Los títeres de Hugo Correa

Conferencia Magistral: 19:05 – 20: 05 hrs.

Campo Ricardo Burgos López
(Universidad Sergio Arboleda, Colombia)
Literatura fantástica y cine fantástico: Los casos de El exorcista y El laberinto del fauno


Clausura 20:05 - 20:20 hrs.
Brindis de Honor


Actividades paralelas:
Viernes 28 y Sábado 29 de octubre 15:00 - 20:00 hrs.
Exhibición y venta de revistas de literatura peruana y libros de autores nacionales y extranjeros 

Participan: Cuerpo de la Metáfora Editores, El lamparero alucinado, Tinta Expresa Revista de literatura, Ínsula Barataria Revista de literatura y cultura, Ediciones Cinosargo y Puerto de Escape (Chile).









Auspicia:




Instituto de Investigaciones Humanísticas
de la Facultad de Letras y CC. HH. de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

miércoles, 5 de octubre de 2011

EDITORIAL: Entre "Los invasores" y "OVNI": ¿soluciones para la enfrentar la delincuencia?


"Los Invasores" (The invaders, 1967), fue una serie de televisión en la cual, tal como lo narraba la voz en off al inicio de cada episodio, el arquitecto David Vincent (interpretado por Roy Thinnes), testigo privilegiado del principio de una invasión extraterrestre, debía intentar convencer a una humanidad incrédula de que la pesadilla había comenzado.
"OVNI" (UFO, 1969), también era una serie de televisión, producida en Inglaterra, cuya premisa era básicamente la misma: un grupo de terrestres está al tanto de una posible invasión alienígena, y decide enfrentar a la misma mediante el uso de la más avanzada tecnología disponible (geniales diseños de Gerry y Sylvia Anderson, basados en el concepto supermarionation o, bueno, supermarionetas).
En estos momentos de alta criminalidad en el Perú, pareciera que atravesamos situaciones similares a las descritas en las series mencionadas. Salvando las distancias, los delincuentes vendrían a ser los alienígenas o invasores (por algo se les considera "antisociales"), ante los cuales nuestra sociedad, contrario a la ficción, no ha encontrado una manera eficaz de enfrentar y erradicar.
Lo cual debería causarnos, no preocupación, sino extrañeza. Se supone que los criminales son el elemento de la sociedad que no está sano,  que ha caído en esa conducta por que carece de autoestima, de medios para lograr desarrollar un proyecto de vida racional y productivo. Una persona sana de cuerpo y de mente no puede considerar como opción de vida el crimen. Sin embargo, estos elementos insanos y enfermos han logrado sobreponerse al elemento sano y racional de la población peruana. Cada vez somos más conscientes de la existencia y el avance de organizaciones criminales que cuentan hasta con nombre propio - los maras, los barristas de ciertos clubes futbolísticos, los pandilleros de tal o cual barrio-. Se sabe quienes son y donde están estos "invasores".
Las series televisivas de la referencia, a manera de reflexión, nos muestran las dos alternativas extremas que tiene la sociedad para enfrentar a la delincuencia. De un lado, el pistolero solitario, enfrentado tanto a los invasores como al sistema, que lo considera demente o ha sido ya tomado por el enemigo. Como sucede en "Los invasores". Si bien eventualmente otras personas se unen a David Vincent, está claro que él sigue siendo el protagonista.
En cambio, la respuesta en "OVNI" es distinta. Una vez identificado al enemigo, se crea una organización para combatirlo. La organización  S.H.A.D.O. - acrónimo de Supreme Headquarters Alien Defense Organisation - Cuartel General. Organización para la Defensa contra los Alienígenas - tiene una cabeza visible, el impasible coronel Ed Straker, pero sus intervenciones son mas bien un contrapunto para las escenas de acción, en las que intervienen otros personajes, no siempre heroicos. Queda claro para el espectador que hay varios protagonistas en esta serie, y que el hecho de pertenecer a una organización marca el éxito de la misión que se han impuesto. Claro, se trata de una organización que cuenta con todos los recursos y la tecnología disponible para sus fines y funciones - base lunar, armas, naves; pero la serie deja muy en claro que se trata siempre de seres humanos, no de héroes de cartón piedra.
¿Cuál es la respuesta a la delincuencia en el Perú? Tal parece que el único rol que las organizaciones existentes - el Ministerio del Interior, la Policía Nacional y el Poder Judicial - es decirle a la ciudadanía "sálvese quien pueda", es decir, que nos convirtamos en "pistoleros solitarios" y nos las arreglemos a nuestra manera, contratando vigilantes, enrejando calles y viviendas, portando armas. Así como nuestra educación pública se ha convertido en una suerte de asistencialismo mal dado, a la cual solo acuden quienes no pueden costearse educación privada (qué lejos estamos de los ideales de la Ilustración), igual la seguridad ciudadana está dejando de ser una condición básica de nuestra existencia, para convertirse en otro producto que tendremos que adquirir si queremos seguir viviendo.
No creo que el heroísmo aislado sea una solución viable para enfrentar a la delincuencia. Tampoco el cruzar los dedos esperando que las cosas se arreglen solas. Tenemos recursos y debemos racionalizarlos - ORGANIZARLOS - para acabar con la delincuencia. Y si en su momento los eficientes organismos SUNAT e INDECOPI reemplazaron a la DGC y al ITINTEC (no es que fueran reorganizados, ojo, sino que dichas entidades empezaron desde cero, con nuevo personal y nueva organización), dado que se había generado una nueva realidad tributaria e industrial... ¿por qué no una organización que efectivamente responda al reto de la delincuencia actual?

Daniel Salvo


martes, 27 de septiembre de 2011

El hombre que volvió del futuro (Christopher Priest)


El resumen de esta novela parece fácil: el científico Elías Wentik, quien está experimentando con sustancias que afectan la consciencia, es transportado a un futuro en el que ha ocurrido una catástrofe, producida en parte por la sustancia en la que estaba experimentando. Dado que no consigue desarrollar una cura, es devuelto a su propio tiempo con la misión de impedir que desarrolle su invención, y por ende, evitar la catástrofe.

Parece un spoiler total, pero tratándose de Christopher Priest, el argumento de El hombre que volvió del futuro (mejor traducido como Indoctrinario, que además es más fiel al título original en inglés,  Indoctrinaire) es apenas una de las razones que me han hecho releer esta novela en cuanto terminé una primera lectura.

