jueves, 1 de abril de 2010

Editorial: Por fin... ciencia ficción en la educación peruana







Mis primeros contactos escolares con la ciencia ficción tuvieron lugar cuando mi amigo y condiscípulo Alberto Florez Guillén, me prestó un ejemplar de La guerra de los mundos de H.G. Wells, de la inolvidable colección Populibros de Manuel Scorza. Años después, otro condiscípulo Andrés Chumbiauca, me prestó otro clásico: Cuentos del relojero abominable, de José B. Adolph. Y casi al terminar la secundaria, otro compañero, Manuel Florez Guillén (sin parentesco), tuvo a bien aportar Los valerosos hombres libres, de Jack Vance.


Si. Aunque no lo crean, en la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado los escolares de secundaria de los colegios nacionales de provincias leían, recomendaban e intercambiaban libros. Y hasta hubo uno que otro crítico en ciernes que casi arruinó mi vocación literaria. Pero esa es otra historia.


Sin embargo, no todo era felicidad. A contracorriente de las lecturas de los alumnos, al menos en lo que a la ciencia ficción se refería, los textos y programas de enseñanza no hacían gala de tanta modernidad. Desde el espeluznante texto de tercero de secundaria, desde el cual se aplaudía la prohibición de los cómics por "atentar contra el proceso educativo peruano" (llegaron a prohibir hasta a Batman) y por ser "alienantes", y cuyo autor además se angustiaba por la suerte de los pobres niños que se habrían quedado traumados a causa de Drácula (una estacada a Bram Stoker) y Frankenstein (desarmaron a Mary W. Shelley), esas muestras de "subliteratura"; hasta la separata de literatura donde se ofrecía como ejemplos de ciencia ficción a los eternos refritos De la Tierra a la luna y 20000 leguas de viaje submarino. Qué puedo decir, es lo que había, y sería bueno que tanto padres como alumnos entiendan que la etapa escolar es y será siempre un estándar básico de lo que es la educación. El resto depende de uno mismo.


Sin embargo, los años no pasan en vano, y me he dado con la sorpresa más grata que podría darse: ¡ciencia ficción en la currícula escolar de secundaria! Diría que ahora puedo morir en paz.

Y la hallé de la manera más inopinada: adquiriendo los libros de texto de mi hijo de catorce años, que va para el tercer año de secundaria. Para el curso de Comunicación, antaño conocido como lenguaje o lengua y literatura. A juzgar por las primeras lecciones, comienza enfocando el concepto de literatura, para luego continuar con los géneros literarios. Las unidades del libro de texto son 16, centrándose cada una en un estilo o género literario definido (clasicismo, medievalismo, renacimiento, barroco, neoclacismo, romanticismo, realismo (I y II), generación del 98 y modernismo, vanguardismo (en la narrativa, el teatro y la poesía), la generación del 27, el existencialismo y el teatro del absurdo, la narrativa de ciencia-ficción y la narrativa actual. Por cada unidad, se incluyen ejemplos del género o estilo, para efectos de desarrollar competencias en comprensión de textos, comunicación literaria, comunicación escrita, comunicación oral y comunicación audiovisual. Entre otras competencias, te enseñan a redactar reseñas literarias, publicar una revista y a argumentar.

¿Será verdad tanta belleza? ¿Se desarrollará todo el programa del curso? ¿Los alumnos egresarán siendo competentes en comprensión de textos, redacción y análisis? El tiempo lo dirá.

Pero, en cuanto a incluir un capítulo centrado exclusivamente en la ciencia-ficción, diría que hay un salto cualitativo en cuanto a entender la literatura en nuestro país, donde la ciencia-ficción ha sido considerada, tanto dentro como fuera del ámbito académico, como subliteratura, o más compasivamente, como un subgénero. No ocurre lo mismo en el libro que nos ocupa, que lo asume directamente como género literario (¿podría ser de otra manera? bueno, algún profesor apolillado debe quedar por ahí...), y ofrece una definición básica, inteligible y competente. Si bien mantiene cierto esquematismo (la ciencia-ficción sigue siendo literatura de anticipación), el texto introductorio es más que claro respecto al papel que viene desempeñando la literatura de ciencia-ficción en la cultura humana. En palabras Sergio Rodríguez, autor del libro:

"Aunque anticipe situaciones del futuro, no es ese el objetivo fundamental que persigue el autor de ciencia-ficción. La narración científica denuncia deformaciones de la conducta humana, poniendo de relieve que el exceso de tecnicismo llevará a la destrucción del hombre. Más que señalar el posible destino futuro de la humanidad, interesa que el lector reflexione sobre sí mismo y sobre su condición actual de vida."

Como ejemplos, se incluyen fragmentos de cuentos de Ray Bradbury, (Ylla) e Isaac Asimov (El racista), y de la novela 3001 de Arthur C. Clarke.

Comunicación y Vida 3 ha sido publicado por Ediciones Librotext S. R. Ltda.


