(Entrevista realizada luego de la presentación del cuarto número de la revista de Literatura Tinta Expresa, realizada en el Centro Cultural de España, el día martes 10 de agosto de 2010).
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Literatura fantástica en el Perú: Una entrevista con Elton Honores
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Los salvadores de Quispichix. El demonio de las dos caras (Amador Caballero)

Caballero, Amador. Los salvadores de Quispichix. El demonio de las dos caras. Lima: Editorial Casatomada, 2010. 197 pp.
Entre los géneros literarios más fascinantes surgidos en nuestra historia universal tenemos a la ciencia ficción. Corriente, no solo literaria, sino también artística que ha sido explotada arduamente por los narradores, poetas, pintores, dramaturgos, autores de cómics, directores de cine, etc. Sin embargo, a pesar de su inmensa popularidad (acompañada muchas veces de una escasa calidad), la ciencia ficción es un género que aún no goza de estatutos que la definan como tal, lo cual provoca que haya muchos textos que no puedan encajar en dicha taxonomía. A lo que me refiero con dicha aseveración es que los límites de la ficción científica aún son nebulosos e indefinibles y dudo mucho que, en los próximos años, algún estudioso sesudo pueda decirnos porque una novela es o no del género que nos ocupa. John W. Campbell, prestigioso director de la mítica revista Astounding, decía que ciencia ficción es todo aquello que se publica en las revistas de ciencia ficción, comentario que nos remite a lo siguiente: Hubo y hay libertad entre los editores, lectores y los propios autores para incluir un texto dentro de dicha corriente. He analizado muchos casos dentro de mi país y en el extranjero, y he comprobado que, generalmente, cuando una obra es catalogada como ciencia ficción por uno de estos tres bastiones (editor, lector o autor) resulta siendo de tal género. Esto a modo de anécdota. Abundan más los casos en los que a las obras de ficción científica no se les reconoce como tales y se les brinda otros rótulos, mayormente inventados, mal manejados o torpes. Esto es muy penoso. Porque estoy seguro que la gente que habla mal de dicho género, nunca lo ha leído o no lo ha absorbido como debe ser, es decir, consumiendo buena ciencia ficción literaria. Hay quien dijo que La carretera de Cormac MacCarthy no es ciencia ficción porque el tema no es la ficción científica, sino la relación entre un padre y su hijo. Bueno, el tema puede ser cualquiera. La amistad entre un hombre y una bestia, por ejemplo. Pero si la ambientación corresponde a la ciencia ficción, entonces estamos ante una ficción científica. Y si el autor de dicha obra dice que no es así, no le creamos. El escritor es el menos indicado para juzgar una obra suya, ya lo dijo el maestro Stephen King. Tengo la impresión de que la ciencia ficción es uno de los géneros que más se consume y, al mismo tiempo, resulta ser el menos conocido por el ciudadano de a pie. Esto resulta curioso porque ésta podría ser una de las vertientes de la literatura más rica en subgéneros que existe. Tenemos las utopías, las distopías, las ucronías, la space ópera, los mundos paralelos, alternativos, apocalípticos, post-apocalípticos, etc. Demos un pequeño vistazo a la ucronía, esta vertiente puede, incluso, contener a dos subgéneros muy trascendentales: El steampunk y el cyberpunk. Subgéneros dentro de otros subgéneros. No olvidemos además las combinaciones de géneros: La ciencia ficción de terror (It de Stephen King, Watchers de Dean R. Koontz), la ciencia ficción policial (Las bóvedas de acero y El sol desnudo de Isaac Asimov). La ciencia ficción política, sociológica, antropológica, teológica, etc. Esta pequeña introducción nada más pretende convencerlos de las múltiples posibilidades de la ciencia ficción como género literario, como arte y como medio de expresión. Ahora me gustaría hablar de una cosa muy interesante de la cual, ustedes, amables oyentes, quizá no estén enterados. La relación entre ficción científica e imaginación.
Veamos, la ciencia ficción es el género de la imaginación. La imaginación es parte de un proceso. Al imaginar se inventa o se recrea. Dependiendo de si se escribe o se lee. O si de solo se piensa. Cuando uno escribe crea y/o construye. Cuando uno lee recrea o arma, de acuerdo a las señales o piezas que le brinda el escritor. De esta manera podemos dilucidar que en el proceso de escritura, que es lo que nos ocupa, pueden existir dos tipos de imaginación: La constructiva y la creativa. Lo que menciono no forma parte de ninguna teoría ni estoy citando a ningún estudioso, solo es parte de mi visión personal. Para ser mejor entendido procedo a explicar cada una de estas manifestaciones del proceso de imaginar. Los escritores realistas construyen, cimientan (imaginación constructiva). Toman como base la realidad y, de esta manera, edifican una construcción compleja y elaborada que comprenderá personajes, diálogos, situaciones que se escribirán en pos de dar a luz un discurso. Los escritores fantásticos crean, inventan. En especial, los de ciencia ficción. No se valen de la realidad para construir sus edificios. Conciben otra realidad y, a partir de esta, sostienen el mundo, los seres y los sucesos derivados paridos por su imaginación. Y muchos autores de ciencia ficción no solo crean, sino que también construyen sobre los mundos que han creado. Realizan una doble labor. Deben edificar universos que no puedan desmoronarse. Por eso los escritores de ficción científica siempre me fascinarán.
A lo que voy es lo siguiente: Creo que la ciencia ficción es el género más completo que existe, lo cual no significa que sea el mejor. Cada vertiente de la literatura es valiosa siempre en manos de un escritor hábil. No hay géneros mejores que otros. No obstante, la metodología en el arte de contar varía de una corriente literaria a otra. Pero he de dejar algo en claro: Existen dos tipos de literatura (y no voy a caer en el cliché de decir buena y mala literatura, lo ideal es que la literatura sea siempre sea buena. Existen sí los buenos y malos discursos). Disculpen la divagación, existe la literatura construida a partir de la realidad y la literatura construida a partir de la irrealidad. Literatura escrita a partir de la realidad que conocemos y literatura escrita a partir de una realidad nacida de la mente de un autor. Piensen en una novela donde se invente todo, hasta el más mínimo detalle. Se tratará de un proceso imaginativo llevado al límite. En resumen, si el autor crea una civilización ubicada en otro planeta, con costumbres extravagantes, con formas físicas estrambóticas, estará creando una realidad a partir de una irrealidad. Creo que esto ya lo mencionó el genial Philip K. Dick alguna vez. La escritura de tal discurso, en mi opinión, requiere de una enorme imaginación, herramienta clave de todo escritor. Y de una mente ciento por ciento arquitectónica. Ejemplos: La saga Dune de Frank Herbert, El señor de los anillos de Tolkien, El hombre cubista de Alberto Hidalgo. ¿Se dan cuenta de que solo una de estas tres obras es de ciencia ficción? Porque no es una cuestión de géneros, sino de una construcción discursiva a partir de una realidad preconcebida. Esto solicita que brindemos una breve mirada a la relación entre imaginación y proceso de escritura. No deseo expandirme mucho en este tema, de modo que lo dejaré para otra oportunidad. Por eso concluyo este punto, diciendo que existe una ciencia ficción escrita a partir de un asombroso proceso imaginativo. A veces me pregunto: ¿Qué escritor es capaz de realizar tan magnánima labor? Pues muchos. Las novelas con mundos creados se han escrito desde siempre y, de seguro se seguirán escribiendo hasta que se acabe el verdadero mundo.
