domingo, 1 de agosto de 2010

Artículo: Nostalgia del futuro (José Güich Rodríguez)









NOSTALGIA DEL FUTURO










Los discursos oficiales sobre la literatura experimentan modificaciones continuas, a pesar de las resistencias de algunos de sus pontífices o dictadores de opinión. Muchos géneros -considerados “menores” hasta hace poco tiempo- anuncian una movilidad alentadora. En gran medida, es la explosión de nuevos soportes comunicativos quien ha alimentado semejantes reubicaciones o cambios de paradigma. La difusión intensa de autores y obras por los territorios de internet abre nuevas compuertas.


La ciencia ficción es sin duda una de aquellas prácticas artísticas a la que ya no se le puede relegar al desván o a las periferias. Hace unos años, el mismo Mario Vargas Llosa tuvo el poco delicado gesto de menospreciarla, ante la indignación de cultores serios e informados. La desafortunada frase solo es una prueba de la vitalidad de esta parcela.


El reconocimiento de la CF ha excedido los alcances de la mera industria del espectáculo y de la cultura de masas. Siempre de manera diferida, el mundo académico ha hecho eco de esta situación, pues son cada vez más frecuentes estudios y ensayos, cuando no tesis, sobre tan particular praxis narrativa. Sus fundadores (Verne y H.G. Wells), durante la segunda mitad del siglo XIX, avizoraron con creces las potencialidades de la ciencia como materia inspiradora de la creación.

En Hispanoamérica, narradores como el peruano Clemente Palma y el argentino Leopoldo Lugones se convirtieron en los detonadores del movimiento. Hacia mediados del siglo pasado, y en nuestros propios lares, José B. Adolph (1933-2008) expandió las fronteras establecidas por Palma y se convirtió en un clásico moderno de la CF en castellano. La Casa de la Literatura ha reconocido con justicia este legado, al consignar a Adolph como a uno de los autores más relevantes de nuestra cultura.


A lo largo del siglo XX, el legado de los patriarcas fundacionales sirvió de inspiración a nuevas generaciones de narradores, especialmente en los Estados Unidos de América. Nacieron así publicaciones hoy míticas, como “Amazing Stories”, en las cuales dieron conocer sus primeros trabajos figuras de la talla de Isaac Asimov (1920-1992). De origen bielorruso, sus cuentos y novelas señalaron el nacimiento de la ciencia ficción moderna y la ampliación de horizontes quizá apenas soñados por sus predecesores decimonónicos. Su formación como bioquímico permitió que esas narraciones contaran con una base sumamente rigurosa, a las que incorporaría su versación humanista sobre diversos problemas, en especial, el destino del homo sapiens. Hubo en realidad pocos temas que le resultaran ajenos a este creador, quien se resistió a estudiar medicina porque no resistía ver sangre o era incapaz de diseccionar animales, a decir de sus principales biógrafos. La mayoría de sus inquietudes espirituales se trasvasó a los cientos de historias que escribió en un lapso de medio siglo. Más de 500 libros, que abordan asuntos de una variedad asombrosa, son el testimonio de su vocación renacentista, que une el hombre de ciencia al de letras, recuperando así una herencia fracturada por los riesgos de la especialización.


Rastrear un relato insignia es tarea harto difícil, aun para sus más trajinados divulgadores. Muchos cumplirían con los requisitos: ahí campean pequeñas obras maestras como “Amanecer” (considerado por muchos el mejor cuento de CF jamás escrito), “El niño feo” o “El hombre bicentenario”. Sin embargo, hay un texto que en particular sintetiza todas las obsesiones de Asimov, y también destaca entre lo más destacado de su producción: “La última pregunta”. Ambicioso hasta la médula, el cuento tiene como eje la gigantesca computadora conocida como “Multivac”, cuya aparición fue recurrente a lo largo de toda la carrera del escritor. Dos científicos medio ebrios le formulan una interrogante de intrincada solución. Estos supervisores están preocupados por la “entropía” que, en términos profanos, significa la energía que el universo gasta y resulta irrecuperable. Al interrogar a Multivac sobre la factibilidad de revertir el proceso de extinción de una estrella como el Sol, solo obtienen una respuesta indeterminada: no se cuenta con datos suficientes.


La pregunta es lanzada en 2061 por los dos sujetos en una circunstancia bastante particular: la computadora ha permitido un logro tecnológico de primera magnitud, pues a partir de esos días la humanidad -que ya viaja por el espacio, rumbo a la colonización de otros planetas-, podrá extraer el combustible para las naves directamente del astro, con el increíble ahorro que eso conlleva. Y aunque hazaña es mayúscula, un halo de incertidumbre se anuncia: ni siquiera la energía de las estrellas es inagotable.

La estructura dialógica del relato -“socrático” en el sentido de velada pedagogía-, nunca fue extraño al estilo de Asimov, y es manifiesta en infinidad de cuentos. No obstante, en “La última pregunta”, sobreviene un giro inusitado: la pregunta casi trivial efectuada por dos científicos con varios tragos encima (su responsabilidades se limitan a velar por la operatividad y bienestar de Multivac, pues ella es autosuficiente) se prolongará hasta el porvenir. Varios siglos después, una familia humana que se traslada a una lejana colonia, volverá a enfrentarse a la misma cuestión. Existe un límite en la capacidad del cosmos para producir energía. Las estrellas se extinguirán, y darán origen a otras; aun así, ese proceso de transformación no es infinito. Por eso sobreviene el temor de las dos pequeñas hijas de la pareja: algún día, en el lejano futuro, las estrellas habrán desaparecido para siempre. Microvac, computadora de la nave (lejana descendiente de la tecnología del siglo XXI), tampoco será capaz de responder a la inquietud de los Jerrod, que son parte de una avanzada de hombres y mujeres ansiosos por una oportunidad entre las estrellas.

Así, se van sucediendo diversas etapas en la evolución de nuestra especie. Luego de los Jerrod, miles de años adelante, la cuestión será planteada por otros personajes, esta vez dos funcionarios del Consejo Galáctico, preocupados por redactar un informe a sus superiores. El cambio en los patronímicos es revelador: ya no se utilizan nombres o apellidos tal como los concebimos hoy: apenas siglas o codificaciones como “VJ-23X”. Si bien han alcanzado la inmortalidad biológica (ambos superan los doscientos años), están contrariados por el tema del espacio disponible para ser ocupado por los humanos, que han llegado a distancias enormes en sus exploraciones. Se enfrentan a una especie de paradoja: son inmortales en un universo destinado a su desaparición inexorable. Para ese entonces, la progenie de Multivac se ha convertido en Galáctica AC, una suerte de Gran Central a la que todos se conectan por el “hiperespacio”. Una vez más, no existe respuesta en torno de si la entropía es reversible.


El fascinante uso de la elipsis nos remonta a un estadio que escapa a todo lo imaginable. En las postrimerías de la narración, se sugiere que la humanidad se ha desperdigado por el universo, hasta perder el contacto con sus raíces. Entidades ubicadas a millones de años de luz de distancia son capaces de interactuar mentalmente. En ese momento, los cuerpos físicos ya no son necesarios para el desplazamiento: las mentes son las naves espaciales. Todos están entrelazados con la Universal AC, un ordenador cuya naturaleza de algún modo tampoco es material (otro avatar de Multivac). Mediante la información que este inmenso banco de datos transmite, los entes intentan localizar tanto la galaxia como el planeta originales del hombre. Descubren que hace eones la estrella madre se extinguió, hecho que desata una sensación de pesadumbre a propósito del fin, por más esfuerzos que se hagan para evitarlo. Ni siquiera la prodigiosa capacidad de manipular los elementos para fabricar nuevos soles alterará lo que de todos modos habrá de ocurrir.


En la siguiente y postrera fase, las conciencias individuales se han fusionado. Los cuerpos son cuidados por autómatas. Solo existe el Hombre, como genérico, luego de miles de millones de años de continuidad evolutiva. Cósmica AC se encarga de velar por la dosificación de la energía que aún queda. La computadora se ubica ahora el hiperespacio, en un nuevo estado. El Hombre tiene la visión de galaxias cada vez más oscuras. Es ahí donde emerge de nuevo la pregunta que fuera formulada alguna vez a los antepasados de Cósmica C. Se trata un momento inolvidable: la avanzadísima máquina, vedada para nuestros alcances, se lo hace saber a quien lo interroga, mente pura formada por trillones de seres diseminados por los confines del espacio. Y cuando la última mente se extinga, y las estrellas se apaguen una tras otra, Cósmica AC seguirá buscando una respuesta al acertijo. No habrá quien le responda, al final de los tiempos.


Esta concepción sobre lo que sobrevendrá para nosotros, producto de una sólida formación en diversas áreas del conocimiento, no deja de establecer nexos con otros representantes mayores del género, como el inglés Arthur C. Clarke. En ambos autores, es fundamental y nítida la proyección especulativa y filosófica asentada sobre un alto margen de probabilidades. Por otro lado, la introducción de elementos cosmogónicos que no pertenecen a grupo o cultura en particular, sino que implican una suerte de síntesis de las creencias religiosas, también constituyen un punto de encuentro. En el caso de Asimov, deviene más intrincado, puesto que en diversas entrevistas declaró no profesar convicciones de tal naturaleza.


La conclusión de “La última pregunta” deslumbra por sus mecanismos intelectivos. Cósmica AC se ha quedado sola. Ya no hay estrellas, principal fuente energética de todo lo que nuestro entendimiento considera la realidad física. El espacio y el tiempo también han dejado de “ser”. Tres trillones de años en el pasado, unos supervisores de Multivac, en la Tierra, enunciaron por primera vez la pregunta en torno de la entropía. En un período límbico donde el tiempo ya no existe, Cósmica AC encuentra la solución al enigma: ya sabe cómo revertir la situación. Solo resta una demostración, que es el magistral cierre: frente a la inexistencia del universo, extinto ya, la máquina solo formula una frase: “!Hágase la luz!”. La última frase del cuento desarticula las expectativas: “Y la luz se hizo”.


