sábado, 1 de mayo de 2010

Editorial: Cuidado con los niños





Durante la tercera semana de abril de 2010, el Perú fue notificado a través de los medios noticiosos, de un hecho terrible: dos hermanos, de 10 y 8 años, mataron a golpes a otro menor que estudiaba en su mismo centro de estudios. El móvil serían los celos que sentirían los hermanos respecto a la víctima, por ser el alumno más destacado de la clase.


Es triste comprobar, ante casos así, cómo algunas de las pesadillas imaginadas desde la ciencia ficción se pueden cumplir en la realidad. En novelas como Furia feroz o El señor de las moscas, podemos ver un atisbo del callejón sin salida a donde nos pueden llevar las manipulaciones que efectuamos sobre nuestros hijos: una sociedad distópica cuyos miembros adultos rijan sus vidas según las Leyes de mercado de Richard Morgan, donde el asesinato está permitido por las leyes, siempre y cuando lo justifique un motivo socialmente aceptado, como puede serlo la búsqueda de un aumento de sueldo.


Son bastantes las imágenes que nos ofrece la ciencia ficción respecto al mundo de los niños. Desde la infancia feliz de No más duendes de Ben Bova y Gordon R. Dickson a las bucólicas memorias rurales de El vino del estío de Ray Bradbury. O las manifiestas alteraciones del desarrollo infantil, convirtiendo a los menores en militares en El juego de Ender de Orson Scott Card, o en simpáticos sinvergüenzas como Los Stone de Robert A. Heinlein. Las niñas también están, aunque las imágenes de las mismas no suelen ser entrañables. Otra vez Heinlein nos regala a la rebelde (pero en el fondo conservadora) Podkayne de Hija de Marte, que sin embargo no le llega ni a los talones (en antipatía) a la Arcadia Darell de Segunda Fundación de Isaac Asimov.


Como en estas ficciones, en la realidad, también los niños son, en buena cuenta, producto de lo que los adultos depositamos en ellos, aún a pesar de lo que serían las tendencias innatas producto del bagaje genético. Los niños siempre son responsabilidad de alguien más, ya sean sus padres o tutores. Los niños no aparecen por generación espontánea, y el mundo al que llegan es el mundo que les damos nosotros, los adultos. Aprenden el idioma de nosotros. Aprenden a leer con los libros que les damos. Miran la televisión que producimos. Aprenden a conducirse imitando lo que ven hacer a otros. Eso es la socialización.


Si seguimos empeñados en construir una sociedad distópica, en la cual se admira a las autoridades "que roban pero hacen obra" (como si ejecutar obras en favor de la comunidad no fuera la obligación de ministros, alcaldes y otras autoridades), no nos extrañemos por la aparición de niños que, tal vez siguiendo ejemplos paternos, puedan pensar que el matar a un compañero que pueda opacarlos en el futuro sea una opción válida de comportamiento.


Total, sólo son niños. Ya aprenderán a hacer las cosas mejor.



Daniel Salvo

mayo de 2010

Reseña: Furia feroz (J.G. Ballard)




Inexplicablemente, la versión editada por Minotauro en su sello Booket clasifica esta novela como de "crimen y misterio". En buena hora para mí, por que de haberla etiquetado como ciencia ficción, es poco probable que hubiera arribado a nuestras costas peruanas.

Ahora bien, considerarla como de "crimen y misterio", o más a la antigua, como policial, no es del todo desacertado. Efectivamente, hay un crimen, y bastante horrendo: un día cualquiera, en Pangbourne Village, un condominio cerrado, suerte de isla urbana artificial cuyos integrantes pertenecen todos a familias ricas, felices y exitosas, todos los adultos amanecen muertos. Asesinados de una u otra forma. Y los hijos, desaparecidos. Ante este "crimen y misterio", aparece la figura arquetipica del detective-que-sabe-más-que-la-policía, en este caso, un cansino y anodino siquiatra llamado Richard Greville, a quien el lector bien puede imaginar usando un abrigo a lo Humphrey Bogart en lugar de una bata de médico. Greville colabora con la policía para descubrir al asesino, o asesinos, y averiguar el paradero de los niños. Casi, casi, casi un thriller más.