En nuestro país, el género de la imaginación se ha ido consolidando a paso lento, aunque seguro. Desde la época en que ese genio llamado Clemente Palma publicaba, hasta los tiempos de José B. Adolph, escritor muy respetado en el extranjero. Y, lamentablemente, poco conocido en nuestra patria. La ficción científica ha estado siempre, de algún modo, rezagada a un segundo plano por la crítica literaria. Sin embargo siempre hemos tenido escritores que han incursionado en la ciencia ficción: Eugenio Alarco, J. M. Estremadoyro, Juan Rivera Saavedra, que son solo algunos de los referentes más importantes. En la última década han ido sonando algunos nombres importantes dentro del circuito literario nacional. Tenemos a José Güich Rodríguez, Alexis Iparraguirre, Daniel Salvo, Luis Bolaños De la Cruz, Adriana Alarco de Zadra, Tanya Tynjälä, Pedro Félix Novoa, Yelinna Pulliti, Pablo Nicoli Segura, y tantos otros, cuyos maravillosos escritos demuestran que sí existe una ciencia ficción nacional. No hablo de un grupo de autores que se reunieron y decidieron que escribirían ficción científica, hablo de escritores que consumieron este género como debía ser y decidieron, de modo individual, expresar su arte a través de dicha corriente. Lo cual tampoco indica que todo lo que escriban sea ciencia ficción, sino que gran parte de lo que han escrito se circunscribe a ese género y, definitivamente, está muy bien escrito. Lo cual indica nuevamente que en la literatura peruana el género no es ningún problema siempre y cuando el escritor sea efectivo.
En la novela, el mundo de los runas (divididos en apurunas, runasalqas y runas comunes) es invadido y dominado por el demonio Ahanash. Según la profecía del sabio Quispichix, tres niños están destinados a convertirse en los héroes que acabarán con las huestes malignas y devolverán la libertad al planeta Paccha. Kuya, hija de los guerreros Kallpa y Janaxpacha, es la primera en aparecer. En cierto momento su padre es asesinado. Ella es, desde entonces, protegida por su madre. Lamentablemente llega a ser capturada por el demonio. No obstante, consigue escapar, al mismo tiempo que descubre cuál es su misión. Surge después un niño llamado Wintata, quien también resulta ser un elegido. A partir de ese momento los protagonistas inician la búsqueda de la tercera niña. Este peregrinaje desembocará en una aventura llena de acción, romance y misterio. Los niños no estarán solos, sus familias les apoyarán en la concreción de su empresa, incluso, los pueblos sometidos olvidarán sus diferencias en pos de lograr la libertad anhelada.
La psicología de los personajes también resulta interesante. Para citar un solo ejemplo, el máximo villano tiene un lado oscuro que en algún momento de su vida logró dominarlo.
En el aspecto formal notamos una abundancia de diálogos, lo cual indicaría un gusto del autor por el género dramático. Tanto por la efectividad de las conversaciones como por la disposición de los escenarios donde tienen lugar las mismas.
Los salvadores de Quispichix. El demonio de las dos caras resulta una obra plagada de acción que se lee de un tirón. Nos presenta así a un escritor que piensa bien sus argumentos, que demuestra una gran capacidad para conectar con el lector y que le da la importancia debida al contenido de su discurso. Amador Caballero, estoy convencido, puede ya, con toda virtud, ser considerado como un valioso referente de la literatura fantástica actual.
Carlos Enrique Saldivar
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Revista NM N° 6 (VV.AA.)

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lunes, 23 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Coloquio Internacional: Lo fantástico diverso
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domingo, 1 de agosto de 2010
Editorial: Gattaca en el Perú
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Artículo: Nostalgia del futuro (José Güich Rodríguez)

Los discursos oficiales sobre la literatura experimentan modificaciones continuas, a pesar de las resistencias de algunos de sus pontífices o dictadores de opinión. Muchos géneros -considerados “menores” hasta hace poco tiempo- anuncian una movilidad alentadora. En gran medida, es la explosión de nuevos soportes comunicativos quien ha alimentado semejantes reubicaciones o cambios de paradigma. La difusión intensa de autores y obras por los territorios de internet abre nuevas compuertas.
La ciencia ficción es sin duda una de aquellas prácticas artísticas a la que ya no se le puede relegar al desván o a las periferias. Hace unos años, el mismo Mario Vargas Llosa tuvo el poco delicado gesto de menospreciarla, ante la indignación de cultores serios e informados. La desafortunada frase solo es una prueba de la vitalidad de esta parcela.
El reconocimiento de la CF ha excedido los alcances de la mera industria del espectáculo y de la cultura de masas. Siempre de manera diferida, el mundo académico ha hecho eco de esta situación, pues son cada vez más frecuentes estudios y ensayos, cuando no tesis, sobre tan particular praxis narrativa. Sus fundadores (Verne y H.G. Wells), durante la segunda mitad del siglo XIX, avizoraron con creces las potencialidades de la ciencia como materia inspiradora de la creación.
A lo largo del siglo XX, el legado de los patriarcas fundacionales sirvió de inspiración a nuevas generaciones de narradores, especialmente en los Estados Unidos de América. Nacieron así publicaciones hoy míticas, como “Amazing Stories”, en las cuales dieron conocer sus primeros trabajos figuras de la talla de Isaac Asimov (1920-1992). De origen bielorruso, sus cuentos y novelas señalaron el nacimiento de la ciencia ficción moderna y la ampliación de horizontes quizá apenas soñados por sus predecesores decimonónicos. Su formación como bioquímico permitió que esas narraciones contaran con una base sumamente rigurosa, a las que incorporaría su versación humanista sobre diversos problemas, en especial, el destino del homo sapiens. Hubo en realidad pocos temas que le resultaran ajenos a este creador, quien se resistió a estudiar medicina porque no resistía ver sangre o era incapaz de diseccionar animales, a decir de sus principales biógrafos. La mayoría de sus inquietudes espirituales se trasvasó a los cientos de historias que escribió en un lapso de medio siglo. Más de 500 libros, que abordan asuntos de una variedad asombrosa, son el testimonio de su vocación renacentista, que une el hombre de ciencia al de letras, recuperando así una herencia fracturada por los riesgos de la especialización.
Rastrear un relato insignia es tarea harto difícil, aun para sus más trajinados divulgadores. Muchos cumplirían con los requisitos: ahí campean pequeñas obras maestras como “Amanecer” (considerado por muchos el mejor cuento de CF jamás escrito), “El niño feo” o “El hombre bicentenario”. Sin embargo, hay un texto que en particular sintetiza todas las obsesiones de Asimov, y también destaca entre lo más destacado de su producción: “La última pregunta”. Ambicioso hasta la médula, el cuento tiene como eje la gigantesca computadora conocida como “Multivac”, cuya aparición fue recurrente a lo largo de toda la carrera del escritor. Dos científicos medio ebrios le formulan una interrogante de intrincada solución. Estos supervisores están preocupados por la “entropía” que, en términos profanos, significa la energía que el universo gasta y resulta irrecuperable. Al interrogar a Multivac sobre la factibilidad de revertir el proceso de extinción de una estrella como el Sol, solo obtienen una respuesta indeterminada: no se cuenta con datos suficientes.
La pregunta es lanzada en 2061 por los dos sujetos en una circunstancia bastante particular: la computadora ha permitido un logro tecnológico de primera magnitud, pues a partir de esos días la humanidad -que ya viaja por el espacio, rumbo a la colonización de otros planetas-, podrá extraer el combustible para las naves directamente del astro, con el increíble ahorro que eso conlleva. Y aunque hazaña es mayúscula, un halo de incertidumbre se anuncia: ni siquiera la energía de las estrellas es inagotable.
El fascinante uso de la elipsis nos remonta a un estadio que escapa a todo lo imaginable. En las postrimerías de la narración, se sugiere que la humanidad se ha desperdigado por el universo, hasta perder el contacto con sus raíces. Entidades ubicadas a millones de años de luz de distancia son capaces de interactuar mentalmente. En ese momento, los cuerpos físicos ya no son necesarios para el desplazamiento: las mentes son las naves espaciales. Todos están entrelazados con la Universal AC, un ordenador cuya naturaleza de algún modo tampoco es material (otro avatar de Multivac). Mediante la información que este inmenso banco de datos transmite, los entes intentan localizar tanto la galaxia como el planeta originales del hombre. Descubren que hace eones la estrella madre se extinguió, hecho que desata una sensación de pesadumbre a propósito del fin, por más esfuerzos que se hagan para evitarlo. Ni siquiera la prodigiosa capacidad de manipular los elementos para fabricar nuevos soles alterará lo que de todos modos habrá de ocurrir.
En la siguiente y postrera fase, las conciencias individuales se han fusionado. Los cuerpos son cuidados por autómatas. Solo existe el Hombre, como genérico, luego de miles de millones de años de continuidad evolutiva. Cósmica AC se encarga de velar por la dosificación de la energía que aún queda. La computadora se ubica ahora el hiperespacio, en un nuevo estado. El Hombre tiene la visión de galaxias cada vez más oscuras. Es ahí donde emerge de nuevo la pregunta que fuera formulada alguna vez a los antepasados de Cósmica C. Se trata un momento inolvidable: la avanzadísima máquina, vedada para nuestros alcances, se lo hace saber a quien lo interroga, mente pura formada por trillones de seres diseminados por los confines del espacio. Y cuando la última mente se extinga, y las estrellas se apaguen una tras otra, Cósmica AC seguirá buscando una respuesta al acertijo. No habrá quien le responda, al final de los tiempos.
Esta concepción sobre lo que sobrevendrá para nosotros, producto de una sólida formación en diversas áreas del conocimiento, no deja de establecer nexos con otros representantes mayores del género, como el inglés Arthur C. Clarke. En ambos autores, es fundamental y nítida la proyección especulativa y filosófica asentada sobre un alto margen de probabilidades. Por otro lado, la introducción de elementos cosmogónicos que no pertenecen a grupo o cultura en particular, sino que implican una suerte de síntesis de las creencias religiosas, también constituyen un punto de encuentro. En el caso de Asimov, deviene más intrincado, puesto que en diversas entrevistas declaró no profesar convicciones de tal naturaleza.
La conclusión de “La última pregunta” deslumbra por sus mecanismos intelectivos. Cósmica AC se ha quedado sola. Ya no hay estrellas, principal fuente energética de todo lo que nuestro entendimiento considera la realidad física. El espacio y el tiempo también han dejado de “ser”. Tres trillones de años en el pasado, unos supervisores de Multivac, en la Tierra, enunciaron por primera vez la pregunta en torno de la entropía. En un período límbico donde el tiempo ya no existe, Cósmica AC encuentra la solución al enigma: ya sabe cómo revertir la situación. Solo resta una demostración, que es el magistral cierre: frente a la inexistencia del universo, extinto ya, la máquina solo formula una frase: “!Hágase la luz!”. La última frase del cuento desarticula las expectativas: “Y la luz se hizo”.
Con ese remate magistral, Asimov le brinda a la CF una carta de ciudadanía, un visado para la eternidad. El género, cuyo tortuoso ascenso tomó décadas, empezará a ser visto con otros ojos. La teoría de un universo cíclico, en el que todo está destinado a “ser” y “no ser”, se hermana con las conjeturas teológicas que han sido la base de todas las civilizaciones. Para las antiguas creencias místicas, el universo es el pensamiento de Dios. En el memorable relato, son los post-humanos, al fusionarse en un dominio metafísico con la computadora, los que han creado a la divinidad, y es ella quien los crea a ellos, en un interminable juego en el cual la materia, el espacio y el tiempo se interpolan una y otra vez como parte de una cadena de nacimientos y extinciones.
El legado de Asimov es gigantesco e imperecedero. Quizá la CF, como suele decirse, sea cada día más ciencia y menos ficción. No son pocos los avances tecnológicos que el autor de Yo, Robot y Fundación anticipó. Algún día, de cumplirse los sueños de este visionario, su estatua presidirá ceremonias en las más lejanas colonias que la humanidad edificará en los confines de la galaxia. Será lo más justo, puesto que aquel hombre del pasado habrá inventado a esos pioneros.
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El planeta de Skuly (Khristo Poshtakov)

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Nipe, el monstruo (Darrel T. Langart)

Darrel T. Langart (pseudónimo en anagrama de Randall Garrett)
Anything Can You Do; 1963
Traducción: Francisco Olmo
E.D.H.A.S.A. Nebulae 1º época nº 119, 1966
La decodificación metatextual de la contracarátula señala que: “En realidad, se trató de un monstruoso malentendido. El Nipe llegó al planeta Tierra en busca de sus iguales, con quienes establecer un fructífero contacto. ¿Pero, dónde estaban? Acaso aquellos ridículos seres bípedos, con sólo dos ojos y cuatro extremidades no podían representar a la especie superinteligente del planeta. Y entonces el Nipe se encerró en los subterráneos abandonados del antiguo Metro de Nueva York, que en el año 2081, nadie visitaba... Allí se hizo necesario buscarlo y destruirlo... creando para tal fin a otro monstruo capaz de medir sus fuerzas con él... el superhombre Bart Stanton, de reflejos rápidos como el pensamiento. Pues el Nipe actuaba con una celeridad sin igual en la Tierra, y que ningún ser viviente podía aventajar.”
Recordar -con frecuencia de eso se trata-, consiste en conectarnos con nuestra afición y acercarnos a aquellas obras, quizás menores, pero que nos impactaron en el momento de leerlas. En mi agenda, he colocado la fecha de mis reflexiones iniciales: 25.10.1981, como dirían mis hijos para burlarse “30 años de na'”.
La traducción es deficiente y la carátula horrorosa sin remedio, es un remedo de bestia abstracta que no alcanza a cuajar por ningún lado, me llamó la atención del alienígena porque su nombre coincidia con nipón, el enemigo de USA en el Pacìfico, durante la II Guerra Mundial, lo segundo que note fue la semejanza de la nave ET con la caída del meteorito de Tunguska y de su posible vínculo con la obra de Kazantsev “Un visitante del espacio exterior”.
Luego, describo la situación presentada en la novela, marcada en profundidad por la “Guerra Fría”, ya que después de un tremendo holocausto nuclear, se arriba a un gobierno federativo mundial con los valores del protocapitalismo. Aceptaba como hecho incontrovertible la occidentalización del planeta. Siberia había sido puesta en valor por las inversiones de dicha federación a través de megasembrados de árboles de papel marcianos y con mucha verosimilitud habitada por mestizos chino-rusos, ya que el nombre del campesino que observa el estallido de la nave y se convierte en la primera víctima del Nipe es: Wang Kulichenko, lo cual evoca la concreción de una reivindicación china sobre terrenos siberianos esgrimida en esa época de tensiones internacionales entre los dos gigantes del socialismo.
Agrego que en cierta forma no se ha equivocad, se da pero con intensa molecularización y regionalismo defensivo, asimismo resulta notable la exactitud de la predicción, ya que para el momento de la redacción, Randall, más allá de buenos deseos capitalistas y ataques a la vilipendiada y fenecida URSS - con negación de un futuro socialista incluido – no poseía elementos que permitieran avizorar tan profundo vuelco; la reivindicación china no ha sucedido, pero el desmembramiento de la URSS sustituye a esa subliminal apuesta. Quizás en consonancia Randall propone un planeta donde la catástrofe ha servido para instalar una sociedad de control similar a la actual sólo que con mayores despliegues tecnológicos para ejercerlo sobre las colectividades.
El Nipe era abordado con acierto y las caracterìsticas que se le atribuían permitían un recreación que combinaba ciertos rituales samurais signados por la caballerosidad con primitivas ceremonias caníbales de polinesios; lo que requiere para funcionar se le troquela al inicio de su existencia independiente, para evitar las repeticiones y los millones de actos innecesarios que trastocarían su accionar le han grabado una especie de cantar de gesta que indica lo trascendente.
Hay una evidente influencia de Malinovski y otros antropólogos en la elaboración teórica de George Yorimoto, el científico encargado de estudiar la etología del Nipe, quien descubría la forma diferente de su forma de razonar y concebir el mundo, en el fondo una sencilla inversión de los valores humanos donde los reemplazaba la intolerancia y la negación. Así se creaba un monstruo cuya destrucción estaba justificada.
El coronel Mannheim (otra reminiscencia de la guerra, un apellido alemán para significar que tras el final de la contienda eran aliados), líder de la unidad que intenta localizar y neutralizar al Nipe, permite que asesine y aterrorice durante años, en aras de la memoria robótica tecnológica que espera extraer y asimilar para aplicarla a la sociedad herida que representa cuando lo capture (similar a la actitud de la empresa propietaria del Nostromo en Alien: atraparlo y utilizarlo para obtener ganancias y liquidar a sus enemigos).
También significa que le conceden la oportunidad para que avance en la fabricación de un intercomunicador que puede atraer a bandadas de Nipes hacia laTierra, pero esperan compensar el riesgo con la información exprimida de las redes neuronales del Nipe. Mientras, el Nipe se convierte gracias a los mass media en un nuevo mito parecido a Frankenstein o Drácula. Diversos temas son incluidos por Garrett en la trama para densificarla y llenarla de contenido, demostrando habilidad para acoplarlos a su hilo principal, sin embargo, mucho es material de relleno y podría ser una noveleta eficiente.
El supuesto desafío decisivo entre Stanton y el Nipe, es sólo un match de box, duelo a puñetazos donde el Marqués de Queensberry se quedaría asombrado al comprobar para qué ha servido su arte; como era de esperarse, el Nipe, más delgado y pequeño en alzada, pero potente y veloz, ataca con movimientos similares a los del jiu jitsu, es un soldado japonés elevado a la quinta potencia, mientras que Stanton es sólo un supermarine elevado a la segunda potencia. Existe un artículo en Selecciones del Reader's Digest (1941) que evoca un enfrentamiento similar entre soldados de ambos países donde triunfa el marine.
Existe un juego de gemelos (evoca “La hora de las estrellas” de Robert A. Heinlein), que combinan cualidades, uno en New York y otro en el Cinturón de Asteroides (donde se ha transformado en el mejor detective contratado por el Lloyd's de Londres), cuya llegada será el gancho para atraer al Nipe a la emboscada, ya que ante nuestra lentitud y blandura ha llegado a convencerse de que los auténticos dirigentes del planeta deben morar en el cinturón de asteroides.
Hay jugosos anécdotas: el Nipe confunde el Consejo de Regencia del Hospital Psiquiátrico donde arriba para comunicarse con el Gobierno, en transparente alusión a su uso para encerrar disidentes, o el oponente del Nipe, es un vikingo rubio y de ojos azules que por la radiación sufrida en una central atómica al morir su padre, no despliega defensas inmunológicas ni fabrica anticuerpos cuando lo someten a la serie de operaciones que culminan en la creación del superhombre capaz de liquidar al Nipe o la rata-robot que dispara veneno (a destacar que los aspectos tecnológicos se enfocan de manera adecuada a la prospectiva del momento de edición y no obstante muchos parecen actuales, por la seriedad con que se les aproxima).
A pesar de que no quiero lanzar acusaciones falsas sobre el autor, el párrafo anterior y su preocupación por los mestizajes, que acepta como necesidad horrible pero necesaria, parece nutrir a momentos un racismo larvado en sus argumentos. Lo cierto es que hay mucho más tras la apariencia que lo sospechado al inicio, antes de analizarla, una demostración de que la buena ciencia ficción, digna de ser leida aunque estemos en desacuerdo con numerosos planteamientos, puede presentarse en estuches diversos y sorprendentes.
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Ingeniería mecánica en la ciencia ficción: una aproximación (Carlos Enrique Saldívar)

Carlos Enrique Saldivar
La ingeniería mecánica es y ha sido siempre de suma importancia en la literatura de ciencia ficción, sobre todo al ser un medio que crea verosimilitud en el discurso ficcional. En esta oportunidad daré a conocer algunas obras literarias que han hecho uso de la ingeniería mecánica dentro de sus argumentos. Ejemplos hay por montones, pero voy a restringir este artículo solo a obras que he leído, canon personal, aunque no abundante, suficiente para poder recomendar un buen volumen de cuentos y novelas relacionadas a esta interesante rama. Solo voy a enfocarme en ficciones escritas. No hablaré de cómics, películas y otras manifestaciones artísticas para no confundirlo, lector. Mi objetivo es que los interesados en el tema puedan tener una guía básica de lectura con la cual poder compenetrarse en el futuro tanto para su entretenimiento (la literatura lo es) como para su propio crecimiento cultural (siempre alimentando la imaginación). Definamos primero a la ingeniería mecánica: es una rama amplísima de la ingeniería que incluye el uso de los principios físicos para el análisis, diseño, fabricación y mantenimiento de sistemas mecánicos. Ahora, un ingeniero mecánico es un profesional que calcula, diseña y fabrica. Pongamos por ejemplo lo siguiente: si un perno o un clavo está mal diseñado, ese error se multiplicará por varios millones, ya que nadie en el mundo fabrica solo 1 clavo ó 1 perno. Se fabrican varios millones de los mismos objetos por lo que se asigna a alguien para que calcule la forma adecuada, el material adecuado, y además, cómo se va a construir ese objeto y las máquinas que se necesitan para fabricarlo (la maquinaria de producción también es fabricada por los ingenieros mecánicos). Si uno ve a su alrededor puede encontrar que la gran mayoría de cosas han sido diseñadas por mecánicos: las botellas, los focos eléctricos, los refrigeradores, las carcasas de computadoras y celulares, las cerraduras de las casas, los ventiladores, las perforadoras, los lapiceros, las bicicletas, los aviones, los autos y un largo etcétera. Todo lo que ha sido producido en masa ha pasado por la planificación y el diseño de un ingeniero. Por otro lado, existen casos en los que la literatura ha servido para inspirar la creación de máquinas fabulosas, máquinas únicas, aparatos ideales del futuro que se van insertando en la rutina de los hombres. Es decir, la literatura y la ingeniería han llegado a un punto tal que una abastece a la otra de ideas y viceversa. Como puede apreciarse, la labor de un ingeniero mecánico ha sido, desde hace mucho tiempo, vital para el desarrollo tecnológico y cultural humano.
Afinidad de las vertientes más representativas de la ingeniería mecánica con la literatura de ciencia ficción
Definitivamente una de las ramas de la ciencia más ligada a la ingeniería mecánica es la robótica. La ciencia y la tecnología (diseño, manufactura y aplicaciones) de los robots. Esta área conjuga a la mecánica, la electrónica (la mecatrónica), la informática y la inteligencia artificial (estudiada por matemáticos principalmente). En cuanto a los robots, las máquinas más perfectas concebidas por el hombre (y más cercanas a él), existe una relación teológica que se resume en “hombre: Dios, robot: creación”, la cual ha causado polémica en la literatura desde “Frankenstein o el moderno Prometeo”, obra del siglo XIX, escrita por Mary Shelley, y que inaugura la ciencia ficción mundial. En este libro, el Dr. Frankenstein utiliza una técnica extraordinaria para dar vida a una criatura aún más extraordinaria. De aquí, aunque suene redundante decirlo, parten todos los relatos de robots. Al respecto, lea la obra “RUR: Robots Universales Rossum” de Karel Capek. En otro rumbo, existe la biomecánica, que es la disciplina encargada del estudio de los elementos mecánicos anexados a los seres orgánicos; en especial, al hombre. Aquí pueden encuadrarse todos los relatos sobre cyborgs (hombres con partes de robot). Una disciplina muy ligada a la biomecánica es la biónica, es decir la utilización de órganos artificiales que suplantan a los reales. Su aplicación está íntimamente relacionada con la medicina.
Era necesario mencionar a la robótica y a la biomecánica para comprender la relación entre la ingeniería mecánica con las distintas vertientes de la literatura de ciencia ficción como el Steampunk y el Cyberpunk. El Steampunk es una corriente literaria que crea mundos ambientados en una época donde la energía a vapor es usada con amplitud. Suele darse en el Siglo XIX y en la Inglaterra de la época victoriana. Por supuesto, aparecen tecnologías basadas en la realidad o en la invención literaria de los autores. Puede ser una ucronía (un mundo alternativo donde el desarrollo de la electrónica, los combustibles nucleares y fósiles, y otros avances tecnológicos nunca se dieron y fueron reemplazados por el uso del vapor y del combustible de carbón), pero también pueden ser historias ambientadas en el pasado victoriano, como ya dije. A veces el Steampunk se desarrolla en una etapa más temprana y hace uso de las computadoras, por lo que, a menudo se le asocia con otro subgénero de la ciencia ficción: el Cyberpunk. El Cyberpunk (cibernética punk) nos narra un mundo donde el desarrollo tecnológico es elevado en tanto que el nivel de vida humano es muy bajo. La ciencia es avanzada, así como la tecnología de la información y la cibernética. En esta corriente el orden social, así como el ser humano, se ven alterados (e incluso desintegrados) de una manera significativa.
Obras literarias que usted, lector, debería leer
Quizá el relato más emblemático sobre ingeniería mecánica aplicada a la ciencia ficción sea “Sally” de Isaac Asimov. Es increíble la capacidad de este escritor para poder humanizar robots y androides. Sally es un automatóvil (un automóvil con cerebro positrónico, un auto inteligente), el cual es protagonista de una extraordinaria aventura junto a su dueño, que adora este armatoste como si fuera una hija. Nótese al comenzar la lectura del relato cómo alaba las virtudes de la máquina, hasta el punto que el lector asume que se trata de una chica. Pero yendo más allá de este extraordinario cuento, he de recomendar todos los escritos y novelas sobre robots del doctor Asimov. Dichos cuentos de robots tienen su cumbre en “El hombre bicentenario”, ganador del premio Hugo (el más grande galardón que se puede otorgar a una obra de ciencia ficción en el mundo). Nos narra la extraordinaria historia de Andrew, un robot con cerebro positrónico que desea ser humano. Vemos la humanización de la máquina llevada al límite en esta obra maestra de la ciencia ficción. Dicho cuento sería novelado por Robert Silverberg como “El robot humano”. Apartémonos de Asimov, pero sigamos con los robots. Yo recomiendo leer los siguientes cuentos que ojalá puedan caer en sus manos, lector. Desde Brian W. Aldiss en “¿Quién puede reemplazar a un hombre?” (la confianza en el buen funcionamiento de las creaciones humanas), pasando por “El Twonky” de Henry Kuttner (la desconfianza que provocan dichas creaciones), hasta llegar a “Un «Logic» llamado Joe” de Murray Leinster (las máquinas sumergen a la humanidad en el caos). Recomiendo tres cuentos sobre robots en especial: “El cinturón de robot” de Yves Dermèze, “30 días tenía septiembre” de Robert F. Young y “Helen O'Loy” de Lester del Rey. Este último, una de las mejores historias de amor que haya podido concebirse dentro de la ciencia ficción. Tres cuentos indispensables para los amantes de la robótica. No podemos dejar de lado el terror, de modo que sugiero tres relatos más: “Coppelius”, también titulado: “El hombre de la arena” del genio E. T. A. Hoffman, un cuento del siglo XIX sobre una autómata diseñada por un siniestro personaje que logra embaucar a un pobre hombre. “El amo de Moxon” de Ambrose Bierce, un relato tétrico acerca de una bestia mecánica que se enfurece al perder una partida de ajedrez contra su amo... y lo asesina. “Casi humano” de Robert Bloch, el cual narra el proceso de aprendizaje de un hombre mecánico que va absorbiendo también la maldad que le rodea hasta convertirse en un ser diabólico. Robots hay por montones en la literatura. Disfrútenlos.
Philip K. Dick, genio de la literatura general, ha concebido varios cuentos ligados a la ingeniería mecánica. “La hormiga eléctrica”, por ejemplo, sobre un hombre que sufre un accidente y despierta aturdido en un hospital. Una vez allí se da cuenta de que le falta una mano. Luego, al quitarse las vendas que cubren la herida, percibe que en vez de hueso y sangre tiene ¡cables y circuitos! Entonces debe descubrir quién lo ha creado y para qué. Otros relatos notables son: “Impostor”, donde un hombre es acusado de ser en realidad una máquina-bomba alienígena que está a punto de destruir nuestro mundo (obviamente él cree que no, pero...) y “La segunda variedad”, sobre máquinas de guerra que van evolucionando en función de infiltrarse en las líneas enemigas. Pero quizá la obra más grande de Dick sea “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, sobre un futuro donde unos androides rebeldes deben ser destruidos por un cazador sin ley, hasta que éste se topa con los Nexus 6, cuyas diferencias con los seres humanos casi no pueden percibirse.
Revisemos algunas obras relacionadas al Steampunk. Tenemos a H. G. Wells, por ejemplo, y los terribles alienígenas mecánicos de “La guerra de los mundos” o a Julio Verne, con sus descripciones tecnológicas como el globo aerostático de “La vuelta al mundo en 80 días”, una grandiosa obra que, como todas las de Verne, es muy interesante de principio a fin, muy bien escrita y con personajes memorables. No por nada este genio daba a luz best-sellers sobre temas de anticipación tecnológica en una época en la que, por ejemplo, la televisión era solo un mito. Recomiendo dos novelas aparte de las dos mencionadas anteriormente: “Las puertas de Anubis” de Tim Powers y “La estación de la calle Perdido” de China Miéville. Esta última es una obra maestra y la recomiendo siempre que puedo. Se adquiere con mucha facilidad. Sugiero, además, un buen cuento del escritor español Domingo Santos: “Encima de las nubes”, sobre una ciudad flotante (en realidad una gran maquinaria) que divide a la clase alta (los que sobrevuelan la Tierra) de la clase baja (los que viven en el suelo). Dicho cuento hace recordar mucho a un relato más antiguo: “Babilonia del espacio” de Edmond Hamilton, que trata el mismo tema. Aquí un rebelde intenta sabotear la gran maquinaria que sostiene a un pueblo entero en el cielo. Aunque en ambos cuentos puede notarse al final la absorción del individuo por la maravilla tecnológica y el placentero modo de vida que promete. Dentro de las obras literarias peruanas podríamos incluir “Lima de aquí a cien años” (1843) de Julio M. Del Portillo.
Veamos ahora algunas obras que se pueden insertar dentro del Cyberpunk. Quizá la obra más representativa del cyberpunk peruano sea la novela “Mañana, las ratas” (1984), de José B. Adolph. Obra que se anticipó al “Neuromante” de William Gibson como iniciadora de este subgénero de la ciencia ficción. “Mañana, las ratas”, una magnífica narración, nos muestra un mundo dominado por la tecnología en el cual solo existen unos pocos privilegiados que pueden gozar de la misma y de sus placeres mientras la mayoría de la población es marginada hasta límites insospechados (“las ratas”, les llaman). Pero siempre el oprimido va a buscar rebelarse contra el sistema (una constante de este subgénero de la ciencia ficción). Un elemento de la ingeniería mecánica en esta obra son los helicópteros esféricos que son usados para el transporte de personas. Veamos otros ejemplos del cyberpunk en la literatura peruana: El joven escritor Luis Torres ha publicado en su blog algunos cuentos sobre un mecánico que se dedica a reparar androides femeninas, los cuentos se encuentran ambientados en una Lima del futuro. He de destacar: “Ramón, doctor corazón” y “Ramón en Colonna”, primer y segundo relato de la serie. Este autor publicó un cuento sobre el terrible uso que se le puede dar a la tecnología: “Transbordador” en la revista Argonautas 1. Hay dos cuentos del español Domingo Santos: “Un lugar llamado Tierra”, el cual narra un mundo donde la tecnología ha absorbido al hombre hasta el punto que el ser humano ha pasado a ser mero accesorio de la gran maquinaria. En esta pesadilla surge el último hombre desempleado de la Tierra que finalmente será absorbido por este terrible sistema. Y el otro cuento es “Grummy”, sobre un hombre que no puede extraer el producto que desea desde una máquina ¡expendedora de drogas! El autor nos habla de un mundo donde la droga es legal. La desconfianza hacía las máquinas vuelve a hacerse patente en este relato.
Entre las obras clásicas podemos encontrar las siguientes: “Cita con Rama” de Arthur C. Clarke, una de las mejores novelas de ciencia ficción dura de la historia. Trata sobre un asteroide que está a punto de impactar con la Tierra, pero en realidad es una nave alienígena a la cual intentan penetrar unos investigadores osados que descubren en ella una máquina perfecta que representa muchos misterios. Este libro es una joya, no dejen de leerlo. Además es muy fácil de conseguir. Otras novelas interesantes son: “Los viajes de Tuf” de George R. R. Martin, sobre un mercader independiente que se apropia de una maravillosa nave ecológica llamada “El arca”. “Mundo anillo” de Larry Niven, monumental obra que narra la existencia de una misteriosa estructura artificial en forma de aro que rodea a una estrella. “Tropas del espacio” de Robert A. Heinlein, sobre las vivencias del soldado John “Johnnie” Rico en la Infantería Móvil, un comando militar del futuro. En toda la obra se hace mención a máquinas sorprendentes, cápsulas de transporte, armas de ataque y defensa, etc. Todo esto en una época de guerra contra una amenaza alienígena cuya forma física se asemeja a los insectos (gigantes). Más allá de la polémica que esta obra haya podido alcanzar (por diversos motivos, necios en su mayoría), la recomiendo mucho. Es fácil también adquirirla. Otra obra de Heinlein que propongo es “Puerta al verano”, la historia de Dan Davis, un inventor de robots de uso doméstico que se ve envuelto en una extraordinaria aventura. Hay un relato de John Wyndham: “La rueda” y otro de Ray Bradbury: “La máquina voladora”, ambos sobre los peligros del progreso humano.
Revisemos más cuentos peruanos. Tenemos, por ejemplo, “Un hombre con tongo” de Héctor Velarde, obra ambientada en el año 2427, en la cual unas señoras van al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda para su desplazamiento. “El pequeño Frankenstein” de Yelinna Pulliti, una llamativa guía de cómo funciona un robot casero. Daniel Salvo tiene dos cuentos: “La carcocha”, en la cual un hombre que trabaja en un enorme ómnibus descubre que, en realidad, dicho vehículo es un Transformer dormido y “El ojo”, sobre un futuro donde los nanobots (máquinas microscópicas destinadas a curar enfermedades) experimentan con los seres humanos en lugar de que sea al revés. Harry Beleván tiene un relato titulado: “La máquina para combatir el desempleo y otras tonterías capitalistas”. El título lo dice todo. También existe en la literatura peruana una desconfianza hacia la tecnología. Los cuentos de Luis Freire, por ejemplo: “Asaltomático”, “¡Viva la heroica lucha de los bancomáticos liberados!” y “Su cajero automático lo saluda”, una trilogía sobre cajeros automáticos inteligentes que funcionan mal y hacen de las suyas. Están incluidos en su libro: “Humor”. Por otro lado, recomiendo leer un libro de Abraham Jara Támara: “Operación Cosmos”, donde utiliza la ingeniería mecánica para resolver problemas diversos. Otras obras que recomiendo son: “La fabulosa máquina del sueño” de José Donayre Hoefken y el cuento: “Inserte cuatro monedas de a sol, por favor” de Pedro Félix Novoa. En mi libro “Historias de ciencia ficción”, incluí dos cuentos relacionados al tema: “El problema del amor”, acerca de androides que satisfacen al hombre ante la ausencia de mujeres en el mundo y “La casa nave”, sobre la casa más maravillosa jamás diseñada.
La fantasía y el horror sobrenatural a veces se asocian también con la mecánica. “Camiones” de Stephen King es una versión moderna de “Sucedió mañana” de Robert Bloch. Nos narra un mundo en el cual las máquinas toman el poder y deciden eliminar al hombre... a menos que éstos se conviertan en sus esclavos. Está también la novela “Christine” del mismo King, una muestra detallada del mundo de la mecánica como ambientación para una historia de terror sobre un automóvil asesino.
Hay cuentos sobre ciudades inteligentes que recomiendo leer: “Casas de ensueños, pies de arcilla” de Robert Sheckley y “La ciudad solitaria” de Lee Harding. El tema es parecido en ambos relatos: la renuncia del hombre a un modo de vida tecnológico (y apabullante). Y narraciones sobre la mecánica aplicada fuera del planeta Tierra: “El ferrocarril en Cannis” de Colin Kapp y “El mecánico” de Harry Harrison. Ambos cuentos hablan sobre la gran capacidad humana para reparar máquinas en función de que los planes de sus dueños sigan adelante.
Como se puede apreciar, en la literatura así como en otras áreas de la expresión artística, se puede encontrar el uso de la ingeniería mecánica en pos de crear argumentos emocionantes y dignos de seguimiento. Este ha sido un fugaz panorama al respecto. Por supuesto, existen muchísimas obras literarias más que pueden ser revisadas por Usted. Ya le he dejado una base por la cual empezar y de la cual, espero, pueda empezar a leer ya mismo una parte. La lectura es básica para ejercitar la mente y la inteligencia. Para terminar le pido que recuerde siempre al buen doctor Isaac Asimov y... sus tres leyes de la robótica:
- 1. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
- 2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera ley.
- 3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.
¿Quién ha podido diseñar estas leyes universales sino un ingeniero mecánico con pluma de literato?
Lima, marzo de 2010
*Artículo escrito originalmente para el Grupo Ñawpaq.
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jueves, 1 de julio de 2010
Editorial: Tres fines del mundo
Es de suponerse que todo comenzó el 2012, por decirlo de alguna manera. ¿Qué ocurrirá el 2012, que tanto miedo nos produce? En el imaginario popular, pues el fin del mundo, según el "calendario maya". Incluso los protagonistas de la serie Expedientes X saben que el fin del mundo será en diciembre de 2012.
Ahora bien, lo que muchos no han tomado en cuenta es que el calendario maya no prevé el "fin del mundo" para el año 2012, sino el fin de un ciclo de dicho calendario, el cual se calcula en base a períodos de tiempo que superan los siglos occidentales. Dicho en cristiano: un año occidental dura 365 días. Un "año" del calendario maya dura siglos. Y como todo período de tiempo ideado por los seres humanos, tiene un principio y un final. Así de sencillo. Por eso, deducir que los mayas previeron el fin del mundo para el año 2012 por que el último calendario que editaron culmina en dicho tiempo, es como decir que el fin del mundo para quienes nos regimos por el calendario gregoriano tendrá lugar el 31 de diciembre de cada año.
Como pone la Wikipedia:
El calendario maya consiste en tres diferentes cuentas de tiempo, que transcurren simultáneamente:
el calendario sagrado (tzolkin o bucxok, de 260 días)
el civil (haab, de 365 días) y
la cuenta larga.
El calendario maya es cíclico, porque se repite cada 52 años mayas. En la cuenta larga, el tiempo de cómputo comenzó el día 0.0.0.0.0 4 ahau, u 8 cumkú (en notación maya) que equivale al 13 de agosto del 3114 a. C. en el calendario gregoriano[1] y terminará el 21 de diciembre de 2012.