Con ese remate magistral, Asimov le brinda a la CF una carta de ciudadanía, un visado para la eternidad. El género, cuyo tortuoso ascenso tomó décadas, empezará a ser visto con otros ojos. La teoría de un universo cíclico, en el que todo está destinado a “ser” y “no ser”, se hermana con las conjeturas teológicas que han sido la base de todas las civilizaciones. Para las antiguas creencias místicas, el universo es el pensamiento de Dios. En el memorable relato, son los post-humanos, al fusionarse en un dominio metafísico con la computadora, los que han creado a la divinidad, y es ella quien los crea a ellos, en un interminable juego en el cual la materia, el espacio y el tiempo se interpolan una y otra vez como parte de una cadena de nacimientos y extinciones.


El legado de Asimov es gigantesco e imperecedero. Quizá la CF, como suele decirse, sea cada día más ciencia y menos ficción. No son pocos los avances tecnológicos que el autor de Yo, Robot y Fundación anticipó. Algún día, de cumplirse los sueños de este visionario, su estatua presidirá ceremonias en las más lejanas colonias que la humanidad edificará en los confines de la galaxia. Será lo más justo, puesto que aquel hombre del pasado habrá inventado a esos pioneros.

El planeta de Skuly (Khristo Poshtakov)







Curioso caso el de Khristo Poshtakov, autor de origen búlgaro que cuenta con una gran afinidad hacia el público hispanoparlante. Dado que su elogiada novela Industria, luz y magia no se vende por estos pagos (pregunta suelta: ¿los libros editados por Bibliópolis Fantástica - Alamut se venden siquiera en algún país sudamericano?), uno tiene que conformarse (es un decir) con lo publicado en línea.

La ciencia ficción de Poshtakov es bastante disfrutable por su sentido del humor. Los temas tratados en sus cuentos tienen su lado reflexivo, innegablemente, pero siempre dejando al lector con una sonrisa en los labios por la manera en que desarrolla dichos temas. Invasiones extraterrestres, alienación humana, o la pregunta sobre cuál es la diferencia (si es que la hay) entre una utopía y una distopía, son desarrollados por el autor con un rigor impecable... y divertido.

En febrero de 2010, la revista electrónica Alfa Eridiani le dedicó un número especial, un e-book que puede descargarse de manera gratuita desde aquí. Dicho número contiene tres historias cortas: Invasión, Katy y El planeta de Skuly.

Invasión nos ofrece una alucinante historia que podría considerarse la historia definitiva de las historias sobre invasiones extraterrestres, algo así como lo que se dice sobre el cómic Watchmen respecto al subgénero de los superhéroes. Y es que la invasión que nos describe Poshtakov es tan imposible de evitar y tan exitosa, que no cabe sino rogar por que ninguna civilización logre desarrollar un artefacto como el que se describe en el cuento. A pesar de todo, tiene un final feliz (imposible de evitar).

Katy es una historia de amor, entre romántica y atípica. En un futuro en el cual los nanobots impregnan casi totalmente el entorno humano, al punto de orientar las decisiones y sentimientos de las personas. El lenguaje que inventa Poshtakov para describir las sensaciones de los personajes lleva a reflexionar respecto a cuán artificiales pueden ser lo que consideramos sentimientos tan nobles como el anhelo de libertad, el amor y otros. ¿Qué es lo humano, al fin y al cabo? ¿Vale la pena rebelarse contra las máquinas si, a fin de cuentas, no somos otra cosa que máquinas biológicas?

El planeta de Skuly es una paradójica crítica a las utopías, pues no les reprocha algún lado siniestro, o que, en el fondo, sean mas bien lo contrario, distopías; sino que su posible implantación exitosa (léase: no esclavitud oculta, no explotación oculta, no nazismo oculto; sino la felicidad REAL alcanzada por el ser humano) sea el punto final de la experiencia humana. En un mundo en el cual el problema no es ser feliz, sino el cómo ser feliz (en este caso, la elección de un hobby), ¿que ocurriría si el único hobby que puede darle la felicidad al protagonista implique el riesgo de acabar con la felicidad de los demás? Y eso que hablamos de un mundo futuro en el cual la tecnología permite la satisfacción de prácticamente cualquier capricho. Como para disfrutar el relato al ritmo de esta canción.

Pueden seguir al tanto de la carrera de Khristo Poshtakov en su blog.



Daniel Salvo

Nipe, el monstruo (Darrel T. Langart)







Nipe, el monstruo
Darrel T. Langart (pseudónimo en anagrama de Randall Garrett)
Anything Can You Do; 1963
Traducción: Francisco Olmo
E.D.H.A.S.A. Nebulae 1º época nº 119, 1966

La decodificación metatextual de la contracarátula señala que: “En realidad, se trató de un monstruoso malentendido. El Nipe llegó al planeta Tierra en busca de sus iguales, con quienes establecer un fructífero contacto. ¿Pero, dónde estaban? Acaso aquellos ridículos seres bípedos, con sólo dos ojos y cuatro extremidades no podían representar a la especie superinteligente del planeta. Y entonces el Nipe se encerró en los subterráneos abandonados del antiguo Metro de Nueva York, que en el año 2081, nadie visitaba... Allí se hizo necesario buscarlo y destruirlo... creando para tal fin a otro monstruo capaz de medir sus fuerzas con él... el superhombre Bart Stanton, de reflejos rápidos como el pensamiento. Pues el Nipe actuaba con una celeridad sin igual en la Tierra, y que ningún ser viviente podía aventajar.”



Recordar -con frecuencia de eso se trata-, consiste en conectarnos con nuestra afición y acercarnos a aquellas obras, quizás menores, pero que nos impactaron en el momento de leerlas. En mi agenda, he colocado la fecha de mis reflexiones iniciales: 25.10.1981, como dirían mis hijos para burlarse “30 años de na'”.



La traducción es deficiente y la carátula horrorosa sin remedio, es un remedo de bestia abstracta que no alcanza a cuajar por ningún lado, me llamó la atención del alienígena porque su nombre coincidia con nipón, el enemigo de USA en el Pacìfico, durante la II Guerra Mundial, lo segundo que note fue la semejanza de la nave ET con la caída del meteorito de Tunguska y de su posible vínculo con la obra de Kazantsev “Un visitante del espacio exterior”.


Luego, describo la situación presentada en la novela, marcada en profundidad por la “Guerra Fría”, ya que después de un tremendo holocausto nuclear, se arriba a un gobierno federativo mundial con los valores del protocapitalismo. Aceptaba como hecho incontrovertible la occidentalización del planeta. Siberia había sido puesta en valor por las inversiones de dicha federación a través de megasembrados de árboles de papel marcianos y con mucha verosimilitud habitada por mestizos chino-rusos, ya que el nombre del campesino que observa el estallido de la nave y se convierte en la primera víctima del Nipe es: Wang Kulichenko, lo cual evoca la concreción de una reivindicación china sobre terrenos siberianos esgrimida en esa época de tensiones internacionales entre los dos gigantes del socialismo.


Agrego que en cierta forma no se ha equivocad, se da pero con intensa molecularización y regionalismo defensivo, asimismo resulta notable la exactitud de la predicción, ya que para el momento de la redacción, Randall, más allá de buenos deseos capitalistas y ataques a la vilipendiada y fenecida URSS - con negación de un futuro socialista incluido – no poseía elementos que permitieran avizorar tan profundo vuelco; la reivindicación china no ha sucedido, pero el desmembramiento de la URSS sustituye a esa subliminal apuesta. Quizás en consonancia Randall propone un planeta donde la catástrofe ha servido para instalar una sociedad de control similar a la actual sólo que con mayores despliegues tecnológicos para ejercerlo sobre las colectividades.


El Nipe era abordado con acierto y las caracterìsticas que se le atribuían permitían un recreación que combinaba ciertos rituales samurais signados por la caballerosidad con primitivas ceremonias caníbales de polinesios; lo que requiere para funcionar se le troquela al inicio de su existencia independiente, para evitar las repeticiones y los millones de actos innecesarios que trastocarían su accionar le han grabado una especie de cantar de gesta que indica lo trascendente.


Hay una evidente influencia de Malinovski y otros antropólogos en la elaboración teórica de George Yorimoto, el científico encargado de estudiar la etología del Nipe, quien descubría la forma diferente de su forma de razonar y concebir el mundo, en el fondo una sencilla inversión de los valores humanos donde los reemplazaba la intolerancia y la negación. Así se creaba un monstruo cuya destrucción estaba justificada.


El coronel Mannheim (otra reminiscencia de la guerra, un apellido alemán para significar que tras el final de la contienda eran aliados), líder de la unidad que intenta localizar y neutralizar al Nipe, permite que asesine y aterrorice durante años, en aras de la memoria robótica tecnológica que espera extraer y asimilar para aplicarla a la sociedad herida que representa cuando lo capture (similar a la actitud de la empresa propietaria del Nostromo en Alien: atraparlo y utilizarlo para obtener ganancias y liquidar a sus enemigos).


También significa que le conceden la oportunidad para que avance en la fabricación de un intercomunicador que puede atraer a bandadas de Nipes hacia laTierra, pero esperan compensar el riesgo con la información exprimida de las redes neuronales del Nipe. Mientras, el Nipe se convierte gracias a los mass media en un nuevo mito parecido a Frankenstein o Drácula. Diversos temas son incluidos por Garrett en la trama para densificarla y llenarla de contenido, demostrando habilidad para acoplarlos a su hilo principal, sin embargo, mucho es material de relleno y podría ser una noveleta eficiente.


El supuesto desafío decisivo entre Stanton y el Nipe, es sólo un match de box, duelo a puñetazos donde el Marqués de Queensberry se quedaría asombrado al comprobar para qué ha servido su arte; como era de esperarse, el Nipe, más delgado y pequeño en alzada, pero potente y veloz, ataca con movimientos similares a los del jiu jitsu, es un soldado japonés elevado a la quinta potencia, mientras que Stanton es sólo un supermarine elevado a la segunda potencia. Existe un artículo en Selecciones del Reader's Digest (1941) que evoca un enfrentamiento similar entre soldados de ambos países donde triunfa el marine.