Excepto que se trata de un thriller escrito por J.G. Ballard, el Ballard que dijo aquello del espacio interior, el Ballard cuya ciencia ficción explora no el futuro lejano sino los próximos quince minutos. El Ballard capaz de resolver el misterio a la mitad de la novela, para luego construir otro argumento centrado en los antecedentes del crimen y su vinculación con el resto de la sociedad, tanto la de la novela como la nuestra. Por que es imposible no identificar a los asesinos como seres engendrados por nuestras mejores intenciones, y que no siempre es la falta de educación o de oportunidades la que convierte a un ser humano en un criminal. El pesimismo de Ballard es total: parece decirnos que hagamos lo que hagamos, la sociedad humana siempre mantendrá su cuota de antisociales e inadaptados, y que dicha cuota va en aumento. La ambientación de la novela a finales de los años ochenta del siglo XX no la hace menos "futurista".

Más aún, la identidad de los criminales, cuando deja de ser un secreto, deviene en fastidio para las autoridades. La sociedad no quiere admitir sus errores, y prefiere barrer la basura debajo de la alfombra. Esto produce otro giro de tuerca: el siquiatra que fungía de detective se convierte en morboso observador del accionar de los criminales - a quienes no se puede o no se quiere capturar - durante los años posteriores a los acontecimientos ocurridos en Pangbourne Village. Como solemos hacer todos: limitarnos a atestiguar el desastre, contribuyendo así al suicidio colectivo.

Esta vez, con mucho acierto, el texto de contraportada pone: "Una reflexión mordaz sobre la violencia, la educación y la sobreprotección de la infancia".

Daniel Salvo

El señor de las moscas (William Golding)





Lo admito, El señor de las moscas está aparentemente fuera de lugar en un blog dedicado a la ciencia ficción. No es una historia ambientada en el futuro ni en un planeta exótico. No hay invenciones maravillosas ni extraterrestres.
Pero si vemos a esta novela desde otro punto de vista, esto es, como el desarrollo de un experimento que consiste en dejar completamente solos, en un isla desierta, a un grupo de niños provenientes de un internado inglés, para ver cómo reaccionan en semejante situación, pues tenemos la mesa servida para disfrutar –en la medida que la novela lo permita – de un fuerte remezón en nuestras creencias respecto a la niñez y a la humanidad en sí.
Casi podría decirse que El señor de las moscas es el reverso de Furia feroz, de J.G. Ballard. Sólo que en lugar de una urbanización cerrada apta sólo para la elite, tenemos una isla desierta. Igual, se trata de espacios que sugieren un aislamiento radical de la sociedad. En lugar de padres obsesionados por el desarrollo de sus hijos, al punto de sofocarlos con tanta sobreprotección, tenemos un espacio totalmente carente de presencia adulta, ya se trate de padres o de cualquier otra instancia con los atributos que los adultos tienen (o tenían), en general, para con los niños: respeto, autoridad, orden… y también autoritarismo, abuso, prepotencia, manipulación, etc. Que no es lo mismo el Albus Dumbledore de las primeras novelas de Harry Potter que algún cura pedófilo de nuestros tiempos.
En El señor de las moscas, un accidente de aviación sitúa a unos niños en una isla desierta. Durante los primeros días, asumen el liderazgo los niños de comportamiento más maduro y racional. Instituyen una serie de reglas de convivencia, que efectivamente les resultan muy útiles dada la situación. Consiguen refugio de la intemperie, alimentación y una sensación de confianza hacia el futuro. Empero, en este edén también hay serpientes, encarnadas en los clásicos matones de la clase, a quienes les fastidia todo ese asunto de las reglas, la razón y el altruismo. Más que seguir la voz de la razón (que podría estar representada por Piggy, el también clásico gordito de lentes, más amigo de los libros que de los deportes), prefieren seguir lo que les sugiere el señor de las moscas: un cráneo de jabalí en torno al cual los niños han elaborado un ritual que parece el principio de una religión primitiva, con lo que los “malos” cierran un círculo aparente: huyendo de un tipo de reglas (o restricciones) acaban cayendo en otro, basado en una supuesta libertad que es en el fondo una esclavitud de tipo más primitivo, como puede serlo el temor reverente que sienten ante un simple hueso que han convertido en ídolo. Entonces, la supuesta liberación de la autoridad adulto-paterna acaba extinguiéndose, porque la regresión total en la que caen los niños (queriendo acabar con cualquier rasgo de racionalidad o bondad) es, en buena cuenta lo que el señor de las moscas les susurra y ordena.
Uno se pregunta por las conclusiones a las que nos conduce la novela. El hombre es lobo para el hombre, y por ende la agresión entre nosotros es nuestro destino final. O el hombre nace bueno y la sociedad (el contacto con los adultos, que no se extingue por que los llevamos dentro) lo corrompe, de modo que deberíamos acabar con toda la historia previa de la humanidad (ya lo intentó Pol Pot, y se saben los resultados). En todo caso, El señor de las moscas es un libro para revisar siempre.

