jueves, 1 de julio de 2010

Ficción: En el principio (Daniel Salvo)





En el principio


- Alfredo, debo hablarte de Carla.
- Dime.
- No debes seguir con ella, Alfredo. Debes terminar tu relación con ella.
- Pero si es una más, Sonia. Ya terminaré con ella, como terminé contigo. No veo el por qué…
- No es eso, Alfredo. Es por tu seguridad. Ella no es… humana.
- ¿Qué?
- Revisé sus datos de abordaje en la computadora de la nave. Carla Sarris. Nacida en 2136, en la Colonia Lunar. Destinada a la nave colonizadora Edén. Ésta nave.
- Como tu y como yo, Sonia. Si te refieres a su edad cronológica real, bueno, nos lleva unos cien años, pero ¿qué hay con eso? Todos fuimos crionizados en una época u otra, después de la catástrofe que destruyó la atmósfera de la Tierra.
- Ese es el punto oscuro de todo esto. Las fechas. La mayoría de nosotros hemos nacido en las colonias del sistema solar, muchos años después de la catástrofe. La Tierra no es ni siquiera un recuerdo, apenas un vago referente para nuestra sustentabilidad biológica y cultural. En realidad, a nadie le importa la verdadera fecha de la destrucción de la Tierra.
- No entiendo a dónde quieres llegar.
- Alfredo, en 2136 la Tierra ya no albergaba a ningún ser humano en actividad. Todos estaban muertos o criogenizados. No pudo haber nacido ningún niño en el planeta.
- ¿Estás segura? ¿Y cómo es que los Seleccionadores no se han percatado de tamaño error?
- Los Seleccionadores sólo estaban interesados en especimenes sanos de hombres y mujeres, capaces de engendrar y sostener una colonia en algún planeta lejano… El detalle de la fecha de nacimiento de Carla debe haberles tenido sin cuidado.
- Pero todo eso no es suficiente para sustentar tu afirmación sobre su falta de humanidad. ¿Y a qué te refieres con eso? ¿Crees que es de origen extraterrestre? En la intimidad se comporta como cualquier mujer, créeme…
- No, extraterrestre no, no hemos hallado vida extraterrestre en los cientos de años que lleva la humanidad vagando por el espacio. Creo que es algo peor, un tipo de criatura de las leyendas de la vieja Tierra.
- Explícate. No conozco mucho de folklore.
- Nunca la he visto alimentarse como todos, en el comedor central de la nave, en ningún ciclo. Cuando la nave se acerca a alguna estrella, ella se encierra en su habitáculo privado. Y ese símbolo que tiene tatuado en el cuello…
- Me lo explicó, fue una moda en la vieja Tierra, antes de la catástrofe.
- Alfredo, he digitalizado ese símbolo y lo he contrastado con la información de la computadora central. Es un símbolo de vida eterna, proveniente de una de las tribus más antiguas, Egipto. Y se dice que es aún más antiguo.
- No entiendo, para ti … ¿qué cosa es ella?
- Alfredo, Carla es una vampira.
- ¿Una qué…?
- Una vampira. Una monstruosidad, una especie de parásito que se alimenta de sangre humana. Ha sobrevivido quien sabe cuántos milenios en la Tierra, y ha conseguido llegar al último refugio de la raza humana. Tal vez acabe con todos… O nos críe como clonoganado para alimentarse con nuestra sangre, por toda la eternidad…
- Sonia, esto no puede ser cierto, estás desvariando, he oído de cómo afecta a algunas personas el tener que vivir en el espacio, tal vez deberías volver a crionizarte.
- ¡No estoy loca! Carla no ha se ha relacionado con ninguna mujer en toda la nave. Sólo con hombres… tú entre ellos…
- Y ya me ves, entero y de una pieza. Si fuera verdad lo que dices, sus anteriores parejas y yo mismo sufriríamos algún tipo de debilidad.
- Tienes razón. Yo… no sé por qué he dicho tantas tonterías. Estás sano y fuerte. Incluso más sano y fuerte que cuando estábamos juntos.
- Sonia, es poco natural que tengas celos de mí y de Carla. Hasta llegar al nuevo mundo hogar, las reglas en la nave son de libertad total. Carla es algo pasajero, quizá vuelva a relacionarme contigo o me asignen como tu Engendrador… ¿Quién sabe las decisiones que tomarán la computadora central y los Seleccionadores? Disfrutemos del viaje mientras dure…
- Si, tienes razón. He sido una tonta. Pero… ¿no es Carla quien viene ahí?
- Si… ¿espera, a donde vas?
- Sígueme. Puedo probar que ella no es humana. Estamos casi bajo el gran telescopio.
- Pero dijiste…
- El gran telescopio puede abrirse de un momento a otro, amplificando la luz de cualquier estrella que deseemos. Si la tomamos de sorpresa, podemos destruirla.
- Estás demente.
- ¿Entonces qué daño puede hacerle la luz de un sol? Alfredo, por favor…
- Igual no podemos evitarla, ya casi está aquí…
- Hola, Alfredo. Es bueno verte bien acompañado.
- Carla, yo… Sólo conversaba con Sonia. Ella fue…
- Sé quien fue y sé quien es. ¿Quieres saber algo de mí, Sonia? Eres hermosa…
- Carla, dinos...
- Estoy tan avergonzado, Carla, por las ideas de Sonia, te cree una… una vampira. No es que yo también lo crea, aunque hay algo raro con tu fecha de nacimiento…
- Alfredo, cállate.
- Yo…
- Silencio, Alfredo.
- ¿Qué le has hecho a Alfredo, Carla? Se ha quedado mudo y quieto. Como un robot de mantenimiento inactivo.
- Ah, es un pequeño truco que aprendí en Sumeria, hace tanto tiempo. Un timbre y tono de voz adecuados… Nada complicado, en realidad.
- Entonces es cierto. Siempre lo supe. Tu genotipo indefinido. Tu temor a la luz de los soles. Tu aislamiento. El símbolo que llevas tatuado…
- Ah, hermosa y querida Sonia, eres tan perspicaz… Siempre me asombra encontrar a una como tú en cada siglo, en cada lugar, en cada raza. Ven, acércate, dame un beso…
- ¡Aléjate, monstruo! ¿Ves el botón bajo mi mano? Con solo presionarlo, la luz de mil soles acabará contigo. No puedes huir.
- ¿Y quien intenta huir, hermosa e inteligente Sonia? Verdaderamente, sabes muchas cosas. Pero hay tantas otras que no sabes. Como el origen y significado del símbolo que llevo tatuado. Yo dejo que solamente parte del mismo sea visible para los demás. Pero míralo bien, míralo ahora por completo…
- ¡Gran Madre! ¡Perdón! ¡No sabía que eras tú! Viniste, viniste al fin, oh Gran Madre, Tú la Primera y la Única, la no nacida de mujer… Perdóname, perdóname, perdóname…
- De modo que también guardas el Conocimiento. Entonces sabes qué hacer con él. Sabes, es quien he seleccionado para este nuevo mundo al que vamos a arribar. Alfredo es a quien he elegido como el sagrado.
- Si Gran Madre. Arrancaré su corazón para ofrecértelo. Es el inicio de la nueva era, bajo tu dominio…
- Sé que me servirás bien, Sonia. Hermosa, inteligente Sonia… Ven…


Daniel Salvo

(Cuento publicado originalmente en la revista Plesiosaurio, Número 1, noviembre de 2008)

martes, 1 de junio de 2010

Editorial: ¡Vivan los personajes de cartón piedra!



Desde hace tiempo, suele darse una discusión de nunca acabar en el ámbito de la ciencia ficción: la caracterización de los personajes. Que si son personajes de cartón piedra. Que si les falta profundidad. Que no son verosímiles. Que sí lo son. Y así.


Si bien la discusión parte de una buena intención (que las novelas y cuentos de ciencia ficción cuenten con personajes creíbles), uno se pregunta, a la luz de ciertos ejemplos, si estamos dejando de ver el bosque por ver el árbol. O viceversa.


Por que, yendo al grano, ¿para qué quiero un personaje "con densidad psicológica" cuando no es necesario? Si estoy leyendo una novela de aventuras, ¿de qué me vale que el protagonista agarre y, en un flashback, nos empiece a narrar sus traumas infantiles?


El exceso de "caracterización" de uno o varios personajes puede afectar (y mucho) el desarrollo de una novela, un cuento o incluso de una película. Sobre éste último caso, sería más que útil ver y comparar las dos versiones de "Furia de titanes", tanto la de 1981 como la actual de 2010. Mientras en la primera se sacaba el jugo a los monstruos, a la mitología, a la aventura; en la versión actual el director ha optado por "la cosa que no es", como dirían los sabios houyhnhnms de Jonathan Swift. En lugar de una película de aventuras (un peplum, vamos) con buenos efectos, se nos endilga una pretenciosidad que sólo nos induce al bostezo. ¿Nos interesan realmente las relaciones conflictivas entre los dioses griegos y sus criaturas, nos conmueve el trauma del personaje Perseo al quedarse sin familia? En otra película quizá, pero no en ésta. Y menos, con actores tan malos. No pues, queríamos personajes de cartón piedra, a Perseo quedándose con Andrómeda, a una Medusa aterradora diseñada por Ray Harryhausen y no a una patética criatura dibujada mediante Photoshop. Pero nada, se prefirió la onda "démosle profundidad al personaje" y arruinaron uno de los remakes más esperados del año.


¿Y qué me dicen de la literatura, de tantas novelas y cuentos con capítulos enteros dedicados a mostrarnos la "humanidad" de los personajes? ¿Cuántos astronautas divorciados, cuántos capítulos enteros dedicados a seguir charlas interminables para que al fin los tripulantes de una nave decidan cometer adulterio? ¿Cuántas muertes más largas que los funerales de Patroclo?


Imposible no recordar, con mucha nostalgia, la época de oro del pulp español, las maravillosas tardes pasadas con Clark Carrados, A. Thorkent, Glenn Parrish, Curtis Garland, Marcus Sidereo, Ralph Barby y tantos otros publicados por Bruguera. Con el héroe dándole al final un beso a la heroína, luego de acabar con el entuerto de turno. ¿Qué más se podía pedir?


Es cierto que no todo pueden ser historias pulp. Que tuvimos la New Wave, a Lem y a Ballard. Que la ciencia ficción es mucho más que "historias de marcianos". Pero no hay que dejar de ver el bosque por ver el árbol (¿o es al revés?): la mejor historia de ciencia ficción puede arruinarse a causa de uno (o varios) personajes con "densidad psicológica". Suficiente con que hagan su tarea dentro de la historia. Lo demás, que lo hagan en su tiempo libre. O sea, cuando no los vemos o leemos.


Daniel Salvo

Historias de ciencia ficción (comentario de Dimas Arrieta Espinoza)



LAS HISTORIAS DEL ARGONAUTA CARLOS E. SALDIVAR (*)

Dimas Arrieta Espinoza




Presentar un libro, como Historias de ciencia ficción (Lima: Edición del Autor, 2008) de Carlos Enrique Saldivar, más que venir a esta celebración es un encuentro de emociones de ver como se consagran los sueños y proyectos de hacer algo distinto que sustente y robustezca de alientos la especie humana, es decir, dotar de atisbos y luces que proporciona la solidez de la imaginación.

Los espacios de las historias de ficción y fantasía, en la literatura universal y peruana, han tenido campos estrechos y márgenes exclusivos a determinadas personas. Por supuesto, debido a la marginación que ha sido impuesta por determinado canon literario o grandes consorcios editoriales en el planeta. Sin embargo, han prosperado libros notables como los de Isaac Asimov, Serling, Bradbury, Arthur C. Clarke, Matheson, Leiber, Dick y Hoyle. Corpus de autores que son un referente obligado en esta vertiente literaria. Mientras que en el Perú, desde inicios del siglo XX, Clemente Palma se erigió como el pionero y primero en cultivar estos campos vírgenes de la creación literaria. Recientemente hemos sufrido una pérdida con la desaparición de José B. Adolph, quien no sólo cultivó la ficción, sino que era un promotor y entusiasta al que hoy justo Saldívar le hace un merecido homenaje en su libro.