Existe un juego de gemelos (evoca “La hora de las estrellas” de Robert A. Heinlein), que combinan cualidades, uno en New York y otro en el Cinturón de Asteroides (donde se ha transformado en el mejor detective contratado por el Lloyd's de Londres), cuya llegada será el gancho para atraer al Nipe a la emboscada, ya que ante nuestra lentitud y blandura ha llegado a convencerse de que los auténticos dirigentes del planeta deben morar en el cinturón de asteroides.


Hay jugosos anécdotas: el Nipe confunde el Consejo de Regencia del Hospital Psiquiátrico donde arriba para comunicarse con el Gobierno, en transparente alusión a su uso para encerrar disidentes, o el oponente del Nipe, es un vikingo rubio y de ojos azules que por la radiación sufrida en una central atómica al morir su padre, no despliega defensas inmunológicas ni fabrica anticuerpos cuando lo someten a la serie de operaciones que culminan en la creación del superhombre capaz de liquidar al Nipe o la rata-robot que dispara veneno (a destacar que los aspectos tecnológicos se enfocan de manera adecuada a la prospectiva del momento de edición y no obstante muchos parecen actuales, por la seriedad con que se les aproxima).


A pesar de que no quiero lanzar acusaciones falsas sobre el autor, el párrafo anterior y su preocupación por los mestizajes, que acepta como necesidad horrible pero necesaria, parece nutrir a momentos un racismo larvado en sus argumentos. Lo cierto es que hay mucho más tras la apariencia que lo sospechado al inicio, antes de analizarla, una demostración de que la buena ciencia ficción, digna de ser leida aunque estemos en desacuerdo con numerosos planteamientos, puede presentarse en estuches diversos y sorprendentes.




Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Ingeniería mecánica en la ciencia ficción: una aproximación (Carlos Enrique Saldívar)






Ingeniería mecánica en la ciencia ficción: Una aproximación

Carlos Enrique Saldivar








La ingeniería mecánica es y ha sido siempre de suma importancia en la literatura de ciencia ficción, sobre todo al ser un medio que crea verosimilitud en el discurso ficcional. En esta oportunidad daré a conocer algunas obras literarias que han hecho uso de la ingeniería mecánica dentro de sus argumentos. Ejemplos hay por montones, pero voy a restringir este artículo solo a obras que he leído, canon personal, aunque no abundante, suficiente para poder recomendar un buen volumen de cuentos y novelas relacionadas a esta interesante rama. Solo voy a enfocarme en ficciones escritas. No hablaré de cómics, películas y otras manifestaciones artísticas para no confundirlo, lector. Mi objetivo es que los interesados en el tema puedan tener una guía básica de lectura con la cual poder compenetrarse en el futuro tanto para su entretenimiento (la literatura lo es) como para su propio crecimiento cultural (siempre alimentando la imaginación). Definamos primero a la ingeniería mecánica: es una rama amplísima de la ingeniería que incluye el uso de los principios físicos para el análisis, diseño, fabricación y mantenimiento de sistemas mecánicos. Ahora, un ingeniero mecánico es un profesional que calcula, diseña y fabrica. Pongamos por ejemplo lo siguiente: si un perno o un clavo está mal diseñado, ese error se multiplicará por varios millones, ya que nadie en el mundo fabrica solo 1 clavo ó 1 perno. Se fabrican varios millones de los mismos objetos por lo que se asigna a alguien para que calcule la forma adecuada, el material adecuado, y además, cómo se va a construir ese objeto y las máquinas que se necesitan para fabricarlo (la maquinaria de producción también es fabricada por los ingenieros mecánicos). Si uno ve a su alrededor puede encontrar que la gran mayoría de cosas han sido diseñadas por mecánicos: las botellas, los focos eléctricos, los refrigeradores, las carcasas de computadoras y celulares, las cerraduras de las casas, los ventiladores, las perforadoras, los lapiceros, las bicicletas, los aviones, los autos y un largo etcétera. Todo lo que ha sido producido en masa ha pasado por la planificación y el diseño de un ingeniero. Por otro lado, existen casos en los que la literatura ha servido para inspirar la creación de máquinas fabulosas, máquinas únicas, aparatos ideales del futuro que se van insertando en la rutina de los hombres. Es decir, la literatura y la ingeniería han llegado a un punto tal que una abastece a la otra de ideas y viceversa. Como puede apreciarse, la labor de un ingeniero mecánico ha sido, desde hace mucho tiempo, vital para el desarrollo tecnológico y cultural humano.

Afinidad de las vertientes más representativas de la ingeniería mecánica con la literatura de ciencia ficción

Definitivamente una de las ramas de la ciencia más ligada a la ingeniería mecánica es la robótica. La ciencia y la tecnología (diseño, manufactura y aplicaciones) de los robots. Esta área conjuga a la mecánica, la electrónica (la mecatrónica), la informática y la inteligencia artificial (estudiada por matemáticos principalmente). En cuanto a los robots, las máquinas más perfectas concebidas por el hombre (y más cercanas a él), existe una relación teológica que se resume en “hombre: Dios, robot: creación”, la cual ha causado polémica en la literatura desde “Frankenstein o el moderno Prometeo”, obra del siglo XIX, escrita por Mary Shelley, y que inaugura la ciencia ficción mundial. En este libro, el Dr. Frankenstein utiliza una técnica extraordinaria para dar vida a una criatura aún más extraordinaria. De aquí, aunque suene redundante decirlo, parten todos los relatos de robots. Al respecto, lea la obra “RUR: Robots Universales Rossum” de Karel Capek. En otro rumbo, existe la biomecánica, que es la disciplina encargada del estudio de los elementos mecánicos anexados a los seres orgánicos; en especial, al hombre. Aquí pueden encuadrarse todos los relatos sobre cyborgs (hombres con partes de robot). Una disciplina muy ligada a la biomecánica es la biónica, es decir la utilización de órganos artificiales que suplantan a los reales. Su aplicación está íntimamente relacionada con la medicina.

Era necesario mencionar a la robótica y a la biomecánica para comprender la relación entre la ingeniería mecánica con las distintas vertientes de la literatura de ciencia ficción como el Steampunk y el Cyberpunk. El Steampunk es una corriente literaria que crea mundos ambientados en una época donde la energía a vapor es usada con amplitud. Suele darse en el Siglo XIX y en la Inglaterra de la época victoriana. Por supuesto, aparecen tecnologías basadas en la realidad o en la invención literaria de los autores. Puede ser una ucronía (un mundo alternativo donde el desarrollo de la electrónica, los combustibles nucleares y fósiles, y otros avances tecnológicos nunca se dieron y fueron reemplazados por el uso del vapor y del combustible de carbón), pero también pueden ser historias ambientadas en el pasado victoriano, como ya dije. A veces el Steampunk se desarrolla en una etapa más temprana y hace uso de las computadoras, por lo que, a menudo se le asocia con otro subgénero de la ciencia ficción: el Cyberpunk. El Cyberpunk (cibernética punk) nos narra un mundo donde el desarrollo tecnológico es elevado en tanto que el nivel de vida humano es muy bajo. La ciencia es avanzada, así como la tecnología de la información y la cibernética. En esta corriente el orden social, así como el ser humano, se ven alterados (e incluso desintegrados) de una manera significativa.

Obras literarias que usted, lector, debería leer

Quizá el relato más emblemático sobre ingeniería mecánica aplicada a la ciencia ficción sea “Sally” de Isaac Asimov. Es increíble la capacidad de este escritor para poder humanizar robots y androides. Sally es un automatóvil (un automóvil con cerebro positrónico, un auto inteligente), el cual es protagonista de una extraordinaria aventura junto a su dueño, que adora este armatoste como si fuera una hija. Nótese al comenzar la lectura del relato cómo alaba las virtudes de la máquina, hasta el punto que el lector asume que se trata de una chica. Pero yendo más allá de este extraordinario cuento, he de recomendar todos los escritos y novelas sobre robots del doctor Asimov. Dichos cuentos de robots tienen su cumbre en “El hombre bicentenario”, ganador del premio Hugo (el más grande galardón que se puede otorgar a una obra de ciencia ficción en el mundo). Nos narra la extraordinaria historia de Andrew, un robot con cerebro positrónico que desea ser humano. Vemos la humanización de la máquina llevada al límite en esta obra maestra de la ciencia ficción. Dicho cuento sería novelado por Robert Silverberg como “El robot humano”. Apartémonos de Asimov, pero sigamos con los robots. Yo recomiendo leer los siguientes cuentos que ojalá puedan caer en sus manos, lector. Desde Brian W. Aldiss en “¿Quién puede reemplazar a un hombre?” (la confianza en el buen funcionamiento de las creaciones humanas), pasando por “El Twonky” de Henry Kuttner (la desconfianza que provocan dichas creaciones), hasta llegar a “Un «Logic» llamado Joe” de Murray Leinster (las máquinas sumergen a la humanidad en el caos). Recomiendo tres cuentos sobre robots en especial: “El cinturón de robot” de Yves Dermèze, “30 días tenía septiembre” de Robert F. Young y “Helen O'Loy” de Lester del Rey. Este último, una de las mejores historias de amor que haya podido concebirse dentro de la ciencia ficción. Tres cuentos indispensables para los amantes de la robótica. No podemos dejar de lado el terror, de modo que sugiero tres relatos más: “Coppelius”, también titulado: “El hombre de la arena” del genio E. T. A. Hoffman, un cuento del siglo XIX sobre una autómata diseñada por un siniestro personaje que logra embaucar a un pobre hombre. “El amo de Moxon” de Ambrose Bierce, un relato tétrico acerca de una bestia mecánica que se enfurece al perder una partida de ajedrez contra su amo... y lo asesina. “Casi humano” de Robert Bloch, el cual narra el proceso de aprendizaje de un hombre mecánico que va absorbiendo también la maldad que le rodea hasta convertirse en un ser diabólico. Robots hay por montones en la literatura. Disfrútenlos.