Leyes de mercado (Richard Morgan)



Uno de los pocos libros que he terminado con alivio y temblando.

Con alivio, por que es como una pesadilla sin solución de continuidad. No hay ni siquiera el engaño de un falso final feliz con vuelta de tuerca, ni final ambiguo o salidas filosóficas tipo Matrix.

Peor aún, ni siquiera queda el consuelo de pensar que se trata sólo de una ficción. Bien sabemos que las leyes de mercado se aplican indefectiblemente… aquí y en la China.

Estamos a fines del siglo XXI. El mundo del futuro no ha progresado tanto tecnológicamente como para diferenciarse del nuestro de manera radical. Hay colonias en Marte, pero son tan importantes para el ciudadano común como las bases de la Antártida de hoy en día. Las telecomunicaciones son más veloces, las armas más potentes, los ricos se han hecho más ricos, las repúblicas bananeras siguen siéndolo.

Excepto que ahora, matar por dinero es legal. Un acto oleado y sacramentado por la legislación vigente, que puede además convertirse en espectáculo, generando así un efecto de incremento de riqueza (abundan las personas asquerosamente ricas en esta novela).

Precisemos. No se trata de cualquier tipo de asesinato. El protagonista, Chris Faulkner, es un zektiv (ejecutivo), ambicioso como el que más, dispuesto a todo para llegar a lo que considera la cima, esto es, el control de una de las oficinas de la megaempresa en la que trabaja. La oficina que se ocupa de intervenir (y fomentar) conflictos internacionales, para luego colocar armas, provisiones y pertrechos. Negocio redondo.

Y si para llegar a esa cima Chris Faulkner debe matar, pues lo hará. Sólo que en este futuro (es triste decirlo, bastante probable), el asesinato sólo se considera un crimen si lo comete algún pobre diablo. En cambio, si se produce en el contexto de un duelo entre vehículos (a modo de una justa medieval entre caballeros de armadura), en el cual dos zektivs compiten por un puesto o un aumento salarial, no es un crimen. Es uno de los tantos métodos que tiene el mercado de colocar a los mejores al mando de todo.

Debo confesar que, conociendo parte del argumento, por la contraportada del libro, se me hacía bastante inverosímil un futuro así, donde la fuerza bruta y el desprecio por la vida humana puedan constituirse en condiciones determinantes para el ascenso de un hombre de negocios… hasta que caí en la cuenta de que eso ya está ocurriendo desde hace mucho en uno u otro lugar. Si bien no siempre contamos con pruebas, casi todos “sabemos” de alguna vendetta entre empresarios rivales, algún caso de acoso sexual que trae como resultado un ascenso o de algún regalo oportunamente entregado a algún intachable representante del Poder Judicial, y así en progresión ascendente.

De modo que si ya contamos con la base, esto es, las leyes de mercado operando a plena potencia… ¿qué falta para que se legalicen ciertas prácticas? La respuesta de Morgan es deprimente por lo acertada: tan sólo falta que alguien rico y poderoso las realice, para que se conviertan en norma. Como ha ocurrido con casi todas las normas que rigen nuestra civilizada sociedad. Claro, también hay normas “tuitivas”, dadas a favor de los más débiles miembros de nuestra sociedad. Pero díganme en qué país se cumplen primero estas leyes en lugar de las leyes que favorecen a los otros.

Superado el escollo de la suspensión de la incredulidad (vamos, si Morgan fuera peruano, la habría tenido más fácil), se nos pinta el posible mundo de finales del siglo XXI, hiperviolento y despojado casi por completo de cualquier asomo de solidaridad. Los pocos “buenos” que aparecen en la novela tienen muchas razones pero poco poder.Claro que Chris Faulkner no es inmune a los efectos que conlleva el sobrevivir en esta sociedad. A veces busca alguna salida, como integrar algún organismo internacional de beneficencia, o trasladarse a algún país escandinavo. Pero la sensación de inutilidad y el discurso vacío de estas opciones sólo le devuelven las ganas de seguir viviendo en el mundo creado por las leyes de mercado: Chris Faulkner es un engranaje consciente de serlo, y le gusta, aunque su vida no sea otra cosa que un eterno correr hacia una cima inalcanzable. No importa si en el camino mueren algunos cuantos, pues las inexorables leyes de mercado nos dicen que los ineficientes no tienen razón de ser.