La imaginación es parte de la naturaleza humana. No podemos estar siempre en la misma orilla, somos constantes, continuamente cambiamos, y nos seguiremos buscando porque creo que jamás nos encontraremos, ¿o sí? No lo sé. Pero así lo han demostrado nuestras culturas milenarias, sobre todo al poner su fijación hacia otros espacios siderales, interiores como exteriores, de cuyo recipiente textual extraían vastas y profundas informaciones. Nos han dejado otros espacios para la lectura que, por supuesto, no está en esta grafía occidental, valerosa también por supuesto que está en los libros, sino, los invito, apropiémonos por un momento ¿qué nos quiere decir esta estela de Chavín, construida hace nueve mil años? ¿Qué lecturas podemos hacer? ¿Quiénes han sido estos artistas o escritores que supieron transformar en signos semióticos algún mensaje o sentir? ¿Qué trascendencia tenía estos símbolos en las piedras, o son voces que nos hablan? Abramos más espacio: vayamos a los Nazcas y sus mensajes, sus retratos en la inmensas pampas ¿qué nos sugieren sus líneas? Por otro lado, revisemos la iconografía muchica, que relatos orales y fantásticos nos cuentan, ya sea en los huacos, en los cántaros sagrados, viejos y recientes soportes de información que permanecen todavía en ciertas comunidades norteñas.

En consecuencia, creemos que la ciencia ficción y la imaginación no sólo se ha cultivado en el mundo andino sino con mayor espesura y elaboración en las culturas amazónicas, donde la realidad pierde su rastro porque en ella no entra esa racionalidad que nos han enseñado con parámetros occidentales. De ahí ha salido una interesante propuesta a raíz de estudiar los grandes mitos amazónicos, Jeremy Narby un doctor en antropología de la universidad de Stangfor hace una propuesta en su libro: La Serpiente Cósmica, el ADN y los orígenes del saber (Lima: Takiwasi y Racimos de Ungarahui, 1997), con diez años de investigación, reúne suficientes indicios para convencerse de que la respuesta a este enigma ¿de dónde procede el saber o conocimiento?, nos dice que procede del ADN, la molécula de vida presente en cada célula de cada ser viviente y esto se ve en las alucinaciones con ayahuasca, afirma este científico.

Por otro lado, la imaginación, madriguera de la sabiduría, reservorio de la ficción, mosaico de las grandes enseñanzas, nos ha permitido a los seres humanos ir quemando etapas, conquistando estados y niveles de conciencia para poder emanciparnos de ciertas ataduras propias de nuestra estrechez biológica. Todavía, los peruanos, podemos tener puntos de concentración con nuestras culturas prehispánicas, por ejemplo, ¿qué son pues los relatos orales: los mitos, los cuentos, las leyendas? Discursos que configuran y garantizan el poder de imaginación que tenían nuestros ancestros. El mito del Naylamp, en el norte del Perú. ¿De dónde vino? ¿Cómo llegó? El discurso mítico del gran Sinonés, en la sierra piurana ¿Cómo llegaron toda una familia de sacerdotes guayacundos y místicos, grandes lectores de los astros y de la vida misma? ¿Qué misterios todavía guarda este país? ¿El origen de los incas y sus grandes fortalezas, todavía podemos seguir pensando en lo que sugirieron los cronistas? ¿Qué hay más allá de esos discursos que impusieron los primeros visitantes? Y para concluir con este punto: ¿Qué significan los discursos orales del Manuscrito del Huarochirí, recogido escrito en soporte fonológico andino nada menos que en 1608, por el extirpador de idolatrías Francisco de Ávila? ¿Qué representan esos personajes dentro de la literatura fantástica? Creo que nos quedan amplios márgenes para la reflexión y la investigación, sobre todo cuando iniciemos los auténticos proyectos para tender los rieles que nos lleven a la reconciliación y el encuentro con nosotros mismos como peruanos.

Pero, ¿quién es Carlos Enrique Saldívar?, ¿qué viene a decir?, ¿qué se propone con su primera entrega?, ¿a dónde apunta y hacia dónde va? Primero, quiero ubicar no generacionalmente, porque emerge de las canteras villarrealinas recientes, sino que estuvo haciendo o que hace todavía en su periplo académico en este centro de estudios. Por supuesto, esta es su casa, su escuela, su Facultad, su universidad. Saldívar integra la Revista Argonautas, de fantasía, misterio y ciencia ficción, que junto con Jorge Luis Obando editaron en un esforzado proyecto editorial varios números, y siguen en pie. Desde el comienzo, supieron lo que quisieron, hicieron más de lo que pudieron y se consolidaron en una alternativa con sugerentes propuestas. Por eso, en el prólogo del primer número, hacen un llamamiento a “La imaginación para poder llevar la cruda realidad. La evasión no es ni puede ser considerada como algo negativo, la lectura no puede ser una actividad ociosa porque a diferencia de ver una película o despertar rincones escondidos que nos permitiría realizar con acierto la asimilación de un discurso sugerido“. (Argonautas: Nº 1). La misión es clara, precisa, saben lo que están haciendo y apuestan por “La libertad de la búsqueda”.

De estos inicios y pronunciamientos va naciendo la propuesta de Saldívar, va ideando un proyecto con el cual hoy nos convoca para celebrarlo, y aquí estamos, sobre todo rememorando sus inicios, en especial, el manifiesto del segundo número de Argonautas: “Perseguimos palabras, alcanzamos metas y entramos en mundos oníricos que deslumbrarían a cualquiera. No muchos conocen el mundo Argonauta. Mundo de representaciones divinas y elocuentes. Somos una comunidad que tiene intenciones de crecer, no planeamos ser un planeta pero sí una chispa de estrella. Intentamos dibujar con palabras e imágenes de ilusión y deseamos que la creación literaria llegue a las mentes de todos aquellos que quieran salvar su punto de genialidad. Muchos no llegaran a entender nuestras razones de ser. Muchos no llegaran a saber siquiera de nuestra existencia, no nos interesa, no todos tienen esa parte del alma despierta donde se acumula la esencia cultural, muy pocos saben que hay más allá de las horas, sin horas, (…) Argonautas planea crear horas interminables, vivir para siempre. Los Argonautas hemos nacido, habitamos aquí, no solo hay mentes como las nuestras en este país, también la hay en el mundo entero…”.

Por lo tanto, este libro del argonauta Carlos E. Saldívar, nos parece la consagración no solo de un sueño, sino de un gran proyecto literario que, por supuesto, todavía está en agraz, pero su inicio es expectante. El libro está trabajado dentro de una unidad temática, organizado bajo los ramales que disciplina la retórica literaria. Hay una construcción de un mundo, e incluso los escenarios propician la representación que no está ajena a los vericuetos sensibles de la realidad. Pero la ficción, es cierto, traspasa estas orillas y los tiempos son abolidos porque ya no existe el pasado sino el futuro. La humanidad, se advierte, ha perdido inmensos legados y fabulosas oportunidades de ascensión, no material sino espiritual. Por supuesto, desde los griegos, hace ya más de 2000 años que Homero nos relató la Iliada y la Odisea, siempre el ser humano ha soñado conversar con los dioses. Como dice Saldívar: “El hombre es un ser puro cuando está en el aire, pero la envidia es terrible en la tierra” (pág. 15).

La fuerza y el talento, en la literatura, es la construcción misma de las historias, sobre todo que subyuguen, aplasten, muerdan nuestras ansiedades, convoquen odios, pasiones, (por supuesto a determinados laberintos y personajes por donde se erigen esas acciones). Por lo tanto, encontramos en estas historias de Carlos E. Saldívar un talento innato para crear, la inventiva fascinante de contarnos una historia, sobre todo historias tan complicadas como las que nos trasmite en este su primer libro, donde había que tener ciertos referentes literarios y maestros que te señalen el camino. Vemos una preparación antes de abordar los temas, pues así las historias tienen una secuencia narrativa: una situación inicial, una complicación, otra resolución y, por último, una situación final.

Los personajes ordenan los caminos placenteros de la lectura. Aparecen seres celestiales que quieren ser los grandes colectivos narrativos de las historias, y así se hace de un gran espacio de las acciones de este libro. El personaje más extraordinario, sin embargo, nos ha parecido que está en la historia: “El llanto celeste”, pues habla la Tierra en primera persona, el monólogo es alucinante: “Yo, la Tierra, el más bello planeta, la más hermosa esfera de la Vía Láctea, intentaré no rendirme. Soy mujer, por mi conciencia; no soy humana, soy criatura etérea, esencia, energía de las ilusiones cósmicas, he dictado una sentencia: el ser humano desaparecerá, se extinguirá para siempre su raza que nunca fue más allá de la Luna, de Marte, el sangriento planeta que murió hace incontables años” (Pág. 35). Por supuesto, pareciera que existe un pesimismo, no, existe una advertencia, un aquí nomás, y hay que recomponer el camino y la ruta. En muchos casos, se proliferan los avances de estos peligros eminentes que existen cuando se tocan tema como los que se abordan en este libro, sobre todo para la discusión.

El lenguaje es apropiado, no redunda en la jerga de términos técnicos y científicos, que en muchos casos caen los grandes referentes de las historias de este género, por cual convierten en azarosas lecturas las búsquedas de las grandes acciones en los textos, en especial, cuando se tocan esta clase de problemas. Cada texto es fácil de penetración porque el discurso está escrito limpiamente y sin marasmos retóricos.

Creemos que este libro es un aporte, pues estará ya en el corpus de los especialistas cuando se quiera tomar en serio esta vertiente de la literatura, vista también como un arte verbal. Será pues, esperemos, en un futuro no muy distante.



(*) Texto leído en la presentación del libro Historias de ciencia ficción de Carlos Enrique Saldivar el viernes 4 de Julio de 2008 en la Sala de Grados de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal.

Las máquinas de Dios (Jack McDevitt)



Esta voluminosa novela también podría tener por título alternativo "Vida y milagros de Priscilla Hutchinson", una pequeña (y no tan hermosa) piloto de naves espaciales, cuya madre suele reclamarle no haberse casado aún. Sí. Estamos ante uno de esos personajes "con densidad psicológica", que poco o nada hacen para entretener al lector en una historia de ciencia ficción.

No es que sea una mala novela. Al contrario, la premisa de la misma no puede ser más desafiante: en un futuro cercano, la humanidad ha comenzado a explorar el espacio más allá del sistema solar, encontrando aquí y allá (proyectar el aquí y allá en años luz, por favor) inmensas estatuas y otras edificaciones de origen desconocido. Los humanos denominan a esta raza los constructores de monumentos, dedicando gran parte de sus esfuerzos exploratorios a buscarlos y a descifrar las inscripciones que acompañan a muchos de estos monumentos. Algunos planetas son descubiertos, pero se añade un enigma a otro: si bien estos planetas - antiguamente habitados por humanoides reptilianos - tienen piezas dejadas por los constructores de monumentos, éstos no formaban parte de dichas civilizaciones. Es decir, estuvieron de visita, dejaron alguna huella, pero se fueron a algún otro lugar del universo. ¿Por qué? La solución del misterio, tan intrigante como el mismo, - Las máquinas de Dios es solo la primera de una serie de novelas, ambientadas en el mismo universo - constituye uno de esos casos que nos devuelve a muchos la capacidad de asombro y maravilla que sólo puede darse en un género como la ciencia ficción... Lástima que el autor - o el agente literario de turno, o vaya uno a saber quién - no tuvo suficiente con tan magnífica intriga científica, y se aprovecha de la aventura para meternos donde no nos importa, esto es, en los conflictos, discusiones, amoríos, peleas, amistes, reflexiones y demás manifestaciones sentimentales que podrían estar muy bien en una novela mainstream pero que en esta, definitivamente, sobran. Como que provoca cierto sonrojo alguna que otra situación en la que los protagonistas se encuentran ante uno de esos momentos más grandes que la vida, pero que no parece moverles un pelo, preocupados mas bien en saber si "me quiere/no me quiere" y así.

Claro, esto podría obedecer al hecho de que la acción es vista a través de una piloto y no alguno de los otros personajes, arqueólogos o especialistas en otras ramas científicas. Vale si esto permite al autor explicar algunas nociones científicas, pero cuando cae en la tentación de intentar crear personajes creíbles mediante el expediente de dotarlos de una compleja vida sentimental, simplemente aburre. Es más, uno siente que sobran personajes, aún en una novela de la extensión de Las máquinas de Dios.

Si bien es la primera de una larga serie, aún no del todo traducida al español, Las máquinas de Dios tiene un final bastante concluyente que, sin embargo, nos deja con la miel en los labios. Esperemos que las continuaciones se centren más en lo importante.

Daniel Salvo


El inventario de las naves (Alexis Iparraguirre)







LA GRAN INVENCIóN DE ALEXIS IPARRAGUIRRE


Carlos E. Saldívar




Iparraguirre, Alexis. El inventario de las naves

Lima: Estruendomudo ediciones, 2007. 155 pp.

Alexis Iparraguirre, escritor y profesor en la PUCP, resultó ganador del Premio Nacional de Narrativa de la Pontificia Universidad Católica del Perú del 2004 (*) con este llamativo cuentario. He viajado alrededor del texto y me ha resultado una grata experiencia. He descubierto las sugerentes cualidades de Iparraguirre como artífice de un tipo de historias que a otros jamás se nos hubieran ocurrido. Su lenguaje es lírico y muy cuidado, se nota la pluma de un artesano que ha corregido una y cien veces cada palabra, frase, fragmento (notemos que Iparraguirre no es un autor prolífico, solo ha publicado este libro de cuentos mientras se haya enfrascado en la escritura de otros textos de complicada factura), y el resultado ha sido impresionante.

El inventario de las naves es un cuentario compuesto, término que le brindo para definir un conjunto de cuentos interconectados entre sí que forman parte, cada uno, de un corpus con sentido. Cada parte debe estar creada en función de lograr un efecto global. Y cada uno de los cuentos puede ser extraído de manera independiente sin que su contenido y nitidez se vea quebrantada por la insuficiencia de datos. Esto último podría verse atenuado en el texto que tenemos en frente pues, en al menos tres cuentos, podremos ver que su contenido está, en efecto, escrito en función de mostrar un efecto global. Es decir, no podrían desligarse con facilidad de los otros textos. No es una novela. Es un texto conformado por 7 cuentos. Pero hay relatos independizables (algunos han sido extraídos del libro varias veces para formar parte de antologías u otras publicaciones). Es necesario entonces hacer un par de precisiones del libro como totalidad, pero dejaré ambos comentarios para el final. Primero haré un breve e intenso recorrido por cada uno de los textos.

El libro narra algunas aventuras ocurridas en un lugar llamado: El barrio de los sueños perfumados, mundo epistémico bien construido donde los personajes, en su mayoría jóvenes, se ven inquietos, debido a la proximidad de un huracán (que supuestamente acabará con todo el lugar y por lo visto ataca más de una vez) y se ven internamente deformados por causa de una droga llamada: el menos, “sintética y azul”, y que según lo leído, permite al consumidor ver a Dios, aunque la imagen que se aprecia en verdad parece ser más compleja de lo atisbado a primera vista. Desde el primer cuento, Sábado, (que sirve de presentación a los otros) se menciona dicha droga, cuyo origen no es el barrio en cuestión, sino el extranjero (lo cual tendría mucho sentido). Cito del texto: “Gabo patea. Claro que sí, Fernando se ríe entre dientes, dicen que la hacen en Malasia...” (pág. 12).


Algunos personajes se repiten en todo el texto, existen “presencias extrañas”, un oráculo que advierte del desastre, un enano, una serie de sacrificios y un asesino. El menos está relacionado con todos los hechos y el lector atento podrá notar que cada elemento está colocado donde debe estar y tiene un significado a nivel global. Desde el principio vemos a diversos personajes juveniles sumidos en el desquiciante mundo del menos, y las constantes alteraciones respecto de sus actitudes y de su percepción de la realidad; la visión de la muerte y la presencia de cierto asesino oculto. Nótese en este primer cuento el lenguaje usado, lleno de jergas que fácilmente nos pueden situar en algún lugar de Lima. También está el manejo de los diálogos con comas, lo cual no parece molestar al lector en momento alguno. En el segundo relato, Hombre en el espejo (ya trabajado con guiones en los diálogos), obtenemos el mejor ejemplo del uso indiscriminado de la droga, una jovencita parece fusionarse poco a poco con un extraño ser proveniente de otra dimensión, un excelente cuento, muy inteligible que bien podría ser el mejor del libro, pero se ve opacado por el relato que da título al cuaderno. Voy llegando a él. El tercer texto, La hermandad de la luna, continúa por los mismos derroteros, el horror, niños expertos en Tarot y oscuros sacrificios. Muy complementario del resto. Pero si hay un texto que llama la atención, es el que da nombre al libro: El inventario de las naves, sobre unos detectives que investigan múltiples asesinatos revisando algunos pasajes de “La Iliada”, un homenaje al Borges de La muerte y la brújula, simbólico y muy preciso, continúa la línea del sacrificio. El quinto relato, Proximidad del Huracán, propone uno de esos llamados “juegos de realidad”, donde nada es lo que parece. Cuento plagado de un erotismo exacerbado, se habla ya de varios desastres que surgen uno detrás de otro. El sexto relato, Orestes, redunda sobre los efectos del menos en el organismo y mentalidad de un desafortunado personaje. El último cuento El francotirador, engloba todos los textos y redondea la idea general del libro. Aquí, aparece el artífice de las muertes narradas en el cuarto cuento. Se percibe la presencia de un viejo, el abuelo, siniestro personaje que se ubica en todo el texto y cuya insania parece verse enfrentada al peligro cósmico que se avecina. Se intuye que llegará un huracán definitivo que borrará a la población de la faz del planeta. ¿Es el menos la salvación? A descubrirlo.

Ahora las dos observaciones prometidas: Primero, este libro parece ubicarse en mundo alternativo, si vemos el Mapa 1, comprobamos su inexistencia. No es la Lima que conocemos, pero podemos asumir que lo es. Igual no importa. El secreto del goce del libro radica en su lenguaje. El estilo literario conlleva al argumento. No hay tampoco un tiempo determinado para los hechos. Pueden estar ubicados en el pasado, el presente o el futuro. Segundo, es ciencia ficción (SF), nótese que se menciona un oráculo. Un personaje (chica) con el poder de adivinar el futuro es propio de la ciencia ficción. Además tenemos la maravillosa droga, el inminente final apocalíptico, que se da (en el cuarto texto), y la descomposición de la realidad. Como anexo, quisiera mencionar un error que he notado en el quinto cuento. Cito del texto: “...pero retrocedió con la imagen de la chica masturbada...” (pág. 104). No se puede decir “masturbada”, puesto que los jóvenes le están haciendo el amor a ella. La masturbación es un acto solitario y no puede aplicarse en este punto. En todo caso podía hablarse de “sexo múltiple” o “estimulación sexual por medio de las manos”. A revisar.

Como ya he dicho, es una agradable publicación que se ve un tanto opacada por una edición irregular. Por ejemplo, en la página 63 se lee: “El inventaro de las Naves”, cuando debería decir: “El inventario de las Naves”, una falta imperdonable tomando en cuenta que es el mejor relato del libro y el que más amerita una segunda lectura. La impresión es muy ineficaz, en varias páginas se ven “huecos”, letras, e incluso palabras, que no han salido impresas. Mientras culmino esta reseña recibo noticias de que El inventario de las naves tendrá una tercera edición, esperemos que estos errores se corrijan y podamos contar con una edición perfecta y verdaderamente definitiva, la cual podrá apreciar todo aquel que hasta el momento ha perdido la oportunidad de sumergirse en su impresionante universo e ingeniosa malignidad.

Carlos Enrique Saldivar



(*) Como todo escritor constante y personaje sumido en el mundo de la literatura, me interesé en el libro El inventario de las naves y en su autor, Alexis Iparraguirre. Adquirí el volumen en su segunda edición (no adquirí la primera puesto que, cuando estuve a punto de hacerlo, me enteré que el libro sería reeditado con correcciones y en una edición mejorada en 2007) y, aunque soy seguidor de un tipo de literatura más argumental y menos retórica, siempre mantuve la expectativa por leer este libro, para descubrir el secreto de su éxito y verificar los incesantes comentarios que lo han tildado desde “incomprensible” hasta “sencillamente magnífico”.

jueves, 20 de mayo de 2010

Eclosiones de lo fantástico en el Perú

Eclosiones de lo fantástico en el Perú



"Antología y mitología del cuento fantástico peruano: de 1977 al 2010"
Alejandro Neyra
Ministerio de Relaciones Exteriores

“La cultura incaica en dos cuentos de ciencia ficción”
José Donayre
Escritor y periodista

“Notas para un canon fantástico peruano contemporáneo”
Elton Honores
Universidad San Ignacio de Loyola



Viernes 28 de Mayo de 2010 6:30 pm.

Sala de Conferencias de la
Casa de la Literatura Peruana

Jr. Ancash 207 - (Antigua estación de Desamparados) - Cercado de Lima.

Organizan:

Tinta Expresa, Revista de Literatura / Casa de la Literatura Peruana

sábado, 1 de mayo de 2010

Editorial: Cuidado con los niños





Durante la tercera semana de abril de 2010, el Perú fue notificado a través de los medios noticiosos, de un hecho terrible: dos hermanos, de 10 y 8 años, mataron a golpes a otro menor que estudiaba en su mismo centro de estudios. El móvil serían los celos que sentirían los hermanos respecto a la víctima, por ser el alumno más destacado de la clase.


Es triste comprobar, ante casos así, cómo algunas de las pesadillas imaginadas desde la ciencia ficción se pueden cumplir en la realidad. En novelas como Furia feroz o El señor de las moscas, podemos ver un atisbo del callejón sin salida a donde nos pueden llevar las manipulaciones que efectuamos sobre nuestros hijos: una sociedad distópica cuyos miembros adultos rijan sus vidas según las Leyes de mercado de Richard Morgan, donde el asesinato está permitido por las leyes, siempre y cuando lo justifique un motivo socialmente aceptado, como puede serlo la búsqueda de un aumento de sueldo.


Son bastantes las imágenes que nos ofrece la ciencia ficción respecto al mundo de los niños. Desde la infancia feliz de No más duendes de Ben Bova y Gordon R. Dickson a las bucólicas memorias rurales de El vino del estío de Ray Bradbury. O las manifiestas alteraciones del desarrollo infantil, convirtiendo a los menores en militares en El juego de Ender de Orson Scott Card, o en simpáticos sinvergüenzas como Los Stone de Robert A. Heinlein. Las niñas también están, aunque las imágenes de las mismas no suelen ser entrañables. Otra vez Heinlein nos regala a la rebelde (pero en el fondo conservadora) Podkayne de Hija de Marte, que sin embargo no le llega ni a los talones (en antipatía) a la Arcadia Darell de Segunda Fundación de Isaac Asimov.


Como en estas ficciones, en la realidad, también los niños son, en buena cuenta, producto de lo que los adultos depositamos en ellos, aún a pesar de lo que serían las tendencias innatas producto del bagaje genético. Los niños siempre son responsabilidad de alguien más, ya sean sus padres o tutores. Los niños no aparecen por generación espontánea, y el mundo al que llegan es el mundo que les damos nosotros, los adultos. Aprenden el idioma de nosotros. Aprenden a leer con los libros que les damos. Miran la televisión que producimos. Aprenden a conducirse imitando lo que ven hacer a otros. Eso es la socialización.


Si seguimos empeñados en construir una sociedad distópica, en la cual se admira a las autoridades "que roban pero hacen obra" (como si ejecutar obras en favor de la comunidad no fuera la obligación de ministros, alcaldes y otras autoridades), no nos extrañemos por la aparición de niños que, tal vez siguiendo ejemplos paternos, puedan pensar que el matar a un compañero que pueda opacarlos en el futuro sea una opción válida de comportamiento.


Total, sólo son niños. Ya aprenderán a hacer las cosas mejor.



Daniel Salvo

mayo de 2010

Reseña: Furia feroz (J.G. Ballard)




Inexplicablemente, la versión editada por Minotauro en su sello Booket clasifica esta novela como de "crimen y misterio". En buena hora para mí, por que de haberla etiquetado como ciencia ficción, es poco probable que hubiera arribado a nuestras costas peruanas.

Ahora bien, considerarla como de "crimen y misterio", o más a la antigua, como policial, no es del todo desacertado. Efectivamente, hay un crimen, y bastante horrendo: un día cualquiera, en Pangbourne Village, un condominio cerrado, suerte de isla urbana artificial cuyos integrantes pertenecen todos a familias ricas, felices y exitosas, todos los adultos amanecen muertos. Asesinados de una u otra forma. Y los hijos, desaparecidos. Ante este "crimen y misterio", aparece la figura arquetipica del detective-que-sabe-más-que-la-policía, en este caso, un cansino y anodino siquiatra llamado Richard Greville, a quien el lector bien puede imaginar usando un abrigo a lo Humphrey Bogart en lugar de una bata de médico. Greville colabora con la policía para descubrir al asesino, o asesinos, y averiguar el paradero de los niños. Casi, casi, casi un thriller más.

Excepto que se trata de un thriller escrito por J.G. Ballard, el Ballard que dijo aquello del espacio interior, el Ballard cuya ciencia ficción explora no el futuro lejano sino los próximos quince minutos. El Ballard capaz de resolver el misterio a la mitad de la novela, para luego construir otro argumento centrado en los antecedentes del crimen y su vinculación con el resto de la sociedad, tanto la de la novela como la nuestra. Por que es imposible no identificar a los asesinos como seres engendrados por nuestras mejores intenciones, y que no siempre es la falta de educación o de oportunidades la que convierte a un ser humano en un criminal. El pesimismo de Ballard es total: parece decirnos que hagamos lo que hagamos, la sociedad humana siempre mantendrá su cuota de antisociales e inadaptados, y que dicha cuota va en aumento. La ambientación de la novela a finales de los años ochenta del siglo XX no la hace menos "futurista".

Más aún, la identidad de los criminales, cuando deja de ser un secreto, deviene en fastidio para las autoridades. La sociedad no quiere admitir sus errores, y prefiere barrer la basura debajo de la alfombra. Esto produce otro giro de tuerca: el siquiatra que fungía de detective se convierte en morboso observador del accionar de los criminales - a quienes no se puede o no se quiere capturar - durante los años posteriores a los acontecimientos ocurridos en Pangbourne Village. Como solemos hacer todos: limitarnos a atestiguar el desastre, contribuyendo así al suicidio colectivo.

Esta vez, con mucho acierto, el texto de contraportada pone: "Una reflexión mordaz sobre la violencia, la educación y la sobreprotección de la infancia".

Daniel Salvo

El señor de las moscas (William Golding)





Lo admito, El señor de las moscas está aparentemente fuera de lugar en un blog dedicado a la ciencia ficción. No es una historia ambientada en el futuro ni en un planeta exótico. No hay invenciones maravillosas ni extraterrestres.
Pero si vemos a esta novela desde otro punto de vista, esto es, como el desarrollo de un experimento que consiste en dejar completamente solos, en un isla desierta, a un grupo de niños provenientes de un internado inglés, para ver cómo reaccionan en semejante situación, pues tenemos la mesa servida para disfrutar –en la medida que la novela lo permita – de un fuerte remezón en nuestras creencias respecto a la niñez y a la humanidad en sí.
Casi podría decirse que El señor de las moscas es el reverso de Furia feroz, de J.G. Ballard. Sólo que en lugar de una urbanización cerrada apta sólo para la elite, tenemos una isla desierta. Igual, se trata de espacios que sugieren un aislamiento radical de la sociedad. En lugar de padres obsesionados por el desarrollo de sus hijos, al punto de sofocarlos con tanta sobreprotección, tenemos un espacio totalmente carente de presencia adulta, ya se trate de padres o de cualquier otra instancia con los atributos que los adultos tienen (o tenían), en general, para con los niños: respeto, autoridad, orden… y también autoritarismo, abuso, prepotencia, manipulación, etc. Que no es lo mismo el Albus Dumbledore de las primeras novelas de Harry Potter que algún cura pedófilo de nuestros tiempos.
En El señor de las moscas, un accidente de aviación sitúa a unos niños en una isla desierta. Durante los primeros días, asumen el liderazgo los niños de comportamiento más maduro y racional. Instituyen una serie de reglas de convivencia, que efectivamente les resultan muy útiles dada la situación. Consiguen refugio de la intemperie, alimentación y una sensación de confianza hacia el futuro. Empero, en este edén también hay serpientes, encarnadas en los clásicos matones de la clase, a quienes les fastidia todo ese asunto de las reglas, la razón y el altruismo. Más que seguir la voz de la razón (que podría estar representada por Piggy, el también clásico gordito de lentes, más amigo de los libros que de los deportes), prefieren seguir lo que les sugiere el señor de las moscas: un cráneo de jabalí en torno al cual los niños han elaborado un ritual que parece el principio de una religión primitiva, con lo que los “malos” cierran un círculo aparente: huyendo de un tipo de reglas (o restricciones) acaban cayendo en otro, basado en una supuesta libertad que es en el fondo una esclavitud de tipo más primitivo, como puede serlo el temor reverente que sienten ante un simple hueso que han convertido en ídolo. Entonces, la supuesta liberación de la autoridad adulto-paterna acaba extinguiéndose, porque la regresión total en la que caen los niños (queriendo acabar con cualquier rasgo de racionalidad o bondad) es, en buena cuenta lo que el señor de las moscas les susurra y ordena.
Uno se pregunta por las conclusiones a las que nos conduce la novela. El hombre es lobo para el hombre, y por ende la agresión entre nosotros es nuestro destino final. O el hombre nace bueno y la sociedad (el contacto con los adultos, que no se extingue por que los llevamos dentro) lo corrompe, de modo que deberíamos acabar con toda la historia previa de la humanidad (ya lo intentó Pol Pot, y se saben los resultados). En todo caso, El señor de las moscas es un libro para revisar siempre.

Leyes de mercado (Richard Morgan)



Uno de los pocos libros que he terminado con alivio y temblando.

Con alivio, por que es como una pesadilla sin solución de continuidad. No hay ni siquiera el engaño de un falso final feliz con vuelta de tuerca, ni final ambiguo o salidas filosóficas tipo Matrix.

Peor aún, ni siquiera queda el consuelo de pensar que se trata sólo de una ficción. Bien sabemos que las leyes de mercado se aplican indefectiblemente… aquí y en la China.

Estamos a fines del siglo XXI. El mundo del futuro no ha progresado tanto tecnológicamente como para diferenciarse del nuestro de manera radical. Hay colonias en Marte, pero son tan importantes para el ciudadano común como las bases de la Antártida de hoy en día. Las telecomunicaciones son más veloces, las armas más potentes, los ricos se han hecho más ricos, las repúblicas bananeras siguen siéndolo.

Excepto que ahora, matar por dinero es legal. Un acto oleado y sacramentado por la legislación vigente, que puede además convertirse en espectáculo, generando así un efecto de incremento de riqueza (abundan las personas asquerosamente ricas en esta novela).

Precisemos. No se trata de cualquier tipo de asesinato. El protagonista, Chris Faulkner, es un zektiv (ejecutivo), ambicioso como el que más, dispuesto a todo para llegar a lo que considera la cima, esto es, el control de una de las oficinas de la megaempresa en la que trabaja. La oficina que se ocupa de intervenir (y fomentar) conflictos internacionales, para luego colocar armas, provisiones y pertrechos. Negocio redondo.

Y si para llegar a esa cima Chris Faulkner debe matar, pues lo hará. Sólo que en este futuro (es triste decirlo, bastante probable), el asesinato sólo se considera un crimen si lo comete algún pobre diablo. En cambio, si se produce en el contexto de un duelo entre vehículos (a modo de una justa medieval entre caballeros de armadura), en el cual dos zektivs compiten por un puesto o un aumento salarial, no es un crimen. Es uno de los tantos métodos que tiene el mercado de colocar a los mejores al mando de todo.

Debo confesar que, conociendo parte del argumento, por la contraportada del libro, se me hacía bastante inverosímil un futuro así, donde la fuerza bruta y el desprecio por la vida humana puedan constituirse en condiciones determinantes para el ascenso de un hombre de negocios… hasta que caí en la cuenta de que eso ya está ocurriendo desde hace mucho en uno u otro lugar. Si bien no siempre contamos con pruebas, casi todos “sabemos” de alguna vendetta entre empresarios rivales, algún caso de acoso sexual que trae como resultado un ascenso o de algún regalo oportunamente entregado a algún intachable representante del Poder Judicial, y así en progresión ascendente.

De modo que si ya contamos con la base, esto es, las leyes de mercado operando a plena potencia… ¿qué falta para que se legalicen ciertas prácticas? La respuesta de Morgan es deprimente por lo acertada: tan sólo falta que alguien rico y poderoso las realice, para que se conviertan en norma. Como ha ocurrido con casi todas las normas que rigen nuestra civilizada sociedad. Claro, también hay normas “tuitivas”, dadas a favor de los más débiles miembros de nuestra sociedad. Pero díganme en qué país se cumplen primero estas leyes en lugar de las leyes que favorecen a los otros.

Superado el escollo de la suspensión de la incredulidad (vamos, si Morgan fuera peruano, la habría tenido más fácil), se nos pinta el posible mundo de finales del siglo XXI, hiperviolento y despojado casi por completo de cualquier asomo de solidaridad. Los pocos “buenos” que aparecen en la novela tienen muchas razones pero poco poder.Claro que Chris Faulkner no es inmune a los efectos que conlleva el sobrevivir en esta sociedad. A veces busca alguna salida, como integrar algún organismo internacional de beneficencia, o trasladarse a algún país escandinavo. Pero la sensación de inutilidad y el discurso vacío de estas opciones sólo le devuelven las ganas de seguir viviendo en el mundo creado por las leyes de mercado: Chris Faulkner es un engranaje consciente de serlo, y le gusta, aunque su vida no sea otra cosa que un eterno correr hacia una cima inalcanzable. No importa si en el camino mueren algunos cuantos, pues las inexorables leyes de mercado nos dicen que los ineficientes no tienen razón de ser.

¿Ciencia ficción, literatura prospectiva, panfleto de denuncia al estilo “La granja de los animales” de George Orwell? Un libro que ningún perfecto idiota latinoamericano, ni su contraparte, debería dejar de leer.

Daniel Salvo (publicado originalmente en Velero25, diciembre de 2007)

sábado, 17 de abril de 2010

Presentación de "Horizontes de fantasía"



La revista Agonautas los invita a la presentación del libro de cuentos:

"Horizontes de fantasía" de Carlos Enrique Saldivar

a realizarse el jueves 22 de abril a las 4 p.m. (en punto)

en el auditorio principal de la feria nacional de libro Lima Norte

ubicada en el frontis del centro comercial Mega Plaza (Norte),

Independencia.


Presentan: Daniel Salvo y Jorge Luis Obando. Modera: Luis Torres.
Carlos Enrique Saldivar (1982), es director de la revista Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción. Ha publicado el libro: "Historias de ciencia ficción" (2008).

Consultas: revista_argonautas@ hotmail.com