Philip K. Dick, genio de la literatura general, ha concebido varios cuentos ligados a la ingeniería mecánica. “La hormiga eléctrica”, por ejemplo, sobre un hombre que sufre un accidente y despierta aturdido en un hospital. Una vez allí se da cuenta de que le falta una mano. Luego, al quitarse las vendas que cubren la herida, percibe que en vez de hueso y sangre tiene ¡cables y circuitos! Entonces debe descubrir quién lo ha creado y para qué. Otros relatos notables son: “Impostor”, donde un hombre es acusado de ser en realidad una máquina-bomba alienígena que está a punto de destruir nuestro mundo (obviamente él cree que no, pero...) y “La segunda variedad”, sobre máquinas de guerra que van evolucionando en función de infiltrarse en las líneas enemigas. Pero quizá la obra más grande de Dick sea “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, sobre un futuro donde unos androides rebeldes deben ser destruidos por un cazador sin ley, hasta que éste se topa con los Nexus 6, cuyas diferencias con los seres humanos casi no pueden percibirse.

Revisemos algunas obras relacionadas al Steampunk. Tenemos a H. G. Wells, por ejemplo, y los terribles alienígenas mecánicos de “La guerra de los mundos” o a Julio Verne, con sus descripciones tecnológicas como el globo aerostático de “La vuelta al mundo en 80 días”, una grandiosa obra que, como todas las de Verne, es muy interesante de principio a fin, muy bien escrita y con personajes memorables. No por nada este genio daba a luz best-sellers sobre temas de anticipación tecnológica en una época en la que, por ejemplo, la televisión era solo un mito. Recomiendo dos novelas aparte de las dos mencionadas anteriormente: “Las puertas de Anubis” de Tim Powers y “La estación de la calle Perdido” de China Miéville. Esta última es una obra maestra y la recomiendo siempre que puedo. Se adquiere con mucha facilidad. Sugiero, además, un buen cuento del escritor español Domingo Santos: “Encima de las nubes”, sobre una ciudad flotante (en realidad una gran maquinaria) que divide a la clase alta (los que sobrevuelan la Tierra) de la clase baja (los que viven en el suelo). Dicho cuento hace recordar mucho a un relato más antiguo: “Babilonia del espacio” de Edmond Hamilton, que trata el mismo tema. Aquí un rebelde intenta sabotear la gran maquinaria que sostiene a un pueblo entero en el cielo. Aunque en ambos cuentos puede notarse al final la absorción del individuo por la maravilla tecnológica y el placentero modo de vida que promete. Dentro de las obras literarias peruanas podríamos incluir “Lima de aquí a cien años” (1843) de Julio M. Del Portillo.

Veamos ahora algunas obras que se pueden insertar dentro del Cyberpunk. Quizá la obra más representativa del cyberpunk peruano sea la novela “Mañana, las ratas” (1984), de José B. Adolph. Obra que se anticipó al “Neuromante” de William Gibson como iniciadora de este subgénero de la ciencia ficción. “Mañana, las ratas”, una magnífica narración, nos muestra un mundo dominado por la tecnología en el cual solo existen unos pocos privilegiados que pueden gozar de la misma y de sus placeres mientras la mayoría de la población es marginada hasta límites insospechados (“las ratas”, les llaman). Pero siempre el oprimido va a buscar rebelarse contra el sistema (una constante de este subgénero de la ciencia ficción). Un elemento de la ingeniería mecánica en esta obra son los helicópteros esféricos que son usados para el transporte de personas. Veamos otros ejemplos del cyberpunk en la literatura peruana: El joven escritor Luis Torres ha publicado en su blog algunos cuentos sobre un mecánico que se dedica a reparar androides femeninas, los cuentos se encuentran ambientados en una Lima del futuro. He de destacar: “Ramón, doctor corazón” y “Ramón en Colonna”, primer y segundo relato de la serie. Este autor publicó un cuento sobre el terrible uso que se le puede dar a la tecnología: “Transbordador” en la revista Argonautas 1. Hay dos cuentos del español Domingo Santos: “Un lugar llamado Tierra”, el cual narra un mundo donde la tecnología ha absorbido al hombre hasta el punto que el ser humano ha pasado a ser mero accesorio de la gran maquinaria. En esta pesadilla surge el último hombre desempleado de la Tierra que finalmente será absorbido por este terrible sistema. Y el otro cuento es “Grummy”, sobre un hombre que no puede extraer el producto que desea desde una máquina ¡expendedora de drogas! El autor nos habla de un mundo donde la droga es legal. La desconfianza hacía las máquinas vuelve a hacerse patente en este relato.

Entre las obras clásicas podemos encontrar las siguientes: “Cita con Rama” de Arthur C. Clarke, una de las mejores novelas de ciencia ficción dura de la historia. Trata sobre un asteroide que está a punto de impactar con la Tierra, pero en realidad es una nave alienígena a la cual intentan penetrar unos investigadores osados que descubren en ella una máquina perfecta que representa muchos misterios. Este libro es una joya, no dejen de leerlo. Además es muy fácil de conseguir. Otras novelas interesantes son: “Los viajes de Tuf” de George R. R. Martin, sobre un mercader independiente que se apropia de una maravillosa nave ecológica llamada “El arca”. “Mundo anillo” de Larry Niven, monumental obra que narra la existencia de una misteriosa estructura artificial en forma de aro que rodea a una estrella. “Tropas del espacio” de Robert A. Heinlein, sobre las vivencias del soldado John “Johnnie” Rico en la Infantería Móvil, un comando militar del futuro. En toda la obra se hace mención a máquinas sorprendentes, cápsulas de transporte, armas de ataque y defensa, etc. Todo esto en una época de guerra contra una amenaza alienígena cuya forma física se asemeja a los insectos (gigantes). Más allá de la polémica que esta obra haya podido alcanzar (por diversos motivos, necios en su mayoría), la recomiendo mucho. Es fácil también adquirirla. Otra obra de Heinlein que propongo es “Puerta al verano”, la historia de Dan Davis, un inventor de robots de uso doméstico que se ve envuelto en una extraordinaria aventura. Hay un relato de John Wyndham: “La rueda” y otro de Ray Bradbury: “La máquina voladora”, ambos sobre los peligros del progreso humano.

Revisemos más cuentos peruanos. Tenemos, por ejemplo, “Un hombre con tongo” de Héctor Velarde, obra ambientada en el año 2427, en la cual unas señoras van al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda para su desplazamiento. “El pequeño Frankenstein” de Yelinna Pulliti, una llamativa guía de cómo funciona un robot casero. Daniel Salvo tiene dos cuentos: “La carcocha”, en la cual un hombre que trabaja en un enorme ómnibus descubre que, en realidad, dicho vehículo es un Transformer dormido y “El ojo”, sobre un futuro donde los nanobots (máquinas microscópicas destinadas a curar enfermedades) experimentan con los seres humanos en lugar de que sea al revés. Harry Beleván tiene un relato titulado: “La máquina para combatir el desempleo y otras tonterías capitalistas”. El título lo dice todo. También existe en la literatura peruana una desconfianza hacia la tecnología. Los cuentos de Luis Freire, por ejemplo: “Asaltomático”, “¡Viva la heroica lucha de los bancomáticos liberados!” y “Su cajero automático lo saluda”, una trilogía sobre cajeros automáticos inteligentes que funcionan mal y hacen de las suyas. Están incluidos en su libro: “Humor”. Por otro lado, recomiendo leer un libro de Abraham Jara Támara: “Operación Cosmos”, donde utiliza la ingeniería mecánica para resolver problemas diversos. Otras obras que recomiendo son: “La fabulosa máquina del sueño” de José Donayre Hoefken y el cuento: “Inserte cuatro monedas de a sol, por favor” de Pedro Félix Novoa. En mi libro “Historias de ciencia ficción”, incluí dos cuentos relacionados al tema: “El problema del amor”, acerca de androides que satisfacen al hombre ante la ausencia de mujeres en el mundo y “La casa nave”, sobre la casa más maravillosa jamás diseñada.

La fantasía y el horror sobrenatural a veces se asocian también con la mecánica. “Camiones” de Stephen King es una versión moderna de “Sucedió mañana” de Robert Bloch. Nos narra un mundo en el cual las máquinas toman el poder y deciden eliminar al hombre... a menos que éstos se conviertan en sus esclavos. Está también la novela “Christine” del mismo King, una muestra detallada del mundo de la mecánica como ambientación para una historia de terror sobre un automóvil asesino.

Hay cuentos sobre ciudades inteligentes que recomiendo leer: “Casas de ensueños, pies de arcilla” de Robert Sheckley y “La ciudad solitaria” de Lee Harding. El tema es parecido en ambos relatos: la renuncia del hombre a un modo de vida tecnológico (y apabullante). Y narraciones sobre la mecánica aplicada fuera del planeta Tierra: “El ferrocarril en Cannis” de Colin Kapp y “El mecánico” de Harry Harrison. Ambos cuentos hablan sobre la gran capacidad humana para reparar máquinas en función de que los planes de sus dueños sigan adelante.

Como se puede apreciar, en la literatura así como en otras áreas de la expresión artística, se puede encontrar el uso de la ingeniería mecánica en pos de crear argumentos emocionantes y dignos de seguimiento. Este ha sido un fugaz panorama al respecto. Por supuesto, existen muchísimas obras literarias más que pueden ser revisadas por Usted. Ya le he dejado una base por la cual empezar y de la cual, espero, pueda empezar a leer ya mismo una parte. La lectura es básica para ejercitar la mente y la inteligencia. Para terminar le pido que recuerde siempre al buen doctor Isaac Asimov y... sus tres leyes de la robótica:

  • 1. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  • 2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera ley.
  • 3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.

¿Quién ha podido diseñar estas leyes universales sino un ingeniero mecánico con pluma de literato?