Daniel Salvo

El misterio de la Loma Amarilla (José Güich Rodríguez)







La maestría para lo fantástico demostrada por José Güich Rodríguez en sus libros de relatos Año sabático (2000), El mascarón de proa (2006) y Los espectros nacionales (2009), asume ahora la forma de la novela, que además juega con la intriga desde el mismo título: El misterio de la Loma Amarilla.

La novela juega con más de un elemento que tienden a convertirla en entrañable para lector. De un lado, Güich retoma a uno de sus personajes emblemáticos, el periodista Pablo Teruel, de quien al fin comenzamos a conocer algo de su envidiable etapa juvenil; y de otro, la inclusión de episodios y personajes de la vida política y cultural peruana de los años veinte del siglo pasado, en una Lima aún señorial y diminuta que empezaba a agitarse debido a los cambios sociales.


El argumento es el siguiente: en una hacienda situada en el actual distrito de Surco, al sur de Lima, se suscitan misteriosos eventos: ruidos subterráneos, luces y extraños olores son percibidos alrededor de la Loma Amarilla, una elevación de terreno que además cuenta con su propia leyenda, puesto que en ahí tuvo lugar una batalla entre fuerzas peruanas y chilenas. Alarmado ante estos sucesos, el propietario de la hacienda, que además es un político influyente, solicita la ayuda de Teruel, entonces estudiante de Derecho, pero ya con cierta fama debido a sus dotes detectivescas, que intenta -inútilmente- ejercer con discreción. Una vez instalado en la hacienda, Teruel inicia sus pesquisas en una de las direcciones correctas -una intriga criminal que involucra incluso a miembros de las altas esferas del poder político y social de la época - , sin sospechar que las respuestas obtenidas respecto a lo que ocurre no sólo en la Loma Amarilla sino en el resto de la hacienda, son sólo la punta del iceberg: la Loma Amarilla oculta un misterio aún mayor, que se hace patente con el hallazgo de objetos que en un principio son considerados como vestigios arqueológicos precolombinos, pero que luego de un detenido examen, evidencian una manufactura y un propósito ajenos a todo lo conocido por el hombre. ¿Son de origen extraterrestre, restos de una civilización desaparecida o experimentos de alguna sociedad secreta demasiado avanzada para su tiempo? La sorprendente solución al enigma da pie además para posibles continuaciones. Esperemos que Güich asuma la tarea.

Revista Tinta Expresa N° 4




Imposible no comentar uno de los acontecimientos literarios del año, la aparición del cuarto número de "Tinta Expresa", revista de literatura dirigida por Elton Honores Vásquez, Alex Morillo Sotomayor y Carlos Capellino Fuentes. A una cuidada edición, se añade un plus que disfrutará todo amante de la literatura fantástica y de ciencia ficción, como es el que sendas secciones de la revista, como "Nómade verba" y "Epicentro" estén dedicadas a ambos géneros. Creo que el mejor comentario sobre esta publicación está incluido en la Presentación del mismo, a cargo de los editores:


"Epicentro", nuestra sección central, desarrolla un panorama de la literatura fantástica y la ciencia ficción peruana y latinoamericana. Así, los trabajos sobre Clemente Palma, de José Güich y Eduardo Huyatán, serán imprescindibles para el abordaje a este autor. El trabajo de Gonzalo Portals sobre Felipe Buendía y el de Mara García sobre Elena Garro y María Soledad Quiroga amplían el espectro de lo fantástico. Dentro de la ciencia ficción, son destacables los trabajos de Rodolfo Rorato sobre el cyberpunk en Brasil y el de Bernard Goorden sobre la ciencia ficción latinoamericana. Por su parte, Daniel Salvo, Alfredo Illescas y Juan Cuya plantean abordajes a la obra de José B. Adolph. Se incluye, además, un dossier sobre este fundamental autor de la literatura fantástica peruana.



Sólo me resta destacar las ficciones aportadas por José Cabrera, Melissa Ghessi, Yamila Greco, César Silva Santisteban, Stuart Flores Herrera, Pedro Espinoza, Ricardo Sumalavia, Pablo Nicoli, Carlos Calderón Fajardo (¡fantástica!), José Donayre Hoefken, Carlos Enrique Saldìvar, Raúl Quiroz y Gregorio Torres en la sección "Nómade Verba".



Algo que los editores de Tinta Expresa han cuidado con especial esmero ha sido el aspecto gráfico de la revista, cuya portada, que reproduce un cuadro de Carlos Revilla, es el punto de partida para disfrutar además las ilustraciones a cargo de Miguel Det y Juan Acevedo.


Publicar algunos de estos aportes, si no todos, en la internet (Tinta Expresa cuenta con sitio web propio, http://www.tintaexpresa.site90.net/, y su dirección electrónica es (tintaexpresa@yahoo.com), sería de agradecer, tanto por parte de los lectores como de los autores que acaso no cuenten con las vías de distribución adecuadas.