¡Listo! Se cierra un calendario. ¿Fin del mundo?
Tal vez debido a lo obvio de todo este asunto, la película 2012 de Roland Emmerich no le dedica mucho espacio, centrándose en la catástrofe y en la respuesta humana al mismo. Y vaya que es deprimente la película: se salvan los ricos, por que además del calendario maya, tuvieron plata para mandarse a construir tamañas barcazas (llamadas, como no, arcas). Y, a diferencia de lo profetizado en los Evangelios, los ricos heredaron la Tierra.
Otra película que trata sobre el fin del mundo es la decepcionante Señales del futuro de mi (ex) admirado Alex Proyas (si, el de Dark City). Por razones que se desconocen, parece que Proyas se ha comido el cuento de los fundamentalistas de siempre, y ha elaborado una trama tan absurda como empalagosa, con un inicio bastante intrigante (el descubrimiento de unas series de números anotados por una niña en el pasado que adquieren sentido en el presente) que lleva a un final que pretende, en su puerilidad, explicar las interpretaciones de la Biblia (en especial, la visión de Ezequiel) desde el gastado argumento de la intervención extraterrestre. De manera que una película de ciencia ficción se convierte en un trasunto de las "descubrimientos" de Erich von Däniken. Vamos, que no se qué espera von Däniken para demandar a Proyas por derechos de autor.
Tal vez sea un tanto exagerado preocuparse por el impacto de semejantes películas en los espectadores por que, total, peores cosas hemos visto. Pero creo que es evidente que a nivel de Hollywood hay una cada vez mayor carencia de ideas originales para sus grandes producciones, y que el fundamentalismo religioso disfrazado de especulación se está volviendo parte del horizonte mental del presente. Si alguna vez hubo un tiempo en el que se consideraba que una persona culta era aquella que conocía, con cierta profundidad, acerca de ciencias o humanidades, hoy en día se discute con un apasionamiento digno de mejor causa acerca del calendario maya, la falsedad del viaje a la luna o el rayo que ocasionó el terremoto de Haití. Como diría Mafalda: qué lejos de Werner von Braun...
En todo caso, es posible conjeturar que el temor al cambio tecnológico que nos involucra a todos genere un temor a perder lo que conocíamos, es decir, al fin del mundo. Y es que no es poca cosa el pasar de una época de televisores en blanco y negro a otra de teléfonos portátiles y computadores cuya capacidad se incrementa día a día. Valen entonces estas películas como síntomas de ese temor, pero es deber de nosotros, como ciudadanos instruidos, aprender a lidiar con nuestros temores y ansiedades de una manera racional y científica, en lugar de caer en una ataraxia signada por el fundamentalismo. El mundo no se va a acabar por que lo predijeron los mayas o debido a la intervención de extraterrestres que fungen de ángeles bíblicos. En todo caso, lo único que expresa la Biblia al respecto es: nadie sabe el día ni la hora (Mt 24, 36-41).
En cambio, hay otro fin del mundo que si ocurrió, y que tuvo consecuencias catastróficas en más de un sentido. Precisemos: no fue exactamente el fin de un mundo (como lo ocurrido con el arribo de los europeos a América a partir de 1492), pero se le parece. Al menos, esa es la trascendencia que le da el productor Alejandro Amenábar a la muerte de Hipatia, quien según diversas tradiciones, sería una suerte de proto-científica asesinada por una turba de cristianos en el año 416, debido a sus opiniones (ya se sabe, los científicos no le gustan a nadie, y menos a los fundamentalistas).
En Agora, el guión juega con dos acontecimientos que probablemente no estuvieron vinculados en la realidad: la destrucción (bueno, una de las destrucciones) de la famosa Biblioteca de Alejandría y la posterior muerte de Hipatia, por órdenes del patriarca cristiano Teófilo, cuyo creciente poder no podía verse amenazado por nadie, y menos por una mujer pagana.
Estamos en un mundo límite, post-pagano, con un cristianismo que se ha convertido en religión oficial y que convierte a los paganos, ya sean buenos o malos, en una minoría cuyo poder se ve cada vez más cercenado. El nuevo mundo no quiere conservar nada del antiguo, y ha decretado su destrucción. Lo malo de esto es que siempre hay de todo en una sociedad, tanto lo bueno como lo malo. Y en este fin del mundo, se pretendió abolir el conocimiento anterior. En el contexto de la película, uno no puede menos que lamentar la pérdida de una oportunidad no sólo para las ciencias y el desarrollo del conocimiento, sino para la humanidad en sí para desarrollar la convivencia y la tolerancia. Vemos que en Alejandría había paganos, cristianos y judíos, y nada impedía que vivieran en paz unos con otros. Pero de repente, uno de estos grupos asumió que su visión de las cosas era la única verdadera y que, por ende, podía ser impuesta a los demás. ¿Es la naturaleza humana, o se trató de mala suerte? ¿O es esta victoria temprana del fundamentalismo religioso una anticipación de la posterior historia humana, donde los ataques a la razón y el abandono del conocimiento se producen de manera casi cíclica?
En todo caso, queda como una esperanza ante el fin del mundo la tenaz (y a veces inútil) resistencia de individualidades frente a la barbarie. La Hipatia de Amenábar encarna el triunfo de la curiosidad, el ejercicio de la razón y la búsqueda del conocimiento frente a los poderes fácticos del mundo, siempre dispuestos a acallar cualquier voz disidente u original. La escenas en las que Hipatia "descubre", mediante sencillos experimentos, la rotación de la Tierra o que el sistema solar es un sistema heliocéntrico y que las órbitas de los planetas son elípticas en lugar de circulares, son simplemente épicas. El odio que suscita a su paso, también. ¿Está la humanidad condenada a odiar el conocimiento, a desear vivir en el oscurantismo y la ignorancia? Parece que a la mayoría si, y esto no solo ocurre en el mundo de Hipatia, sino en el nuestro: la película Agora no se exhibió en ninguna sala cinematográfica del Perú. Casi ocurre lo mismo en los Estados Unidos de América, donde, a juzgar por el siguiente comentario, el público no es muy diferente al nuestro:
This is one of those movies that I'll probably have to go see alone, because none of my friends are likely to sit through a 2 1/2 hour drama about religion, history, reason, politics, and an intellectual woman who is passionate about both astronomy and the two men in her life.
(Esta es una de esas películas que probablemente tendré que ver solo, por que ninguno de mis amigos estaría dispuesto a sentarse durante dos horas y media para espectar un drama sobre religión, historia, razón, política y una mujer inteligente apasionada por la astronomía, y los dos hombres de su vida.)
El verdadero fin del mundo apenas está comenzando...
Daniel Salvo, julio 2010
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