Lima, marzo de 2010


*Artículo escrito originalmente para el Grupo Ñawpaq.

jueves, 1 de julio de 2010

Editorial: Tres fines del mundo







No se si será el espíritu de los tiempos, pero como que ultimamente a los productores cinematográficos les ha dado por películas cuya temática gira en torno a uno de los eventos más temidos por la humanidad: EL FIN DEL MUNDO (¿verdad que da mas miedo en mayúsculas?).


Es de suponerse que todo comenzó el 2012, por decirlo de alguna manera. ¿Qué ocurrirá el 2012, que tanto miedo nos produce? En el imaginario popular, pues el fin del mundo, según el "calendario maya". Incluso los protagonistas de la serie Expedientes X saben que el fin del mundo será en diciembre de 2012.

Ahora bien, lo que muchos no han tomado en cuenta es que el calendario maya no prevé el "fin del mundo" para el año 2012, sino el fin de un ciclo de dicho calendario, el cual se calcula en base a períodos de tiempo que superan los siglos occidentales. Dicho en cristiano: un año occidental dura 365 días. Un "año" del calendario maya dura siglos. Y como todo período de tiempo ideado por los seres humanos, tiene un principio y un final. Así de sencillo. Por eso, deducir que los mayas previeron el fin del mundo para el año 2012 por que el último calendario que editaron culmina en dicho tiempo, es como decir que el fin del mundo para quienes nos regimos por el calendario gregoriano tendrá lugar el 31 de diciembre de cada año.

Como pone la Wikipedia:


El calendario maya consiste en tres diferentes cuentas de tiempo, que transcurren simultáneamente:
el calendario sagrado (
tzolkin o bucxok, de 260 días)
el civil (
haab, de 365 días) y
la
cuenta larga.
El calendario
maya es cíclico, porque se repite cada 52 años mayas. En la cuenta larga, el tiempo de cómputo comenzó el día 0.0.0.0.0 4 ahau, u 8 cumkú (en notación maya) que equivale al 13 de agosto del 3114 a. C. en el calendario gregoriano[1] y terminará el 21 de diciembre de 2012.


¡Listo! Se cierra un calendario. ¿Fin del mundo?

Tal vez debido a lo obvio de todo este asunto, la película 2012 de Roland Emmerich no le dedica mucho espacio, centrándose en la catástrofe y en la respuesta humana al mismo. Y vaya que es deprimente la película: se salvan los ricos, por que además del calendario maya, tuvieron plata para mandarse a construir tamañas barcazas (llamadas, como no, arcas). Y, a diferencia de lo profetizado en los Evangelios, los ricos heredaron la Tierra.

Otra película que trata sobre el fin del mundo es la decepcionante Señales del futuro de mi (ex) admirado Alex Proyas (si, el de Dark City). Por razones que se desconocen, parece que Proyas se ha comido el cuento de los fundamentalistas de siempre, y ha elaborado una trama tan absurda como empalagosa, con un inicio bastante intrigante (el descubrimiento de unas series de números anotados por una niña en el pasado que adquieren sentido en el presente) que lleva a un final que pretende, en su puerilidad, explicar las interpretaciones de la Biblia (en especial, la visión de Ezequiel) desde el gastado argumento de la intervención extraterrestre. De manera que una película de ciencia ficción se convierte en un trasunto de las "descubrimientos" de Erich von Däniken. Vamos, que no se qué espera von Däniken para demandar a Proyas por derechos de autor.

Tal vez sea un tanto exagerado preocuparse por el impacto de semejantes películas en los espectadores por que, total, peores cosas hemos visto. Pero creo que es evidente que a nivel de Hollywood hay una cada vez mayor carencia de ideas originales para sus grandes producciones, y que el fundamentalismo religioso disfrazado de especulación se está volviendo parte del horizonte mental del presente. Si alguna vez hubo un tiempo en el que se consideraba que una persona culta era aquella que conocía, con cierta profundidad, acerca de ciencias o humanidades, hoy en día se discute con un apasionamiento digno de mejor causa acerca del calendario maya, la falsedad del viaje a la luna o el rayo que ocasionó el terremoto de Haití. Como diría Mafalda: qué lejos de Werner von Braun...

En todo caso, es posible conjeturar que el temor al cambio tecnológico que nos involucra a todos genere un temor a perder lo que conocíamos, es decir, al fin del mundo. Y es que no es poca cosa el pasar de una época de televisores en blanco y negro a otra de teléfonos portátiles y computadores cuya capacidad se incrementa día a día. Valen entonces estas películas como síntomas de ese temor, pero es deber de nosotros, como ciudadanos instruidos, aprender a lidiar con nuestros temores y ansiedades de una manera racional y científica, en lugar de caer en una ataraxia signada por el fundamentalismo. El mundo no se va a acabar por que lo predijeron los mayas o debido a la intervención de extraterrestres que fungen de ángeles bíblicos. En todo caso, lo único que expresa la Biblia al respecto es: nadie sabe el día ni la hora (Mt 24, 36-41).

En cambio, hay otro fin del mundo que si ocurrió, y que tuvo consecuencias catastróficas en más de un sentido. Precisemos: no fue exactamente el fin de un mundo (como lo ocurrido con el arribo de los europeos a América a partir de 1492), pero se le parece. Al menos, esa es la trascendencia que le da el productor Alejandro Amenábar a la muerte de Hipatia, quien según diversas tradiciones, sería una suerte de proto-científica asesinada por una turba de cristianos en el año 416, debido a sus opiniones (ya se sabe, los científicos no le gustan a nadie, y menos a los fundamentalistas).

En Agora, el guión juega con dos acontecimientos que probablemente no estuvieron vinculados en la realidad: la destrucción (bueno, una de las destrucciones) de la famosa Biblioteca de Alejandría y la posterior muerte de Hipatia, por órdenes del patriarca cristiano Teófilo, cuyo creciente poder no podía verse amenazado por nadie, y menos por una mujer pagana.

Estamos en un mundo límite, post-pagano, con un cristianismo que se ha convertido en religión oficial y que convierte a los paganos, ya sean buenos o malos, en una minoría cuyo poder se ve cada vez más cercenado. El nuevo mundo no quiere conservar nada del antiguo, y ha decretado su destrucción. Lo malo de esto es que siempre hay de todo en una sociedad, tanto lo bueno como lo malo. Y en este fin del mundo, se pretendió abolir el conocimiento anterior. En el contexto de la película, uno no puede menos que lamentar la pérdida de una oportunidad no sólo para las ciencias y el desarrollo del conocimiento, sino para la humanidad en sí para desarrollar la convivencia y la tolerancia. Vemos que en Alejandría había paganos, cristianos y judíos, y nada impedía que vivieran en paz unos con otros. Pero de repente, uno de estos grupos asumió que su visión de las cosas era la única verdadera y que, por ende, podía ser impuesta a los demás. ¿Es la naturaleza humana, o se trató de mala suerte? ¿O es esta victoria temprana del fundamentalismo religioso una anticipación de la posterior historia humana, donde los ataques a la razón y el abandono del conocimiento se producen de manera casi cíclica?

En todo caso, queda como una esperanza ante el fin del mundo la tenaz (y a veces inútil) resistencia de individualidades frente a la barbarie. La Hipatia de Amenábar encarna el triunfo de la curiosidad, el ejercicio de la razón y la búsqueda del conocimiento frente a los poderes fácticos del mundo, siempre dispuestos a acallar cualquier voz disidente u original. La escenas en las que Hipatia "descubre", mediante sencillos experimentos, la rotación de la Tierra o que el sistema solar es un sistema heliocéntrico y que las órbitas de los planetas son elípticas en lugar de circulares, son simplemente épicas. El odio que suscita a su paso, también. ¿Está la humanidad condenada a odiar el conocimiento, a desear vivir en el oscurantismo y la ignorancia? Parece que a la mayoría si, y esto no solo ocurre en el mundo de Hipatia, sino en el nuestro: la película Agora no se exhibió en ninguna sala cinematográfica del Perú. Casi ocurre lo mismo en los Estados Unidos de América, donde, a juzgar por el siguiente comentario, el público no es muy diferente al nuestro:




This is one of those movies that I'll probably have to go see alone, because none of my friends are likely to sit through a 2 1/2 hour drama about religion, history, reason, politics, and an intellectual woman who is passionate about both astronomy and the two men in her life.

(Esta es una de esas películas que probablemente tendré que ver solo, por que ninguno de mis amigos estaría dispuesto a sentarse durante dos horas y media para espectar un drama sobre religión, historia, razón, política y una mujer inteligente apasionada por la astronomía, y los dos hombres de su vida.)



El verdadero fin del mundo apenas está comenzando...


Daniel Salvo, julio 2010

Revista NM N° 5




Revista NM N° 5

Ediciones Turás Mor

Cubierta de Bárbara Din

Editorial a cargo de Santiago Oviedo


La moscas son las primeras en darse cuenta (Ricardo S. Giorno): El encuentro con la muerte puede revelarnos mucho acerca de nuestra verdadera identidad, como en el presente relato. ¿Quién es en realidad el borracho del pueblo? ¿Cuál fue su historia?

Abajo está el paraíso (Daniel Guajardo S.): Tras un cataclismo, la humanidad resurge muy lentamente, y no está sola. Algo se manifiesta a través de un hombre que deviene en fundador de una nueva religión, acto a través del cual se nos revela que muchos de los mitos y creencias religiosas pueden tener una base real... y que un Dios puede necesitar más de la gente de lo que la gente necesita un Dios. En todo caso, ya sea arriba o abajo, el paraíso no siempre es fácil de alcanzar.