Daniel Salvo

Río lento (Nicola Griffith)





Río lento (Slow River / Premios Nebula y Lambda 1996)

Nicola Griffith



La primera impresión del “near future” que nos brinda el texto es de una cotidianidad absoluta, la prolongación de lo mismo que utilizamos ahora, va a contrapelo de lo proferido por numerosos y eximios prospectólogos (casi que resuena como proctólogo, pero no hay algo novedoso que explorar o extraer de los intestinos de la sociedad en este caso), es probable que envejezca rauda y que se confunda con muletillas marketeras o se sumerja en su propia corriente de acontecimientos por aproximarse a la llama de la coherencia de la lógica formal.


No obstante posee valores que apuntan en otra dirección: es una valiente reconstrucción dedicada a un personaje, que proviniendo de una de las familias más acaudaladas del planeta, es capaz tras escapar de sus plagiadores, de convertirse a través de un periplo con etapas en delincuente primero y obrera después, en una persona que lucha por escapar a su destino aparente y decidir sobre su existencia auténtica. Circunvavegación en torno a las resoluciones que le permitirán emerger del círculo infernal donde se ve sumida tras su secuestro a la condición de trabajadora que la exalta y le da potencia para asumirse en plenitud.


Su arranque demasiado contemporáneo y próximo al thriller policial (casi un capìtulo de CSI) salpica con gotas desconcertantes a la lectura, y a pesar de que me jacto de ser tolerante, siento que el metatexto informativo con frecuencia inserta ideas que pueden germinar como prejuicios y si le sumamos esa cercanía temporal en ocasiones incómoda, provoca un nudo atenazante, un obstáculo limitante que nos cuesta eludir, lo cual no es de ninguna manera un demérito, ya que es lo que busca provocar la autora para que no empatizemos con facilidad con Lore, ya que la evolución de sus protagonistas recorre una gama de situaciones con frecuencia contradictorias si insistimos en valorarlas en términos de la moral, diría que prima entonces el reino de la ética personal, y ese es en extremo difícil de soslayar, asi que quedarán expuesto(a)s hasta las tripas, no hay concesiones ni subterfugios, son individuos que sufren, son invadidos por los sentimientos, solucionan sus necesidades, así las relaciones lésbicas son transitadas en su genuina dimensión (imprescindibles además para el crecimiento temático y andamiaje global del relato que hasta final feliz puede decirse que tiene), o las trapacerías informáticas que se cometen son devanadas con similar intención.


Hay descripciones tecnológicas que apuntan a la coexistencia entre la blogosfera y la prensa de papel, otras que aluden al paralelismo entre sistemas de identificación electrónica que suponen sistemas de biolocalización y mecanismos de control en la red integral, lo cual quedará expresado en el trato que le dispensan los secuestradores; nanotecnología aplicada, bacterias modificadas para cumplir tareas industriales de limpieza de aguas residuales (con exquisito detalle de funcionamiento), manipulación de genes para obtener determinados efectos, en cuanto a los mass media, la imagen trasmitida como prueba de su existencia está referida a la violencia terrorista y urbana; y los sentidos son interpelados:el olor a metal de la caja donde estuvo encerrada se funde y recicla para que no quede rastro, etc., señaló tales temas porque la primera frase de mi reseña podría ser engañosa, la novela abordará los despliegues tecnológicos pero como prolongación de los presentes, sin duda una opción válida para los propósitos verdaderos que persigue y relacionados con la demolición y reconstrucción del yo.


Otro punto a rescatar apunta a que el azar diseña el futuro con tanta eficacia como la planificación y acción concertada cotidiana con que la envolvía su familia disfuncional, aludiendo tangencialmente a sus relaciones como disolventes y destructivas (envueltas y secretadas por ese contraste entre poder y riqueza inicial de los Van de Oest y precaridad e improvisación posterior en su periplo con Spanner), ya que no semejan seres vivos, sino monigotes articulados para fingir el don de la vida (por si acaso también quedará explicado, ya que será uno de los leit motiv del desarrollo de los acontecimientos), diseñados con concisión para interactuar con tanta eficacia -casi maquinal- que resulta conveniente esa advertencia final de Nicola señalando que su obra no es autobiográfica.


Posee una lógica interna que articulará una estructura compleja, que se entrelaza con numerosas ramas, geometría que no se oculta pero tampoco queda manifiesta; Nicola se aplica: sus descripciones cautivan, sus peripecias enganchan y llega a proporcionarle una dinámica poética a la planta de reciclaje y a la opción ambientalista, sabe de que va y logra ubicarnos sin disimulo en el lugar que se propone (“Todo el mundo cambiaba si cambiabas un poco la perspectiva” para introducir la “dependencia sensitiva de las condiciones iniciales”), ahora tras las Cumbres reunidas en París y Copenhague ya no quedan dudas para la mayoría de los seres pensantes sobre el riesgo que se nos abalanza desde la depredación ecológica y ese es otro aspecto al cual se adhiere con fervor.


Hay momentos en que quiere parecer misteriosa, pero sólo logra una inmersión en las telenovelas, pero siendo esa una de sus fallas, es de grado menor; que queda compensado por el indudable filo social y crítica de las corporaciones transnacionales que se apunta en el caso de los kirguises por ejemplo o la asunción de la solidaridad en frases como “La vida sería más fácil si bajasémos las defensas un poco y hablásemos, ayudándonos mutuamente”. A veces parece que las explicaciones son precarias y en ocasiones las que enlazan con el género acarrean un lastre que lesiona la querencia aunque no la credibilidad, hay algo de ciberpunk en Río Lento, pero aquel por más erróneo que sea en sus planteamientos es apasionado y estridente pero atrapa nuestro interés, de allí que el material calentado para servirse como plato principal se enfría antes que le quitemos los ojos de encima (ajustado a la supuesta tecnología de la planta).


Motivado por sus párrafos no pude evitar correlacionar esa especie de tanques Imhoff y las remediaciones ecológicas insertadas con exactitud cabal en su propuesta de sistema de tratamiento de aguas residuales (expuesto en forma muy creible) con posibles métodos a usarse en corto plazo en la realidad (y eso es otra virtud del texto); no se que tal funcionarán enormes tanques Imhoff abiertos donde una combinación entre bacterias modificadas y fuerza de trabajo humana ejecutarán lo que de manera normal se lleva a cabo de modo mecánico y automático, interesante mezcla que nos obliga a interrogarnos sobre cual tecnología es más avanzada y con respecto a que tipo de sociedad: parece decirnos que se pueden conseguir las reividicaciones ambientales y continuar aherrojados por las relaciones de poder capitalistas.


En eficaz contrapunteo mezcla flashbacks con tiempo real, otorgando un diseño fluído y vertiginoso a los acontecimientos (uso prohibido de los trenes de servicios, hackeo de información para preparar filmes a pedido donde el cliente folla con la actriz de moda, encuentros sexuales entre las amantes), que se mantiene aún en momentos tranquilos como la rutina de la fábrica o el deambular por supermercados o bares, es así como acuatizamos concientes en las vivencias ofrecidas que son como un río (ya abordado por Ray Bradbury en “El vino del estío”), por eso las sensaciones de flujo y reflujo (realidad actual y flashbacks), de vaivén espumoso (aplicable a la densidad de los personajes secundarios), de remolinos (la propia estructura del entorno narrado), y es por esas virtudes y circunstancias tan especiales que suministra la autora que recomendamos su lectura.


Luís Antonio Bolaños de la Cruz

lunes, 22 de marzo de 2010

Conversatorio "Otros géneros en la literatura peruana: el cuento extraño, la ciencia ficción y lo fantástico"





Invitación


Tinta Expresa, Revista de Literatura, les invita al conversatorio titulado: "Otros géneros en la literatura peruana: el cuento extraño, la ciencia ficción y lo fantástico", a realizarse el sábado 27 de marzo a las 6 y 30 pm., en la Casa de la Literatura Peruana. Participan: Daniel Salvo, Carlos Saldívar y Moisés Sánchez-Franco. El ingreso es libre.
Como adicional, habrá una preventa de la edición cuatro de la revista, cuyo número monográfico incluye: Literatura fantástica y ciencia ficción/ Dossier sobre José B. Adolph

Atentamente.

Revista Tinta Expresa.


Casa de la Literatura Peruana

Jr. Ancash 207 - (Antigua estación de Desamparados) –
Cercado de Lima.




Sobre los participantes:

Daniel Salvo (Lima, 1967). Bachiller en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es escritor de ciencia ficción. Desde el año 2002, edita la publicación electrónica Ciencia Ficción Perú, con énfasis en la promoción de autores peruanos de Lima y provincias que han incursionado en este género. También colabora en la página de ciencia ficción peruana Velero 25. Además, Ha publicado un panorama historiográfico de la ciencia ficción peruana en la revista electrónica El hablador y en Ajos & Zafiros Nº 6, ampliado luego en la revista Argonautas (2007). Es miembro fundador del Grupo Coyllur (Asociación Peruana de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía).

Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Narrador y poeta. Egresado de Literatura de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Ha publicado el libro de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), además de textos de ficción en publicaciones virtuales como Ciencia ficción Perú y Velero 25, entre otros. También ha sido antologado en el libro Otros villanos, narrativa (2009). Actualmente es director de la revista de fantasía misterio y ciencia ficción, Argonautas (con 4 números). En breve editará su segundo libro de cuentos Horizontes de fantasía (2010). Es miembro del Grupo Coyllur (Asociación Peruana de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía).

Moisés Sánchez-Franco (Callao, 1975). Narrador, crítico y docente. Estudió Periodismo en la Universidad Nacional de la Plata en Argentina. Es licenciado en Literatura por la UNMSM. Sus artículos de crítica y sus cuentos han aparecido en revistas especializadas, como “Escritura y pensamiento”, "Ajos y Zafiros", "Lhymen", "Umbral", "Flecha en Azul", "Diégesis", etc. Ha colaborado con el suplemento “El dominical” del diario El Comercio. Sus cuentos han obtenido reconocimientos en concursos tales como “El Copé de Cuento 2004”, "El Copé de Cuento 2000", "El Concurso de Cuento de las Librerías Crisol" y "Los Juegos Florales ‘Jorge Basadre’ 2003" de la UNMSM.

lunes, 15 de febrero de 2010

Editorial: ¿Una Fundación para el Perú?




La genial trilogía (ampliada luego) de la Fundación, de Isaac Asimov (de quien siempre hay algo nuevo qué saber, gracias a Rodolfo Martínez), tiene el siguiente esquema: un Imperio Galáctico, aparentemente poderoso, se está desmoronando. Un científico genial, el psicohistoriador Hari Seldon, predice que a este desmoronamiento seguirá una larga edad oscura, cuyas consecuencias serían catastróficas para la humanidad. Si bien la caída del Imperio es inevitable, así como la subsiguiente edad oscura, Seldon tiene un plan para que esta época de barbarie dure lo menos posible - es decir, "sólo" mil años -. Dicho plan consiste en "establecer dos Fundaciones, en los extremos de la galaxia, para preservar el conocimiento acumulado por la humanidad". Además, se planteaba otro objetivo, consistente en la compilación y publicación de una Enciclopedia Galáctica, compendio de dicho conocimiento. Demás está decir que ésto es solo el principio de una serie de sorpresas y giros impredecibles, que esperamos sean bien aprovechados en el proyecto de película que planea rodar Roland Emmerich.

Pero como se hace evidente al poco de iniciarse los avatares de la Fundación, la publicación de la Enciclopedia Galáctica es tan solo la fachada de un proyecto mayor, el cual se nos irá revelando conforme avancemos en la lectura (si no han leído el ciclo de las Fundaciones de Isaac Asimov, no se las pierdan). Hari Seldon no miente cuando afirma que su intención es reducir el período de barbarie que seguirá a la caída del Imperio Galáctico, pero como diría otro personaje ficticio acaso más conocido, Obi Wan-Kenobi, dijo la verdad... de cierto modo, de manera que logra sus verdaderos objetivos en las narices de sus potenciales enemigos. ¿Cuáles son estos? Están descritos en las historias de la Fundacion. Lean, no esperen que se los cuente.

Ahora bien, hagamos un ejercicio de imaginación: imaginemos que el Perú actual es el Imperio Galáctico del universo de la Fundación... ¿Se parecen en algo ambos escenarios? Pues sí... y más en lo negativo que en lo positivo, a pesar de lo que digan algunos triunfalistas.

Dejando aparte las obvias diferencias que reporta una historia de milenios, donde lo más natural es viajar en naves que se desplazan a la velocidad de la luz, vemos que hay cierta naturaleza humana que no varía mucho, y que hacen predecibles ciertos eventos que podríamos llamar sociales. Las civilizaciones pueden tener períodos de esplendor para luego caer en la barbarie.

Pero mientras que en el Imperio Galáctico que describe Asimov la crisis ha sido prevista y conjurada por Hari Seldon y su equipo de psicohistoriadores, en nuestro querido Perú estamos en plena barbarie.

¿Qué otra cosa sino un estado de barbarie puede justificar la existencia de universidades (es decir, supuestos centros de reflexión y generación de ideas) cuya única razón de ser consiste en vender títulos? No se salvan las públicas ni las privadas, ni siquiera las de prestigio... Y creo que ningún catedrático en ejercicio podrá negar que estoy en lo cierto al afirmar que el nivel de exigencia para con los actuales alumnos universitarios tiende a reducirse: antes se exigía leer, ahora se busca que no lean tanto. Y parece que a nadie le preocupa la proliferación de facultades de Derecho, frente a una reducción o ausencia de centros de estudio especializados en las "inútiles" humanidades: digamos adiós a la historia, la literatura, la filosofía... Ya hemos sido testigos de lo que produce la carencia de un pensamiento crítico y lógicamente riguroso: además de aceptar como válida una sociedad donde campea la corrupción y el racismo, aceptamos con suma facilidad la existencia de los pishtacos, creemos que el reciente terremoto de Haití fue ocasionado por un rayo mortal y nos ufanamos en afirmar que la llegada del hombre a la luna en 1969 fue un fraude... por que así lo afirma una presentación en Powerpoint.

No cuesta nada prever el escenario -el futuro del país- que nos espera, compuesto por profesionales mediocres. Tal vez en el futuro se recuerde al actual Congreso, integrado por lavapiés, planchacamisas, comepollos y otros ejemplares, como una asamblea digna de la edad de oro ateniense.

Lo más lamentable es la labor de zapa que, espero que ingenuamente, han realizado algunos intelectuales de cierto prestigio, enarbolando como bandera una mala interpretación de estas palabras de César Vallejo: todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él. Gracias a esta mala interpretación, se ha terminado por justificar TODO: desde el abandono de la ortografía más elemental, hasta la celebración de costumbres o expresiones que lindan con la delincuencia, en nombre de una idea de pueblo que parece existir en la mente de unos cuantos depresivos. Si a ello sumamos voces acaso más enteradas y realmente polémicas (como el filósofo alemán Peter Sloterdijk, quien considera el humanismo como algo ya superado, aunque, a mi juicio, lo que deplora en realidad es la instrumentalización del humanismo, además de plantear sus límites en estas épocas de ingeniería genética), pues tenemos el Perú del presente: abandonado por sus intelectuales, y con muy pocas posibilidades de recambio (a ver, díganme qué idea original puede surgir de esas universidades que carecen de bibliotecas).

¿Hay tiempo para establecer una Fundación para el Perú? ¿Dónde? ¿Quienes la integrarían? Ingénuamente, consideré alguna vez que el departamento de Ica, actualmente en pleno boom de inversiones y con pleno empleo, podría ser el germen de un nuevo Renacimiento en el Perú, al crearse una nueva clase con dinero y ocio suficiente para dedicarse a las artes y las ciencias. Frente a una ciudad anómica y en franca decadencia como Lima, Ica podría ser la punta de lanza de una nueva generación de ciudadanos pensantes y conscientes, verdaderos líderes para el siglo XXI. Si, suena a elitismo, a academicismo apolillado, a sueños propios de Martin Prince, el gordito chancón de Los Simpson al que también le gusta la ciencia ficción. Un chancón que sueña una utopía de chancones (¿o de seres domesticados mediante la buena educación, como advierte el descreído Sloterdijk?).

Pero qué quieren que les diga, eso (la caída o instrumentalización del humanismo como proyecto educativo) al menos se puede criticar, sobre todo si se cuenta con una sólida base humanista. En cambio, la barbarie, la ausencia de ideas, no produce NADA. Ex nihilo, nihil fit (de la nada, nada sale). Entre una sociedad que cuenta con una elite intelectual (que al menos pueda producir o reproducir ideas, y si se vuelve tiranía, pues a luchar contra ella) y una sociedad carente de ideas, la elección es obvia. O al menos, a mí me lo parece. Por supuesto, siempre habrá el peligro de que surjan fascismos varios, ya estén disfrazados de pragmatismo (Fujimori dixit, aunque fue el quien dio el tiro de gracia a la intelectualidad en el Perú, pese a lo cual muchos de ellos lo extrañan tanto), o de supuestos proyectos nacionalistas que no ocultan su filiación con ideologías tan siniestras como el nazismo. No se trata de que aparezca el Hombre, el salvador, el iluminado que salve al Perú, sino que la propia acción y reflexión de TODOS produzca nuevas ideas, sin las cuales la sociedad se estanca. Las ideas, como la especia en Duna, deben fluir (aquí si valdría aquello de todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él). Pero primero, hay que producir ideas, hay que crearlas.

A ver quién se anima a fundar la Fundación...


Daniel Salvo, febrero de 2010

Revista Argonautas N° 4 (Dir. Carlos Saldívar)




Realmente, no se me ocurre nada que pueda superar la excelente reseña que de Argonautas 4 ha redactado Elton Honores, publicada en Velero 25 y en su excelente blog Iluminaciones. Pero creo que sería injusto no destacar el esfuerzo que viene realizando su director, Carlos Saldívar, esfuerzo que adquiere mayor trascendencia en una realidad como la actual, en la que "la cultura" ha pasado a convertirse en "lo cultural", es decir, un objeto más, fuera de nuestra experiencia cotidiana y tan falto de interés como incomprensible.

Que se publique una revista en el Perú ya es un hecho a destacar. Que esa misma revista llegue a su cuarto número, es más interesante aún. Y qué decir del contenido, dedicado nada menos que a José B. Adolph, uno de los escritores más originales con los que ha contado el Perú en los últimos años. Diría que hay pocos ejemplos de volúmenes de ficción - y no ficción - dedicados a un escritor en el Perú, que además nos revelan que Adolph cuenta con más lectores de los que uno se imagina.

Destacar algún relato sobre los otros o algún texto no ficcional sería injusto desde este blog, sobre todo por que he tenido el honor de ser convocado por Carlos Saldívar para colaborar con Argonautas, en ésta y otras ocasiones. Pero si merece destacarse lo siguiente: que sin mayor auspicio y a puro pulso, se está generando una especie de humus cultural en torno a la ciencia ficción que acaso recién será útil en el futuro, cuando generaciones menos obtusas que las actuales (o muy rígidas, o muy relajadas) puedan nutrirse y nutrir la ahora casi invisible cultura peruana.

Entonces, José B. Adolph estará ahí. Argonautas estará ahí.

¿Estaremos nosotros?


Daniel Salvo

Rascacielos (J.G. Ballard)




Quienes pasamos nuestra infancia en provincias y el resto de la vida en una gran urbe, sabemos de lo que habla Ballard: sin darnos cuenta, nos adentramos en una pesadilla disfrazada de progreso, para luego descubrir que estamos metidos en una trampa de la que es muy difícil salir.
Es lo que les ocurre a los moradores del Rascacielos de la novela. Un edifico inmenso, concebido con todas las comodidades posibles, con espacio suficiente para que todos (mascotas incluídas) puedan llevar una vida de ensueño, se convierte en el escenario de los actos más abyectos y retrógrados que pueda ejecutar el ser humano. Rascacielos tan sólo en la fachada (sus moradores se cuidan de ofrecer al mundo la imagen de exitosos ejecutivos y buenos padres de familia que el mundo espera que sean), por dentro, un laberinto de cavernas, llenas de trogloditas esperando el momento de atacar al vecino y sin la menor sutileza... me pregunto cuántos limeños, urbanitas que decimos ahora, nos veremos reflejados en los habitantes de esta seudociudad.
Como en una novela de Emile Zolá, el paso de la civilización a la barbarie es casi imperceptible. Uno se pregunta si ante el primer problema suscitado en el rascacielos (una botella arrojada desde uno de los pisos altos), habría bastado con una intervención civilizada, esto es, conversar con el causante, descubrir de repente que todo fue una casualidad, en fin, todas las máscaras que nos ponemos cuando queremos creer que el ser humano se rige por el sentido común.
Sólo que Ballard es más pesimista, esperemos que no más objetivo. Por que una vez sobrepasados todos los límites en el rascacielos, uno se pregunta si el estado de barbarie en el que caen sus moradores no es sino el estado natural del ser humano, latente en todo momento, esperando cualquier estímulo para saltar desde donde pretendemos ocultarlo y hacerse presente como el verdadero objetivo de nuestras vidas: en el Rascacielos de Ballard, el hombre es lobo para el hombre.
¿Es la visión de Ballard una opinión válida respecto a la naturaleza humana? ¿O es un experimento que demuestra que el ser humano, un ser plástico y libre, necesita además de conocimiento, un espacio físico básico para no convertirse en animal? Si esto es así, entonces se viene el desastre, pues los nuevos departamentos que se construyen en Lima están haciéndose cada vez más pequeños. No hay espacio para libros, por ejemplo. Pero de repente, si lo hay para un kindle... Si es que aún nos interesa leer.
¿Es Rascacielos una novela de ciencia ficción? ¿Distopía urbana? ¿Futuro próximo, presente de pesadilla... o pasado costumbrista? Aterra pensar que algún día la humanidad extrañe la manera en que vivimos hoy en día.

Daniel Salvo



domingo, 3 de enero de 2010

Editorial: Arthur C. Clarke, la ciencia y los peruanos




Como consta en la reseña que hice de Regreso a Titán, de Arthur C. Clarke, la novela arranca bien pero tiene un desarrollo mas bien decepcionante.
Pero no se puede negar el "encanto básico" que, considero, tienen todas las historias de Clarke que he leído: su amor por la ciencia, por el conocimiento, por la razón científica. La actitud optimista que tiene respecto al (buen) uso de la razón, mediante la cual la humanidad llega a alcanzar un destino trascendente y de escala cósmica.
¿Y por qué no? Creo que ya tenemos bastante de visiones pesimistas y decadentes acerca del destino humano. Creyendo ser realistas y prácticos, en realidad, la mayoría asumimos - a veces - una postura cuasi negligente respecto a nuestro futuro. Sospechamos de cualquier planificación a largo plazo, miramos por encima del hombro las noticias sobre descubrimientos o avances científicos (cosas de nerds). Nos seduce más la postura del cínico hedonista que vive como puerco, revolcándose en su apatía, a la que llama vida realista, lejos de los afanes de quien tiene una visión un poco más inquisitiva sobre el mundo.
Por supuesto, la vida no es un lecho de rosas, y la catadura de gran parte de los integrantes del Congreso de la República del Perú no parece que permita mayor optimismo. Bástenos recordar algunos apelativos: lavapies, robaluz, planchacamisas...
No parecen buenos tiempos para la ciencia, en el Perú. Una actitud como la de Clarke parece pues no sólamente desfasada, sino a contracorriente de la realidad. El racionalismo, entendido a la peruana, es la viveza criolla. ¿Para qué matarse estudiando física, química o biología si es más rentable postular al Congreso? El proverbial buen padre de familia peruano se enorgullece de su hijo congresista pero menea la cabeza cuando piensa en su hijo matemático, que con las justas consigue dinero enseñando en escuelas y academias de preparación universitaria.
No razones, no planifiques, no proyectes... y sálvese quien pueda. ¿Es realmente ésta la mejor manera de pensar, es decir, la exclusión total de una actitud racional y positiva hacia la vida?
En épocas como ésta, cuando acaba un año e inicia otro, algunas personas suelen hacer promesas y plantearse objetivos para el nuevo período. No nos propongamos grandes hazañas, pongamos simplemente un poco de Clarke en nuestras vidas.
De repente empieza a irnos mejor.

