viernes, 1 de octubre de 2010

La cultura inca en dos cuentos de ciencia ficción: "El falsificador" de José B. Adolph y "Quipucamayoc" de Daniel Salvo (José Donayre)





La cultura inca en dos cuentos de ciencia ficción:


«El falsificador» de José B. Adolph y «Quipucamayoc» de Daniel Salvo






Suele pensarse que la cultura inca fue una civilización milenaria. De hecho, el Tahuantinsuyo, conocido también como Imperio Incaico, tuvo una existencia breve. Esta cultura tuvo políticamente tres periodos: el primero fue el Legendario o Curacal (de 1285 a 1320), en el que gobernaron dos incas: Manco Cápac (fundador del Cusco) y Sinchi Roca; el segundo periodo fue el Protohistórico o Monárquico (de 1320 a 1425), en el que gobernaron seis incas: Lloque Yupanqui, Maita Cápac y Cápac Yupanqui (pertenecientes al Hurin Cusco) e Inca Roca, Yahuar Huaca y Huiracocha (pertenecientes al Hanan Cusco); y el tercer periodo fue el Histórico o Imperial (de 1425 a 1532), en el que gobernaron cinco incas: Pachacútec (vencedor de los chancas), Túpac Yupanqui, Huaina Cápac, Huáscar (muerto en 1533) y Atahualpa (capturado en 1532 y muerto en 1533). A partir de este sucinto recuento, podemos resumir que la cultura inca solo duró 247 años, de los cuales apenas 107 son propiamente un imperio.


Pero el Antiguo Perú sí es milenario. Y lo es por y desde las huellas que dejaron los hombres en el periodo lítico-arcaico, en el 11600 a.C., en la cueva de Jaywamachay, en la provincia ayacuchana de Huanta, y por lugares como Caral, en el norte de Lima, la primera ciudad de América, erigida en el 2600 a.C. La cultura inca no fue milenaria pero sí heredera de toda la tecnología y el imaginario que se produjeron en esta parte del mundo en más de trece mil años de supervivencia y mejora de la calidad de vida. Cultura que en 1425 se convirtió en el único imperio autóctono e histórico al sur de la línea ecuatorial del mundo.


No obstante estas raíces que se pierden en la noche oscura del tiempo y de ser el único imperio autóctono del hemisferio sur, razones más que suficientes para encender la imaginación de escritores de toda línea, son escasas las obras de ficción ambientadas en el Perú prehispánico. A esta carencia y marginalidad, hay que sumar la poca producción de textos de ciencia ficción. Por tanto, textos de ciencia ficción enfocados en el Perú incaico y preincaico resultan ser verdaderas rara avis de nuestra tradición literaria.


De la amplia obra de José B. Adolph (escritor que nació alemán en 1933 y murió peruano en 2008) y de la prácticamente inédita producción de Daniel Salvo (sugestivo seudónimo de un abogado que nació en Ica en 1967), rescatamos dos cuentos que en estricto no son textos de ciencia ficción ambientados en la cultura inca, pero sí relacionados o, en todo caso, inspirados en tal deseo. Pero, sea como fuere, en ambos hay una presencia de la cultura inca más que relevante por lo que marcan rutas de investigación y producción literarias en tal sentido.


En 1971, Adolph publicó en Lima, bajo el sello editorial Campodónico-Moncloa, su segundo libro de cuentos: Hasta que la muerte. Esta colección de relatos alberga el cuento «El falsificador», texto que no se ambienta en la cultura inca sino en los años posteriores a la captura de Atahualpa. El protagonista es nada menos que el conquistador y cronista español Pedro Cieza de León (1520-1554), quien tras explorar territorios americanos y fundar ciudades llegó en 1548 a la otrora Ciudad de los Reyes (Lima), donde empieza su labor de cronista oficial del Nuevo Mundo. Así, de 1549 a 1450, recorre el Perú a fin de acopiar información con la que redactará los tres volúmenes de su obra Crónica del Perú: un registro histórico que narra los acontecimientos de la Conquista y las guerras entre los españoles. El primer volumen de Crónica del Perú apareció en 1553, en España, pero Cieza de León jamás pudo ver publicados el segundo y tercer volumen, pues estos fueron impresos en 1871 y 1909, respectivamente.


«El falsificador» es un cuento breve de novecientas palabras con un epígrafe considerablemente extenso, que tiene cerca de setecientas palabras, es decir, representa más de las tres cuartas partes del relato. Esta inusual característica le confiere al epígrafe —fragmento de un registro histórico— un peso narrativo casi equivalente al cuento. La cita es de Cieza de León. Se trata de dos párrafos del capítulo 5 de la segunda parte de Crónica del Perú, o sea, del tomo que se publicó después de 317 años de la muerte del cronista. Visto así este exceso y desproporción, el epígrafe no es tal, pues cumple una función narrativa: relatar una verdad que luego será interpretada en el relato para convertirla en mentira simbólica, en verdad a medias, en ficción, en falsificación, que es producto de la acción de «falsear o adulterar una cosa», de acuerdo con el Diccionario de la lengua española.


El epígrafe narra que, en un tiempo anterior a los incas, tras un largo periodo de oscuridad, salió el Sol de una isla del lago Titicaca y que luego, proveniente del sur, llegó un hombre blanco y grande que demostró tener gran poder sobre la naturaleza. Y por este poder se le llamó «Hacedor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre del sol». Este ser posteriormente marchó hacia el norte, obrando maravillas, poniendo orden y difundiendo el amor entre los hombres, y recibió diversos nombres —Ticiviracocha, Tuapaca y Arnauan—, dependiendo del lugar. En su honor se levantaron templos, en los que frente a su representación se practicaron sacrificios. De este ser no se volvió a tener noticia.


Posteriormente, Cieza de León refiere que después de un tiempo se volvió a ver a otro hombre semejante a Ticiviracocha, pero del cual no se tenía nombre. Este ser sanó enfermos, e hizo cosas muy buenas y provechosas, hasta que llegó a un pueblo que intentó apedrearlo. El ser imploró al cielo el favor divino. Tras esto, apareció un fuego del cielo y los pobladores, temerosos de morir, fueron hasta el ser y le suplicaron que los librara del castigo. El ser accedió al pedido y ordenó apagar el fuego. De este episodio solo quedaron unas piedras quemadas y el recuerdo de la partida del ser rumbo a la costa. Frente al mar tendió su manto y se fue entre las olas y nunca más lo vieron. Y por la manera en que se fue lo llamaron Viracocha, que significa espuma del mar.


Con las imágenes de Ticiviracocha y Viracocha aún frescas en la mente —perfiles bondadosos solo comparables con la figura mítica de Cristo—, Adolph nos presenta desde el primer párrafo de su cuento una escena similar al arranque del epígrafe del cronista español: la oscuridad. En esta negrura trabaja Cieza de León, físicamente acabado, convirtiendo lo que recuerda, por medio de un trance, en leyenda. Adolph plantea la construcción de una leyenda al costoso precio de la deconstrucción de la realidad o, más bien, de falsificarla.


Párrafo tras párrafo, Adolph (otro falsificador) recrea al cronista español en la fatigosa tarea de encubrir y maquillar para no ser quemado en la hoguera por hereje, de falsear y adulterar a fin de no alterar el orden, en su feliz ignorancia de hombre moderno que cree tener los pies aún puestos en el medioevo. Sabe que es el eslabón malo y fatal de una larga cadena de narradores orales, y sabe de la importancia y peso de su acción, ya que él registra sobre el papel una historia contada de generación en generación, para plasmarla de manera definitiva como parte de la historia oficial. Sabe que miente, pero el fin justifica su falsificación, una misión que está por encima de su compromiso humano.


Adolph lleva al lector durante once párrafos a pensar de que se está ante un conflicto ético, ante una cuestión que no tiene sentido someterla al tamiz del ser y el parecer ni, mucho menos, al lente platónico de la percepción alterada, pues Cieza de León sabe bien lo que oyó, recuerda perfectamente bien que escuchó de manifestaciones que no puede referir porque van contra el orden establecido por su fe.


De este modo, Adolph crea una atmósfera perfecta para dar un martillazo contra la cabeza del lector en el duodécimo párrafo, el definitivo, con un final sorpresivo y revelador. El narrador de lo que ocurre en la habitación oscura donde escribe Cieza de León es el tripulante de una nave que va de un lado a otro del Sistema Solar. Nave convertida en simple fuego en la crónica del español. Se trata de un informe, un simple reporte, que da cuenta de que el secreto sobre esta «raza superior» se mantiene aún a salvo, pues Cieza de León entendió el gesto de silencio de la leyenda oída, antes de que el ser (el narrador-navegante) se pierda en la espuma del mar y se le llame Viracocha, como también se llamó el octavo inca.


El texto de Daniel Salvo, titulado «Quipucamayoc» (que fuera publicado en la revista virtual Ciberayllu el 26 agosto de 2005) no es menos fascinante. «Quipucamayoc» está ambientado en lo que es actualmente el sur de Lima, Cerro Azul, durante los gobiernos de los incas Huaina Cápac y Huáscar, es decir, hacia el final del Tahuantinsuyo. Si el remate de «El falsificador» de Adolph no hace otra cosa que invertir los planos al pasar de un registro realista a uno de ciencia ficción a partir de una sorpresiva revelación, en «Quipucamayoc» estamos ante una situación más sutil.


En «Quipucamayoc», la revelación empieza al inicio del último tercio del relato, manifestación paulatina y muy bien dosificada que de algún modo nos lleva a convertir un texto realista en uno de ciencia ficción sin que, en estricto, lo sea. Es decir, parece, pero no es, y esto resulta ser lo más inquietante. Pero esta apariencia es suficiente para que el relato de Salvo forme parte del anaquel de los textos de ciencia ficción por el sustrato tecnológico en clave que subyace a la historia. En todo caso, podría etiquetarse como una obra de ciencia ficción simbólica.


La estrategia narrativa de Salvo consiste en equiparar los quipus con las computadoras, y los nudos malos con los virus cibernéticos, pero este ejercicio lo efectúa el lector, jamás el narrador omnisciente, quien evita muy eficazmente cualquier exabrupto o anacronismo. La reconstrucción de la época, la invención del pueblo guacro, el manejo político de los personajes y el telón de fondo ideológico son bastante verosímiles.


Es más, dejando la anécdota de lado —la estrategia de Pomacha para vengar la conquista inca de su pueblo: la destrucción de un complejísimo sistema de registro de información (el quipu) mediante un nudo malo—, el cuento de Salvo postula una explicación histórica nada descabellada ante la reiterada intriga que desde hace 478 años asalta a propios y extraños en torno al hecho de cómo un pequeño grupo de españoles consiguió conquistar un imperio. Lo planteado por Salvo (arruinar un sistema de comunicación sobre el cual se erigía el Imperio Incaico) no solo es verosímil sino acertadamente razonable. Y más allá de las monumentales huellas arquitectónicas y otros deslumbrantes legados de la cultura inca que aún podemos apreciar, se perdió lo más importante: la información, el registro, la historia oficial y la otra (la clandestina), el conocimiento valiosísimo de una civilización que se nutrió, a su vez, de muchas otras culturas, que florecieron a partir del surgimiento de notables reinos milenarios. Lo verdaderamente desconcertante de este magnífico cuento de Salvo es que esta pérdida, que esta destrucción, no fue producto de la codicia e irracionalidad de los conquistadores españoles, sino fruto de una venganza nativa, de la revancha que consiguió llevar a cabo Pomacha, en representación de su sojuzgado pueblo, ante la implacable y cruel política expansionista de los incas.


Misteriosos y soterrados suelen ser los hilos de la Historia, aquel entramado que se teje incesantemente desde que el hombre se reconoce como tal y lo registra haciendo total uso de su libre albedrío, como una natural libertad de expresión, pero algunas veces surgen ficciones, como «El falsificador» de José B. Adolph y «Quipucamayoc» de Daniel Salvo, con una poderosa verdad literaria que nos permiten echar luz sobre episodios que la ciencia no consigue esclarecer de modo objetivo e incuestionable. En este caso, tenemos dos textos de ficción, cuya alta factura narrativa sirve de soporte para acercarnos a la cotidianeidad de la cultura inca, y rendir homenaje al registro histórico y a su importancia para la salvaguarda cultural… textos que contribuyen, además, a entendernos como individuos cuando nos enfrentamos a un futuro que exige y sobrepasa el límite humano ante la añoranza por el pasado y la incertidumbre del presente.




José Donayre (texto leido en la conferencia Eclosiones de lo fantástico en el Perú, organizada por TINTA EXPRESA, Revista de Literatura y Casa de la Literatura Peruana )





José Donayre (Lima, 1966) estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha publicado las novelas La fabulosa máquina del sueño (Mercado Consultora y Publicaciones, 1999) y La trama de las Moiras (Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2003), el libro de cuentos Entre dos eclipses (edición del autor, Lima, 2001, 2007), y la colección de ficciones breves Horno de reverbero (Mundo Ajeno, 2007). Ha participado en las antologías de narrativa Perspectivas para una narrativa peruana de los 90 (APPAC, 1990), Maldito amor mío (Signo Tres, 2002), Ciencia ficción peruana (Eridano, suplemento Nº 10 de Alfa Eridani, 2005), Nacimos para perder (Casatomada, 2007) y La estirpe del ensueño. Narrativa peruana de orientación fantástica y/o extraña (edición no venal, selección de Gonzalo Portals, 2007), y en la antología de poesía La generación del noventa (Biblioteca Nacional del Perú, 1996). Maneja actualmente varios blogs, entre ellos Esta boca es mía. Se dedica a la promoción cultural y a la edición de obras literarias.

Pilotos infernales (Gerardo Sifuentes)




El mundo de los pilotos infernales es, y no es, el nuestro. Es un mundo terrible, lleno de los horrores del presente y de una certeza: el futuro ya llegó. Los ovnis se pasean por el cielo y a nadie le importa. Todos viven en un tiempo suspendido, que alguno llama el fin de la historia, ocupados en carreras a ninguna parte, huecas, interminables. Pero algo está pasando: desde el televisor, desde la imaginación alucinada, algo se acerca hacia nosotros. Con este libro, Gerardo Sifuentes confirma ser de los escritores más interesantes de su generación y un renovador de la literatura fantástica mexicana.


(Texto de la contraportada a cargo del escritor mexicano Alberto Chimal)




Pilotos infernales
Tercer Premio Internacional de Ciencia Ficción y Fantasía
Colección MECYF
Grupo Editorial Vid
México, 2001


Lo reconozco: como lector tiendo más bien a ser un conservador. Me muevo más a mis anchas en el clásico esquema de planteo-nudo-desenlace que en otras propuestas más innovadoras... aunque a veces me sorprende el hecho de entender algún texto de los denominados posmodernos o vanguardistas.

De manera que recién caigo en la cuenta que debo haber venido aburriendo a un buen número de lectores quien sabe desde hace cuánto tiempo. Y esto por que, dentro del amplio abanico de posibilidades que ofrece la literatura (no sólo la de ciencia ficción), prefiero la de corte más clásico. Qué puedo decir: llegué tarde a la posmodernidad.

Pero igual puede ocurrir que, o bien mis sinapsis pueden hacer trabajo extra, o el león no es tan fiero como lo pintan: un texto de los que podría llamar difíciles se convierte en una obra amena y entretenida. Como el Asimov más prosaico.

Pilotos infernales es un buen ejemplo. Escrita en el más exquisito lenguaje ciberpunk, es deudora además del infame A cabeza descalza de Brian Aldiss. Hay una trama - tan cienciaficcionera como la que más- pero el foco de atención dentro de esta breve novela está en el lenguaje, un lenguaje duro y directo pero carente de vulgaridad, plagado de referentes al desmadre que el exceso nos ha traído: los nombres de algunos personajes - y acaso sus personalidades - son trasuntos de algunos de los productos que, suponemos, han devenido en omnipresentes en las llamadas naciones civilizadas. En momentos así, uno agradece el hecho de vivir en un país no tan moderno... y mucho menos, posmoderno.

Pilotos infernales nos dice, entre otras cosas, que si bien el futuro no es igual para todos, las pesadillas si pueden serlo. El mundo de Pilotos infernales es un mundo enloquecido a propósito (hay un experimento que se sale de control...¿o no?), pero a sus habitantes esto parece no importarle. O se trata de una locura consciente - si tal cosa puede ser posible - o es una alucinación consensual. A los protagonistas les basta escarbar apenas en la superficie del mundo que perciben como real para darse cuenta de que hay otro mundo (¿el nuestro?) que debería ser el mundo real. En este contexto, aquellos que pueden realmente ver sufren una extraña maldición: su visión es necesaria pero no parece importarle a nadie. Ni a ellos mismos.

Los momentos clave de la novela, aquellos en los que se hace evidente la dicotomía entre lo percibido y lo real, son, contra lo que podría pensarse, desesperanzadores: el lector comienza a percatarse de la clase de mundo que es el mundo real para que un planeta entero acepte vivir fuera de la realidad. Como complemento, Pilotos infernales incorpora, casi como anexo, el cuento Good bye Kitty Films, adecuado y escalofríante cuadro de costumbres de la nueva era.

Nuestra posmodernidad cultural es analizada en los cuentos Punks de clóset (o cuál es el tratamiento para nuestras fobias y odios) , Abdúceme y En sus 15 minutos de fama (o de cómo la angustia de vivir nos impide vivir). De los tres, Abdúceme trata un tema de permanente actualidad: la incesante cantidad de avistamientos, contactos, fotografías y filmaciones que demostrarían la realidad del "fenómeno OVNI". En el relato, parece que al fin, los OVNIS parecen haberse decidido a mostrar la cara, pero tal vez este hecho carezca de importancia para una humanidad sumergida en la apatía y el desengaño de sus propias espectativas. De acuerdo, existen los OVNIS. ¿Y? Igual debo trabajar para vivir, ver cómo se me cae el pelo, pagar hipotecas, angustiarme por el futuro de mis hijos, empezar a vivir de medicamentos... Un relato devastador y lleno de melancolía por una más de las tantas ilusiones que se nos van.

¿Podrán estas visiones de Gerardo Sifuentes ayudarnos a conjurar los peligros del presente y del futuro? Espero que sí. Por lo menos, seguimos con vida.



Daniel Salvo

Entrevista a Carlos Enrique Saldívar, por Luis Torres



Una mirada profunda hacia lo intangible: A propósito del libro Historias de ciencia ficción:





«Toda buena literatura debe dejarte marcas imborrables en la mente»

Entrevista a Carlos Enrique Saldivar

Por Luis Torres


L. T.: Conozco casos de gente que escribe muy buena poesía y, sin embargo, han leído poco de ese género, más «consumen», por ejemplo, narrativa; son casos atípicos, lo sé ¿Es ése el tuyo? ¿De qué fuentes está nutrida tu literatura? ¿Cuál es tu canon personal?

C. E. S.: Reconozco que no soy un «gran lector» de poesía, aunque sí me considero un «buen lector» de la misma. Hago la diferencia: Prefiero siempre un libro de buena narrativa, ya sea cuentario o novela, a un libro de poesía que, probablemente, no me llenará la mente y el alma como se debe. Esto tiene una explicación muy sencilla, se produce mucha lírica en el Perú y hay muy buena calidad respecto de este arte, pero también hay poemarios de escasa valía por lo cual el lector debe orientarse de un modo casi intuitivo a fin de encontrar un buen texto poético en el mercado. Leo poca poesía pues son muy exigente con este género en cuanto a los cuadernos y a los autores que podría leer. No obstante, cuando me sumerjo en un libro de buena poesía, generalmente logro captar los códigos, los símbolos y la fuerza que el autor intenta imprimir en su obra. Sé leer poesía, sin embargo restrinjo mis lecturas poéticas al máximo. Y, generalmente, cuando leo algún poemario, el método que aplico es el indicado. Cojo el libro y disfruto del lenguaje de a pocos. No es como leer narrativa, donde siempre deseo encontrar un argumento palpable, que me cuenten una historia. Leo mucha narrativa, todos los géneros, todos los autores que me recomienden, etc. Y, puedo asegurarlo, la poesía que más me gusta (cito a Antonio Machado, Juana de Ibarbourou, Carlos Germán Belli) ha influenciado decididamente en mi estilo literario. Se trata de mezclar un poco la poesía con la prosa para obtener un efecto de ensueño en el relato, que funciona muy bien por la brevedad del texto y que, en la ciencia ficción que hago, consigue resultados apropiados, despierta el sentido de maravilla y emoción que debe tener todo buen cuento de fantasía científica. Ya no es tan solo qué cuentas, sino cómo lo cuentas. Atrapas al lector con un lenguaje bien acabado y, de paso, le narras un relato asombroso. Hay quienes no soportan las historias demasiado increíbles, pero sí admiran la correcta elaboración estética de un texto. La influencia de la poesía en la prosa se da mucho, sobre todo en la literatura peruana, ya se de corte realista o fantástico. Respeto muchos a los que escriben poesía, en el Perú hay un buen nivel con respecto a este arte y excelentes poetas. A mí siempre me ha gustado escribir poesía, desde niño. Aunque no me considero buen poeta, he logrado juntar mucho material en algunos poemarios aún inéditos, los cuales, estoy seguro, permanecerán guardados por muchísimo tiempo o, tal vez, para siempre.

Mi literatura se haya nutrida, como ya he mencionado, de diversas lecturas que van desde el realismo mágico a todas las etapas de la ciencia ficción, desde lo más clásico a lo actual. Cuando dije «leo todos lo géneros», me refiero a todos, incluyendo el western o los relatos románticos, de alguna manera esto influye en las historias que escribo. Aunque debo decir que los géneros de fantasía, misterio, terror, acción y ciencia ficción son los que más han calado en mí durante estos últimos años, en los cuales he logrado redactar mis mejores relatos (los publicables). Esto se debe a que me divierto mucho escribiendo estos géneros, puedo desbordar mi imaginación y mi estilo literario al límite, sobre todo con la fantasía y la ciencia ficción, donde puedo incluir mucha poesía, experimentar con el lenguaje, dar a conocer mis propias opiniones con respecto del mundo que me rodea, hacer críticas duras a ese mismo mundo, extrapolar ideas, plantear teorías, filosofar, observar, deconstruir, discernir, etc.

Todo texto que leo influye en mí, creo que toda buena literatura debe dejarte marcas imborrables en la mente. Mis gustos literarios son diversos, si te menciono autores, llenaría varias páginas y ya me extendido demasiado con la respuesta a esta pregunta, solo te diré que mis intereses van desde los romances intensos de Francois Sagan hasta las realidades descompuestas de Philip K. Dick, desde los mundos terroríficos de Stephen King o Dean R. Koontz hasta el realismo intrínseco de un Manuel Puig o el realismo policial de un John D. MacDonald. En definitiva, en algún momento de mi vida escribiré algo de cada género y esto me parece algo bueno. Porque me gustan todas las corrientes literarias, porque he sabido dar su lugar a cada cosa en su momento, porque me gusta crear en base a todo tipo de ideas, desde las más desquiciadas hasta las más comunes y porque todos los registros y temas me apasionan. Para terminar este punto hago una pequeña confesión: Soy un excelente lector de narrativa, demasiado concesivo con los autores, demasiado «lector ideal». Véase la ambigüedad de la afirmación.

L. T.: ¿Por qué escribir un libro de CF dentro de la actual coyuntura? Dentro de las conmociones políticas, sociales y económicas que no aquejan sólo a nuestro país, sino a escala mundial. ¿Es una forma de eludir la realidad? ¿O has querido dar algún mensaje en tus cuentos con respecto a esos temas?

C. E. S.: Creo que cuando un escritor deja de «sólo» escribir para sí mismo y empieza a dirigirse a un público determinado enfoca sus relatos de dos formas:
1.- Intenta dar a conocer la realidad que le rodea de una manera muy parecida o muy diferente e
2.- Intenta dar a conocer su propia realidad.
Con la ciencia ficción uno puede mezclar ambos niveles de la narrativa y fusionarla con cualquier otro género, ya sea la novela política, el policial, el horror, el romance, etc. Siempre he tenido una opinión muy pesimista del mundo que nos rodea, de los líderes que tenemos y hacen todo mal, y del futuro incierto hacia el cual nos dirigimos. No es que quiera plantear que el futuro será así, como lo retrato en mis relatos, pero ese podría ser el final si continuamos siendo como somos: unos despreocupados. Los que administran el planeta y los administrados somos igual de culpables por la caída en picada que sufre nuestro hábitat. Muchas veces un cuento de ciencia ficción puede confundirse con un cuento real, notemos que muchas distopías se van haciendo realidad, y también muchos desastres naturales y artificiales, muchos avances tecnológicos, algunos acertados, otros nocivos. No, mi propuesta no es una forma de eludir la realidad. Todo lo contrario. Es una manera de abrir los ojos al lector y que éste se de cuenta de cómo es el mundo en el cual vive. Tampoco he querido dar mensajes. Simplemente he decidido dar una imagen de la humanidad tal cómo creo que es (según mi punto de vista) o tal cómo podría llegar a ser. Si es terrible o grotesco, no es problema mío, yo soy un mero corresponsal de este todo. He decidido retratar el mundo, aunque no sé si lo he conseguido. La diferencia con una propuesta realista es que lo he hecho desde varias perspectivas: he utilizado la anticipación, la fantasía, la humanística, etc. Una amiga me comentó que mi relato Volar como los pájaros, que junto a El llanto celeste, resulta ser uno de los más fantásticos del libro, tenía que ver mucho con la migraciones, la división en países de razas, creencias, las leyes que permiten esa encarcelación de seres vivientes, y los castigos que pueden recibir si transgreden esas leyes, la muerte, por ejemplo. ¿Dónde esta la fantasía, dónde la evasión? Es un cuento fantástico, claro, con ciertos mecanismos de la ficción especulativa, pero, en verdad, es una cruda observación de la realidad política mundial. El llanto celeste, donde aparece el planeta Tierra hablando en primera persona, haciendo las veces de mujer maltratada por la humanidad a la que perdona una y otra vez sus constantes vejaciones, ¿no es acaso una representación de un fragmento de la humanidad? Sí, de los que soportamos la irracionalidad de los líderes políticos, de las corporaciones, de las malas empresas, etc. Aquí no niego la realidad, todo lo contrario, la dibujo de otra manera y la doy a conocer para que el lector entienda de algún modo cómo es el mundo catastrófico en el que vive. Y pido perdón por asustar de este modo, pero lo expuesto es algo que todos sabemos y que pocos queremos admitir.

L. L.: Hay algo en «Historias de ciencia ficción» que me tiene intrigado: en los cuentos El Sedimento, Pena y el que cierra el libro, Y todo final es un nuevo principio, se encuentra el tema de la destrucción de algún planeta y de dos o un «ser» que logra sobrevivir. ¿Por qué en tres cuentos contar básicamente la misma historia, naturalmente, con matices? ¿Lo hiciste adrede? ¿O fue algo, tal vez, impensado?

Fue algo impensado. No lo noté hasta que comentaste (cierto día) que en varias historias se repetía el tópico del fin del mundo. Este aspecto me parece interesante, el fin del mundo es un tópico de la ciencia ficción y es algo que eventualmente sucederá, ya sea de manera natural o por acción del hombre. La balanza está actualmente inclinada para lo segundo. En manos de algunos países existen bombas que, de solo explotar una de ellas, podría extinguir la vida en el planeta de manera total, de modo que no es broma. En mi libro, los cuentos que mencionas hablan sobre el fin de la civilización, ya sea por algún error humano, un ataque extraterrestre, un orden natural, etc, aunque, en realidad, hay tres cuentos más que hablan sobre lo mismo: Mensajero del Apocalipsis, El llanto celeste y La casa nave, entonces serían seis cuentos que tocan el tema del fin del planeta Tierra, la mitad del libro. El hecho de que uno o dos hombres puedan sobrevivir, regenerarse, resucitar, viajar a otro plano, etc, forma parte de mi yo optimista, creo que siempre hay que mantener una esperanza frente a la inminente catástrofe. Es cierto, siempre he desconfiado de la estupidez humana, no obstante también creo con firmeza en la inteligencia y en el buen uso de las capacidades. Lastimosamente, como puedes ver, en los cuentos son sólo uno dos personajes los que hacen la diferencia.

La verdad, cuando escribí cada uno de estos cuentos lo hice en desorden, sin pensar que alguna vez los reuniría en un libro. Lo hice por diversión, por arte, por convicción, y sólo pensé en juntarlos dos meses antes de que el texto se publicara. Creo que sí, el tema del fin de la humanidad es una constante en lo que escribo (tengo más cuentos sobre el tema) y seguirá siendo una constante mía en el futuro, recuerda, no estamos muy lejos de eso. Pero como tú mismo mencionas hay matices, siempre hay una historia diferente alrededor del mismo tema, de esta manera el lector podrá disfrutar del libro sin ningún problema teórico o analítico que pueda entorpecer la lectura. No se hallará una quisquillosa repetición temática, ni nada por el estilo. Digamos que lo que originó el resultado final de mi libro fue el azar, los doce relatos estaban destinados a ser los que conformaran el volumen y me siento muy satisfecho por ello. Soy un tanto místico con los asuntos literarios, aunque al mismo tiempo, práctico.

L. L.: Sé que construir, elaborar un libro, es cosa trabajosa y satisfactoria. Con respecto a lo primero, ¿cuánto tiempo te llevó componer el libro? Y a lo segundo, ¿qué te motivó para publicar? ¿Qué esperas de la crítica, del público de a pie? ¿Qué deseas despertar en las personas con los temas tratados en tu libro?

C. E. S.: Bueno, respondiendo a lo primero, son relatos escritos entre noviembre de 2002 y enero de 2008 y, como ya te mencioné, escribí cada relato de manera independiente, sin pensar en que éste se iba a publicar en un volumen. Pensé, en primera instancia, en publicar los cuentos en revistas del género y así lo hice, tengo de esta manera algunos relatos publicados en la revista que dirijo: Argonautas, otros publicados en revistas de la web: Ciencia Ficción Perú y Velero 25, cinco cuentos en total y uno seleccionado ya para la revista MiNatura de Cuba y España. De modo que, te soy sincero, hubo trabajo, pero básicamente no lo sentí hasta el momento de la corrección que fue mínima pues los cuentos ya publicados estaban en su versión definitiva. Como ya te he mencionado, me divertí mucho escribiendo todos los cuentos e incluso corrigiéndolos, aunque siempre había errores y por momentos la corrección se hacía tediosa. No recurrí a ningún corrector de estilo por razones económicas. Cosa curiosa, encontré uno que me daba un buen servicio a poco precio cuando mi libro ya estaba en imprenta ¡rayos! Por eso se han colado algunos errores. Sin embargo, toda experiencia positiva o negativa me sirve para el futuro. He aprendido mucho publicando este libro y he crecido como escritor y como persona. Opté por la edición de autor debido al exorbitante precio que me proponían las editoriales independientes y ni hablar de las editoriales importantes. Aún estoy en un proceso de formación y aprendizaje, no obstante puede que algún día dé el gran salto. No me arrepiento de publicar el libro, casi nunca me arrepiento de nada de lo que hago. Tomé la decisión adecuada, el tiraje no fue elevado, pero fue básico y ya casi he agotado la edición.

Tengo muchos relatos de diversos géneros que pienso ordenar para crear cuentarios, todo lo tengo fechado (soy muy ordenado en eso) y hasta el momento solo poseo dos libros de cuento que escribí en conjunto, pensando en que serían libros. Espero publicarlos muy pronto. No obstante, a veces resulta interesante escribir textos en desorden y después recopilarlos. Ambas opciones son válidas y muy estimulantes.

Decidí publicar este libro por las mismas razones que decidí publicar mi revista Argonautas en el año 2006, por el afán de formar parte del enorme conglomerado literario de mi país y de otros lares. Por dar a conocer géneros muy poco explorados por los autores y lectores en la cultura peruana. Para demostrar que la lectura puede ser todo menos aburrida y… para liberarme, sí, tengo mucho material inédito que pide a gritos salir a la luz, de este modo iré publicando todo lo que pueda en el futuro. Me interesa difundir el género de ciencia ficción, sobre todo, por eso decidí que mi primer libro ahondara en el género y tocara algunos de sus temas. Mi padre me apoyó mucha con esa decisión y me brindó el empuje psicológico que necesita todo escritor para comprender que sus relatos pueden ser leídos y gozados por otros seres humanos aparte de él mismo.

No espero mucho de la crítica, al menos no de la crítica de mi país, todos sabemos como funciona este tema. Aunque tampoco me cierro ante la oportunidad de que mis escritos sean estudiados y comentados, porque al menos lo segundo se ha hecho y mucho. Si espero algo tangible, es por parte de los lectores que son la fracción de mundo que más me interesa. Espero que puedan disfrutar mis relatos tanto como yo gocé escribiéndolos y que puedan adentrarse en la ciencia ficción si es que no la habían leído antes. De esta manera se logrará romper con la mala fama que se le ha dado a este maravilloso género literario. También espero que los aficionados a la fantasía científica, que tengan la oportunidad de adquirir mi libro, puedan añadir mi propuesta a sus lecturas y a su lista de escritores. Además deseo que puedan descubrir de qué va el género hoy en día. Por último, espero que el público en general se dé cuenta de que la ciencia ficción, lejos de extinguirse, está mutando hacia un estilo más artístico, más contemporáneo y más respetado por las nuevas generaciones.

L. L.: Si en la década del 90 prevaleció la «literatura maldita-Bukowski» –con excepciones, por supuesto–. ¿Crees que ahora hay un surgimiento de nueva narrativa a nivel general? En caso que así lo consideres, ¿qué lugar crees que tiene o debería tener la narrativa de ciencia ficción en la actualidad?

Si, tienes razón y, a decir verdad, me gusta mucho el realismo sucio. O me gustó mucho en su momento, fue un género que consumí en mi adolescencia. Te hago un pequeño comentario respecto de dicha corriente: La considero muy difícil de escribir, aunque muy sencilla de asimilar cuando se lee. Si, creo que han resucitado nuevas tendencias en el ambiente literario peruano. La fantasía sobre todo y, por supuesto, la ficción científica. Recordemos que hemos tenido ciencia ficción desde la época de Julio M. Del Portillo, en el siglo XIX, luego tenemos a Clemente Palma (que también tiene una novela de ciencia ficción: XYZ) y Abraham Valdelomar con el cuento El círculo de la muerte, pero siempre ha habido fantasía y ficción especulativa, recordemos la etapa de las primeras revistas de literatura en la época de Mariátegui y toda esa gente fantástica: Ángela Ramos, Mario Chabes, Alberto Hidalgo, María Wiesse, César Vallejo, Gamaliel Churata, etc. A mediados del siglo XX, lo fantástico quedó frenado por el indigenismo, luego por el realismo urbano hasta los ochenta. En los noventa creció con furia el cuento y la novela de violencia política como forma de responder a un sistema de represión inadecuado, al terrorismo, a la problemática social, etc. Esto provocó la creación de una nueva corriente literaria en el Perú, que todos los que quieren llegar a ser buenos escritores practican —con poco o gran interés— porque la crítica lo ha dictaminado así: «Si no escribes sobre Sendero entonces no vales como escritor, enfócate en el tema político para que se venda tu texto». Esto es una ridiculez y, por ende, esta temática se halla demasiado manoseada. Felizmente, poco a poco, va quedando relegada. Lo fantástico va renaciendo (porque en el Perú siempre hubo fantasía), y va ocupando un lugar preponderante en la Literatura Peruana, como debe de ser. Así tenemos la labor del escritor José B. Adolph, que en 2008 se despidió de nosotros, aunque sus obras nos siguen fascinando. Tenemos en la actualidad a José Güich Rodríguez, a Daniel Salvo, administrador de Ciencia Ficción Perú, a Pablo Nicoli, respetado escritor arequipeño, a Carlos Calderón Fajardo, Enrique Prochazka, José Donayre Hoefken, Tanya Tynjälä, Enrique Congrains Martín, Adriana Alarco de Zadra, Yelinna Pulliti, Pedro Félix Novoa, Alexis Iparraguirre, Carlos Gallardo, entre tantos otros. Además, como director de la revista Argonautas, soy testigo de la enorme influencia que tiene la fantasía en los jóvenes autores, en edades que van desde los quince hasta los veintinueve años. La fantasía es un género que funciona muy bien en todos lados, en los talleres de creación literaria, en la minificción, en la poesía, en la música, en las películas. A la gente le gusta la fantasía y la ciencia ficción y si alguien dice que no es así es porque nunca ha consumido ambos géneros de manera apropiada. ¡Si hasta Mario Vargas Llosa en su novela Elogio a la Madrastra tiene un cuentito que bien puede enmarcarse dentro de dicho género! Hay un rebrote nacional y mundial de ciencia ficción y fantasía, eso no hay que dudarlo y, por supuesto, está muy bien que sea así.

La ciencia ficción podría ocupar un lugar importante en la cultura peruana. Debería hacerse conferencias respecto de esta temática en los colegios, debería proponerse como materia de estudio en los centros de educación superior. En otros países se siguen estas metodologías, pero como siempre, en la mente tan cerrada de nuestros gobernantes, proyectos como éste sencillamente no tienen cabida. Afortunadamente la crítica literaria está optando por estudiar los textos fantásticos y de fantasía científica, así tenemos a José Güich Rodríguez, uno de los mejores analistas literarios con que contamos, tenemos también los trabajos del sesudo Gonzalo Portals Zubiate y del notable estudioso Elton Honores. Eso me obliga a retractarme un poco de mi desconfianza por la crítica. Creo que todo depende de las nuevas generaciones. La ciencia ficción es un género mutante y, por qué no, podríamos serlo también nosotros.

L. L.: Para finalizar, podrías contarnos que nos traes de nuevo con respecto a lo literario.

C. E. S.: Estoy preparando dos nuevos libros de cuentos. Pienso publicarlos en cuanto las condiciones ambientales (de mi vida) sean propicias. Tal vez uno salga el próximo año. O tal vez ambos. Además preparo, esto si es un proyecto a corto plazo, el cuarto número de la revista Argonautas, el cual homenajeará al narrador José B. Adolph, dicho volumen traerá buenos cuentos y gratas novedades. Todo esto con el afán de difundir la ciencia ficción que ha sido mi meta desde que leí hace tiempo cierto cuento de Isaac Asimov... pero eso ya forma parte de otra fantástica historia.


Lima, junio de 2008

Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Estudió Literatura en la UNFV. Director de la revista impresa Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción, de la cual, a la fecha, han visto luz cuatro números. Ha publicado reseñas, artículos, poemas y relatos en diversos blogs y revistas impresas y virtuales del medio. Relatos y poemas suyos han aparecido en diversas antologías del medio. Publicó el libro de cuentos Historias de ciencia ficción en 2008. Este año (2010) publicó su segundo libro de cuentos: Horizontes de fantasía. Actualmente prepara un tercer volumen de historias (de corte siniestro) con el título tentativo de El cuarto contiguo y otros relatos. E-mail: revista_argonautas@hotmail.com

Pioneros del futuro (VV.AA.)



Pioneros del futuro (varios autores)
Luis de Caralt, editor
España, 1977


El demostrador de la cuarta dimensión (Murray Leinster): Muchos de los tópicos de la ciencia ficción (viajes en el tiempo, encuentros con extraterrestres, robots) se prestan muy bien para el humor y la aventura. O como en este caso, para relatar las desventuras de un atribulado heredero de una máquina que permite demostrar la existencia de la cuarta dimensión, y pretende utilizarla para impresionar a su chica. Sólo que a la damisela del cuento le impresionan cosas más prosaicas.

Colón fue un cretino (Robert Heinlein): Menos humorístico, pero con más punch, la historia tiene un final sorpresa. Comienza con un barman cualquiera en un bar aparentemente cualquiera, quien, harto de la manía de su tiempo, los viajes espaciales, emite una filípica contra los exploradores, contra quienes, en lugar de quedarse contentos en casa y con lo que tienen, prefieren arriesgar sus vidas y familias por lo desconocido. ¿Qué ventaja tiene el explorar la luna u otros astros?

La hora de la batalla (Robert Sheckley): La humanidad estaba en guerra. Una guerra difícil de ganar, dada la superioridad del enemigo en el campo mental: eran una raza de telépatas. Por suerte, la humanidad desarrolló un detector de emisiones telepáticas. Los enemigos quedaron "mudos", tanto, que los tripulantes de las naves terrestres comienzan a preguntarse qué había pasado con los enemigos. Comienzan a preguntarse cosas que nunca antes se habían preguntado. Por suerte, contaban con el detector de emisiones telepáticas.

El arma demasiado espantosa para ser usada (Isaac Asimov): Un Asimov primerizo (de hecho, es su primer cuento, publicado cuando tenía 17 años), que contra lo que se dice, no tenía reparos en incluir extraterrestres verdes en sus historias. En este cuento, los venusinos han sido esclavizados por los terrestres, quienes han aprovechado su decadencia cultural. Empero, los venusinos eran una raza muy antigua, tanto, que en sus tiempos de esplendor previeron años oscuros para el planeta, y crearon el arma demasiado espantosa para ser usada. Al ser redescubierta por los nativos, ¿se atreverían a utilizarla contra los opresores terrestres?

Sin reacción (Theodore Sturgeon): Sólo a un maestro como Sturgeon podría ocurrírsele mezclar una historia de mundos paralelos con la búsqueda de un tratamiento para ciertos desórdenes psicológicos. Memorable.

El flautista (Ray Bradbury): Una melancólica historia que bien podría ambientarse en el Marte de "antes" de las Crónicas marcianas. Los marcianos han sido sojuzgados por los malvados terrestres, perdón, jupiterianos (este anti-humanismo no parece bradburiano, qué lejos de Las maquinarias de la alegría), quienes los explotan en horrendas y sucias explotaciones mineras (siempre son explotaciones mineras, ¿ qué nadie piensa en un crucero de explotación o algo así?). El flautista del título, un marciano vagabundo perteneciente a la poética Raza Dorada, recuerda que en las profundidades de Marte está el germen de su liberación, aunque ésta puede significar el fin de su propia existencia.

Ecuador (Brian Aldiss): Nada menos que una historia de espionaje escrita por Brian Aldiss, sólo que en lugar de una potencia extranjera que quiere conquistar el mundo libre, tenemos extraterrestres que quieren conquistar la Tierra. Hay romance también entre el involuntario espía terrícola y una bella contra-agente de otro mundo. Como todas las historias de James Bond, a estas alturas, el asunto deviene en humorístico. En un mundo sin Guerra Fría, la trama deviene en involuntariamente humorística.

Náufrago (Arthur C. Clarke): Para quienes suelen cuestionar las habilidades de Clarke como narrador, este cuento funciona como un perfecto tapabocas. Una joya de esas que no se producen así como así. Poético a su manera, nos narra el arribo de un ser nacido en condiciones atmosféricas completamente ajenas a nuestro hábitat terrestre, para quien la luz es oscuridad y la gravedad, el fin.


Daniel Salvo

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Editorial: A cien años de "El día trágico" de Clemente Palma





Hace 100 años tuvo lugar un acontecimiento astronómico muy importante: el paso del cometa Halley. ¿Y por qué fue importante? Por que, a diferencia de lo ocurrido en 1986 (recuerden que el cometa Halley nos visita cada 76 años), ocasión en la que pasó tan lejos que sólo fue avistado por muy pocas personas, en 1910 el cometa Halley ofreció un espectáculo más vistoso. Téngase en cuenta, además, la menor contaminación atmosférica y visual.

Sin embargo, cabe recordar el paso del cometa Halley en 1910 por otras razones. Entre ellas, ser la inspiración para que Clemente Palma escribiera uno de sus más conocidos cuentos: El día trágico, mediante el cual asistimos a un lúgubre fin del mundo a causa de los gases venenosos que contendría la cola del cometa Halley, en la cual nuestro planeta estaría por introducirse.

No hubo atmósfera envenenada, no hubo muertos por asfixia, aunque si muchos suicidios. El paso del cometa Halley fue inocuo.

Sin embargo, como lo evidencian las noticias de la época, así como El día trágico, la humanidad vivió, algunos en mayor medida que otros, en un mundo de ciencia ficción. Por un momento, todos fuimos seres involucrados en una catástrofe cósmica, todos participamos en la historia.

¿A qué me refiero? Pues a que hasta entonces, las nociones humanas relativas al fin del mundo venían todas de las religiones o de la ignorancia respecto a la verdadera naturaleza de ciertos fenómenos. O bien el fin del mundo era algo profetizado por la Biblia, el Corán o el libro sagrado de su elección, o se produciría por causas desconocidas.

Pero tras el avance de las ciencias, se abandonan estas nociones. Los cometas dejan de ser mensajeros de desgracias para convertirse en meros cuerpos celestes, sujetos a leyes susceptibles de deducirse. Tanto así, que Edmund Halley pudo calcular la órbita de dicho cometa ¡en 1705! "Esperen mi cometa en 1758", dijo.

Sin embargo, la ciencia no es una señora gorda que emite afirmaciones dogmáticas. Se basa en la prueba y el error, y formula hipótesis que deben ser demostrables. Y a veces, no se cuenta con la tecnología necesaria para probar ciertas hipótesis. De manera que para 1910, y a pesar de las innumerables voces que intentaban tranquilizar a la población, existía una gran parte de la población mundial que creía que el paso del cometa Halley ocasionaría el fin del mundo. Y no por que chocaría con la Tierra (la órbita estaba calculada), si no por que la cola del cometa, compuesta por gases nocivos, envolvería a nuestro planeta, llevando a todos los seres vivientes a una muerte segura por envenenamiento atmosférico. De modo que por una parte, la humanidad contó con la capacidad de prever la órbita de un cometa, y de otra, no pudo enfrentar sus temores (o deseos) más intensos, como pudo serlo el temor a la extinción. Colectivamente, y a pesar del desmentido que muchos hombres de ciencia realizaron en su momento, volvimos a convertir a un cometa en un mensajero de la desgracia. O bien volvió a ser una manifestación de la sempiterna cólera divina, o una demostración de lo insignificantes que somos los seres humanos ante el cosmos, unos seres que podían extinguirse envenenados por el mero paso de un cometa, así, sin pena ni gloria.

Clemente Palma, hábilmente, convirtió estos temores (que el sabía infundados, dada su afición a la ciencia) en materia ficcional, publicando por entregas (imagínense la angustia del lector, sugestionándose con esas lecturas, viviéndolas como un efectivo anuncio del fin de su existencia) El día trágico. Es de quitarse el sombrero esta estrategia editorial, que incluyó el uso de un seudónimo (Klingsor): Clemente Palma era conocido por su gusto por los temas macabros, de manera que un cuento publicado con su nombre tal vez no habría tenido el mismo efecto.

De manera que, además de ser un excelente cuento, El día trágico es también la crónica de un momento en la historia en el cual toda la humanidad fue protagonista (con suicidas incluidos) de una historia de ciencia ficción.

Y gracias a Clemente Palma (entre otros), los peruanos somos parte de esa historia.



Daniel Salvo

"Lo fantástico está muy relacionado con los fenómenos sociales y económicos". Entrevista a Elton Honores. (por César Arenas)





“Lo fantástico está muy relacionado
con los fenómenos sociales y económicos”.

Entrevista a Elton Honores
por César Arenas Ulloa
[i]





Elton Honores. Bachiller y Licenciado en Literatura (2008) por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con su tesis titulada: El cuento fantástico en la narrativa del cincuenta: 1950-1959. Bachiller y Licenciado en Educación (1999) por la misma universidad. Su principal campo de investigación es la literatura fantástica. Ha publicado reseñas y artículos de investigación en diversas revistas especializadas de literatura como Ajos & Zafiros, El Hablador, Casa de Citas, Ínsula Barataria, San Marcos, Tinta Expresa y Bocanada, además de un estudio sobre lo fantástico en el Perú, titulado «Oficio del buen sepulturero: Exhumación de la narrativa fantástica peruana», incluido en La estirpe del ensueño (2008). Es co-antologador del libro Los que moran en las sombras. Asedios al vampiro en la narrativa peruana (2010, en prensa). Ha sido ponente en diversos eventos nacionales e internacionales de literatura. Miembro del Comité Organizador del I Coloquio Internacional de Narrativa Fantástica: «Manifestaciones de lo fantástico peruano» (2008), del Coloquio Internacional «Lo fantástico en la literatura y arte en Latinoamérica» (2009), del Coloquio Internacional: «Julio Ramón Ribeyro: La palabra del mudo» (2009); y Presidente del Coloquio de escritores de literatura fantástica y ciencia ficción: «José B. Adolph» (2010) y del Coloquio Internacional: «Lo fantástico diverso» (2010). Actualmente concluye estudios de Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la UNMSM, es director de la revista de literatura Tinta Expresa y profesor en la Universidad San Ignacio de Loyola, en Lima.




CA: ¿Cómo nació tú interés por la literatura fantástica en específico?

EH: Eso es un asunto complicado. Me di cuenta de que antes de ingresar a San Marcos me interesaba el tema, pero no a nivel de investigación sino como lector voraz y entonces lo que empecé a hacer fue ir acumulando información; tenía un dossier más o menos importante de autores, de información que fui acumulando con los años. Cuando ingresé a literatura empecé a tomar ese tema como objeto de investigación, vi las posibilidades de ese material que había adquirido con los años, y decidí trabajarlo como tesis. Ahora, ¿Por qué me interesa lo fantástico? Es un poco complicado, de repente tiene que ver con la personalidad, algunos dicen eso, el investigador debe tener empatía con el tema, si no hay empatía, probablemente, el trabajo lo va llevar a cabo de una manera irregular. Una tesis no es un trabajo que a ti te imponen, es algo que tú desarrollas, tú tienes que tener interés por ese tema. Simplemente tenía interés. Ahora, desde el punto de vista… incluso político (no sé si sea la palabra), dos cosas: primero, que esta producción era una producción marginal, eso dentro de la historiografía literaria peruana, entonces era un conjunto de textos que no se había estudiado, no se había leído. Han habido intentos de poner en debate el tema de lo fantástico en el Perú pero no habían encontrado mayor eco, simplemente eran como voces aisladas que proponían, digamos, un corpus, que planteaban este problema pero no encontraban una secuencia a lo largo de varias décadas hasta fines de los años cincuenta. Ahí había un problema. Lo otro era, casi bukowskiano, de ir siempre a la contra; hay temas que ya están establecidos, que son como líneas aceptadas, como el indigenismo, por ejemplo; o los estudios coloniales, sobre todo en la Universidad Católica que fomenta mucho ese tipo de investigaciones, etc. Entonces, lo fantástico cómo que no entraba dentro del espectro de temas para investigar. Y hay un tercer punto: lo fantástico siempre había sido visto como una literatura evasiva, menor, escapista. Entonces yo buscaba más bien establecer una vinculación de lo fantástico y enmarcarlo en un contexto más concreto dado que se pueden establecer vinculaciones muy fuertes. Digamos que lo fantástico no está “en el aire”. Creo que lo fantástico tiene mucha relación con lo social, lo económico; y tiene también un componente político, solamente que la historiografía o los críticos no se meten en ese trabajo de exhumación…

CA: ¿Por qué elegiste a la generación del 50 para realizar tú estudio sobre lo fantástico?

EH: En la tesis hay un planteamiento de corpus fantástico que va desde el siglo XIX, pero que no lo desarrollo porque mi corpus se remite a los 50. ¿Por qué elegí la generación del 50? Básicamente porque al revisar esta producción fantástica te das cuenta de que la consolidación de este tipo de textos se da en esta generación. Tanto en términos cuantitativos como cualitativos, o sea, en cantidad y en calidad. Como que las cuatro líneas[1] ponen de manifiesto la diversidad de lo fantástico. No es un fantástico que se repita sino que hay variantes. Ese es un punto; es decir, para lo fantástico, los cincuenta son capitales, al menos para la literatura posterior, porque en los cincuentas la producción fantástica es más clara, por lo menos en secuencia; sobre lo otro, hay estudios que faltan realizar. Siempre que tú haces un estudio sobre autores contemporáneos, dejas de lado lo anterior. Ahora desde el punto de vista de la investigación, estudiar a autores del 50 permitía tener las fuentes primarias que eran accesibles. Trabajar literatura colonial es un poco complicado, tienes que buscar fuentes y muchas veces se encuentran en colecciones privadas. Digamos que trabajar los años cincuentas es más factible; está en prensa, puedes ir y revisar. Desde el punto de vista del acceso, más que todo.

CA: Otra cosa que me llamó la atención es que tú utilizas mucho en tu investigación los periódicos y revistas de la época, incluso mencionas que la difusión del cuento fantástico en los 50 tuvo un gran apoyo de la prensa escrita. Puedes comentar un poco esto.

EH: Ese circuito de circulación de los textos se ha dado en diferentes países de forma similar; es decir, existe mucha producción literaria, incluso teatro también, que está en prensa y que nunca ha llegado a una edición en el formato de libro. Pero no solamente del cincuenta, de los cuarenta, de comienzos de siglo e incluso en la literatura finisecular ocurre lo mismo. Hay mucha producción literaria que está en prensa, o sea en periódicos y revistas, que no se ha leído y no forma parte de nuestro corpus literario. En los 50 ocurre eso. Ahora, muchos autores de literatura fantástica publican en los medios que has mencionado; El Comercio, es un caso ejemplar. Pero no se ha analizado, entonces, son como autores inexistentes para la historiografía oficial. Ahí hay un problema.

CA: ¿Cómo encuentras la relación entre la narrativa urbana, la narrativa neoindigenista y lo fantástico presentes en los años cincuenta? Hay relaciones de subordinación, relaciones jerárquicas, conexiones. Por ejemplo, hay una gran conexión, que tú resaltas en tu tesis, entre la narrativa urbana y lo fantástico.

EH: Respecto de esa división de la narrativa de los años 50, de esas tres líneas, eso ya estaba establecido por otros autores, no es algo propio. Cornejo Polar habla de las tres líneas…

CA: Pero ¿Cuáles son las relaciones entre estás tres tradiciones y los autores de estas tradiciones? El canon privilegia líneas: la narrativa urbana por un lado y la neoindigenista por el otro, y relegó a la narrativa fantástica.

EH: Ahí creo que ya estamos entrando en un problema… incluso el propio Cornejo Polar, plantea estas tres líneas de realismo urbano, neoindigenismo y fantástico, pero él dice que esta última no fue constante sino “eventual”, lo cual, si tú vas a las fuentes primarias, no es del todo cierto. Lo que hay detrás de ese descuido es una postura respecto a lo que «debe ser» la literatura peruana. Pienso que la literatura peruana siempre se ha manejado por el “deber ser”, entonces se utiliza la literatura –en varios casos– de modo extraliterario para demostrar ciertas ideas políticas. Ahora, lo importante es enmarcar a todos estos autores. Incluso nuestra tradición crítica se funda también en los 50: Alberto Escobar, el propio Cornejo Polar, Francisco Carrillo. Pero ellos a su vez heredan una visión de la literatura que viene de Mariátegui. Y Mariátegui tiene una perspectiva muy particular. Entonces, cuando Cornejo Polar desarrolla esta idea de la tradición en un libro que es clave La formación de la tradición literaria en el Perú (1989), él sospecha que la tradición literaria se funda en la literatura andina y esta idea es la base de toda nuestra historiografía posterior. Al asumir como base de la tradición literaria peruana la literatura andina se va a dejar de lado, inevitablemente, otros discursos, otro tipo de literaturas, en este caso la fantástica que es simplemente marginada, incluso hasta el día de hoy…

CA: Quisiera entrar en tú elección por los autores que tratas en la tesis. ¿Por qué escogiste a estos autores que en el caso de Loayza o Rivera Martínez han comenzado a cobrar relevancia recién desde hace un par de décadas que en su momento no fueron tan bien acogidos? ¿Por qué elegir autores periféricos para su generación? Por un gusto por dar la contra o…

EH: No, no es un gusto por dar la contra, no tanto por eso. Lo que me interesaba en la tesis era demostrar la existencia de cuatro líneas. Entonces busqué a los autores, de cada línea obviamente, cuyas diferencias estuvieran más marcadas y que permitieran la diferenciación con los otros autores seleccionados. De los cuatro autores, Loayza desde que publica El avaro (1955) fue canonizado, al igual que sus compañeros de generación, cuando era muy joven. Eso es algo que ya no se da ahora, o sea, un poeta de veinte o veintiún años no sale en prensa, los críticos no le dan importancia; pero en los años cincuenta como hay un proceso de renovación y debido a que se quieren asumir como tales (el ejemplo es cuando salen «los poetas jóvenes» que son dos o tres nombres y pasan un par de años y sale nuevamente un escritor que se presenta como un «poeta joven» o dicen «somos estos y no aquellos, no los de antes»; es decir, los jóvenes tienen la necesidad de “reconocimiento”, que puede ser legítimo pero que en muchos casos se debe más bien a ciertas “poses”). Entonces son jóvenes y son canonizados; y Loayza es un caso. Cornejo Polar, cuando hace la distinción de las tres líneas, en la fantástica menciona solo a Loayza. Respecto a los otros autores, Rivera Martínez hacia los noventa se publican los 2 libros críticos que son estudios sobre el autor. En el caso de Luis Felipe Angell, es un poco complicado. Angell fue un autor muy popular, pero estaba asociado sobretodo a la literatura de masas, de entretenimiento, e incluso el humor –presente en su obra– es también una línea marginal; porque también hay producción en el campo del humor que tú puedes estudiar. Hay un corpus, pero ocurre lo mismo, nuestra tradición es la literatura andina y el humor no entra del todo. Y en el caso de Castellanos, sí es un autor que yo creo que es clave. Su libro se edito hace un par de años[2], porque en vida nunca editó. Él lo que hacía era regalar sus textos, casi como Luis Hernández. Es decir, no había un plan, un proyecto de libro. Cuando leí a Castellanos me di cuenta de que era un autor capital dentro de la línea que yo estaba trabajando, si bien en esa línea también incluyo a Ribeyro, y Ribeyro evidentemente es un autor del canon peruano contemporáneo. Pero preferí en este caso sí para contradecir (risas) trabajar a Castellanos. Me parecía que los rasgos del existencialismo y del absurdo eran más marcados que en Ribeyro. Lo que no quiere decir que sea mejor: simplemente es más marcado.

CA: Y era más arquetípico.

EH: Claro, digamos para contrastar con los otros autores que había elegido.

CA: En el caso de Luis Loayza, el profesor Marcos Mondoñedo en el artículo «Una piel de serpiente» habla de la filiación que hay entre la obra de este autor y la nouveau roman francesa. Él menciona la importancia que cobra para este tipo de relatos no tanto la narración como la descripción y que es esto lo que más choca con la tradición literaria peruana que está acostumbrada al predominio de la diégesis. ¿Esa forma tipo estampa presente en los microrrelatos cómo es asimilada por lo fantástico?

EH: Yo diría que la literatura, en general (con matices), no depende tanto de la forma. Sí tú piensas en una forma más tradicional como los relatos orales, siempre buscan narrar algo. Sobre las formas se puede discutir sí es la forma adecuada según sea el caso. Hay una influencia capital en Loayza de Juan José Arreola, no solamente en él sino en los autores del 50. Arreola, el propio Borges y Alfonso Reyes, el mexicano, que tiene también prosas breves. Es decir, Loayza no inventa la forma, simplemente realiza una colección novedosa, una renovación inteligente de las formas…

CA: Dentro de las líneas que has explicado, es singular la de lo maravilloso de Rivera Martínez porque él ha sido considerado durante mucho tiempo como parte del corpus neoindigenista o posindigenista y tú lo incluyes dentro de lo fantástico. ¿Cuál es la peculiaridad de Rivera Martínez que lo caracteriza como escritor de estilo maravilloso?

EH: El caso Rivera Martínez es interesante porque su primer libro El unicornio (1963), cuyos cuentos están fechados en los cincuentas aunque se publicó en los sesentas, según testimonios del propio autor, nunca circuló. Cuando lo leyó Arguedas, silencio absoluto, cuando lo leyó Salazar Bondy, igual; porque no comprendieron, porque ellos estaban manejando otro referente respecto a lo que “debe ser” la literatura andina. Y algo que está presente en los relatos de Rivera Martínez es lo fantástico porque si bien sitúa sus narraciones en el mundo andino, irrumpen elementos de la tradición occidental como el unicornio, entonces ahí está rompiendo el esquema de la literatura andina tal y como era entendido en esa época. Ese elemento creo que era importante, el entrelazar lo occidental con lo andino.

CA: Y ¿a qué crees que se deba esa conjunción? ¿De dónde parte eso?

EH: Él tiene un artículo sobre lo fantástico. Pero es un poco complicado hacer ese tipo de preguntas porque uno podría apelar un poco al biografismo. Lo que él ha comentado es que en su casa tenía una serie de libros que hacían referencia al mundo medieval europeo. Él también ha sido influenciado indirectamente, no de manera consciente, por algo que estaba allí en el ambiente, de la tradición occidental. Esa podría ser una respuesta. Entonces, cuando formaliza en su escritura, apela a aquello que ha asimilado porque para él es muy factible que un unicornio pueda aparecer en el mundo andino, pero para Arguedas, no. Arguedas es más cerrado, es un decir....

CA: Llegamos al punto central de la entrevista (sonrisa de Elton). ¿Cómo llegaste a concebir a la literatura fantástica en el Perú como una respuesta crítica a la modernización?

EH: Esa es una tesis que ya manejan otras autores para producciones similares en otros países. Siempre se habla de que, por ejemplo, en el siglo XIX en Inglaterra, lo fantástico se asentó como una reacción contra la modernidad que se estaba implantando. Pero digamos que la transposición de esa idea no se había llevado al plano latinoamericano y en particular, peruano. Buscando el factor ideológico que subyacen en los textos fantásticos, porque yo si creo en lo siguiente: hay un concepto de fantástico anglosajón que vincula esa propensión a la fantasía de modo general, eso funciona muy bien en Europa y en Norteamérica; pero en los países latinoamericanos pienso que lo fantástico está muy relacionado con los fenómenos sociales y los fenómenos económicos. Es decir, la relación es más fuerte. En el mundo anglosajón lo fantástico tiene que ver con la capacidad de invención de un autor, con la inventio, con la “alucinación”; pero en Latinoamérica no, en Latinoamérica hay un componente político muy fuerte. Entonces lo que yo hice fue ver cuál era la postura ideológica en estos textos. Cómo te digo hay un prejuicio que cae sobre esta producción que dice que es evasiva, que es literatura menor, de masas. Ahora, lo de masas también es complicado porque si tú piensas en los Estados Unidos, un país imperialista por excelencia, esta posición de literatura fantástica tiene distribución masiva, en estas revistas pulp, muy baratas de papel muy simple que se venden de manera masiva, es literatura de masas. Pero en el caso peruano, lo fantástico no es lectura de masas, o sea, es un tipo de literatura de élite. Solamente un par de iniciados como nosotros (risas) que somos los que leemos ese tipo de literatura y la consumimos. Desde nuestro sistema de producción y consumo es distinto. Y está idea de lo imaginativo que funciona muy bien en Europa, en América no funciona del todo. Entonces mi objetivo iba por ver cuál era la perspectiva que hay en estos textos y descubres que también hay una visión. Qué es el rechazo a la modernidad, en términos generales, porque en términos generales, puede haber variantes o contraejemplos… Agrego algo más sobre esta idea de lo evasivo, que tiene que ver con ciertos clichés de las editoriales, sobre todo. Por ejemplo, en Argentina en los años cuarentas, incluso en los cincuentas, he visto libros categorizados por públicos específicos. Hay libros que pueden ser consumidos solo por mujeres o por niños. Hay literatura de evasión también. Y dentro de la evasión entra el policial, lo fantástico, la ciencia ficción. Creo que esa terminología de lo evasivo jugó en contra del género; incluso acá en Perú, en La Prensa de los años 20, se editaban unos libros de literatura universal y yo recuerdo haber leído en un catálogo las obras de Poe que eran catalogadas como “Literatura para mujeres” (risas). Eso resulta interesante para ver la recepción y todo este dialogo entre lector y el consumo… La idea era ver la perspectiva ideológica que manejaban estos cuentos, y era una perspectiva que iba en contra, en contra de ese proceso de modernización...

CA: Eso explicaba varias cosas, como la elección por los mundos representados urbanos que son el escenario de la modernidad. Sin embargo, otra cosa que me pareció interesante es cuando tú mencionas los tópicos de esa literatura fantástica. Tú hablas de dos principalmente: el bestiario y el doble. ¿Has rastreado una especie de herencia de estas figuras dentro de la tradición literaria peruana? Y ¿cómo funcionan como mecanismos de crítica de la modernidad?

EH: El doble es un tópico canónico dentro de los estudios sobre lo fantástico y se vincula a la identidad, a los problemas de la identidad. Ahora si tú te pones a pensar en qué somos los peruanos, cómo podemos definirnos, entonces te das cuenta de que el doble siempre va a estar presente. Porque no sabemos lo que somos. Al menos yo no sé, no sé ustedes, si lo saben, díganmelo, por favor (risas). Entonces el doble es un tópico que se puede rastrear desde Palma. Clemente Palma sería uno de los primeros, desde él se puede ver el tópico del doble hasta hoy. Ribeyro también, en los cincuentas. Pero lo interesante era lo siguiente: cuando se habla de doble desde la teoría de lo fantástico anglosajón, el doble funciona de una determinada manera, entonces el error que uno podría cometer es tratar de trasponer esas lecturas de esos textos que son textos distintos a los que se producen acá y pensar que el doble también cumple la misma función. Pero digamos que frente al contexto de producción social e histórico, me animo yo a lanzar la hipótesis que está en la tesis, de que además del conflicto con la identidad que plantea el tópico del doble también tenía que ver con la irrupción de un sujeto distinto que sería el sujeto migrante. Que pone en tensión a este sujeto antiguo porque justamente sí en algo se puede entender está producción fantástica es de que ellos rechazan esos procesos de modernización, en este caso, social. Ven conflictiva la idea de un sujeto distinto que comienza a llegar a la ciudad y eso se ve en estos autores. Pasa lo mismo con Felipe Buendía, en él es clarísimo. Él está muy anclado en lo criollo entonces va a rechazar estas irrupciones desde el punto de vista a partir del doble… Ahora, respecto a está idea de bestiario, habría que pensar en estos primeros textos de los cronistas, cuando la mentalidad occidental llega a América, lee la realidad desde sus códigos, vienen también con un imaginario que actualiza el bestiario medieval, y van como plantilla, identificando a los seres que convenga. Un poco cómo si esta idea de bestiario formase parte de la realidad «latinoamericana», pero también habría que agregar un dato contextual, después de la posguerra, de la Segunda Guerra Mundial, comienza nuevamente la producción de este tipo de textos. Acá no se inventa la pólvora. Eso viene de Argentina, de Cortázar, de Borges, de Arreola que también trabajan con estas formas… Cuando estaba ordenando la tesis alguien me preguntó: “Ah bueno, qué interesante pero ¿dónde está nuestro Borges?, ¿quién es nuestro Cortázar?, ¿quién es nuestro Bioy Casares?” Entonces yo simplemente puedo responder que no vamos a encontrarnos con un Borges ni con un Bioy Casares. Vamos a encontrar a otros autores que tienen otros rasgos distintos porque la realidad peruana es diferente de la argentina. Por eso, sí bien se traspone el tópico del bestiario va a tener diferencias del que se hace en Argentina, etc...

CA: Hablaste de los sujetos marginales, que es algo que también mencionas en tu tesis, que es un componente generacional: Reynoso, Ribeyro. Pero otra característica que me parece particular es la de que los autores que has investigado utilizan de preferencia al narrador-personaje. ¿Por qué crees que desde este punto de enunciación es desde donde construyen sus ficciones?

EH: Nuevamente insisto, eso responde a formas que están a la disposición del autor. Pero si tuviéramos que tratar de buscar alguna explicación, recuerda que el narrador en primera persona tiene una ventaja: permite que el lector se fie de lo que están narrando en estos relatos fantásticos. Aunque no necesariamente, ahora que pienso en el caso de Castellanos, Crisálida, es un cuento extenso, está narrado en tercera persona. César Vallejo tiene Fabla salvaje (1923) y Escalas melografiadas (1922) en donde hay elementos fantásticos, solamente que no se han leído en esta línea… Cornejo Polar hace una lectura sobre el punto en cuestión: él va por el lado de la especialización. Digamos que esto trae a un narrador que ya no se ocupa de toda la realidad sino de partes, de “parcelas”. Estaría más centrado sobre sí mismo; ya no es un narrador que conoce todo sino un narrador que conoce partes de la realidad…

CA: Esto me lleva a preguntarte ¿por qué es que estos autores utilizan en su mayoría la forma del relato?, ¿por qué no construyen novelas o grandes narraciones? ¿A qué se debe?

EH: Primero, recuerda que la tradición novelística peruana es parte de un lento proceso que se consolida en siglo XX. Ello ya implicaría un problema en cuanto a producción. Podría haber otra hipótesis. Recuerda que estos textos se publican en prensa. Y ya tienen un formato, una extensión que no permite la idea de una novela y por eso los relatos son breves. Ahora, recuerda también de que –puede sonar un poco infundado– pero la novela implica tiempo, implica un trabajo de largo aliento. Y quizá los autores estaban más interesados en la bohemia (risas). Pero es una razón estúpida porque puede ocurrir que un escritor bohemio escriba una novela, o sea, no tiene nada que ver… Creo que responde sobretodo al soporte. Y no solamente al soporte de los diarios sino también a la posibilidad de venta de los libros. Imagínate, sí ya era difícil publicar un libro de cuentos, que circulaban en revistas, qué pasaría con la novela. Su distribución era mucho más complicada. Esa podría ser una explicación…

CA: Ya casi para terminar la conversación ¿cómo encuentras la evolución de la narrativa fantástica desde los años cincuentas hasta la actualidad en base a esas cuatro líneas que habías especificado en tu tesis?

EH: Las cuatro líneas digamos que funcionan para la producción del 50 y un poco clarifican el panorama. Lo que podría señalar es que a partir de los años cincuentas, como te había comentado, hay una constante. La producción narrativa fantástica peruana es más sólida. Solamente que desde la perspectiva de la crítica se ha seguido leyendo a autores particulares desvinculados de esta gran generación. Pienso que la narrativa fantástica contemporánea peruana es una de las mejores, o en todo caso no tiene nada que envidiarle a la tradición argentina o mexicana, que son como las grandes, los países donde sí ha habido un desarrollo mayor; y curiosamente en esos dos países, en Argentina y en México, son países donde en los años cuarentas y cincuentas circularon revistas al modo de los pulps norteamericanos de los treinta, es decir, hubo un circuito de circulación mayor de estos textos que fomentó una producción local. Hubo también revistas de ese tipo en España... Eso no hubo acá, y pienso que tampoco va a haber. O sea no hubo ni tampoco puede haber. ¿Sabes por qué? Se lo planteaba a un amigo. Ahora hay autores contemporáneos que escriben literatura fantástica. Pero pasa por un problema económico, un problema de dinero para editar una revista. Pero también porque el escritor peruano todavía no ha conseguido un estatus que le permita dedicarse a la escritura a tiempo completo. El escritor o bien es profesor universitario o bien se dedica al periodismo en el mejor de los casos. Imagínate –porque estás revistas eran revistas mensuales o bimensuales–, ¿tú te imaginas a escritores contemporáneos que escriban un cuento cada mes o dos meses? Sería imposible porque digamos ellos escriben “robándole” tiempo a su trabajo (lo mismo ocurre con la investigación: para investigar, tienes que haber resuelto tus necesidades básicas, sino, resulta casi imposible). Entonces no son escritores a tiempo completo, cosa que sí pasa en el mundo anglosajón. Allá, hasta un escritor terriblemente “malo” puede vender sus libros y vivir de eso. Ese es un factor importante para tener en consideración. Insisto, pienso que la tradición fantástica contemporánea no tiene nada que envidiar a otras literaturas, solamente que hay otro factor que es el que tienen que cumplir las misma editoriales que deben difundir a los autores. México y Argentina, y eso lo leí en un artículo, sus autores de narrativa fantástica no necesariamente son los mejores sino que simplemente sus editoriales tienen el poder como para colocarlos en el mercado de otros países. Cosa que tú no puedes hacer con los autores locales, o sea, no puedes colocar a un autor de literatura fantástica peruana en Argentina, Colombia o en México. Entonces ¿Que es lo más fácil para una editorial?, porque el escritor tiene que cumplir solo con escribir (y escribir bien) y las editoriales tendrían que encargarse de hacer su trabajo (en un sistema moderno), pero el circuito de circulación local es todavía muy subdesarrollado. A una editorial más fácil le va a resultar editar un libro ya canónico, apelar a un clásico, editar un best-seller potencial o un libro que se va a usar en las escuelas que editar a un autor de narrativa fantástica y así este sigue siendo un excluido junto a otros tipos de literaturas, como la andina, incluso. Espero que esa situación se revierta en los próximos años.



[1] Las cuatro líneas del cuento fantástico de los 50 establecidas por Honores son: estilística-minificcional (Luis Loayza Elías), humorística (Luis Felipe Angell de Lama), maravillosa (Edgardo Rivera Martínez) y absurdo-existencial (Alfredo Castellanos Barreda). Nota del entrevistador.
[2] Relatos fantásticos, 2006.





[i] César Arenas Ulloa. Estudiante de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es miembro de la Red Literaria Peruana (RELIT). Ha sido ponente en el I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Literatura Peruana.

Literatura fantástica en el Perú: Una entrevista con Elton Honores












(Entrevista realizada luego de la presentación del cuarto número de la revista de Literatura Tinta Expresa, realizada en el Centro Cultural de España, el día martes 10 de agosto de 2010).

Los salvadores de Quispichix. El demonio de las dos caras (Amador Caballero)







Caballero, Amador. Los salvadores de Quispichix. El demonio de las dos caras. Lima: Editorial Casatomada, 2010. 197 pp.


Entre los géneros literarios más fascinantes surgidos en nuestra historia universal tenemos a la ciencia ficción. Corriente, no solo literaria, sino también artística que ha sido explotada arduamente por los narradores, poetas, pintores, dramaturgos, autores de cómics, directores de cine, etc. Sin embargo, a pesar de su inmensa popularidad (acompañada muchas veces de una escasa calidad), la ciencia ficción es un género que aún no goza de estatutos que la definan como tal, lo cual provoca que haya muchos textos que no puedan encajar en dicha taxonomía. A lo que me refiero con dicha aseveración es que los límites de la ficción científica aún son nebulosos e indefinibles y dudo mucho que, en los próximos años, algún estudioso sesudo pueda decirnos porque una novela es o no del género que nos ocupa. John W. Campbell, prestigioso director de la mítica revista Astounding, decía que ciencia ficción es todo aquello que se publica en las revistas de ciencia ficción, comentario que nos remite a lo siguiente: Hubo y hay libertad entre los editores, lectores y los propios autores para incluir un texto dentro de dicha corriente. He analizado muchos casos dentro de mi país y en el extranjero, y he comprobado que, generalmente, cuando una obra es catalogada como ciencia ficción por uno de estos tres bastiones (editor, lector o autor) resulta siendo de tal género. Esto a modo de anécdota. Abundan más los casos en los que a las obras de ficción científica no se les reconoce como tales y se les brinda otros rótulos, mayormente inventados, mal manejados o torpes. Esto es muy penoso. Porque estoy seguro que la gente que habla mal de dicho género, nunca lo ha leído o no lo ha absorbido como debe ser, es decir, consumiendo buena ciencia ficción literaria. Hay quien dijo que La carretera de Cormac MacCarthy no es ciencia ficción porque el tema no es la ficción científica, sino la relación entre un padre y su hijo. Bueno, el tema puede ser cualquiera. La amistad entre un hombre y una bestia, por ejemplo. Pero si la ambientación corresponde a la ciencia ficción, entonces estamos ante una ficción científica. Y si el autor de dicha obra dice que no es así, no le creamos. El escritor es el menos indicado para juzgar una obra suya, ya lo dijo el maestro Stephen King. Tengo la impresión de que la ciencia ficción es uno de los géneros que más se consume y, al mismo tiempo, resulta ser el menos conocido por el ciudadano de a pie. Esto resulta curioso porque ésta podría ser una de las vertientes de la literatura más rica en subgéneros que existe. Tenemos las utopías, las distopías, las ucronías, la space ópera, los mundos paralelos, alternativos, apocalípticos, post-apocalípticos, etc. Demos un pequeño vistazo a la ucronía, esta vertiente puede, incluso, contener a dos subgéneros muy trascendentales: El steampunk y el cyberpunk. Subgéneros dentro de otros subgéneros. No olvidemos además las combinaciones de géneros: La ciencia ficción de terror (It de Stephen King, Watchers de Dean R. Koontz), la ciencia ficción policial (Las bóvedas de acero y El sol desnudo de Isaac Asimov). La ciencia ficción política, sociológica, antropológica, teológica, etc. Esta pequeña introducción nada más pretende convencerlos de las múltiples posibilidades de la ciencia ficción como género literario, como arte y como medio de expresión. Ahora me gustaría hablar de una cosa muy interesante de la cual, ustedes, amables oyentes, quizá no estén enterados. La relación entre ficción científica e imaginación.



Veamos, la ciencia ficción es el género de la imaginación. La imaginación es parte de un proceso. Al imaginar se inventa o se recrea. Dependiendo de si se escribe o se lee. O si de solo se piensa. Cuando uno escribe crea y/o construye. Cuando uno lee recrea o arma, de acuerdo a las señales o piezas que le brinda el escritor. De esta manera podemos dilucidar que en el proceso de escritura, que es lo que nos ocupa, pueden existir dos tipos de imaginación: La constructiva y la creativa. Lo que menciono no forma parte de ninguna teoría ni estoy citando a ningún estudioso, solo es parte de mi visión personal. Para ser mejor entendido procedo a explicar cada una de estas manifestaciones del proceso de imaginar. Los escritores realistas construyen, cimientan (imaginación constructiva). Toman como base la realidad y, de esta manera, edifican una construcción compleja y elaborada que comprenderá personajes, diálogos, situaciones que se escribirán en pos de dar a luz un discurso. Los escritores fantásticos crean, inventan. En especial, los de ciencia ficción. No se valen de la realidad para construir sus edificios. Conciben otra realidad y, a partir de esta, sostienen el mundo, los seres y los sucesos derivados paridos por su imaginación. Y muchos autores de ciencia ficción no solo crean, sino que también construyen sobre los mundos que han creado. Realizan una doble labor. Deben edificar universos que no puedan desmoronarse. Por eso los escritores de ficción científica siempre me fascinarán.

A lo que voy es lo siguiente: Creo que la ciencia ficción es el género más completo que existe, lo cual no significa que sea el mejor. Cada vertiente de la literatura es valiosa siempre en manos de un escritor hábil. No hay géneros mejores que otros. No obstante, la metodología en el arte de contar varía de una corriente literaria a otra. Pero he de dejar algo en claro: Existen dos tipos de literatura (y no voy a caer en el cliché de decir buena y mala literatura, lo ideal es que la literatura sea siempre sea buena. Existen sí los buenos y malos discursos). Disculpen la divagación, existe la literatura construida a partir de la realidad y la literatura construida a partir de la irrealidad. Literatura escrita a partir de la realidad que conocemos y literatura escrita a partir de una realidad nacida de la mente de un autor. Piensen en una novela donde se invente todo, hasta el más mínimo detalle. Se tratará de un proceso imaginativo llevado al límite. En resumen, si el autor crea una civilización ubicada en otro planeta, con costumbres extravagantes, con formas físicas estrambóticas, estará creando una realidad a partir de una irrealidad. Creo que esto ya lo mencionó el genial Philip K. Dick alguna vez. La escritura de tal discurso, en mi opinión, requiere de una enorme imaginación, herramienta clave de todo escritor. Y de una mente ciento por ciento arquitectónica. Ejemplos: La saga Dune de Frank Herbert, El señor de los anillos de Tolkien, El hombre cubista de Alberto Hidalgo. ¿Se dan cuenta de que solo una de estas tres obras es de ciencia ficción? Porque no es una cuestión de géneros, sino de una construcción discursiva a partir de una realidad preconcebida. Esto solicita que brindemos una breve mirada a la relación entre imaginación y proceso de escritura. No deseo expandirme mucho en este tema, de modo que lo dejaré para otra oportunidad. Por eso concluyo este punto, diciendo que existe una ciencia ficción escrita a partir de un asombroso proceso imaginativo. A veces me pregunto: ¿Qué escritor es capaz de realizar tan magnánima labor? Pues muchos. Las novelas con mundos creados se han escrito desde siempre y, de seguro se seguirán escribiendo hasta que se acabe el verdadero mundo.

En nuestro país, el género de la imaginación se ha ido consolidando a paso lento, aunque seguro. Desde la época en que ese genio llamado Clemente Palma publicaba, hasta los tiempos de José B. Adolph, escritor muy respetado en el extranjero. Y, lamentablemente, poco conocido en nuestra patria. La ficción científica ha estado siempre, de algún modo, rezagada a un segundo plano por la crítica literaria. Sin embargo siempre hemos tenido escritores que han incursionado en la ciencia ficción: Eugenio Alarco, J. M. Estremadoyro, Juan Rivera Saavedra, que son solo algunos de los referentes más importantes. En la última década han ido sonando algunos nombres importantes dentro del circuito literario nacional. Tenemos a José Güich Rodríguez, Alexis Iparraguirre, Daniel Salvo, Luis Bolaños De la Cruz, Adriana Alarco de Zadra, Tanya Tynjälä, Pedro Félix Novoa, Yelinna Pulliti, Pablo Nicoli Segura, y tantos otros, cuyos maravillosos escritos demuestran que sí existe una ciencia ficción nacional. No hablo de un grupo de autores que se reunieron y decidieron que escribirían ficción científica, hablo de escritores que consumieron este género como debía ser y decidieron, de modo individual, expresar su arte a través de dicha corriente. Lo cual tampoco indica que todo lo que escriban sea ciencia ficción, sino que gran parte de lo que han escrito se circunscribe a ese género y, definitivamente, está muy bien escrito. Lo cual indica nuevamente que en la literatura peruana el género no es ningún problema siempre y cuando el escritor sea efectivo.


Por eso ha sido una agradable noticia saber de la novela de Amador Caballero: Los salvadores de Quispichix, subtitulada: El demonio de las dos caras (lo cual me hace deducir que estoy ante la primera parte de una saga). Resultado de una magnífica iniciativa por parte de la editorial Casatomada.

Esta obra es ciencia ficción en todo el sentido de la palabra. Por múltiples factores. Menciono uno, muy contundente: La acción se desarrolla en el planeta Paccha. Un fascinante mundo concebido por una imaginación que, a todas luces, se muestra fértil y segura. Es sorprendente como, en solo dos líneas, el autor logra sumergirnos de inmediato en el mundo epistémico creado por él. Caballero no subestima al lector y eso resulta agradable. Cito, por única vez, del texto:


Dos Lunas iluminaban la triste noche del cielo de Paccha, un planeta de cuatro continentes, habitado por los pequeños y peludos runas...” (9).


Así arranca la novela. Ahora analicemos, muy brevemente, un par de puntos básicos de la obra: No soy afecto de encuadrar una obra dentro de una clasificación taxonómica. Al menos, no lo hago a menudo. Sin embargo, en esta oportunidad voy a hacerlo, a fin de poder explicar mejor mi punto de vista al respecto. Los salvadores de Quispichix... podría encuadrarse en lo que llamamos La ciencia ficción épica. Un género bastante interesante ya que conforma una mezcla de fantasía épica (con su mundo fascinante, sus héroes, doncellas, monstruos y villanos) y ficción científica. En lo que concierne a la Epic Fantasy, tenemos a J. R. R. Tolkien como el más grande representante. Amador Caballero ha diseñado un universo que no se parece al de Tolkien, sin embargo mantiene la misma esencia. El mismo espíritu. Esto resulta, en suma, alentador para nuestras letras. Un autor capaz de diseñar una novela donde todos sus elementos cuajen y funcionen con gran precisión, es digno de respeto. Como dije, tiene elementos de un género en el cual, la acción trepidante y la aventura son las constantes básicas. También pueden notarse otros aspectos de dicha corriente como la superstición y la brujería. Sin embargo, es ciencia ficción también y no solo porque la trama se desarrolle por entero en un planeta lejano. Ese sería un recurso muy fácil. Sino porque hay mecanismos y elementos de la ficción científica. Dos ejemplos: 1) La tecnología armamentística del ejército villano y 2) Las capacidades mentales ultra desarrolladas de toda una raza (los apurunas).

¿Podríamos estar hablando entonces de un pasado remoto peruano? Claro que no, hablamos de un mundo paralelo. Donde muchos de los temas humanos como el honor, la valentía y el amor (frenado por las barreras raciales) funcionan de manera adecuada. El texto me recordó, por cierto, a las leyendas del imaginario andino y selvático. Con sus fantásticas criaturas y espíritus ancestrales. Es una suerte de Asgard en el Perú. Nuestro país goza de una inmensa cosmogonía, un universo de seres fabulosos que es muy superior al de otras culturas. Muchos autores han tratado en sus libros el asunto de estas entidades, sin embargo pocos lo han hecho con seriedad y con oficio. Caballero, en esta novela, logra lo que pocos, abre las puertas de esta otra dimensión, mostrándonos sus entrañas. Sus personajes. Y sus criaturas de ensueño. Y de pesadilla.

En la novela, el mundo de los runas (divididos en apurunas, runasalqas y runas comunes) es invadido y dominado por el demonio Ahanash. Según la profecía del sabio Quispichix, tres niños están destinados a convertirse en los héroes que acabarán con las huestes malignas y devolverán la libertad al planeta Paccha. Kuya, hija de los guerreros Kallpa y Janaxpacha, es la primera en aparecer. En cierto momento su padre es asesinado. Ella es, desde entonces, protegida por su madre. Lamentablemente llega a ser capturada por el demonio. No obstante, consigue escapar, al mismo tiempo que descubre cuál es su misión. Surge después un niño llamado Wintata, quien también resulta ser un elegido. A partir de ese momento los protagonistas inician la búsqueda de la tercera niña. Este peregrinaje desembocará en una aventura llena de acción, romance y misterio. Los niños no estarán solos, sus familias les apoyarán en la concreción de su empresa, incluso, los pueblos sometidos olvidarán sus diferencias en pos de lograr la libertad anhelada.


La obra, narrada con un lenguaje certero, nos remite a varios aspectos importantes: La entrega por la causa y el honor. Cabe decir, que lo que parece fantástico en el texto no lo es, ya que todos los fenómenos acaecidos están sujetos a las leyes del planeta Paccha; me explico: El hecho de que una mujer que se transforme en bestia en el planeta Tierra ha de ser visto como un evento fantástico. En cambio, según la biología del planeta Paccha, escenario de la novela, este fenómeno es posible ya que se encuentra sujeto a las reglas científicas de este mundo (en ciencia se le conoce como Metamorfosis). Desde este mismo punto de vista, podríamos aceptar una fusión entre espiritualidad y ciencia que abarca gran parte del texto. Nótese al leer el texto el papel de Los elegidos, los tres héroes destinados a combatir las fuerzas oscuras. Hay una visión de tipo religioso. La salvación de la humanidad gracias a tres niños. La lucha eterna entre el bien y el mal. El sacrificio de los pueblos para salvaguardar la vida de los elegidos a fin de que puedan cumplir su misión. La presencia de espíritus que circular alrededor de los personajes para ayudarlos o atormentarlos. El rótulo de demonios para los antagonistas.

La psicología de los personajes también resulta interesante. Para citar un solo ejemplo, el máximo villano tiene un lado oscuro que en algún momento de su vida logró dominarlo.


En el aspecto formal notamos una abundancia de diálogos, lo cual indicaría un gusto del autor por el género dramático. Tanto por la efectividad de las conversaciones como por la disposición de los escenarios donde tienen lugar las mismas.


Los salvadores de Quispichix. El demonio de las dos caras resulta una obra plagada de acción que se lee de un tirón. Nos presenta así a un escritor que piensa bien sus argumentos, que demuestra una gran capacidad para conectar con el lector y que le da la importancia debida al contenido de su discurso. Amador Caballero, estoy convencido, puede ya, con toda virtud, ser considerado como un valioso referente de la literatura fantástica actual.



Carlos Enrique Saldivar

Revista NM N° 6 (VV.AA.)




Samain (noviembre) 2007

Ilustración de portada: Malar



La visita (Adriana Alarco de Zadra): Si hay una autora que siempre me sorprende, es Adriana Alarco. No solo por su infatigable y única labor en la conservación del patrimonio de Ricardo Palma (a ella se debe que el inmueble en el que vivió nada menos que el autor de las Tradiciones Peruanas, texto fundacional de la cultura peruana donde los haya, aún siga en pie); sino por la calidad y singularidad de los cuentos que escribe. Siempre con un toque muy suyo, muy sorpresivo... y muy femenino. Hasta la locura acaba siendo objeto de veneración en su prosa, como lo prueba este cuento donde las fronteras entre las realidades son más que difusas, con un giro de tuerca de esos que dejan al lector con la boca abierta.

Manuel o la virtud de vivir en este mundo (Daniel Barbieri): Anticipándose (y con mucha mayor calidad, por cierto) al auge de cierta temática narrativa que no mencionamos para no arruinar el sorpresivo final de este cuento, Barbieri logra reflejar el pesimismo y el hastío que embargan a cierta clase de personas (para que luego digan que la filosofía es algo inocuo). El mundo les fascina pero también les cansa. Les intriga pero también les aburre. Como estar muertos en vida. Como no-muertos...

El ruido (Maximiliano Sambucetti): Una historia delirante pero con punch. El aparentemente tópico tema de si la realidad es un simulacro o es, valga la redundancia, real. Asumir la verdad es una cosa. Aprender a vivir en esa nueva verdad, otra. Vamos, ¿quién no quisiera decirle un par de frescas a Dios?

Huesos (Diego Escarlón): Espeluznante relato sobre un crimen y su castigo... o de un castigo y su crimen. Todo acto acarrea sus consecuencias. Y aunque la justicia sea ciega, puede condenar a alguien a VER... por toda la eternidad.

Carmiña "release" 2.0 (Marcelo C. Cardo): El título del cuento me sonaba conocido, de los tiempos de mi infancia, de los años setenta del siglo XX, de cuando la televisión era en blanco y negro... Por suerte, en mi casa no teníamos, por que entonces, con toda seguridad, habría visto un culebrón de esos, la telenovela "Carmiña", que era el comentario general durante las horas de recreo (y eso que mi colegio era de varones...). La versión que hace Marcelo C. Cardo es, definitivamente, mucho mejor. Un culebrón de esos, si, con trama llorosa y final... de telenovela. Leánlo.

Cuidador de estrellas (Adrián N. Escudero): El universo tiene una historia, que puede narrarse desde diversos puntos de vista. Puede ser una historia de evolución, de mero azar jugando con las partículas elementales. Pero también puede una historia de creación, traición, lucha, muerte, resurrección y victoria... que transcurre en siete días.

"Nergum Astrum" (Miguel Á. López Muñoz): La narrativa que puede llamarse de "fantasía histórica" es una de mis favoritas. Es como el steampunk, pero abarca periodos más que anteriores a la era del vapor en Europa, como es el caso del renacimiento italiano, con un Leonardo da Vinci detentador del conocimiento acumulado en la Biblioteca de Alejandría, que no ha desaparecido bajo la locura fundamentalista, sino que sigue irradiando la luz del conocimiento, llevando a los sabios a desarrollar máquinas basadas en la electricidad (magistralmente descrita como tecnología ambarina). Europa florece material y culturalmente. Pero una amenaza venida de más allá de los confines del sistema solar está a punto de destruir esa utopía. ¿Se trata de un fenómeno natural, o hay una inteligencia detrás de la amenaza?

El timo en Sijha (M. C. Carper): Los contactos con otras inteligencias nos traerán, sin duda, muchas sorpresas, y no todas agradables. ¿Cómo será la idiosincracia de seres de otros mundos? ¿Tendrán también religión, modas, crimen, policías y ladrones, buenos y malos? Algo me dice que los terrestres no nos vamos a aburrir después del primer contacto...


Daniel Salvo