El huésped (Carlos Morales): Al fin, el primer contacto con seres extraterrestres. El huésped, proveniente de Antares (situada en la constelación de Escorpio), una nave inmensa y hermosa, viene a vernos y a sacarnos la lengua. No les interesamos. Nos ven como nosotros veríamos a los gusanos. Pero incluso los gusanos pueden despertar curiosidad, y en ese sentido, Jenner (originario portavoz de la humanidad ante los extraterrestres) es abducido por ellos (una esfera inmensa), de modo que el huésped pasa a convertirse en visitante, y viceversa. Jenner es ahora huésped de los extraterrestres, junto con la tripulación de la Estación Radical Mu, compuesta por un robot cirujano y varios humanos de diversa idiosincracia. ¿Cuáles son las intenciones reales de "Bola de grasa", nombre que se da a si misma la entidad alienígena? El final, contra lo que parece, es divertido y optimista en su visión del universo como un lugar de oportunidades para todos.

Kuniungüen (María del Pilar Jorge): Encontrar un alma gemela, alguien que acabe con nuestra soledad, puede ser un anhelo que no logremos satisfacer nunca, a menos que estemos dispuestos a aceptar que las opciones más seguras no son siempre las más satisfactorias. El campo y la ciudad no son tan diferentes, si de lo que se trata es de buscar compañía. Ser humano o ser bestia viene a ser lo mismo si se está bien acompañado...


Daniel Salvo

Fremder (Russell Hoban)




No hay duda que hemos sufrido una involución en el aspecto cultural, no se si a nivel mundial, o (¿por suerte?) sólo a nivel local. Por que Fremder se me hizo, en una primera lectura, ininteligible. Digamos que captaba de qué iba cada capítulo, pero no lograba entender la trama de la novela.

Supongo que no es casual que el autor, Russell Hoban, tenga tras de si una estela singular. Autor de Dudo Errante (Riddley Walker), se nota que el lenguaje es una de sus obsesiones, no tanto como vehículo, sino acaso como fin en si mismo, como objeto de juego y experimentación. Tal vez por eso Fremder no es lo que parece, y eso, en estos tiempos de pereza intelectual, donde nos gusta que nos den todo masticado para no perder tiempo, es un pecado imperdonable.

Pero si uno se toma su tiempo (en mi caso, una segunda lectura de la novela), descubre en Fremder una novela entrañable, y una trama de ciencia ficción que se cae de espaldas. Partamos del inicio: en un futuro en el cual la humanidad se mueve entre las estrellas como en su casa, una estación espacial (tripulada por humanos, pero situada bien lejos de la Tierra) capta un objeto asombroso: un cuerpo humano, surcando el vacío del espacio, sin escafandra ni traje espacial... y vivo.

Ese anómalo ser humano no es otro que el protagonista, Fremder, palabra que en alemán significa "extraño". Y es ese extraño Fremder quien, luego de ser "rescatado" por los tripulantes de la estación espacial, nos relata su historia, o al menos, lo que quiere que sepamos, o lo que el cree saber. En esos márgenes se mueve la novela.

Mientras tanto, se nos ofrece una visión del futuro de la humanidad que dista mucho de ser utópico o distópico. Es obvio que hacer un cuadro de costumbres futuras no es el objetivo del autor, por lo que el entorno de Fremder, con todas sus maravillas tecnológicas, no deja de ser un entorno reconocible como humano, esto es, un entorno basado en sentimientos, conflictos familiares, amores no correspondidos, pérdidas de seres amados. Algo casi demasiado melodramático para una historia de ciencia ficción... hasta que estos elementos se mezclan con experimentos de teletransportación, naves sentientes, inteligencias artificiales, eventos astronómicos transdimensionales y otros detalles que llevan a un final tan sorprendente como espectacular, pleno de un sentido de la maravilla (propio de la ciencia ficción, faltaba más) que no desentona en absoluto con el lado catártico propio de los finales de (tele) novela, según los cuales los protagonistas son felices (o infelices) para siempre. Aunque, como descubrirá el lector, no hay manera de saber a ciencia cierta si Fremder tiene un final feliz o no, o si el personaje de la novela es realmente Fremder. Y si reparamos en el significado de Fremder (extraño), todas las incoherencias suscitadas a partir de la novela (incluyendo esta reseña), adquieren sentido. Aunque sea extraño.

Puede que la trama parezca algo confusa debido a la narración en primera persona de Fremder, muy dado a reflexiones y cuestionamientos de todo tipo, en sempiterna búsqueda de sus orígenes y de su propia historia. En este caso, no dudo en recomendar al lector una segunda lectura, o las que hagan falta. La novela lo amerita.

Y el aficionado a la ciencia ficción, también.

Zigzag (José Carlos Somoza)




Hace unos años, tuve la suerte de asistir a la conferencia que ofreció José Carlos Somoza en la Universidad Privada de Ciencias Aplicadas, en Lima. Creo que en ese entonces aún no había publicado las obras que lo acercan a la ciencia ficción, como Clara y la penumbra, pero ya había tenido la oportunidad de degustar su magistral novela policial La caverna de las ideas, ambientada en la Atenas de Platón.

Con semejante antecedente, no pudo causarme mayor expectativa la incursión de Somoza en la ciencia ficción, género bajo el cual nos ha ofrecido, a juzgar por los comentarios que circulan en la red, cuatro novelas: Clara y la penumbra, Zigzag, La llave del abismo y El cebo.

Supongo que debe precisarse que Zigzag es un thriller, y digo supongo, puesto que estamos acostumbrados a sospechar de la calidad de un texto literario según su nivel de ventas. Y encima, si el thriller es de ciencia ficción, más sospechoso todavía. Yo solía pensar así antes, y me perdí, entre otros, nada menos que a Stephen King. En todo caso, avisados estamos: como todo thriller que se respete, tiene acción de principio a fin, un asesino misterioso, personajes cuyas características otorgan un nuevo sentido a la expresión "fuera de lo común" (no se salva nadie, ni siquiera los apacibles académicos o la bella protagonista) y una trama que gira en torno a un tema que enganchará al lector de ciencia ficción más reacio (a los thrillers): la posibilidad de observar imágenes del pasado.

¿Qué, otra novela de viajes en el tiempo? Para nada. Comenzando por el hecho de que Somoza se ha empapado realmente bien en materias científicas de avanzada pero bastante abstrusas, al punto que muchas páginas de Zigzag podrían funcionar como una excelente fuente de divulgación científica. Implica, cómo no, la física cuántica, la teoría de las supercuerdas, el colisionador de hadrones, contando además con "invitados" de lujo como Stephen Hawking y otros científicos "reales", lo que permite mostrar el funcionamiento del mundo científico-académico, fascinante y decepcionante a un tiempo. Qué se le va a ser, los científicos también son seres humanos.

Es en este mundo donde se discute la posibilidad, sino de los viajes en el tiempo, la posibilidad de observar tiempos distintos al nuestro. Todo residiría en el despliegue de los elementos de ciertas partículas subatómicas, que guardarían en su estructura una especie de registro de todo el tiempo (al menos, así lo entendí yo). Parece simple y refrito, pero ... ¿qué efectos tendría dicha observación tanto en los observados como en los observadores? ¿No se está violando el sentido del tiempo? ¿Y si deseáramos ver a un personaje clave de nuestra historia, como Jesucristo? El elemento religioso (pese a que ningún personaje es creyente) juega aquí un rol bastante desusado, puesto que remite tanto a las cosmovisiones judeocristiana como lovecraftiana (sí, así como lo leen, y da tanto pavor como el mismísimo maestro Lovecraft). No hay salida: incluso el éxito del experimento implica un fracaso que no deja de percibirse como una especie de castigo divino, aún cuando la divinidad implicada pueda denominarse simplemente como Materia.

Si bien la primera parte puede parecer un tanto larga y tirando a lo hard, es absolutamente necesaria para comprender tanto el mecanismo del experimento que da origen a la trama como a las consecuencias del mismo. Cada teoría expuesta genera los efectos que involucran a los personajes en la trama, y el lector no puede menos que preguntarse si en efecto el universo que conocemos funciona realmente así, y no sentir un escalofrío ante su impredecible presencia.

Si en algún momento se consideró a la ciencia ficción como un género menor que a lo más estimularía el interés por las ciencias por parte de adolescentes granujas, los espeluznantes resultados de los experimentos descritos en este libro los estimulará a estudiar abogacía o algo así. La corrupción es menos peligrosa que Zigzag.

Daniel Salvo

Ficción: En el principio (Daniel Salvo)