¿Ciencia ficción, literatura prospectiva, panfleto de denuncia al estilo “La granja de los animales” de George Orwell? Un libro que ningún perfecto idiota latinoamericano, ni su contraparte, debería dejar de leer.

Daniel Salvo (publicado originalmente en Velero25, diciembre de 2007)

sábado, 17 de abril de 2010

Presentación de "Horizontes de fantasía"



La revista Agonautas los invita a la presentación del libro de cuentos:

"Horizontes de fantasía" de Carlos Enrique Saldivar

a realizarse el jueves 22 de abril a las 4 p.m. (en punto)

en el auditorio principal de la feria nacional de libro Lima Norte

ubicada en el frontis del centro comercial Mega Plaza (Norte),

Independencia.


Presentan: Daniel Salvo y Jorge Luis Obando. Modera: Luis Torres.
Carlos Enrique Saldivar (1982), es director de la revista Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción. Ha publicado el libro: "Historias de ciencia ficción" (2008).

Consultas: revista_argonautas@ hotmail.com

jueves, 1 de abril de 2010

Editorial: Por fin... ciencia ficción en la educación peruana







Mis primeros contactos escolares con la ciencia ficción tuvieron lugar cuando mi amigo y condiscípulo Alberto Florez Guillén, me prestó un ejemplar de La guerra de los mundos de H.G. Wells, de la inolvidable colección Populibros de Manuel Scorza. Años después, otro condiscípulo Andrés Chumbiauca, me prestó otro clásico: Cuentos del relojero abominable, de José B. Adolph. Y casi al terminar la secundaria, otro compañero, Manuel Florez Guillén (sin parentesco), tuvo a bien aportar Los valerosos hombres libres, de Jack Vance.


Si. Aunque no lo crean, en la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado los escolares de secundaria de los colegios nacionales de provincias leían, recomendaban e intercambiaban libros. Y hasta hubo uno que otro crítico en ciernes que casi arruinó mi vocación literaria. Pero esa es otra historia.


Sin embargo, no todo era felicidad. A contracorriente de las lecturas de los alumnos, al menos en lo que a la ciencia ficción se refería, los textos y programas de enseñanza no hacían gala de tanta modernidad. Desde el espeluznante texto de tercero de secundaria, desde el cual se aplaudía la prohibición de los cómics por "atentar contra el proceso educativo peruano" (llegaron a prohibir hasta a Batman) y por ser "alienantes", y cuyo autor además se angustiaba por la suerte de los pobres niños que se habrían quedado traumados a causa de Drácula (una estacada a Bram Stoker) y Frankenstein (desarmaron a Mary W. Shelley), esas muestras de "subliteratura"; hasta la separata de literatura donde se ofrecía como ejemplos de ciencia ficción a los eternos refritos De la Tierra a la luna y 20000 leguas de viaje submarino. Qué puedo decir, es lo que había, y sería bueno que tanto padres como alumnos entiendan que la etapa escolar es y será siempre un estándar básico de lo que es la educación. El resto depende de uno mismo.


Sin embargo, los años no pasan en vano, y me he dado con la sorpresa más grata que podría darse: ¡ciencia ficción en la currícula escolar de secundaria! Diría que ahora puedo morir en paz.

Y la hallé de la manera más inopinada: adquiriendo los libros de texto de mi hijo de catorce años, que va para el tercer año de secundaria. Para el curso de Comunicación, antaño conocido como lenguaje o lengua y literatura. A juzgar por las primeras lecciones, comienza enfocando el concepto de literatura, para luego continuar con los géneros literarios. Las unidades del libro de texto son 16, centrándose cada una en un estilo o género literario definido (clasicismo, medievalismo, renacimiento, barroco, neoclacismo, romanticismo, realismo (I y II), generación del 98 y modernismo, vanguardismo (en la narrativa, el teatro y la poesía), la generación del 27, el existencialismo y el teatro del absurdo, la narrativa de ciencia-ficción y la narrativa actual. Por cada unidad, se incluyen ejemplos del género o estilo, para efectos de desarrollar competencias en comprensión de textos, comunicación literaria, comunicación escrita, comunicación oral y comunicación audiovisual. Entre otras competencias, te enseñan a redactar reseñas literarias, publicar una revista y a argumentar.

¿Será verdad tanta belleza? ¿Se desarrollará todo el programa del curso? ¿Los alumnos egresarán siendo competentes en comprensión de textos, redacción y análisis? El tiempo lo dirá.

Pero, en cuanto a incluir un capítulo centrado exclusivamente en la ciencia-ficción, diría que hay un salto cualitativo en cuanto a entender la literatura en nuestro país, donde la ciencia-ficción ha sido considerada, tanto dentro como fuera del ámbito académico, como subliteratura, o más compasivamente, como un subgénero. No ocurre lo mismo en el libro que nos ocupa, que lo asume directamente como género literario (¿podría ser de otra manera? bueno, algún profesor apolillado debe quedar por ahí...), y ofrece una definición básica, inteligible y competente. Si bien mantiene cierto esquematismo (la ciencia-ficción sigue siendo literatura de anticipación), el texto introductorio es más que claro respecto al papel que viene desempeñando la literatura de ciencia-ficción en la cultura humana. En palabras Sergio Rodríguez, autor del libro:

"Aunque anticipe situaciones del futuro, no es ese el objetivo fundamental que persigue el autor de ciencia-ficción. La narración científica denuncia deformaciones de la conducta humana, poniendo de relieve que el exceso de tecnicismo llevará a la destrucción del hombre. Más que señalar el posible destino futuro de la humanidad, interesa que el lector reflexione sobre sí mismo y sobre su condición actual de vida."

Como ejemplos, se incluyen fragmentos de cuentos de Ray Bradbury, (Ylla) e Isaac Asimov (El racista), y de la novela 3001 de Arthur C. Clarke.

Comunicación y Vida 3 ha sido publicado por Ediciones Librotext S. R. Ltda.


Daniel Salvo

El misterio de la Loma Amarilla (José Güich Rodríguez)







La maestría para lo fantástico demostrada por José Güich Rodríguez en sus libros de relatos Año sabático (2000), El mascarón de proa (2006) y Los espectros nacionales (2009), asume ahora la forma de la novela, que además juega con la intriga desde el mismo título: El misterio de la Loma Amarilla.

La novela juega con más de un elemento que tienden a convertirla en entrañable para lector. De un lado, Güich retoma a uno de sus personajes emblemáticos, el periodista Pablo Teruel, de quien al fin comenzamos a conocer algo de su envidiable etapa juvenil; y de otro, la inclusión de episodios y personajes de la vida política y cultural peruana de los años veinte del siglo pasado, en una Lima aún señorial y diminuta que empezaba a agitarse debido a los cambios sociales.


El argumento es el siguiente: en una hacienda situada en el actual distrito de Surco, al sur de Lima, se suscitan misteriosos eventos: ruidos subterráneos, luces y extraños olores son percibidos alrededor de la Loma Amarilla, una elevación de terreno que además cuenta con su propia leyenda, puesto que en ahí tuvo lugar una batalla entre fuerzas peruanas y chilenas. Alarmado ante estos sucesos, el propietario de la hacienda, que además es un político influyente, solicita la ayuda de Teruel, entonces estudiante de Derecho, pero ya con cierta fama debido a sus dotes detectivescas, que intenta -inútilmente- ejercer con discreción. Una vez instalado en la hacienda, Teruel inicia sus pesquisas en una de las direcciones correctas -una intriga criminal que involucra incluso a miembros de las altas esferas del poder político y social de la época - , sin sospechar que las respuestas obtenidas respecto a lo que ocurre no sólo en la Loma Amarilla sino en el resto de la hacienda, son sólo la punta del iceberg: la Loma Amarilla oculta un misterio aún mayor, que se hace patente con el hallazgo de objetos que en un principio son considerados como vestigios arqueológicos precolombinos, pero que luego de un detenido examen, evidencian una manufactura y un propósito ajenos a todo lo conocido por el hombre. ¿Son de origen extraterrestre, restos de una civilización desaparecida o experimentos de alguna sociedad secreta demasiado avanzada para su tiempo? La sorprendente solución al enigma da pie además para posibles continuaciones. Esperemos que Güich asuma la tarea.

Revista Tinta Expresa N° 4




Imposible no comentar uno de los acontecimientos literarios del año, la aparición del cuarto número de "Tinta Expresa", revista de literatura dirigida por Elton Honores Vásquez, Alex Morillo Sotomayor y Carlos Capellino Fuentes. A una cuidada edición, se añade un plus que disfrutará todo amante de la literatura fantástica y de ciencia ficción, como es el que sendas secciones de la revista, como "Nómade verba" y "Epicentro" estén dedicadas a ambos géneros. Creo que el mejor comentario sobre esta publicación está incluido en la Presentación del mismo, a cargo de los editores:


"Epicentro", nuestra sección central, desarrolla un panorama de la literatura fantástica y la ciencia ficción peruana y latinoamericana. Así, los trabajos sobre Clemente Palma, de José Güich y Eduardo Huyatán, serán imprescindibles para el abordaje a este autor. El trabajo de Gonzalo Portals sobre Felipe Buendía y el de Mara García sobre Elena Garro y María Soledad Quiroga amplían el espectro de lo fantástico. Dentro de la ciencia ficción, son destacables los trabajos de Rodolfo Rorato sobre el cyberpunk en Brasil y el de Bernard Goorden sobre la ciencia ficción latinoamericana. Por su parte, Daniel Salvo, Alfredo Illescas y Juan Cuya plantean abordajes a la obra de José B. Adolph. Se incluye, además, un dossier sobre este fundamental autor de la literatura fantástica peruana.



Sólo me resta destacar las ficciones aportadas por José Cabrera, Melissa Ghessi, Yamila Greco, César Silva Santisteban, Stuart Flores Herrera, Pedro Espinoza, Ricardo Sumalavia, Pablo Nicoli, Carlos Calderón Fajardo (¡fantástica!), José Donayre Hoefken, Carlos Enrique Saldìvar, Raúl Quiroz y Gregorio Torres en la sección "Nómade Verba".



Algo que los editores de Tinta Expresa han cuidado con especial esmero ha sido el aspecto gráfico de la revista, cuya portada, que reproduce un cuadro de Carlos Revilla, es el punto de partida para disfrutar además las ilustraciones a cargo de Miguel Det y Juan Acevedo.


Publicar algunos de estos aportes, si no todos, en la internet (Tinta Expresa cuenta con sitio web propio, http://www.tintaexpresa.site90.net/, y su dirección electrónica es (tintaexpresa@yahoo.com), sería de agradecer, tanto por parte de los lectores como de los autores que acaso no cuenten con las vías de distribución adecuadas.



Daniel Salvo

Río lento (Nicola Griffith)





Río lento (Slow River / Premios Nebula y Lambda 1996)

Nicola Griffith



La primera impresión del “near future” que nos brinda el texto es de una cotidianidad absoluta, la prolongación de lo mismo que utilizamos ahora, va a contrapelo de lo proferido por numerosos y eximios prospectólogos (casi que resuena como proctólogo, pero no hay algo novedoso que explorar o extraer de los intestinos de la sociedad en este caso), es probable que envejezca rauda y que se confunda con muletillas marketeras o se sumerja en su propia corriente de acontecimientos por aproximarse a la llama de la coherencia de la lógica formal.


No obstante posee valores que apuntan en otra dirección: es una valiente reconstrucción dedicada a un personaje, que proviniendo de una de las familias más acaudaladas del planeta, es capaz tras escapar de sus plagiadores, de convertirse a través de un periplo con etapas en delincuente primero y obrera después, en una persona que lucha por escapar a su destino aparente y decidir sobre su existencia auténtica. Circunvavegación en torno a las resoluciones que le permitirán emerger del círculo infernal donde se ve sumida tras su secuestro a la condición de trabajadora que la exalta y le da potencia para asumirse en plenitud.


Su arranque demasiado contemporáneo y próximo al thriller policial (casi un capìtulo de CSI) salpica con gotas desconcertantes a la lectura, y a pesar de que me jacto de ser tolerante, siento que el metatexto informativo con frecuencia inserta ideas que pueden germinar como prejuicios y si le sumamos esa cercanía temporal en ocasiones incómoda, provoca un nudo atenazante, un obstáculo limitante que nos cuesta eludir, lo cual no es de ninguna manera un demérito, ya que es lo que busca provocar la autora para que no empatizemos con facilidad con Lore, ya que la evolución de sus protagonistas recorre una gama de situaciones con frecuencia contradictorias si insistimos en valorarlas en términos de la moral, diría que prima entonces el reino de la ética personal, y ese es en extremo difícil de soslayar, asi que quedarán expuesto(a)s hasta las tripas, no hay concesiones ni subterfugios, son individuos que sufren, son invadidos por los sentimientos, solucionan sus necesidades, así las relaciones lésbicas son transitadas en su genuina dimensión (imprescindibles además para el crecimiento temático y andamiaje global del relato que hasta final feliz puede decirse que tiene), o las trapacerías informáticas que se cometen son devanadas con similar intención.


Hay descripciones tecnológicas que apuntan a la coexistencia entre la blogosfera y la prensa de papel, otras que aluden al paralelismo entre sistemas de identificación electrónica que suponen sistemas de biolocalización y mecanismos de control en la red integral, lo cual quedará expresado en el trato que le dispensan los secuestradores; nanotecnología aplicada, bacterias modificadas para cumplir tareas industriales de limpieza de aguas residuales (con exquisito detalle de funcionamiento), manipulación de genes para obtener determinados efectos, en cuanto a los mass media, la imagen trasmitida como prueba de su existencia está referida a la violencia terrorista y urbana; y los sentidos son interpelados:el olor a metal de la caja donde estuvo encerrada se funde y recicla para que no quede rastro, etc., señaló tales temas porque la primera frase de mi reseña podría ser engañosa, la novela abordará los despliegues tecnológicos pero como prolongación de los presentes, sin duda una opción válida para los propósitos verdaderos que persigue y relacionados con la demolición y reconstrucción del yo.


Otro punto a rescatar apunta a que el azar diseña el futuro con tanta eficacia como la planificación y acción concertada cotidiana con que la envolvía su familia disfuncional, aludiendo tangencialmente a sus relaciones como disolventes y destructivas (envueltas y secretadas por ese contraste entre poder y riqueza inicial de los Van de Oest y precaridad e improvisación posterior en su periplo con Spanner), ya que no semejan seres vivos, sino monigotes articulados para fingir el don de la vida (por si acaso también quedará explicado, ya que será uno de los leit motiv del desarrollo de los acontecimientos), diseñados con concisión para interactuar con tanta eficacia -casi maquinal- que resulta conveniente esa advertencia final de Nicola señalando que su obra no es autobiográfica.


Posee una lógica interna que articulará una estructura compleja, que se entrelaza con numerosas ramas, geometría que no se oculta pero tampoco queda manifiesta; Nicola se aplica: sus descripciones cautivan, sus peripecias enganchan y llega a proporcionarle una dinámica poética a la planta de reciclaje y a la opción ambientalista, sabe de que va y logra ubicarnos sin disimulo en el lugar que se propone (“Todo el mundo cambiaba si cambiabas un poco la perspectiva” para introducir la “dependencia sensitiva de las condiciones iniciales”), ahora tras las Cumbres reunidas en París y Copenhague ya no quedan dudas para la mayoría de los seres pensantes sobre el riesgo que se nos abalanza desde la depredación ecológica y ese es otro aspecto al cual se adhiere con fervor.


Hay momentos en que quiere parecer misteriosa, pero sólo logra una inmersión en las telenovelas, pero siendo esa una de sus fallas, es de grado menor; que queda compensado por el indudable filo social y crítica de las corporaciones transnacionales que se apunta en el caso de los kirguises por ejemplo o la asunción de la solidaridad en frases como “La vida sería más fácil si bajasémos las defensas un poco y hablásemos, ayudándonos mutuamente”. A veces parece que las explicaciones son precarias y en ocasiones las que enlazan con el género acarrean un lastre que lesiona la querencia aunque no la credibilidad, hay algo de ciberpunk en Río Lento, pero aquel por más erróneo que sea en sus planteamientos es apasionado y estridente pero atrapa nuestro interés, de allí que el material calentado para servirse como plato principal se enfría antes que le quitemos los ojos de encima (ajustado a la supuesta tecnología de la planta).


Motivado por sus párrafos no pude evitar correlacionar esa especie de tanques Imhoff y las remediaciones ecológicas insertadas con exactitud cabal en su propuesta de sistema de tratamiento de aguas residuales (expuesto en forma muy creible) con posibles métodos a usarse en corto plazo en la realidad (y eso es otra virtud del texto); no se que tal funcionarán enormes tanques Imhoff abiertos donde una combinación entre bacterias modificadas y fuerza de trabajo humana ejecutarán lo que de manera normal se lleva a cabo de modo mecánico y automático, interesante mezcla que nos obliga a interrogarnos sobre cual tecnología es más avanzada y con respecto a que tipo de sociedad: parece decirnos que se pueden conseguir las reividicaciones ambientales y continuar aherrojados por las relaciones de poder capitalistas.


En eficaz contrapunteo mezcla flashbacks con tiempo real, otorgando un diseño fluído y vertiginoso a los acontecimientos (uso prohibido de los trenes de servicios, hackeo de información para preparar filmes a pedido donde el cliente folla con la actriz de moda, encuentros sexuales entre las amantes), que se mantiene aún en momentos tranquilos como la rutina de la fábrica o el deambular por supermercados o bares, es así como acuatizamos concientes en las vivencias ofrecidas que son como un río (ya abordado por Ray Bradbury en “El vino del estío”), por eso las sensaciones de flujo y reflujo (realidad actual y flashbacks), de vaivén espumoso (aplicable a la densidad de los personajes secundarios), de remolinos (la propia estructura del entorno narrado), y es por esas virtudes y circunstancias tan especiales que suministra la autora que recomendamos su lectura.


Luís Antonio Bolaños de la Cruz

lunes, 22 de marzo de 2010

Conversatorio "Otros géneros en la literatura peruana: el cuento extraño, la ciencia ficción y lo fantástico"





Invitación


Tinta Expresa, Revista de Literatura, les invita al conversatorio titulado: "Otros géneros en la literatura peruana: el cuento extraño, la ciencia ficción y lo fantástico", a realizarse el sábado 27 de marzo a las 6 y 30 pm., en la Casa de la Literatura Peruana. Participan: Daniel Salvo, Carlos Saldívar y Moisés Sánchez-Franco. El ingreso es libre.
Como adicional, habrá una preventa de la edición cuatro de la revista, cuyo número monográfico incluye: Literatura fantástica y ciencia ficción/ Dossier sobre José B. Adolph

Atentamente.

Revista Tinta Expresa.


Casa de la Literatura Peruana

Jr. Ancash 207 - (Antigua estación de Desamparados) –
Cercado de Lima.




Sobre los participantes:

Daniel Salvo (Lima, 1967). Bachiller en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es escritor de ciencia ficción. Desde el año 2002, edita la publicación electrónica Ciencia Ficción Perú, con énfasis en la promoción de autores peruanos de Lima y provincias que han incursionado en este género. También colabora en la página de ciencia ficción peruana Velero 25. Además, Ha publicado un panorama historiográfico de la ciencia ficción peruana en la revista electrónica El hablador y en Ajos & Zafiros Nº 6, ampliado luego en la revista Argonautas (2007). Es miembro fundador del Grupo Coyllur (Asociación Peruana de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía).

Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Narrador y poeta. Egresado de Literatura de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Ha publicado el libro de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), además de textos de ficción en publicaciones virtuales como Ciencia ficción Perú y Velero 25, entre otros. También ha sido antologado en el libro Otros villanos, narrativa (2009). Actualmente es director de la revista de fantasía misterio y ciencia ficción, Argonautas (con 4 números). En breve editará su segundo libro de cuentos Horizontes de fantasía (2010). Es miembro del Grupo Coyllur (Asociación Peruana de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía).

Moisés Sánchez-Franco (Callao, 1975). Narrador, crítico y docente. Estudió Periodismo en la Universidad Nacional de la Plata en Argentina. Es licenciado en Literatura por la UNMSM. Sus artículos de crítica y sus cuentos han aparecido en revistas especializadas, como “Escritura y pensamiento”, "Ajos y Zafiros", "Lhymen", "Umbral", "Flecha en Azul", "Diégesis", etc. Ha colaborado con el suplemento “El dominical” del diario El Comercio. Sus cuentos han obtenido reconocimientos en concursos tales como “El Copé de Cuento 2004”, "El Copé de Cuento 2000", "El Concurso de Cuento de las Librerías Crisol" y "Los Juegos Florales ‘Jorge Basadre’ 2003" de la UNMSM.