Daniel Salvo

viernes, 1 de enero de 2010

Aire (Geoff Ryman)





Dentro de las ideas más interesantes que hayan surgido en el campo de la ciencia ficción, está lo que en inglés se denomina mundane science fiction, un grupo de escritores que postularon (parece que el asunto no pasó de una intentona, aunque no todo está dicho, a juzgar por la reciente publicación de la antología When it changed) que la ciencia ficción, en lugar de planetas lejanos, viajes en el tiempo o singularidades, debía centrarse en lo mundano, en lo cotidiano, y abarcar temas de corte social relacionados con la tecnología, como los riesgos de la biotecnología, el cambio climático o el impacto de internet en la política y la sociedad. Es decir, una ciencia ficción de lo posible, por decirlo de alguna manera. Si bien no puedo estar de acuerdo en marcar límites a la imaginación (el propio Ryman tampoco pudo quedarse dentro de límites tan estrechos), parece una tentativa de subgénero (dentro de la ciencia ficción) que podría ser todo un fenómeno literario desde nuestra realidad latinoamericana, tan subdesarrollada ella, que los avances científicos más obvios parecen no formar parte de la misma, hasta que llegan. Imaginense, por plantear un ejemplo, una historia que ocurra en el departamento de Ica, amenazado por la sequía, en el cual gigantescas aspas de generadores de energía basados en las corrientes eólicas (los iqueños llaman paracas a esos fuertes vientos) permiten además la extracción de agua de ríos subterráneos, lo que convierte a Ica en un nuevo polo de desarrollo en el Perú y además, fuente de conflictos políticos con sus vecinos menos favorecidos... Y paro de imaginar.


Aire, en cambio, tiene un vuelo más elevado de lo que podría esperarse. La internet que conocemos da un salto cualitativo radical: se descubre una conexión neural inalámbrica directa, es decir, los seres humanos al fin (¿al fin?) alcanzamos la intercomunicación total: basta con desearlo para acceder a esa nueva red que está, literalmente, en el aire.


Claro, el acceso inicial a esta tecnología no es para todos. Pero, contra lo que podría esperarse, los beneficiarios iniciales de Aire no son los ricos y famosos, sino los pobladores de una pequeña aldea asiática (inevitable no pensar que se trata de pueblos actualmente "chinos", como Nepal o alguna otra "república"). Una aldea arquetípica, pequeña y atrasada como no se pueda imaginar... por un habitante de algún país desarrollado.


Y es que el contraste entre aldea atrasada y metrópoli civilizada que postula la novela podría parecer verosímil para el lector de algún país desarrollado, pero desde la perspectiva de quienes vivimos en países subdesarrollados, como el Perú, provoca un efecto contrario: nos parece ingénuo y hasta risible creer que personas con mentalidades basadas en el intercambio y en su mayoría analfabetas, puedan desarrollar una habilidad en el uso de Aire en tan poco tiempo como el que postula la novela, y con tanto éxito. Algo tan inverosímil como el "aprendizaje" de un idioma en una semana, como en la película "El guerrero número 13".


Si se supera este detalle (lo que lleva a reflexionar acerca de cuánto del lector y cuánto del escritor es lo que hay en un texto literario), y suspendemos nuestra incredulidad, asistimos a una maravillosa historia de lucha y superación de obstáculos, centrada en la protagonista, Mae Chung, quien de costurera analfabeta pasa a convertirse en cabeza de un emporio de la moda (sic). Su primer contacto con Aire no parece augurar nada bueno, dejándole incluso secuelas indelebles en ciertos aspectos de la salud. Pero Mae Chung no se amilana por esto, y aprende incluso a usar en su propio beneficio algo tan poco agradable como es el albergar una personalidad virtual no deseada dentro de sí. Aire la aturde pero al mismo tiempo le permite liberar energías que le permiten superar con creces su analfabetismo, motivada tanto por su pobreza como por sus telenovelescos problemas familiares y sentimentales (asistimos a un abandono de hogar, un adulterio, pleitos con vecinas chismosas, enfrentamientos generacionales), que a veces lastran el desarrollo de la historia, acaso por el prurito de recordar al lector aquello de "esta historia es algo que podría pasar". Se supone que este recurso sirve para convertir a los personajes en seres de carne y hueso, pero creo que a estas alturas, los lectores sabemos qué es lo que queremos de la literatura (para gente de carne y hueso, pues uno mismo).


Estamos pues ante una historia positiva, aunque ingénua, y tal vez ahí radique su encanto. Si bien desde cierto punto de vista lo narrado podría parecer inverosímil - pecado mortal cuando se trata de una historia de ciencia ficción - , tampoco puede dejar de considerarse que un uso tal de la tecnología podría ser la clave para cerrar la brecha entre ricos y pobres. Aire nos recuerda también que la clave de la riqueza del siglo XXI radica en el acceso o la falta del mismo a la información. La tecnología que postula Aire marca también un punto de inflexión, pues aunque no nos guste, la internet ha llegado para quedarse, y que ya se sienten los efectos colaterales, como la profunda brecha que se está abriendo entre los nativos digitales y migrantes digitales, o sea, entre muchos de nosotros y nuestros hijos.


Quizá el valor más radical de Aire consista en su apuesta por el progreso, por el optimismo, tan venido a menos en la narrativa de ciencia ficción. Caramba, si la ciencia y la tecnología nos han traído muchos males, ya es tiempo de que nos traigan algo bueno. Y Aire - una probable y más que inquietante evolución de la internet - nos recuerda que al final es el ser humano quien decide cómo usar las cosas. Para bien o para mal.



Daniel Salvo