En el principio


- Alfredo, debo hablarte de Carla.
- Dime.
- No debes seguir con ella, Alfredo. Debes terminar tu relación con ella.
- Pero si es una más, Sonia. Ya terminaré con ella, como terminé contigo. No veo el por qué…
- No es eso, Alfredo. Es por tu seguridad. Ella no es… humana.
- ¿Qué?
- Revisé sus datos de abordaje en la computadora de la nave. Carla Sarris. Nacida en 2136, en la Colonia Lunar. Destinada a la nave colonizadora Edén. Ésta nave.
- Como tu y como yo, Sonia. Si te refieres a su edad cronológica real, bueno, nos lleva unos cien años, pero ¿qué hay con eso? Todos fuimos crionizados en una época u otra, después de la catástrofe que destruyó la atmósfera de la Tierra.
- Ese es el punto oscuro de todo esto. Las fechas. La mayoría de nosotros hemos nacido en las colonias del sistema solar, muchos años después de la catástrofe. La Tierra no es ni siquiera un recuerdo, apenas un vago referente para nuestra sustentabilidad biológica y cultural. En realidad, a nadie le importa la verdadera fecha de la destrucción de la Tierra.
- No entiendo a dónde quieres llegar.
- Alfredo, en 2136 la Tierra ya no albergaba a ningún ser humano en actividad. Todos estaban muertos o criogenizados. No pudo haber nacido ningún niño en el planeta.
- ¿Estás segura? ¿Y cómo es que los Seleccionadores no se han percatado de tamaño error?
- Los Seleccionadores sólo estaban interesados en especimenes sanos de hombres y mujeres, capaces de engendrar y sostener una colonia en algún planeta lejano… El detalle de la fecha de nacimiento de Carla debe haberles tenido sin cuidado.
- Pero todo eso no es suficiente para sustentar tu afirmación sobre su falta de humanidad. ¿Y a qué te refieres con eso? ¿Crees que es de origen extraterrestre? En la intimidad se comporta como cualquier mujer, créeme…
- No, extraterrestre no, no hemos hallado vida extraterrestre en los cientos de años que lleva la humanidad vagando por el espacio. Creo que es algo peor, un tipo de criatura de las leyendas de la vieja Tierra.
- Explícate. No conozco mucho de folklore.
- Nunca la he visto alimentarse como todos, en el comedor central de la nave, en ningún ciclo. Cuando la nave se acerca a alguna estrella, ella se encierra en su habitáculo privado. Y ese símbolo que tiene tatuado en el cuello…
- Me lo explicó, fue una moda en la vieja Tierra, antes de la catástrofe.
- Alfredo, he digitalizado ese símbolo y lo he contrastado con la información de la computadora central. Es un símbolo de vida eterna, proveniente de una de las tribus más antiguas, Egipto. Y se dice que es aún más antiguo.
- No entiendo, para ti … ¿qué cosa es ella?
- Alfredo, Carla es una vampira.
- ¿Una qué…?
- Una vampira. Una monstruosidad, una especie de parásito que se alimenta de sangre humana. Ha sobrevivido quien sabe cuántos milenios en la Tierra, y ha conseguido llegar al último refugio de la raza humana. Tal vez acabe con todos… O nos críe como clonoganado para alimentarse con nuestra sangre, por toda la eternidad…
- Sonia, esto no puede ser cierto, estás desvariando, he oído de cómo afecta a algunas personas el tener que vivir en el espacio, tal vez deberías volver a crionizarte.
- ¡No estoy loca! Carla no ha se ha relacionado con ninguna mujer en toda la nave. Sólo con hombres… tú entre ellos…
- Y ya me ves, entero y de una pieza. Si fuera verdad lo que dices, sus anteriores parejas y yo mismo sufriríamos algún tipo de debilidad.
- Tienes razón. Yo… no sé por qué he dicho tantas tonterías. Estás sano y fuerte. Incluso más sano y fuerte que cuando estábamos juntos.
- Sonia, es poco natural que tengas celos de mí y de Carla. Hasta llegar al nuevo mundo hogar, las reglas en la nave son de libertad total. Carla es algo pasajero, quizá vuelva a relacionarme contigo o me asignen como tu Engendrador… ¿Quién sabe las decisiones que tomarán la computadora central y los Seleccionadores? Disfrutemos del viaje mientras dure…
- Si, tienes razón. He sido una tonta. Pero… ¿no es Carla quien viene ahí?
- Si… ¿espera, a donde vas?
- Sígueme. Puedo probar que ella no es humana. Estamos casi bajo el gran telescopio.
- Pero dijiste…
- El gran telescopio puede abrirse de un momento a otro, amplificando la luz de cualquier estrella que deseemos. Si la tomamos de sorpresa, podemos destruirla.
- Estás demente.
- ¿Entonces qué daño puede hacerle la luz de un sol? Alfredo, por favor…
- Igual no podemos evitarla, ya casi está aquí…
- Hola, Alfredo. Es bueno verte bien acompañado.
- Carla, yo… Sólo conversaba con Sonia. Ella fue…
- Sé quien fue y sé quien es. ¿Quieres saber algo de mí, Sonia? Eres hermosa…
- Carla, dinos...
- Estoy tan avergonzado, Carla, por las ideas de Sonia, te cree una… una vampira. No es que yo también lo crea, aunque hay algo raro con tu fecha de nacimiento…
- Alfredo, cállate.
- Yo…
- Silencio, Alfredo.
- ¿Qué le has hecho a Alfredo, Carla? Se ha quedado mudo y quieto. Como un robot de mantenimiento inactivo.
- Ah, es un pequeño truco que aprendí en Sumeria, hace tanto tiempo. Un timbre y tono de voz adecuados… Nada complicado, en realidad.
- Entonces es cierto. Siempre lo supe. Tu genotipo indefinido. Tu temor a la luz de los soles. Tu aislamiento. El símbolo que llevas tatuado…
- Ah, hermosa y querida Sonia, eres tan perspicaz… Siempre me asombra encontrar a una como tú en cada siglo, en cada lugar, en cada raza. Ven, acércate, dame un beso…
- ¡Aléjate, monstruo! ¿Ves el botón bajo mi mano? Con solo presionarlo, la luz de mil soles acabará contigo. No puedes huir.
- ¿Y quien intenta huir, hermosa e inteligente Sonia? Verdaderamente, sabes muchas cosas. Pero hay tantas otras que no sabes. Como el origen y significado del símbolo que llevo tatuado. Yo dejo que solamente parte del mismo sea visible para los demás. Pero míralo bien, míralo ahora por completo…
- ¡Gran Madre! ¡Perdón! ¡No sabía que eras tú! Viniste, viniste al fin, oh Gran Madre, Tú la Primera y la Única, la no nacida de mujer… Perdóname, perdóname, perdóname…
- De modo que también guardas el Conocimiento. Entonces sabes qué hacer con él. Sabes, es quien he seleccionado para este nuevo mundo al que vamos a arribar. Alfredo es a quien he elegido como el sagrado.
- Si Gran Madre. Arrancaré su corazón para ofrecértelo. Es el inicio de la nueva era, bajo tu dominio…
- Sé que me servirás bien, Sonia. Hermosa, inteligente Sonia… Ven…


Daniel Salvo

(Cuento publicado originalmente en la revista Plesiosaurio, Número 1, noviembre de 2008)

martes, 1 de junio de 2010

Editorial: ¡Vivan los personajes de cartón piedra!



Desde hace tiempo, suele darse una discusión de nunca acabar en el ámbito de la ciencia ficción: la caracterización de los personajes. Que si son personajes de cartón piedra. Que si les falta profundidad. Que no son verosímiles. Que sí lo son. Y así.


Si bien la discusión parte de una buena intención (que las novelas y cuentos de ciencia ficción cuenten con personajes creíbles), uno se pregunta, a la luz de ciertos ejemplos, si estamos dejando de ver el bosque por ver el árbol. O viceversa.


Por que, yendo al grano, ¿para qué quiero un personaje "con densidad psicológica" cuando no es necesario? Si estoy leyendo una novela de aventuras, ¿de qué me vale que el protagonista agarre y, en un flashback, nos empiece a narrar sus traumas infantiles?


El exceso de "caracterización" de uno o varios personajes puede afectar (y mucho) el desarrollo de una novela, un cuento o incluso de una película. Sobre éste último caso, sería más que útil ver y comparar las dos versiones de "Furia de titanes", tanto la de 1981 como la actual de 2010. Mientras en la primera se sacaba el jugo a los monstruos, a la mitología, a la aventura; en la versión actual el director ha optado por "la cosa que no es", como dirían los sabios houyhnhnms de Jonathan Swift. En lugar de una película de aventuras (un peplum, vamos) con buenos efectos, se nos endilga una pretenciosidad que sólo nos induce al bostezo. ¿Nos interesan realmente las relaciones conflictivas entre los dioses griegos y sus criaturas, nos conmueve el trauma del personaje Perseo al quedarse sin familia? En otra película quizá, pero no en ésta. Y menos, con actores tan malos. No pues, queríamos personajes de cartón piedra, a Perseo quedándose con Andrómeda, a una Medusa aterradora diseñada por Ray Harryhausen y no a una patética criatura dibujada mediante Photoshop. Pero nada, se prefirió la onda "démosle profundidad al personaje" y arruinaron uno de los remakes más esperados del año.


¿Y qué me dicen de la literatura, de tantas novelas y cuentos con capítulos enteros dedicados a mostrarnos la "humanidad" de los personajes? ¿Cuántos astronautas divorciados, cuántos capítulos enteros dedicados a seguir charlas interminables para que al fin los tripulantes de una nave decidan cometer adulterio? ¿Cuántas muertes más largas que los funerales de Patroclo?


Imposible no recordar, con mucha nostalgia, la época de oro del pulp español, las maravillosas tardes pasadas con Clark Carrados, A. Thorkent, Glenn Parrish, Curtis Garland, Marcus Sidereo, Ralph Barby y tantos otros publicados por Bruguera. Con el héroe dándole al final un beso a la heroína, luego de acabar con el entuerto de turno. ¿Qué más se podía pedir?


Es cierto que no todo pueden ser historias pulp. Que tuvimos la New Wave, a Lem y a Ballard. Que la ciencia ficción es mucho más que "historias de marcianos". Pero no hay que dejar de ver el bosque por ver el árbol (¿o es al revés?): la mejor historia de ciencia ficción puede arruinarse a causa de uno (o varios) personajes con "densidad psicológica". Suficiente con que hagan su tarea dentro de la historia. Lo demás, que lo hagan en su tiempo libre. O sea, cuando no los vemos o leemos.


Daniel Salvo

Historias de ciencia ficción (comentario de Dimas Arrieta Espinoza)



LAS HISTORIAS DEL ARGONAUTA CARLOS E. SALDIVAR (*)

Dimas Arrieta Espinoza




Presentar un libro, como Historias de ciencia ficción (Lima: Edición del Autor, 2008) de Carlos Enrique Saldivar, más que venir a esta celebración es un encuentro de emociones de ver como se consagran los sueños y proyectos de hacer algo distinto que sustente y robustezca de alientos la especie humana, es decir, dotar de atisbos y luces que proporciona la solidez de la imaginación.

Los espacios de las historias de ficción y fantasía, en la literatura universal y peruana, han tenido campos estrechos y márgenes exclusivos a determinadas personas. Por supuesto, debido a la marginación que ha sido impuesta por determinado canon literario o grandes consorcios editoriales en el planeta. Sin embargo, han prosperado libros notables como los de Isaac Asimov, Serling, Bradbury, Arthur C. Clarke, Matheson, Leiber, Dick y Hoyle. Corpus de autores que son un referente obligado en esta vertiente literaria. Mientras que en el Perú, desde inicios del siglo XX, Clemente Palma se erigió como el pionero y primero en cultivar estos campos vírgenes de la creación literaria. Recientemente hemos sufrido una pérdida con la desaparición de José B. Adolph, quien no sólo cultivó la ficción, sino que era un promotor y entusiasta al que hoy justo Saldívar le hace un merecido homenaje en su libro.