La novela está construida de manera casi minimalista, con pocos personajes y escenarios. Un laboratorio subterráneo en la Antártida, un lugar en Brasil en el que coexisten el presente y el futuro, un futuro en el cual, cómo no, ha tenido lugar una guerra, iniciada por una invasión cubana a los Estados Unidos (!), en la cual se ha utilizado como arma la sustancia desarrollada por Wentik, la cual ha dejado pocos sobrevivientes, la mayor parte de ellos refugiados en Brasil. Son los habitantes de este futuro quienes reclutan a Wentik, con la esperanza de impedir que culmine su trabajo, o que impida su utilización en la guerra anunciada.

Priest tiene una habilidad envidiable para incomodar así al lector, utilizando elementos tan poco “tecnológicos” como un laberinto, un edificio cuyo interior aparenta ser más extenso que su exterior, una pared con una oreja inmensa o una mesa de la que surge un brazo humano dotado de movimiento… Parecen imágenes surrealistas, que quizá hagan pensar a algún lector: “oh, otro de esos autores que se las dan de profundos”. No ocurre nada de eso con Priest, al contrario, los eventos y acciones narradas componen una novela de lectura rápida (aunque algo alargada), con un argumento legible y un final ambiguo como el que más. La oreja y la mano son aparentemente lógicas y necesarias según se explican las acciones de los personajes, pero el lector no tarda en percibir que detrás del empleo de estas imágenes hay algo más que el mero decorado de una novela de viajes en el tiempo.

Y es que la atmósfera que Priest imprime en esta novela tiene algo de sustancia alucinógena, algo de perturbador y anormal  que nos lleva a pensar si acaso nos hemos perdido de algo, si los problemas que deben solucionar los personajes son realmente lo importante, o si he hemos caído en una trampa, en un mecanismo de relojería que, página tras página, va socavando nuestras nociones, no de lo que es real o irreal, sino de lo que es racional o irracional en el ser humano. Así, el lector acaba tan a tientas como los personajes, tan esperanzado o desesperanzado como ellos, tan perdido en el tiempo como el que más.

Qué suerte que sólo sea un libro de viajes en el tiempo.


Daniel Salvo

martes, 20 de septiembre de 2011

El fondo del cielo (Rodrigo Fresán)




El fondo del cielo
Rodrigo Fresán
Debolsillo, junio 2011
Barcelona



De este libro, se podría afirmar que es la más hermosa historia de la ciencia ficción anglosajona del siglo XX, escrita en clave de novela.

Por que todos (o casi todos...) están aquí. Asimov, Heinlein, Bradbury, Ballard, Gernsback, Dick, Sturgeon, Clarke y Vonnegut. Ellos y sus hijos, que son las series de televisión y producciones cinematográficas surgidas al influjo de la ciencia ficción. Deckard viendo morir al replicante Roy Batty mientras suelta su famoso monólogo. El niño estelar contemplando la Tierra luego de ser transformado por el monolito. Duelos de sables laser sostenidos en naves capaces de sobrepasar la velocidad de la luz. Una tripulación de exploradores vistiendo piyamas visitando la frontera final. Un arquitecto alucinado con una invasión extraterrestre... Y paro de enumerar.

Al lector fanático (más que aficionado) a la ciencia ficción, “El fondo del cielo” le depara el placer infantil de jugar al adivina quién es con las claves ya resueltas, con las obras y biografías de los autores suficientemente trajinadas como para saber quien es quien, con los años de publicación y emisión conocidos al derecho y al revés, pero le puede dar también la inesperada revelación de saber quien es el propio lector, qué clase de vida ha tenido para llegar a ser parte de ese universo creado desde y por la ciencia ficción. Quizá una advertencia apropiada para su lectura sería “la nostalgia puede dar lugar al desencanto”: el desencanto de descubrirse a sí mismo como un morador más del fondo del cielo, un universo que parece haber llegado a su fin.

El lenguaje es preciosista, los párrafos como joyas engarzadas que se suceden una tras otra, mientras nos enteramos de la historia de amor imposible e increíble entre cuatro personajes que podrían ser, y no serlo al mismo tiempo, versiones alternativas de los escritores de ciencia ficción Isaac Asimov (o Harlan Ellison), Philip K. Dick (o Cordwainer Smith) y Howard Phillips Lovecraft (o Theodore Sturgeon), tres estrellas (o planetas) girando en torno a la más imposible de las mujeres, aquella que nos quiere, respeta y aprecia, pero nunca sabremos si en realidad nos ama.

Es el fin de la ciencia ficción, o el fin de un mundo

Tras la lectura de “El fondo del cielo”, surge la pregunta: ¿se terminó la ciencia ficción? ¿Puede dar más el género en este siglo XXI? ¿O ya vivimos en un mundo alternativo que la hace obsoleta, como género literario o como literatura de ideas? Pero si la ciencia ficción ya es obsoleta... ¿entonces, qué no lo es?

sábado, 10 de septiembre de 2011

La medida del mundo (Denis Guedj)



La medida del mundo podría describirse como un libro de ciencia y ficción. De hecho, la ciencia y la ficción se dan de la mano con la historia.
Ambientada en la convulsa Francia de la revolución, entre los siglos XVIII y XIX, con Luis XVI recién decapitado, nos ofrece un cuadro bastante realista (mal que les pese a los detractores de la ficción histórica) de lo que significa el dedicar la vida a la ciencia, es decir, es una novela protagonizada por científicos reales, no por ilustraciones de cartón piedra.
No es que el autor caiga en la burda trampa del "los científicos también son seres humanos" y que por ende haya que acercarlos al público exhibiendo su lado humano. Es decir, mostrar cómo Einstein era distraído, cómo se enamoraron los Curie o puerilidades de ese tipo. Al contrario, Denis Guedj (1940-2010) ha elaborado una novela en torno a "seres humanos que son científicos".
Como humanos, pues, el astrónomo y geógrafo Pierre Méchain, junto con el también astrónomo y matemático Jean Baptiste Delambre, fueron los encargados de determinar el valor exacto nada menos que del metro patrón (sí, el que usamos ahora, el de cien centímetros), están expuestos a las vicisitudes propias de tal condición, así como a las limitaciones y posibilidades del tiempo que les tocó vivir. De contar con el apoyo del rey para su empresa, resultan sospechosos de monarquistas ante las nuevas autoridades. De ser considerados ilustres hombres de ciencia en la corte, la academia y el parlamento, pasar a ser casi linchados por campesinos que ven en sus instrumentos y actitudes las de enemigos o brujos. Además, siempre está el riesgo de la política,   cuyos vaivenes podrían llevarlos a la gloria científica o a la guillotina.
Y sin embargo... qué fascinantes resultan sus personalidades "de científicos", esa pasión, esa obsesión con el saber que es su vida. Y es ahí que el lector encuentra el punto de contacto, la empatía con los personajes, que viven aquello que nuestra dizque postmodernidad pretende tirar al desván de las cosas usadas e inútiles: la curiosidad, el sueño de la Ilustración de poner al alcance de la mano de todos los seres humanos el conocimiento necesario para llevar la mejor vida posible.
¿Qué necesidad había de medir el mundo? ¿Para qué hubo que "inventar" el metro, el kilogramo y otras unidades de medida? En pocas líneas, el autor nos muestra el panorama de la época: de una región a otra, los valores y los nombres de las unidades de medida variaban sin ton ni son, lo que dificultaba tanto el comercio como cualquier intento de instrucción pública al respecto. Frente al desorden, que además encarnaba el tiempo pasado que se quería borrar, se propuso el orden en el sistema de medidas. Así como los departamentos y distritos reemplazaron a provincias y condados, así como la costumbre fue reemplazada por los Códigos en cuanto a fuente de derecho; la diversidad en las medidas sería reemplazada por un sistema único, "para todos los hombres, para todos los tiempos", como lo expresó otro creyente en el progreso de la humanidad, el ilustrado Condorcet.
Así, se planteó que la unidad de medida universal - el metro, del griego "metrón=medida" - debía basarse en   una medición objetiva, no ligada a ninguna nación (a pesar de esta propuesta de alcance universal, Inglaterra no se plegó al proyecto). En 1791, la Asamblea nacional adoptó el cuarto de meridiano terrestre como base del nuevo sistema de medidas, y la diezmillonésima parte de esa longitud, la medida usual, el metro. Y para determinar tales medidas, bastaba medir un arco de dicho meridiano, convenientemente situado entre Dunkerke en Francia y Barcelona en España.
Visto así, parece una empresa fácil y árida en sus implicancias (hacer mediciones...). Pero lo que tuvieron que hacer Méchain y Delambre para llevarla a cabo constituye una de las más arduas aventuras que pueda contarse, y lleva a reflexionar en torno al verdadero precio que se debe pagar por el conocimiento, así como en torno a sus recompensas.
Una curiosidad: "el metro mide 3 pies 11 líneas 296 milésimas de la toesa del Perú a la temperatura de 16º 1/4". O medía: actualmente, se calcula como  la distancia recorrida por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 segundo. 


Daniel Salvo

viernes, 2 de septiembre de 2011

Editorial: Dos días con David Roas



No, no vayan a pensar que ha habido un cambio en mi perspectiva de la vida. Simplemente, quisiera participarles la experiencia genial que ha tenido lugar los días 1 y 2 de setiembre de 2011, en los que he asistido al taller Lo fantástico en la narrativa española, dictado por David Roas en el Centro Cultural de España en Lima (y, así se llama).

¿Y quien es David Roas? Aparte de un expositor simpatiquísimo, capaz de hacerte entender (por fin) de qué va eso del principio de incertidumbre de Heisemberg y cómo es que el gato de Schrödinger está vivo y muerto a la vez, y mezclar eso con nociones de teoría literaria, mientras uno está ahí, oyéndolo, tan feliz como si estuviera tomando lonche mientras ve dibujos animados, es uno de los principales impulsadores de los estudios de la literatura fantástica en el ámbito hispanohablante. David Roas ha redactado antologías, cuentos, ensayos y compilaciones en torno a lo fantástico, género en el que se mueve con una pasión contagiante. Borrador editores tuvo a bien publicar uno de sus libros de cuentos, Horrores cotidianos, "donde lo fantástico se mezcla con el horror del mundo moderno más monótono y gris", según las certeras palabras del crítico Elton Honores.

Desde su participación en el Primer Coloquio Internacional de Narrativa Fantástica que tuvo lugar en 2008, donde tuve la oportunidad de conocerlo, David ha manifestado un gran interés por nuestra narrativa fantástica y por nuestra comida, al punto que ha decidido pasar estos meses de agosto y setiembre en Perú, compartiendo sus sapiencias en lugar de disfrutar el verano español. Vino acompañado de su esposa y también investigadora literaria, la guapísima Ana Casas, (decir que es guapa es poco, tendrían que verla...), quien dictó el taller Lo fantástico en la literatura y cine españoles

¿Y qué se trató en el taller al que asistí? Pues además de ponernos al tanto de los tiempos interesantes que está pasando lo fantástico en España, que al igual que el Perú, está descubriendo una tradición fantástica no reconocida oficialmente, nos comunicó algo de su teoría sobre lo fantástico, como un tipo de narrativa que provoca, ante todo, miedo, un miedo metafísico basado en la transgresión de las reglas del mundo "normal" que se produce en un relato fantástico, tenga o no elementos "sobrenaturales" (entrecomillado mío, pues según David, un orco o un elfo de "El Señor de los Anillos" deja de ser sobrenatural en cuanto deja de producir asombro en los demás personajes, o en el lector, diría yo). Un tipo que nunca puede salir de una estación de trenes a pesar de los carteles que indican la salida, o un niño que se pierde en su cama producen un miedo por lo inexplicable de su situación.

También se comentó  que, en el relato fantástico actual, se está dejando oir la voz del "otro", es decir, no del protagonista usual que atestigua o se enfrenta a lo fantástico, sino de quien ha pasado al "otro lado" de lo fantástico y narra "desde ahi", además de otros conceptos teóricos que podrían ser aprovechables por estudiosos y autores del fantástico nacional.

Es de apreciar el interés que viene despertando la obra de nuestro compatriota Fernando Iwasaki, destacando los microcuentos del volumen  Ajuar funerario.

En fin, son mis impresiones, lo más aconsejable es leer a David en sus textos teóricos y narrativos (esperamos ver en nuestras librerías su cuentario Distorsiones, editado en 2010 por la editorial Páginas de espuma).

Por lo pronto, sólo me queda despedirme con un entusiasta "¡gracias, Maestro!"


Daniel Salvo











miércoles, 31 de agosto de 2011

Entrevista a Delia Revoredo Sedero



“Para José B. Adolph, crear era un impulso irrefrenable: necesitaba crear para sentirse vivo”.




Entrevista a Delia Revoredo Sedero

Por Carlos Enrique Saldivar




Para José B. Adolph.
In memorian del maestro.









Jueves 17 de Abril de 2008.

11:45 a.m.

La artista me ha recibido gentilmente en su casa, lugar donde se ha realizado la siguiente entrevista. El propósito era conocer un poco más sobre el escritor José B. Adolph. Como muy pocos saben, Delia Revoredo fue pareja del escritor durante sus últimos años y es quizá la persona que más lo conoció y la que mejor nos podría hablar de él.

Carlos E. Saldivar: ¿Qué opina del homenaje a José B. Adolph en esta revista?

Delia Revoredo: Satisfacción y tristeza. Satisfacción porque creo que se lo merece y tristeza porque en cierta forma es lamentable que el homenaje sea póstumo. Él siempre dijo que en realidad los homenajes solo tienen sentido si la persona está viva. Decía que de nada le sirve al homenajeado el reconocimiento si éste ya no ésta y no se va a enterar. Aunque tengo entendido que este número dedicado a él fue programado antes de su muerte y que él estaba enterado. Lamento muchísimo que él no vaya a tener la satisfacción de poder ver y leer la revista, y que no pueda asistir al homenaje.
Conociendo a Pepe, y creo haberlo conocido bien, yo diría que cualquier homenaje le hubiera incomodado un poco. Incomodado no en el sentido de molestado, hubiera valorado el gesto, le hubiera gustado y, quién sabe, hasta emocionado, pero se hubiera sentido algo incómodo si la gente hablaba bien de él y lo halagaba. Sentimientos ambiguos, en parte por pudor. Inmediatamente se hubiera escapado por el lado de la broma. Como decía: “Siempre con un chiste lo tengo que fregar todo.” De lo que sí estoy casi segura es de que hubiera hecho bromas para quitarle cualquier tipo de solemnidad al homenaje y evitar un posible acartonamiento del evento. Hubiera incluido el humor y hubiera convertido algo que puede ser solemne en divertido. Detestaba la solemnidad.

CS: El año pasado hicimos un pequeño homenaje al escritor, con trabajos de Jorge Luis Obando, Elton Honores, Rony Vásquez, Christian Elguera, relacionados con José B. Adolph –principalmente–, Clemente Palma y con la literatura de corte extraño. También participó Giancarlo Stagnaro.

DR: Sí, me enteré por el escritor José Güich Rodríguez de aquel homenaje. Pepe se enteró porque se lo comentó Jorge Díaz Herrera, también escritor y gran amigo de Pepe. Pero se enteró ya una vez pasado el evento. Al principio pensó que era una broma. La noticia le sorprendió y le agradó.

CS: ¿Qué opina, usted, de las obras del escritor?

DR: Admiro su obra y lo admiro y amo a él. Me gustan mucho sus cuentos, sobre todo los más recientes. Admiro y valoro en ellos esa capacidad de entrar en las profundidades del ser humano y pasearse por ellas, donde no necesariamente los hechos en sí son lo más importante, salvo como desencadenantes de procesos internos. Me atrae y seduce en ellos ese intento por adentrarse en esos universos, sus misterios y profundidades, ese hurgar en el subconsciente y el vuelco hacia afuera a través de las relaciones interpersonales. Las relaciones interpersonales tienen una importancia muy grande en la mayoría de sus cuentos y en algunas de sus novelas. Particularmente me gusta muchísimo la novela Ningún Dios, que forma parte de la trilogía de De Mujeres y Heridas.

CS: ¿Cómo conoció al autor?

DR: Lo conocí en el Instituto Goethe cuando éste estaba todavía en el jirón Ica. Eso debe haber sido más o menos en 1987. Conectamos muy bien. Después nos reencontramos en el mismo instituto, cuando se mudaron al Jirón Nazca en Jesús María dos años después y yo empecé a trabajar allí. Era muy divertido, muy bromista e ingenioso, y nos alegraba a todos los que trabajábamos en el instituto. Tuvimos una linda amistad al principio y después vino lo demás.

CS: ¿Cómo era la manera de ser del escritor?

DR: Es una pregunta muy ambiciosa pero mencionaré lo que todos saben: que tenía muchísimo sentido del humor. No se tomaba en serio a sí mismo, lo cual es muy saludable. Tenía un sentido del humor inteligente, fino, delicioso, exquisito. Por sus declaraciones irreverentes, cuestionadoras y, por ende, a veces también inquietantes, es probable que muchas personas se hayan hecho una imagen equivocada de él, pero la realidad es que además de apasionado, era un hombre muy sensible y tierno, aspectos que tal vez pocas personas hayan podido vislumbrar por su, a veces, perturbador humor cáustico. No sé hasta qué punto la gente haya podido captar al gran romántico que había detrás de esa persona irreverente de humor agudo, ácido e incluso corrosivo, humor que sólo pueden tener las personas con una gran inteligencia y sensibilidad. Y también contrariamente a la imagen que podría proyectar, era emocionalmente muy estable. Estable en sus sentimientos en la relación de pareja y un padre maravilloso. Si estuviera escuchando esto, ya estaría interrumpiendo con alguna broma ingeniosa al mejor estilo “Adolph”, y diciéndome que no lo siga insultando. Y por sobre todas la cosas, era un hombre honesto y aunque le hubiera jodido que lo diga, lo diré: era un hombre bueno (perdóname Pepe, por decirlo).

CS: En la antología de poesía y narrativa: “Dos palabras”, leí un cuento bastante bueno de un escritor llamado Alain Adolph, ¿es familiar del escritor?

DR: Sí, Alain Adolph es su hijo, escribe y hace poesía.

CS: ¿Qué significó formar parte de la obra creadora de Adolph, por ejemplo, participar como autora de los cuadros que ilustraron las carátulas de algunos de sus libros?

DR: Pepe decía que estaba conmigo porque así tenía carátulas gratis. Yo siempre he pintado. Yo nunca pensé en pintar para ilustrar sus carátulas. Daba la casualidad que algunas de mis pinturas conectaban más o menos con algunas de las cosas que él estaba escribiendo o que escribiría más adelante. Había tal vez algún tipo de afinidad en cuanto a nuestra sensibilidad artística también. Desde el punto de vista externo éramos personas muy diferentes. Él, más extrovertido socialmente, con un gran sentido del humor, una persona más comunicativa, aunque en realidad era una persona muy solitaria y con muy pocos amigos. Yo en cambio soy tímida, callada, introvertida, no soy de estar haciendo bromas como él. Sin embargo éramos personas muy parecidas desde el punto de vista de la sensibilidad, pensábamos y sentíamos muy parecido, “espiritualmente”, por decirlo de alguna manera, yo siempre he sentido que él era “mi alma gemela”. Una vez un amigo biólogo nos dijo que él sentía que había una simbiosis entre nosotros. Artísticamente había también una especie de empatía. Por ejemplo, aquel cuadro que ves allí ilustró De mujeres y heridas. No lo pinté para el libro. Nuestra sensibilidad artística resultó ser muy parecida. Al margen de que era mi compañero, como persona, como ser humano, con nadie he tenido tanta afinidad, tanta comunicación y entendimiento en todo sentido, como con él. Eso podría explicar muchas cosas. Entre ellas mi amor por él.

CS: ¿Qué opina usted de sus detractores?

DR: Si alguna persona ha tenido problemas con él, yo no me he enterado. Pepe siempre ha estado sumergido y metido en lo suyo, en su proceso creativo. Nunca le importó lo que opinen los demás o por lo menos no le importaba en el sentido de que esas opiniones nunca lo iban a frenar, influenciar o condicionar en lo que él sentía que debía de escribir. La palabra “detractores” no sé cómo entenderla en esta pregunta pero, en todo caso la gente tiene derecho a discrepar y si a alguien no le gusta lo que hace, pues tiene derecho a decirlo, como también tiene derecho a no leerlo.

CS: Un escritor argentino, en un extenso artículo publicado en la revista virtual Axxon en el 2007, hizo una acotación con respecto a la labor de José B. Adolph como escritor de ciencia ficción. Dicho autor dijo, bastante convencido, que sus apariciones en antologías del género eran producto de incursiones aisladas en el campo de la literatura fantástica, además mencionó que José B. Adolph había desarrollado su carrera dentro de la corriente principal y nada tenía que ver con el género, ¿qué opina usted de esto?

DR: Él jamás pretendió ser catalogado como autor de ciencia ficción ni como perteneciente a algún otro género tampoco. Ya dije que él escribía lo que él creía que tenía que escribir. En ese sentido era un escritor honesto. Él jamás intentó ser el abanderado de la ciencia ficción en el Perú. No tenía ese tipo de pretensiones.

CS: ¿Cómo era su proceso creador?

DR: Supongo que respondía a un impulso irrefrenable, sobre todo en determinadas épocas. Era una necesidad y no se imaginaba haciendo otra cosa. Decía que, como escritor, necesitaba matar algo para nacer otra vez. En ese sentido era importante poder publicar: para liberarse y reiniciar otro proceso creativo. Necesitaba crear para sentirse vivo. Le interesaba la publicación como a cualquier escritor, pero jamás se movía para ello. Lo han buscado alguna veces las editoriales para ver si tenía algo nuevo, muchas veces quedaba en nada pero él jamás insistía. Él jamás busco a nadie, nunca ha ido a las editoriales a hablar y pedir un espacio, nunca. No tengo ningún recuerdo de él buscando popularidad o editoriales que le publiquen algo o marketéandose. El decía que estaba contento con sus catorce lectores.

CS: ¿Siente que el escritor logró sus objetivos, realizó sus metas como artista?

DR: No creo que él se haya trazado objetivos ni metas como artista. Escribía porque era inevitable y sentía que no podía hacer otra cosa. Escribió como quiso y lo que quiso. Si se podía publicar, bien, si no se podía, qué pena pero, bien también. Él decía: “Si lo que escribo le gusta a alguien, podrá leerlo, lo que he escrito ahí está, al que le interese que lo lea, lo que tuve que decir en su momento ya lo dije, al que le llame la atención y quiera leer más, ya lo buscará. Los libros están allí”.

CS: ¿Se le puede considerar como escritor de ciencia ficción?

DR: Sí, claro que se le puede también considerar como tal y recalco el “también”, porque además hacía otras cosas. Aquí entramos en la necesidad de catalogarlo con lo cual se corre el riesgo de reducirlo o limitarlo, lo cual sería injusto. Es sin duda un escritor de ciencia ficción pero, más adelante cerrando etapas, pasó a una etapa más introspectiva, y así fue alternando. Yo creo que lo que pasa aquí en el Perú y no sólo en el Perú, es que la gente que se supone que entiende, trata de etiquetar a los escritores. A Pepe no tenían como etiquetarlo, cómo clasificarlo y eso ha hecho que se le trate injustamente. Es que era un escritor atípico para el Perú. Por esa necesidad de catalogarlo, alguien lo nombró incluso un escritor judío cuando no es un escritor étnico tampoco. Pepe dijo alguna vez que en todo caso era “un judío que escribe”, que es muy diferente a ser un “escritor judío”. En la trilogía De mujeres y heridas, en la novela Ningún Dios, muchos de sus personajes son judíos y tal vez por eso lo digan. Esa novela es lo más cercano a una novela autobiográfica, que empezó como un homenaje a sus padres. Si bien allí se trata el tema del destierro, yo lo entiendo más como un destierro existencial.

CS: Personalmente califico su estilo como “metafísica-ficción”, pero ahí surge el problema de definir lo que es metafísica-ficción y proponerla dentro de la vasta taxonomía de la Literatura. Pienso que José B. Adolph es un autor inclasificable, pero se le considera como el máximo representante de la ciencia ficción, en un país en el cual este género adolece de representantes. Por eso muchos opinan que su contribución al género es indispensable.

DR: No me gusta mucho la denominación de “ciencia ficción” para el tipo de literatura que él hacía. Será por los prejuicios que hay contra ese género considerado por muchos como literatura menor. Muchos ya tienen anticuerpos de solo escuchar ese término y no lo toman en serio. Yo no sabría cómo clasificar ese tipo de literatura. Tal vez me gusta más el de “literatura fantástica”. Pero el hecho de ser uno de los fundadores de la literatura fantástica en el Perú, no significa que no haya incursionado positivamente en otros campos también.

CS: ¿Recuerda alguna anécdota especial del escritor?

DR: Sí, por diversos motivos, en diferentes momentos de su vida, diferentes psicólogos le tuvieron que hacer tests psicológicos y en todos los informes siempre concluían como rasgo negativo, que era “muy inmaduro y que tenía excesiva tendencia a la fantasía”. Será eso lo que hacía de él una persona tan especial, adorable y encantadora.

CS: Finalmente —sé que va a sonar un poco inesperado de mi parte—, pero siento curiosidad por saber cuál fue el último libro que el autor estuvo leyendo.

DR: Estaba releyendo “A century of Science Fiction (From Jules Verne and H.G. Wells to Arthur C. Clarke and Isaac Asimov)". El marcador indica que le faltaba leer el ultimo cuento “Cease Fire” de Frank Herbert, que empieza en la página 362.

lunes, 22 de agosto de 2011

Deepsix (Jack McDevitt)



La piloto Priscilla "Hutch" Hutchinson continúa sus andanzas por el universo iniciado en Las máquinas de Dios. En esta oportunidad, unirá su destino a los expedicionarios atrapados en Maleiva III, planeta también conocido como Deepsix, y que está condenado a la extinción: una gigantesta estrella está ingresando a su sistema y va a destruir el planeta, que ha despertado el interés de la humanidad a causa de las ruinas y fauna que se han hallado en su superficie.


La acción de Deepsix no es muy compleja: se trata de un grupo de expedicionarios que han quedado varados en un planeta al borde de su destrucción, y que deben arreglárselas para sobrevivir y escapar del mismo. Mientras el tiempo para la destrucción se acorta, los expedicionarios irán desentrañando los misterios del planeta (si hubo vida inteligente, ¿cómo desapareció? ¿hubo sólo una o varias especies inteligentes? ¿cual fue su verdadero nivel tecnológico?), al tiempo que, como personajes, ofrecen sus particulares puntos de vista en torno a los problemas de siempre de la humanidad: la amistad, la religión, el sexo, la curiosidad. Crea cierto desasosiego que, nuevamente, se frustre la humana expectiva de encontrar vida inteligente fuera del ámbito terrestre. Es decir, sólo se hallan evidencias (arqueológicas) de la misma, pero no a sus creadores. Y para colmo, estas evidencias siempre parecen estar prontas a desaparecer.


Las escenas de acción en Deepsix están muy bien narradas, de manera que el lector parece vivir en carne propia eventos tales como ataques de insectos gigantes o terremotos provocados por la cercanía del fenómeno cósmico que está acabando con Maleiva III. De igual manera, se disfruta el toque hard de la narración, como cuando se describe la naturaleza de la catástrofe que se avecina o las extrañas y gigantescas estructuras halladas orbitando el planeta, que llevan al lector de misterio en misterio, y que hacen más apetecible la lectura de la siguiente entrega de la serie, Chindi.


Las máquinas de Dios y Deepsix son las primeras novelas de la Saga de las Máquinas de Dios, a las que siguen Chindi, Omega, Odisea y Cauldron.

Daniel Salvo

lunes, 15 de agosto de 2011

Señores del Olimpo (Javier Negrete)



Recuerdo haber disfrutado muchísimo el tomo VIII de la Enciclopedia Temática, cuyos ejemplares empastados en azul aún pueden encontrarse en las librerías de viejo del centro de Lima. El motivo: en dicho tomo se encontraba el capítulo concerniente a la mitología grecorromana, con sus historias de dioses, monstruos, héroes, hazañas y viajes extraordinarios. Por cierto, eran otras épocas, y las versiones de los mitos que pude leer estaban redactadas en un lenguaje "apto para todo público" (o sea, sin sexo).

Cómo no sentirse fascinado por esas historias, por esos mitos que aún en la actualidad generan ese sentido de la maravilla que acaba siendo primordial para el disfrute de la literatura fantástica.

Cómo no emocionarse al imaginar a Teseo enfrentándose al Minotauro, a Perseo decapitando a Medusa y convertir en piedra a sus enemigos, a Jasón y los argonautas iniciando un viaje lleno de peligros; o conmoverse ante la triste historia de Orfeo y Eurídice.

Gracias a la pluma de Javier Negrete, he vuelto a reencontrarme con muchos de esos personajes y seresa fabulosos, obviamente más crecidos, en una trepidante historia en la cual los dioses de diversas generaciones se enfrentan por el control total del mundo tal y como lo describen los mitos griegos.

Así, recorremos un Olimpo que funciona como una corte plena de intrigas y conspiraciones, que nos permite una visión de primera mano del mundo antiguo, descrito en sus menores detalles, desde las comidas y la ropa hasta la moral exhibida por dioses y hombres. Además, el autor se recrea (y nos recrea) con especulaciones en torno al peculiar funcionamiento de las leyes que rigen dicho mundo, ya se trate de leyes físicas o biológicas. Si alguna vez alguien se preguntó si los dioses podían morir, siendo inmortales, o de qué estaba compuesta la ambrosía, puede hallar una estimulante respuesta a esa y otras cuestiones en este libro. No estamos, pues, ante una nueva "versión" de los mitos griegos, sino ante una obra plena de imaginación y sentido de la maravilla, narrada de tal manera que nos hace sentir en carne propia las angustias propias de seres cuya naturaleza difiere radicalmente de la humana. Desde los dioses olímpicos de belleza sobrehumana hasta los lovecraftianos gigantes hecatónquiros

Las narraciones de las batallas entre los dioses y otros seres mitológicos, como los gigantes, por ejemplo, o la descripción de armas mágicas, son una lección a tomar en cuenta por parte de aquellos escritores que quieran incursionar en la narrativa épica.

Y el giro que toma la novela al final, un giro que cambia radicalmente la perspectiva de todo lo narrado hasta el momento, es simplemente de antología. Como para decirnos que los dioses no están muertos ni olvidados, incluso en nuestro descreído siglo XXI.

A ver si Negrete continúa devolviéndolos a la vida.


Daniel Salvo

miércoles, 10 de agosto de 2011

Eifelheim (Michael Flynn)










En estos tiempos, no está de moda ser creyente en nada, ni siquiera en el ateísmo. Tal vez por esa razón, Eifelheim no ha tenido mayor repercusión, pese a haber obtenido el premio Robert A. Heinlein, tal como lo anuncia la portada de la edición de Ediciones B. Curiosa premiación, pues dicho galardón se ha instituido para aquellas "obras publicadas en la ciencia ficción y escritos técnicos que inspiran a la exploración humana del espacio”, y en Eifelheim, aunque se habla del espacio (exterior e interior), no hay viajes espaciales propiamente dichos.



La acción transcurre en dos momentos distanciados en el tiempo: uno es la Edad Media Europea, en un pueblito perdido en las inmediaciones de la región conocida como la Selva Negra, en la actual Alemania; y el presente, donde el historiador Tom Schwoerin descubre la existencia de Oberhochwald, llamado después Eifelheim, respecto al cual descubre evidentes intentos de borrar su existencia y ubicación. ¿Por qué tanto esfuerzo por borrar una aldea de cualquier registro? ¿Por qué las crónicas de la época hacen referencia a Teufelheim (lugar del demonio, si mis exiguos conocimientos de alemán no me fallan), y previenen a todo viajero de transitar siquiera por sus inmediaciones?



Estas cuestiones dan inicio a una reconstrucción sumamente detallada (en ocasiones, exageradamente detallada para tratarse de una novela de ciencia ficción) de la vida y costumbres de la aldea en cuestión, en la cual los personajes ilustrados son, como no podría ser de otra manera, miembros del clero, destacando el sacerdote Dietrich, quien servirá de nexo entre señores y siervos, entre pobladores y viajeros, y para su posterior sorpresa, entre terrestres y seres de otros mundos que serán conocidos como los krenken. No en vano ha estudiado en París con figuras de la talla de Guillermo de Ockham, y posee, además de una inquebrantable bonhomía (que lo lleva a ser bastante comprensivo con los pecados de su grey), una aguda inteligencia que nos recuerda a otro famoso franciscano de ficción, Guillermo de Baskerville, pero en una versión más entrañable.



Justamente, el rol de Dietrich será crucial para el desarrollo de los eventos en Eifelheim: la siempre precaria paz será interrumpida por un evento extraño, una explosión seguida de un gran resplandor, que intriga y atemoriza a los moradores de la aldea, quienes pronto comienzan a propalar rumores sobre demonios que han sido vistos a plena luz del día, en las profundidades del bosque.



Las averiguaciones del caso llevan a la sorprendente revelación de que una nave estelar, con tripulantes procedentes de otros mundos, ha descendido en los bosques de Eifelheim. Estos seres extraterrestres, con apariencia de insectos gigantes, pasan de ocultarse de los humanos a entrar en contacto con los pobladores. Nuestro sacerdote será el encargado de lograr que ambas especies -los humanos y los krenken - lleguen a una convivencia pacífica.



Y es aquí donde se desenvuelve, en todo su esplendor, la trama de Eifelheim, como una suerte de declaración de esperanza en lo mejor que puede ofrecer la humanidad, aún en un contexto como la edad media europea, de la cual nos han hablado pestes, pero que se revela como un tiempo en el que, al igual que el nuestro, hubo personas y proyectos de vida, sueños que se lograron y otros que se truncaron, ignorantes y sabios, malvados y héroes... Y en este caso, seres extraterrestres.



No la tiene fácil el autor para generar la convicción en el lector de que un grupo de extraterrestres varados en una aldea medieval sean acogidos pacíficamente por sus moradores, y que el contacto con humanos lleve a seres tan disímiles a valorar y adoptar modos terrestres de pensamiento y creencias (tenemos el caso de Johan Sterne, "Juan de las Estrellas", un krenken que se "convierte" al cristianismo, ejemplo que será seguido por otros de su especie). Quizá hay más fe que argumentación para que tales eventos se produzcan, pero no deja de ser una visión bastante esperanzadora la de un universo pleno de formas de vida que pueden llegar a comprenderse unas a otras.



De hecho, el impacto que la sociedad y pensamiento terrestre ejercen sobre los krenken es trascendental para los extraterrestres, pues los lleva a cuestionar sus propios esquemas mentales y filosóficos, al punto de generar división entre los mismos. No estamos pues ante extraterrestres "superiores", salvo en su tecnología que, sin embargo, llega a ser comprendida, utilizada e incluso reproducida por los terrestres.


Hay un lado "hard" que, siguiendo acaso cierta moda "new age", llega a mezclarse con una visión mística de la física que haría posibles los viajes interestelares, desarrollado en la parte de la novela que transcurre en el presente, que culmina además con el más sorprendente de los hallazgos, el cual confirmará un sinnúmero de hipótesis, siendo la principal de ellas la existencia de otros mundos habitados por seres inteligentes, así como la comprensión final de los principios que posibilitan la navegación interestelar.




Una obra notable y plena de un humanismo esperanzador, que merece mayor difusión.



Daniel Salvo

lunes, 8 de agosto de 2011

La Tierra permanece (George R. Stewart)






Muchas veces, las historias sobre catástrofes permiten el lucimiento heroico del o los protagonistas, quienes devienen en seres capaces de enfrentarse a cualquier adversidad y de reconstruir, siempre acompañados de la mujer ideal, la civilización ellos solos. Con algo de nostalgia bíblica, bastarían un hombre y una mujer para que la civilización humana no muera.


Quien tenga esta amable e ingenua idea de un futuro post-catástrofe, la perderá al leer esta novela. En ella, prima una visión tan realista de la vida que podrían llevar los sobrevivientes humanos "después" del fin del mundo, que le hace a uno retractarse de esas ocasiones en las que piensa que sería mejor que todo acabase.


La novela tiene tres partes, vistas desde el punto de vista del protagonista, el geógrafo Isherwood Williams. Durante una excursión campestre, Isherwood es mordido por una serpiente venenosa, quedando gravemente enfermo. Tras un período de convalecencia, Isherwood despierta a un mundo que ha sido asolado por una plaga mortal, que prácticamente ha borrado a la humanidad de la faz de la Tierra.


Comienza así el deambular de Isherwood por Norteamérica. En su condición de único sobreviviente, puede disponer de vehículos, comida o lo que encuentre en forma ilimitada. Tras una infructuosa tentativa de dar con sus padres, Isherwood se dirigirá a Nueva York y otras ciudades, mientras descubre que no es el único sobreviviente. Por diversas razones, Isherwood no se integra a los grupos humanos con que se encuentra.


Pronto, Ish, que así se le llama por el resto del libro, empieza a sufrir a causa de su soledad. La aparición de Emma, quien se convertirá en su pareja, marca un punto de inflexión en su vida. Decide establecerse con Emma en su antigua residencia, ubicada en la costa oeste, exactamente en la Bahía de San Lupo, cerca de los bosques. Decide que una pareja no es bastante para formar un grupo humano, por lo que decide buscar a otros sobrevivientes, con quienes formará un grupo humano que con el tiempo se llamará a sí mismo la Tribu. Los miembros del grupo empiezan a tener descendencia, lo cual lleva a Ish a una serie de reflexiones acerca del futuro de la humanidad. Pero, como puede constatar, el grupo de sobrevivientes del que forma parte no se caracteriza por la brillantez intelectual de sus miembros. Objetivamente, Isherwood es el más dotado del grupo, sin considerarse a sí mismo una lumbrera. Con esto asistimos a la primera desmitificación: los sobrevivientes son un conjunto de personas comunes y corrientes, sin mayores atributos. De hecho, en algún momento, se critica a dos clásicos de supervivencia, como Robinson Crusoe (perdido en aburridas divagaciones teológicas) y los Robinsones suizos (quienes se limitan a sacar cualquier cosa que necesiten de un barco hundido). Ante las angustias de Ish, Emma aporta el punto de vista práctico y realista, que se limita aceptar las cosas tal como son, lo cual reconforta y al mismo tiempo desespera a Ish, deseoso de que los avances de la civilización no se pierdan.


Los primeros años de constituida esta comunidad transcurren con cierta placidez. Aún pueden disponer de energía eléctrica y agua potable, aunque por tiempo limitado. Los sobrevivientes continúan de un modo u otro con el estilo de vida que tenían antes de la catástrofe. Isherwood es el jefe no declarado de la Tribu. La cantidad de alimentos almacenados y enlatados existentes en la ciudad permiten una supervivencia sin mayores dificultades. La tribu se dedica a crecer.



La segunda parte de la novela transcurre dos décadas después del nacimiento del primer hijo de Isherwood. La nueva generación constituye un reto para Isherwood, puesto que ninguno de los nuevos miembros parece mostrar mucho interés por su plan de reestablecer la civilización. Más aún, esta nueva generación, nacida en un mundo radicalmente distinto al de Isherwood, pronto evidencia problemas de comunicación. Muchos conceptos como "Estado", "continente", "kilómetro", considerados básicos para los sobrevivientes, devienen en palabras carentes de sentido para los miembros más jóvenes.Uno de los hijos de Isherwood y Em, Joey, da muestras de talento y curiosidad, las que despiertan en Isherwood cierta esperanza: por fin ha tenido un hijo a quien legarle su conocimiento, encargado de encender de nuevo la llama de la civilización. El contraste entre Joey y sus hermanos (de los cuales casi no se nos cuenta nada) es evidente. Isherwood intenta impartir lecciones en un local a modo de escuela, pero los alumnos, salvo Joey, asisten con poco entusiasmo. Poco preparados para las catástrofes, los miembros de la Tribu serán atacados por una enfermedad mortal, que cambiará en forma dramática el destino proyectado por Isherwood.


El tiempo sigue pasando. Los primeros integrantes de la Tribu van muriendo, incluso Emma. Isherwood se queda solo por un tiempo, hasta que sus descendientes, quienes han entrado en contacto con otros grupos de sobrevivientes, le consiguen una nueva pareja. Isherwood la acepta y llegan a tener descendencia. Pero se sigue haciendo viejo, de modo que la mujer, de la manera menos dramática posible, dejará a Isherwood para irse con un hombre más joven, lo cual es recibido con alivio por parte de éste.


Al quedar como último sobreviviente del grupo original, Isherwood se convierte en algo similar a una deidad. Todos se dirigen a él como "Ish", empleando un tono reverencial cuando se dirigen a él. Es el Último Americano (entiéndase "norteamericano", por favor. Me pregunto cuándo llegará el día en que los gringos entiendan que todos los que habitamos sobre el continente denominado América somos "americanos"), el último representante del pueblo misterioso que construyó el mundo que los jóvenes conocen, el pueblo que construyó los edificios, los vehículos, acaso los montes y los mares...


Isherwood nada puede hacer por detener esta vuelta a la superstición. Empero, ve con agrado que una de sus ideas, enseñarles a utilizar el arco y la flecha, ha prendido con éxito en la Tribu. Nunca más necesitarán de los alimentos en conserva, cada vez más escasos, sino que estarán en condiciones de procurarse su propio alimento. De meros consumidores, han pasado a ser cazadores, dispuestos a abandonar su lugar de nacimiento...


La tercera parte del libro, bastante breve, relata los últimos días de Isherwood, su relación con sus descendientes y su salida del lugar de residencia, debido a una catástrofe que asola San Lupo. El momento de su muerte, a la cual asiste con la plenitud de sus facultades, es hermoso pero triste, puesto que transcurre en medio de un puente, que simboliza el tránsito entre una edad perdida, la de Isherwood, y la edad nueva de los hombres del futuro, edad que éste no verá.


Estamos ante una magnífica novela, excelentemente escrita, tanto, que por momentos inunda al lector de pena por el destino de ese grupo de sobrevivientes, quienes observan cómo se deterioran y se pierden los últimos restos de su civilización. La esperanza reside en los hijos de Isherwood, quienes tomarán un camino que nadie puede predecir. Pero no es el fin del mundo, después de todo...


Como recuerda el Eclesiastés, "los hombres van y vienen, la Tierra permanece".





Daniel Salvo (reseña publicada originalmente en Velero 25, setiembre de 2003)