La imaginación es parte de la naturaleza humana. No podemos estar siempre en la misma orilla, somos constantes, continuamente cambiamos, y nos seguiremos buscando porque creo que jamás nos encontraremos, ¿o sí? No lo sé. Pero así lo han demostrado nuestras culturas milenarias, sobre todo al poner su fijación hacia otros espacios siderales, interiores como exteriores, de cuyo recipiente textual extraían vastas y profundas informaciones. Nos han dejado otros espacios para la lectura que, por supuesto, no está en esta grafía occidental, valerosa también por supuesto que está en los libros, sino, los invito, apropiémonos por un momento ¿qué nos quiere decir esta estela de Chavín, construida hace nueve mil años? ¿Qué lecturas podemos hacer? ¿Quiénes han sido estos artistas o escritores que supieron transformar en signos semióticos algún mensaje o sentir? ¿Qué trascendencia tenía estos símbolos en las piedras, o son voces que nos hablan? Abramos más espacio: vayamos a los Nazcas y sus mensajes, sus retratos en la inmensas pampas ¿qué nos sugieren sus líneas? Por otro lado, revisemos la iconografía muchica, que relatos orales y fantásticos nos cuentan, ya sea en los huacos, en los cántaros sagrados, viejos y recientes soportes de información que permanecen todavía en ciertas comunidades norteñas.

En consecuencia, creemos que la ciencia ficción y la imaginación no sólo se ha cultivado en el mundo andino sino con mayor espesura y elaboración en las culturas amazónicas, donde la realidad pierde su rastro porque en ella no entra esa racionalidad que nos han enseñado con parámetros occidentales. De ahí ha salido una interesante propuesta a raíz de estudiar los grandes mitos amazónicos, Jeremy Narby un doctor en antropología de la universidad de Stangfor hace una propuesta en su libro: La Serpiente Cósmica, el ADN y los orígenes del saber (Lima: Takiwasi y Racimos de Ungarahui, 1997), con diez años de investigación, reúne suficientes indicios para convencerse de que la respuesta a este enigma ¿de dónde procede el saber o conocimiento?, nos dice que procede del ADN, la molécula de vida presente en cada célula de cada ser viviente y esto se ve en las alucinaciones con ayahuasca, afirma este científico.

Por otro lado, la imaginación, madriguera de la sabiduría, reservorio de la ficción, mosaico de las grandes enseñanzas, nos ha permitido a los seres humanos ir quemando etapas, conquistando estados y niveles de conciencia para poder emanciparnos de ciertas ataduras propias de nuestra estrechez biológica. Todavía, los peruanos, podemos tener puntos de concentración con nuestras culturas prehispánicas, por ejemplo, ¿qué son pues los relatos orales: los mitos, los cuentos, las leyendas? Discursos que configuran y garantizan el poder de imaginación que tenían nuestros ancestros. El mito del Naylamp, en el norte del Perú. ¿De dónde vino? ¿Cómo llegó? El discurso mítico del gran Sinonés, en la sierra piurana ¿Cómo llegaron toda una familia de sacerdotes guayacundos y místicos, grandes lectores de los astros y de la vida misma? ¿Qué misterios todavía guarda este país? ¿El origen de los incas y sus grandes fortalezas, todavía podemos seguir pensando en lo que sugirieron los cronistas? ¿Qué hay más allá de esos discursos que impusieron los primeros visitantes? Y para concluir con este punto: ¿Qué significan los discursos orales del Manuscrito del Huarochirí, recogido escrito en soporte fonológico andino nada menos que en 1608, por el extirpador de idolatrías Francisco de Ávila? ¿Qué representan esos personajes dentro de la literatura fantástica? Creo que nos quedan amplios márgenes para la reflexión y la investigación, sobre todo cuando iniciemos los auténticos proyectos para tender los rieles que nos lleven a la reconciliación y el encuentro con nosotros mismos como peruanos.

Pero, ¿quién es Carlos Enrique Saldívar?, ¿qué viene a decir?, ¿qué se propone con su primera entrega?, ¿a dónde apunta y hacia dónde va? Primero, quiero ubicar no generacionalmente, porque emerge de las canteras villarrealinas recientes, sino que estuvo haciendo o que hace todavía en su periplo académico en este centro de estudios. Por supuesto, esta es su casa, su escuela, su Facultad, su universidad. Saldívar integra la Revista Argonautas, de fantasía, misterio y ciencia ficción, que junto con Jorge Luis Obando editaron en un esforzado proyecto editorial varios números, y siguen en pie. Desde el comienzo, supieron lo que quisieron, hicieron más de lo que pudieron y se consolidaron en una alternativa con sugerentes propuestas. Por eso, en el prólogo del primer número, hacen un llamamiento a “La imaginación para poder llevar la cruda realidad. La evasión no es ni puede ser considerada como algo negativo, la lectura no puede ser una actividad ociosa porque a diferencia de ver una película o despertar rincones escondidos que nos permitiría realizar con acierto la asimilación de un discurso sugerido“. (Argonautas: Nº 1). La misión es clara, precisa, saben lo que están haciendo y apuestan por “La libertad de la búsqueda”.

De estos inicios y pronunciamientos va naciendo la propuesta de Saldívar, va ideando un proyecto con el cual hoy nos convoca para celebrarlo, y aquí estamos, sobre todo rememorando sus inicios, en especial, el manifiesto del segundo número de Argonautas: “Perseguimos palabras, alcanzamos metas y entramos en mundos oníricos que deslumbrarían a cualquiera. No muchos conocen el mundo Argonauta. Mundo de representaciones divinas y elocuentes. Somos una comunidad que tiene intenciones de crecer, no planeamos ser un planeta pero sí una chispa de estrella. Intentamos dibujar con palabras e imágenes de ilusión y deseamos que la creación literaria llegue a las mentes de todos aquellos que quieran salvar su punto de genialidad. Muchos no llegaran a entender nuestras razones de ser. Muchos no llegaran a saber siquiera de nuestra existencia, no nos interesa, no todos tienen esa parte del alma despierta donde se acumula la esencia cultural, muy pocos saben que hay más allá de las horas, sin horas, (…) Argonautas planea crear horas interminables, vivir para siempre. Los Argonautas hemos nacido, habitamos aquí, no solo hay mentes como las nuestras en este país, también la hay en el mundo entero…”.

Por lo tanto, este libro del argonauta Carlos E. Saldívar, nos parece la consagración no solo de un sueño, sino de un gran proyecto literario que, por supuesto, todavía está en agraz, pero su inicio es expectante. El libro está trabajado dentro de una unidad temática, organizado bajo los ramales que disciplina la retórica literaria. Hay una construcción de un mundo, e incluso los escenarios propician la representación que no está ajena a los vericuetos sensibles de la realidad. Pero la ficción, es cierto, traspasa estas orillas y los tiempos son abolidos porque ya no existe el pasado sino el futuro. La humanidad, se advierte, ha perdido inmensos legados y fabulosas oportunidades de ascensión, no material sino espiritual. Por supuesto, desde los griegos, hace ya más de 2000 años que Homero nos relató la Iliada y la Odisea, siempre el ser humano ha soñado conversar con los dioses. Como dice Saldívar: “El hombre es un ser puro cuando está en el aire, pero la envidia es terrible en la tierra” (pág. 15).

La fuerza y el talento, en la literatura, es la construcción misma de las historias, sobre todo que subyuguen, aplasten, muerdan nuestras ansiedades, convoquen odios, pasiones, (por supuesto a determinados laberintos y personajes por donde se erigen esas acciones). Por lo tanto, encontramos en estas historias de Carlos E. Saldívar un talento innato para crear, la inventiva fascinante de contarnos una historia, sobre todo historias tan complicadas como las que nos trasmite en este su primer libro, donde había que tener ciertos referentes literarios y maestros que te señalen el camino. Vemos una preparación antes de abordar los temas, pues así las historias tienen una secuencia narrativa: una situación inicial, una complicación, otra resolución y, por último, una situación final.

Los personajes ordenan los caminos placenteros de la lectura. Aparecen seres celestiales que quieren ser los grandes colectivos narrativos de las historias, y así se hace de un gran espacio de las acciones de este libro. El personaje más extraordinario, sin embargo, nos ha parecido que está en la historia: “El llanto celeste”, pues habla la Tierra en primera persona, el monólogo es alucinante: “Yo, la Tierra, el más bello planeta, la más hermosa esfera de la Vía Láctea, intentaré no rendirme. Soy mujer, por mi conciencia; no soy humana, soy criatura etérea, esencia, energía de las ilusiones cósmicas, he dictado una sentencia: el ser humano desaparecerá, se extinguirá para siempre su raza que nunca fue más allá de la Luna, de Marte, el sangriento planeta que murió hace incontables años” (Pág. 35). Por supuesto, pareciera que existe un pesimismo, no, existe una advertencia, un aquí nomás, y hay que recomponer el camino y la ruta. En muchos casos, se proliferan los avances de estos peligros eminentes que existen cuando se tocan tema como los que se abordan en este libro, sobre todo para la discusión.

El lenguaje es apropiado, no redunda en la jerga de términos técnicos y científicos, que en muchos casos caen los grandes referentes de las historias de este género, por cual convierten en azarosas lecturas las búsquedas de las grandes acciones en los textos, en especial, cuando se tocan esta clase de problemas. Cada texto es fácil de penetración porque el discurso está escrito limpiamente y sin marasmos retóricos.

Creemos que este libro es un aporte, pues estará ya en el corpus de los especialistas cuando se quiera tomar en serio esta vertiente de la literatura, vista también como un arte verbal. Será pues, esperemos, en un futuro no muy distante.



(*) Texto leído en la presentación del libro Historias de ciencia ficción de Carlos Enrique Saldivar el viernes 4 de Julio de 2008 en la Sala de Grados de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal.